La sala es tan blanca que parece ser irreal. La ventana está cerrada y el aire da a conocer el fuerte olor a esterilizado que tienen los implementos auxiliares. La chica del vestido blanco me mira esperando mi aprobación y yo asiento. Estoy dispuesto a dar el tercer paso.

La joven So se acerca a mi rostro y me sonríe dulcemente mientras coloca sus manos en mis mejillas. – tiene unos ojos muy lindos, Tsuruga-san.- me dice y yo pestañeo dos veces. Quisiera poder darle las gracias como corresponde, pero los sueros y las anestesias me lo impiden.

So empieza acercando unas tijeras a mi rostro. Escucho como corta las vendas y los parches. Se toma su tiempo y luego acerca un frasco junto a un algodón y lo aplica por todo mi rostro.

De seguro que tengo que ser un desastre. Posiblemente deba dejar de ser actor… So Yeon me dijo que solo me habían colocado un par de puntos y habían reconstruido el puente de mi nariz, que no debía haber ningún problema y que seguiría siendo el mismo hombre de hace un mes atrás… pero no le creo. Tengo que verme frente a un espejo para confirmar aquello.

La enfermera se alejo y tomo otro frasco para aplicar su contenido en mi rostro. Luego de ello, esperamos unos minutos y se acerco con unas tijeras. –quitare los puntos de sutura, seré rápida.- afirmo y comenzó con su nueva labor.

Siento cada punto que me va retirando y empiezo a contarlos. Son un total de trece. – Listo.- termina y pestañeo dos veces. Ella me sonríe

Se aleja para buscar un espejo y lo coloca frente a mí. Veo mi cara…

Reconozco que ella tiene razón, aun teniendo las marcas de las heridas y suturas, se reconoce que soy yo. Con el tiempo y cremas, mi rostro volverá a ser el de antes.

Sonrió y ella me responde asintiendo. Se aleja para guardar el espejo y vuelve con la silla que coloca junto a mi cama. – para mañana, las dosis de anestesia bajaran y de seguro que podrás hablar a tu antojo o modular un par de palabras… eso es según tu cuerpo.- me explica y asiento.

Durante los primero veinte días me fue imposible mover algún musculo, pero ahora; que ha pasado un mes desde que entre al hospital, puedo asentir sin complicaciones y mover un poco la cabeza.

- el disminuir las dosis, significara que sentirás molestias o pequeños dolores, pero es parte del procedimiento.- agrega y asiento. – se que lo sabes, pero tengo que repetirlo. No quiero que mañana te estés quejando de los dolores.- agrego y se cruzo de brazos. – quiero que estés preparado mentalmente para esforzarte al máximo en tu recuperación.- comenta en un tono que me recuerda a mi madre.

Hace dos días atrás, So Yeon, me dejo claro que me darían de alta a los dos meses, pero debía asistir a las terapias que me indicaran. Al principio no sabía muy bien a que terapias se refería, pero luego me informaron –un grupo de médicos y enfermeras.- que parte de mi cadera se había trisado y debieron colocarme una placa de titanio. ¿Cómo?, no lo sé. Y si, ahora soy medio robot.

Esto me sentenciaba a tener que aprender a caminar, pasar por terapias y cuidarme del frio; porque según So: si la placa se enfriaba, sentiría como si tuviera un trozo de hielo en la cadera.

Miro a la enfermera y ella suspira. Quiero preguntarle sobre Kyoko, pero sé que solo dirá "esta bien" y luego se ira. ¿Por qué no me dice algo más?, si está bien, ¿Cuál es el problema en darme una respuesta más completa?.

So Yeon se coloca de pie, toma su bandeja y utensilios, acomoda todo en su carrito y se acerca para tomarme la mano y despedirse como siempre lo hace. Entrelaza nuestros índices y me sonríe. – nos vemos en dos horas. Ahora vendrá alguno de tus familiares.- la miro con ilusión, quiero que me diga algo de Kyoko, pero ella se limita a desviar la mirada y soltar mi mano. –lo siento, Tsuruga-san. – musita y toma su carrito para dejarme solo en la habitación.

Entiendo que se sienta mal por no decirme nada de lo que quiero saber. La comprendo…

Pero quiero saber. Quiero ver y saber que Kyoko está bien.

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La chica del traje banco estaba entrando a la sala de enfermeras para dejar el carrito, cuando uno de sus colegas entra y la toma de la mano para llevarla por los pasillo. –So-chan, necesito de tu ayuda. La enfermera de turno no está y, aun, no se le ha asignado alguna.- comento el hombre mientras caminaba rápidamente llevando a a la chica de la mano.

- pero Yuu-sama.- contesto la chica deteniendo al hombre.- yo no puedo tomar el cuidado de otro paciente.- le recordó al hombre y este sonrió.

- no me digas Yuu-sama.- sentencio y luego tomo su mano firmemente para empezar a correr. Necesitaba de la ayuda de So y no aceptaría un "no" como respuesta.

So corrió tras el ya que no podía zafarse de su agarre, subieron las escaleras y llegaron al piso en el que se encontraban los pacientes de cuidados intensivos. Miro a Yuu y el hombre parecía preocupado. Se detuvieron frente a una puerta y el joven le soltó la mano para apoyarla en su hombro. – no me digas que no, por favor, So-chan. Eres la única que puede entregarle los cuidados que necesita.

- Yuu-sempai…- intento quejarse so, pero el chico no le dio tiempo para ello.

Yuu le entrego la tabla con la ficha médica y le sonrió antes de abrirle la puerta. –es una chica. Cabello naranjo y acaba de despertar. La tenía bajo la vigilancia de las enfermeras de turno; pero cuando despertó, ninguna de ella pudo sacarle palabra alguna. Confió en ti, te espero aquí a fuera.- dijo abriendo la puerta y haciendo entrar a la chica.

So sintió un escalofrió recorrer su espalda. Miro la habitación y se acerco a la mujer que estaba recostada en la camilla. La miro y le sonrió.

La chica tenia el cabello naranja, el rostro vendado y sus ojos eran de un hermoso color miel. Parecía estar triste, pero es sus cinco sentidos. –hola, mi nombre es So Yeon.- le dijo y la chica no le contesto.

So miro el cuerpo de la mujer y, a pesar de estar cubierta por una sabana, supo de inmediato que el torso estaba vendado, al igual que sus piernas. Miro los monitores que estaban conectados a ella y entendió que la chica tuvo que haber sufrido algún accidente tormentoso. Se sentía identificada, lo sabía y entendía lo que significaba estar en el lugar de ella. Sabía que estaba conectada a una maquina respiratoria, que tenía algunas costillas rotas y que su cara tuvo que haber sufrido algún tipo de daño. Suspiro fue a buscar una silla que se encontraba en una esquina de la sala para sentarse junto a ella. –tiene que doler mucho, lo se.- le dijo señalando su tórax.- si te cuesta hablar, no lo hagas, lo voy a entender.- agrego y parecía que la peli naranja entendía y aceptaba lo que le estaba diciendo.

- haremos esto así; yo te contare lo que esta ficha dice de ti, tu me escucharas. Luego te contare quien soy y mi labor y tú me escucharas. Si no me quieres escuchar, hablare igual; de todas formas tienes que prestarme atención. Luego saldré a buscar un par de utensilios y volveré a cambiarte los sueros y lo que esta conectado a intravenosas.- So respiro hondo y comenzó a hablar. –tu nombre es Mogami Kyoko y acabas de despertar.