Ella me mira curiosa y eleva los ojos como si quisiera recordar algo. - ¿nos conocemos?- pregunta y siento que si. Nos conocemos.

- ¿tú eres? – ¡Tú eres!- exclamo y ella exclama. Ella sonríe y se sonroja bajando la mirada.

¿Será que es ella? ¿Realmente es la chica del team de Okinawa?

Pues sí, esta es la chica con la cual pasaba mis horas libres en Okinawa. Nunca olvidare esas tarde en la playa donde me podía explayar sin barreras ni temerle a nada, fue hace tres o cuatro años y quedo marcado en mi personalidad. Siempre tuve la esperanza de volver a encontrarla, ya que trabajamos en la misma industria, y, ahora, así es. Al fin el destino nos vuelve a unir…

Conversamos un rato sobre nuestras vidas y lo que había sucedido en estos tres años; según ella, según yo son cuatro años.

Ella se rio y apoyo su cabeza contra mi brazo. –No puedo creer que hallas comprado un telescopio…- comenta referente a lo que le había dicho y yo sonrió. Si me compre un telescopio, porque ella me enseño a apreciar las estrellas. -¿me invitaras a verlas?- pregunto y vi como sus mejillas se sonrojaban ante la impetud de su pregunta.

Paso mi brazo por sobre sus hombros y le sobo suavemente el hombro. –Claro, cuando quieras.- afirmo y ella sonríe

Después de todo, acompañar a María no había sido tan malo como creía. – Gracias, María-chan.- musite y la chica me miro sonriendo. Me gusta.

Me gusta… por primera vez, luego de seis años, me gusta una mujer como algo más que una amiga.

…-…-..-…-…-…-…-.-.-.-.-

Me abrazo fuertemente de Shin. Vamos en su motocicleta de vuelta a casa y no quiero morir en el camino. La noche fue demasiado buena como para morir ahora. -¡no me mates Shin!- grito contra su oreja y se que dice algo, pero no lo oigo. Vamos a una velocidad sobre el índice de lo legal y eso me asusta demasiado, valoro lo suficiente mi vida como para morir en un accidente o un choque o cualquier cosa. - ¡por favor!- gimo y creo que me estoy orinando.

Estoy jodida de miedo. Recordare no volver a subirme en una motocicleta con Shin. ¿Cómo es que terminamos así si yo era quien iba a conducir? ¡Ah, sí! Fue un error mío. Nunca más ocupare falda cuando me toque conducir de vuelta en una motocicleta.

Ahora pienso que es mejor que conduzca Shin a que yo, con mi falda, nos pongamos de piloto en la motocicleta.

¡Solo quiero llegar con vida….!

- Oko-chan.- dice Shin y aun no quiero soltarlo. – Ya llegamos, bájate.- me ordena por cuarta vez y tengo miedo de abrir los ojos. Aparte, creo que tengo mojada la falta.

- me orine.- digo y Shin suelta una carcajada. –vamos, bájate rápido.- me dice y lo hago. Me bajo y veo que solo había sido una ilusión mía, estaba tan seca como el desierto del Sahara.

Subimos al departamento y allí, Shin, tiene problemas con abrir la cerradura, pero no me permite ayudarle así que disfruto del espectáculo. Se le caen las llaves, no le achunta a la cerradura e intenta abrir su puerta con una tarjeta de crédito.

Luego de veinte minutos podemos entrar y dignarnos a descansar. Como siempre, yo me coloco en el sofá y él en la alfombra, nos ponemos a conversar y terminamos por dormirnos.

Despierto y ya son las cuatro de la tarde, sonrió y veo a Shin mirándome como si fuera un perrito abandonado, no sé porque lo hace pero algo me dice que es una mala señal. –Kiyoko-chan…- me dice y se agacha a mi altura, yo aun estoy acostada en el sillón y lo miro expectante, con la esperanza de que sea una buena noticia. Shin suelta una lagrima dramática y me abraza. – ¡Felicidades hija mía!- dice imitando la voz de un padre.

Me dejo abrazar porque no entiendo el motivo de la felicitación hasta que escucho que la televisión está encendida y enfoco mis ojos sobre el aparatito plano. Un programa de farándula.

Yo estoy allí y luego sale Kuon Hizuri. El hombre que me evaluó en mi examen final y el chico de Okinawa. Las mismas personas y tan distintas. No me lo creo. Recuerdo que el hombre de Okinawa es amable, atento y agradable; mientras que el juez evaluador de mi examen final fue estricto y jodidamente podrido de adentro… no crítico a todos y no le dio la aprobación a ningún modelo, aunque eso no fue impedimento para poder graduarme con honores.

¿Cómo?

- …respira.- escucho que me dice Shin y veo que tiene su rostro frente al mío mientras que sus manos están sosteniendo mi cabeza por mis mejillas. Tiene razón, me quede sin aliento.

Le sonrió y bajo la cabeza, ya mejor. –No me lo creo.- digo sentándome en el sofá y él se sienta a mi lado. – es que… no.- vuelvo a decir. Desde que vi a Kuon en el examen, intente convencerme de que eran dos personas que se parecían… que el Kuon del examen no era el mismo hombre que el de Okinawa. Pero ahora… todo es todo. El Kuon de Okinawa es el mismo Kuon del examen, y ellos dos son la misma persona que Tsuruga Ren.

Suspiro y me abrazo las rodillas.

-deberías intentarlo.- me dice Shin y me doy cuenta de que estaba sacando cuentas en voz alta. Le regalo una sonrisa y me sonrojo. El suelta una carcajada y me soba la espalda. – al final, si tenias este lado tierno que decías que tenia tu antigua versión.-

Tiene razón, no lo había notado, pero sigo siendo yo. Lo sé, lo siento y lo entiendo: Soy yo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Era tan temprano que aun había neblina en el ambiente. Los arboles mecían sus hojas al ritmo del viento y las pocas personas que habían se dedicaban a trotar o leer sentados en los bancos. Había pocos niños paseando sus perros y los juegos del parque estaban vacios. Era una fría mañana de verano, pero aun así Kiyoko se había levantado para llegar a la hora al parque.

Empezó a caminar por el lado de los juegos infantiles para terminar su recorrido al otro lado del parque. Este tenía una extensión de unos cinco kilómetros y estaba todo dispuesto para el uso del deporte o recreación al aire libre.

Miro el cielo y suspiro. Busco una banca y se acomodo a mirar las hojas bailar. –Jo-san.- escucho la voz de un hombre llamarla por su apellido y se volteo para encontrarse con Kuon Hizuri. Sonrió y se puso de pie sobre el banquillo para quedar a su altura y abrasarlo. – ¡Hizuri-san!- exclamo y el hombre recibió su abraso gratamente.

Kyoko soltó un poco a Kuon para alejarse y mirarlo a la cara. Estaba feliz de verlo.

Kuon de sonrió y coloco sus manos a la altura de la cintura de la chica. Le encantaba. – ¿Estas lista?- le pregunto y kiyoko asintió colocando sus manos en los hombros del chico.

Uno, dos, tres y Kiyoko estaba siendo elevada para saltar la banca con la ayuda de Kuon.

La chica toco el pasto y sonrió. Kuon soltó una risita y se quedaron unos segundos apreciando la felicidad del otro.