Sus padres habían salido por el fin de semana, así que la única opción de Mimi había sido quedarse a dormir en casa de Sora. Acción que le sería sencilla y agradable de no ser por la eterna presencia del castaño. Nunca dejaba sola a su amiga, estaba exagerando, pero así se sentía.
Llegaba a la una de la tarde y las acompañaba a comer, algunas veces incluso las ayudaba a cocinar, lo que solo era un decir ya que todo lo que hacía era pasarle las cosas, y a limpiar.
Entonces la castaña se acomodaba en el sillón, ponía una película y comía unas palomas que le había dado su amiga. A los cuarenta minutos los enamorados llegaron, solo para sentarse y comenzar nuevamente con sus muestras de afecto.
Taichí nunca reparaba en muestras de cariño para con las personas, y mucho menos se contenía con su novia. La pelirroja no era exhibicionista y siempre intentaba controlar a su novio, que en realidad no era tan descarado, pero había ocasiones en las que solo se dejaba querer.
Todos los intentos de Mimi para evitar verlos le resultaron en vano. Sus ojos parecían atraídos a sus amigos y sin antes pensarlo ya se encontraba viéndolos. Una parte de ella dolía, pero no quiso detenerse a analizarlo, analizarlo la haría recordar con más fuerza sus sentimientos hacia el castaño y lo que ella ahora necesitaba era dejarlo pasar.
"Voy a comprar más palomitas. No tardo"
Se apresuró a levantarse y dejar atrás a la pareja. Ni siquiera logró escuchar a su amigo cuando comentó que aún había otros dos paquetes, él los había traído.
Necesitaba caminar, eso era lo que se repetía mientras ponía un pie frente el otro. Alejarse de su problema hasta terminar en otro lugar donde nada de eso existía.
De una u otra manera eso la llevó al parque en el que sus amigos y ella por lo general se reunían. Camino por su perímetro hasta que sintió la necesidad de correr. No era atlética, pero tampoco tenía mala condición, su ritmo era continuo y por momentos sentía como si flotara sobre el asfalto. Pero sus pulmones no se habían acostumbrado a tanto movimiento.
Tuvo que dar treinta y tres pasos más para llegar a una banca desocupada. Al sentarse sintió como todo a su alrededor giraba. Intentaba controlar su respiración y antes de lo que esperaba ya se encontraba viendo como todo volvía a la normalidad.
No supo que hacer. Por un lado no se sentía lista para regresar y encontrarse con otra escena entre Taichi y su amiga, por el otro si tardaba en llegar Sora se preocuparía, para colmo había olvidado su celular.
Decidió ir a visitar a Hikari. Miyako estaba fuera de la ciudad y lo que necesitaba era compañía femenina, algo con lo que Koushiro no la podría ayudar.
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La casa de los Yagami estaba más cerca de lo que creía. En veinte minutos, que si se consideraba el hecho de que fue a pie, ya estaba frente a la puerta tocando el timbre.
Cuando su amiga le abrió la puerta descubrió que no se encontraba sola. Takeru y Davis estaban con ella.
"Mimi ¿Quién crees que ganaría, Patamon o Veemon?" antes de llegar a la sala, que era donde todos estaban sentados, Hikari le había advertido de la pelea, que no se podía considerar como una ya que solo Davis participaba.
Hace tres días habían recibido una carta de Gennai, que se había comunicado a través de Koushiro. No era larga, pero les había dado respuestas. Los digimons estaban terminado de arreglar el lugar, cuando todo volviera a la normalidad las puertas se abrirían otra vez. Eso había ocasionado que sus esperanzas, y ansias de ir, se renovaran.
"Palmon obviamente. No puedo elegir a alguien que no sea ella"
Se quedaron hablando y riendo. Los chicos y ella se llevaban unos pocos años, pero siempre la hacían sonreír por lo que nunca despreciaba su cercanía. Pero había olvidado marcar a Sora y decirle que no regresaría hasta más tarde.
El timbre sonó tres veces antes de que contestaran, pero la voz que la recibió la desconcentro.
"¿Quién es?" la castaña se sentía un poco ridícula preguntando eso siendo ella la que había llamado.
"¿Mimi? Soy Yamato" la voz se escuchó más clara y Mimi quiso golpearse por no haberla reconocido al principio.
"Matt, claro. ¿Está Sora? O bueno no importa, ¿Podrías decirle que estoy con Hikari?"
"Claro, no hay problema, pero ¿Qué haces ahí?"
A la castaña le avergonzaba admitir que había huido de casa de su amiga y no quería que el rubio lo descubriera.
"Solo vine a visitar, nada importante ¿Qué haces en casa de Sora?" no era que anduviera curioseando, la pregunta solo salió.
"Jane me pidió que hablara con la mamá de Sora sobre un encargo de un arreglo"
"Oh bueno, adiós. No te distraigo"
No supo si llegó a terminar de hablar antes de colgar.
Jane, ¿Quién era ella? No se atrevía a preguntarle al de ojos azules, no era su asunto y ella no se iba a entrometer. Pero mientras se lo repetía pudo sentir una ligera incomodidad dentro de ella. Incomodidad que clasificó como una mezcla de cansancio y sueño y nadie la podría convencer de lo contrario.
Cuando regreso a la sala vio que habían comenzado a ver una película.
Mimi se sentó en el sillón, entrelazando sus piernas bajo ella.
La película estaba llegando a su final cuando ya no pudo permanecer más tiempo callada.
"¿Quién es Jane?" sus amigos se le quedaron viendo extrañados por la interrupción y ninguno entendió a lo que se refería "Takeru, ¿La conoces?"
El rubio se quedó pensando un momento, sea quien fuera no debía ser tan importante si el chico tardaba tanto en ubicarla.
"Creo… creo que es la amiga de John… La chica del centro comercial"
Las chicas asintieron y los tres dejaron a Davis a un lado.
"Era muy linda" Hikari fue la que habló, Mimi permaneció callada, ahora deseando no haber preguntado.
"Estoy famélico" Davis se desplomó sobre el sofá, causando gracia a los menores, Mimi solo se dedicaba a agradecer el cambio de conversación.
"Te acabaste las palomitas Davis. Supéralo"
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Mimi llevaba diez minutos esperando a sus amigos en la entrada del cine. Estaba sentada casi frente a las puertas, para que la ubicaran en cuanto entraran, para distraerse se enfocaba en su celular, para eso y para alejar a los extraños que la llevaban viendo desde que llegó. Tres minutos después recibió un mensaje de Sora.
Mimi perdón, Tai y yo no podremos llegar.
Abrió más los ojos al ver el mensaje, esperando haber leído mal. Eso quería decir que estaba ya prácticamente sola.
Joe estaba estudiando para un examen que tendría en una semana, ya nadie se sorprendía por eso, Koushiro había salido de la ciudad desde hace ya dos días y no regresaba hasta el día siguiente. Quitando también a los más jóvenes pues habían decidido salir solo los mayores, como en los viejos tiempo, solo quedaba Yamato.
Maldijo su suerte al verlo entrar y no haber huido antes. Mientras se acercaba alcanzaba a ver la sorpresa en su rostro, y aún faltaba revelarle lo mejor.
Cuando estuvo a su lado no se quedó callada, se apresuró para explicar la situación. Le dijo lo poco que sabía, que solo era el hecho de que nadie había podido llegar, y permaneció en silencio para escuchar su respuesta. Ella entendería si él quería irse y esperar otra ocasión para salir todos juntos.
"Bueno, ¿Entramos?" la chica se le quedó viendo esperando a que se retractara. "A menos que a ti te incomode"
"No, para nada" se quiso golpear por haberlo dicho, claro que la incomodaba. "Pensé que tu no querrías" intentó mostrarle una pequeña sonrisa pero no pudo estar segura de no haber hecho solo una mueca.
Compraron sus boletos y se pelearon por quien debía pagar. El rubio insistía que no era la gran cosa, solo un acto caballeroso.
"Matt por favor, no es como si estuviéramos en una cita" al decirlo el color subió a sus mejillas y deseo ocultarse. Rápidamente pagó su parte, tomó su entrada y se fue del lugar, dejando a un rubio pensando detenidamente en lo que acababa de decir.
Si le preguntaran de que trató la película probablemente podría contestar pues había leído la sinopsis, pero en realidad no supo que eran esas imágenes borrosas que aparecían en la pantalla. Las casi dos interminables horas se las pasó tensa al lado del rubio, el cual no parecía reparar en su presencia. Su cercanía la distraía y en ocasiones se encontraba mirándolo fijamente. Parecía que el chico no lo notaba, pero eso no quitaba la vergüenza que sentía.
Al salir de la sala permanecieron callados. Caminaron alrededor del lugar y al salir Yamato la llevó a su casa.
Hablaron más de lo que ella creyó posible, aunque ya no debería de sorprenderle esos momentos con el rubio, no es como si su relación fuera la misma de antes.
"Yamato, no creo que en realidad te importe pero siento que te lo debo decir" el rubio asintió para demostrarle que la escuchaba, pero no separaba su vista de la carretera lo cual incomodaba y relajaba a Mimi en igual medida "Te prometo que es lo último que mencionaré del asunto, ya no te quiero incomodar"
"No lo haces, me gusta hablar contigo" la castaña enmudeció por el sentimiento que esas palabras le transmitían, le agradaron más de lo que deberían hacerlo.
"Bueno, solo, creo que estoy superando a Taichi. No en la manera que ya no importa cuando lo veo o que una parte de mi no desea que se fije en mi, pero siento algo… diferente. Simplemente se siente diferente a lo que antes era y creo que eso es algo bueno" lo volteo a ver y, aunque él no le dedicaba su mirada, supo que la había escuchado "Y quería decírtelo porque es de alguna manera gracias a que me has escuchado, siento que puedo avanzar"
El tiempo fue perfecto pues cuando terminó de hablar ya habían aparcado frente a su puerta y después de darle un beso en la mejilla al rubio, el cual le costó el color pálido de su piel para ser remplazado por un vibrante rojo, y se despidió.
Supo que Yamato seguía en el carro esperando a verla entrar y una pequeña sonrisa se asomó en su rostro. Estaba buscando entre su bolsa la llave de su casa cuando sintió una mano sobre su hombro.
Fue volteada y antes de gritar o tener cualquier otro tipo de reacción unos labios se colocaron sobre los suyos.
Los labios de Yamato eran más suaves y sus manos más fuertes de lo que había imaginado, lo cual le aterrorizaba pues en verdad alguna vez imaginó a su amigo besándola, las manos del rubio estaban en su nuca y en su hombro, a esta segunda era a la que ella permanecía aferrada.
Fue un momento corto y delicado, pero cuando sus labios se separaron y Mimi volvió a abrir los ojos sintió su respiración agitada y no pudo despegar sus ojos de los del rubio. Permanecieron en silencio hasta que Matt tuvo que irse y, sin ninguna buena razón para explicar su comportamiento, la castaña se puso en puntas y le dio un pequeño roce a los labios del otro.
Lo vio marchar y ella entró y corrió a su habitación con una sonrisa en el rostro. Ni siquiera se detuvo a pensar en lo que eso significaría, solo quería concentrarse en lo que había sentido.
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Ok amm, tarde pero seguro.
Lo que sucede es que acabo de entrar a cursos en la tarde para la universidad, será solo esta semana así que no debe afectar el próximo capítulo.
Jaja puros pretextos pero como sea aquí está.
Pero bueno…
Ohh perdón no pude detenerme, en serio lo intenté pero la situación lo ameritaba. En verdad planeaba que el beso fuera hasta dentro de unos capítulos más pero bueno, no lloremos sobre la leche derramada.
Espero les guste. Adiós
