20. Buda Sabe lo que Hace.

Kagome estaba terminando de hacer la comida, no faltaba mucho para que Inuyasha y Hikaru llegaran. Como todos los días el ojidorado recogía de la escuela a Hikaru después de trabajar en la cafetería. Kagome terminaba de poner el ramen a fuego lento, cuando escuchó la puerta de la cocina abrirse, se giró y vio entrar a un niño de dos años, cabello azabache y ojos completamente miel, era su pequeño Tadashi, como había "prometido" Inuyasha, dos meses antes de su ceremonia de graduación ella había quedado embarazada.

Inuyasha estaba sentado en el sillón, leía los resultados de los análisis de su esposa, hacía dos semanas que Kagome se había enfermado del estomago y al ver que no se curaba, el médico le mando esos análisis, pero jamás se imagino que en ellos aparecería que su azabache estuviera embarazada. Sin duda alguna estaba más que feliz y en cuanto ella llegó de la escuela le mostró los resultados, lo que no se esperaba fue la reacción de ella.

Prometiste que esperaríamos a que Hikaru tuviera al menos dos años.

Dije que intentaría, pero no se dé que te quejas, jamás te opusiste a nuestros momentos de...

¡No lo digas!― gritó y se tapó los oídos.

Todo va estar bien, te ayudaré con los dos, se que tenemos el proyecto de la cafetería pero, podemos arreglarnos...

No es por eso... Solo me queda por finalizar mi última práctica profesional, ahora la tendré que posponer, no me van a aceptar por estar embarazada.― decía en medio del llanto.

Inuyasha la abrazo, se sentía culpable, ella tenía razón, apenas comenzaba con su carrera y la iba a aplazar más tiempo, en cambió él ya tenía esa parte de su vida iniciada.

No llores, perdón, no debí olvidar la protección, pero... En verdad lo siento, todo va a estar bien.

Yo lo quiero, estoy feliz por tenerlo, pero... Perdón, estoy exagerando las cosas.

Mírame, terminaremos el restaurante y te ayudaré con lo que tengas pendiente, estamos juntos en eso ¿Cierto?

Y aunque difícil fue acoplarse a un nuevo bebé, teniendo uno que comenzaba a caminar y a tocar todo, terminar la decoración de la nueva cafetería y con Kagome que finalizaba en forma sus estudios, ambos jóvenes salieron adelante, ahora Inuyasha trabajaba en la cafetería junto a su hermano y Kagome en una agencia de publicidad.

― Ma, ma, ma, ¡Ma!― gritó Tadashi al ver que su madre no le hacía caso.

― Perdón Tadashi ¿Qué pasa?

― Hita.― decía, ya se había aburrido de jugar solo, quería a su hermano.

― Todavía no llega, fue a la escuela.― explicaba Kagome al momento de cargarlo.

― Quelo il.― pedía con ojitos llorosos, no le gustaba estar sin su hermano.

― Ya pronto, el próximo año ya vas a ir, pero por ahora... ¿Me ayudas a preparar los daifuku?― sugirió y Tadashi asintió feliz.

Una hora más tarde se escuchó la puerta abrirse y se escucho un "Ya llegamos" por parte de Inuyasha, en ese momento Tadashi dejo la masa de arroz y se bajo rápido de la silla.

― ¡Papá, Hita!.― dijo emocionado y salió corriendo al recibidor.

Inuyasha estaba colgando sus llaves, mientras Hikaru se quitaba sus zapatos, cuando escucho los pasos apresurados de su hijo más pequeño.

― Cuidado cachorro.― dijo Inuyasha al atrapar a su bebé que poco falto para que tropezara.― ¿Cuidaste a mamá?― preguntó al alzarlo.

― Hice de comel con eia, dafufus.

― Ya quiero probarlos.

― ¿Cómo te fue Hika?― preguntó Kagome.

― Bien.― dijo sin ganas.

― ¿Qué tienes?― se hincó para poder ver mejor a su hijo.

― Tengo hambre.

― Ve a cambiarte, la comida ya está lista.― dijo amorosamente Kagome, algo ocultaba su hijo pero no le insistiría en ese momento.

― Voy con Hita.― decía Tadashi al querer bajarse de los brazos de su padre.

― Tranquilo ya te bajo.― dijo Inuyasha y puso en el piso a su hijo.

― Pero no corras, te vas a caer.― dijo Hikaru a su hermano, Tadashi podía llegar a hacer muy hiperactivo.

― ¿Qué le pasa?― preguntó Kagome a Inuyasha.

― No lo sé, desde que lo recogí esta así.― a él también se le hacía extraño que Hikaru estuviera deprimido.

...

Por la noche después de bañar a sus hijos, Kagome cambió a Tadashi y lo arropó, casi de inmediato de quedo dormido. Ahora le faltaba Hikaru, pero no lo vio, suspiró cansada, si Inuyasha le estaba dejando ver tv a esas horas lo mataría.

― Taisho, Hika debe ir a dormir, ya deja de...¿Y Hika?― preguntó al ver que solo Inuyasha veía televisión.

― Creí que estaba contigo.― dijo extrañado, él cambió a Hikaru y lo dejo en la recámara.

― No lo está.

― Seguramente esta en el despacho.― sugirió Inuyasha.

― ¿Qué va hacer allí?

― Jugando con su DS, allí se esconde para jugarlo.

De inmediato fueron al despacho pero no estaba.

― ¿Donde se metió?― ya estaba nerviosa, Hikaru jamás les había hecho algo como eso.

― Tranquila debe estar en la casa.

Cuando se estaban desesperando e Inuyasha iba a salir a buscarlo a la calle, escucharon un llanto que venía del closet bajo las escaleras. Abrieron la puerta y vieron a Hikaru llorando.

― ¿Por qué lloras amor?― preguntó Kagome al cargar a su hijo.― ¿Te lastimaste con algo?

― ¿Ustedes querían que naciera?― preguntó dejando sorprendidos a sus padres.

― ¿Cómo dices?― preguntó confundido Inuyasha mientras iban a la sala a sentarse.

― Si querían ¿verdad?― insistió.

― Claro que sí, que tonterías dices.― dijo Inuyasha.

― Es que una señora me dijo que ustedes no me querían, dijo que fui hecho sin amor y que papá la quería a ella, no a mamá.― explicaba mientras se aferraba más a su madre.

― ¿Cuando te dijo semejante tontería?― preguntó Inuyasha mientras intentaba contener la furia, ya sabía con quien se había topado su hijo.

― Hoy en la escuela mientras te esperaba, también dijo que querían más a Tadashi.― dijo mientras lloraba más fuerte.

― Escúchame.― pidió Inuyasha y le acarició el rostro.― Tu madre y yo te amamos, no le hagas caso a esa... A esa mujer. Tu eres nuestro milagro, gracias a ti somos una familia.

― Ya no llores.― Kagome le limpió las lágrimas.― Yo te amaba desde antes que nascieses, el saber que crecías en mi y sentirte fue una gran alegría para mí.― decía maternalmente.

― ¿Quisieron que naciera porque se amaban?― preguntó y espero que le contestaran.

Kagome quería decir "si", pero no sabía si su hijo te creería y no quería mentirle. Estaba por llorar de la desesperación, amaba con locura a su pequeño, pero no sabía que decir.

― ¿Te hemos demostrado lo contrario?― preguntó Inuyasha y Hikaru negó.― Ahora duerme, mañana vamos con la abuela Kaede.― le dio un beso a su hijo.

Kagome e Inuyasha esperaron que se quedara dormido, antes de subirlo a su cuarto, cuando comprobaron que dormía profundamente lo llevaron a su cama y arroparon. Echaron un último vistazo a Tadashi, él dormía tranquilamente y no se percató de nada. Fueron a su recámara, necesitaban dormir y calmarse. Aunque Inuyasha quería hablar con la chica, no sabía por dónde comenzar, se acostaron y el ojidorado no podía dormir, no se podía sacar de la cabeza el que Kikyou hubiera osado acercarse a su hijo. Pronto sintió a Kagome inquieta, pero no le buscaba para que la abrazara como solía hacerlo, por lo que fue él, quien la atrajo a su cuerpo.

― Voy a buscarla y hablar con ella, sabes que eso no es verdad ¿Cierto?.

― Hay algo de cierto, querías un hijo porque la amabas, la amabas cuando me embarace, la seguiste amando hasta...― decía en medio de lagrimas.

― Kagome.― interrumpió.― Estaba encaprichado, llámame loco pero desde el primer momento que te vi, sentí una atracción, lo de tu renta no me hubiera importado con cualquiera, pero contigo fue distinto, jamás había cuidado a nadie enfermo, contigo pase toda la noche en vela.

― Estabas preocupado por tu hijo.

― Sí, pero hubiera dejado a Kaede a tu cuidado, confió en ella, sabía que estarías bien a su cuidado, pero decidí hacerlo yo.

― ¿Qué va a pasar cuando se enteré de la verdad?― se giró y acurrucó en el pecho del chico.

― Ya cambie todo.

― ¿Cómo que cambiaste todo?

― Los papeles de la clínica, ahora dicen que no podías embarazarte y fuimos a la clínica, cuando Kikyou se enteró se enojó y por sus celos enfermizos creó una historia falsa.

― Estás loco.― dijo sin creerse lo que él había hecho.

― No, solo quiero cuidarlos.― beso la coronilla de la chica.― Y otra cosa, ¿No notaste lo que sufría cuando te probabas ropa? No tomó tantos frappes.― le confesó al recordarlo.

― ¡¿Era por eso?!― dijo sorprendida y sonrojada, ella jamás lo notó.

― Hasta Sango se dio cuenta, tu eres muy distraída.― dijo entre risas.

― Eres... Eres... ¡Ah! Solo intentaba no verte mucho, me ponías nerviosa y yo...― no sabía lo que decía, podía sentir la mirada y sonrisa maliciosa de Inuyasha.

― Ya vamos a dormir, mi pequeña tonta.― dijo al abrazarla más y comenzar a dormir.


Estaba agotado, Kaede le había mandado hacer una infinidad de tareas, podar el césped, cambiar algunas tejas del techo y mover muebles, ya había terminado y ahora lo único que quería era descansar y pasar un rato con su familia.

― Ya terminé, eres una abusiva.― bromeó al entrar a la cocina.― ¿Y los niños?

― [En el jardín].

― Huele bien.― dijo al querer probar un poco de la tarta de chocolate que estaba en la barra.― Solo quería probar.― le reprochó al ella golpearle en la mano con una cuchara.

― [No esta lista].

― No mientas, ya la terminaste.

― [Es verdad, no es para ti, es para mis lindos niños].

― Ahora todo es para ellos, eres malvada, ¿Ya se te olvido que a mí también me cuidabas?.

― [No lo olvidé, pero ellos son tan adorables].

― Voy a ver a mis hijos.― dijo al salir de la cocina, esa anciana lo volvería loco, estaba malcriando a sus hijos.

Al salir, se encontró con Kagome que estaba sentada en la engawa y bebía té helado.

― Contigo quiero hablar.

― ¿Qué pasa?― preguntó confundida al ver a su esposo sentarse junto a ella.

― ¿Por qué no me dijiste que ya te habías topado con ella?― la azabache se quedo sorprendida ¿Cómo se había enterado? Eso fue hace mucho tiempo.― No lo niegues, Kouga y Sango ya me lo confesaron.― dijo al saber que la había descubierto, ese día más temprano habló con Sango sobre lo ocurrido y la castaña le contó todo, pero solo para confírmalo le llamó a Kouga.

― No quería preocuparte y fue hace mucho.― se excusó.

― Tonta, ¿Qué tengo que hacer para que no creas en sus palabras?― preguntó al jalarla a él, iba a besarla cuando escucharon algo romperse.― ¿Ahora qué tiraron?

Kagome e Inuyasha fueron hasta el área del jardín donde estaban sus hijos.

― Hikaru, Tadashi ¿Están bien?― preguntó Kagome al ver que había frascos de pintura rotos, se hincó y comenzó a revisar que ambos niños no tuvieran cortadas.

― Perdón, no queríamos estropear tu pintura.― dijo apenado Hikaru.

Habían estado pintado sobre unos lienzos, cerca de las jardineras, pero en un descuido tiraron los frascos, al intentar limpiar se sostuvieron de la barda y sin querer dejaron sus manos en una parte del cielo.

― Me gusta.― dijo con una sonrisa al ver las manos de sus hijos allí.― Me parece que es lo que le faltaba ¿No lo crees?― preguntó a Inuyasha.

― Es verdad.― concordó con ella, también le gustaba como había quedado ahora la jardinera.

― ¿No están enojados?― preguntó confundido Hikaru.

― No, pero, tengan más cuidado.― dijo Inuyasha.― Ahora entren a la casa y lávense, Kaede ya terminó su tarta.

― ¡Sí! Vamos Hita.― dijo emocionado Tadashi y entró junto a su hermano.


Aquel día Izayoi invitó a toda su familia con algunos invitados más, era el cumpleaños de Sesshoumaru y Rin le quería dar una fiesta sorpresa. Kagome y los niños llegaron desde temprano, pero Inuyasha tuvo que ir a la cafetería, había surgido una emergencia y como Sesshoumaru era el festejado no le molestaron. Pero ahora iba con el tiempo justo, eran las tres de la tarde y la fiesta iba hacer a las cinco, también fue él quien paso por el pastel y de paso compró unas gelatinas para sus glotones hijos. Entro a la casa, esperando que aún no llegara Sesshoumaru y al primero que se topo fue a su padre.

― Hola hijo ¿Cómo va todo?― saludo InuNo al ver llegar a su hijo.

― Bien, un pequeño problema con la máquina de expreso ¿Aún no llegan?

― Es temprano, pero el comedor ya está listo.

― Menos mal.

― ¿Qué tal su semana con Kaede?

― Esa anciana abusa de mi gentileza, me puso hacer reparaciones y les manda saludos.

― ¿Cómo esta ella?― quiso saber, hace mucho que no la veía.

― Le va hacer competencia a Matusalén.― bromeo, provocando la risa de su padre.

― Ya me lo suponía.

― ¿Mi madre, Kagome y los niños?

― En el invernadero, vamos a verlos.― dejó el periódico y se levantó para salir con su hijo al patio.

Cruzaron por el césped y lo primero que vieron fue a los pequeños, quienes al ver a su padre gritaron emocionados.

― ¡Papá, llegaste!― gritaron ambos niños.

― ¿Nos trajiste algún postre?― quiso saber de inmediato Hikaru.

― No, más tarde comerán pastel.

― ¿Ni una gelatinina?― preguntó con esperanza Tadashi.

― Una pequeña, pero serán para más tarde, primero tienen que comer.

― Yo quelia aoda.― decía con decepción Tadashi.

― Primero la comida.― repitió Inuyasha.

― No pongas esa cara, tomemos un té y que su padre traiga lo que compró.― sugirió Izayoi y los ojos de sus nietos se llenaron de emoción.

― Mamá, primero tienen que...

― Tú te saltabas la comida cuando eras niño y miraré, estas grande y fuerte.

― Sí, pero...

― Por un día no les hará daño, mira lo grandotes que ya están.

― ¿Más que papá a nuestra edad?― interrumpió Hikaru.

― No lo sé, ¿Por qué no se miden?― preguntó y de inmediato los dos niños se pusieron junto al marco de la puerta.

Kagome se acercó y ayudo a medirlos, primero Tadashi y luego Hikaru. Inuyasha observaba encantado a sus dos pequeños, era feliz por tenerlos, era feliz porque sus marcas de crecimiento estuvieran junto a las de él.

― ¿Somos más grandes?― preguntó ansioso Hikaru.

― Su padre les gana por cinco centímetros.― dijo Kagome y ambos niños vieron a su padre "molestos".

― Eso no es justo, papá es un demonio.― dijo Hikaru.

― Un denonio.― repitió Tadashi.

― Con que soy un demonio ¿He?.― preguntó amenazante.

― Corre Tadashi.― tomó a su hermano de la mano y corrieron al jardín.

Segundos después Inuyasha perseguía a sus hijos al rededor de las plantas y árboles, a los dos niños les encantaba que su padre jugara con ellos.

― Les mostraré lo malvado que puede ser un demonio.― decía Inuyasha mientras intentaba atrapar a alguno de los niños.

No paso mucho para que Inuyasha atrapará a Hikaru, el pequeño luchaba por liberarse de los brazos de su padre y Tadashi sujetaba una de las piernas de Inuyasha.

― Te subiré al árbol y no podrás bajar.― amenazó a Hikaru al alzarlo sobre su cabeza.

― Le diré a mamá.― amenazó en juego.

― Ahora te subo con mayor razón.

Inuyasha se estiró lo suficiente para que su hijo tocará la rama más baja, pero en ese momento sintió un tirón en su pierna lastimada y casi deja caer a Hikaru, pero logró colocarlo en sus hombros e intentó ignorar el dolor.

― Papá.― habló preocupado Tadashi, no sabía porque su padre casi deja caer a su hermano.

― Estoy bien.― dijo Inuyasha para no preocuparlos, pero la verdad era que sentía un dolor muy agudo.― Solo necesito descansar.― bajo a Hikaru y cuando intentó apoyarse en el árbol, estiró su pierna y el dolor se propagó. Se dejo caer para que Hikaru bajara, no quería lastimar a su niño.

― ¡Abuelo! ¡Mamá!― gritó Hikaru una vez que estuvo en el pasto.― ¡Mamá! ¡Abuelo!― gritó más fuerte e hizo señales con las manos.

Izayoi y Kagome arreglaban la mesa de jardin para que InuNo colocará las gelatinas, cuando los gritos de Hikari llamaron su atención, de inmediato voltearon y vieron a Inuyasha sobre el pasto, de inmediato se levantaron y corrieron donde estaban.

― ¿Qué paso?― preguntó InuNo al ayudar a su hijo a sentarse en el suelo.

― Jugábamos y papá me cargo entonces casi caemos y se agarro su pierna y puso cara de dolor.― explicaba a toda prisa Hikaru.

― Tranquilo, tu papá está bien.― intentó tranquilizar Izayoi a su nieto.

― No queliamos latimaldo.― agregó Tadashi.

― Cachorros.― les llamó Inuyasha, los había escuchado y lo que menos quería era que se sintieran culpables.― Estoy bien, vayan con la abuela a comer un trozo de pastel.

― Vengan, dejemos que su padre se recupere.― habló InuNo y se llevo a sus nietos.

― ¿Te duele mucho?― preguntó preocupada Kagome.

― Que estoy bien, solo jugábamos.― dijo molesto.

― Sabes que ya no puedes cargarlos, ya pesan más.

― Solo quiero poder jugar con ellos sin que mi pierna duela.

― Lo sé, pero Miroku ya va a venir y...

― ¡No quiero que él o Kouga los eleven, soy su padre, soy yo quien debería hacerlo!― gritó, siempre observaba la cara de felicidad de sus hijos al ser cargados sobre las cabezas de alguno de sus tíos o incluso de su abuelo, pero le gustaba más verlos cuando él jugaba con ellos, sus hijos se ponían más felices cuando su padre juagaba con ellos, pero por culpa de su lesión, se tenía que limitar a observar.― Lo siento.― se disculpó al darse cuenta que se había exalto de más, Kagome no tenía la culpa.― Es solo que... En ocasiones me siento inútil.

― No lo eres, nos rescataste.― se sentó junto a él y se recargo sobre su hombro.

― Me gusta ver sus caras cuando los alzo... Incluso el anciano los puede cargar... También quisiera poder jugar con ellos béisbol, sin mencionar que jamás pude tener aquel encuentro con tu padre.

― Papá lo comprendió y tal vez no corras, pero puedes lanzar, tienes dos muy buenos brazos.― dijo al tocarlos.

― ¿Quieres que te muestre que no solo sirven para lanzar?― preguntó al abrazarla y comenzar a besarla.

― Inu, tus papas...

― Te suelto, pero me lo debes.― dijo al darle un último beso.

...

Ya todos los invitados habían llegado, solo esperaban que el lomo estuviera listo. Mientras esperaban Inuyasha y Sesshoumaru estaban en el despacho.

― Sabías de está tonta reunión ¿Verdad?

― No te dije porque tu amorosa esposa y tu tierna niña me amenazaron, agradece que las convencí de no hacerla a lo grande.

― Debiste decirme.

― Si te decía ya no sería sorpresa.― se burló.

― Por eso, me vas a cubrir por toda una semana.― advirtió.

― Eso no, sabes que yo recojo a Hikaru.

― Será una semana y a mi padre le gustará ir por él.

Inuyasha estaba por reclamarle a su hermano, cuando escucharon que Miroku le gritaba a Sango y salieron a ver que pasaba.

...

En la cocina, Kagome vigilaba el lomo que se horneaba y estaba acompañada de Kouga y Rin.

― Me alegro que finalmente Ayame madurara.― dijo Kagome al escuchar que Kouga le había dado otra oportunidad a la pelirroja.

― Ya se lo advertí, es su última oportunidad y no es que "madurara", reconoció que tu y yo, somos amigos.

― No seas tan exigente, ella te quiere.

― Por lo menos cuando te ve ya no quiere golpearte, eso es un punto a su favor.

― Quiero conocerla, parece ser una chica interesante.― dijo divertida Rin.― Sakura ¿Qué hacen?― preguntó Rin a su hija al verla pasar corriendo y ser seguida por sus primos.

― Nosotros nada.― contestó la niña de ojos miel y cabello castaño.

― Son las gemelas.― agregó Hikaru.

― ¿Las gemelas? ¿Qué hicieron?― preguntó Kagome.

― Maquillaron al tío Miroku.― dijo Hikaru y su hermano asintió.

― ¿Qué hicieron qué?― preguntaron incrédulos los tres adultos y se estaban levantando para comprobar lo que los niños decían, cuando un grito por parte de Miroku sonó por la casa.

― ¡Sango!

― ¿Fue Miroku?― preguntó Sango al bajar por las escaleras.

― Sí, está en la sala.― contestó Kagome.

Siguieron a Sango y en cuanto entraron, vieron a Miroku lleno de maquillaje.

― Niñas, pero que...― Sango intentó regañar a sus niñas pero no pudo, era la escena más cómica que alguna vez pudiera ver, así que decidió conservar ese momento para la posteridad.

Miroku apenas si daba crédito a todo el maquillaje y brillos que tenía en la cara, estaba bien que se había quedado dormido, pero ¿Cómo era que no sintió que sus niñas lo pintarrajeaban? Y en un intento de pedir ayuda llamó a sus esposa, pero al ver que su cara de sorpresa pasaba a una de complicidad con sus gemelas, temió lo peor.

― No se te ocurra...― intentó detenerla, pero era tarde, Sango ya había tomado sacado la cámara y comenzó a tomarle fotos.

― ¿Por qué tanto escándalo?― preguntó Inuyasha al entrar a la sala con su hermano.

― Papá es una hermosa princesa.― dijeron las gemelas.

Inuyasha observo a su amigo y de inmediato comenzó a reír, en ese momento se alegró por tener niños y Sesshoumaru por tener una niña a la que no le interesaban esas cosas "rosas" y cursis.


Era día de limpieza y mientras Inuyasha cortaba el pasto, Kagome limpiaba el librero de la sala, lo único que le faltaba por limpiar era la figurilla del dios perro, la sostuvo con cuidado entre sus manos y le paso un trapo húmedo.

― Mami ¿Por qué lo cuidas tanto?― preguntó Hikaru al ver que madre limpiaba con mucho esmero y cuidado la estatuilla de un perro.

― Es un regalo de su padre.― decía al colocar la estatuilla en una mesa de centro.

― ¿Para qué te lo dio?

― Para que la cuidara.― contestó Inuyasha que acaba de llegar.

― ¿Es el pelo de la leienda?― preguntó curioso Tadashi al recordar la historia que les contaba su madre antes de dormir.

― ¿Papá es él? Él nos salvo y te dio una perla.― dijo curioso Hikaru, ya sabía aquella historia.― El abuelo dice que nunca vio a alguien nadar así en el mar, solo un demonio podría.

― No iba a dejar que nada malo les pasará.― dijo Inuyasha con cierto orgullo.

― ¿Entonces lo eres?― preguntaron ambos niños.

― ¿Qué creen ustedes?

― ¡Papá es genial!― se gritaron emocionados.

― ¿Lo eres?― preguntó en complicidad Kagome mientras se levantaba del piso.

― Claro que sí, mi miko.― dijo al atraerla por la cintura y verla con infinito amor.

― Idiota.― dijo sonrojada por la mirada que su esposo le brindo.


En el desayuno, Kagome notó que Inuyasha se había quedado viendo fijamente el periódico y luego sonrió con malicia.

― ¿Qué pasa?

― Van a investigar a Naraku y a Kikyou.― dijo al despegar su mirada del periódico.

― ¿Investigarlos?

― Por lavado de dinero y según esto... También por trata de mujeres, la mayoría de sus modelos son ilegales.

― ¿Tuviste algo que ver?― intuía que así era.

― Digamos que cobré un viejo favor, eso les pasa por meterse con mi familia.

― ¿Y si se enteran que tu...

― Deja de preocuparte, todo va a estar bien, aquí dice que una modelo los delato.

― Mamá, ya iegaron los abuelos y tío Souta.― interrumpió Tadashi al entrar corriendo al comedor.

― ¡Vamos! El abuelo y Souta dijeron que nos llevarían a jugar al campo.― le siguió Hikaru.

― Lápido.― pidió el más pequeño al jalar a su madre.

― Ya voy, pero falta alistar lo que se van a llevar.

― Ya están en las mochilas, papá más temprano.― dijo Hikaru.

Kagome fue hasta la puerta y abrió justo cuando su padre iba a tocar.

― ¿Cómo han estado?― preguntó Sabato.

― Muy bien ¿Y ustedes?

― Soportando a tu padre y lidiando con Souta, pero estamos de maravilla.― dijo Sonomi.

― Me porto muy bien, soy un hijo modelo.― se defendió Souta.

― Lo sé cariño, solo bromeaba.

― No se queden allí, pasen.

― Más nos vamos a tardar en entrar en que ellos nos sacan.― dijo Souta.

― Hablando de ellos, creí que ya estarían listos.― dijo Sabato.

― ¡Aquí estamos!― gritaron los niños seguidos por su padre.

― Los regresamos en un par de horas.― dijo Sabato al tomar las mochilas de sus nietos.

― Te los encargo, no dejes que se asoleen mucho, llevan sus termos de agua.― recomendaba la azabache.

― Los voy a vigilar, ustedes disfruten su tiempo a solas.― dijo Sonomi y se fueron al coche.

― Entonces tu les ayudaste con sus mochilas, creí que te molestaba que fueran al campo de béisbol con mi padre.

― No me molesta eso, me molesta que yo no puedo correr junto a ellos. Y...― la atrajo a él.― Quería un momento a solas contigo, tal como sugirió tu madre.― dijo mientras la besaba en el cuello.― Deberíamos intentar tener una niña.

― Ni lo sueñes, estos niños son suficiente por ahora.

― En ese caso ¿Conocerás a alguien que quiera alquilarme su vientre?

― No, y nada te garantiza que tendrás niña.

― ¿Segura qué tú no quieres? Te daré lo que quieras.

― Lo tengo todo.― dijo intentando ignorarlo.

― Seré tu esclavo por la eternidad.

― Es tentador, pero no.

― Kagome, un intentó si no se da hoy no te insistiré hasta que Tadashi terminé el kinder.

― ¿Y qué si es otro niño?

― Ya no intentaré tener una niña, lo prometo... A menos... Que tú quieras.― dijo con una seductora sonrisa y la chica suspiró.

― Pero ahora yo pongo las condiciones, joven Taisho: Cuando tenga antojos no repelaras, no me tratarás como si estuviera invalida, me complacerás en todo lo que yo quiera, no exageraras comprándome ropa ¡Y! no te adelantaras compras ropa de niña.

― Es un trato.- contestó de inmediato y no perdiendo tiempo cargo a voladas a su esposa.

Inuyasha subió de inmediato a su recámara, no la dejaría retractarse. Amaba a esa chica con locura, jamás se arrepentiría de haberla conocido y posiblemente hubiera querido conocerla de otra manera, una menos problemática, sin hacerla sufrir, pero era su historia, poco común, pero al final, su historia, y no la cambiaría, porque como había dicho su madre, Buda sabía lo que hacía y él sin duda supo arreglarlo.

FIN


Miles disculpas por la LARGA demora, espero que este capítulo final fuese de su agrado.

Aún me queda la historia que le debo a "jossy-chan" y a quien fue más constante en sus mensajes también le escribiré una. No he contado los rew, pero en poco me pondré en contacto.

También gracias por sus mensajes positivos en cuanto a lo que pase, por ahora me queda tener esperanza y esperar que este año que viene sea mejor.

Y finalmente solo queda decir "Gracias enormes por los 212 mensajes". Espero nos estemos leyendo en otra historia y ¡Felices Fiestas!.

25/12/2014

Daifuku: postre de arroz, relleno una fresa.

Matusalén: personaje bíblico que vivió más de 900 años.