Hey, hey. Capítulo número tres listo.

Últimamente he tenido algo de tiempo para dedicarme a escribir esta historia que me taladra la cabeza. Mi conciencia me dice "Escribe, rápido escribe" y yo como idiota voy y me quedo hasta las dos de la mañana escribiendo. JAJAJA esta bien ya paro.

No, solo era un chiste. Lo hago porque me gusta escribir y compartir mis historias con otros fantasticos autores o con diferentes personas. Es increíble pasar en Fanfiction y me encanta! :D

Bueno basta de cháchara, aqui les va el capitulo:


Capitulo #3: Un lobo en Arendelle

El trineo llegó rápidamente al reino, las puertas abrieron y se deslizó hasta el pie del castillo, dejando un rastro congelado. Los aldeanos se extrañaron al ver a la princesa preocupada y apurada por llegar al castillo. Algunos lograron divisar a una joven desconocida y herida de gravedad. Kristoff gritaba para que se apartaran de su camino ya que era una emergencia. Al llegar al pie del castillo, Kristoff ayudó a Anna a bajar y tomó entre sus brazos a la joven. La sangre dejaba un rastro carmesí sobre la nieve. Anna abrió de golpe las puertas y entraron apresurados mientras pedían ayuda.

Elsa se encontraba en su gran biblioteca con la nariz incrustada en un libro cuando escuchó el estruendo y los gritos de su hermana y Kristoff en la sala principal. Cerró el libro y lo lanzó al piso, para así poder correr a ver lo que sucedía. Cuando llegó se llevó una sorpresa no muy agradable, Kristoff sostenía a una joven con heridas sangrantes en su costado y brazo. Los sirvientes llegaron enseguida llevando a la joven a una habitación para así poder limpiarle la sangre y curarle las heridas.

-"Anna, ¡¿Qué sucede?! ¡¿Quién es esa chica?! ¡¿Cómo la encontraron?!"- atropelló con sus preguntas a la joven pelirroja que por su nerviosismo jugueteaba con sus dedos.

-"Tranquila, Elsa. Estábamos jugando y disfrutando de nuestro picnic en las montañas todo normal y tranquilo. Luego llegamos a la parte más baja de esta y logre divisar un bulto en el horizonte. Me acerque y me di cuenta que era esa joven. No sé quién rayos sea, de donde provenga o cualquier dato sobre ella, pero me dio pena verla tendida en la fría nieve toda herida y débil así que pensé que tu podrías hacer algo al respecto"- narró Anna a su desesperada Elsa, quien sentía compasión por la joven. Sin embargo, tenía algo de inquietud por razones que desconocía.

Antes de que Elsa respondiera, el doctor que atendió a la joven salió de la habitación cerrando la puerta lentamente. Este les dijo que la joven estaba estable, que ya habían limpiado y suturado sus heridas y que podían pasar a verla pero que estaba profundamente dormida.

Los cuatro pasaron despacio y vieron a la chica recostada en la cama. Su cabello despeinado castaño y blanco combinaba muy bien con su nívea piel, sus ojos permanecían cerrados y su costado y brazo estaban vendados con un ligero color rojo. Anna se acercó un poco más a la cama para poder ver su rostro. Luego bajo hasta su cuello y divisó una cicatriz muy profunda. También divisó un extraño brazalete en su muñeca muy ancho cubriéndola casi toda. La joven se movía lentamente y se quejaba de dolor o estaba teniendo una pesadilla. Elsa tocó el hombro de su hermana y le hizo señas para que la dejara descansar.

Kristoff decidió ir a los establos para quitarle el arnés a Sven y Olaf decidió ir afuera a la plaza a jugar. Elsa le dijo a Anna que vaya a descansar ya que se notaba somnolienta. Esta aceptó y subió las escaleras hacia su cuarto. La reina decidió volver a la biblioteca a continuar con su lectura tranquila. Después de un tiempo, Elsa termino su libro y sin darse cuenta se quedó dormida.

Mientras tanto, en la habitación para huéspedes, una joven de cabellos castaños y blancos se despertaba confundida y algo adolorida.

-"Ahuuum, ¿Dónde estoy? Ah ¡que es este lugar! Pero hace unos momentos yo estaba corriendo libremente en el bosque nevado"- dijo la joven confundida mientras se quejó de dolor al tocar sin querer la herida de su costado. –"Auch, eso duele. ¿Qué? Estoy herida. Ah, ahora lo recuerdo. Un par de cazadores me atacaron. Un momento… ¿Vendas?"- miró sus vendajes en su brazo y su costado. –"No importa. Tengo que volver al bosque"- trató de levantarse pero era completamente inútil. El dolor era tan intenso que le impedía ponerse en pie. Tumbada en la cama miró el techo desilusionada. Volvió a internarlo, sin éxito. A la tercera vez, logró hacerlo. Caminó lentamente hacia la puerta y la abrió lentamente, sin tratar de hacer ruido. Se apoyaba en cada mesa, silla o estantería para erguirse y soportar el dolor. La oscuridad de la noche no le permitía ver todo lo que había a su alrededor así que tropezó con una alfombra y cayó al piso causando que una mesa de vidrio se viniera abajo, causando un escándalo que llegó hasta los oídos de la reina.

Elsa se levantó sobresaltada del sillón al escuchar el bullicio de la sala. Creyó que era la torpe de su hermana que se había tropezado y como toda hermana mayor debía confirmar que no le había sucedido nada malo. Llegó a la sala principal y encendió la luz para encontrar a la joven que Anna y Kristoff trajeron caída en el piso junto un montón de vidrios rotos. La joven la observaba con sus ojos verdosos fijamente a la reina de hielo que se sorprendió al verla. Trató de levantarse pero no podía. Observó el piso decepcionada de lo débil que era. Luego divisó una mano amiga dispuesta a ayudar. Miró hacia arriba y la reina la miraba con unos ojos llenos de compasión.

-"Puedo hacerlo sola, gracias"- dijo la joven tratando de no mirar a los ojos a Elsa.

-"Déjame ayudarte, estas herida"- respondió Elsa agarrando su brazo.

La joven, con un movimiento brusco, zafó su brazo de las manos de la reina y logró ponerse en pie. Sus ojos mostraban furia y su cabello se movía salvajemente debido al viento que entraba por las ventanas.

Elsa retrocedió un poco al ver la posición de la joven quien al ver su rostro asustado, cambio su actitud de rebelde y violenta a una más tranquila y dulce.

-"Lo siento, no debí tratarte de esa manera. A veces se me sale el animal que llevo dentro"- bromeo la joven tratando de calmarla. –"Mi nombre es Alice, mucho gusto en conocerte"- dijo dulcemente tendiendo su mano a Elsa.

-"No te preocupes, a veces nos pasa. Mi nombre es Elsa y soy la gobernante de este humilde reino, Arendelle"- dijo dándole un apretón de mano a Alice.

-"No sabía que estaba frente a alguien de tan grande autoridad, lo lamento su majestad"- dijo haciendo una reverencia de disculpas.

-"No tienes que ser tan cortés. Te comprendo"- dijo Elsa algo triste, al recordar los momentos pasados cuando tenía miedo de sus propios poderes.

"No creo que nadie me comprenda"- pensó Alice

-"Debo irme ahora, muchas gracias por todo"- agradeció la castaña a la rubia dulcemente.

-"Pero estas herida, de seguro también hambrienta y con frío"- respondió Elsa bloqueándole el camino a la chica que se dirigía a la puerta. –"Quédate. No será mucha molestia. Nos encantaría tenerte aquí como invitada"-

-"¿Nos?"- preguntó la joven

-"Si, a mi hermana Anna y a mí"- dijo Elsa alegremente.

Alice no pudo negarse a las súplicas de la reina, además faltaba mucho para la próxima luna llena, era muy probable controlar sus instintos, aun así debía estar muy alerta al más mínimo instinto canino que sienta.

La reina bostezó por el cansancio que tenía, llevó a su invitada a la habitación de huéspedes, se despidió de ella y luego se dirigió a su cuarto para sumirse en un largo sueño.

La joven licántropa se mostraba inquieta ya que ella no acostumbraba estar muy cerca de humanos desde su primera transformación en lobo cuando tenía ocho años. Ahora ella estaba próxima a cumplir diecinueve y había aprendido a controlar sus poderes, excepto cuando hay luna llena. En ese tiempo ella se convierte en un lobo completo y no tiene sentido de sí misma, simplemente actúa por instinto asesino del animal que lleva dentro.

Se posó en la ventana y divisó el cielo nocturno. No había rastro de estrellas ni la luna. Respiró tranquila al confirmar que faltaba mucho tiempo para su próxima transformación. En medio de todo el silencio logró escuchar un sonido muy común para ella. El aullido de un lobo. Este Al perecer era uno solitario o un lobo joven buscando a su manada o donde el realmente pertenecía. Alice se sentís triste porque esa era realmente su vida. Ella, luego de perder a su madre a manos de un hombre lobo al tratar de salvarla, haber matado a su hermano y ser echada del reino por su propio padre, corría por su vida totalmente sola, vagando por las montañas nevadas en busca de alimento, agua y refugio. También evitando a las otras manadas de lobos que eran sus enemigos.

Los lobos poseen una jerarquía muy avanzada. Existen algunos tipos de clases sociales entre ellos. Los alpha son la categoría más alta. Estos son los más fuertes, hábiles y principalmente son los líderes de las manadas, respetados y temidos por el restos. Le siguen los betas, que son los integrantes de las manadas luego de los alphas. Estos les pisan los talones a los alphas y algunos son tan rencorosos y malvados que trataran de matar al líder para obtener el liderazgo de la manada. Por último están los omegas, los lobos enfermos, débiles y solitarios. Ellos están destinados a su suerte por eso que ellos deciden separarse de la manada para vivir independientemente sin nada de qué preocuparse.

Alice era una omega solitaria. Desde que ella huyó del reino de Snowflake hace diez años atrás, permaneció completamente sola. Sin embargo una semana después, se encontró con un viejo omega que se convirtió en su tutor y maestro. Este le contó su historia de cómo el en sus tiempos de juventud era el líder de su manada, sin embargo su mejor amigo, un beta, lo traicionó al pelear contra él por el liderazgo. Salió perdedor y ciego de un ojo. Luego su amigo lo desterró de la manada convirtiéndolo en un omega hasta un solitario. La licántropa también le contó su historia tocando el corazón del viejo lobo, quien nunca creyó ver a una humana convertida en lobo. Este se encariñó de ella y le enseñó todo lo que un lobo debe saber, como cazar, defenderse de otros lobos y de los cazadores, como ser cauteloso, etc.

Pasó casi cinco años recibiendo enseñanzas hasta convertirse en una verdadera loba salvaje. Sin embargo un día de invierno mientras dormía en su cueva con su maestro, se escucharon varios gritos de animales y cascos de caballos. Los dos fueron a ver lo que sucedía y se encontraron con varios cazadores armados con flechas y espadas. En medio de ellos había varias perdices atadas. El lobo experimentado se escabulló lentamente y logró robar las perdices para darse un buen banquete con su compañera de caza. Sin embargo los cazadores se dieron cuenta y comenzaron a atacar al ver a sus presas siendo robadas. Los dos lobos huyeron hasta llegar a un río congelado. Se detuvieron de golpe y los cazadores llegaron a recuperar el alimento. El lobo le dio las perdices a Alice y mostró sus colmillos amenazadores a los cazadores que alzaron sus ballestas, listos para atacar. El lobo se movía con gran agilidad a pesar de su edad, atacando y haciendo retroceder a los cazadores. Aulló avisando a su compañera que avanzara por el río congelado. Esta por suerte era liviana y joven así que cruzó con facilidad con las perdices en su boca. Sin embargo el lobo mayor se movía más lento y cuidadoso. Al ver esto uno de los cazadores cogió su espada y traspasó el hielo con ella haciendo que este se quebrara. El lobo divisó el rostro de su aprendiz quien estaba horrorizada y cayó a las caudalosas y heladas aguas del río. Alice producía gemidos y llamaba a su maestro pero este nunca salió a la superficie. Los cazadores sonrieron satisfechos por lo que habían hecho, subieron a sus caballos y se perdieron entre el follaje del bosque. Alice aulló tristemente lamentando la muerte de su maestro, quien había sido como un padre para ella. Sin embargo, ella sabía que este día llegaría así que se valió por ella misma desde ese día.

Una lágrima rodó por su mejilla al recordar a su fiel maestro. Se sentó en su cama y divisó sus heridas. Quitó el vendaje de su brazo y vio que el corte producido por la flecha de los cazadores era demasiado profundo. El olor a sangre le causaba repulsión y asco, sin embargo despertó su instinto. Abrió los ojos de golpe y estos mostraban el brillante color azul gélido propio de lobos blancos. Sintió que lentamente se iba a transformar en lobo. Ella no podía permitirlo. Su garganta comenzó a quemarle causando la pérdida de su voz que se transformó en gruñidos y gemidos de dolor. Tomo su cuello entre sus manos y se tiró al piso jadeante. Su instinto la dominó por un momento y comenzó a caminar como una fiera hambrienta olfateando a su presa. Logró encontrar el rastro de la joven reina y comenzó a seguirlo.

Salió de la habitación y subió las escaleras sin cometer el más mínimo ruido para no despertar a nadie. Llegó hasta la habitación de Elsa y abrió la puerta lentamente. La rubia estaba profundamente dormida por el cansancio de la lectura. La oscuridad reinaba el ambiente. Lo único que se podía divisar eran los brillantes ojos de la loba. Se acercó peligrosamente a la cama de la reina y olfateó hasta percibir el olor de su sangre. La necesitaba para calmar sus instintos, se acercó aún más y abrió la boca mostrando sus largos caninos. Por su mente pasó la idea de hacer lo que todos los lobos hacen para someter a su presa, morderle la tráquea para que esta se ahogue o causarle muchas heridas y esperar que la presa muera por desangramiento. Alice acercó sus dientes a su cuello dispuesta a desgarrarle la garganta pero esta recobró su conocimiento y se detuvo. Se cubrió la boca tapando sus colmillos, arrepentida de lo que estuvo a punto de hacer. Matar a una pobre joven inocente que le había brindado ayuda y refugio sin nada a cambio. Se sentía un monstruo. Elsa movió los ojos lentamente y se levantó al sentir una presencia cerca de ella. Sorprendida se encontró con Alice parada en frente de ella con unos ojos azul brillante y una mano sobre su boca.

-"AHH, ¡ ¿Qué estás haciendo aquí?!" –gritó la reina mientras agarraba las sabanas y se tapaba ya que era muy vergonzoso que la vean con ropa de dormir. Miro el reloj –"¡Son las cuatro y media de la mañana!"

-"Lo siento, su majestad. No quería causarle molestias. Solo que… ohm buscaba la cocina ya que me levanté con hambre y quería un bocadillo"- dijo Alice con la mano aun en su boca, inventando una excusa por ese acto vergonzoso.

-"La cocina está en la planta baja del castillo, y… ¿Por qué te cubres la boca?"- dijo extrañada la reina al ver la sospechosa actitud de la joven.

-"Es que… me duelen las muelas mucho y bueno ya sabe usted"- se excusó la licántropa tratando de que la reina no vea sus colmillos que traspasaban su boca.

-"Bueno en la cocina también hay plantas medicinales, puedes tomarte la que quieras para quitarte el dolor"- le ofreció la reina.

-"Esta bien. Muchas gracias y lamento lo sucedido"- se disculpó la joven mientras salía de la habitación rápidamente, dejando a Elsa aún más confundida.

Alice bajó corriendo las escaleras avergonzada hasta su habitación y cerró con llave. Se puso de espaldas de la puerta y se sentó en el frío suelo tratando de controlarse a sí misma. Su garganta le seguía ardiendo. No lo pensó dos veces y mordió su muñeca, dejando salir la sangre de esta luego lamió la sangre y su instinto se calmó. Siguió lamiendo de su sangre hasta que la herida dejara de sangrar. Respiro aliviada y golpeo su cabeza contra la puerta con suavidad. Luego divisó su brazalete en su otra muñeca y lo quitó dejando a la vista las marcas de los colmillos del lobo que la mordió años atrás. Molesta, maldijo al animal que mató a su madre y la convirtió en monstruo. Comenzó a llorar atormentada por los recuerdos que se le venían a la mente. Los licántropos sufrían de cambios de humor repentinos y eran muy sensibles.

Alice dejó de llorar al recordar las palabras de su maestro acerca de cómo controlar sus diversas emociones. Se limpió las lágrimas que aún rodaban por sus níveas mejillas y se recostó en su cama con la mirada perdida en el techo, reflexionando. Al cabo de unos minutos, Alice cayó en los brazos de Morfeo.

En la planta alta del castillo, Anna se revolvía en su cama mientras hacía gestos de angustia y terror. Estaba teniendo una horrible pesadilla….

Gritos de angustia, sonidos de cosas rompiéndose y casas desmoronándose entre las llamas que consumían el reino de Arendelle lentamente. Anna corría a través de la plaza principal observando con horror a los aldeanos atrapados y consumidos por la llamas mientras los familiares lloraban y gritaban. Había sangre por todas partes y cuerpos tirados en el camino. Anna observó el castillo imponente, era la única edificación que aún no había sido consumida por las llamas de seguro por los poderes de su hermana. Anna entró en el castillo buscando a su hermana desesperada. Lo que encontró no fue nada agradable. Todos los sirvientes y guardias del castillo estaban tirados en el piso algunos agonizando y otros muertos. La sangre estaba regada en todo el piso de mármol causando que se tiñería de rojo. La joven ignoró todo ya que escuchó un grito desgarrador que provenía de arriba. Subió las escaleras rápidamente y fue al cuarto de Elsa. Encontró a su hermana tirada en el suelo. Su vestido color azul se había tornado escarlata y su rostro tenía salpicaduras de sangre. Anna corrió hasta su hermana y le preguntó por su agresor. Elsa, extremadamente débil, le dijo que huyera ya que era muy peligroso. Anna respondió que no se iría sin ella. Elsa sonrió y dijo que para ella ya era demasiado tarde. Anna rompió en llanto. Sin embargo, no se había rendido. Agarró a Elsa por el brazo, lo puso sobre su hombro y comenzó a arrastrarla. Elsa se quejaba de dolor cada paso que trataba de dar y le imploraba a Anna que se vaya del castillo rápidamente ya que la bestia estaba cerca. Bajaron las escaleras y salieron del castillo para encontrarse una escena demasiado perturbadora: Kristoff yacía en el piso inerte cubierto de sangre junto a Olaf convertido en un pequeño charco de agua debido a las llamas. Las hermanas gritaron al ver al causante de toda esa desgracia. Un enorme lobo blanco salió de entre las sombras. Su pelaje estaba teñido de rojo y sus ojos azul hielo brillaban amenazantes. Abrió sus fauces dejando al descubierto su impresionante dentadura cubierta de sangre. Se relamió y comenzó a rodear a las dos jóvenes. Dio un gran salto sobre Elsa y la tumbó al piso para luego desgarrar su garganta. La pelirroja contemplaba con horror como el monstruo le arrebataba a su hermana mayor, incapaz de hacer algo. El lobo levantó su mirada y divisó a la otra joven. Gruñó y encogió sus orejas hacia atrás para luego abalanzarse sobre Anna…

Anna gritó sobresaltada de la cama y verificó que todo había sido una espantosa pesadilla. Sin embargo, todo parecía extremadamente real. Miró cautelosa a su alrededor y se sintió tranquila al confirmar que estaba sola en su cuarto. Un rayo de luz solar la dejaba ciega. Era una mañana soleada pero aún había nieve. Bajó hasta llegar al comedor donde encontró a su hermana tomando desayuno y Olaf sentado a su lado haciéndole compañía.

Anna se sentó a un lado de su hermana quien bebía a sorbos su jugo de naranja mirándola fijamente. –"Anna, sucede algo"- preguntó la reina al notar su cara de preocupación y su rostro ojeroso.

-"No es nada, solo tuve una mala noche es todo"- respondió inocentemente para recibir como respuesta una alzada de ceja de su hermana.

-"¿Tuviste una pesadilla otra vez? ¿No es cierto?"- dijo Elsa como si leyera la mente de su hermana.

Anna afirmo con la cabeza abajo mirando sus pies. –"Si y no fue una muy agradable"-

Justo cuando la pelirroja le iba a narrar su pesadilla a su hermana entró la joven de cabellos castaños con mechones blancos al comedor, saludo a las jóvenes y se sentó en el comedor del lado de Olaf. Se sorprendió un poco al ver un muñeco de nieve parlante y con vida propia. Este le dijo que Elsa con sus poderes lo había creado. Alice se sorprendió por lo que Olaf dijo. –"¿Tienes poderes?"- pregunto la chica asombrada.

Elsa rió y agitó sus manos para mostrar pequeños copos de nieve salir de estas. Luego los convirtió en una pequeña esfera y los lanzó al aire causando que estos caigan como estrellas en la habitación. Alice no daba crédito a lo que veía. La reina poseía un poder lleno de belleza.

Olaf comenzó a bailar en la pequeña nevada. Alice atrapaba los copos de nieve entre sus manos recordando los momentos que pasó con su maestro en las nevadas montañas. Luego se presentó frente a la princesa quien se hallaba feliz de que se encontrara totalmente bien.

-"Me alegra que estés bien Alice"- dijo Anna abrazando con fuerza a la chica. Quien gimió de dolor por su herida del costado. –"Ups, lo siento. Soy muy torpe. ¿Aun te duele?"-

-"Solo un poco, gracias por preocuparte por mí. También a usted reina Elsa por permitirme quedar aquí"- agradeció la joven

-"Por favor llámame simplemente Elsa. Me alegra que estés aquí"- dijo con una sonrisa. Alice también le devolvió una.

Anna tiró de la castaña y le preguntó si ya había conocido los alrededores y las afueras del reino. Esta le respondió que no. Anna entusiasmada, la arrastró fuera del castillo en medio de las risas de su hermana. Afuera se encontraron con Kristoff quien cepillaba a Sven y le daba unas zanahorias. El reno al notar la presencia de Anna se alegró mucho pero al ver a la otra joven retrocedió asustado. Kristoff trató de calmarlo pero este no lo permitía. El joven se disculpó por la actitud de su amigo y se presentó frente a la nueva chica. Olaf apareció por detrás para darle un gran abrazo a Anna. Alice se encontraba maravillada por todo el amor que se sentía en el ambiente algo nuevo para ella ya que durante toda su vida solo era perseguida por los cazadores y otros lobos. Ella sabía que eso podría cambiar ya que su instinto se lo decía…

Y... que tal?
Gracias a los que siguen mi historia. Por favor dejen reviews (se los pido de corazon) asi podré inspirarme para seguir escribiendo. Así sabre que hay alguien que si le gustan mis historias (con solo uno me basta).

Gracias. Hasta la próxima