Shin miro nuevamente la pantalla de la tablet y luego el rostro de su amiga. –¿es una broma?.- pregunto y ella negó mientras cerraba los ojos y se dejaba caer sobre el sillón.
- es horrible. –Es perfecto.- dijeron al mismo tiempo.
Shin se sentó junto a ella. –imagínate!, será maravilloso empezar nuestras carreras de esta forma, es como si nos regalaran un futuro asegurado.- comento y Kiyoko lo miro algo cansada.
La chica no estaba dispuesta a estresarse con horarios en donde se le permitiría dormir, solo, seis horas y tratar con mujeres que hablarían mal de ella a sus espaldas. –Horrible.- reafirmo Kyoko.
Shin le entrego la tablet. –pero tu estudiaste para eso. Tú sabes como es y lo que lleva ser quien promocione los modelos de alta costura.- dijo y Kyoko asintió sabiendo que su amigo tenía razón.
- solo será un mes, ¿cierto?.- pregunto la chica y Shin asintió. – bien, pero no me pidas que me vuelva amiga de todo el mundo… me mantendré alejada de ellos.- advirtió Kyoko y Shin asintió tomando la tablet para responder con un "si" a la oferta de trabajo que los llevaría a lo más alto del mundo de la moda.
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luego de una semana fueron trasladados a las islas tropicales en el límite de Japón. Okinawa. Se les entrego un habitación a cada uno y se les explico el horario que debía seguir durante el mes.
Era un evento en donde solo se podían encontrar modelos de la academia que aun no se graduaban, por lo cual debían seguir con sus clases diarias y prepararse para los dos grandes desfiles del mes.
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Kuon sonrió y Kiyoko soltó una risita tímida. Le gustaba. Había algo en el hombre que la atraía, que la hacía sentir que se conocían de toda la vida y que podía confiar en el.
el hombre de cabellos rubios se cubrió el rostro. – que vergüenza, jamás creí que le llegaría a contar eso a alguien.- dijo y Kiyoko sonrió.
- a mi me parece algo muy tierno. De seguro que tu madre te adoraba de pequeño.- le dijo y el levanto el rostro para mirarla a los ojos. Sonrió y pensó que la chica tenía razón; a pesar de haber echo travesuras de niños, sus padres siempre lo quisieron incondicionalmente.
- y tu, ¿alguna vez has hecho algo como lo que te conté?.- le pregunto y Kiyoko pensó en su infancia; en la infancia de la Kyoko que ya no era.
Kyoko se abraso las piernas y coloco su mentón sobre sus rodillas. – no, nunca he hecho algo parecido a ponerle tintura en el shampoo a mis padres para que se les fueran las "canas verdes".- respondió aludiendo a lo que había hecho Kuon con sus padres una vez que le dijeron: "nos salen canas verdes por tu culpa". Kiyoko sonrió y pensó en algo que poder contar.
Pensó, pensó y pensó. Pero no se le ocurrió nada.
- no te preocupes si no tienes algo que decirme, esta bien.- le dijo Kuon y ella sonrió. La puesta de sol ya había terminado y se hacía cada vez más oscuro.
- ¿Por qué eres modelo?.- pregunto Kyoko y el hombre sonrió.
- no soy modelos.
- ¿Qué? Fíjate tu, que por alguna extraña y mágica razón… no te creo – dijo la chica y el se recostó a su lado.
- yo soy modelo pero de medio tiempo, por así decirlo… usualmente no suelo subir a las pasarelas. Por lo general me dedico a enseñar y organizar los desfiles de moda. – explico el rubio y la pelinegra entendió a que se refería.
- tiene que ser muy estresante organizar un desfile….- musito y el se fijo en como ella miraba las estrellas. Parecía ser que le gustaban mucho.
- ¿te gustan las estrellas?- le pregunto y la chica se giro para mirarlo. Su rostro estaba tan cerca que podía ver sus ojos reflejados en los de el. – si te gustan las estrellas.- dijo y ella asintió por instinto, pegando su frente con la de el. Kiyoko se sonrojo y Kuon lo noto.
Pensaron en alejarse unos cuanto centímetros pero ninguno de los dos quería hacerlo. Se sentían comodos así, lo sentía… era una sensación que les recorría el cuerpo a través de la sangre. -¿Qué tal si ahora vamos a comer algo antes de que se acabe la hora de la cena y mañana nos volvemos a juntar aquí, a la misma hora?- le pregunto Kuon y Kyoko sonrió. –Claro.- dijo la chica y el se alejo para ponerse de pie. La ayudo a colocarse de pie y le quito la arena de la ropa antes de volver al hotel.
Por alguna razón el destino los había reunido en la playa…
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Al día siguiente volvieron a reencontrarse después de sus actividades diarias y al sub-siguiente y así, hasta que termino el mes y se realizo el desfile.
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En el aeropuerto se toparon en la cafetería. - ¿un expreso triple?.- le pregunto sorprendido el chico al verla con el vaso de café tan cargado.
- necesito energías.- dijo la chica alzando los hombros y mirando hacia la entrada para estar atenta a si venia alguien de las chicas y chicos o su amigo; Shin.
- ten.- dijo Kuon sacando un frasquito de su bolsillo y entregándoselo. – son masticables que ayudan a mantenerte en vigilia… algo así como pastillas mágicas para mantenerte despierto.
Kiyoko abrió el frasco con una mano y las miro. Eran pequeñas esferas de color naranjo que no le eran de mucha confianza, pero como se las había dado el hombre las acepto. Las guardo en su volvillo y le sonrió. Ahora el también tenía un café en su mano.
Kiyoko alzo una ceja y el imito el gesto que había hecho ella con los hombros.
Se sentaron en la barra de la cafetería y se miraron sonriendo. Rieron a la vez y se quedaron en silencio un buen rato.
Los dos sentían que se conocían de toda la vida. Él le ordeno un mechón de pelo tras la oreja y ella le ordeno el cuello de la camisa.
Terminaron de beber sus respectivos cafés y decidieron volver hasta la zona de espera para abordar. Allí, como lo deseo el destino, se separaron sin darse cuenta. Kuon fue alcanzando por un colega y cuando se dio cuenta de que la chica ya no estaba a su lado, se volteo para mirarla y vio que esta corría hacia un chico que alzaba una bolsa de papel sobre su cabeza; posiblemente eran pasteles.
Cuando se dieron cuenta de que se habían separado, suspiraron… ninguno sabia en que asiento iba el otro o si tenían el mismo vuelo… no sabían mucho del otro más que sus diversos gustos y las vivencias diarias que habían tenido… no conocían ni el nombre del otro. Por alguna extraña razón nunca se les había pasado por la cabeza preguntarle al otro el nombre; porque sentían que no era necesario, ya que se conocían. No sabían ni el cómo, ni el porqué, pero sentían que se conocían.
- ¿Qué estabas haciendo?.- le pregunto Shin cuando la chica había llegado a su lado. la había visto caminar por el pasillo con la mirada al horizonte y la llamo para darle unos cuantos bocados dulces.
- venia hacia acá.- respondió Kiyoko y Shin la abraso mientras la llevaba a sentarse para comer.
- sí. Mira, he comprado pastelillos.- comento entusiasmado entregándole uno para que comiera con él. –No los comía desde la cena de anteanoche y ya los extrañaba.- explico y Kiyoko sonrió.
- no los comiste anoche?- le pregunto sabiendo que la cena de todas las noches era la misma. Ella no había asistido a las últimas cenas para poder pasar más tiempo con el hombre de cabellos rubios.
- eres tonta?.- le dijo Shin.- anoche nos dieron ternera con suflé, estaba rico; era lo único que había.- comento y recordó que no había visto a su amiga en la cena. La miro mientras esta comía el pastelillo y sintió que, por alguna extraña razón, no la había visto en ninguna cena. Pensó un poco más sobre el tema y decidió que no la había visto porque andaba embobado con una de las modelos; dejando de lado a su amiga quien tuvo que adaptarse y hacerse conocida de otras chicas para pasar el único tiempo libre que tuviera con alguien.
Kiyoko miro a Shin y le sonrió cuando vio que tenía su mirada perdida en ella. Se apoyo en su hombro y siguió comiendo la masa dulce que la habían regalado.
Después de todo, el trabajo no había sido tan malo y se había dado cuenta que podían haber personas que la hicieran sentir querida al igual que en el pasado. ¿Tal vez se había enamorado? Posiblemente si, pero era solo una ilusión. De momento se sentía bien como estaba.
Sonrieron hasta que los llamaron a embarcar. –si, fue perfecto.- murmuro Kyoko mientras Shin murmuraba. -…fue horrible.- recordando el gran rechazo que recibió de parte de la modelo a la que intentaba ligar.
Kyoko le sonrió y Shin camino junto a ella llevando su brazo sobre los hombros de la chica. Posiblemente, era la única mujer que lo soportaba más de 6 horas continuas diarias.
