Un capitulo muy largo para una audiencia que esperó pacientemente. Espero que este capitulo les guste mucho pues practicamente tiene todo el drama que un capítulo de Yume no Kaze puede ofrecer. Pido disculpas por la tardanza, en verdad que ha sido un poco dificil por todo lo que ha pasado, pero fuera de todo, muchas gracias. Favor de disfrutar.


-5-

Perfecto.


Sasuke despertó temprano ese día. Hizo algo de té, preparó el desayuno y se lo llevó a Sakura, quien todavía descansaba, no así preparó una bandeja con agua tibia y toallas limpias para el proceso de curación. Según su experiencia, las heridas debían limpiarse diario con buen asepsia para que no se infectaran, así que es lo que iba a hacer en este preciso momento.

Sakura se despertó ante el sonido del muchacho, quien movía y acomodaba objetos a su alrededor. No dijo nada hasta que él se dio cuenta que estaba despierta. Se le acercó inmediatamente y le dio los buenos días con un cálido beso en la frente, la chica se sonrojó automáticamente ante esto.

—Buenos días. – soltó para pasarle la taza de líquido caliente.

—Buenos días. – ella la tomó con cuidado y observó al lado de su cama una silla con un cobertor encima. —¿Te dormiste aquí? – le dedicó una mirada penosa.

—Quería estar al pendiente de ti.

—Pero, debió ser incómodo.

—No importa. – le pasó una hogaza de pan con jalea. —Come, hice algo de sopa también por si quieres.

—Te lo agradezco mucho, pero creo que no es buena idea que coma tanto. – dijo mientras tomaba el té.

—¿Me permites revisar tu herida? Debo lavarla.

—Claro. – sin pena, Sakura se quitó los cobertores y le mostró la herida, la cual, por alguna razón agradable había dejado de supurar. Sasuke la descubrió cuidadosamente y cuál fue su sorpresa al darse cuenta que la herida estaba totalmente limpia y en un proceso de cicatrización avanzado. No había palabras para explicar aquello.

—¿Sucede algo? – Sakura no estaba viendo, pero le extrañó el silencio de Sasuke.

—No, es que… - cuando se alzó para verla de nuevo a la cara se percató de algo que al principio no había notado. —Sakura, tus moretones, no están. – tocó su rostro cuidadosamente, la chica no chistó, evidentemente no había dolor.

—¿Hablas enserio? – ella se llevó la mano a su mejilla y tal como Sasuke había dicho no sintió el dolor del tejido dañado. Sin decir otra cosa corrió la vista a su herida. —Está… cicatrizando. Pero, ¿Cómo? Fue una herida profunda, se supone que no debería…

—¿Cómo te sientes? – Sasuke no podía desprender su mirada de la cicatriz.

—En realidad… me siento bien. – al principio todavía estaba perezosa, pero ahora que la somnolencia había pasado tenía la mente despejada.

—Esto es extraño. – Sasuke se sentó en la silla al lado de la cama y se llevó una mano al rostro. —Ninguna persona sana tan rápido, jamás he visto algo parecido.

—Tengo miedo. – contestó con total sinceridad la chica y el muchacho intentó destensarse. —¿Me paso algo malo?

—No. – dijo seguro. —Sea cual sea el motivo que tu cuerpo pueda regenerarse rápido es un milagro, Sakura. – le sujetó el rostro, ella seguía cohibida. —Será mejor que tomemos esto de la mejor manera. Descansa, aunque tu cuerpo se recupere velozmente no significa que debas estar de pie, ¿Qué te parece si por hoy sigues en la cama?

—Está bien. – ella se relajó.

—Termina tu comida, iré a hacer las labores. – Sasuke salió de la habitación.

Una vez sola Sakura inspeccionó de nuevo su herida. No podía entender lo que le pasaba a su cuerpo, estaba tan asustada como fascinada. Llevó un dedo a la herida, esperando lo que fuese y claro, el dolor de un tejido de granulación sensible la hizo apartarlo inmediatamente.

Se recostó y respiró para calmarse. Pensó por minutos en ocasiones pasadas en las cuales este extraño "poder" la hubiera amparado antes. Al cabo de un rato cayó en cuenta de algo. Durante toda su infancia nunca se lesionó de gravedad, de hecho, uno de los pocos accidentes que pudieran haber cobrado su vida nunca fue letal y ni ella, ni su hermano mayor, quien estuvo presente pudieron explicarlo.

Sakura sólo tenía cinco años, ella y su hermano jugaban a la orilla de un rio cuando de pronto una serpiente que dormitaba bajo una roca emergió siseando, Sakura gritó asustada y su hermano, quien estaba al otro lado intentó llegar rápido para rescatarla. La desgracia fue tal que la serpiente mordió a Sakura tan rápido como había salido, su hermano la golpeó con un palo y la mandó a las aguas del feroz cauce.

Inmediatamente tomó el brazo de su hermana e intentó succionar el veneno. La niña no paraba de llorar, pues admitía que su brazo ardía cuan brasa. Después de succionar lo más que pudo el chico la alzó para llevarla a la casa, una vez que llegó sus padres no estaban, Sakura estaba dormida y creyó que pronto el veneno terminaría por matarla. Cuál fue su sorpresa que al cabo de dos minutos, en los que él intentó pedir ayuda y cuando finalmente su padre, quien llegaba de los cultivos respondía, Sakura estaba sonriente y sin marca alguna en su bracito.

Su hermano se ganó un golpe en la cabeza por parte de su padre argumentando que había sido una broma de pésimo gusto. El chico estaba anonadado y le pidió explicaciones a la niña, la cual, simplemente se encogió de hombros y continúo jugando con una muñeca. Aquella anécdota se había perdido en las memorias de Sakura por años, pero era real. Todavía recordaba la sensación de hormigueo y quemazón que carcomía su piel gracias al veneno; así como el alivio repentino que de un segundo a otro sintió, y cómo la marca de la mordida desaparecía sin dejar rastro.

Entonces pensó algo descabellado pero cierto. La epidemia de cólera había matado a su familia, ¿Por qué a ella no? Sakura había estado junto a los enfermos y bebido de la misma agua, ¿Por qué la bacteria no había hecho estragos en su sistema gastrointestinal? ¿Por qué sólo ella sobrevivió? La verdadera respuesta yacía en un profundo rincón de su alma que ni ella misma conocía.

Conforme avanzaron los días Sakura se recuperó totalmente, ahora que ya estaba mejor podía dedicarse a la granja. Cuidaba de los animales y levantaba la cosecha, en cambio Sasuke realizaba el trabajo más duro, reparaba los muebles y limpiaba la mala hierba. A la hora de hacer las compras él la acompañaba celosamente.

Así pasó el tiempo, los dos se convirtieron en una pareja que a la vista del pueblo eran marido y mujer, dado los roles que desempeñaban, pero entre ellos las cosas iban con parsimonia. Sakura estaba enamorada de Sasuke y él de ella, pero ninguno de los dos tenía el valor de llegar más allá de unos simples besos.

Una noche, lluviosa por cierto, Sakura estaba a un lado de la estufa de leña, estaba tejiendo un lindo suéter y se le veía muy feliz mientras tarareaba una canción. Sakura llegó cargando algunos trozos grandes de madera. Los dejó en el cajón al lado de la estufa y se sentó junto a Sakura, estaba empapado y dejó salir un aire de cansancio.

—¿Estás bien? – la chica le miró un momento para después seguir con lo suyo.

—Sí, un poco cansado. – Sasuke se recostó en la madera del piso, con los brazos extendidos.

—No te tires ahí, te vas a resfriar.

—Tranquila, estoy bien. – pero un estornudo arruinó su gallardía.

—Te lo dije.

Sasuke sólo hizo una mueca y gruñó. Sakura sonrió para dedicarse a lo suyo más tarde.

—¿Por eso me haces un suéter? – Sakura se sonrojó levemente y después asintió. Le mostró la prenda casi terminada.

—Con esto no te enfermarás.

—Sabes que nunca me enfermo.

—Quien sabe, siempre hay una primera vez.- cortó el estambre y tomó otro carrete. —Yo tampoco me enfermo, pero no por eso significa que tú tampoco.

—¿Ah no? – Sasuke se levantó y le quitó lo que estaba tejiendo y la abrazó repentinamente, toda la humedad en su cuerpo pasó al de Sakura y ella tembló de frio.

—¡Sasuke! – intentó quitárselo de encima, pero el muchacho la sujetaba más fuerte. Repentinamente, un calor excepcional se instaló entre los dos y la ropa de Sasuke se secó tan rápido que pareciera que nunca se hubiera mojado. Los dos guardaron silencio por lo que había pasado. Sasuke soltó lentamente a Sakura, mas no se separó del todo. Los dos miraban atónitos sus ropas.

—Ejem, quizá…

—Por favor, no lo hagas. – Sakura detuvo lo que sea que él fuese a decir. Desde que los dos estaban justos cosas extrañas pasaban. Lo primera había sido la regeneración tisular de Sakura, era increíble la rapidez con la que había sanado de aquella puñalada. Después de eso otras cosas pasaron, cosas pequeñas pero aun así inexplicables; y Sasuke, de alguna manera, intentaba darles una lógica.

Por ejemplo, hacía dos semanas Sakura estaba cerca del río, llenaba los cantaros con agua y repentinamente había resbalado con los dos recipientes en manos, lo más lógico hubiese sido que ella soltara los cantaros y se inclinara para mantener el equilibrio, pero, por pura terquedad los sostuvo firmemente en sus brazos y los lanzó tan lejos que las vasijas se destrozaron contra el suelo a unos cien metros de ahí.

Sakura estaba anonadada, nunca en su vida había tenido tanta fuerza como para lanzar dos recipientes llenos y tan pesados tan lejos. Sasuke, quien la vio le dijo que posiblemente se trataba de un disparó de adrenalina, por tal motivo tuvo la capacidad de hacer aquel lanzamiento que mataría de enviada a cualquier atleta que lanzara martillo.

Aunque desconfiada y no del todo convencida, Sakura aceptó esa explicación. Pero esto, era simplemente ilógico; la ropa no se puede secar tan rápido, aunque sus cuerpos se calentasen sólo una temperatura arriba de los 45° pondría secar la ropa velozmente y no en segundos.

—Vamos, Sakura, no creo que debas molestarte. – Sasuke la sujetó de la cintura. —Creo que fue conveniente, ¿Ya ves? Así no me enfermaré.

—¿Pero no te asusta? – le miró preocupada. —A mí sí.

—Creo que es impresionante, pero no es malo.

—Oh, Sasuke, jamás me había pasado esto. – colocó su mejilla en su pecho. —¿Te dije… que a pesar de que mis padres enfermaran de cólera yo nunca presenté los síntomas? – el muchacho asintió. —Vivíamos donde mismo, comíamos lo mismo, tomábamos la misma agua, ¿Por qué yo no enfermé? ¿Por qué no me envenenó aquella serpiente cuando niña? ¿Cómo es que pude lanzar aquellos cantaros llenos de agua sin esfuerzo?

—No lo sé, pero sea cual sea la razón es un don, Sakura.

—¿Lo es? – no parecía convencida. —¿Y si esto se trasforma en algo malo? ¿Qué tal si sólo es el inicio de algo horrible?

—No tiene por qué serlo.

—Pero…

—Shh. – la calló colocando un dedo en su boca. —Todo va a estar muy bien, descuida.

—¿Me lo prometes? – él se había convertido en su pilar. Llegó un momento en el que Sakura simplemente no podía ver su vida sin Sasuke.

El joven la tomó de ambas mejillas y le besó dulcemente. La chica le correspondió con la misma intensidad y al tiempo un gran calor se esparció por todo su cuerpo. Esa calidez invadió a Sasuke, quien sintió el impulso por tomarla de la cintura y alzarla, Sakura rio y se sujetó del cuello del muchacho. Volvieron a besarse, esta vez con más intensidad y continuaron esa danza hasta que se toparon con la cama.

Sasuke la recostó suavemente y Sakura sintió que mariposas revoloteaban en su estómago. Le miró nerviosa.

—Sasuke, yo no sé si…

—Tranquila. – el chico le acarició una mejilla y besó su cuello. —Puedes confiar en mí. – tras decir esto los ojos de Sakura se nublaron de deseo, su cuerpo entero vibró en respuesta y le abrazó fuertemente, el rostro del muchacho quedó entre los pechos de la chica, de pronto el pudor fue eliminado por una onda caliente y extrovertida.

—Lo hago. – promulgó. Le besó intensamente y Sasuke le correspondió.

Inmediatamente sus manos volaron a la espalda de ella, para desatar aquel molesto vestido que osaba irrumpir su acceso al paraíso. Besó cada centímetro cuadrado de su piel, dejó un camino de saliva conforme avanzaba, encendiendo más y más el calor dentro de sus cuerpos. Sakura llevó sus manos a la espalda de Sasuke, tocando y memorizando cada forma y silueta que su piel marcaba para ella. La espalda, tan tosca y musculosa, producto del trabajo campirano, fascinaron sus sentidos conforme Sasuke besaba sus pechos.

Ella se aferró a su cabello cuando el joven comenzó a succionar sus pechos, causándole gemidos desesperados y excitados, colmando los oídos de Sasuke de la más erótica melodía. Desesperado por escuchar más llevó sus manos a la ropa interior de la chica, el vestido se había deshecho desde hace rato y la porcelana de su piel era tan tersa a su tacto que incitaba al hombre a ir más allá de lo permitido. Sakura separó un poco las piernas y él introdujo furtivamente sus dedos por encima de la tela de las bragas.

Sakura dio un respingo al sentir los dedos del muchacho frotarse contra su intimidad, pero a pesar de que era una experiencia nueva para ella, disfrutó hasta el más mínimo segundo las caricias que Sasuke le propinaba. Pronto, y sin saber exactamente cómo y cuándo, Sasuke le había bajado por completo la ropa interior y ahora sus dedos acariciaban su clítoris con premura y sensualidad. Aun así no dio tregua, continuo haciéndola gemir mientras lamia y succionaba sus pezones. Sakura se convulsionó ante sus caricias, se estremeció entera cuando el orgasmo golpeo cada una de sus células.

Respiró agitadamente mirando el techo de la casa, por fuera, el sonido de la lluvia y los relámpagos la acunaban en una danza de placer y fatiga. Sasuke se había quitado el resto de su ropa y pasó una mano por la nuca de ella para atraerla a él y poder besarla de nuevo. Aunque Sakura estuviera muy cansada respondió con la misma intensidad, cuando sintió que sus sexos chocaban entre la humedad y su calor, su corazón se disparó.

—Shh, tranquila. – Sasuke besó suavemente su cuello y labios, distrayéndola por lo que vendría, y justo cuando Sakura respondió con inocencia a la demanda de sus labios, se introdujo en ella de una sola estocada. La chica gimió dolorosamente y clavó sus uñas en el muchacho. Sasuke dejó su beso y le miró, aquel rostro contrito le hizo sentir culpable, quizás hubiese sido mejor que le avisara.

—Está bien. – como si le hubiese leído el pensamiento, Sakura respiró profundamente mientras sus paredes se amoldaban a él. —Ya estoy bien, ya… - dejó salir todo el aire acumulado en sus pulmones, el dolor cesó muy rápido y se preparó para recibir sus estocadas.

—¿Segura?

—Sí. – le miró con sinceridad y Sasuke supo que todo estaría bien.

Embistió lentamente al principio para que ella se acostumbrara, pero como si hubiese accionado alguna clase de botón especial, Sakura jadeó desesperada y extasiada, pidiendo más y más a cada instante. Sasuke tomó los talones de la chica y los colocó en sus hombros, las embestidas fueron más profundas y placenteras, que Sakura no encontraba de donde aferrarse. Las sábanas se arrugaron ante sus dedos, los cuales se cerraban con fuerza ante los movimientos certeros del Uchiha.

Los gemidos se convirtieron en gruñidos y después de gritos de placer, Sakura jamás se había sentido tan llena en su vida y cuando sus paredes se movieron alrededor de la longitud del muchacho arqueó su espalda junto a la potencia de aquel orgasmo. Sasuke gruñó el respuesta y tocó el cielo con los dedos cuando ambos fueron transportados por aquel placer tan inaudito.

Cayó sobre ella, agotado. Tuvo cuidado de no aplastarla y se recostó a su lado, se acomodaron justos, Sakura recostó su cabeza sobre el pecho de él y Uchiha, aun agitado, correspondió a su gesto abrazándola por la espalda, pegándola lo más posible. Lentamente sus respiraciones se acomodaron y los dos quedaron en total silencio.

Sakura acariciaba en silencio los pliegues de sus pectorales con las yemas de sus dedos. Estaban tan ensimismadas que no se percató de la intensa mirada que le profesa el muchacho.

—¿Qué? – le miró por un segundo, timorata.

—Eres hermosa. – ella se sonrojó notoriamente.

—Gracias. Tú también eres hermoso.- rápidamente volteó la cara, se sentía abrumada.

—Gracias.

De nuevo se implementó un gran silencio entre los dos y fue Sasuke quien rompió el silencio.

—Sakura, ¿Te casarías conmigo? – aquello la desarmó por completo.

—¿Qué? – le miró sorprendida, pero a diferencia de su rostro impactado Sasuke sonreía.

—Que si quieres ser mi esposa. – reiteró. —¿Por qué no? Tú me amas, yo te amo, funcionará. – jamás había estado tan convencido antes.

—Me encantaría. – contestó casi inmediatamente.

—¿Enserio?

—Claro que sí. – se acercó a sus labios y le besó con inocencia.

—Te haré muy feliz. – el correspondió.

—¿Lo prometes?

—Para toda la vida.

Así, con esa promesa casta y encantadora los dos prometieron hacer una boda. Tal vez no una muy lujosa pero si lo suficientemente linda para hacer de esa promesa un momento inolvidable.

Pero, para ello era necesario trabajar y juntar dinero. Lo que ganaban con la cosecha y lo que Sakura producía en jalea no sería suficiente, así que compraron una vaca lechera y comenzaron a vender más productos relacionados. Aunque no estuvieran unidos en matrimonio, Sasuke y Sakura se comportaban a la vista de todos como una pareja de recién casados. Cada tenía deberes, Sasuke por ejemplo, se levantaba muy temprano, alimentaba a los animales e iba al pueblo a vender la leche en una gran lata de aluminio que habían conseguido.

Era una mañana, casi mediodía, y Sasuke regresaba del pueblo tras vender la lecha. Dado que la casa estaba rio arriba, el muchacho tenía que caminar cerca del cauce y por tanto en ocasiones tenía que cruzar cantiles resbalosos.

Cargaba con la lata vacía, pues este había sido un día exitoso y el dinero para su nueva vida no llegaría solo. Iba entusiasmado hasta que llegó a un enorme canal de paredes altas con rotas enormes alrededor. Este había sido una salida vieja del rio en épocas pasadas y aparentemente ahora lo seguía siendo sólo en periodos de inundación.

Como si un sexto sentido se activara en Sasuke un mal presentimiento atravesó su pecho cuando sintió la tensión en el aire. Actuó tan rápido haciendo gala de sus habilidades físicas. Lanzó lejos la lata de aluminio, que era perforada por una bala salida de quien sabe dónde, se lanzó al suelo y se arrastró lo más veloz que pudo. Más disparos emergieron detrás de las grandes rocas y Sasuke intentó memorizar los sitios claves. Finalmente llegó a una roca, la cual parecía segura y se sorprendió así como actuó rápido, tomó a un soldado del cuello y le dio una serie de puñetazos hasta que lo dejó inconsciente. Rápidamente le quitó las armas y se colocó en posición.

Automáticamente una lluvia de balas atentaron contra la roca en la cual se protegía. Observó atentamente el terreno y saltó a la tierra mientras disparaba en el acto, mató a uno de los soldados que le rodeaban cuando éste intentaba recargar su pistola. Los demás soldados se alteraron y uno corrió al encuentro con Sasuke, pero el muchacho, siendo un experto militar, atacó al raso y le dio una patada poderosa en el estómago, el chico sintió que su bayoneta era arrebatada de sus manos y un disparó en el cuello le quitó la vida.

El último soldado del escuadrón disparó de un sitio oculto y una de sus balas rozó a Sasuke, quien se lanzó al suelo y disparó la bayoneta hasta que el eco causó el silencio del bosque. De un momento a otro el soldado se decidió atacar, fue cuando Sasuke se aprovechó a atacarle y le voló el arma de la mano de un disparó perforándole los tendones en el acto. El joven militar se retorció de dolor y para cuando se dio cuenta Sasuke estaba a su lado, apuntándole a la cabeza.

—¿Quién te envió? ¿Cómo sabían dónde encontrarme? – vociferó molesto Sasuke.

—Yo lo hice. – cuando sintió el cañón de la pistola de Copulel en su nuca dejó ir al muchacho. Sasuke se giró lentamente para ver al viejo Coronel Copulel.

—Copulel. – Sasuke le miró sorprendido y furioso.

—Habíamos escuchado rumores de un hombre cuya descripción cabía perfectamente en usted, Coronel Uchiha. Jamás imagínanos que nuestras sospechas serían ciertas.

—¿Y qué quieres de mí? Ahora que descubriste que sigo con vida, dudo que esto sólo sea un saludo.

—Estás en lo cierto, he venido para llevarte ante la justicia.

—No me hagas reír. – Sasuke atacó imprevistamente, le propinó un buen puñetazo en la cara a Copulel y le quitó el arma de un solo movimiento, mas, apoyado por su soldado, el chico de antes intentó golpear a Sasuke con la punta de su bayoneta, éste esquivó el ataque y le dio un codazo en la cara, dejándole la nariz rota y la oportunidad de escapar. Corrió unos metros y Copulel le disparó justo en el hombro, Sasuke sintió el dolor emerger desde su carne palpitante y se giró en el aire antes de desplomarse para dispararle en la cabeza al Sabueso.

Copulel cayó, Sasuke se levantó lleno de adrenalina y se acercó a él aplastándole el pecho con su pie. Le había destrozado la oreja izquierda, pero Copulel seguía vivo. El arma de juego que Sasuke sostenía en su mano le apuntaba directamente al rostro, Copulel le miró de soslayo, incapaz de mover la cara por el dolor de su herida.

—Hasta aquí, Copulel. – jadeó Sasuke, su hombro le dolía enormemente.

—Creo que te subestime, Coronel. – susurró Copulel.

—Es obvio. – Sasuke miró alrededor, había derrotado a un escuadrón el solo y a un Coronel experimentado, toda una hazaña. —Pero no puedo permitir que te vayas de aquí con vida, Copulel.

—Es una pena. – una nueva voz alertó a Sasuke, pero su reacción fue más lenta de lo que hubiera deseado. Una bala traidora lesionó su rodilla derecha en un flash y todo el paso de su cuerpo cayó al suelo inmediatamente. Sasuke se giró para ver a su atacante y sus ojos se abrieron al identificarlo. Pues ahí, montado sobre su corcel preferido el General Alvar acababa de atacarle por sorpresa.

—Alvar. – murmuró, jamás pensó que él mismo se inmiscuiría en un emboscada como esta.

—Es usted el soldado más sorprendente que he conocido, Coronel Uchiha. – se acercó con su caballo, sin dejar de apuntarle. —¿Por qué no deja esa arma para después? – le disparó en la mano y se la inutilizó. Sasuke se retorció. —Así está mejor.

—Bastardo. – gimió Sasuke.

—Me ha sorprendido, Coronel. Estaba seguro que las heridas que le había provocado serían su ruina, pero ahora me doy cuenta que no importa cuántos agujeros le deje, es muy resistente. Tal vez, confié demasiado en la naturaleza, es decir, cualquiera que haya recibido tanto daño no podría haber sobrevivido, ¿Cuál es su secreto?

—No sé de qué me habla. – cerró los ojos aguantando las oleadas de dolor en su cuerpo.

—Bien, como sea. – Alvar miró a Copulel. —¡Arriba, Copulel! Sólo fue un rozón, no es momento para holgazanear. ¿Están todos los hombres muertos?

—No lo sé, señor. – Copulel se levantó con cuidado. —¡Repórtense! – sólo dos hombres, malheridos por cierto, se levantaron a duras penas para reunirse con los altos mandos.

—Vaya, es usted muy agresivo. – comentó Alvar a Sasuke al ver las lesiones de sus soldados. —Lo llevaremos al cuartel en donde haremos su ejecución. Un traidor a la patria, por orden gubernamental debe ser ahorcado. ¿O me equivocó?

—El único traidor a la patria aquí eres tú, Alvar. Matar inocentes sólo por capricho no es el papel del ejército real, deben proteger a su pueblo.

—No intente sermonearme, Coronel Uchiha, sólo hago lo mejor para el ejército y para el rey.

—Pues está cometiendo un error. – Sasuke fue alzado por los hombres para ser llevado al cuartel.

—¿Qué importa lo que usted diga? Después de todo, los hombres muertos no hablan y yo estoy conversando con uno.

—General. – Copulel habló mientras veía al frente del camino. —Tenemos compañía.

El temor de Sasuke se disparó cuando contempló a Sakura de pie frente a ellos, se le veía temblorosa pero valiente, pues había corrido justo al tiroteo pensando lo peor, cuestión que se había vuelto una realidad.

—Oh. – Alvar apreció a la chica de pies a cabeza. —¿Puedo ayudarle en algo, señorita? – se acercó con su caballo y Sakura retrocedió un paso.

—Disculpe pero… ¿Qué está… sucediendo aquí? – sus ojos se encontraron con los de Sasuke, quien tenía la mirada tan miserable que pareciera que fuese a darle un ataque. Si Sakura rebelaba que él y ella tenían una relación la matarían a su lado.

—Nada, nada, sólo atrapando un criminal, no tiene por qué angustiarse. – Alvar, galante y presumido no notó la mirada de angustia que la mujer le profesaba a Uchiha.

—¿Acaso lo conoce? – pero Copulel sí. Sasuke le miró alarmado y negó rápido y discreto, para que Sakura se diera cuenta que no era buena idea admitir aquello.

—Yo… - sus palabras temblaron en su garganta. —Jamás lo había visto. – por dentro sintió ganas de explotar en llanto. Lo que veía era más que claro, Sasuke estaba herido, aquellos hombres eran miembros del ejército y lo más probable es que lo iban a matar.

—Vamos, Copulel. – el problema de Alvar con las mujeres era que era demasiado complaciente con ellas. —Lamentamos los inconvenientes señorita y que haya tenido que ver esta escena. El prisionero será trasladado al cuartel para cumplir con su sentencia.

—¿Sen-Sentencia? – era lo que más temía.

—Claro, es un traidor y ya sabe lo que hacemos con los traidores. – rio entre dientes. —Bien, si me disculpa. – arreó a su caballo y los hombres espesaron a moverse. La mirada de Sasuke se cruzó con la suya por última vez. El Uchiha estaba malherido y sería llevado a la horca. Sakura cayó de rodillas al suelo y se sostuvo el rostro, el camino de sangre que su amado dejaba era también un sendero de horror que no podría borrar con sus lágrimas.

La tarde estaba cayendo cuando los preparativos estaban hechos. Sasuke estaba atado con cadenas de manos y piernas. Los pesados grilletes sólo fueron un adorno para su agotado cuerpo, pues la pérdida de sangre y sus heridas eran tan graves que era un milagro que no hubiese muerto antes de ser trasladado a la horca. Lo sostenían dos soldados, dado que no podía mantenerse en pie.

Todo el cuartel estaban para presenciar aquello, formados frente al gran estado, Sasuke miró repetidas veces a los hombres que él había formado.

—¡Caballeros! – fue Alvar quien habló, puesto que estaba al frente y vestía su mejor gala. —Me alegra que estén aquí para presenciar lo que vendrá a continuación… - Sasuke dejó de escuchar lo que Alvar decía, pues mucha de la basura que salía de su boca le eran indiferentes.

Miraba agotado y jadeante a los soldados, quienes no parecían estar dispuestos a ayudarle. El final era más que obvio, jamás creyó que moriría en la horca, siempre se había imaginado muriendo en batalla o algo así. Miró el cielo y se distrajo contemplando las blancas nubes que eran movidas por el aire fresco de primavera. Pensó en Sakura y en cómo estaría en este momento. Lo más seguro era que estaría llorando inconsolablemente su muerte. Maldijo mudamente su tragedia, y pensar que en el momento más feliz de su vida tendría que partir para nunca regresar.

El destino podía ser muy cruel a veces.

—¡…Por eso, tal y como dictamina la ley expedida por el poderoso rey de Francia, me complace entregar a las alas de la justicia este criminal! – la atención de se concentró en Sasuke, cuyas piernas temblaban de cansancio.

—Sólo un poco más, Coronel, ánimo. – dijo uno de los soldados y se sorprendió al verle los ojos rojos de impotencia.

—Lo sé. – susurro Sasuke e hizo un esfuerzo más por mantenerse despierto.

—¡No! – un grito desgarrador detuvo a Alvar cuando estaba a punto de ir donde el verdugo para que jalara la palanca y el sostén de sus pies se abriera para dejar caer a Sasuke a la muerte mientras la cuerda de su cuello se tensaba.

Sasuke abrió los ojos asustado, el pánico llenó su corazón cuando Sakura emergió de entre las filas de los soldados y corría apresurada a la plataforma. Nadie hizo nada por detenerla.

—¿Qué hace esa mujer aquí? – Alvar alzó ambas cejas incrédulo.

—¡General, por favor no lo haga! – gritó la chica, todavía lejos. —¡No lo mate, no lo haga!

—Sujeten a esa mujer. – ordenó Copulel y los soldados a su alrededor tomaron de los brazos. —Pensé que había dicho que no lo conocía. – inquirió el coronel mientras se acercaba a ella con parsimonia.

—¡Copulel! – rugió Sasuke. —¡No te atrevas a tocarle un solo cabello! – como si una voraz sensación hubiese nacido de su interior, el dolor físico no le valieron a Sasuke para amenazar al coronel.

—¿Y qué si me niego? – sujetó a Sakura del hombro, ella forcejeó pero la retuvo.

—¡Miserable! – Sasuke jamás había estado tan molesto en su vida.

—¡Oh, ya entiendo! – aulló Alvar. —Sasuke, muchacho, no me digas que esta mujer y tú… ¡Que hilarante! – no podía parar de reír.

—Por favor, piedad… - Sakura estaba angustiada y la valentía que había reunido acababa de desaparecer.

—Lo siento, mi dulce florecilla, pero este hombre tiene cargos con la justicia, así que se una buena chica y quédate quieta. Verdugo proceda.

—¡No! – una fuerza sobrehumana nació de Sakura, quien se quitó de encima a los hombres que la tenían sujeta. Jamás esperaron eso de una mujer tan frágil. Ella corrió hasta Sasuke con toda la fuerza de sus músculos.

—¡Copulel! – demandó Alvar al ver el escándalo. El Coronel sacó su arma y le apuntó a Sakura en las piernas, no gustaba de matar mujeres a menudo ya había hecho suficiente en el pueblo la vez pasada. Así que disparó en las piernas de Sakura y le destrozó el gastrocnemio de la pierna izquierda, la chica cayó al suelo a unos menos de la plataforma.

—¡Sakura! – Sasuke se removió entre sus cadenas y los hombres que lo sostenían.

—¡Sasuke! – pero fuera de todo pronóstico Sakura todavía intentaba llegar hasta él.

—¿Todavía puede moverse? – Copulel le disparó en la cadera y ella se retorció de dolor.

—¡No, basta! – Sakura estaba siendo acribillada frente a él y no podía hacer nada. Sasuke se removió, como si las heridas de su cuerpo no importaran.

—Sasuke… - reprimida por el dolor Sakura se arrastró hasta él. Copulel ya le estaba apuntando nuevamente.

—¡No, por favor, no lo hagas! – gritó Uchiha, presa del terror.

—Sasuke… - Sakura alzó una mano hasta él, sin poderlo alcanzar.

—Sakura. – no pudo evitar que lágrimas de terror e impotencia surcaran sus ojos.

—Sasu… - su voz fue cortada de golpe cuando un disparo llegó desde la plataforma y le perforó el cráneo. Sakura cayó completamente al suelo, sus cabellos rosas se mancharon de rojo y el alma de Sasuke se destrozó junto a esa escena.

Todos miraron a Alvar con su pistola alzada y todavía humeante. Sasuke le miró incrédulo, con su expresión destrozada.

—Esto se estaba saliendo de control. – comentó. —Ya no es divertido, acabemos con esto. – haló la palanca y la plataforma se abrió por debajo, Sasuke perdió el equilibrio y su cuerpo entero quedó colgando en el aire, siendo la cuerda lo único que lo mantuvo colgando cuan péndulo.

La asfixiante muerte le empañó la vista, era eso o las lágrimas de ver a la mujer que amaba morir. Su cuerpo entero se convulsionó por la falta de oxígeno y se dejó ir en un oscuro sueño. Todo se volvió negro para él, lo único que lograba escuchar eran los latidos de su moribundo corazón. ¿Por qué pasaba esto? ¿Por qué tenía que morir de esa forma? ¿Es qué no podría hacer nada?

Sintió un abrazo cálido y misterioso sobre su piel, era la muerte, la sensación de pesadez que había sentido cuando se estaba ahogando fue eliminada por completo y se apoderó de él una sensación parecida a flotar. Luego, se percató de un olor delicioso, como el de las flores. Intentó abrir los ojos pero cuando lo hizo sólo había oscuridad. Todo estaba absolutamente oscuro y no podía ver nada, ni siquiera sus manos frente a él. Movió sus brazos y se dio cuenta que podía, así que intentó apoyarse en algo y plantar sus pies, pero no pudo, seguía flotando.

—¿Esto es la muerte? – susurró para sí.

—Sí, hijo mío. – una voz sombría le respondió, su cuerpo entero se tensó, pero después se relajó, sin saber por qué.

—¿Quién eres? – preguntó, cerrando los ojos, abandonándose a sí mismo.

—Soy un reflejo de tu alma. – dijo aquella voz. —He estado esperándote por mucho tiempo. Bienvenido a la tierra, hijo.

—¿Hijo? – Sasuke volvió a abrir sus ojos. —¿Esto es el cielo o el infierno?

—No, hijo mío. – entonces tras una pausa se materializó ante él una gran fuente de luz que dejó blanco su alrededor por completo y después, de su sombra nació una enorme esfera negra que se fundió con la luz del cuerpo, ante él se dibujó la silueta de un ser demoniaco que no supo identificar a primeras.

—¿Qué está pasando?

—Nuestra era comenzará. – susurró aquel ser y entró en su cuerpo por su boca.

Ya hacía unos segundos que el cuerpo de Sasuke había dejado de convulsionarse ante la presión de la cuerda.

—Bájenlo, le daremos sepultura a estos ingratos. – ordenó Alvar, mientras bajaba las escaleras de la plataforma.

—Sí, señor. – los soldados que había sostenido a Sasuke hasta su último aliento se prepararon para bajar el cuerpo, pero no pudieron. Automáticamente cuando lo tocó éste empezó a vibrar y a contornearse nuevamente, como si estuviera vivo. Todos los presentes miraron la escena con los ojos abiertos, pues un grito desgarrador emergió desde lo más profundo de Sasuke.

—¡¿Qué demonios…?! – Alvar regresó la vista asustado.

De la boca de Sasuke y cada poro de su piel emergió una neblina oscura que se esparció por toda la plataforma. Los hombres se alejaron inmediatamente. De pronto su pierna dejó de gotear y sanó como si nada la hubiese herido. Los brazos de Sasuke estaban limpió de cualquier daño y aunque sus ojos estaban cerraros, el chico movió los miembros repetidas veces.

—¿Qué es esto… una posesión demoniaca? – lloró un cabo que estaba cerca.

—¡Guarden la compostura! – pidió Alvar, pero la verdad es que estaba tan asustado que no podía moverse.

Sasuke abrió los ojos y emitió otro sonido de su boca, pero ésta vez fue muy similar al de una bestia. Tenía los ojos en blanco y aquella bruma negra no dejaba de emanar de él. Lentamente recuperó control en sus extremidades y ante la mirada atenta de los cadetes estiró sus brazos y rodillas hasta romper los grilletes. El iris de los ojos del muchacho se tiñeron de rojo y aros negros con manchitas negras mostraron una mirada digna de un demonio. Llevó sus manos a la soga que sostenía su cuello y la rompió con fuerza bruta. Sasuke cayó en la madera de la plataforma y le tomó unos segundos en levantarse en sus dos pies. Miró a todos lados con un evidente deseo de sangre y encontró a Alvar a unos metros de ahí.

—Alvar. – murmuró una voz ronca y pastosa. Caminó donde él, aquella oscuridad lo rodeó todo el tiempo.

—¡Fuego! – ordenó Copulel, presa de la incertidumbre. Los cadentes sacaron sus armas y dispararon al unísono, pero no pudieron herirlo, pues las balas desaparecían en aquella aura negra que emergía de Sasuke.

—¡Atrás demonio, atrás! – Alvar disparó varias veces y el resultado fue el mismo, retrocedió y cayó al suelo.

—Morirás. – susurró Sasuke, cuya voz estaba totalmente modificada.

—¡General! – Copulel entró en el juego cargando una bayoneta, pero antes de siquiera tocarle, Sasuke tomó la navaja del instrumento y lo dobló sin sufrir el más mínimo corte. El Coronel Copulel quedó sin aliento, pues inmediatamente Sasuke le tomó del cuello y lo alzó sobre su cabeza. El hombre, asustado y presa del agarre pataleó y forcejó lo más que pudo, mas no le soltó.

—Por favor… no lo hagas. – musitó Copulel, cuando el apretón aumentó de intensidad. Más que apelar su lado misericordioso Sasuke mostró sus dientes en una mueca iracunda y terminó por destrozarle la columna cervical con una fuerza sobrehumana. Dejó caer el cuerpo de Copulel, el cual no poseía vida ya.

Tomó a Alvar de la ropa, que se arqueaba desesperadamente intentando huir. Sasuke alzó una ceja al ver su esfuerzo y mientras el anciano forcejeaba con él estiró una mano hacía atrás y ajustó sus dedos listo para apuñalarle, Alvar quedó tieso, sus ojos engarzados con los del muchacho. Sasuke bajó el brazo con rapidez y justo cuando todos estaban listos para ver la sangre de Alvar correr, en vez de eso, se quedaron pálidos y con la boca abierta.

Una par de manos se enfundaron alrededor del antebrazo del muchacho y lo detuvieron de dar su golpe mortal. Los ojos funestos de Sasuke miraron a intruso con afán de despedazarle, pero su expresión cambió inmediatamente cuando se dio cuenta que se trataba nada más y nada menos que de Sakura. La chica estaba cubierta de un halo resplandeciente y misterioso, quedó admirado cuando al parpadear un par de veces ella seguía a su lado.

—Sakura. – su voz distorsionada se suavizó al nombrarla.

—Por favor, Sasuke, detente, no más, no sigas matando, por favor. – estaba aferrada a él y con lágrimas en los ojos. El muchacho parpadeó un par de veces, aquella energía oscura que se despedía de sí comenzó a aminorarse hasta desaparecer por completo, sus ojos rojos se hicieron negros y profundos, como de costumbre, soltó el agarre que tenía en la ropa de Alvar y el viejo cayó al suelo aún catatónico. Nadie alrededor se atrevió a mover ni un músculo.

El jade y negro se encontraron en una mirada suplicante e incrédula. Sasuke tomó el rostro de la chica entre sus manos, le acarició las mejillas y besó su frente.

—¿Cómo es posible? – no tenía ninguna marca en el rostro, nada de sangre, su pierna y cadera estaban sana, todo en ella se había curado.

—No lo sé. – dijo ella en un mar de lágrimas. —Tuve un sueño muy raro.

—Yo también. – de pronto las palabras salían sobrando entre ellos, unieron sus labios en silencio y tras esa unión sagrada su atmosfera se trasformó.

Cuentan los presentes que tras aquel acto de amor los dos se llenaron de luz y oscuridad, la cual emergía desde sus cuerpos. Alas inmaculadas, en blanco, dorado y negro emergieron de sus espaldas y fueron envueltos por aquellos elementos para desaparecer en medio de una ráfaga de viento.

Nadie sabía que frente a ellos se presentaba la siguiente generación de Perfectos. El nacimiento de los guardianes del equilibrio, la luz y la oscuridad, acababan de reaparecer en este mundo para comenzar su era.

En cuando a Alvar, se retiró del ejército, pues quedó tan cambiado después de ese encuentro que jamás volvió a hablar más de lo necesario. Dicen por ahí, que se jubiló y quedó a vivir en una vieja cabaña en el bosque, donde nadie pudiera interrumpirlo y ahí, de la forma más silenciosa posible acabó con su vida en una horca, tal y como él había obligado a Sasuke.

El ruido ensordecedor de la nieve y el viento soplar al unísono llenó la cueva en donde ambos se encontraban. El sonido de una respiración espesa junto a una ligera adornó aquella tempestad. El fuego, casi extinto brilló por última vez para apagarse con la entrada de una corriente de aire helado. Naruto abrió sus ojos de repente y se levantó para sentir un terrible dolor de espalda y cuello. Se llevó las manos a su cuello y tocó su piel, sorprendiéndose de lo fría que estaba. Era una suerte que hubiese despertado, porque de lo contrario hubiera muerto congelado.

—¿En dónde estoy? – parpadeo un par de veces y se dio cuenta que la oscuridad era tan espesa que no vería más que las brasas de la fogata.

—Sigues vivo. – un escalofrió recorrió su cuerpo al escuchar la voz seria de Necrosis, el perfecto de la oscuridad yacía a su lado.

—Necrosis. – Naruto le miró admirado, jamás imagino encontrárselo ahí, a su lado. —¿Qué pasó? ¿Por qué estoy aquí?

—El templo donde estabas se derrumbó.

—¿Tú me salvaste? – no obtuvo respuesta. —Supongo que debo agradecerte.

—¿Encontraste lo que buscabas?

—Sí. – Naruto agachó la mirada. —Sé la identidad del Creador ahora. También sé lo que debo hacer. – miró de soslayo al gran perfecto, cuya armadura negra se fundía con las umbras de aquella cueva. —¿Tú lo sabías, no es así? – Necrosis sólo le miró, sus ojos rojos emergieron desde las profundidades de la bruma negra que emergía entre las rendijas de su casco y yelmo.

—No era mi responsabilidad decírtelo. – le volteó el rostro.

—Entiendo. – Naruto suspiró. —He tenido un sueño muy interesante. ¿También lo has tenido tú? – de nuevo no obtuvo respuesta. —¿Ahora fingirás que no me escuchas?

—Ya que sabes lo que debes hacer. – cambió el tema. —¿Qué harás?

—No es fácil decirlo que hacerlo. – apretó los puños. —Necrosis, llévame a Giza, debo encontrarme con Hinata. – el perfecto le miró de soslayo.

—¿Sabes lo que eso significa, verdad? Si te llevó a Giza entonces tu destino quedará marcado… y también el mío.

—Lo sé. – Naruto apretó los ojos.

—Ella está aquí. – susurró Necrosis, mientras se levantaba.

—¿Ella?

—Sí… - miró al exterior de la cueva, la tormenta estaba arreciando.

Mi querida Sakura.

Continuará...

Un poco de la historia pasada entre Sasuke y Sakura, pronto revelaremos como esta pareja tan amorosa se convirtió en la representación del fin de una era. Gracias por leer, espero sus comentario.

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Yume no Kaze.