Nos caemos y todo parece mezclarse entre tierra, sangre, hojas y mis gritos. Siento miedo. ¿Será así como acabara mi vida? ¿Este es mi final de películas, mi vivieron felices por siempre? No quiero, no quiero morir aquí…
Mi cabeza choca, al igual que mi cuerpo, con rocas y ramas. Siento como perforan mi piel y se clavan en mis entrañas. Tengo miedo. No quiero sentir el líquido caliente que cubre mi piel…
El fuerte sonido de algo quebrándose y mi cuerpo término cayendo al césped. Me toma unos segundos ordenar los sucesos; cantamos, caímos, rodamos, descansamos bajo el cielo azul. Suspiro e intento respirara, pero el aire no llega a mis pulmones. Me cuesta y me hace sentir oleadas de dolor. Duele tanto que no sé si es real o es un sueño.
Me intento levanta pero no puedo. Sigo intentando y lo logro, a duras penas, pero logro arrodillarme en el pasto. Miro a mí alrededor e intento gritar de dolor pero no puedo. En el intento siento como mi vientre se contrae y afloja dejando salir un liquido; sangre. Mierda. Miro mi cuerpo y luego miro al hombre que estaba tirado un poco lejos de mi.- ¡Ren!- gimoteo apretando fuertemente mi abdomen. Sangre… tierra. Duele un montón.
Ren esta doblado como si de un muñeco se tratara, su cabeza esta contra una piedra mientras una de sus piernas esta sobre un arbusto. Parece menos herido que yo, tiene las ropas menos ensangrentadas. Miro a mi alrededor y quiero pedir ayuda pero no hay nada… son las montañas y el parque está a cargo del gobierno; no hay nadie. Miro nuevamente mis ropas y el dolor aumenta, trayendo consigo al nerviosismo. Intento respirar y mis lágrimas corren por mis mejillas. Duele, se que duele, pero no lo siento. Me levando la camiseta, como puedo, y veo que tengo dos heridas a los costados, una zona más hundida que la otra y una rama atravesada en mi otro costado. Miro mis brazos y no están mejor que mi abdomen. Toco mi frente y veo que también hay una mezcla entre sangre y tierra.
Me pesa la cabeza. Miro la varita que tengo en el vientre e intento moverla pero unas punzadas me detienen. Miro mis piernas y veo que tengo una rodilla rota, casi hasta el hueso.
Kami-sama. ¿Cómo fue que terminamos así?
Miro a Ren y rápidamente me pongo de pie, sacando fuerzas de la nada, y me acerco para acomodarlo. Mientras lo hacía escucha como se quejaba, me gritaba y hablaba de sus males. No entendí mucho de lo que decía, pero no era de mayor importancia ya que debía acomodarlo. Necesitamos ayuda.
Una ambulancia… lo que sea.
Recuerdo que Ren tenía su móvil en el bolsillo y lo saco con mis manos temblorosas. Ya estaba sintiendo el frio de la brisa y mi cuerpo había empezado a temblar. ¿Será el frio o que estoy perdiendo mucha sangre? No lo sé. No me importaba… quería salvar a Ren.
Use el marcador automático y la persona que contesto fue el presidente. - ¿Ren?- pregunto e intente hablar pero no podía. No me salía la voz… me dolía respirar. – oye Ren! Sé que estas ahí… escucho el rio y tu respiración, idiota.- añadió y entre a desesperarme. Modulo y lo hago, pero la voz no sale. Me agarro el vientre y doy un leve gemido. – ¿Hola?- dice el presidente sin entender y sigue preguntando por Ren. Pienso en lo que está pasando y él lo imposible que se me hace hablar… solo han sido segundo pero no puedo. –Ren, si me llamas solo para molestar, cortare la llamada.- advierte y me preocupo. No sé cómo pero de un segundo a otro suelto un gemido audible y veo que tengo la mano sobre la vara. Estaba fuera, me había sacado la vara. –Ren? ¿¡Oye que está pasando!? Acabo de escuchar a Kyoko…
- Kami-sama…- susurro viendo como la sangre empieza a salir a borbotones. Me altero y suelto el teléfono para tapar la herida. – arde…arde mucho.- susurro mientras veo la herida. Miro a Ren, el que ahora estaba recostado sobre el césped, e intento calmarme. Miro el teléfono y lo tomo con la mano que no estoy sosteniendo mi abdomen. – presidente…- susurro. Mi voz no sale más fuerte.
- Kyoko? ¿Están bien? ¿¡Dime que ha pasado!?- exclama asustado.
- por favor… presidente- gimoteo mientras siento como la herida concentra las pulsaciones de mi corazón. Se fuerte Kyoko. –Ren… hay sangre.- es lo único que puedo decir cuando mi cuerpo vuelve a temblar.
- Kyoko, calma… salgo de inmediato para allá. Ahora dime ¿Dónde están?- pregunta y no sé donde estamos. No sé como decírselo. Estoy en blanco. –tranquila, los encontraremos. Calma y sé que están cera del rio…se escucha. Vamos enseguida, por favor está atenta al teléfono. Me dice antes de cortar.
Miro mis manos y ya está bañada por una sustancia rojiza… mi sangre
- Ren... no. Ren…no.- susurro mientras lo veo ahí… esta inconsciente. Miro mis manos y ya tengo un pequeño charco de sangre. –Ren…- susurro y siento que voy a morir, me estaba cansando.
Me pongo de pie y me acerco al cuerpo de Ren. El tiene una pañoleta en su bolsillo y se la quito para atármela fuertemente a la altura de la herida que quedo de la madrea. Me duele amarrármela fuertemente. Siento una fuerte punzada a la altura de mis costillas y gimo enrollándome en mi misma. Intento controlar mi respiración, pero no puedo… me quedare sin aire…
Miro a Ren de reojo y veo que él no está mejor que yo… tiene los pantalones manchado y en su pierna izquierda se ven las maderas que están astilladlas. Es mi culpa… esto es mi culpa
No quiero estar cerca de Ren. Le hago daño. Esto es mi culpa. Respiro entre cortado y me pongo a gatas para alejarme. Llego junto a un árbol y me apoyo mientras dirijo mi mirada hacia el rio.
….
Tengo fría, tengo sueño y mi cuerpo no se queda quieto. Voy a morir… la herida sigue botando sangre y mis manos ya están azules… miro la pañoleta que me ate para evitar que la sangre siguiera corriendo y la desato para volverla atar más fuerte. En el intento, las punzadas me parten las costillas y escucho el crujir de mis huesos. Todo se vuelve negro y sé que termine de anudar la pañoleta… al igual que sé que me quede sin aire.
Mis pulmones estaban vacios y ardían… aire
Doy un respiro profundo y abro mis ojos de golpe. – tranquila… cálmate…- me dice el hombre de cabellos castaños y ojos almendrados. – Respira…- me repite y siento que mis ojos se llenan de lágrimas.
No sé porque, pero ese sueño me atormenta noche tras noche. Siempre es lo mismo, me quedo sin aire y mi amigo es quien tiene que despertarme para que no muera por asfixia….
- ¿estas mejor?- me pregunta el hombre mientras me acerca un vaso de agua. Yo lo tomo y recuerdo que ya han pasado cuatro años desde el accidente.
Cuatro años es mucho tiempo. –sí, estoy bien. Gracias Shin-san.- digo mientras me siento en la cama para beber el agua.
- ¿estás segura preciosa…? Últimamente…- intenta abordar el tema de mis sueños pero me opongo a ello y lo hare toda mi vida. – si Shin-san, estoy bien. No te preocupes.- agrego y el suspira mientras se deja caer, en la cama, a mi lado.
Shin tiene un cuerpo atlético y muy bien trabajado. Es el hombre que me despierta de mi sueño y quien me pide que respire cada vez que abro los ojos… si no fuera por él, no sabría que hacer.
- te quiero…- susurro y el esboza una sonrisa mientras me abrasa y besa la nuca.
