Okay, porque lo pidieron jaja aquí viene un pequeño Matt Pov.

Esto comienza un poco antes del final del capítulo 4.

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Creo que cuando comienzas a ver a las personas de una manera, es muy difícil el verlos con otra luz. Mimi sufría de eso, pero en realidad es algo por lo que todos pasamos.

Estaba ensayando con mi banda, en el lúgubre sótano de Richard, como cada jueves hacíamos. Pero, mientras me encontraba físicamente ahí, mi mente vagaba por la ciudad, pensando en la castaña que había regresado de Estados Unidos hace menos de un año.

Últimamente mis cavilaciones siempre terminaban con ella.

La primera noche que nos vimos una parte de mi se quebró al ver la tristeza grabada en su rostro cuando descubrió que el chico que siempre estuve esperando ya había encontrado compañía en su mejor amiga.

Mimi era una niña, era imprudente, juguetona e ingenua como cualquiera esperaría. Al verla con los ojos mojados te provocaba el instinto de cuidarla, y nunca había conocido a alguien que se resistiera. Pero también era fuerte, persistente y terca hasta morir, en más de una ocasión había terminado exasperándome, jugaba con mis nervios. Pero tenía una habilidad única que no podía evitar admirarle: sabía provocar sonrisas sinceras.

Es por eso que su llanto me golpeaba con fuerza, ver a una chica alegre en ese estado es algo que uno no espera.

"¡Yamato! ¿Estás aquí?" John estaba frente a mí, trotando sus dedos junto a mi oído para regresarme a la realidad. El que yo me perdiera empezaba a hacerse una costumbre.

"Amigo por favor, tenemos un concierto la próxima semana. Ya concéntrate." Richard era mas alto que yo por diez centímetros, sus ojos eran castaños como la larga cabellera que estaba dejando crecer. Nunca se quejaba, así que si él era quien me reprendía significaba que ya era demasiado.

Me levanté del sofá y cogí mi guitarra. Había cosas más importantes en este momento, lo demás lo podía resolver después.

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Pensé en pasearme por el departamento de Taichi, pero me encontré con la sorpresa de que mi amigo se encontraba con su novia, otra vez.

A pesar de que deje a Sora para que ambos pudieran estar juntos como siempre quisieron, una parte de mí se molestaba al verlos acaramelados; no, no era molestia, era simple incomodidad. No es que mis sentimientos por Sora continuaran, por lo menos no románticos, pero algo dentro de mí sentía que estaba mal estar cerca de ellos cuando comenzaban a ponerse melosos.

Sin embargo necesitaba hablar con mi amiga por un arreglo que Jane me había pedido preguntar y yo no pude rechazar. Jane era una chica linda y probablemente agradable, pero cada vez que estaba con ella sentía que los minutos se volvían más lentos y que comenzaba a asfixiarme. Algo malo si se espera tener una relación, por eso intentaba quedar en buenos términos para cuando le dijera que ya no podíamos seguir.

La casa de Sora se encontraba a diez minutos de la mía, en auto por supuesto, pero el trayecto parecía haberse acortado, o por lo menos así se sentía.

Al llegar me recibió el siempre alegre de Tai, con su cabello enmarañado y cubriendo la entrada.

"Hey, ¿Qué haces aquí?" el castaño permaneció en su puesto, parado ahí como piedra.

"Hola Tai, he estado muy bien ¿Me dejas pasar?" mi amigo se quedó parado unos segundos más, queriendo molestar, pero fue movido por su novia.

"Yamato, ¡Que sorpresa! ¿Necesitas algo?" la pelirroja estaba sonriéndome y me indicó que tomara asiento en su sala.

"Si hubieras llegado unos minutos antes habríamos estado los cuatro juntos" me dijo Sora mientras se dirigía a su cocina.

"¿Los cuatro?"

"Si, Mimi se quedó aquí el fin de semana"

Y otra vez parecía que mis pensamientos iban a viajar hasta ella. Taichi comenzó a hablar, pero poco me preocupaba lo que estuviera diciendo, que casi seguro era sobre el partido de ayer, porque en estos momentos me dedique a recordar la noche de hace ya varios años atrás cuando la niña de ojos miel se despedía de un lugar al que creyó nunca regresar.

Recordaba con claridad esa noche, como los ojos de le castaña comenzaron a aguadarse sin que ella reparara en eso, siempre parecía ser la última en notar sus lágrimas. Esa noche le confesó todo lo que había sentido por el líder del grupo, y la forma en la que se lo relataba le hacía sentir como si invadiera su espacio privado. La castaña había sido conocida entre sus amigos por llorar, pero esa noche no fueron lágrimas normales, estaban llenas de sentimientos. Sentimientos no correspondidos.

Voltee hacia Taichi que ahora intentaba descubrir con cuantas botanas lograría llenar su boca y me pregunté, por novena vez desde que Mimi había regresado de Nueva York, como alguien tan dulce y delicada como ella se pudo enamorar tan perdidamente de alguien tan salvaje y desarreglado como su amigo.

Taichí siempre había tenido costumbres que no aprobaba, pero ahora me parecían más notorias, y me preguntaba como era que la castaña lograba pasarlas por alto.

Se detuvo antes de abordar más profundamente el asunto. Su corriente de pensamientos estaba tomando una corriente muy extraña.

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Estuve a punto de cancelar mi ida al cine, pero ya todos se habían puesto de acuerdo y no tenía intenciones de volver a ser Yamato, el chico que siempre cancela ha último minuto, así que esperaba por lo menos llegar algo tarde, hacerlos esperar un poco por hacerme cancelar mi cita con la guitarra.

Al entrar por los pasillos del cinema no ví a mis amigos, el primer pensamiento que tuve fue que había tardado demasiado y ya habían entrado todos, me iba a regresar hasta que vi una cabellera castaña inclinada sobre su teléfono, caminé hacia ella y levantó su mirada.

Comenzó explicarme una serie de eventos y como habíamos terminado siendo los únicos que habían logrado llegar, mi mirada seguía los movimientos de sus labios, obligándome a recordarme que tenía que poner atención a sus palabras, no solo a de donde salían.

"Bueno, ¿Entramos?" Mimi se quedó viéndome, parecía que no era la respuesta que esperaba. "A menos que a ti te incomode"

"No, para nada. Pensé que tu no querrías" la chica le dio una corta sonrisa y ambos se dirigieron a comprar los boletos.

Tuvimos un pequeño desacuerdo sobre quien debía pagar, que término con Mimi pagando su mitad, pero dejándome inmóvil por un momento. No éramos nada más que amigos, pero la forma en que la castaña lo había dicho me hacía sentir como si quisiera cambiar eso.

Estaba a menos de treinta centímetros de la castaña y muchas veces me encontraba viéndola, su perfil era delicado, como todo su rostro en realidad, mordía sus labios y en momentos no dejaba de moverse para encontrar una nueva posición, toda ella era más interesante que lo que se estaba proyectando.

Al salir de la película, a la cual no le terminé prestando suficiente atención, llevé a Mimi a su casa. El viaje era entretenido, con pocos momentos de silencio, éramos solo dos amigos hablando.

La castaña volvió a permanecer callada, como si estuviera buscando detenidamente sus siguientes palabras.

"Yamato, no creo que en realidad te importe pero siento que te lo debo decir" al oírla solo pude asentir, intenté no voltearla a ver, no quería distraerla de le que sea que pudiera decir "Te prometo que es lo último que mencionaré del asunto, ya no te quiero incomodar"

"No lo haces, me gusta hablar contigo" hasta el momento en que lo dije fue cuando descubrí lo ciertas que eran esas palabras, la compañía de Mimi era más que agradable.

"Bueno, solo, creo que estoy superando a Taichi. No en la manera que ya no importa cuando lo veo o que una parte de mi no desea que se fije en mi, pero siento algo… diferente. Simplemente se siente diferente a lo que antes era y creo que eso es algo bueno" intenté evitar que la sonrisa que sus palabras provocaron se formara en mis labios. "Y quería decírtelo porque es de alguna manera gracias a que me has escuchado, siento que puedo avanzar"

Quería voltear y decirle lo mucho que me alegraba lo que decía, pero ya habíamos llegado a su casa y el momento de hablar de ese tema ya parecía haber pasado. Sin previo aviso unos labios se posaron en mi mejilla y, aunque solo fue un momento, el calor parecía seguir ahí cuando se separaron.

Mimi se bajó del carro y fue a abrir su puerta, no podía despegar la mirada de ella. Quería acercarse y pedirle que le volviera a dar esa calidez que tan poco le duró.

Así que antes de darme cuenta eso estaba haciendo. Salí y me quedé atrás de ella, sin poder reaccionar por un segundo, preguntándome que era exactamente lo que quería hacer.

Pero no me dediqué mucho a eso y la voltea, vi que su rostro estaba asustado, pero antes de poder detenerme mis labios ya habían alcanzado los de ella.

El momento fue más corto de lo que me hubiera gustado, pero los labios de la castaña eran tibios contra los míos y brindaban más emoción de la que mis pasadas relaciones me habían dado. Fue como un cuchillo en la boca del estómago el separarme de ella, pero no quería asustarla, por lo menos no más de lo que probablemente ya había hecho.

Me quedé en silencio, no teniendo palabras para ella que reflejaran lo que quisiera decir. Pero ella también permaneció callada y el silencio nos parecía enrollar, hasta que tuve que irme.

Me separé un poco más de Mimi, pero ella me alcanzó y rozó sus labios con los míos. Una sonrisa, que en esta ocasión ni siquiera me molesté en ocultar, tomó posesión de mi rostro.

Entré a mi vehículo y la vi entrar a su casa.

Me quedé pensando en que, en realidad, la clase de chico que le debería gustar a Mimi, era alguien como yo.

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Holis, bueno es un capítulo corto pero, ay Dios no los entretendré con mis cosas jaja, lo bueno es que está aquí y eso me hace feliz.

Amm espero hayan tenido un lindo día ayer y hoy y siempre.

Bueno me gustaría ver sus comentarios sobre el capítulo y creo que eso es todo por ahora.

Nos vemos el próximo Lunes.

Adiós.