Los personajes de Saint Seiya son propiedad de Masami Kurumada.
"un sueño que no es real, no es una fantasía, tampoco es una utopía… ¿entones qué es?. No es una ilusión, no es el futuro, aún ahora… no lo sé"
La pareja corría persiguiéndose, hasta llegar a la puerta de la cocina. El primero en llegar fue Shun, después fue derribado por June, quedando ambos abrazados en el suelo.
Un romántico beso habría tenido lugar de no haber gritado Natzuki.
-¡AHHHHHH!-
Todos llegaron a ver qué pasaba. Shun y June seguían en suelo. Hyioga tenía una ceja arqueada con picardía, al igual que Erín. Seiya tenía los ojos abiertos hasta más no poder, de la misma forma que los demás presentes. Kai tenía una pícara sonrisa dibujada en su rostro, al igual que su hija mayor. Ikki sentía ganas de matar a June con la mirada. Natzuki estaba molesta a más no poder.
-qué lindas formas de entrar a la casa.- dijo con sarcasmo la peliazul.
-Natzuki… ¿Qué haces aquí?- preguntó el peliverde.
-Hola, Shun.- dijo Kai.
-¡Profesor!-
-Nosotros también estamos.- dijo Seiya.
-Hola.- dijeron Shiryu y Hyioga al unísono.
-No te olvides de mí, Shun.- dijo Saori.
-Cuánto tiempo, Shun.- dijeron Sunrei, Erín y Seika.
En ese momento entró una chica de cabellos negros y ondulados hasta los hombros, de estatura promedio y ojos color negro.
-Seiya, ¿qué hacemos aquí?- preguntó.
-Más personas…- Ikki estaba molesto. Ahora más al ver a su hermanito en brazos de una mujer.
-Ella es Hikari, es mi una amiga.- le dijo Seiya a todos los presentes.
-Mucho… gusto.- dijo con nerviosismo Hikari.
-Igualmente.- contestaron todos al unísono.
-Volviendo al tema de Shun…- Hyioga había venido a ver a un niño y se había topado ya con un hombre (o por lo menos eso pensaba él en su extraña mente).
-Antes… ¡QUITATE DE ENCIMA DE MI HERMANO!- gritó Ikki a June.
Así los dos tortolos obedecieron.
-Aún no me explican qué hacen todos aquí.- Shun no entendía nada.
-Tal parece que tu profesor es el padre de mi novia y su hermana tu compañera de clases.- dijo Ikki.
-Ya veo… ¡Ah!, es cierto, felicidades, Ikki y… aún no tengo el parecer.- dijo Shun.
-Mizuki Kitabatake. Gusto en conocerte, Shun.- se presentó.
-¿Cuál gusto?- la peliazul hablaba con desprecio al peliverde. Pero su hermana ignoró su comentario.
-Igualmente. Felicidades a ambos.-
-Así que tú eres la novia de Ikki… créeme que has hecho un milagro.- dijo June, causando rabia en Ikki.
-¿Y tú, qué hacías a punto de babear la cara de mi hermano?- Ikki tenía una sonrisa de psicópata.
-Es mi novio, tengo mis derechos.- el comentario hizo hervir la sangre de los cuatro caballeros, Tatsumi y Kai (ya que de alguna u otra madera tenía una cariño parecido al de un padre por Shun).
-¡¿Cómo es que no me enteré?!- gritaron los antes mencionados, al unísono.
-Pensaba decírselo hoy a Ikki.-
-¿Y a nosotros?- preguntaron los tres caballeros restantes.
-Algún día…-
-Muy bonito, Shun.- dijo el profesor.
-Tal parece que Shun tiene sus secretos muy bien guardados.- dijo Saori.
-¿Me tomas por estúpido?, me di cuenta desde el día que desapareciste toda la tarde y llegaste hecho un tomate del sonrojo.- dijo Tatsumi.
-Por lo menos Tatsumi se lo toma con calma.- dijo June.
La conversación siguió y Natzuki permaneció callada de la rabia. Después de seguir molestando a Ikki con el tema del noviazgo, de presentar más formalmente a Hikari y de contar pequeñas cosas innecesarias de mencionar, todos se fueron a las habitaciones improvisadas que Tatsumi arregló y June se fue a su casa con una amiga que llegó a recogerla.
Ya todos estaban dormidos, bueno, casi todos, Shun seguía despierto, pensando en la carta que le había sido entregada y en su contenido.
-Cada vez entiendo menos…- se dijo a si mismo.
Al poco tiempo se quedó dormido y un sueño extraño apareció en la mente del caballero de Andrómeda.
/sueño de Shun/
Se encontraba en una playa, con muchas rocas alrededor al agua y dos que le llamaron la atención. Dos rocas con punta, colocadas paralelamente una al lado de la otra.
-Las rocas del sacrificio.- dijo.
-Así es, ahí fue llevado a cabo el sacrificio que mi padre mismo ordenó.- dijo una mujer de largos cabellos verdes, bella en todos sus sentidos y una dulce voz, incluso más hermosa que la de las sirenas.
-¿Andrómeda?- preguntó el peliverde.
-La misma. También fue donde tu adquiriste el séptimo sentido, el poder para sobrepasar las leyes de la tierra.-
-Pero, se supone que es usted quien elige a quien deja utilizar la armadura de Andrómeda.
-No. El que puede superar el sacrificio lo supera y viste la armadura, quien no puede no puede y punto; yo no hago nada.- dijo mientras se acercaba al mar con sus pies descalzos y su vestido blanco ondeaba a causa del viento.
-¿Por qué esta aquí?-
-Porque es momento de que verdad se revele, de qué tomes una decisión que no solo será importante para tu vida, si no para el mundo entero.- dijo tranquilamente, quitándose el cabello de la cara y dejando al descubierto las facciones increíblemente parecidas a las de Shun, pero en una forma más femenina.
-Se parece mucho a mí.- dijo sorprendido el peliverde.
-Lo sé, ¿sabes?-
-¿Qué?-
-Eso te convierte en el hombre más hermoso que ha pisado la tierra.- dijo Andrómeda sonriendo.
-No le digas eso a Afrodita. Saldría de la tumba para volverme a matar.- dijo bromeando.
- Eres muy dulce, humilde, eres noble, ¿estaría bien…- un silencio fúnebre lleno el lugar en el que antes se escuchaban las gaviotas, el sonido del mar y el golpear de las olas en las rocas.- dejar todo eso… para seguir siendo es que has dejado atrás?-
-¿Qué quieres decir?- dijo, ya había tomado confianza, pero esa confianza estaba despareciendo.
-La vida, es como el océano, siempre es impredecible, a veces es calmado, y otras veces golpea las rocas hasta derribarlas… así es la vida con nosotros, bueno con la mayoría… me permitirías… darte un abrazo.- dijo la bella mujer con lágrimas cayendo de sus ojos oculto bajo se cabello.
-Sí…- dijo el peliverde sin comprender mucho.
El abrazo era firme y dulce, un abrazo a quien solo conoce su historia y siente pena por ser parte de la infamia en contra de él.
Después de unos minutos de estar abrazados, Shun comenzó a temblar.
-Shun… ¿Qué sucede?-
-Na… d… d…nad…- no lograba terminar la frase debido al fuerte dolor en el pecho.
Andrómeda recostó a Shun en su regazo y sobaba su pecho buscando aliviar el dolor, tomaba agua del mar y la dejaba caer sobre la frente de Shun, con el objetivo de aliviar la fuerte fiebre que le hacía temblar con fuerza.
-Shun… - susurraba Andrómeda para calmar al susodicho.
-Aprende a dejar ir, Andrómeda, ese niño tiene que desparecer.- dijo una voz que venía desde el anaranjado cielo que adornaba la horrible escena
-¡Malditos!... Andrómeda lloraba y sostenía la cabeza de Shun entre sus brazos mientras el resto de su cuerpo descansaba sobre la arena. –me tendieron una trampa, debí imaginarlo.-
-Adiós, Andrómeda. Hasta el día tu sentencia… niño maldito…-
-¿niño m…mal..di..t..dito?- preguntó Shun con voz preocupantemente débil.
-Shhh, no pienses en eso, concéntrate en despertar…- dijo dulcemente.
-Estoy despierto…- dijo entre jadeos.
-No aquí, en el mundo real, despierta, Shun despierta… sí mueres aquí… tu alma será alcanzada por aquellos que quieren condenarla.-
Pasaron las horas y se hicieron días, los días se hicieron semanas, las semanas meses, los meses años, 3 años, en los que Shun sufría y perdía sangre lentamente a causa de la tos que le desgarraba la garganta; se deshidrataba por las fiebres que en vez de bajar subían cada vez más y perdía lentamente la fuerza para seguir con vida. Andrómeda había hecho lo posible para mantenerlo vivo, pero sus esfuerzos estaban perdiendo resultados, Shun ya estaba al borde la muerte y ya había caído en el delirio: llamaba a su hermano a gritos ahogados y llenos de dolor, pedía perdón a sus amigos y a Saori y daba las gracias a su maestro y le repetía que tenía miedo de ir donde él se encontraba.
Un día, cuando Andrómeda recogía agua para tratar la fiebre de Shun, una pequeña botellita soldada y arreglada de forma elegante y con una flor dentro llegó hasta las manos de Andrómeda; había una nota que decía:
Esperamos que este antídoto compense nuestro pecado.
No permitas que el niño muera… perdónanos y haz lo posible para que él nos perdone también.
H. D. A. P.
-Gracias… gracias… gracias- repetía la peliverde mientras corría hacia Shun.
/mundo real/
Ikki lloraba junto a su hermano. Hyioga lloraba más apartado, apretando los puños al sentirse impotente. Seiya se la pasaba en bibliotecas, investigando sobre los síntomas de Shun, pero sin resultado alguno, ninguna respuesta ni señal de esperanza; ya había destrozado tres libros y quebrado una computadora en momentos de frustración y tristeza. Shiryu había perdido la habitual calma que siempre presentaba; se mantenía viendo la ventana mientras de sus ojos vacíos caían lágrimas frías, le daba golpes a la pared y repetía una y otra vez: -¡¿Dónde estás?, ¿Por qué no regresas?!- , incluso había golpeado a un médico estadounidense que llegó a estudiar el caso, lo que dijo fue lo que enfureció al dragón : -No creo que este niño tenga esperanza de sobrevivir más de un año-. Saori se la pasaba rezando pero sus lamentos no eran escuchados. Une había dejado de trabajar y se quedaba la mayor parte del tiempo en el hospital, y el resto en los lugares donde solía ir con Shun: la tienda de ropa donde se hicieron novios, la calle por donde pasaron al darse su primer beso y el parque al que solían ir juntos. Tatsumi se la pasaba arreglando la recamara de Shun y preparando su desayuno favorito todas las mañanas. Alice revivía los peores momentos de su vida, primero perdió a su hijo y ahora estaba a punto de perder a otro; Rima solía preguntarle: -Mamá, ¿Cuándo va a despertar, Shun, ¿Cuándo voy a poder jugar con él de nuevo?- esas preguntas no tenían respuesta; una noche, Rima se despertó llorando y le dijo a su madre: -Mamá, tú dices mentiras. Dices que no siento miedo, pero tengo miedo, quiero ver a Shun, ¿Por qué tengo miedo? ¿y si no despierta?- así eran casi todas las noches. El médico de Shun, Yusei, luchaba por encontrar respuestas, pero, al igual que Seiya, no obtenía respuestas. Kai solía ir al hospital después de clases, junto con Mizuki. Natzuki, llevaba los días contados desde que no veía a Shun, -Shun, no es que no te quiera, es más, te necesito, me siento sola, quiero escucharte retarme, quiero que me des mi "buenos días" todas las mañanas, necesito a la persona que me quiere a pesar de todo, la que me quiere sinceramente, Shun…¡TE NECESITO!, aquí, conmigo…- dijo una vez que todos estaban fuera por alguna razón.
-Lleva un mes así, quiero a mi hermano de vuelta.- dijo Ikki.
-I… kk…i, ¡HE…R…HERM…A…NOOO!- gritaba Shun en sus delirios
-Aquí estoy, Shun, estoy aquí, mírame, estoy aquí…- entre sollozos Ikki, repetía lo mismo una y otra vez, mientras sostenía la mano de su hermano y la apoyaba en su pecho.
Shiryu estaba viendo el cielo nocturno, miraba la constelación de Andrómeda y algo lleno sus ojos de lágrimas llenas de esperanza: un mensaje se dibujó en la niebla que siempre la cubría, "a ti que puedes leer las estrellas, te avisó que el destino ha sido roto, y que el que lo hizo pagará caro", después de leer el mensaje completo, una oleada de tristeza le invadió y el nombre un relato contado por su maestro vino a la mente de Shiryu: "el error de los dioses"
Continuara…
Nota: espero les guste.
Dejen sus comentarios y sugerencias.
Gracias por leer…
