"A nada te acostumbres para que nada de haga falta…"
No sabía cuánto tiempo había pasado. No comprendía del todo lo que había ocurrido, y mucho menos lo que iba a ocurrir en las próximas horas. Lo único que podía hacer en ese momento era sentir. Estaba rebosando en una multiplicidad de sentimientos que lo perturbaban completamente. Nunca se había sentido de esa manera, nunca había experimentado aquel dolor, tan profundo y que se incrementaba con cada segundo que pasaba. Lo único que no dolía en aquel momento era el frío que le calaba los huesos. Sus manos estaban amoratadas por culpa de éste; sin embargo, en aquel momento el frío era lo único que no lo lastimaba, la única compañía que jamás podría herirlo más de lo que ya lo hacía.
Levantó la vista y contempló las estrellas. Aquella noche las estrellas y la luna estaban tan decididas a brillar que ni siquiera las calles de la ciudad pudieron contra aquel resplandor. Haru no pudo evitar sentir nostalgia al verlas, porque su primer pensamiento fue querer compartir aquel bello paisaje con Makoto, pero ahora su nombre dolía, pensar en él lo lastimaba. Y todo aquello era tan nuevo para él. Era un sentimiento desconocido hasta entonces. Nunca antes había sentido algo parecido al pensar en Makoto, en su querido Makoto. Y la verdad era que en el fondo de su corazón, ahí justo donde está escondida el alma, él jamás podría dejar de amarlo. No importaba cuánto dolor le causara, no importaba cuantas decepciones le trajera. Él seguiría siendo todo en su universo, y es probablemente por eso es que duela tanto el pensar en él.
Había pasado ya tanto tiempo, pero aun estaba todo tan claro en su mente. Podía recordar y recorrer todos esos días como si hubiera sido ayer. Aun albergaba en sus recuerdos aquellos días buenos, antes de que todo acabara y se volviera oscuro, y era probablemente por eso que aun recordaba. Porque eso le traía demasiada felicidad y simplemente no podía desprenderse de eso. Habían pasado más de cuatro años y aún seguía soñando con eso, aún continuaba torturándose y repitiéndose una y otra vez el proceso en que aquellos lindos días habían acabado tan abruptamente una noche de invierno.
Todo empapado había logrado llegar a casa, aunque su mente aún divagaba por las calles de Tokio en busca de recuerdos. Tiró sus cosas en la entrada y recorrió la casa con la vana idea de que no estaría completamente desierta. Sin embargo, estaba vacía, igual que siempre, igual como había estado desde su vida desde pequeño y más que nunca ahora.
No fingió más tiempo ser una persona normal y se fue directo al baño. Dejo correr el agua en la bañera y se quitó la ropa que goteaba. El vapor envolvió toda la habitación y Haru se escondió en el agua, la única que lograba calmarlo. Se hundió sin importarle que estuviera un poco caliente y aguantó la respiración hasta que sus pulmones le amenazaron con explotar. Pero al cabo de tomar una nueva bocana de aire, volvió al agua. Buscaba refugio con desesperación, como si el aire le lastimara el rostro se escondía de éste en el agua. Pero ni siquiera el agua pudo evitar que los recuerdos lo golpeasen una vez más
Era una noche helada en las calles de Tokio y ya no quedaba mucha gente por las calles. Había sido un día largo para él. Los resultados de los exámenes no eran lo suficientemente buenos como los que necesitaba para conservar la beca que tenía para estudiar. Pero al menos las prácticas estaban fantásticas. El número uno por lejos entre sus compañeros. Eso siempre lo ponía de buen humor, aunque no era por ganarle a sus compañeros, era simplemente porque el agua le ponía de buen humor, el solo saber que podía continuar en contacto con éste le hacía sonreír.
Además no estaba solo, sabía que Makoto tendría palabras de ánimo para él en cuanto llegara a casa. Sabía que él lo haría sentir mejor con un cálido abrazo y le ayudaría para mejorar su rendimiento en la próxima ronda de exámenes, así que todo era perfecto. Tenía todo lo que necesitaba para ser feliz, a Makoto y sus sueños, el agua.
Después de conversarlo un poco habían decidido dejar de vivir separados y Haru se había cambiado al departamento de Makoto. No le importaba lo que la gente pudiera decir, él solo quería estar con él. Quería que Makoto fuera lo primero que viera al despertar, y lo último al dormirse. Y estaba seguro que también era lo que Makoto deseaba porque le sonreía tanto todo el tiempo que le parecía que en algún momento se le acalambraría el rostro de tanto sonreír.
Subió las escaleras del edificio de dos en dos con una media sonrisa en el rostro. No se había dado cuenta lo mucho que ya extrañaba a Makoto siendo que lo había visto recién por la mañana. A veces se asustaba de lo mucho que lo quería, sentía que jugaba con fuego, pero al mismo tiempo sabía que Makoto jamás lo iba a lastimar, era un juego de ganar o ganar. No había nada que perder, así que había apostado todo lo que tenía. Lo quería, y lo quería demasiado.
La puerta de la entrada estaba abierta, como siempre. Cuando Makoto llegaba antes siempre le dejaba abierto para que no perdiera el tiempo buscando las llaves, pero en cuanto entro su sonrisa se esfumó. En la entrada habían dos juegos de zapatos, unos eran los de Makoto, los reconocía indudablemente, pero los otros le causaron extrañeza.
Durante el último tiempo Makoto había estado juntándose mucho con un compañero. Haru suponía que era el nuevo amigo de éste, después de todo es parte de estar en la Universidad, conocer gente, hacer amigos. Él era el único que no estaba realmente interesado en esas cosas, pero no podía privar a los demás de hacerlo, y menos a Makoto, el ser humano más sociable que él ha conocido alguna vez en la vida después de Nagisa.
Contempló los zapatos un momento y les dio un pequeño puntapié examinándolos.
—Estoy en casa. — se quitó sus zapatos y entró, aunque nadie le contestó.
Volvió a salir del agua para respirar, había estado más tiempo del que su cuerpo era capaz de soportar y estaba agitado. Apoyó la espalda en la bañera y respiró profundamente. El vapor ya se había disipado casi por completo y el agua comenzaba a estar más fría que tibia. Abrió el agua caliente antes de volver a sumergirse. Aunque no duró mucho porque divisó una silueta fuera del agua que lo miraba no muy dichoso.
Haru salió del agua asustado. No se esperaba que alguien volviese a entrar de esa menara a su casa — ¿Qué haces aquí? —
Rin lo miraba sentado al borde de la bañera. Entrecerró los ojos, más no dijo nada.
—Vete. — dijo ofuscado Haru.
— ¿Makoto te engañó? — se cruzó de brazos sin moverse un centímetro.
Haru se escondió en el agua dejando del rostro de la nariz hacia arriba fuera de ésta.
—Tomaré eso como un sí. — Soltó un suspiro — ¿Por eso te fuiste? ¿Por eso hiciste todo lo que hiciste allá en Australia? —
—Él me echó. — murmuró con la boca en el agua.
Rin rodó los ojos —Deja de comportarte como un crio. —
Haru se levantó un poco de la bañera y se acomodó en ésta —No debiste haber hecho lo que hiciste en el aeropuerto. —
—Creo que no tienes mucho derecho a estar enfadado con Makoto después de lo que paso entre nosotros. — trató de no sonar duro, pero aún así las palabras le dolieron a Haru.
—No es lo mismo. — negó con pena —Él ya había terminado conmigo. —
Rin se encogió de hombros —Pero yo no había terminado con Sousuke, y no pareció importarte mucho. —
Sus palabras lo helaron. Bajó la mirada al agua.
—No estoy buscando culparte de nada. Tú no me obligaste. — le recordó —Solo… — buscó la mirada de Haru —Solo quiero que entiendas… —
— ¿Qué entienda qué? — preguntó sin mirarlo.
—Siempre hay más de una versión de los hechos. —
Haru volvió a levantar la mirada —Yo no me fui porque él me engañó. — dijo con la voz quebrada —Me fui porque me echó. — volvió a bajar la mirada. Sus ojos le escocían.
— ¿Tachibana te echó? —
Él asintió —Cuando lo descubrí con su compañero me fui… pero cuando regrese más tarde él me pidió que me fuera. —
Rin suspiró — ¿Y no trataste de conversar con él, que te explicara las cosas? —
Haru solo negó y lo miró ofuscado, queriendo acabar la conversación —No, él no quiso. Así que ahora no quiero hablar con él, ¿entiendes ahora? —
—Solo un poco. — Confesó con amargura —Creo que te estás autodestruyendo por algo tan simple. —
—Es problema mío. — se encogió de hombros chapoteando con el agua.
—Es justo ahí donde te equivocas. — apuntó —Le afecta a más personas de las que crees. — agregó —Del aeropuerto me vine directo hasta acá en vez de ir a ver a Sousuke. —
—Nadie te obligó. — apartó la mirada.
—Arrastras a más personas de las que crees en tus problemas y después te desligas de todo lo que pudiste causarle a esas personas. — se levantó de la orilla de la tina —Es verdad que no me obligaste a nada, pero sacrifiqué cosas por ti, para que tu mejoraras y volvieras a sonreír, pero eres incapaz de ver lo que otras personas sienten. Estás demasiado ocupado en tu dolor y de mantenerlo contigo porque creo que ya no sabes vivir sin él. Creo que olvidaste lo que es ser feliz. —
— ¿Y qué esperabas? — lo increpó dolido de sus palabras —Si la última vez que le entregué mi confianza a alguien la destruyó y me arrebató la felicidad. —
—Tu vida no empezó y mucho menos acabara en Makoto. Cuando seas capaz de entender eso podrás seguir adelante, e incluso tal vez podrías volver a dirigirle la palabra para que te expliqué lo que hizo. — lo apuntó disgustado.
—No me interesa saberlo. —
—Si te importa, o ya lo habrías dejado pasar. Porque no eres de los que se aferra a las cosas y mucho menos a las personas. Naciste siendo libre y la verdad es que da pena en lo que te has convertido. — Se dirigió a la puerta —Deja de pensar tanto en ti y mira a tu alrededor. Mira como la gente que le importas sufre por verte así. —
Haru se levantó de la bañera —Solo veo a una persona con esa descripción. —
Rin se giró, pero cuando lo vio de pie y desnudo frente a él bajo la mirada.
—Solo eres tú al que le afecta que yo este así. —
—A Tachibana también le importas. — carraspeó.
—Él no cuenta, porque es quien me dejo así, destruido. — se fue acercando a Rin.
—No quería verte así, por eso accedí a ayudar a Makoto. Creí que verlo te haría bien, pero yo no sabía… ni siquiera me lo imaginaba, porque no creía capaz a Makoto de hacer algo así. — dijo nervioso sin alzar la vista —Debe haber una explicación Haru, tiene que haberla. —
— ¿Por qué te importa tanto? — Haru llegó a su lado y le levantó la cabeza con su mano. Se había puesto una toalla en la cintura.
Rin resopló aliviado —Todos tomamos decisiones en la vida, y debemos aprender a vivir con ellas. — le sonrió de lado —Yo intento vivir con las mías de la mejor forma posible. — junto su frente con la de Haru.
— ¿Qué decisión tomaste? — Haru frunció el ceño.
—Prométeme que hablaras con Tachibana. — le rogó.
Haru lo observó un tanto escéptico.
—Prométemelo. — insistió.
—Dime qué decisión tomaste. —
—Primero promételo. —
Haru asintió —Hablaré con Makoto… — suspiró —Pero dime… —
Rin no lo dejo terminar. Le dio un pequeño beso en los labios —Decidí enamorarme de ti cuando llegaste a Australia, aunque sabía que no me pertenecerías nunca. —
—Estoy en casa. — se quitó sus zapatos y entró, aunque nadie le contestó — ¿Makoto? —
Lo busco en comedor y en la cocina, pero no estaba ahí. Su corazón comenzó a palpitar con fuerza y sus manos se estremecían. Su cuerpo intentaba decirle lo que sus ojos aún no veían. Intentaban decirle que se fuera de ahí, que no había nada que hacer, pero no podía irse sin comprobarlo. Necesitaba saberlo… aunque le significara vivir con el corazón roto.
Abrió con cuidado la puerta de corredera y vio a Makoto en su cama, pero no estaba solo.
Bajó la mirada instintivamente para evitarse más dolor. Ninguno de los dos lo había visto y mucho menos oído. Haru los miró un segundo más antes de irse. Aunque al salir del departamento dio un portazo en la puerta para que Makoto supiera que él había estado ahí.
Se iba con su corazón roto y ya no sabía que iba hacer. Su mundo se comenzaba a caer a pedazos y nadie le había enseñado nunca a sobrevivir a algo así.
