Alcanzada

IX

Family OFF


Natasha no dejaba de llorar. En sus manos tenía una foto de ella de pequeña, con un vestido negro y lazo rojo, sentada en los hombros de su padrastro, en una fiesta un tanto patética. Acabaron cenando en un restaurante familiar. Ese solo era uno de los pocos recuerdos que realmente conservaba. Todavía no podía tragar la noticia.

La desaparición de Iván Petrovich.

Realmente no sabían que había pasado, simplemente llevaba días sin aparecer en el trabajo y el jefe pidió que lo buscaran, sin éxito y dándolo por desaparecido. Como única familiar por su parte, se veía en la penosa obligación de renunciar a la nueva obra y a su vida por un mes mínimo, en el que tendría que volver a Rusia y llevarlo todo a cabo. Las chicas querían ayudarla, ir con ella, pero las obligaba a quedarse. Ella juraba que debía ir sola. Aun tenía las llaves de su antigua casa, por lo que todo estaba prácticamente cubierto. Antes de irse aviso a Bucky del tema y le pidió a Sharon que no le dijera nada a Steve, a lo que las otras dos amigas rieron, sabiendo que sería lo primero que haría nada más irse su amiga.

La llegada a Rusia se le hizo extraña. No pensó en el gran cambio que estaba dando, pero siguió adelante. No tardó en coger un taxi y darle las indicaciones necesarias para llegar a la casa, ya que no se acordaba a ciencia cierta de la calle. A través de los cristales vio la ciudad, el llegar a su antiguo hogar, el ver el viejo colegio y acordarse de todas las putadas que le llegaron a hacer. Al ver la casa, lo mando parar, le dio el dinero más una bien merecida propina y saco ella las maletas. En frente de la puerta, saco las llaves y lo primero que atravesó su mente, fue cuando llegaron a esta. Venían del centro, por lo que el cambio fue mayor de lo que la Nattie de 5 años pensaba. Pero le encantó y seguía haciéndolo, aunque le pareciera una casa demasiado grande para ella. Entró y fue directa a su habitación, donde todo estaba cerrado y tapado con sábanas blancas. Quiso arreglarlo todo por tres motivos: su estancia, el posible encuentro con su padre y la posible venta de la casa. Al volver él solo, decidió alquilar un piso que luego debería ver y en caso de que, dios no quisiera, no encontrarlo, tendrá que llegar a un acuerdo con el casero.

Al segundo día, tuvo que hacer de tripas corazón.

Si bien no tardó en llegar a intentar conocer el caso entero, ellos ya la estaban preparando para lo peor. Sentía que era precipitarse, pero también una bastarda realidad. La pusieron al corriente, y nada más terminar, fue directa a mirar el asunto del casero, a lo que la actitud de esta la decepciono a grandes escalas la actitud del casero, alegando que pagaría en metálico el mes y que se llevaría todas las pertenencias de su padre. Por último, llego a su antigua academia, y vio que se había vuelto un recinto multiusos, donde el concepto bailarina se había diversificado bastante.

- No puede ser... la perra pelirroja...

Aquella voz era inconfundible a pesar del tiempo. Ella seguía como siempre, con su pelo rubio corto, su ropa negra y sobre todo, aquella actitud que cogió de la noche a la mañana, mostrando su verdadera ella. Algo se revolvió en sus estómagos...¿era el desayuno o las ganas de querer pegarla?

- ¿Belova? Entre las últimas personas que quería ver, tu encabezas la lista, pero siempre sabes sorprender.

- Te creía muy lejos, triunfando en un país en el que no ven que tan...

- Adiós, Belova

Ella la agarró del brazo, evitando que pudiera marcharse. Realmente sentía ganas de asesinarla delante de todos, pero no. Ella era una vengadora, una amiga, no volvería a creer en todos los insultos que le dio gratuitamente.

- ¿Qué pasa? Seguro que esos americanos idiotas...

- Me encanta que sepas que tan bien voy en el mundo del teatro y el baile... sigo siendo mejor que tu y todas aquellas que destrozasteis mi vida tan gratuitamente. Las chicas me dijeron que ya no estabas con Alexei al poco de irme. ¿Qué pasó? Seguro que se dio cuenta que no dejas de ser aquí, mi segunda. Si me disculpas, tengo cosas mejores que hacer- se soltó y no tardó en darle un puñetazo que la mando al suelo- para que sepas quien es Natasha Romanoff

Que bien sentaba mostrarle a la mujer que te destrozo que tan bien estas sin ella. No la necesitaba. Agradeció mentalmente a Bucky e Steve el haberla ayudado a romper las fotos. Se sentía un poco más libre. Sintió que esa vez si dejaba algo detrás, como uno de los mayores lastres de su vida. Y lo más importante: estaba dando esos pasos ella sola.

Se acercó a la empresa donde trabajaba su padre, en el que no tardó en ser atendida con unas condolencias realmente falsas. Debía hablar con el jefe, que no era más que el padre de Alexei y gran amigo de su padre. Le explico de nuevo todo aquello que sabia, y realmente era el único que realmente lo notaba triste. Ella le dijo que nada más saber de la noticia, la avisaron las autoridades, y que quería resolver el caso y encontrarlo cuanto antes. No quería dejar que la única persona que realmente la quería se marchara de esa forma.

Pasaron los días y cada vez era más inminente la llegada de la carta en el que dirían que dejarían de buscarlo y lo darían por muerto. Salía todos los días, mirando viejos lugares como el colegio, lugares donde solía pasar el rato de una forma realmente agradable. De vez en cuando encontraban una hora punta en la que realmente podía hablar con las tres chicas, que le mandaban ánimos como podían. No les decía que a las noches realmente lloraba por todo lo que estaba pasando. Era demasiado. Más si se cruzaba con aquellas personas de los que jamás podría olvidarse. Algunos estaban peor que ella y le recordaban a una vieja moraleja.

- ¿Natalya?

Y finalmente llegó aquella conversación que tanto temía. Finalmente estaba ahí uno de los mayores causantes de su desgracia: Alexei Shostakov. Vestido con un traje y el pelo naranja bien engominado, no sabía de donde sacar el valor para enfrentarse a él. No quería decir nada, quería seguir andando hasta llegar a la casa, olvidarse que lo había visto en frente suyo a "Full HD" y pensar que tenía un ex en el ejercito y otro pintando cerca de su casa.

- No te vayas, por favor... Natalya, te echaba de menos

- En la calle no, Shostakov...déjame marchar

- Siento lo del señor Petrovich- fue lo primero que dijo, sabiendo que eso haría que Natasha no quisiera moverse- Fue un golpe muy duro, pero seguro que lo encuentran vivo en la carretera

- Eres la primera persona que es demasiado optimista en este país, pero gracias

No iba a ser maleducada, tenía que decir esas malditas palabras.

- Acepta una invitación a comer en aquel res...

- NO- le cortó bruscamente- Alexei, de verdad, quiero irme...¿Te crees que olvidé lo de aquella vez?

- Y te entiendo... no sabía que hacia, de verdad y... me gustaría...

- Apechuga los errores, yo lo estoy haciendo con los míos

Aquella fue la última conversación decente que tuvo con el ex novio. No le deseaba ningún mal, solo deseaba que toda esa pesadilla acabase y volver a su vida feliz. Pero no llegaba. Daba igual que paso diera, acababa dando dos hacia atrás sin quererlo. No. Quería empezar a ser feliz.

Señorita Romanova, lo sentimos pero hemos encontrado el cadaver del señor Petrovich, por favor, venga a la morgue a identificarlo y empezar con el papeleo para la incineración y el paso de sus bienes.

Todo aquello estaba siendo demasiado duro. Realmente no comprendía en que momento de su vida tenía que coger tantas decisiones sola. No quería decir nada hasta llegar al fondo de todo. En lo que restaba de mes, se dedico a resolver la venta de todos los bienes que quedaban en Rusia, hasta los suyos propios, dejándola con mucho dinero y una sola maleta llena de ropa y recuerdos que se obligaba a si misma a llevarlos. Tiró las cenizas de su padre al primer lugar donde fueron ellos: un rió donde estuvieron jugando y comiendo, como una familia de dos. Entre lágrimas que caían en el río, sola, los tiro junto con un rezó y palabras llenas de cariño.

Lo último que le quedaba por recoger no era más que la última llave. Daba a un banco, donde descubrió que en la taquilla no guardaba más dinero: si no un anillo de compromiso, unos gemelos, dos fotos y una carta. Una carta que la dejó tan asombrada como si acababa de descubrir el mayor de los secretos. Aquellos dos objetos eran de sus padres biológicos, unos objetos que se pasaban en familia, por lo que no podía venderlos. En las fotos salía un bebe al lado de un niño y unos padres. No tardó en leer el contenido de la carta, volviendo más loca a Natasha y descubriendo datos que realmente no quería.

- Nat...amiga, tranquila. Ya sabes como era Petrovich...- intento consolarla Tania- Lo mejor es que lo des por muerto y sigas con tu vida

- Según esta carta se llamaba Vindiktor...y que tenía más, pero en un incendio casi murieron todos y que gracias a dios que me pudieron sacar. Dice que esta aquí, en Estados Unidos... chicas, tengo que encontrarlo, es mi última familia

- ¿De verdad quieres escarbar todo ese pasado?