Los personajes le pertenecen a Masami Kurumada.
Un escenario terrible.
Hestia, Afrodita, Perséfone, Selene, Pan, Ares, Artemisa, Apolo
Estaban atacando a Shun, este esquivaba sus ataques de manera despreocupada.
-¡Shun, Por favor ríndete!- gritó Alice, no como Perséfone, como la mujer que quería a Shun de vuelta.
-Perdóname…- Susurró antes de atacar. -¡Ambición del Tártaro!- Perséfone fue tragada por el suelo.
Esto dejó pasmados a todos los presentes. Pero lo que le preocupaba al caballero de Pegaso en esos instantes no era aquella guerra, sino su diosa Athena.
-¡¿Dónde está Athena?!- grito.
-No creo que quieras saber.- La malicia en su rostro advirtió al Pegaso que algo malo estaba pasando.
-¡¿Qué le has hecho?!-
El peliverde guardó silencio y se dedicó a atacar…
-¡Oscuridad Divina!- Hikari, la diosa Hestia cayó al suelo soltando un suplicante gemido.
-¡Hikari!- Seiya se sentía a morir, su mundo se caía poco a poco, su diosa estaba en peligro y su mejor amiga había caído a manos de la traición de uno de sus mejores amigos.
-¡No te metas, Seiya!- ordenó Shun desde lo lejos.
-¡Shun, detente!- gritó Shiryu en un intento de recuperar a su amigo.
Así fue acabando con cada uno de los dioses que se interponían en su camino.
-¡Viento del Inframundo!- Afrodita desapareció entre un remolino de aire negro.
-¡Natzuki!- grito se hermana.
-¡Shun! ¡Basta por favor!- gritó Ikki desesperado.
-¡Ikki, Mizuki!- dijo acercándose a la diosa,
Rodeaba lentamente a Selene y de vez en cuando esbozaba una sospechosa sonrisa y emitía una pequeña carcajada como quien hace una travesura.
-Lo siento, Mizuki, hermano…- pensó.
-¡Filo de Luna!-
Una espada con la hoja en forma de luna apareció en su mano, con aire resuelto y sin dudas caminó lentamente hasta que la empuñadora ya no pudo seguir atravesando en pecho de la diosa Selene.
El peliazul no podía…más bien no quería creer lo que recién había pasado. Su hermano, ese niño que dudaba de matar una hormiga no podía haber hecho eso. Debía ser una pesadilla, porque… su hermano no asesinaría a Mizuki, no, él no haría eso… sin embargo lo hizo.
-¿Mizuki?- el Fénix se acercó y su puso frente a ella.
-Ikki… lo siento.- la pelinegra se desplomó cayendo en brazos de Ikki.
-¡Shun! ¡¿Por qué haces esto?!- gritó el fénix ahora molesto.
El peliverde se giró despreocupado y siguió hasta llegar al trono del patriarca.
-Athena.- llamó.
La joven apareció temerosa y volteó a ver suplicante a sus caballeros.
-¡Saori!- gritó Seiya.
-Tranquilo, Seiya.- dijo Shun.
-¡Suéltala!-
-No está atrapada.-
-Por favor… Shun, si alguna…-
Athena vio las intenciones del peliverde…
Con decisión corrió hasta un lugar fuera de la vista de sus caballeros.
En el refugio, la diosa se arrodilló e intentó comunicarse con su padre y los demás olímpicos.
-Padre, por favor responde.-
-Athena ¿te has dado cuenta ya?-
-¡Padre! Dime que no es cierto.-
-Lastimosamente lo es, es tan cierto como que la luna y el sol no deben estar juntos.-
-¡Dime qué debo hacer!-
-Cumple con tu obligación.-
-¿A qué te refieres?-
-Cuida de los mortales aún a costa de un sacrificio.-
-¡Te lo suplico… no me pidas que le deje hacer eso.-
-Athena, hija mía. Debes cumplir con lo que pide, debes cuidar a los mortales.-
-Pero, no puedo hacerlo, es demasiado cruel.-
-Aguanta la tortura, calma tu cosmos y brinda protección desde el Olimpo.-
-¡¿Por qué no me dijiste antes?!-
-Entiende su plan, entiéndelo.-
-Quiero detenerlo.-
-¿Él quiere lo detengas?-
-No interesa, quiero que se detenga.-
-Aunque quieras, es demasiado tarde, ha empezado la destrucción.-
-Por favor, no…-
-Atenea, llamada Athena y Minerva.-
-¿Padre?-
-Siempre has estado dispuesta a sacrificarte por los humanos.-
-Sí.-
-Entonces…¿Qué te impide sacrificar un poco ahora?-
-Padre… no pienso sacrificar algo tan importante como la vida. Los demás sufrirían demasiado.-
/Templo de virgo/
El rubio estaba escondido tras la estatua de Buda, esperando a ese que sabía entraría.
Así fue, el peliverde, entre jadeos y tos, entro tembloroso al templo de Virgo.
Shaka sabía muy bien lo que había planeado hacer, sin embargo, se dio cuenta del plan completo demasiado tarde. El heredero de la armadura de Virgo era tan noble como tonto, y tan Malo como un recién nacido.
Salió de su escondite justo a tiempo para detener la caída del peliverde.
-¡Shun!- llamó para hacerle reaccionar.
-Shaka…- esbozó una débil sonrisa entre falsa y triste.
-¿Qué pretendes?- dijo con voz preocupada y mirada dulce (cosa muy rara en él)
-¿No la sabes ya?- dijo en un susurro.
-Sí, pero no quiero creer que seas tan idiota.-
-ja, lo soy.- dijo apenas respirando.
-Debí haberte detenido, o ayudado… por lo menos decir lo que…-
-Cállate ya ¿quieres?, no pretendo hacerte sentir culpable, yo tampoco quiero ser una molestia para ti.-
El santo de Andrómeda gimió de preocupante manera mientras su tez se tornaba más pálida de lo normal. Shaka, quien observaba preocupado al peliverde, se dio cuenta del inminente final que le esperaba a quien tenía enfrente.
-Shaka… aún no…- las piernas le fallaron y sus sentidos le abandonaron.
El rubio había presenciado muerte y sufrimiento desde una muy corta edad. Pero el peliverde estaba en sus brazos, mientras sus fuerzas se agotaban y sus amigos le abandonaban.
Escuchó al Pegaso desde lejos y su tristeza por Shun aumentó.
-¡¿Cómo pudiste?! ¡¿Te atreviste a llamar mi amigo alguna vez?! ¡¿De verdad eres un traidor?! ¡Shun! ¡Contesta!-
El peliverde se levantó con dificultad y le mostro una sonrisa a Shaka.
-No puedo detenerte ¿Verdad?-
-Me temo que no.- dijo en un apenas audible susurro.
El peliverde caminaba hacia el refugio cuando se encontró con ella.
-¡No seas idiota!- gritó desesperada la Diosa.
-Hera… dijo.- cuando su borrosa vista logró identificarla.
-¡Shun! ¡Trata de resistir!-
-Athena…- dijo más para si que para ella.
-¡No la busques! ¡resiste!-
-No puedes detenerlo ¿Verdad?-
-No, no puedo…-
-Entonces yo no me detendré.-
-¡Por favor… no sigas.-
-No es su culpa… recuérdelo.-
La diosa se limitó a observar como aquel noble y tonto joven se alejaba con paso tambaleante pero resuelto.
El peliverde se volvió hacia ella antes de alejarse completamente de su vista.
A los ojos del peliverde, aquella diosa, aun con su rostro empapado y sus ojos llorosos por las lágrimas, era hermosa, con un vivo cabello rojizo que ondeaba a la vez que sus ojos color verde (Idénticos a los suyos) le miraban suplicante.
-Quiero que me hagas un favor ¿Puedes?-
La pelirroja se tambaleó y ahogó un grito, abrazó a Shun y contuvo su llanto.
-No quiero, eso implicaría…-
-Por favor…-
-Promete que no te irás.-
-No puedo prometer algo que no sé si cumpliré.-
Continuará…
Notas: He aquí un nuevo capítulo!
Puede que las cosas sean confusas, pero se irán aclarando… ¡Dejen sus opiniones!
Ana/pandora/Rui: ups… se murió ¡Vos sabes que te quiero!.
Bueno, gracias por leer!
