Volví y con un capítulo bastante largo. Para aquellos que lo pudieron, un capítulo SasuSaku al 100%, espero que lo disfruten, ahora veremos en el pasado de ambos para que entendamos cómo se conocieron.


-4-

Antes de la oscuridad.


Estaba lloviendo a cántaros. Las tinieblas y los relámpagos hacían un contrapunto memorable mientras los ríos se desbordaban. En medio del caos, de aquella tarde de finales de primavera, caminaba entre el lodoso suelo y afrontaba a los elementos al tiempo que se aferraba a una pequeña canastilla, una mujer solitaria.

De pronto el viento sopló desquiciadamente y la pequeña canastilla que portaba tan recelosamente cayó por un pequeño deslave hasta llegar a la orilla de un rio salvaje que parecía correr a su máxima capacidad. Los colores abandonaron el rostro de la chica al momento que vio caer su canasta por el lodo y de nuevo recuperó el aliento cuando ésta se detuvo a unos centímetros de la feroz corriente.

Respirando un poco más tranquila e ignorando lo peligroso de la situación se arriesgó a bajar lentamente entre la tierra y la humedad, hasta que finalmente estaba a unos centímetros… el alma abandonó una vez más su cuerpo cuando de la nada emergió una mano humana y la tomó de la muñeca con agresividad. La mujer retrocedió llena de pánico mientras forcejeaba para liberarse. Lentamente emergió de entre la espuma y fango el rostro de un ser humano y eso simplemente la hizo gritar. En medio del forcejeó la pequeña canasta alcanzó el agua y su miedo desapareció cuando se dio cuenta de eso, estiró la mano para tomarla antes de que fuera tarde.

Una mano desconocida la tomó antes de ser arrastrada por la corriente y la sostuvo con firmeza mientras que aquella que sujetaba su mano perdía fuerza. Ella, aterrada y agradecida tomó con ambas manos su brazo y haló cómo pudo hasta que finalmente sacó medio cuerpo, que por cierto pesaba más de lo normal por el limo y la ropa mojada. Respiró agitadamente se apresuró a quitarle la canasta, luego retrocedió temerosa, acababa de salvarle la vida a alguien, ese sujeto estaba tosiendo y se aferraba a la tierra para no ser arrastrado. Sintió pena por él y lo sacó completamente, el ambiente no ayudaba en nada, pero aun así lo intentó hasta que lo consiguió. Toda su ropa de lleno de lodo, ramitas y sangre.

¿Sangre?

Cayó de rodillas ante la sorpresa aquel hombre estaba malherido y aun así había luchado para salir de esa trampa mortal de agua. Le limpió la cara y le vio mejor, era un muchacho, quizá un poco mayor a ella, después observó sus heridas y se mordió el labio inferior, no podría cargarlo por mucho tiempo sin agotarse completamente y en realidad dudaba que pudiera subirlo por la pendiente resbalosa.

Observó al cielo y las gotas de agua se confundieron con sus lágrimas. De nuevo vería morir a alguien frente a ella y no podría hacer nada para salvarle.

—¿Por qué? – preguntó al aire con tristeza.

Cómo si su plegaria fuese escuchada el cielo se calmó, el viento dejó de soplar y el agua, a pesar de seguir su curso, pareció disminuir su fuerza. Ella contempló los pequeños rayos de sol que emergían de entre los nubarrones negros y al final, la luz de la puesta de sol le iluminó las mejillas. Sonrió, miró al hombre en su regazo y se limpió las lágrimas.

Sasuke despertó cuando sintió una agradable sensación de calidez por todo su cuerpo, se sentía reconfortante y muy agradable. Una vez que sus sentidos se agudizaron y logró percatarse del espacio y el tiempo reaccionó repentinamente, mientras se enderezaba como lo haría un animal salvaje acorralado y sin meditarlo dos veces tomó de las muñecas a la persona que estaba junto a él, pues había sentido su toque y eso le perturbó. La haló contra sí y sus ojos se enfrentaron, verdes contra negros.

Sasuke respiró agitadamente y el agua de aquella bañera se tiñó de más sangre, parpadeó un par de veces y contempló el rostro asustado de una hermosa joven, la cual, sin decir nada y con el pecho que subía y bajaba por el miedo, le causó vergüenza de sí mismo. La chica tenía un paño en una mano y en la otra un pequeño trozo de jabón. Sasuke la miró una vez más y la soltó lentamente. Ella se había empapado de la cintura hacia arriba, pero no dijo nada, ni siquiera le reclamó por su acto tan violento.

Sasuke se recargó hacía atrás mientras sentía el escozor de sus heridas. Le dolía la cabeza, tenía náuseas y se sentía afiebrado. Entonces se percató que estaba reposando en una tina caliente, con sólo su ropa interior, no supo cómo reaccionar a esto, más que enfrentarse a su anfitriona y seguramente salvadora. La chica estaba a unos pasos de la tina se estaba sobando sus muñecas e intentaba calmar su respiración.

—Lo siento… - musitó Sasuke, al tiempo que las fuerzas abandonaban su cuerpo. Ella negó en silencio para voltearse a él y tragar saliva, ahora que estaba despierto se le hacía más difícil ayudarle.

—¿Se… se encuentra bien? – su voz apenas pudo ser captada por sus oídos, la chica tenía un leve sonrojo en sus mejillas, realmente adorable.

—No. – profesó Sasuke, observó el agua teñirse de rojo. —Mis heridas sangran… me han disparado. – informó y la muchacha no pareció inmutarse.

—¿Es usted soldado? – era evidente, dado al uniforme que había portado anteriormente.

—Sí… - Sasuke le miró de soslayo.

—¿Lo hirieron… en una batalla? – apegaba sus manos a su pecho, con temor y pena.

—No. – susurró Sasuke. —Me dispararon aposta. – confesó, el único sonido en esa habitación además del de sus voces era el pequeño golpeteo de una gota de agua en un balde vacío.

—Ya veo. – ella se acercó de nuevo a él, un poco más confiada.

—¿Cómo te llamas? – preguntó Sasuke, estaba poniéndose cada vez más pálido.

—Sakura. – dijo sin más.

—Soy Sasuke. – sus ojos comenzaron a cerrarse. —Muchas gracias. – se desmayó. Ella se apresuró a tomarlo entre sus brazos y acomodarlo para que no se ahogase. Contempló la sangre en el agua y tragó saliva, tenía que sacar las balas y cerrar aquellas heridas o moriría desangrado. A parecer el proyectil no había lastimado ningún órgano vital, de lo contrario ya hubiese muerto.

Una vez limpió lo sacó de la tina y lo cargó como pudo. Dado que poseía conocimientos básicos en enfermería, gracias a su madre, logró atender sus heridas con rapidez, lo acostó en la mesa de la cocina, acomodó la luz de un pequeño candelabro de velas y registró su espalda, era donde más sangraba. Se ajustó un pedazo de tela en la frente y con la ayuda de una pinza que anteriormente perteneció a su madre, la bañó de alcohol y la introdujo en la carne malherida. Escuchó un gemido lastimero por parte de Sasuke y después observo un movimiento involuntario por parte de sus extremidades. Sakura estuvo buscando lo más profundo que pudo hasta que chocó con la escápula y el objeto, la cual estaba enredado en el músculo quemado, la tomó con firmeza y jaló delicadamente, inmediatamente se escuchó otro gemido y la bala cedió.

Se sorprendió sobremanera, ¿Con qué suerte correría este hombre para no morir por un disparo directo en la espalda? Si la bala hubiese tenido más potencia seguramente hubiera roto el hueso y atravesado al pulmón derecho juntó con uno que otro vaso importante. Se apresuró a hacer un poco de hemostasia y después a suturar. No solía hacer este tipo de cosas, generalmente era la ayudante, pero había visto a su madre hacerlo muchas veces, por lo que en teoría lo sabía.

Después dirigió su atención en la pierna izquierda del hombre, esa tenía parte del músculo gastrocnemio y soleo molidos por la pólvora y el fuego, sin embargo todavía parecían rescatables, es decir, con la rafia correcta podrían regenerarse adecuadamente y las fibras musculares volverían a servir, con desperfectos claro, pero al menos no perdería la pierna, o eso creía. Así que, de la misma forma que había hecho con su espalda buscó la bala, la sacó y se percató que la fíbula estaba rota, pero la tibia se conservaba ilesa. Metió los dedos y en un acto por demás medieval le enderezó el hueso manualmente. Seguramente si Sasuke estuviera despierto reventaría de dolor, pero ahora que estaba desmayado era más sencillo operarlo.

Corrió a buscar hilos para suturas y empleó los más resistentes que encontró, intentó unir los músculos y fascias destrozadas, fue un proceso tortuoso y que duró dos horas, pero finalmente logró estabilizar a su paciente. Le puso una pomada antibiótica con minerales como plata y un poco de alcohol médico. Estaba agotada, pero logró cargarlo a pesar de todo (en realidad lo arrastró) hasta una de las habitaciones de su modesta choza y lo acomodó en una cama. Sasuke estaba pálido y tenía la piel y la lengua seca. Rogó por que no cayera en un shock hipovolémico, de lo contrario no podía atenderle y moriría inevitablemente. Lo obligó a tomar toda el agua que pudo en su inconciencia, intentando hacerlo recuperar líquidos. Lo intentó varias veces, le humedeció los labios, le bajó la fiebre con paños húmedos y veló su sueño todo el tiempo.

Esa noche llovió mucho, más que en la tarde y Sakura, presa del cansancio pero con una linda sonrisa en el rostro durmió recargada en la cama.

El sol del nuevo día despertó a Sasuke mientras por la ventana se colaba un rayo de sol rebelde que sobrepasaba por las maltrechas cortinas. Sasuke parpadeó un par de veces y después giró un poco la cabeza, contempló a la chica del día pasado acostada de rodillas a la cama sobre el colchón y algunas mantas. Tenía una sábana de color gris sobre sus hombros. Contempló una pequeña vasija con agua y un trapo húmero colgado en la orilla de ésta.

Sasuke guío cuidadosamente su mano hasta ella y en un gesto demasiado humano y que creyó que jamás podría profesar, le acarició los cabellos con delicadeza, mientras, sin querer, pequeñas lágrimas se deslizaban por sus ojos. Era la primera vez en años que alguien era tan amable con él. Era por mucho, uno de los actos más desinteresados y hermosos que alguien pudo haber hecho por él.

Sakura se despertó ante la caricia y también se desperezó lentamente, cuando se percató de la mano sobre su cabeza se alzó para contemplar a Sasuke frente a frente y un gota de sudor surcó su frente, estaba nerviosa y de nuevo apenada. Sakura retrocedió y gracias a la manta en sus hombros perdió el equilibrio para caer de espaldas. Sasuke abrió los ojos sorprendido e intentó ayudarla, pero el dolor no le dejó moverse.

—¿Estás bien? – susurró preocupado.

—Sí, sí… - se apresuró a levantarse y alisar su ropa. Su vestido de algodón y manta estaba ligeramente estropeado, apreció algunas manchas de tierra y polvo.

Nadie habló por un momento, hasta que Sasuke suspiró se limpió las lágrimas con cuidado, pues apenas se había percatado de ellas.

—Te estaré eternamente agradecido, Sakura. – murmuró y la muchacha se estremeció.

—No… no ha sido nada. – se levantó cuidadosamente y caminó hasta la puerta que deba a otra zona de la casa, se llevó con ella la vasija. Regresó nuevamente con agua fresca en una jarra de barro y le sirvió en un vaso del mismo material. Se lo ofreció y Sasuke, quien luchó mudamente contra el dolor se enderezó para tomarlo. Se bebió todo, tenía demasiada sed. Sakura se dio cuenta de esto y le sirvió un poco más. El muchacho se acabó la jarra y cuando Sakura iba a levantarse por un poco más él la detuvo.

—Está bien así, Sakura, gracias. – ella se detuvo y lo miró sobre su hombro.

—¿Tienes hambre?

—No quisiera abusar.

—Por supuesto que no, en un momento traeré algo. – desapareció y en unos minutos regresó con una pequeña canasta. Sasuke la reconoció.

—Creo que soñé con tu canasta. – le dijo él, mientras la veía acomodar todo en una pequeña mesita a un lado de la cama. Haló una silla y se sentó mientras sacaba desde el fondo los productos. Sasuke observó una mermelada de fresa, una pieza de pan, mantequilla y un poco de queso. Sakura cortó dos rebanadas del pan en silencio, le untó mantequilla, mermelada y al final una rodaja de queso, la sirvió en un plato que estaba a su lado y se la ofreció a Sasuke.

—No es mucho, pero es lo único que puedo ofrecerte.

—¡Es más que suficiente! – resolvió sorprendido Sasuke, quien comió ávidamente el trozo de pan con especies. El sabor fue tan empalagoso que su paladar insípido casi lo rechaza, pero inmediatamente el contraste de lo salado del queso de cabra compensó la mermelada. Lo devoró en unos segundos, Sakura lo observó atentamente mientras comía con pequeñas mordidas.

—¿Quieres más? – ofreció ella amablemente.

—No, estoy satisfecho. – por más que quisiera era realmente penoso ser alimentado por una amable extraña.

—De acuerdo. – Sakura acabó de comer. —No soñaste mi canasta. – dijo cuando terminó. —No sé cómo, pero impediste que el rio se la llevara.

—¿Cuándo?

—Ayer… por la tarde.

—No puedo recordar nada.

—Oh… - Sakura miró sus manos en silencio.

—¿Qué tenías en esa canasta?

—Queso. – dijo con simpleza. —¿En serio que no tienes más hambre? – volvió a preparar otra rebanada de lo mismo y se la ofreció.

—En verdad no quiero ser una molestia, has sido muy amable conmigo, no podría pedir más.

—No te preocupes. – ella sonrió y Sasuke, por un instante observó luz en su expresión.

—Muchas gracias. – esta vez comió más lento. Sakura estuvo callada en todo el rato.

—Dijo que era un soldado, ¿Verdad? – dijo de pronto. —Pero… bueno, disculpe por eso, pero cuando iba a curarlo su uniforme se veía distinto a los soldados que se pasean por el pueblo.

—Soy Coronel. – explicó. —Mi uniforme tiene más insignias.

—Ah, entonces era por eso. – Sakura volvió a bajar la mirada.

—Sakura. – Sasuke tenía esta pregunta desde hacía un rato. —¿Vives sola? – ella asintió. —¿Dónde están tus padres y hermanos?

—Murieron. – contestó con una expresión cruda y triste.

—Lo siento. – dijo con pesar.

—Mis padres eran granjeros. – contó, como si quisiera desahogarse un poco. —Murieron hace tres días. – Sasuke se quedó impactado con eso, esa chica acababa de perder a su familia y ahora él le estaba dando más carga de la que debería portar.

—¿Puedo preguntar… de qué?

—Cólera. – dijo con simpleza.

—Ya veo. – Sasuke respiró pesadamente. —Lo lamento mucho.

—Gracias. – susurró. —Mi hermano mayor era soldado. – Sasuke prestó atención. —Pero murió hace algunos años, en una batalla.

—Entiendo. – Sasuke bajó la cabeza, no sabía qué decirle.

—Perdone, coronel, pero… ¿Cómo siente sus heridas? – ella rompió la tensión con esa pregunta.

—Mucho mejor, gracias por preguntar. Dime, ¿Tú me curaste? – ella volvió a asentir. —Eres increíble, muchas gracias. ¿Eres enfermera?

—No, pero mi madre sabía de estas cosas. Me enseñó todo lo que sé.

—Pues, has hecho un gran trabajo.

—Gracias. – se sonrojó. —Por cierto, coronel, ¿Necesita que llame a alguien para que pueda llevarlo a su casa?

—Por favor, llámame Sasuke.

—Oh, de acuerdo.

—No llames a nadie por favor, en realidad me gustaría que nadie supiera que estoy vivo.

—¿Por qué? – ella se escandalizó un poco.

—Como verás, fui atacado a propósito. Me hirieron por la espalda por… una discusión. – no se animaba a contar toda su historia.

—¡¿Por una discusión?! – Sakura se mostró indignada. —¡Que salvajes!

—En realidad es algo más que eso. No es un malentendido ligero, te lo aseguro.

—Puedo verlo. – su humor se había trasformado un poco, parecía que había más confianza entre ellos. Sasuke rio levemente. Sakura también se rio un poco. Después se levantó y acomodó las cosas en la canastilla.

—¿Irás a trabajar? – la observó apurada.

—Sí, tengo que alimentar a los animales y limpiar. Por favor, siéntase cómodo. – salió de la habitación y se puso a trabajar.

Dado que Sakura era la heredera de la tierra tenía que mantenerla, así que, sin perder tiempo, a pesar de su luto, se hizo cargo de manera formidable de la granja. Tenía gallinas y dos cabras. También un pequeño campo de hortalizas cercado por tablas y pedazos de hierro, en donde cultivaba zanahorias, papas y fresas. Algunas veces cultivaba un poco de col y en ocasiones contadas, si lograba conseguir las semillas tomates. Este año su madre había sembrado tomates y casualmente estaban en su punto.

Después de alimentar a los animales, barrer el corral y el gallinero, limpió las hortalizas, las regó con unas cuantas cubetas de agua y cortó los frutos que ya estaban listos. Acababa de terminar la temporada de fresas, por lo que había hecho mucha mermelada. También sacó algunas papas, tenía que escarbar mucho, pero era fácil cuando estabas acostumbraba a la vida del campo. Sacó zanahorias y acomodó la tierra para sembrar más. Limpió los vegetales y los dejó en remojo mientras iba a lavar ropa. No muy lejos de su casa estaba el río, así que juntó e hizo muchos varios viajes hasta llenar un enorme barril. Lavó la ropa, la cual no era mucha, contando la ropa de Sasuke.

Rápidamente entró a la casa, barrió el polvo, limpió los muebles y se dispuso a hacer el almuerzo. Sasuke estaba maravillado, nunca había visto a una persona, que no fuese soldado, hacer tanto trabajo físico y no quejarse por ello. Pero la realidad era que, si Sakura no se esforzaba en mantener la granja entonces todo se iría al garete y después de todo, era de lo que ella vivía.

Algunas veces iba al pueblo por algunas provisiones, entre ellas pan, harina, sal, azúcar y queso. A pesar de que sabía hacerlo, no contaba con lo necesario, por lo que compró un poco de queso y sal para después hacer ella. Sakura solía vender mermelada en el pueblo, sin embargo, el día de ayer no pudo vender nada debido a disturbios que duraron toda la tarde. Regresó, compró un trozo de queso con un viejo amigo de sus padres y cuando regresaba se topó con Sasuke en el río.

Sakura hizo una sopa de verduras para la comida de la tarde, así mismo sirvió dos vasos de agua y la llevó a Sasuke. Se veía agotada pero al menos el trabajo de ese día había terminado.

—Ojala pudiera ayudarte con algo. – le dijo Sasuke cuando la vio sudorosa y fatigada.

—No se preocupe, Sasuke. – colocó su plato de sopa en la mesa y se preparó para darle a Sasuke el suyo. —¿Cómo se siente?

—Mucho mejor, por favor, yo pudo comer solo. – volvió a enderezarse y tomó la comida. Ya era demasiado abuso de aquella pobre chica.

—Está bien. – Sakura se sentó en la mesa y comió en silencio.

—Está deliciosa. – dijo Sasuke.

—Gracias. – ella se sonrojó levemente.

—¿Cuántos años tienes, Sakura?

—Dieciocho. – contestó con algo de timidez. —¿Y usted?

—Veinticinco.

La conversación murió ahí. Sakura recogió los platos, los llevó a donde solía lavarlos y regresó con Sasuke. En todo el día el joven se la había pasado acostado, en veces se dormía, en otras simplemente miraba el techo de la habitación mientras su mente divagaba en la nada. Entonces pensó algo interesante. Estaba seguro que el General Alvar tendría buena puntería, así como que el disparo había sido lo suficientemente certero como para matarlo. Si era así, ¿Cómo podía estar vivo?

Sakura había conseguido cerrarle las heridas, como si fueran superficiales, a pesar de que las sintió muy adentro. Además, estaba el hecho de que había podido moverse por unos momentos, había visto varios soldados en el campo de batalla que perdía extremidades o morían a instante por las balas. ¿Por qué él no murió?

Era la pregunta del millón.

—Sakura. – ella prestó atención, estaba caminando hacia la cocina, pero se detuvo al oírlo. —¿Qué tan profundas eran las heridas?

—Llegaban hasta su hueso. – ella hizo una mueca.

—¿Qué pasa?

—Es que… pues, no sé cómo decírselo.

—Anda, habla con seguridad. – insistió Sasuke.

—A juzgar por el tamaño de las balas ninguna le dañó enserio, es decir, fuera de que le quemó los músculos y los rompió, sus huesos estaban sanos, un poco dañados, pero sanos. Bueno, a excepción de su pierna, creo que su peroné se rompió.

—Comprendo, ¿Entonces dices que mis huesos no se rompieron?

—Quizá le disparó de muy lejos o tuvo suerte. – ella se encogió de hombros.

—Tal vez. – Sasuke conocía la capacidad de las armas del ejército y no creía que un balazo de un arma militar pudiera ser tan inofensiva.

Sasuke miró sus manos, no era la primera vez que le disparaban, pero casualmente aquellas veces fueron bastante inofensivas; sólo rozones, nada serio.

—¿Puedo preguntarle algo?

—Claro.

—¿Tiene familia? – Sasuke entrecerró los ojos al momento que negaba lentamente. —¿Ni esposa o hijos?

—No. Me había dedicado a la milicia hasta hace poco. Nunca tuve tiempo de establecerme adecuadamente.

—Vaya. – Sakura miró el suelo un momento. —Me retiró, tengo que ir al pueblo un momento.

—¿Te irás? – Sasuke se sintió desconcertado.

—Regresaré enseguida. Descuide, no diré nada. – Sakura salió de la casa, cerró con candado y Sasuke quedó solo en ese lugar. Se recostó cómodamente y observó alrededor del cuarto. Estaban fotos de su familia y por un momento sintió pena por aquella dulce mujer. Había corrido con suerte, cualquier en su lugar le habría dejado morir, sobre todo en Tours, que parecían odiar hasta la médula a los militares.

Sasuke se quedó dormido después de un momento.

Así pasó el tiempo. Ambos se acostumbraron a la compañía del otro. Sakura dormía en su habitación y él en la de sus padres. Después de un mes de estar imposibilitado para andar, Sasuke comenzó a dar sus primeros pasos, se sorprendió al darse cuenta que podía sostenerse más de lo que pensó. La sorpresa fue mutua, pero creyeron que se trataba de suerte, o un milagro.

Como una forma de pagar su deuda con Sakura, Sasuke se puso a trabajar en la granja, al principio en lo que podía, pero lentamente pudo ocuparse de los trabajos más pesados de la granja. Le ayudaba a Sakura a ir por agua, también a sembrar y darle de comer a los animales. Cortaba leña y también se encargaba de limpiar la maleza que creía arruinando la tierra.

Pasaron seis meses y Sasuke estaba totalmente curado, sus capacidades físicas estaban mejor que antes, iba y andaba libremente por el campo, pero nunca se acercó a la ciudad. Sakura le dijo que desde el conflicto, del cual Sasuke había sido parte, la ciudad se había tornado más oscura y un poco peligrosa. Ella no corría tanto riesgo, pues no solía quedarse más que un rato, pero Sasuke siempre estuvo preocupado por ella. Temía que algún soldado idiota pudiera pasarse de listo con ella.

Con el tiempo los dos se conocieron, Sasuke, al no tener a donde ir le pidió la oportunidad a Sakura que darse con ella para poder pensar las cosas y después irse, lo que al principio creyó que le costaría sólo una semana se prolongó por más de seis meses.

—Necesitamos un poco de jabón, sal, pan y necesito llevar todo esto al mercado del señor Jos.- explicaba Sakura mientras enlistaba y Sasuke la observaba, acababan de desayunar y ella se disponía a ir al mercado.

—Déjame acompañarte, Sakura. – él tenía un mal presentimiento.

—Pero, si alguien del ejército te ve descubrirán que estás vivo y sería peligroso. – después de tanto tiempo juntos él le contó su historia.

—No te preocupes. – tomó un saco de su padre, una boina en donde escondió su cabello y una pañoleta, que la amarró a su cuello, ocultando parte de su boca, por si necesitaba pasar de incognito.

—Es un buen disfraz, pero no te preocupes por mí, estaré bien. Iré, dejaré las cosas en la tienda del señor Jos, compraré lo que necesitamos y volveré enseguida. – Uchiha la miró desconfiado. —Adiós, Sasuke. Por favor, dale de comer a los animales. – ella se fue tarareando una canción y Sasuke la miró partir.

Sakura se hallaba feliz ese día, a diferencia de Sasuke. Desde que el coronel estaba con ella no se había sentido tan sola. La muerte de sus padres la había devastado, cuando corría entre esa tormenta y se encontró con el cuerpo maltrecho del militar quiso huir, ahora se sentía orgullosa de haberle salvado la vida.

Se sonrojó.

La verdad es que, desde que Sasuke estaba con ella se sentía más animada. El sujeto era amable, disciplinado, acomedido y atento con ella. Por un momento fugaz, Sakura se permitió pensar en otro universo y la sola idea de ella junto a Sasuke, en un altar, mientras se juraban amor eterno la hizo colorearse de mil tonos de carmín. Sacudió la cabeza, era imposible que alguien como él se fijara en ella, muy pronto cumpliría los diecinueve; ciertamente ya no era una niñita, pero ellos eran de diferentes mundos y por más que lo deseara no estaban destinados a ser parte uno del otro.

Tal como siempre, Sakura llegó a la tienda del señor Jos, entregó las hortalizas, fue al mercado y compró lo que necesitaba. Ya era tarde, sería medio día y tenía que volver para preparar la comida, se había entretenido en la librería, pero supuso que Sasuke estaría preocupado por su tardanza.

Sakura caminaba por la acera mientras cargaba consigo lo que acababa de comprar. Cuando entonces, una persona pasó de largo a su lado y le tiró la compra. Ella hizo un mohín molesto y se volteó para enfrentar aquel hombre. Se topó con dos soldados de la armada.

—Oh, disculpe señorita, creo que rompimos sus tazas. – ella no se había dado cuenta, pero sí, habían roto las vasijas que acababa de comprar.

—¿Qué tenemos aquí? – dijo otro, mientras la inspeccionaba de arriba hacia abajo. —Es una preciosa jovencita, dime, ¿No te gustaría ir a la taberna conmigo?

—No, gracias. Con su permiso. – recogió las cosas y se apresuró a salir de ahí.

—Espera, espera. – uno de los soldados de sujetó de la muñeca y sus compras volvieron a caer, esta vez el frasco con la sal se reventó y las partículas del mineral se tiraron por doquier. —Oh, qué pena. – se lamentó falsamente el oficial.

—Por favor, suélteme. – miró alrededor, no había nadie que pudiera auxiliarla y para colmo, el sol se estaba ocultando tras grandes nubes. Después de todo, las lluvias del verano ya estaban pronosticadas.

—Vaya, la gatita tiene carácter. – comentó el otro, mientras se acercaba a ellos. Sakura continuaba forcejeando intentando quitárselo de encima.

—Debo irme, por favor, déjeme ir. – no quería sonar suplicante, en realidad estaba molesta, pero su educación como mujer era así.

—No te preocupes, dulzura, no te haremos nada… ¿O sí? – se miraron entre ellos y comenzaron a arrastrarla.

—¡Suéltenme! – gritó desesperada. —¡Ayuda! – esto iba más allá de un simple accidente o coqueteo. El cielo rugió precipitadamente y sus gritos fueron opacados por los trueno.

—¡Tráela aquí! – apuró uno de los soldados, mientras señalaba un callejón.

—¡No, ayuda! – sintió entonces un fuerte golpe en el rostro que la dejó aturdida. Volvió a recibir otra bofetada y cayó al suelo mojado por la lluvia que comenzaba a caer.

—¡No la mates aún! – regañó uno y Sakura se alarmó, iban a violarla y luego matarla.

—Ven. – el sujeto que la había sujetado al principio la tomó por los hombros y la arrastró a pesar de que luchaba por liberarse. La llevaron al interior del callejón. Le apuntaron con sus bayonetas y el objeto filoso la hizo retroceder.

—Ella no es del pueblo, vive en las afueras en una granja. – comentó uno.

—Entonces está sola. – Sakura les miró con odio. —Cambia esa mirada, dulzura, o seré malo contigo.

—Vete al demonio. – gruñó Sakura al momento que le escupía en la cara.

—¡Condenada perra! – le tiró un puñetazo pero Sakura, ignorante de la capacidad, se movió rápidamente para esquivarle y cuál fue su sorpresa que el soldado le dio de lleno a la pared de ladrillos del callejón.

—¡Mi mano! – la sostuvo dolorido.

—¡Ven aquí! – el otro la tomó de las muñecas y ella forcejeó de nuevo. El ruido de sus gritos eran casualmente opacados por la tormenta y mientras intentaban sublimarla, la gente no se daba por enterada.

Algo extraño pasó, Sakura comenzó a sentir un disparo caliente por todo su cuerpo, sostuvo la fuerza del soldado y pese a la diferencia de tamaños por algún milagro logró luchar contra la fuerza del hombre. El militar le miró sorprendido, estaba usando toda su fuerza y no podía doblegarla.

—¡Qué demonios…! – sintió que Sakura lo empuñaba y retrocedió un paso. —¡Que te dan de comer en esa granja! – vociferó al ver que la chica era igual de fuerte que él. Sakura no contestó sino que continuó empujando, lo haría retroceder por dominancia pura.

Hasta que sintió un dolor terrible en su abdomen, miró hacia abajo y sintió ganas de vomitar, no sólo por el dolor, sino por el sitio en donde tenía lesionado. El otro soldado le clavó la bayoneta justo en el abdomen, en el lado izquierdo y tras la herida, sintió que perdía todas sus fuerzas. Inmediatamente el hombre con quien estaba luchando recuperó el control y la tiró al suelo con violencia. Sakura llevó sus manos a la herida, la cual era profunda. Podía sentir el escozor en sus vísceras y también lo cálido de la sangre que brotaba sin descanso.

—Durara menos, pero terminemos rápido. – Sakura se sintió enferma, no sólo por el dolor, sino por la forma en la que moriría. Las sombras de los hombres se posaron sobre ella y esperó a que empezaran su tortuoso suplicio hacia la muerte.

Cerró los ojos para no ver, ya bastante tenía con intentar cerrarse la herida con sus manos y sentir cómo la sangre pasaba entre sus dedos. Pero nada pasó, en vez de eso escuchó un fuerte lamento y con ello unos brazos que la tomaban cuidadosamente. Abrió los ojos un momento, los soldados estaban tirados en el suelo, inertes. Se topó con el rostro de Sasuke, quien la sostenía firmemente.

—Sasuke. – musitó para perder el conocimiento.

En medio de lo que fue una senda de delirio y dolor, Sakura podía recordar los brazos de Sasuke alrededor de su anatomía, cómo la llevó aprisa a la casa y le quitó el vestido para ver la herida. Tenía destellos de lucidez en donde le decía a Sasuke en dónde estaban las cosas, en otros momentos simplemente observaba silueta y sentía mucho calor. Después… nada. Sólo oscuridad.

Cuando Sakura recuperó el conocimiento se encontraba en su cama, estaba limpia, con el abdomen vendado y Sasuke estaba a su lado con una mirada desgastada por el desvelo. Ella le sonrió levemente y Sasuke le tomó la mano para reconfortarla.

—¿Cómo te sientes? – preguntó deseoso.

—Estoy bien. – aunque dijera eso, los moretones en su rostro y la sangre que sobresalía un poco de su herida decían todo lo contrario.

—Debí matarlos, te juro que quería hacerlo.- apretó su mano entre sus dedos.

—Gracias por salvarme. – ella sonrió y después hizo una mueca de dolor, pues su rostro le pulsaba.

—Perdóname Sakura, debí ser precavido, debí llegar más rápido. – realmente se veía arrepentido. Ella negó discretamente con su cabeza.

—Lo importante es que estás aquí y me has ayudado. Gracias.

—Es poco comparado con lo que hiciste conmigo. – bajó la cabeza, aun sin soltar su mano.

—Te estaré agradecida siempre. – entonces hizo una mueca de lamento.

—¿Qué sucede?

—Perdí la compra.

—No te preocupes por eso, no ha sido nada.

—Es que, realmente necesitábamos sal.

—Yo me encargaré de ello. Por favor descansa, no hagas nada innecesario.

—Muchas gracias por todo, Sasuke. – ante su sorpresa el joven le besó la mano con cuidado.

—No ha sido nada.

Esa noche ella casi no pudo cenar, todo lo que comía lo vomitaba, el dolor y la herida en sus intestinos le impedía procesar bien la comida. También tuvo fiebre, así que Sasuke estuvo con ella toda la noche. A la mañana siguiente, parecía encontrarse mejor, pero se veía un poco demacrada. El muchacho no se apartó de su lado más que para hacer lo necesario, ella era más delicada que él, necesitaba más atención.

—Sasuke. – Sakura preguntó una vez que él regresó de la cocina con agua.

—¿Qué pasa? – se sentó y le acercó el vaso para que bebiera.

—¿Cómo supiste que yo estaba en problemas?

Sus miradas se cruzaron por varios segundos, hasta que Uchiha desvió su mirada y contempló el agua en el recipiente, como si fuera lo más interesante del mundo.

—No lo sé. Simplemente… lo sentí.

—¿Lo sentiste?

—Así es. – volvió a mirarla. —Sentí que estabas en problemas. Algo en mi interior me lo dijo.

—Ya veo. – Sakura no dijo más. El repiqueteo de una gotera acompañaba el momento.

—Sakura. – la voz de Sasuke causó un eco en su alma. —Quiero… decirte algo. – ella le miró atenta. —Desde que te conocí… he sentido una calidez tremenda en mi pecho. No puedo explicarlo, simplemente está ahí. Anteriormente siempre me sentía abrumado, como si una inmensa oscuridad me rodeara todo el tiempo… pero a tu lado, siento que estoy libre de esa oscuridad.

—Sasuke. – estaba atónita.

—Cuando tuve el presentimiento de que estabas en problemas pude ver un rayo de luz en medio de aquella tormenta y lo seguí. Cuando vi a esos sujetos intentado dañarme sentí ira y desalación. Quería matarlos, Sakura. Jamás había sentido la necesidad de hacerlo… era como si la muerte misma me tentara a ejecutarlos. – apretó su mano entre las suyas. —Es la primera vez que me siento así. No sé qué hacer. Es como si una inmensa oscuridad, una ola de maldad se encendiera en mí y cuando estoy contigo… - la miró intensamente. —Se esfuma.

Ella no sabía que decir, permaneció en silencio un momento y entonces sonrió.

—Cuando estoy contigo. – dijo de repente y Sasuke agudizó sus oídos para escucharle. —Cuando estoy contigo me siento invadida de una sensación reconfortante, no sé cómo explicarlo, simplemente no me siento sola. Al morir mis padres creía que moriría de tristeza, pero cuando te encontré en ese río… sentí la necesidad de ayudarte. Tú haces que dentro de mí se cree una sensación de calidez, no sé qué es, pero es como si intentara reconfortarme… y eso me causa mucha felicidad. – sonrió tristemente. —Pero tú y yo somos de mundos diferentes, no sé si…

—Estamos conectados, Sakura. – le interrumpió Sasuke. Ella sintió tantas ganas de llorar. —Tu luz es lo único que puede disipar mi oscuridad… y mi oscuridad es lo único que puede protegerte.

—Sasuke… yo no sé qué decir.

—No te preocupes. – se acercó repentinamente a ella y de un momento a otro le besó delicadamente, la muchacha se sonrojó violentamente y le correspondió con timidez. Por ese momento el dolor desapareció sin dejar rastro. —No es necesario que digas nada, porque entre nosotros las palabras sobran. – Sasuke sonrió, era una hermosa sonrisa.

—Te quiero. – confesó ella, aún sonrojada.

—Yo también… - ya no podía ocultarlo.

La oscuridad se enamoró de la luz y ésta le correspondió con la misma intensidad.

Continuará…

¿Que les pareció? A mi me encantó, de hecho, lo escribir de un sólo tajo. Disculpen los errores, la verdad es que escribo tan rápido que mis manos bailan en el teclado y en algunas ocasiones no me doy cuenta de los errores.

Espero que este capítulo lo hayan disfrutado, me encantó en lo personal.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.