"Te esperaré en silencio para que nadie note que me haces falta…"

Enamorado… Rin enamorado… y de él…

Aun revoloteaban sus palabras a la mañana siguiente. Hacía frío, pero antes de las siete de la mañana ya estaba completamente despierto. Había tenido un mal sueño, de Rin, de Makoto y de él, había sido bastante oscuro y escalofriante, pero en cuanto despertó se dio cuenta que el sueño no era tan terrible como la realidad que lo asechaba.

Nunca había sentido aquella casa tan grande como en esos momentos. Hubiese deseado que sus papás hubieran estado en casa, pero eran unos trotamundos incansables y aunque les hubiera avisado de su visita era probable que igualmente no estuvieran en casa.

Se paseo un rato por la casa. No quería volver al agua, pero cada vuelta que daba llegaba de regreso a la tina. Miró desde la puerta el lugar y recordó a Rin ahí. Todo ahí estaba lleno de él, y antes de eso solo habían recuerdos de Makoto… ahora tenía doble razón para mortificarse. Resopló y cerró la puerta.

Tomó sus zapatillas deportivas y salió de la casa lo más abrigado que pudo. No había un alma en la playa. Estaba helado y aun era temprano para la mayoría de las personas. Eso le agrado y se zambulló en la música de su iPod.

Quería volver a Australia y olvidarse de todo esto, pero sabía que allá tampoco volvería a ser lo mismo. Rin acababa de destruir su único refugio para el dolor. Ahora allá también se sentiría mal, también comenzaría a huir, porque así era él, porque a eso se dedicaba, huía para no volver a sentir dolor. Porque confiar en alguien era entregarle las armas para destruirte, y él ya no quería volver a sentir que le disparaban en el corazón.

Se tiró en la arena húmeda para descansar. Estaba agitado y su pecho le ardía como el demonio por haber corrido más de lo que sus pulmones eran capaces de aguantar. Se recostó y miró las nubes pasar. Aun tenía la respiración desacompasada cuando una sombra cubrió parte de su rostro.

Haru se cubrió un poco el rostro de la luz del sol que apenas salía para encontrarse con su peor pesadilla. Gruñó en cuanto lo reconoció.

—Hola, Haru. — su voz grave hizo que las palabras de Rin volvieran con fuerza a su cabeza.

Se sentó de nuevo en la arena y se volvió a verlo.

—No puedo creer la suerte que tengo. — Dijo Haru al tiempo que ponía los ojos en blanco —Primero Makoto y ahora tú. — Confesó con el ceño fruncido — ¿También te mando Rin a hablar conmigo? —

Sousuke puso mala cara cuando nombro a Rin, lo cual Haru notó de inmediato y se sintió horrible por haberlo nombrado.

— ¿Llegaste con Rin? — arqueó una ceja al preguntarle.

Haru se quedo callado. No sabía si era una pregunta con trampa, así que no supo que decir

—Sousuke… —

Éste negó con su cabeza.

—Ahórratelo. — se cruzó de brazos

También parecía que estaba ejercitándose. Traía un uniforme de alguna Universidad y estaba bañado en sudor.

—No creí que fuera a verte… — bajo la mirada hasta la arena —No creí tener que ver a nadie… —

Sousuke se agachó y quedó en cuclillas — ¿A qué viniste? ¿A que vino Rin? —

Haru lo miró confundido.

— ¿No sabes a que vino Rin? — ladeó un poco la cabeza.

Sousuke resopló —Si lo supiera no te lo preguntaría… — dijo desganado —No me hace más feliz que a ti tener que hablarte. — su tono pareció endurecerse de pronto.

—Vino a verte. —

Éste soltó una risotada —Puedo notarlo. — se volvió a levantar — ¿Cuándo llegaron? ¿Ayer? —

Haru asintió.

— ¿No ha ido a verte? —

Sousuke negó —Parece que tenía cosas más importantes que hacer. —

Haru recordó las palabras de Rin de nuevo. Había gastado su tiempo en su casa, lo había vuelto a elegir por sobre Sousuke y era así como le pagaba, tratándolo como el carajo.

—No creí que fueras a volver por aquí. Pensé que tendrías la decencia de no regresar. — le dijo Sousuke con rabia. Le dio la espalda para irse, pero no pudo marcharse y volvió a girarse hacia Haru —Siempre supe el tipo de persona que eras, pero jamás creí que fueras capaz de involucrar a Rin en tus estupideces… — entrecerró los ojos —Te dije una vez que debías mantenerte alejado de él… —

—Yo no lo obligué a nada. — se defendió escuetamente. Pero la mirada de Sousuke lo hizo arrepentirse de inmediato.

—No debiste haberlo buscado si sabías lo que él y yo teníamos. — le recriminó con dolor. Negó de nuevo —Creíste que eras el único que sufría en el mundo… y además no te importó lastimar a otros con tal de sanar tus propias heridas. —

Haru intentó detenerlo, pero Sousuke no paró de hablar.

—Ni siquiera supiste agradecer lo que Makoto hizo por ti. —

— ¿Qué se supone que hizo por mi? — alzó la voz al escuchar el nombre de Tachibana.

Sousuke sonrió de lado.

—Ni siquiera lo sabes. — Suspiró —Siempre tú, ¿Verdad? —

— ¿Qué hizo por mí? ¿Engañarme? — se levantó de la arena y lo enfrentó. Aún así Sousuke era varios metros más alto que él y lo observaba con imponencia.

—No seré yo quien alivié tu dolor y confusión. Para mi es justo por lo que estas pasando. — se encogió de hombros —Solo vete y no te aparezcas más frente a mí. —

—Sousuke. — lo detuvo para que no se fuera.

—Ya tienes lo más preciado de toda mi jodida vida, ¿Qué más quieres? — lo encaró.

Haru lo miró acongojado —Lo siento, Sousuke. — su voz sonaba sincera, repleta de arrepentimiento.

Sousuke negó de nuevo —No puedo perdonarte. — Dijo —Y por lo único que no te he golpeado es porque a Makoto le importas y aunque no lo creas se volvió un gran amigo estos últimos años. — Agregó —Pero a diferencia de ti, yo no me acosté con él para aliviar mi pena. — comenzó a correr sin esperar que Haru se defendiera, porque ambos sabían perfectamente que no habían palabras que pudieran decirse después de aquella verdad tan terrible.

Haru volvió a tirarse en la arena. Rin le había prometido que nada de eso iba a pasar, pero se iban a divertir en casa, pero ya había tenido que ver a quienes menos quería. Al menos había sobrevivido al primer round con Sousuke, porque si de algo podía estar seguro era que aquella no sería la última vez que se verían. Sobre todo después que Rin y Sousuke se vieran. Era probable que Rin le vaya contar lo mismo que le había dicho anoche y ahí sí que se armaría la tercera guerra mundial. Cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas estar de vuelta en su cuarto en Australia, viéndolo la lluvia y pensando en cómo debía estar pasándosela Rin porque él había decidido quedarse en casa… todos sus sentidos le recordaban la mala decisión que había tomado.

Ya casi al medio día, el sol aun se escondía tras una densa capa de nubes grises que amenazaban con una nueva lluvia, pero al menos Rin había logrado llegar a su destino sin una gota de lluvia en su rostro.

Entró a la casa que consideraba casi su segundo hogar, aunque no sabía si aún podría seguir llamándola así. Aún así se sintió como en casa cuando cruzó la puerta. Recorrió el lugar en silencio, pero parecía no haber nadie. No emitió ningún sonido, caminaba completamente callado. No estaba seguro si sería capaz de darle la cara a Sousuke y quería retrasar el momento lo más que le fuera posible.

Se sentó en las escaleras del pórtico después de haber recorrido toda la casa. Su estomago era un desastre en esos momentos. Sentía retorcijones. Estaba nervioso y hace mucho tiempo que no se sentía así. Ya ni siquiera para competir se sentía nervioso, y ahora que estaba esperando a la persona que más le conocía, con quien solía sentirse completamente seguro y feliz, sentía un manojo de nervios incontrolables, como cual colegiala enamorada por primera vez.

Sousuke tenía que volver en algún momento. Sin embargo, no lo hizo tan pronto como Rin lo había considerado. Llevaba varias horas ahí cuando su enorme silueta hizo acto de presencia frente a él. Para esos momentos su colon estaba destruido a causa de los nervios y en cuanto lo vio no fue capaz de emitir una sola palabra. Estaba pasmado, igual como cuando Haru había visto a Makoto en el aeropuerto.

Sousuke le sonrió, pero ya no era aquella sonrisa amistosa. Más bien era una sonrisa de lado, cargada de algún oscuro sentimiento que no logró descifrar.

—Me enteré que estabas aquí. — se limpió el sudor en su frente.

Rin continuó sin decir nada. Solo lo observaba, como quien mira la cosa más maravillosa en el mundo entero.

Sousuke arrugó el entrecejo y subió las escaleras. Le dio una última mirada a Rin y entró a su casa dejando la puerta abierta.

Rin agachó la cabeza y se maldijo. ¿Cuándo en su vida alguien lo había dejado sin palabras? Se levantó y lo siguió adentro.

—Sousuke. — lo llamó buscándolo por la casa, pero se había esfumado.

—En mi cuarto. — le habló después de un rato.

Rin abrió la puerta y se lo encontró sentado en su cama con el torso descubierto.

—Parece que si hables después de todo. — su voz sonaba amarga. Era el tono de voz que solo le había oído una vez y era cuando le hablaba a Haru. Para él siempre había tenido reservado un tono más dulce, pero había desaparecido y no tenía derecho a exigirlo. Solo entonces entendió todo aquello que había perdido.

—Supe que te ibas a Estados Unidos. — le dijo sin tapujos. Se apoyó en el marco de la puerta y se cruzó de brazos.

Sousuke lo miró y asintió —En una semana. — Afirmó — ¿Por eso viniste? —

—No podía dejar que te fueras sin vernos. — agachó la mirada.

—Creí que estabas feliz en Australia. — lo confrontó y sonrió con ironía.

Rin lo miró displicente —No seas así… — le pidió —Tú no eres así. —

— ¿Esperabas un recibimiento más cálido? ¿Una sonrisa? ¿Un abrazo? ¿Una felicitación? — apoyó sus manos en sus muslos.

—Me siento terrible por lo que paso… —

—Deberías. — lo cortó.

—Intento decirte algo. — se quejó.

—Y yo intento ignorarte. — se levantó de la cama —Me topé con Haru en la playa por la mañana. — le confesó de pronto.

—Makoto quería verlo. — le explicó.

Sousuke asintió —No tienes que explicarme el hecho que no puedas separarte de él. — dijo dolido. Dio unos cuantos pasos hacia Rin —Dime una cosa… — agregó pensativo — ¿Viniste a despedirte de mí o viniste a decirme que había elegido a Haru después de todo? —

Rin guardó silencio.

—Lo imagine. — le susurró cuando estuvo a una corta distancia —No fue solo una aventura de la que te arrepientes… — lo encaró —Lo eliges a él después de todo. —

—No es así. — intentó excusarse, pero Sousuke salió de la pieza y no lo escuchó —Vine a verte, de verdad. —

—Bueno, ya me viste, así que ahora lárgate. — alzó la voz molesto.

Rin se quedo helado con aquella reacción.

—Estás actuando igual que él… —

Sousuke se giró enfadado —No te atrevas a compararme con él, porque yo no he lastimado a nadie. —

—Pero tienes esa misma actitud… de no querer escuchar a nadie, como si fueras el único que estuviera sufriendo. —

—No me puedo creer lo que me estás diciendo. — sonreía sin dar crédito a lo que escuchaba —Tú elegiste sufrir, porque te metiste en medio de Haru y Makoto… — le apuntó con el dedo —Tú buscaste ese dolor, lo decidiste… — le recordó —Yo no, yo solo estoy pagando el precio de tus decisiones. —

—Y por eso mismo estoy aquí. — le recordó.

Sousuke se encogió de hombros —Lo sé, pero no me interesan tus disculpas. —

—No quería que las cosas terminaran así. — reconoció.

—Yo tampoco. — Bajó por un momento la guardia, o al menos es lo que Rin sintió —Pero debiste haber pensado eso antes de haberte acostado con Nanase. —

—Lo siento Sousuke, de verdad lo siento. —

—Lo sé. — Respiró profundo —No es eso lo que duele. Lo que me lastima es que no estás arrepentido de lo que hiciste con él. —

Rin mantuvo la cabeza agachada, pero sintió que Sousuke se acercó a él.

— ¿En qué momento se te acabó el amor que me tenías? — le dijo bajito, casi juntando su frente con la de Rin.

La piel de Rin se erizó.

—No se ha acabado, sigue en mí. — su corazón empezó a latir con fuerza y su estomago se retorció.

—Me da gusto oír eso. — junto sus frentes —Pero ahora debo compartirte con Nanase. — su voz de nuevo sonó triste.

Quiso alejarse, pero Rin lo sujetó por el pantalón y lo atrajo de vuelta hacia él.

—Solo un momento más. — rogó.

Podía sentir la calidez de Sousuke. Su corazón también latía desacompasado y se sintió en la gloria cuando éste lo rodeó con sus brazos y lo apretó contra su pecho. Dios, lo extrañaba tanto que casi había olvidado aquella exquisita sensación. Su olor, la sensación que lo embriagaba cada vez que lo sentía recorrer su cuerpo. Se sentía amado nuevamente, después de mucho tiempo de un amor no correspondido.