Antes que nada, lamento haber tardado tanto en actualizar ésta historia, quería hacerlo antes como un regalo para uno de mis lectores (nuevamente, lo siento) Pero no había podido terminarla ya que por las festividades salí de casa y deje mi historia en mi pc. Ya había dicho que quería subir la historia de Applejack y la de Fluttershy en partes, pues temía que el fic se alargara más de lo normal, pero como parte de ese regalo decidí subir las dos en el mismo capítulo.
MLP no me pertenece.
Gilda tenía al terrestre bajo sus garras, estaba a su merced. Sólo tenía que darle una mordida directa en el cuello para dejarlo fuera de la pelea. No había manera de que un ser tan inferior como él, uno sin alas, pudiera derrotarla.
Al menos eso era lo que ella pensaba.
Big Macintosh sólo podía rezar, pues era la primera vez que usaba sus fuerzas contra alguien que no sea un animal salvaje. Sus cascos traseros lanzaron con facilidad el cuerpo de la Grifón tan lejos como era posible.
Ella luchó por recuperar el control, pero cayó al suelo y luego fue rodando hasta estrellarse contra una pared. Estaba mareada, pero consiguió ponerse de pie— ¿Es todo lo que tienes? —se mofó, preparándose para alzar el vuelo… pero no pudo.
Sintió un dolor insoportable en su ala derecha, un dolor tan grande como para hacerla gritar. Ni siquiera podía extenderla. Big Macintosh hubiera sonreído victorioso, se hubiera largado a la granja con su amiga y dejado que la Grifón se las arreglara sola, pero él no era así. Fue corriendo directamente hasta Gilda e intentó cargarla hasta un medico. Pero el orgullo de la alada no se lo permitió.
—¿Qué fue lo que pasó? —Preguntó Cheerilee. Lo último que sabía es que estaban buscando a una pegaso, cuando por alguna razón Gilda la había dejado sola y ahora ésta estaba revolcándose en el suelo— ¿Te duele?
—Claro que no ¡Sólo grito de felicidad!—Gritó Gilda con sarcasmo, como si no fuera suficientemente obvio que le dolía el ala— Ahora apártate de mi camino —Señalo con una garra a su rival—tú y yo no hemos acabado.
Nuevamente intentó extender sus alas, pero una nueva ola de dolor le hizo perder el conocimiento…
La primera vez que Applejack había asistido a clases; todos los alumnos gritaban, bromeaban o lanzaban bolas de papel hasta que la profesora les decía que debían detenerse. Pero este primer día era todo lo opuesto a ese; todos los alumnos estaban sentados, mirando fijamente al frente, como si no hubiera otra cosa más importante que mirar el pizarrón, aunque las clases aún no hayan comenzado.
—Clase, hoy quiero presentarles a una nueva estudiante —la vos de la maestra, de al menos unos veintitrés años de edad, sonaba monótona y la hacía ver mucho más vieja de lo que en verdad era. Y las ropas que llevaba no ayudaban en demostrar su verdadera edad— quiero todos se lleven bien con ella y la hagan sentir como en casa.
Applejack dio paso adelante y empezó a presentarse frente a todos con orgullo— Hola, mi nombre es Applejack. Soy una pony de tierra y vengo del mejor lugar en toda Equestria: Poniville—Pero su acentosureño no ayudo mucho para que los estudiantes la vieran con seriedad. En lugar de las caras de sorpresa, fueron risas, carcajadas— ¿pero de qué se ríen?
—Clase, guarden silencio —todos callaron al escuchar las palabras de la profesora— Ahora tome asiento, señorita Apple. Creo que hay un asiento al fondo del salón.
Esa no era la primera impresión que se había imaginado que tendría, pero no importaba, ya sabía cientos de formas de poder pasar el tiempo en los recesos.
—Hey, tú —escuchó el susurró de una pony al lado suyo. Ella era completamente azul y tenía un cuerno sobre su frente— dijiste que vienes de Ponyville ¿verdad? —Applejack asintió— perfecto, quiero que te reúnas conmigo en el primer recreo.
—Espera, a otra vaca con ese lazo —la pony azul no entendió el significado de esas palabras— No pienso meterme en problemas en mi primer día de clases ¿Qué piensas hacer?
—Señorita Applejack, guarde silencio —regaño la profesora.
—Habla más suave —la unicornio empezó a explicar su plan, a medida que la clase de literatura avanzaba de la misma manera que en ponyville, aburrida a más no poder.
Applejack no estaba segura de si ese plan era buena idea o no. Si todos se enteraban de la verdad, no sólo tendrían problemas en la escuela, sino que también sería marginada por todos. Ella negó con la cabeza y fue prestando más atención de la que nunca creyó que necesitaría para intentar aprender algo.
Llegado el recreo la unicornio intentó convencerla de poder unírsele en su plan, pero nuevamente se negó a hacerlo, era demasiado arriesgado. En lugar de ello, empezó a demostrar todo lo que su hermano le había enseñado en la granja para demostrar que, pese a ser una chica de granja, tenía muchas habilidades por las que ser admirada.
Tomó un cable largo y lo usó como si fuera un lazo. Varios ponys empezaron a reunirse alrededor de la pony de tierra mientras hacía toda clase de acrobacias, como hacer un aro y pasar a través de el sin perder el control. Todo iba bien hasta que empezó a traer cosas hacía ella, como la leche de algunos compañeros. Durante su acto, también había pisado a alguno de sus compañeros o los había tirado al suelo.
Ya no sabía qué hacer. Estaba prácticamente rodeada por varios ponys que demandaban el dinero de su almuerzo, otros sólo quería empujarla como venganza. Ella no tenía suficiente dinero para todos y tampoco tenía deseo de ser arrojada al suelo por alguien que no sabía lo que es un accidente.
Hizo lo primero que su mente le dijo, corrió. Era perseguida por una docena de estudiantes que no se detendrían hasta hacerla pagar. Justo cuando la habían acorralado una gran nube de humo los cubrió a todos.
—Ustedes, brabucones ¿Por qué no se meten con uno de su tamaño? —exclamó la vos de una potra. Pronto todo el humo se disipó y pudieron ver que frente a Applejack se encontraba una unicornio de color azul.
—¿Y si no queremos qué? —dijo amenazante un pony de tierra. La unicornio sonrió, pues esos eran los ponys a los que más fácil podía sorprender con trucos de magia— ¿Nos las veremos contigo?
—Conmigo no —dijo la unicornio de manera arrogante— Se las verán con la mismísima Nightmare Moon —Otra cortina de humo apareció de la nada y cuando acabó la unicornio tenía una piedra en uno de sus cascos— ¡Esta es una piedra lunar! Si la tocan, sus débiles mentes serán llevadas hasta la más temible de todas las alicornios.
Algunos habían dado un paso hacia atrás. El sólo escuchar el nombre de la yegua más temida en todo el mundo era más que suficiente para mantenerlos despiertos toda la noche, todo por el temor a ser devorados por ella. Pero esto no fue así en todos.
—Eso es mentira —dijo Applejack, tocando la piedra lunar— ¿Ven? Si fuera verdad yo estaría viendo a… ¡Nightmare Moon! —Había caído al suelo mientras intentaba alejarse de la unicornio— No se acerquen, ella dice la verdad.
—Por supuesto que digo la verdad, después de todo yo soy —la unicornio tomó una pose que la hacía ver como alguien importante— ¡La gran y poderosa TRIXIE! —y más cortinas de humo aparecieron tras ella.
La unicornio fue acercando la piedra lunar a todos los que no creían en su historia, pero esta vez ellos ya temblaban de miedo. Justo en ese momento el timbre indicaba que el recreo había acabado. Trixie no paraba de reír a medida que los veía correr despavoridos, debido a que el sonido de la campana había sonado ya.
—No me imagine que usaría la piedra lunar así, pero me alegra que funcionara —Trixie contó las bombas de homo que le quedaban dentro de su sombrero, apenas y tenía dos más.
—Me basta con que me hayan dejado en paz —respondió la pony de tierra, mirando con curiosidad el pedazo de roca tirada en el suelo— por cierto, lo de la piedra ¿es verdad que viene de la luna?
—Por supuesto que no… quiero decir… sí, está roca viene desde la mismísima luna —la unicornio alzó el pequeño pedazo de piedra al cielo— Fui ahí gracias a mi magia y fue mi magia la que impidió que fueras devorada por Nightmare Moon.
—Guau, eres sorpréndete, señorita Trixie—ambas empezaron a caminar antes de que los dejaran fuera de clases— ¿Y no tenías miedo de ella?
—Por supuesto que no —volvió a tomar su pose heroica— la gran e increíble Trixie no le teme a nadie. Ten, te regalo esta piedra, yo puedo conseguir otras cuando quiera. Y no te preocupes, mi magia evitara que veas sufras de pesadillas aunque esté lejos de la piedra.
—Creo que está despertando —Cheerilee se había mantenido cuidando a la Grifón luego de que ésta se hubiese desmayado en medio de la calle—No te muevas, tienes el ala fracturada.
—¿Qué fue lo que pasó? —Gilda quería incorporarse, pero la potranca se lo impidió, señalando los vendajes que cubrían su ala lastimada— Dónde estoy… es cierto ¿Dónde está ese mentiroso?
—Ese mentiroso fue el que te trajo hasta aquí —Cheerilee no podía creer que la alada estuviera más preocupado por Big Macintosh y no por su condición actual— Y su nombre es Big Macintosh, por cierto.
—¡No me importa como se llame! —Exclamó, apartando a la potranca y bajando de la cama de un salto— Él tiene a mi amiga secuestrada y cuando termine con él…
—Creo que estás es un error —era la vos del joven Pony.
Gilda estaba por saltar sobre él, pero el dolor en su ala se lo impidió. En lugar de ello lo miró con una furia ciega. No sólo la había engañado y humillado en combate, al menos así lo veía ella, sino que también le había quitado la posibilidad de volar.
La Grifón empezó a gritarle que pagaría por todo lo que había hecho y todos los problemas que tendría por haber raptado a una pegaso, pero él sólo le llevó un casco a la boca y le advirtió que estaba en un hospital. Gilda observó todo a su alrededor y, en efecto, todo indicaba que estaba en un hospital.
Al lado de la cama de Gilda se encontraba otra, con un pony en su interior—Se que eres tú, Fluttershy—exclamó en silencio— si no sales de ahí a la cuenta de tres, sabrás lo que es la furia de una Grifón. Uno… dos…
—¡No quiero, me veo horrible! —Gritó la vos de una yegua dentro de las sabanas. Su vos era llorosa y quejosa.
—¡Tres! —y dicho esto Gilda tomó las sabanas para lanzarlas lejos de le yegua.
No era Fluttershy. Ella estaba boca abajo, por lo que podía ver como su espalda tenía los rasguños que le había causado cuando le quitó la capucha, pero no era una pegaso, era una joven unicornio blanca. Estaba acostada en posición fetal y derramaba todo un mar de lá tenía que usar un paraguas que había sacado quien sabe dóndepara cubrirse de ellas.
—¡Ahora jamás seré una modelo! —lloró la unicornio— Toda mi vida cargaré con esta marca en mi espalda y todos dirán: "Miren, ahí va Rarity, la Pony más fea en toda Equestria" —Y el mar de lágrimas creció hasta arrastras a Cheerilee con ellas.
Gilda observó las marcas de sus garras en la espalda de la Pony, siempre dejaban una especie de marca personal. Su cara prácticamente se caía de vergüenza al haber atacado a una Pony inocente, pero sólo había una cosa que no entendía.
—¿Por qué tu hermana está aquí? —por más que buscaba alguna otra herida o algún yeso, sólo estaban las marcas de sus garras y no eran cortes largos o profundos.
—Ella siempre es así —Ambos quería golpear sus caras al ver como la unicornio se escondía entre las sabanas para ocultar sus "heridas"— Lamento lo de tu ala, por cierto.
—Descuida, ya sanará —La Grifón saltó de su cama, el dolor ya había cesado— Lamento haber lastimado a tu hermana… y que tengas una hermana así.
Big Macintosh se sentía aliviado al saber que su plan había resultado: Cambiar a Fluttershy por Rarity, sabiendo que sólo era cuestión de tiempo para que la Grifón se diera cuenta del engaño y decidiera atacarlos. Lo que no se había imaginado era todo el alboroto que la unicornio blanca haría por un rasguño.
—Por cierto, "amigo", no tienes algo más que decirme, ¿verdad? —La mirada de Gilda era penetrante, ella había visto a través de su mentira— Porque sería malo que un chico como tú se metiera en problemas, sobre todo si es el hijo de la única granja en todo este pueblito, sólo por esconder a Pegaso que ¿no es así?
El pony de tierra suspiró. Él conocía muy bien la mirada plasmada en la Grifón, era la misma mirada que él tenía cuando sabía que Applejack le estaba mintiendo y no había manera de que ella lo engañara. Los segundos pasaban como horas mientras intentaba buscar alguna mentira coherente, alguna manera de poder seguir escondiendo a Fluttershy.
Pero él estaba lejos de ser un buen mentiroso. Tenía que convencer a la Grifón de dejar que su amiga viva con ella hasta que ésta decida irse— tiene miedo, déjala que se quede.
—¡Jamas! ¡Esa mocosa le ha causado muchos problemas a mi amiga! —La Grifón preparó sus garras en caso de que el terrestre no cooperara por las buenas— Ahora, me dirás dónde está esa cobarde o tengo que empezar a usar estas bellezas.
Big Macintosh no creía en las palabras de la Grifón— Si ella le hizo algo malo a alguien, lo más probable es que haya sido un accidente. ¿Por qué no dejas que ella se disculpe y la dejas vivir con nosotros?
—De acuerdo, llévame con Fluttershy—Gilda estaba por saltar sobre el pony de tierra, pero tuvo una mejor idea— Quiero que ella se disculpe y luego me voy de aquí.
—¿Prometes que no le harás daño? —Ella tampoco podía engañarlo, pero dejaría que creyera que podía hacerlo.
—Lo prometo —Y mientras Gilda cruzaba los dedos de sus garras, empezó a planear como llevarse a la pegaso devuelta a Cloudsdale, mientras que Big Macintosh rogaba para que su plan funcionara.
—Vengan, vengan y vean el espectáculo de la gran, la increíble, la única, ¡TRIXIE!—Applejack no estaba del todo segura de si esto funcionaría, pero ya no le importaba, se estaba divirtiendo como nunca.
Luego de que las clases terminaran, ella y su nueva amiga empezaron a trabajar en un show con el cual ganar tantos bits como fueran posibles. Applejack estaría disfrazada como payaso, al menos hasta que iniciaría el show, mientras que Trixie terminaba de preparar su acto de magia.
Poco a poco varios niños, la mayoría de la misma escuela que ellas, fuello sentándose en cajas de madera que servían como asientos. Una vez que todas los asientos estuvieron ocupados la unicornio salió frente a ellos en medio de una cortina de humo.
Todos empezaron a aplaudir sorprendido por su entrada. La unicornio se quitó su sombrero y varias palomas empezaron a salir volando de el. Fue difícil meterlas a todas, pero los aplausos valían la pena. Luego fue realizando los trucos de unir y separar los aros, el esconder un conejo en una caja y hacer que parezca que lo saco de la nada.
Eran los trucos más fáciles para una aprendiz, pero habían hecho su cometido— Como mi último acto voy a necesitar la ayuda del público. Trixie necesita un voluntario ¿Alguien? —todos los presentes empezaron a levantar sus cascos— Tú, pony que nunca he visto ¿Cuál es tu nombre?
—Applejack—dijo la voluntaria.
—Quiero que tomes mi sombrero —La unicornio miró a todo su público y habló con fuerza—¡ustedes, mi amado público, para este acto necesito que todos pongan todos sus bits en mi sombrero. Asistente, pasa a recogerlo.
—Como usted diga—Y la joven yegua fue recogiendo todo el dinero posible.
Una vez que todos habían dado su dinero, Applejack se marchó tan lejos como era posible y Trixie la haría volver con su magia. La unicornio tomó una pose para demostrar seriedad, luego recitó unas palabras mágicas para traerla devuelta… pero nada pasó.
Trixie fue intentándolo una y otra vez, pero Applejack nunca regresaba. Todos empezaron a impacientarse y a exigir que se les devolvería su dinero, algo que la unicornio no sabía cómo hacer. Entonces, una vez que estuvo rodeada y sin salida, gritó.
—¡Esperen! ¿Qué no lo ven? Esa extraña tiene la culpa —todos se detuvieron— ella debe tener un escudo anti-magia y nos ha robado, incluso a mí. Vean.
Tomó entre sus cosas una vieja bolsa para bits y se la mostró a todos. Había sugerido que la mejor forma para recuperar su dinero era dividiéndose para poder alcanzarla. Sin perder el tiempo todos fueron tomando caminos separados, dejando el lugar completamente solo.
—¿Ya se fueron? —Trixie miró en todas direcciones en busca de alguno de los Pony a los que habían engañado, al no haber asintió— que bueno que funcionó.
Applejack salió de un bote de basura, junto con todos los bits que había tomado del show. Ella estaba por dividirlos, pero Trixie la detuvo— Deja a Trixie todo el dinero y podré enviarte tu parte por medio de magia, ¿Qué me dices?
—Me parecería bien, pero no sabes donde vivo —Applejack estaba por seguir dividiendo los bits, cuando nuevamente Trixie la detuvo.
—Pero esto es magia. Puedo enviarte todo el dinero que quieras a donde tú quieras —Esta vez la pony de tierra no puso en duda las palabras de la unicornio y le permitió irse con todo lo que habían hecho con el espectáculo.
Applejack siguió con la mirada a su amiga, quien luchaba por poder cargar una gran bolsa llena de dinero. Se había marchado directo a su casa pensando en todas las formas en las que la unicornio le enviaría su parte del trato y todas las cosas que podría hacer los días siguientes… pero nada pasó.
Toda la tarde y noche, la joven yegua esperó a que de alguna manera viera llegar o aparecer su dinero de la nada, pero nunca sucedió. Al día siguiente se enteró que su amiga se había mudado, pues sus padres eran un par de magos que comúnmente iniciaban giras alrededor de toda Equestria y fuera de ella.
Las cosas fueron a peor para Applejack, pues además de perder a alguien que creyó que era su amiga, todos sus compañeros de clase ahora la veían como una ladrona. A menos de una semana de haber llegado a Manhattan, ella no sabía qué hacer.
Un par de días después, sus tíos le habían organizado una fiesta por su llegada a Manhattan, pero esto sólo empeoró las cosas. No sólo porque, como siempre, la comida era poca y había que usar un vestido que la hacía ver ridícula, sino que finalmente había dado por hecho que no podía encajar en la familia de los Orange.
Cuando les había contado a todos sobre su vida en la granja y todas las cosas que hacía, todos se habían reído de ella. Fue igual que en la escuela. Todo eso la había deprimido en más de una manera. Sólo podía preguntarse si había hecho bien en irse de la granja, donde ya tenía amigas, una familia que la entendía… y que ella entendía.
Se encontraba meditando en su habitación, observando la apenas visible granja a lo lejos. Se preguntaba si su hermano estaba bien, aunque conociéndolo, era imposible que se metiera algún problema. También se preguntaba si sus padres ya habían regresado de viaje a Canterlot y lo que ellos debían estar haciendo.
De pronto algo que no había visto en su vida sucedido. Vio a lo lejos un arcoíris como ningún otro, semejante a una explosión. Este fue recorriendo toda Ponyville y se perdía tras la granja de su familia. Debía ser una revelación. Dicen que al final de cada arcoíris se encuentra una hoya con oro dentro y para la joven yegua, su granja y su familia eran como su hoya de oro.
Justo cuando Big Macintosh señaló un gran edificio, la Grifón corrió en busca de la pegaso amarilla. Tan pronto entró empezó a tirar todo lo que estaba a su alrededor, gritaba y amenazaba para que la pelirosada apareciera de donde sea que se encontrara.
—¿Qué significa esto? —Gritó una yegua. Cuando Gilda se volteó para verla, vio a una pony de tierra con el cabello cenizo por las canas, aunque su cuerpo parecía lejos de tener una edad avanzada—Como alcaldesa de Ponyville exijo saber qué está pasando.
Por unos momentos todo era confuso. Ella había visto la honestidad en los ojos del Pony de tierra y ella nunca se había equivocado. La alcaldesa se acercó intimidantemente esperando una respuesta. Gilda estaba por decir algo, cuando Big Macintosh tomó a la Grifón con un abrazo.
—Alcaldesa, lo siento —dijo el pony rojo— ella también se está quedando en mi granja —se acercó a uno de los oídos de la Grifón— si no quieres tener problemas, sígueme la corriente.
—Si yo fuera tú, no intentaría ayudarme —Gilda deseaba con todas sus fuerzas tener el cuello del terrestre entre sus garras en ese momento— Porque cuando salga de está hare que te arrepientas por esto.
—Lo dudo —Luego se dirigió a la mayor— ¿Recuerda a la joven de Cloudsdale que le traje hace poco? Ella es su amiga. Me haré cargo por todos los problemas que haya causado.
La alcaldesa ajustó sus lentes para mirar mejor a la Grifón y sonrió —No hace falta, este lugar necesitaba una remodelación de todas formas. Sígueme pequeña.
Cuando entró en la oficina de la alcaldesa finalmente pudo ver a la pegaso que tanto estaba buscando. Ella todavía tenía la mirada tímida y asustadiza que la Grifón odiaba pegada en su cara. Quería hacerla pagar por todos los problemas que le había causado a su amiga, los dolores de cabeza y su ala lastimada, pero no podía mientras que estuviera algún adulto cerca.
La alcaldesa le había hablado sobre los estudiantes de intercambio se realizan de Cloudsdale a Ponyville, pues sólo los seres alados pueden caminar entre las nubes. Le contó que podía quedarse en algún lugar durante seis meses en algún lugar, como en la granja de Big Macintosh, tal como lo había acordado la pegaso con anterioridad.
—Puedes aceptar ahora y luego sólo haría falta la aprobación de tus padres o un tutor.
Para Gilda, el plan de Big Macintosh era muy claro: Había introducido a Fluttershy como estudiante de intercambio a Ponyville, de ésta manera tendría algo de tiempo para hacer lo que sea que quisiera hacer con la miedosa. Y no sólo eso, nuevamente se había adelantado a la situación y la llevo con la alcaldesa, sabiendo que haría un destrozo en el ayuntamiento. De esta manera, si ella no quería meterse en problemas por bajar de Cloudsdale sin permiso, debía aceptar el trato.
Pero había un error en todo ello, ella ya era una estudiante de intercambio. Aceptó el trato, pues al día siguiente llegarían los padres de Fluttershy y en ese momento el terrestre ya estaría en problemas. Ellos no estarían de acuerdo con que ella se quedara bajo tierra, al menos así pensaba Gilda, bajarían a tierra firme y castigarían tanto al terrestre como a la miedosa. La Grifón se haría pasar como una víctima, insistiendo para que la pegaso regresara a su hogar y estaría libre de todo castigo, sería intocable.
—No hay ningún problema —La Grifón mostró una sonrisa que inquieto de sobremanera a la pegaso pelirosada— nuestros padres estarán aquí mañana, ellos seguro darán su aprobación.
—Bien, pueden ir con el joven Macintosh y volver a primera hora mañana —La alcaldesa vio cierto miedo en los ojos de la pegaso, pero los confundió con un ataque de timidez— o puedes quedarte en algún otro sitio si conoces a alguien de por aquí.
—Oh, no hay problema, mi amiga y yo podemos cuidarnos solas —Gilda abrazó del cuello a la pegaso con fuerza, haciendo que ésta luchara por seguir respirando— Si nos disculpa tenemos que salir.
Tan pronto como salieron del ayuntamiento Fluttershy fue a refugiarse detrás de Big Macintosh, quien estaba más que listo para volver a lanzar por los aires la Grifón si hacía falta. Pero la alada o hizo más que sonreír.
—Es tu última oportunidad, Fluttershy, te vienes conmigo o te quedas —La Grifón esperaba a que se negara a ir con ella.
—No soy buena volando —dijo la pegaso tartamudeando a cada palabra— Le tengo miedo a las alturas, pero aquí al fin encontré un lugar donde pertenezco. Si vienes conmigo tal vez lo entiendas… bueno… sólo si quieres.
—Pero que hay de tus padres, que hay de la escuela, tus amigos y de Cloudsdale —quería seguir hundiéndola en problemas— estás consciente de que romperás más de una regla si te quedas.
—Me quedaré como estudiante de intercambio, no tendré ningún problema —La pegaso no vio el enojo o seriedad que acostumbraba ver en Gilda. No sabía si debía alegrarse o temer por ello— Además, tengo a un amigo que puede cuidarme.
En ese momento uno de los amigos del Pony de tierra, Caramel, había llegado y le contó que había visto a su hermana en un carruaje, yendo directamente a la granja. Big Macintosh sabía que Caramel podía llegar a ser un descuidado y hasta un despistado, podía fácilmente confundir a su hermana con cualquier otra Pony parecida. Pero él en verdad deseaba ver a su hermana.
—Ella ya tomó su decisión —Habló el pony de tierra— te vienes con nosotros o vuelves sola a Cloudsdale.
—Quiero que me escuches bien y que tengo un testigo —la Grifón señalo con una de sus garras a Caramel— voy contigo, no porque quiero, sino porque no tengo opción. Tú le hiciste esto a mi ala.
Un día. Un día era todo lo que tenía que esperar para poder devolverle con creces todo el martirio que había tenido que pasar. No le importaba tener que caminar hasta el hogar del granjero, sabía que cada paso sólo terminaría hundiéndolos en poso de problemas que no parecía tener fin.
He pensado en seguir agregando más personajes de MLP en un futuro, hoy fue Trixie, que tal vez vuelva a aparecer en otro capítulo. Y Sofi, si quieres que escriba de algo (sobre pelicula, serie, anime o juego de video) sólo dilo. Quiero escribirte algo como regalo de cumpleaños.
Hasta la próxima.
