Día Cuatro

El restaurante "Cómplices" era un lugar popular entre amantes, amigos con ventaja, maridos infieles y personajes OoC. Era discreto, con ventanas polarizadas para que nadie pudiera mirar adentro y se entraba con invitación. No figuraba en ningún buscador ni mapa digital, lo cual hacía del local un lugar perfecto para cometer "travesuras".

Remus y Tonks, sin embargo, no habían elegido ese local porque fuesen amantes, tuvieran algún arreglo sexual, quisieran tener una aventura extramarital o estuvieran mal caracterizados. De acuerdo, sí están mal caracterizados, pero ese no es el punto, aparte que esto es una parodia. En realidad, ambos estaban allí para escapar del molesto escrutinio de sus amigos.

Remus se había aprendido el libreto de manera consistente, e incluso había practicado su actuación con Peter. De acuerdo, aquí insinué un poco de slash, porque parece que a mi amigo secreto le gusta ese tipo de relaciones. Tuvieron que ensayar en una sala privada, porque no podían arriesgarse a que Sirius o James los vieran. Sería demasiada ignominia para ellos.

Tonks, por otro lado, sabía que Lily era la de los consejos más sabios, pero las insidiosas palabras de Marlene se escurrían como serpientes entre sus neuronas, sembrando la desconfianza hacia el género masculino. Sentía que podía confiar en su nuevo amigo, pero sabía que confiar en un desconocido era una ruleta rusa. ¡Demonios! Quería que todo fuese perfecto, pero Marlene se aseguró de arrojarle un balde de realidad hirviendo en la cabeza.

Sea como fuere, Remus estaba confiado y Tonks temblaba más que gelatina durante un terremoto. Aquí les contaré por qué había tanta diferencia entre ellos dos.

Remus había aprendido un libreto y sabía exactamente en qué dirección ir para llegar a su destino.

Tonks se imaginaba un montón de escenarios posibles, todos ellos desconocidos para ella. Y la pobre trataba de imaginar cómo reaccionar frente a todas aquellas posibilidades. Lo que más le aterraba, y esto ni yo me lo creo, no era que existiese la posibilidad de tener sexo con Remus. A Tonks le daba más miedo que él la rechazara por completo, y temía salir con alguna estupidez perteneciente a algún estereotipo de una comedia romántica que echara por tierra su objetivo.

Sí, era mucho lo que Tonks debía procesar. Por eso dije que temblaba más que gelatina durante un terremoto.

Ahora, la ambientación. Con decir que en la sala reinaba una penumbra empalagosamente romántica era suficiente. Y eso que había que añadir las velas con olores que harían desfallecer a un diabético, las flores que militaban en todas partes y la música… de eso ni quiero hablar, pero como reza el cliché, lo haré de todas formas. Parecía ser que los cantantes de baladas tuvieran una irritante aspiración a tener la voz de una chica… o quizá alguien hubiese hecho un pésimo trabajo con el playback.

La conversación entre los dos había discurrido como la seda hasta ese momento. Ya se conocían lo suficiente para ahondar en detalles más íntimos.

—¿Y jamás has estado con una mujer?

—Bueno —dijo Remus, haciendo una pequeña pausa antes de continuar—, la verdad es que ninguna mujer ha estado conmigo.

—Es lo mismo.

—No, no lo es. —Nuestro protagonista podría ser un nominado para algún premio de actuación, porque sobresalía en todo aspecto—. Quiero decir que ninguna mujer ha aprovechado la oportunidad de conocerme y de estar conmigo.

Remus sabía (gracias al libreto) que decir las cosas de cierta manera actuaba a su favor. En ese caso, había aprovechado su soltería para insinuar que las mujeres estaban siendo unas desdichadas por no querer estar con él. Aparte de eso, Peter le dijo que decir las cosas correctamente favorecía la sensación que uno era el premio, que él era el objetivo, la presa, el objeto, invirtiendo los roles de una típica relación hombre-mujer. Es decir, Remus había cambiado las reglas del juego para su beneficio.

—¿Y debo considerarme afortunada?

Remus no iba a caer en la trampa.

—Sólo el tiempo lo dirá —dijo, bebiendo un poco de champaña antes de proseguir la charla—. Y, hablando de lo mismo, ¿por qué nunca has estado con un hombre?

Tonks sabía que el tema iba a llegar tarde o temprano, y tenía una respuesta preparada.

—No lo sé. —Gran respuesta ensayada, digna de un premio (espero que se note el sarcasmo). Más que una respuesta, era un mecanismo de defensa destinado a confundir al hombre y forzarlo a entregar una respuesta predecible, en este caso, que él presione el tema con una pregunta que la invite a responder. Y es ahí cuando ella le da el corte, con una frase como "ese no es asunto tuyo" y sucedáneos. Lo sé, las mujeres a veces actúan de formas raras, ¿o seré yo? Quien sabe.

—Pues yo creo que los hombres están locos.

—¿Por qué?

—¿Cómo que por qué? ¿Te ven y te ignoran? ¿Qué clase de personas son?

Tonks miró a Remus, sin entender.

—¿Qué quieres decir?

Remus no respondió de inmediato. El libreto le decía que esperase unos cuantos segundos antes de hablar. Y, como buen actor, hizo su papel con absoluta precisión.

—Quiero decir que ellos deberían reconocer a una mujer preciosa a millas de distancia… y te ignoran.

Tonks sintió que las lágrimas pugnaban por escapar de sus ojos. No era que sintiera pena, sino que una incipiente rabia. ¿Acaso la persona frente a él consideraba que era fea?

—¿Estás diciendo que no soy linda?

—Sólo estoy diciendo que es así como te ves —dijo Remus, acercando una mano hacia la de ella, sin tocarla. Quería esperar a finalizar su respuesta para solidificar la conexión emocional entre los dos—. Si te consideras fea, todos van a creer que lo eres. Si piensas que no tienes nada que ofrecer, pues nadie te verá como una opción, sino como parte del ambiente.

La aludida otra vez sintió lágrimas asomarse en sus ojos, pero esta vez no eran de rabia, sino que de pena. Y me estoy poniendo melodramático, pero pronto volveré al ataque con una inyección de parodia directo a la vena.

—¿Y qué quieres que crea? Porque no soy linda, para nada.

—Sigue pensando así, y estarás sola el resto de tu vida. ¿Es eso lo que quieres?

Tonks no dijo nada. Para ganar tiempo sacó un pañuelo del bolsillo y se sonó la nariz. Instantes después, sostenía una bolsa llena de moco.

—¡Aparta eso de mi vista! ¡Demonios! Eso es asqueroso.

Tonks soltó el pañuelo y un sonido horrible hizo eco en toda la sala. Los comensales giraron sus cabezas en dirección a ella, quien se puso colorada.

—Lo siento —se disculpó Tonks, recogiendo el pañuelo y poniéndose de pie—. Mejor voy al baño a limpiar esta cosa.

Dos minutos más tarde, Remus la vio llegar con el pañuelo todavía en su mano, pero visiblemente más limpio.

—¿Y cómo demonios lograste limpiar el pañuelo tan rápido?

—No lo hice. Éste es uno nuevo.

—¿Y qué hiciste con el otro?

—Bueno, es que… tuve que dejarlo en el contenedor de residuos nucleares. Eso fue lo que me dijo el encargado de la basura.

Y desde ese momento en adelante, hablaron acerca de las ridículas medidas que estaba tomando el gobierno en nombre de la seguridad nacional. De hecho, uno de los clientes estaba leyendo un periódico en cuya primera plana decía "El Primer Ministro ha declarado que los mocos serán clasificados como material radioactivo".

—Si eso fuese cierto, entonces nadie querría darte un beso cuando estés resfriada —opinó Remus, lo cual hizo que Tonks profiriera una leve carcajada—. A menos que quiera morir o desarrollar poderes poco naturales.

—Bueno, no estoy resfriada —dijo Tonks, dejando que la frase colgara en el aire por unos momentos antes de continuar—. Sólo estuve un poco triste.

—¿Triste? Con esa bolsa de moco te desahogaste de una vida de frustraciones.

—Es que no sé que pasa con los chicos que me gustan. Siempre pasa una de dos cosas: o se alejan sin que yo les hiciera algo malo, o les hablo y me quieren como amiga. ¿Por qué no puedo ser algo más?

Fue cuando Tonks se dio cuenta que no estaba haciendo caso a los consejos de Lily. Decidió seguirlos de una vez.

—¿Qué harías si sabes que la mujer de tu vida está frente a ti y no tienes idea de cómo mierda actuar? ¿Obedecerías a tu instinto o pensarías un poco tus acciones antes de hacerlas?

Remus juzgó que era una pregunta extraña. La conversación pasó de ser un monólogo hamletiano a una entrevista psicológica en el tiempo que le tomaría a alguien parpadear. Sin embargo, nada de eso estaba fuera del libreto. Peter pocas veces se equivocaba.

—Si fueses una mujer como las que aparecen en las películas, actuaría por instinto. Pero contigo la pensaría un poco antes de hacer algo.

—¿Por qué? ¿Por la radioactividad de mi moco o porque temes que yo me resfríe?

Remus decidió que Tonks estaba imaginando una respuesta muy distinta a la que él iba a entregar. Era ese el momento de desconcertarla.

—No. Pensaría las cosas antes de decirlas porque no quiero herir tus sentimientos. Valen mucho para mí, así que no haría nada por instinto contigo.

Bueno, la largó. Para reducir al mínimo el algodón de azúcar y con ello la posibilidad que más personas contraigan diabetes, narraré lo que sigue de una forma un poco rara. En fin, Tonks se sintió tan emocionada con las palabras de Remus que olvidó que había una mesa separándolos. Aparte que la mujer era muy torpe (y en el universo de Harry Potter también lo es, así que dejémoslo así), se abalanzó sobre su amigo para abrazarlo y darle poderes sobrenaturales (no hay que olvidar que el moco es radioactivo y, si el gobierno dice algo, es porque es verdad) con un beso bien dado en los labios. Tonks tenía una imagen muy vívida en su mente de lo que iba a pasar. Desafortunadamente, o porque ella sufría del complejo de Peter Pan, la escena transcurrió de una manera un poco diferente.

Esto es un poco como la Teoría del Caos; Tonks se abalanzó sobre Remus, con la clara intención de matarlo por radiación con sus besos, la cartera tamaño ácaro que llevaba colgada, por una extraña razón, se atascó en la mesa, Tonks sintió el tirón y en lugar de un abrazo, se zambulló sobre la comida, arrasando con ella y salpicando el traje nuevo de Remus mientras tanto, Tonks se deslizó sobre la mesa barnizada y derribó a Remus, cuyo asiento tocó con el que estaba detrás de él, el comensal se precipitó hacia delante, cayendo sobre una torre de torta, la cual ocultaba una carga de C-4 que iba a estallar en treinta segundos. El resto de los clientes se dio cuenta del peligro y todos, incluyendo a Remus y Tonks, salieron corriendo hacia las salidas de emergencia, pero un gordo de doscientos kilos se quedó atascado en una de las salidas y requirió de la fuerza de diez hombres para sacarlo de allí.

Y la bomba estalló.

El restaurante "Cómplices" quedó reducido a astillas, pero afortunadamente, ninguno de los comensales salió herido. Ni siquiera los meseros y los cocineros sufrieron heridas. Remus y Tonks estaban en el suelo, uno encima del otro, lanzados por la onda expansiva del C-4.

—Bueno, sé que esto te parecerá ridículo, pero qué te parece si continuamos en donde lo habíamos dejado.

Tonks temía que Remus dijese algo que arruinara las circunstancias, porque por favor, ella encima de él, escapando por los pelos de una explosión apocalíptica… no me digan que la escena no es óbice para un beso, porque decirlo no sería bueno para el marketing. De acuerdo, de acuerdo, porque las lectoras lo pidieron, en especial mi amiga secreta, Remus no puso obstáculos y se limitó a encogerse de hombros. Tonks volvió a mostrar esa sonrisa tan mala para la salud de cualquier villano y le propinó un beso directo a los labios. Aquí se supone que describo lo que sienten, descripciones detalladas de un simple roce de labios, pero la bolsa de comercio de las palabras no está muy bien que digamos, así que me limitaré a decir que fue un beso raro (más raro sería que todo resultase como la seda, dado que ninguno de ellos tenía experiencia).

Y… creo que me eché al bolsillo la economía de palabras.

—Vaya, besas muy bien Remus —dijo Tonks, sorprendida—. ¿Cómo lo hiciste si nunca lo habías hecho en tu vida?

El aludido se encogió de hombros.

—Bueno, ese es uno de los beneficios de tener una almohada bien mullida.