He tardado una maldita eternidad y realmente lo lamento. Discúlpenme. Este capítulo hablará sobre el pasado, espero que les guste, veremos cómo eran nuestros protagonistas con anterioridad. Por favor, disfrutad la lectura.
-3-
Antes de la luz.
Ese día llovía. Todavía lo recordaba con toda claridad. También recordaba la sangre y la pesadez de su cuerpo. Luego la tibieza de lo que esperaba sería su muerte segura… y después, al final, sólo sus ojos verdes.
…
—¡Ah, pero mira nada más a quien tenemos aquí! –el batallón entero escuchó la voz del General de Ejército Alvar Lemoine, un hombre de años y buena disposición, un tanto regordete, de barba prominente y abultada, levemente cano y de piel blanca; mientras que su acompañante y hombre de primera mano, el conocido Coronel Smoint Copulel simplemente hizo una reverencia como saludo. Copulel era un hombre más serio y delgado, de cabello negro y un bigote discreto que le cubría debajo de la nariz. Tan astuto como un zorro y tan delgado como un sabueso, algunos en el ejército le llamaban Smoint "El sabúeso" Copulel.
—Es un placer conocerlo, señor. – con una reverencia de la misma magnitud y estirando una mano como agradecimiento por su buena disposición el emisario y ahora nuevo mandatario del batallón, Uchiha Sasuke, acababa de comprobar quienes serían sus iguales y superiores.
—¡Ah, pero qué cosas! – río Alvar, el viejo ya andaba por sus sesenta años y aun así seguía siendo un hombre condenadamente jovial. —Estoy muy contento que haya decidido venir ante nosotros, Coronel Uchiha, hemos estado algo escasos de oficiales por, bueno, ya sabrá, las revueltas rebeldes. – inmediatamente el Coronel Smoint asintió.
—Me he enterado.- profesó Sasuke. A su escasa de edad de 25 años acababa de obtener un rango impresionante digno de un prodigio y su primera misión como Coronel del Ejército Militar Real era ir a uno de los lugares más difíciles del mundo, en estos momentos. Tours estaba siendo un poco abatida por algunas comunas rebeldes contra el rey y dado que esa localidad en especial estaba siendo un poco descuidada fue trasladado hacia ese sitio para cumplir con sus funciones de alto funcionario.
—Ah, pero no se quede así, venga, venga. – con una cálida invitación el General lo llevó dentro su oficina, debía explicarle sus funciones primero y después, quizá, celebrar la llegada del nuevo alto mando con un poco de vino.
—Estuve al tanto de que han perdido algunos hombres en enfrentamientos en el campo. – habló Sasuke mientras se sentaba.
—Sí, sí, hemos tenido mala suerte. Realmente no sé de donde salen todas estas personas, son muy molestas. – Inmediatamente Lemoine comenzó a servir tres copas de vino. —Pero bueno, las tropas estás listas y dispuestas. Por cierto, Coronel, ¿Cuántos años tienes usted?
—Veinticinco. – dijo sin más el muchacho mientras tomaba en silencio la copa. Su igual, el Coronel Smoint le miró de soslayo.
—Ah, perdone mi imprudencia, es que es sorprendente ver a jóvenes como usted. Debe ser realmente un prodigio; y claro, claro, estoy encantado de conocerle. Cuénteme sobre usted, por favor. – se recargó en su silla de cuero mientras se disponía a escucharle hablar.
Al ser el líder del batallón de Tours, el General Alvar Lemoine se sentía cómodo con su propio poder. A pesar de su apariencia y su edad, él era un hombre muy habilidoso y superviviente de múltiples batallas de antaño. Su importancia como comandante de la base era como un pilar para los nuevos reclutas y grado inferior.
El Cuarto Batallón de Tours, una de las bases más olvidadas del ejército Real, era un cuartel pintoresco en donde vivían al menos quinientos soldados. La base consistía en una gran campo cerrado y lleno de murallas en cuyo centro se encontraban edificios de piedra y madera, en las cuales habitaban los soldados y oficiales de élite. La verdad es que era un sitio pequeño, pero aun así funcionaba con pulcritud.
—¿Qué le puedo decir? – comentó Sasuke, con seriedad. —¿Qué le gustaría que le contase?
—¡Oh, un hombre con reservas! – halagó Alvar, era sumamente amistoso y un tanto hipócrita en ocasiones, pero sus intenciones parecían genuinas.
—Coronel Uchiha. – Smoint habló mientras se sentaba a su lado. —Seguramente debe estar cansado por el viaje, si quiere puedo conducirlo al lugar en donde se quedará y así pueda desempacar.
—Eso sería agradable.
—¡Pero qué va, hombre! – protestó el General. —Si sólo estábamos empezando a hablar, seguramente no podrá despreciarme una copa de vino más. – se dispuso a inclinar la botella pero Sasuke se negó.
—No, gracias, General. Es muy amable, pero lo que el Coronel Copulel afirma es cierto. Estoy muy cansado, me gustaría poder instalarme para comenzar con mis labores cuanto antes… claro, si así lo demanda usted.
—No te preocupes, es tarde ya y los reclutas deben estar yéndose a las cabañas para descansar. Si tan fatigado por su extenso viaje está, entonces puede retirarse, no tengo inconveniente… ¡Pero para la próxima brindaremos hasta no saber de nosotros! – rio escandalosamente. Para ser un General tenía muchas faltas al código de disciplina.
—Claro. – Sasuke se levantó con cuidado.
—Mañana a primera hora le daré el informe de sus obligaciones, hoy descanse. – profesó Alvar mientras se recargaba en su asiento y se echaba un gran trago de alcohol.
—Hasta entonces, señor. Permiso para retirarse.
—Permiso concedido.
—Buenas noches. – Sasuke y Smoint salieron de la oficina.
—Es un poco ruidoso, pero es un buen hombre. – profesó el Coronel Copulel. Era diez años más grande que Sasuke y aún así parecía estar más viejo que lo que aparentaba.
—Apuesto a que sí.
—Esta será su cabaña, lo estaremos esperando mañana. De nuevo, bienvenido al Cuarto Batallón de Tours. – el Sabueso lo saludó con firmeza como a un superior y después se retiró. Sasuke asintió respetuosamente y entró a su cabaña para finalmente desempacar.
Debía descansar para empezar su larga jornada.
Él era Uchiha Sasuke, un joven prodigio en el arte militar que se convirtió en poco tiempo en uno de los puestos más altos de la orden real. Para aquellos tiempos, Francia se encontraba en una época de transición, aunque a muchos no les gustara verlo de esa manera. El viejo Gobierno francés, aquel que dependía de una monarquía impuesta por generaciones, comenzaba a tener problemas. Desde hacía mucho tiempo pequeños poblados y organizaciones de hombres comenzaban a levantarse en movimientos violentos qué, aunque no pasaban a muchos daños más que algunas decenas de muertos, algo que no le importaba a la familia real en absoluto, sí había causado eco y alboroto en el resto del país.
¿Qué por qué se levantaban en contra del Gobierno? La cosa era realmente simple. Por libertad. Francia se caía en pedazos mientras las legiones del ejército y los grandes empresarios gozaban de ricos manjares y espectáculos extravagantes.
Sasuke sabía esto y más.
Él no era un muchacho común y corriente, había nacido en una aldea pobre y triste, donde su padre se había esforzado día con día en mantenerlos con vida a él, su madre y hermano mayor. Con el paso del tiempo, las cosas se complicaron aún más. Su padre murió de una enfermedad infecciosa cuando él tenía trece años. Inmediatamente Itachi, su hermano mayor se encargó de trabajar para poder mantener a su entristecida familia.
Pero por más que lo intentase no encontraba trabajo. No fue hasta que su militar lo vio pelear en las calles por comida. Su madre estaba enferma e Itachi no encontró otra cosa más que robar y pelear por salir adelante. Cuando observaron su fuerza y capacidad fue casi inmediatamente reclutado. Las opciones eran limitadas, por lo que Itachi aceptó con la condición de que ayudasen a su madre y hermano. Mikoto, la dulce madre de ambos murió unos días después, aparentemente de una endemia local.
Sasuke pasó al cuidado de su hermano y se las apañó para trabajar y tener un hogar. Pero los dos no siempre estuvieron juntos, siendo Itachi igualmente talentoso para la estrategia militar y la pelea táctica, comenzó a ascender y a ser un soldado muy solicitado. Sasuke creció solo, sin la compañía real de nadie. Cuando cumplió los diecisiete años recibió una de las noticias más horribles de su vida. Itachi había fallecido durante un enfrentamiento contra una legión extranjera, le habían disparado a traición mientras su pelotón descansaba. Fue una pérdida grande para el gobierno, pero inmediatamente a su muerte giraron su vista a Sasuke, quien también se veía prometedor.
Le contrataron y entrenaron. Sasuke no conocía otra cosa además de la miseria, así que entró a la armada por una convicción desconocida que, según él, esperaba encontrar en su servicio militar.
Actualmente, después de destacar sobre manera en una serie de eventos heroicos, de los cuales no valía la pena mencionar, Sasuke ascendió sorprendentemente rápido a Coronel; un rango que sólo los mejores y más veteranos podían acceder. Algo sorprendente para un joven de apenas 25 años.
A la mañana siguiente, Sasuke ya estaba de pie, vestido debidamente, con sus botas lustradas y sus armas listas. Se presentó a la oficina de Lemoine un poco antes que Smoint y fue el primero en llegar a la asamblea. Sasuke era un oficial recto y estricto consigo mismo.
—Ese chico se lo toma muy a pecho. – comentó Alvar durante la asamblea.
—Es por que acaba de llegar. – le dijo Smoint. —Ya se le pasará.
—Pues creo que tienes razón.
A Sasuke le otorgaron la misión de vigilar el entrenamiento de las dos primeras divisiones de las tropas. Todos los días desfilaba con ellos, verificaba sus ejercicios, los ponía a trabajar y después de eso los mandaba a dormir temprano. Era un militar en toda la extensión de su palabra. Y duró así por varias semanas, los soldados de sus divisiones eran lo más disciplinados del batallón y eso le fascinaba al General Alvar.
—¡Ah, Sasuke! – ese día en especial, al medio día, cuando Sasuke supervisaba el entrenamiento de sus subordinados, Alvar llegó acompañado de su recluta que le abanicaba a cada paso con un abanico de tela.
—General. – Sasuke se llevó una mano a modo de saludo. —¡Firmes todos! – gritó y ante estos sus hombres se colocaron en filas automáticamente.
—¡Esplendido, simplemente esplendido! – el viejo Alvar aplaudió. —Los tienes muy bien entrenado, Coronel, lo felicito.
—Gracias. – Sasuke se volvió a ellos. —¡Descansen! – los soldados regresaron a sus actividades. —¿A qué debo su visita a la división este? – esa era la que él manejaba, la oeste la manejaba Smoint, la norte el Capitán Lebroun y la Sur el Teniente Coronel Smoker.
—Recibí una carta de la corte real. – dijo mientras le mostraba un sobre pulcramente sellado. —Me han solicitado que lleve unos cuantos hombres para una pequeña exhibición de armas y pensé que usted sería el más adecuado para el trabajo, ¿Qué me dice?
—Claro. – Sasuke no solía mostrar sus sentimientos, pero le agradaba que lo tomaran en cuenta.
—Maravilloso. Tome a una decena de hombres y acompáñeme para mañana, iremos al palacio real y desfilaremos. – dicho esto se retiró.
Y tal como Alvar lo pidió Sasuke seleccionó a sus diez mejores soldados y los condujo al palacio real. Desfilaron por las calles mientras varias personas, la mayoría adultos y viejos, se agolpaban en las calles para verlos. Sasuke y Alvar, al ser los oficiales primordiales iban en un carro tirado por sementales. El resto de los soldados desfilaban en silencio detrás de él.
Durante todo el camino, Sasuke no pudo evitar observar cómo todas las personas de Tours parecían mirarles con desdén y odio. En más de una ocasión le lanzaron piezas y fruta podrida. Indignado por esto Sasuke frunció el ceño. El pueblo era un tumulto lleno de maleducados vacíos de disciplina, algo que en toda su vida de entrenamiento militar le era inconcebible.
—Son desagradables, ¿No es cierto? – le dijo Alvar mientras sacudía un viejo abanico austriaco. Sasuke fingió demencia. —Esta ciudad está llena de rebeldes contra el gobierno real.
—¿Rebeldes? – Sasuke alzó ambas cejas. Si bien sabía a qué se refería, no estaba muy convencido que esas personas fuesen aquellas hordas destructivas del buen orden, sino que parecían ciudadanos inconformes con la vida que les había tocado.
—Sí, sólo mírelos. – había odio en las palabras de Alvar. —Sin cordura ni respeto. Ha llegado en el momento más oportuno, Coronel Sasuke. Tours arde en revoltosos y necesitamos su disciplina más que otra cosa para apaciguarlos.
Esto dejó sorprendido a Sasuke y por alguna razón dudó.
—Me temo… que no lo entiendo, General.
—Ah, no tienes que de qué preocuparte, es algo que hemos hecho siempre a petición del rey. Los insubordinados deben ser castigados con la muerte. Así es como trabaja el ejército real. – la mirada de Lemoine era diferente y Sasuke vio oscuridad en sus palabras. Algo comenzaba a parecer extraño en ese lugar.
—Hemos llegado. – voceó uno de los soldados y Sasuke alzó una ceja.
—¿En dónde estamos?
—En la embajada real de Tours. – Alvar bajó primero. Cuando Sasuke bajó lo primero que observó fue a una horda de personas que golpeaba y empujaba la puerta principal de aquel gran atrio. Rodeados por gruesas y altas paredes, con rejas y cuchillas, la gran embajada real de Tours era la fortaleza perfecta y lo peor de todo, era que el propio pueblo abucheaba y sacudía el acero de los barrotes exigiendo justicia.
—¿Qué significa esto? – Sasuke era estricto, idealista y rudo; pero si había algo en él que siempre sería una marca característica sería su humanidad, pues a pesar de todo, siempre había sido justo. Su vida le había enseñado que los pobres y los desafortunados son las verdaderas víctimas de los cambios del tiempo.
Ser un miserable era un precio muy alto para la sociedad y eras, por tanto, una pesada carga.
—Como verá. – Alvar se pasó a su lado. —El batallón está protegido por las murallas y los vigías, si no fuera por ellos masas como estas atentarían contra la justicia real. – Sasuke le miró sin entender. —Tours es un pueblo rebelde, Coronel. ¿Por qué crees que casi no tenemos oficiales de alto rango?
—¿Me está diciendo… que los oficiales de élite anteriores a mí, han muerto a causa de las batallas rebeldes?
—Le explicare una vez que entre. – colocó una mano en su espalda y lo incitó a seguir. Sin embargo, antes de entrar, Sasuke podría jurar que el General había hecho alguna clase de seña con su mano. La gran puerta de madera y hierro se cerró tras su nuca y automáticamente escuchó el ruido de cientos de balas.
Sasuke se volteó atónito hacia la gran puerta e hizo ademanes de abrirla, pero Lemoine le detuvo.
—Por favor, Coronel. – apartó su mano de la manija de la puerta. —El rey no está esperando.
—General. – Sasuke frunció el ceño. —Han disparado contra civiles.
—Por favor, Coronel. – insistió él. —Tenemos que continuar.
Sasuke apretó los puños y crujió los dientes. Estas personas tramaban algo.
Caminaron por hermosos pasillos tallados en marfil y plata, singulares vitrales y estatuas de piedra. Cuando llegaron al salón principal todo estaba a oscuras y en medio de todo el espectáculo yacía un trono decorado, con un hombre atado a su silla, vestido de finas telas y corona de oro. Sasuke pestañeó un par de veces sin entender nada.
—Tome. – le dio una bayoneta y una pistola de bolsillo.
—¿Qué significa esto?
—Se lo explicaremos en breve, Coronel. – pudo jurar que había escuchado la voz de Smoint en medio de la oscuridad.
—¿Coronel Copulel?
—Venga aquí. – Alvar lo guío hasta un punto estratégico. —Deberá disparar cuando se lo indique, ¿Está claro?
—¿Cómo?
—Es una orden. Como su superior se lo estoy pidiendo.
—Con todo respeto, General. Esto es una locura, ni siquiera sé…
—¡Señor! – susurró un soldado. —Ha llegado un mensaje del exterior, están aquí. –dijo uno de los soldados.
—Llegó la hora. – apremió en voz baja. —Su fe en la justicia deberá responder por usted, Coronel Uchiha, haga que nos sentamos orgullosos.
Alvar se alejó de Sasuke y se colocó tras una estatua. Algo planeaba ese viejo zorro y en definitiva no podría ser bueno. Pero prefirió esperar, fuese cual fuese la extraña cruzada que había organizado, quería contemplarla.
Todo pasó muy rápido, un gran tragaluz se rompió en mil pedazos y entraron al menos doce hombres armados y vestidos de civiles. Ni tardos ni perezosos comenzaron a disparar hacia el hombre que estaba en el trono; hasta que de pronto todo se detuvo y comenzó a gritar uno de ellos.
—¡Es una trampa, es una trampa!
Inmediatamente Alvar se mostró ante la luz.
—¡Fuego! – todo el escándalo se simplificó en decenas de soldados armados que emergían de cada recoveco de la mansión y comenzaban a disparar a diestra y siniestra a los recién llegados. Sasuke miró sin entender nada y pronto contempló los cuerpos acribillados de los asaltantes.
—¡Alto al fuego! – ordenó el General, quien se acercaba lentamente a uno de los moribundos hombres. —Mathus Forrel. – dijo mientras le apuntaba a la cabeza con su arma. —Ha pasado mucho tiempo desde que escapaste de la muerte, ¿Eh, muchacho? Ahora no te ves muy bien.
—Alvar, viejo traidor… nos dijiste que… todo estaba planeado… pensamos… que era parte de nosotros. – el pobre muchacho se revolcaba en su propia sangre y escupía con dolor cada palabra. Sasuke frunció el ceño y dejó caer su pistola al suelo.
—Yo jamás traicionaría al ejército, niño. Por años mantuve enserio mi postura… ayudar a unos rebeldes como ustedes, ¿Qué obtendría yo a cambio? Este país me ha dado todo tal cual, no necesito cambiarlo.
—Ignoras al débil y maltratas al caído… Este reino de terror… no tiene más que hacer ahora… - una sonrisa se dibujaba en los labios. —Tal vez cortaste algunas ramas… pero este árbol seguirá creciendo… y muy pronto los cimientos de tu estúpido reino se destruirán desde abajo para el surgir de un nuevo orden.
—Hablas demasiado, Mathus. – colocó uno de sus pies en su espala. —Mira a tu alrededor, ¿Qué ves? – el muchacho sólo jadeó. —Exacto… ves a un ejército fuerte y firme, alimañas como tú no tienen cabida en este país perfecto, lo que el rey diga, será. ¿Y sabes qué? El rey dice que la rebeldía es un delito que se paga con la muerte.
—Muy pronto, Alvar… - gimió Mathus. —Tu reino perfecto caerá.
—Díselo a tu conciencia muchacho. – y le disparó a sangre fría.
Todos los oficiales guardaron silencio, Sasuke tenía una sombra extraña en los ojos.
—Lo ha hecho bien, General.- felicitó un Capitán.
—Lo sé, lo sé, infiltrarme a las filas rebeldes y fingir ser uno de ellos. Este país necesita a más como yo, ¿No es así? – dijo para después carcajear a gusto.
—¿Era… una trampa? – la voz de Sasuke hizo eco en las paredes del palacio. —¿Traicionó a esos hombres para después acribillarlos sin piedad? – su voz sonaba firme y sombría.
—Como dije, Coronel. – Alvar se le acercó. —Esta ciudad es un nido de víboras. Toda su gente está podrida, el hombre que ve aquí. – señaló el cuerpo de Mathus. —Era una de las cabezas más importantes de la armada rebelde. Su muerte les enseñará una lección que no deberán olvidar.
—¿Y usted fingió ser uno de ellos… para darles esperanza? – todos los ojos del ejercito estaban fijos en Sasuke.
—Lo sé, lo sé, tal vez se sienta un poco decepcionado de mí. Pensar que tuve que acudir donde ellos y rebajarme... pero no se angustie, Coronel Uchiha, al final hemos logrado nuestro objetivo. ¿Vio lo que trataron de hacer, verdad? Quería matar al rey. Esta mascarada sólo fue para atraerlos a ellos. Tiene ante usted a dos de los principales líderes de división de la armada rebelde de Tours.
—¿El hombre que estaba en la silla también era un rebelde?
—Ah, sí. Su nombre era Kael Jours, un hombre escurridizo. Nos costó atraparlo, pero al final fue asesinado por su propia prole, ¿Irónico, no creen? – todos rieron ante el comentario del General.
—Entiendo. – Sasuke se silenció y se agachó para tomar su pistola y colocarle en su bolsillo.
—¿A dónde va? – Smoint emergió de las sombras al verlo avanzar hasta la salida del salón.
—Sólo necesito algo de aire. – dijo con simpleza.
—Bueno. – concluyó Alvar. —Recojan los cuerpos, después de eso necesito hacer creíble algunas heridas, el resto del plan será regresar a la base y reportar esta misión como fallida, luego idearemos otra cosa para que los demás salgan de su madriguera.
—Es usted muy astuto señor.
—Gracias, Smoint, hago lo que puedo.
Sasuke escuchaba detrás de la puerta, con la vista fija en su arma. Había salido de los campamentos de entrenamiento para cazar a gente inocente y miserable. Esa era la única realidad en sus actos.
Gente como su madre y padre.
Cerró los ojos ante aquel pensamiento. Después los abrió con decisión, el gobierno real estaba completamente loco y el rey, no era más que un monstruo a que no le interesaba su pueblo.
—Muchos más sufrirán por esto. – musitó Sasuke para sí. —Francia se cae a pedazos y no por los rebeldes… sino por gente como ellos. – acababa de tomar su decisión. Lanzó la pistola lejos.
Salió al patio, en donde sus soldados descansaban detrás de las murallas. Observó aterrado los cuerpos que estaban afuera de las rejas.
—Coronel. – uno de sus agentes se acercó a él. —¿A salido todo bien? Escuchamos disparos.
—De maravilla. – mencionó Sasuke, su mirada era oscura. —¿Y el resto de la horda?
—Escapó, señor. Lamentamos nuestra ineficacia.
—No, está bien. – Sasuke apretó los puños. —El General Alvar nos alcanzará después, por ahora nosotros nos retiraremos.
—¿Cree que será seguro, Coronel?
—No me importa, tomaremos el camino largo si es debido.
—Lo que usted ordene, señor. – así, todos sus soldados se formaron y Sasuke subió a un caballo.
Salieron marchando de la ciudadela y se aproximaron a un camino de regreso detrás de la ciudad.
—Ustedes puede ir solos. – ordenó Sasuke. —Sargento. – uno hombre a su lado se acercó. —Guíe a nuestros hombres al batallón, yo tengo algo que hacer.
—¿A dónde irá, Coronel?
—A la ciudad. – y arrancó con su corcel.
—¿Sargento? – un Cabo se acercó a él con sigilo.
—Envíen un mensaje a la embajada, Uchiha Sasuke actúa extraño.
—Sí, señor. – inmediatamente otro caballo corrió en dirección contraria.
…
Sasuke cabalgaba lo más apresurado que pudiese. La dirección era clara, se dirigía hasta la ciudad principal. Por años, se había considerado un hombre recto y justo. Era estricto, pero tan sólo seguía el ejempló que su hermano y padre le habían enseñado. Tan sólo recordar lo que acababa de contemplar lo hacía enrojecer de la rabia. En el pasado ellos habían vivido algo similar, el gobierno los había traicionado tantas veces que por culpa de ello su familia comenzó a perecer. Era una completa estafa y Sasuke no lo toleraría.
Matar a las personas era una carga pesada. Entendía que en ocasiones era lo indicado, pues lo había aprendido durante muchos años. Pero matar civiles no estaba dentro de su ética. Había visto los charcos de sangre y oído los gritos. El gobierno real estaba yendo muy lejos. No en vano había escalado en la milicia por años, él deseaba proteger su patria pero no quería que fuese así, cualquier ser humano que tuviera una pizca de empatía o de sentido común podría darse cuenta que masacrar a inocentes no era para nada correcto.
La ciudad estaba desierta cuando llegó. El ambiente estaba tenso y estaba más que seguro que uno que otro tirador debería estarle apuntando en este momento. Sasuke hizo andar en silencio a su corcel y camino entre las calles de Tours, sin la mínima protección.
Estaba loco si quería entrar a la ciudad así como si nada con completa impunidad. Su vida entera peligraba por lo que acababa de hacer.
El ruido de unos barriles caerse lo alertó y se aproximó rápidamente al callejón de donde había venido. Ahí se encontró con dos niños. El mayor se abalanzó contra el más pequeño y le cubrió con su cuerpo. Bufó al ver el uniforme de Sasuke y tomó una piedra para lanzársela rápidamente. Sasuke detuvo la roca en el aire y la lanzó lejos.
—No temas, no te haré daño.
—No soy estúpido. – escupió, mas no asustó a su caballo.
—Tengo miedo. – susurró el más pequeño.
—No te preocupes, yo te cuidaré. – los ojos del niño chispeaban furiosos y Sasuke comprendió que su postura no era la mejor.
—¿Dónde están tus padres?
—Está muertos. – vociferó.
—¿Quién cuida de ustedes?
—Nadie.
—Entiendo. – Sasuke se llevó una mano a la cabeza y rascó su nuca. —Debo hablar con los rebeldes, ¿Puedes ayudarme?
—No, nunca ayudaría a un cerdo como tú. – lentamente se levantó, aun aferrando al menor.
—Entiendo que no quieras. – Sasuke se inclinó sobre él. —Pero yo no soy como ellos.
—¡Lárgate de aquí! – estaba asustado.
—Lo haré. – Sasuke retrocedió con su caballo y salió de ese callejón. Más la cara de alguien conocido lo detuvo.
—¿Qué hace aquí, Coronel Uchiha? – Smoint y un pelotón completo le rodeaban. —¿Paseando?
—Copulel. – se apresuró a llevar una mano a su cintura.
—Nos parecería un poco extraño que un sujeto cómo usted haya a la ciudad, el General Alvar quiere saber por qué se fue tan molesto.
—Ustedes nunca me dijeron que harían tal masacre. – soltó finalmente Sasuke.
—No sé de lo que está hablando.
—¡No quieras pasarte de tonto, Copulel! – Sasuke desenvainó su sable plateado. —¡Matar inocentes así está mal!
—Es el progreso, Coronel Uchiha. Ellos sólo quieren frenar la voluntad del rey, nuestro papel en esta nación…
—¡Es proteger a los miserables! – rugió el joven Uchiha. —Velar por la justicia, ¿Esto te parece justicia? ¡¿Has visto la ciudad?! Todos huyen de nosotros, nos odian.
—Por favor, Coronel, ¿Me dirá ahora que nunca se había enfrentado a algo así? Toda la nación entera perece en pecado y miseria, todos son sólo una piedra en el camino para el verdadero futuro. Unos cuantos no valen nada.
—Eres despreciable. – siseó molesto.
—Se lo mostraré. – ante una orden muda cuatro soldados se dirigieron al interior del callejón, en donde estaban los niños.
—¡Espera, no lo hagas! – Sasuke se abalanzó contra los soldados pero un tiro fino y directo le perforó el hombro izquierdo, haciendo soltar su arma de filo. Automáticamente el grito de los inocentes aterrorizó a Sasuke.
—¡Ríndase, Coronel! – Smoint volvió a apuntarle con su arma.
—¡Está loco! – hizo que su caballo se lanzara contra él pero el fuego de las bayonetas contra el animal lo hicieron desplatarse y a Sasuke con él.
—No quería que esto terminase así, Coronel. Su perfil era tan bueno que pensamos que entendería lo que sus servicios requerían. – apuntó directamente en su cabeza. —Es una pena tener que desperdiciar una carrera tan brillante.
—Considéralo un honor. – Sasuke se paró firmemente, preparándose para el castigo por no haber actuado como esos desalmados.
Lo que escuchó a continuación fueron disparos, pero él no había recibido ninguno. Por encima de los techos de los edificios unos cuantos hombres armados con escopetas de pólvora comenzaban a disparar. Civiles rebeldes sin duda.
—¡Coronel Copulel! – gritaron los soldados mientras abrían fuego contra ellos.
—¡Disparen, disparen a discreción! – ordenó el oficial y entonces una bala perdida dio justo en frente de su caballo, Copulel cayó al suelo cuando éste relinchó y Sasuke supo que era su oportunidad.
Corrió en medio del tiroteo y se apresuró a salir de ahí.
—¡Maldito seas! – Smoint comenzó a disparar a las personas de los tejados. Más personas aparecían de entre las calles y comenzaban a lanzar piedras y pedazos de basura.
—¡Fuera, fuera de aquí! – gritaban los más pequeños. El Sabueso miró entre ellos y localizó a Sasuke, quien cruzaba justamente un puente para cruzar el rio.
—Ese malnacido. – Subió de nuevo a su caballo y comenzó a dispararle a los civiles para que lo dejaran pasar. —¡A un lado! – mató a una mujer y dos niños en el proceso. Se acercó lo más que pudo al puente y ajustó su puntería.
Le dio en la pierna izquierda a Uchiha y este se perdió el equilibrio para caer sobre el pavimento.
—¡Deténgase! – gritó un viejo que se aferraba al penacho de su caballo.
—¡Suélteme, estorbo! – le dio un balazo en la cabeza y la sangre brotó súbitamente. —¡Hombres, disparen a los civiles! – ordenó Smoint, debía alcanzar a Sasuke, quien parecía estarse levantando. Los soldados dirigieron sus cañones hacia la población quien comenzó a correr de un lugar a otro en medio del caos.
El Coronel Copulel intentó avanzar pero todos se empeñaban en parar a su animal. Llegó un momento en el que gastó sus balas y ya no fue capaz de avanzar. Los ojos de él y Sasuke se encontraron y sintió rabia cuando éste le dio la espalda y comenzó a avanzar a trompicones.
Sasuke se esforzó en mantenerse en pie, tenía que salir de ahí, debía encontrarse con alguien razonable y un médico. Estaba pro cruzar completamente cuando un dolor agudo le atravesó y la pierna que lo sostenía con anterioridad se desmoronaba sin más. Con sangre emergieron de su espalda, Sasuke cayó al rio repentinamente.
Todo se volvió negro.
Smoint miró azorado al lugar de donde había el tiro y contempló al General Alvar montado en su corcel militar, con una mueca de desdén en su rostro.
Inmediatamente llegó el resto de los soldados y las personas de la ciudad no tuvieron otro remedio más que huir del sitio, les ganaban en municiones y lo que menos deseaban era otra lucha a muerte contra los militares.
—¡General! – Smoint se acercó hasta él, su uniforme estaba lleno de sangre que casualmente no era la suya.
—No hay nada de qué preocuparse ahora, Copulel. – los ojos de aquel viejo eran tan fríos cual trozo de hielo. —Me deshice del traidor.
—¿Cree que debamos buscarlo?
—No, sería un desperdicio, que el maldito se pudra en su húmeda tumba. – hizo retroceder a su caballo. —Regresemos a la base, esto todavía no termina.
Exacto, estaba muy lejos de terminar.
…
—¿Dices que tu nombre es Sakura?
—Así es.
—Pero, si lo que dijiste antes es cierto… ¿Por qué no te haces llamar Eous?
—Es mi nombre, sí, pero me gusta más mi nombre propio.
—Es un poco inusual, ¿No es así? Suena humano.
—Es porque yo también soy humana.
—¿En verdad?
—Así es… hace mucho tiempo. Antes de la luz.
Continuará…
Quizá esté un poco enredoso, pero espero haberles causado una impresión adecuada. Este capítulo estuvo un poco al estilo de Les Miserables, pero creo que causé la impresión que quería. Muchas gracias por leer. Espero sus comentarios.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
