Segundo Capitulo.
¿Para qué voy a decir que se me vino el mundo abajo apenas escuché esas palabras?.. Yo solo quería un compañero tranquilo... y ojalá no muy apuesto para poder concentrarme a lo que vine, estudiar.
Pero gracias, me llegó un tipo rubio y alto, además ruidoso. MUCHAS GRACIAS.
Debo admitir que no era feo... pero no era como si me gustara, ya que recién lo acababa de conocer, pero repito, no era feo.
El chico... bueno... Alfred caminó a paso rápido a la cama desocupada, abrió la maleta y vació todo su contenido sobre el suelo. Un punto menos... bueno no es como si estuviera contando puntos... pero ya saben.
Tomaba la ropa arrugándola con sus manos y la lanzaba como si fueran pelotas de futbol americano al armario, no se preocupaba ni un poco si es que estas se arrugaban, o que se yo. Que descuidado.
– ¿Y cuál es tu nombre amigo? –Preguntó Alfred volteando solo unos segundos para dirigirme una sonrisa, unas margaritas aparecieron en su rostro... debo admitir que eso me agradó.
– Kirkland –Dije cortésmente, después de todo debía relacionarme con él durante el año, así que si era amable tal vez se adaptaría a mis reglas...
– ¿Ese es tu nombre? ¡Hahah! ¿Solo Kirkland? –Preguntó este, ¿no era obvio que era mi apellido?
– No... ese es mi apellido, mi nombre es Arthur... –Le dije con cierto fastidio en la voz, no podía creer que hiciera esa pregunta, ¿es que ni siquiera se preocupaba por la primera impresión?
Este se volvió a reír como si hubiese escuchado un chiste, arqueé una ceja, ¿por qué se reía? Maldita sea, no entendía a los chicos y menos a las chicas, mejor leía un rato.
Saqué un libro, uno al azar ya que solo quería distraerme. Mientras mi compañero "ordenaba" su ropa yo leía... o eso intenté ya que mi mirada se dirigía al rubio inconscientemente... lo miré de pies a cabeza, como si quisiera analizarlo. Ahí fue cuando vi que a pesar de estar un poco pasado de peso me agradó su físico. Bueno solo un poco.
Recordé que minutos antes iba a enviarle un mensaje a Kiku, pero eso me haría salir de la habitación, y en ese momento algo me retenía ahí adentro.
Alfred terminó de ordenar y se recostó en su cama dando un salto. La cama crujió bastante ya que se dejó caer como saco de papas.
- ¿Cuántos años tienes? – ¡Interrumpió mi lectura! ¿Cómo no notaba que estaba sumergido en mi libro y mis pensamientos?
Di un suspiro.
- 19- Contesté sin dirigirle la mirada.
- ¿Y tienes novia? -.. ¡¿QUE?! ¡Lo preguntó como si fuéramos amigos de toda la vida! No lo conocía hace más de diez minutos y ya me preguntaba cosas sobre mi vida privada? Mis mejillas se tiñeron inmediatamente de rojo, al igual que mis orejas. Odiaba cuando eso pasaba.
Escondí mi rostro con el libro y traté de no mirarlo-
- S-si- Mentí. Ni yo sabía por qué lo hacía, solo esperaba que con esa repuesta no me fastidiara más.
- ¿Y cómo se llama? – insistió este.
¿Qué le iba a decir? Si seguía con la mentira en algún momento me descubriría y sería todo un blanco de burlas. Pero si le decía ahora que era mentira de seguro la primera impresión sería terrible.
- Ehh… ehh Emily – Fue el primer nombre que se me vino a la cabeza, ahora debía memorizarlo para mis próximas mentiras.
Alfred asintió. ¿Tanto me esmeré por una respuesta decente y solo obtengo un movimiento de cabeza? No es como si me importara... pero se supone que preguntaría más... aunque yo no quisiera conversar más con él.
Deje el libro al lado y entré al baño, cerrando con llave. Me mire al espejo y vi ese odioso color rojo en mi rostro. Al verme así más me sonrojé.
¡Que vergüenza!
Abrí el agua y me moje con esta como si eso fuese a calmar mi vergüenza. Ni yo tenía claro el por qué estaba avergonzado, pero la sola presencia de alguien que acababa de conocer era suficiente. Agregándole a eso su curiosidad por mi vida privada y su mirada intimidante. Al menos así lo veía yo.
Salí luego de unos minutos y me senté en la cama nuevamente, este se levantó y se sacó la polera. A lo que ese sonrojo que tanto quise quitar volvió, abrí el libro para cubrirme nuevamente. ¿Dónde estaba su pudor?
Sin decir nada mi compañero tomó una toalla y entro al baño. No había que ser Sherlock para adivinar que se daría una ducha.
Inmediatamente me entraron ganas de espiar, solo porque si.
Aprovechando que Alfred había dejado la puerta entreabierta para no "ahogarse" con tanto vapor, me levanté y caminé en cuclillas, pero justo antes de asomarme me arrepentí.
¿Qué estaba haciendo? Estaba actuando como un maldito pervertido, de seguro si salía y me veía en esa situación lo divulgaría y el resto me ficharía de por vida.
No estaba interesado en hacer amigos, pero algo de respeto y dignidad entre mis pares quería tener.
Me devolví a mi cama y me recosté. Ahora si le mandaría el mensaje a Kiku, necesitaba distraerme y él era el único que entendería mis ahora sucios pensamientos.
Por suerte la respuesta fue inmediata, acordamos juntarnos en el patio.
Guardé el teléfono en mi bolsillo y salí rápidamente de la habitación, evitando a toda costa mirar el baño.
¿Qué me estaba pasando?
No recuerdo cuantos minutos me demoré en encontrar el maldito patio, me perdía en esos pasillos infinitos. Maldecía a los arquitectos.
Kiku al ver mi cara de pocos amigos al acercarme a él no dudo en preguntarme qué me pasaba, pero no lo dejé terminar su pregunta.
- ¡Mi maldito compañero de cuarto y los malditos pasillos!- ... "Mi"... ¿por qué me sentía raro al pronunciar "mi" antes de "compañero de cuarto"?
Kiku conocía mi humor, así que me puso una mano en el hombro tratando de bajarme los humos de la cabeza.
- ¿Que culpa tienen los pasillos? ¿Y qué pasó con tu compañero? –Preguntó.
Agradecía tanto que mi mejor amigo fuera excelente escuchando... de no ser por eso de seguro estaría pateando piedras.
- ¡Es que es ruidoso, y es realmente repulsivo! ¡Además yo estaba leyendo y dejó la puerta del baño abierta como si supiera de mi sexualidad y estuviera invitándome a que lo espiara!- Si, seguramente había sido adrede, al menos así quería pensar para no sentirme tan mal con mis acciones.
Ignoré completamente el tema de los pasillos, en algún momento me acostumbraría a la arquitectura Americana totalmente decadente.
Kiku arqueó una ceja y me miro con una pequeña sonrisa en sus labios.
- ¡¿Qué es tan gracioso?!-Pregunté en un grito, totalmente furioso.
- Es que estas encasillando a personas sin siquiera darte el tiempo de conocerlas, eso te traerá problemas, Arthur. Debes calmarte y pensar con la cabeza fría... ¿Cómo se llama tu compañero? –Me preguntó.
- A-Alfred, Alfred Jones –Respondí tratando de tranquilizarme. Después de todo el que menos se merecía mis gritos era Kiku, el solo estaba ayudándome.
- Jones, escuché a mi compañero hablar de un tal Jones, debe de ser el mis- No alcanzó a formular su pregunta cuando lo interrumpí nuevamente.
- Si, de seguro es el mismo idiota.
Kiku no parecía sorprendido de mis palabras, es más, se rió. Nuevamente me pregunté por qué se reía.
Luego de eso último decidimos cambiar de tema y hablar sobre la universidad, el lugar en el que estábamos, las camas que a mi parecer eran cómodas, etc.
Mi amigo tenía clases así que me quedé solo. Me gustaba la soledad, me dejaba pensar sin límites pero ahora solo quería distraerme para no pensar en lo que estuve a punto de hacer.
Decidí ir a preguntar a la oficina del organizador para saber si había alguna actividad extracurricular que me interesara. Deportes no, teatro tampoco, botánica... podría ser... ajedrez me parecía bien... por el momento iría a ajedrez, era lo más interesante dentro de las opciones que me habían dado.
Luego de inscribirme en aquello me dirigí a la biblioteca.
Creo que eso fue amor a primera vista, eran filas y filas de estantes altos llenos de libros de lo que uno quisiera. Había encontrado mi hábitat en esa universidad en la que me sentía tan diferente.
Al medio habían mesas grandes con sillas alrededor, computadores bastante modernos y sillones para lo que supuse, personas como yo que no fueran al lugar solo cuando buscaban subir la nota en algún examen fallido.
Iba en dirección a los sillones cuando un señor bastante mayor me habló.
- Joven, su tarjeta por favor- Dijo mirándome de pies a cabeza.
- ¿Tarjeta? –Pregunté alzando una ceja, ¿A qué tarjeta se refería? ¿Acaso me habían estafado?
- Su tarjeta de biblioteca... –Guardo silencio unos segundos y volvió a analizarme.- ¿Eres nuevo no? –Preguntó.
Asentí y este sonrió para luego dar un suspiro.
- Ven aquí, déjame inscribirte- Me hizo una seña con la mano para que me acercara, así que hice caso.
- Te tomaré algunos datos para que puedas sacar libros y ocupar los computadores libremente... ¿Nombre?
- Arthur Kirkland.
- ¿Edad?
- 19.
- ¿Qué estudias?
- Bachillerato.
- ¿Nombre de la novia?
..¿Q-Que?! ¡¿Por qué todos en esta maldita universidad se interesaban tanto en mi vida privada?!
Creo que el señor adivinó por la cara que debí de haber tenido en ese momento, que no era buen momento para chistes, así que solo se rió y me hizo pasar para sacarme esas típicas fotos que se usan en los documentos.
Odio sacarme fotos.
- Sonría- Dijo este como si no fuese suficiente con la "broma" anterior.
Obviamente no le hice caso, este saco la foto y me dejó pasar. La famosa tarjeta estaría lista mañana.
Como si mis pies supieran perfectamente a donde ir, llegué al pasillo de libros de aventura y fantasía.
Eran tantas letras que formaban títulos tan maravillosos que creo haber esbozado una enorme sonrisa, ya que los que pasaban por el lado me miraban raro.
No sé por qué pero comencé a dar vueltas con los brazos extendidos.
Mala idea en un lugar estrecho y lleno de cosas que podían caer sobre mí.
Como era de esperarse me caí, y junto a mí como si fuera poco el golpe que me di, la gravedad actuó y me cubrió de libros.
Sentí que alguien corría hacia mí y me sacaba los libros de la cabeza, subí la vista y vi unos enormes ojos celestes, que parecían querer leer mis más profundos pensamientos.
¿Por qué? ¿Por qué si había escapado a la biblioteca para no ver a ese chico por un rato, se había tomado la molestia de perseguirme?
- ¿Estás bien amigo? –Me tomó la mano y me ayudó a levantarme.
Cuando me di cuenta que lo estaba mirando demasiado le solté la mano bruscamente y me acomodé la ropa.
- S-Si –Respondí, me había descolocado. ¿De todas las personas en el mundo él tenía que haberme ayudado? Ahora me sentía peor con lo que había querido hacer...
Alfred me sonrió y me acarició el cabello como si de un niño se tratase, luego de eso se largo a otro pasillo, dejándome solo con mis miles de pensamientos.
Notas de la autora:
Espero que les haya gustado el segundo capitulo!
Tuve tiempo e imaginación asi que me adelante dos días jaja ~
Saludos! Espero sus comentarios!
