Shin tiene un cuerpo atlético y muy bien trabajado. Es el hombre que me despierta de mi sueño y quien me pide que respire cada vez que abro los ojos… si no fuera por él, no sabría que hacer.
- te quiero…- susurro y el esboza una sonrisa mientras me abrasa y besa la nuca.
- me quieres como amigo, pequeña embustera.- añade y sonrió dejándome acurrucar por sus brazos.
…
Mientras miraba el lindo vestido blanco que sostenía entre mis manos, entra Shin y sonríe como si fuera un niño en una dulcería.
Suelto el vestido y lo apego contra mi cuerpo para tapar todo lo que podía ser de interés para el. –…oko.- musita, las tres últimas letras de mi nombre, y se acerca a mí con la clara intención de seducirme.
Rápidamente doy un par de pasos hacia atrás y me enredo con la blusa que tengo entre mis pies. Pierdo el equilibrio y pensé que caería golpeándome fuertemente, pero Shin fue más rápido. Me tomo de un brazo y me atrajo a su cuerpo… quedamos tan cerca el uno del otro, que sentía las palpitaciones de su corazón. –gracias…- susurro saliendo de mi sorpresa y el me arregla un mechón de pelo que se me había escapado del peinado. –Me encanta tu cabello negro…- comenta mientras me observaba sensualmente.
A mi también me gustaba mi color natural. Tuvieron que pasar cuatro años para que mi color de pelo dejara de ser naranjo y volviera a ser negro.
Cuatro años. Mire a Shin y me acerque a sus labios con la clara intención de besarlo, pero desvié mi camino hacia su oreja. –¡dos minutos!.- grito imitando la voz de un entrenador de futbol americano, para luego golpear su nalga y soltarme rápidamente de su agarre para colocarme el vestido blanco.
- AAHHH!- exclama Shin tapándose el oído, mientras me mira como si yo fuera el diablo en persona. –¡mujer mala!.- añade y se tira, dramáticamente, sobre el sillón que hay junto a nosotros.
Shin ya estaba listo. Luce un hermoso terno, hecho a su medida, que dejaría con problemas cardiacos a nuestras profesoras, mientras que yo tengo para usar un vestido blanco –un estilo de jumper, sin espalda y muy entallado- comento mientras vuelvo a levantar el vestido frente a mí.
Shin sonríe y me queda mirando un rato, mientras me coloco el jumper. –¿y esa cicatriz?- me pregunta, luego de unos minutos, mientras me subo el cierre lateral del jumper
Esa cicatriz… es la única marca, fea y notoria, que no he podido borrar desde el accidente. – ¡Diablos Shin Dong-san!- exclamo mientras intento cambiar el tema de conversación. – ¡el cierre no me sube!- agrego y Shin se larga a reír
- porcino… te dije que debías cuidar tu dieta.- añade mimosamente y se acerca para ayudarme con el cierre. Lo miro esbozando una sonrisa, porque el único "porcino", aquí, es el. Fue él quien rompió su dieta una semana antes de nuestra graduación. – Aun así, te ves deliciosa.- agrego y se me vinieron los colores a la cara. - …me encantan los tomates en la cena. – agrega y me siento estúpida. A veces realmente me sentía como algo más que su amiga, pero siempre venían sus comentarios desubicados que lo arruinaban todo. Sin pensarlo piso fuertemente su zapato con mi tacón.
¿Nunca se cansara de molestarme con esas cosas? –Si quiero ser un tomate, es problema mío.- digo sin pensar en mis palabras y salgo rápidamente del living para ir a buscar mi bolso a la habitación.
…
Cuando llegamos a la casa de modas nos llevamos una gran sorpresa. Para podernos graduar como modelos, debíamos pasar una última prueba… creíamos, junto a Shin, que sería fácil y lo era. Aun así, había un problema.
Nos hicieron entrar de público a la pasarela para mostrarnos las técnicas que debíamos usar y quienes serian nuestros evaluadores; personas elite en el modelaje a nivel mundial. Creí que serian modelos, como las top model o algo así, pero no. Eran cinco grandes exponente de la moda… y entre esos cinco había un hombre que me quito el aliento.
Shin, quien está sentado junto a mí, me codea. –Respira.- me dice y lo miro sin entender a que se refiere, hasta que gestualisa la palabra "respirar".
No puede ser, enserio me estoy quedado sin respirar por un par de minutos. Miro mis manos y veo que están levemente temblorosas. Intento respirar, pero no puedo.
Shin me toma la mano y aun así no puedo respirar. Me empiezo a incomodar y mis costillas se rehúsan a expandirse para dejar entrar el aire. Tengo miedo.
Shin coloca su brazo sobre sus hombros y me acaricia tras la oreja. ¡¿Que diablos?! ¿Acaso cree que soy como un perro? ¡Quiero respirar y Shin me trata igual que a un perro!
usare este capitulo para recordarles que esta historia tiene una NOTORIA falta de linealidad o tiempo cronologico.
gracias por llegar hasta aqui leyendo
