Shin está sentado sobre la mesa mientras me apunta con una linterna a la cara. ¿Dónde la habrá conseguido? Yo necesito una igual para mis salidas nocturnas al parque para ver las estrellas.

- ¡…Oko-chan!- me llama y le prestó atención. – ¿No has escuchado nada de lo que he dicho?- me pregunta y sonrió. No he escuchado nada de lo que ha dicho. -¡eres mala de adentro!- me grito y sonreí. –me vas a decir de una buena vez por todas que es lo que hay entre tú y "tu chico de las hadas".- me dijo y suspire. No quería contarle todo a Shin, pero luego de que se enterara por la televisión todo lo que había pasado la semana que él no estuvo en casa, me hace sentir la obligación de tener que hablar con él.

Me mira alzando una ceja y apuntando con su luz a mis ojos. Quiero patearle el culo por apuntar su puta luz a mi rostro, pero no puedo… -Shin-kun, amigo, ¿podrías desatarme las manos?- pregunto y él se pone la luz bajo su cara sonriendo malvadamente; totalmente aterrador.

El me da a conocer que no lo hará y yo pienso no contestar a sus preguntas. Así de fácil.

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Luego de encontrarme con la chica de Okinawa en el bar, me entere que se llamaba Kiyoko Eun Jo y es una modelo en ascenso. La contacte a su agencia y le dejaron mi mensaje. Ella no dudo en llamarme y nos juntamos, a los tres días de haber sabido su identidad, en un parque cercano de su departamento.

Buenos recuerdos…

Ahora somos el tema a comentar en la televisión, pero no nos importa. No nos hemos besado y somos "simples amigos"… tengo que reconocer que ella actúa con un espíritu increíble. Gracias a sus respuestas rápidas ante los paparazis nos hemos salvados de ser titulados como pareja oficial por los medios faranduleros.

En pocas palabras, es la chica ideal que deseo tener. Me encanta.

Luego de nuestro encuentro en el parque nos juntamos por una semana, cada tarde y noche, en mi departamento a ver las estrellas. Ella las ama y a mí me encanta verla amar algo; así que no había problema, todos felices.

Han pasado tres días desde que dejo mi departamento con la escusa de que debía volver al suyo antes de que su general la pillara fuera. No tengo idea de quién es su general, pero no le pediré que me lo diga.

Han pasado tres días y no ha sabido nada de ella. La he llamado y no contesta, le he dejado mensajes con su manager en su agencia y no hay respuesta, el pobre hombre que es su manager tampoco sabe que ha pasado, es como si la tierra se la hubiera tragado.

Creo que es el destino. La acerca y la aleja de mi como un yo-yo…

Esta vez no me rendiré. Han pasado seis años desde que me rendí por última vez y es a primera vez que siento algo igual como a lo que sentía en ese entonces; yo realmente la amo.

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Estaban en un centro comercial, camino a comprar los víveres para la semana, caminaban de la mano como cualquier pareja común y corriente. Kiyoko usaba una blusa con mangas más largas que sus brazos y Shin llevaba una camisa que se le marcaba al cuerpo. Era un día de verano en donde no hacia tanta calo y se podía permitir usar ropas como esas.

Kiyoko miro de reojo a Shin y este sonrió complacido. La chica no podía creer que su amigo, padre y hermano le estuviera haciendo esto. –Te odio.- le susurro y el chico asintió complacido por el cumplido. El sabía que se ganaría el odio momentáneo de la chica, pero no dejaría pasar lo sucedido.

Hace cuatro días había vuelto de una semana en la casa de sus padres y se había enterado que su protegida; Kiyoko Eun Jo o Kyoko Mogami, había pasado la semana en la casa de un hombre completamente desconocido, para él. Realmente no le importaba mucho, pero cuando se entero que el elegido había sido Kuon Hizuri, se preocupo al punto extremo de sacarle las palabras a la buena o a la mala. La chica se había negado a contarle lo sucedido y tuvo que tomar algunas determinaciones extremas. Como amarrarla a una silla durante los tres días pasados con el fin de que la chica cediera y le comentara algo, pero Kiyoko se había negado y no le quedaba otra que seguir con su plan para conseguir información.

No es que fuera sapo o entrometido, sino que quería escuchar lo que la chica tenía que decir para ayudarla a solucionar el conflicto interior con el que cargaba hace cuatro años. Nunca olvidaría el sentimiento que puso su amiga cuando le comento sobre su pasado y el gran cambio que había sufrido. Le toco el corazón y ahora se veía obligado a ayudar, a su manera.

Kiyoko no había podido ir a trabajar durante esos tres días porque había estado amarrada de pies y manos. La mayoría del tiempo a una silla y Shin era quien la alimentaba o desataba de la silla para que fuera al baño. Era complicado manejarse con las manos y los pies atados pero ya se había acostumbrado.

Ahora, luego de pasar tres días encerrados entre cuatro paredes, debían buscar alimentos para continuar con el encerramiento. Cualquiera pensaría que Kiyoko podía escapar y que era oportunidad perfecta, pero Shin era muy astuto y se había encargado de buscar la forma de que eso no fuera posible.

Lo único que se le ocurrió fue esposarla a su lado, la muñeca de ella con la muñeca de él, lo cual disimulaban con la ropa que usaban.

Todo estaba saliendo a la perfección para Shin y Kiyoko solo debía seguir con su fuerza de voluntad en alto. Esto era la guerra.

Ha pasado una semana del regreso de Shin y de mi encarcelamiento y quiero darme por vencida.

Shin ha salido a una sesión de foto y volverá en cuatro horas más, cuando ya sean las nueve de la noche… quiero salir, quiero ver a Kuon y ver las estrellas, pero estoy amarrada a mi fiel amiga; la silla.

Pienso que podría desatarme moviendo mis muñecas, nunca lo he intentado pero lo he visto en muchas películas y… podría funcionar.

Muevo mis muñecas y pasan minutos. Cuartos de hora hasta que lo logro. Es un milagro el que haya funcionado.

Me suelto la otra muñeca y puedo suspirar al fin. Es grandioso, soy libre… creo que voy a llorar. No, mejor no, tengo que aprovechar mi tiempo.

Me desato los amarres de los tobillos y sonrió complacida. Soy mejor que Shin.

Corro a mi habitación y busco mi cartera pero no la encuentro. ¡Ese imbécil se ha llevado mis documentos y dinero! Lo detesto… pero me agreda, no tengo mucho que hacer en su contra. Sabía que esto pasaría si se enteraba de lo que siento por Kuon…

Siempre lo he amado, Kuon, Ren, Corn…. Toda mi vida.

Sonrió y me dejo de pensar como boba para buscar unos zapatos cómodos y salir en busca del hombre. Saco un abrigo y me lo coloco. Me miro frente al espejo y sonrió; estoy usando un vestido, uno zapatos lindos y cómodos, llevo el pelo tomado en un tomate y uso el abrigo que me llega más abajo que el vestido.

Estoy lista.

Voy hasta la puerta y veo que le ha puesto. Suspiro y, de la mesita que esta junto a la puerta, saco una llave que abre todas las capas de la puerta. Me la guardo en el bolsillo y salgo rápidamente. Bajo por las escaleras y me despido amablemente del conserje.

Luego de haber llegado al parque recuerdo que ya ha pasado una semana desde que no voy a encontrarme con Kuon a ese lugar, lo más probable es que no este y este arriesgando mi pellejo por nada. Suspiro y me siento frente a los juegos infantiles para entretenerme con algo.

No volveré a ese departamento, en eso estoy segura.

Podría ir al departamento de Kuon, recuerdo su dirección… pero queda al otro lado de Tokio y no tengo dinero para un taxi. ¿Habrá alguien que me lleve amablemente? No, hoy en día eso ya no resulta.

Suspiro y miro a los niños jugar.

Me quedo perdida en la sensación del viento contra mi cara hasta que siento que un niño tira de mi chaqueta. Abro los ojos y lo miro dulcemente. –señorita, ¿podría ayudarme a buscar a mi perro?- me pide y miro a ambos lados buscando a los padres del niño. – Si.- digo y me pongo de pie. El me toma de la mano y me guía por el parque.

Miro al niño y parece tener rasgos muy lindos, cuando crezca será un chico de un buen material. -¿y tus padres?- le pregunto y el me mira, piensa y luego sonrrie.

- mamá está leyendo y papa está comprando una bebida… anda, tenemos que encontrar a yoghi.- dice y suelto un suspiro. Los niños de hoy en día. -¿Cómo te llamas?- le pregunto y no hace falta que me conteste ya que escuchamos a una mujer gritar como desesperada mientras corre hacia nosotros. Nos giramos y vemos a la medre del chico. ¿Cómo lo es? Eso es porque obviamente es la madre del chico. – ¡Kouta!- grita su madre, esta vez, alegre de ver a su hijo bien.

Una sonrisa se dibuja en mis labios al ver que la mujer está a punto de llorar de la felicidad. Me alegra tremendamente.

- Kouta… mi hijo.- le dijo tomándolo por los hombros. El niño sonrió pero bajo la cabeza y yo abrí los ojos de par en par. -¿Quién te ha dado permiso para irte fuera del rango de mi visión?- le dijo causando temor a cualquiera que la viera en ese papel.

¿En qué clase de madre se había convertido esta mujer?