Un capitulo lleno de revelaciones pero no las suficientes. Aunque no lo crean esta es una de las historias más complejas que he ideado, y no sólo por que el concepto de los Perfectos sea algo que haya hecho desde que tenía 15 años (actualmente tengo 22) y haya pulido con el paso del tiempo, sino que plantear tantas cosas al mismo tiempo lleva cierto grado de dificultad. No así, espero que este capítulo sea de su agrado. Por favor, disfrutad.


-8-

El elemento del deber.


Naruto cayó de espaldas cuando Sasuke lo empujó lejos de él. Uzumaki se levantó rápidamente y encaró al Perfecto con un sentimiento muy parecido a la ira, estuvo tentado a gruñir presa de la desesperación, pero los ojos del Uchiha, totalmente fijos en su rostro, con aquel yelmo que no dejaba de emanar una espesa niebla y miles de preguntas por venir, le hicieron retenerse un poco.

—¿Por qué? – fue lo único que logró articular Naruto una vez que se tranquilizó.

—Era mi destino. – profesó Sasuke, mientras se alejaba de él y se recostaba en las frías paredes de aquella caverna. Lo había traído de vuelta al mismo sitio del que habían partido, aún olía la leña quemada y la piel del conejo que había cenado el rubio hacía apenas ayer.

—¿Destino? – el muchacho carraspeó. —¿Te volviste loco? ¡Casi destruyes por completo la capital! ¡¿Matar inocentes en un fuego cruzado es tu deber?! ¡¿Estás de broma, Sasuke?!

—¡¿Cómo es que sabes mi nombre?! – el revuelo que el chico estaba causando se detuvo estrepitosamente cuando el Perfecto lo tomó del cuello y lo alzó unos centímetros sobre su cabeza.

El príncipe pateó sorprendido y después se calmó cuando comprobó que no le estaba estrangulando sino sosteniendo. Pasó saliva y dejó escapar una exclamación dolorosa. Sasuke entendió la indirecta y lo dejó caer a sus pies.

—Yo… - aclaró su garganta antes de hablar. —Pues yo… - le dirigió la mirada y ambos se encontraron, esta vez no fue Malvolo quien le miraba acusadoramente, sino el mismo muchacho que una vez había sido coronel a la orden del ejército real.

—Jamás mencioné mi pasado a nadie. Desde que me volví un Perfecto, sólo Sakura lo sabía.

—Lo sé. – el rubio se sentó y con él su compañero. Antes de poder explicarle algo le contempló enteramente. —Te ves peor de lo que pensé, por fuera no pareciera que…- se detuvo al verle agobiado.

—La oscuridad es el elemento de los secretos. – soltó con simpleza.

—Pensé que de la malicia.

—¿Qué? – por primera vez se carcajeó. — Que pensamientos tan retrógrados tienes de la oscuridad… la oscuridad no es sólo maldad, la oscuridad es protección, es esoterismo, es lo desconocido. Sin la oscuridad, entonces no existirían los secretos. – Sasuke acababa de dejar sin palabras a Naruto.

—Vaya, no lo veía de esa forma.

—Por supuesto que no. – Sasuke chaqueó la lengua y dejó que su nuca tocara las paredes forradas de hielo. Estaba por amanecer en aquella tundra y él tenía mucho sueño. —La humanidad nunca entenderá el significado de un contexto hasta que lo aprende a la mala o la buena. Al igual que la muerte no significa un final, sino también un comienzo. Cada que algo muere ese ser forma parte de lo que tú llamas universo y se convierte en simiente de algo más.

—Ya veo. – Naruto asintió, intentando comprenderlo.

—Ahora dime, ¿Cómo es que conoces mi nombre humano?

—¿Tu nombre humano?

—Los Perfectos abandonamos nuestro nombre humano cuando nos convertimos. – explicó con brevedad.

—Lo soñé. – confesó. —Simplemente.

—¿Soñaste mi pasado?

—Sí, lo hice. – aceptó. —Vi lo que fuiste antes y cómo tú y el Perfecto de la luz se convirtieron en lo que son ahora. – frunció el ceño. —No sé por qué pasó esto, pero fue así.

—Creo saberlo. – suspiró dolorosamente y más sangre brotó de su herida abierta.

—Cielos, tenemos que curarte esa herida.

—No es necesario. Mi cuerpo sanará eventualmente más rápido que un humano promedio. – Sasuke se cruzó de brazos y se colocó en posición de loto. —Te decía… - suspiró. —Esto es porque eres un descendiente de Won.

—¿Won? – Naruto alzó una ceja. —Conozco ese nombre, ¿No estarás hablando del mismo Won "El Sabio", o sí?

—Sí.

—¡No puedes hablar enserio!

—Naruto. – Sasuke gruñó, cansado de su espontaneidad que lo cansaba tanto.

—Lo siento, lo siento. – juntó las manos al comprender su reproche. —¿Pero cómo es que yo…?

—Es simple. Antes de que Won se convirtiera en un sabio fue un hombre como tú. Vivió una vida difícil en medio de una época de guerras hace 600 años.

—No puedo creerlo – Naruto parpadeó anonadado.

—Won fue una de las personas que poseyó el Creador.

—¿Una de las personas? ¿Existieron más?

—Claro que sí. – Sasuke le miró malhumorado. —No sé por qué me molesto en hablar contigo, idiota. – era la primera vez en más de mil años que Sasuke demostraba esa familiaridad con alguien más que no fuera Sakura.

—Discúlpame… - dijo sardónico el rubio. —Pero yo no he vivido mil años como tú.

—Sólo cállate. – gruñó el moreno e intentó tranquilizarse, sus heridas sangraban aún, por lo que dado al frio y a su hipovolemia terminaría por perder más que los estribos. —Has algo de provecho y enciende fuego. – recriminó Sasuke. —Tengo frio. – aclaró.

—Sí, tienes razón. – Naruto fue a hacer lo que le había pedido y al cabo de unos minutos los dos tenían una cálida llama frente a ellos. Sasuke asintió complacido. —Continúa por favor, desde que llevo conociéndote es la primera vez que aceptas comportarte tan amable, Malvolo; ¿O debería llamarte Sasuke?

—A estas alturas me da igual. – suspiró cansado.

—Entonces, ¿Quieres seguir?

—Won… - dijo tras una pausa. —Won fue la última persona en poseer el Creador antes de que fuera encerrado en ese escudo.

—Ahora que lo mencionas… – Naruto asintió recordando la forma en la que había conocido a Sasuke.

Todo había pasado en una tarde de verano, cuando Naruto había encontrado en medio de los tesoros del castillo de su padre una increíble armadura junto a un hermoso escudo que estaba guardado bajo llave en un cofre que terminó por abrir presa de la curiosidad. Al momento de verlo ahí, en medio de la oscura habitación, su poder hipnótico terminó por apoderarse de Naruto, haciendo que éste se hiriera a propósito y dejara caer su sangre sobre un hermoso rubí que adornaba el centro del escudo. Luego de una escalofriante liberación el Perfecto de la Oscuridad se manifestó frente a Naruto en carne y hueso.

—La razón por la que pudiste liberarme fue porque portabas la sangre de Won. Eres uno de sus descendientes y estaba dicho que la sangre de sus hijos lograría liberarnos a Eous y a mí.

—Temo que no conozco esa historia. Mi madre me contó de Won como un héroe que detuvo una gran guerra, pero jamás me dijo que había sido una especie de brujo.

—No digas tonterías. – Sasuke volvía a verlo con desdén. Su vista se enfocó en el fuego. —Creo que te lo diré desde el principio. Sakura y yo hemos luchado varias veces en el pasado. Antes de que Won existiera peleamos por lo menos tres veces más… Dime, ¿Qué es lo último que sabes de mí?

—Sé que Sakura y tú se conocieron en una tierra pestilente y antigua, se enamoraron y fueron asesinados por el gobierno de dicha era. – decir esto terminó por revolver el estómago de Naruto. —Sé que murieron y renacieron en lo que son ahora, así que lucharon antes y tú terminaste por traicionar a tus congéneres.

—No los traicioné, no al menos como tú lo ves. – Sasuke suspiró, supo que no valía la pena excusarse con Naruto, porque quizá no comprendería sus motivos.

—Sé que tenías fuertes motivos, pero no me son claros… por ello no pienso juzgarte más de lo que crees.

—Nuestra primera pelea la tuvimos en Escocia, una tierra extinta, al menos su nombre. Apuñalé a Sakura para dejarla fuera de mi camino, no por que quisiera matarla en ese momento, sino porque tenía que acabar con otras cosas primero antes de enfrentarme a ella. – Sasuke no sabía por qué, pero sentía que por cada palabra que decía ante Naruto, una parte de su alma descansaba.

—¿Y que era tan importante como para que hicieras eso? – notó el desapruebo en su voz, mas no le importó.

—Mi deber. – Naruto contempló los tristes ojos de Sasuke y cómo el odio, el amor y la venganza que supuestamente había visto en su sueño se transformaba en algo desconocido. El rostro de Sasuke yacía vacío ante él y eso le dejaba un mal sabor de boca.

—No comprendo.

—No espero a que lo entiendas. – dijo él. —Pero cada Perfecto se crea con ayuda de sus memorias pasadas. – suspiró para después apretar los puños, su sangre seca estaba aferrada a su blanca piel. —El destino trazado para mí era tan claro que no pude engañarme. Escucha, la oscuridad es una entidad misteriosa, pero afortunadamente pude comprenderla desde que era un niño. Mis memorias me lo decían a menudo, tras ver lo que habían hecho mis ancestros supe que era una verdad total.

—¿Exactamente cuál era tu destino?

—Yo era el final de una era. Cada Era de Perfectos, se inicia con un rayo de luz y termina con oscuridad, es decir, un apagado final. Por años intenté comprender lo que mis sueños y visiones me enseñaban, hasta que logré hacerlo.

—¿No estás siendo muy duro contigo mismo?

—Si yo no lo era nadie lo sería conmigo, Naruto. Comprender tus responsabilidades es parte de la madurez del espíritu. – ante esto el chico se estremeció y Sasuke pareció leer su mente. —Algo que evidentemente no hiciste.

—Ni tú. – contradijo. —No puedes culparme de algo que sabes de sobra. ¿La amas no? Lo sigues haciendo con tanta intensidad que no pudiste soportarlo y…

—Sí, la amo. – lo interrumpió. —Pero eso no significa que deba ignorar lo que tenía que hacer. – la mirada castigadora de Sasuke fue un tormento para el rubio. —Sakura lo sabía, desde el principio, es sólo que es demasiado terca para aceptarlo.

—¿Sobre tu "destino"? ¿Te importaría ser más claro conmigo?

—Sakura es todavía una inmadura y tú no te diferencias mucho de ella. Su actitud la hace débil y ella se empeña en continuar así. Podrá luchar como un monstruo, tener un carácter horrible, pero muy dentro sigue siendo la misma mujer que conocí. – apretó los dientes y sintió que estaba hablando de más, Naruto lo sospechó.

—Por favor, no te pauses. Créeme, no creo que sea malo para tu alma dejar ir lo que te agobia de vez en cuando. En estos momentos no estoy hablando con Malvolo, el Perfecto, sino con Sasuke, el humano.

—Eres muy sentimental, idiota. – sonrió por una efímera porción de tiempo y luego se resignó. Si esta era la única oportunidad que le daba la vida de soltar todo aquello que por siglos llevaba clavado tan dentro de su alma; que incluso llegaba a doler, entonces estaría bien decir todo lo que no había podido en tiempos pasados. —Mi destino, como te lo dije antes, era acabar con la Era. Es decir, que yo nací para matar a mis compañeros en algún momento.

—Oh, cielos. – Naruto tragó saliva cuando escuchó aquellas palabras tan llenas de dolor.

—Por eso Sakura intentaba evitarlo, ella lo sabía y aun así quiso evitarlo. Pero yo sabía que hacerlo sería una pérdida de tiempo. La primera vez no maté a Sakura porque quería pelear contra mis otros compañeros sin interrupciones optimistas e inútiles. La segunda vez fue varios años después, cuando Sakura, presa del terror y la ira me desafió al darse cuenta de lo que había hecho.

—¿Y la tercera? – preguntó con temor.

—En aquellos días… - comentó Sasuke con pesar. —Pensé que lo que hacía era lo correcto. Quería obligar a Sakura a terminar aquellas tonterías sobre rehacer el destino. – suspiró cansinamente, como si aquello realmente le pesara. —Pero creo que hasta yo mismo termine por odiarme.

—¿De qué hablas?

—Intenté matar a la primera persona que poseía el Creador.

—¿Por qué?

—El Creador es una entidad muy poderosa, proviene de la fusión espiritual entre la luz y la oscuridad, el caos y el orden, el bien y el mal, es… por así decirlo, una partícula de universo, multiverso o como quieras llamarlo. Un todo y un nada.

—¿Pero… cual es el punto? – Naruto realmente no entendía a donde se dirigía aquella explicación.

—Dije que te contaría todo, ¿No es así? – los ojos de Sasuke le parecieron tan humanos que sintió que algo en su interior se removía con fuerza.

—Jamás había existido antes, el simple hecho de que apareciera era una paradoja en sí misma. Y todo por nuestra culpa… o fortuna.

—¿Nuestra culpa?

—Sabes que antes de ser Perfectos éramos humanos. – Sasuke se llevó una mano a la herida y apreció su sangre rojiza. —Y a pesar de muchas cosas esa esencia se conserva a través del tiempo.

—Vaya que eres complicado. – comentó con ironía el rubio, Sasuke sonrió un segundo y después quitó su expresión.

—Sakura estaba embarazada. – dijo finalmente.

—¿Qué? – Naruto se quedó sin aliento.

—Íbamos a casarnos después de todo. ¿Qué de malo había en que quisiéramos familia? – la voz segura y fría de Sasuke se transformó, Naruto apreció su lado más humano. —Pero… ese embarazo no pudo ser. Sakura perdió a nuestro hijo a pesar de que ella era el Perfecto de la Luz y que una de sus habilidades es proveer de vida a la naturaleza. Eso simplemente demostró que las cosas habían cambiado a tal grado que debíamos ser seres puros, dedicados al mundo. Pero para Sakura fue uno de los dolores más horribles de su vida. – podía notar que para él también. —Perder ese bebé causó una revolución en ella, quizá el motivo por el cual estoy hablando contigo en este momento. Sakura quiso renunciar a lo que era, añoró la vida humana más que cualquier otra cosa y deseó que todos volviéramos a ser lo que una vez fuimos.

—Ya veo. – eso explicaba mucho de la obsesión de la chica por perpetuar su terquedad e idealismo.

—Sabía que su salud mental se recuperaría con el tiempo, pero no ya no estoy tan seguro de eso. Ella seguía siendo la misma mujer dulce y valiente, pero algo en ella estaba roto. Cuando llegó el momento del final de nuestra Era fue en parte por ello que se negó a morir, no soportaba ver a los seres que más amaba en riesgo y por ende, tampoco quería que las cosas se dieran como debían ser. Ella lo sabía, ¡Maldita sea! Ella conocía la verdad y aun así se interpuso en mi deber. Pero aquella vez, quizá si hice algo abominable por primera vez en mi vida.

—¿Te refieres a la tercera batalla?

—La primera persona que poseyó el Creador era una niña pequeña. – Sasuke se deshizo de su armadura y quizá dado a su estado de ánimo. Naruto se dio cuenta que muchas veces eso influía en sus transformaciones; después de todo los Perfectos eran seres que controlaban su alma de formas casi inexplicables.

—Ya veo, intentaste asesinar a una niña pequeña, por eso Eous te odió.

—No sólo eso. – Sasuke apretó sus manos y entre ellas sus sangre. —Esa niña… su nombre era Sarada. Cuando la conocí lo supe al instante y Sakura también, ambos la conocimos, en diferentes momentos, pero era tan obvio, supimos que esa niña guardaba en su interior nuestras esencias combinadas. Era, por así decirlo, una reencarnación de ese ser que no pudo nacer. Nuestra hija.

El sólo hecho de recordarlo de dejaba un mal sabor de boca.

Existió un lugar que no muchos recuerdan que fue quizá de las metrópolis más grandes e importantes del mundo. Protagonista de desastres naturales inconcebibles, detonantes terroristas, conferencias importantes, reuniones transcendentales y definitivamente un lugar lleno de historia y cultura. Era tan importante en la cultura actual que muchos deseaban vivir ahí, ese lugar era nada más y nada menos que: New York.

Los pasos cansinos y un poco pesados de un hombre se abrían paso entre aquella noche lluviosa, en donde la vialidad de la ciudad se había quedado prácticamente en unas cuantas luces de autos y anuncios luminosos de neón. Sasuke caminaba en medio de los humanos en su forma terrenal, envestido de ropas negras y no muy resaltantes, una capa negra que tenía un gorro para días fríos y húmedos como esos, un pantalón de tela resistente de color gris y un par de botas de montaña negras. Era sin duda un hombre más que caminaba en la urbe que era New York.

Tal como se había descrito antes, Sasuke caminaba solo esa noche, escapando del tumulto y aprovechando que los humanos odiaban permanecer tanto tiempo bajo el agua. Lo único que quería era relajarse. Hasta que estuvo a punto de cruzar un callejón lleno de basura y olor a alcantarilla. Algo llamó la atención del Perfecto, quien se giró casi en silencio para apreciar una pequeña figura acurrucada entre un contenedor de basura y una pared de ladrillos. Los ojos de Drakrocius y la criatura se encontraron en medio del repiqueteo del agua esa noche. Eran cerca de las dos de la madrugada y Sasuke se sintió apenado al verla en tal estado deplorable.

Se trataba de una pequeña niña, quizá de siete años, vestida de nada abrigadores harapos, sucia, despeinada y empapada. Sin olvidar descalza, pues podía apreciar como intentaba refugiar sus pies lo más que pudiera del frío. Generalmente no estaba en su naturaleza apiadarse de los demás seres vivos, dado que él creía que la muerte era un proceso tan común y casto, que nadie debía intervenir en el destino del que estaba a punto de morir. Se trataba de algo normal e inevitable, necesario para algunos, injusto para otros, ¿Pero por qué cuestionar a la naturaleza?

No obstante, sus ojos negros e inexpresivos cambiaron rápidamente a los de su Perfecto interno. Aquellos ojos rojos con figuras negras cambiantes fueron recibidos por otros igualmente negros y temerosos. La niña, aunque en peligro, no se movió. No porque no quisiera, sino porque no podía, estaba a tal grado de hipotermia que simplemente le era imposible. Se abrazaba sus rodillas y tenía la espalda encorvaba en un esfuerzo por conservar el calor de su cuerpo.

—¿Estás perdida? – preguntó con cautela Sasuke. Pero ella no le respondió. —¿Estás sola? – insistió y ella simplemente asintió. —¿Quieres venir conmigo? – negó lentamente con su cabeza. —¿Por qué? – cuestionó divertido.

—Le temo a la oscuridad. – contestó para sorpresa de él con una voz tremendamente dulce. Sasuke suspiró y estiró su mano sobre ella, la tomó de un brazo y la alzó sin esfuerzo, al hacerlo contempló el mal estado físico en el que se encontraba; estaba en los huesos y su piel tenía tonalidades marmoleas y moradas por la ausencia de calor. La pequeña no forcejeó y se dejó llevar. Sasuke la colocó bajo su capa y la cargó en sus brazos. La niña se acurrucó junto a su pecho y gimoteó, pero Sasuke no dijo nada. Al cabo de unos minutos se rindió ante el sueño.

Dio unos pasos más y de nuevo se detuvo al comprobar que no estaba solo en la noche. Miró por encima de su hombro y contempló el rostro de Sakura. Sus ojos jade y los rojos de él se saludaron mudamente, Sakura caminó hasta posarse a su lado y ver a la criatura que llevaba encima. Le tocó la frente con premura y preocupación para mirar a Sasuke con angustia.

—¿También puedes sentirlo no? – ella apretó los labios y asintió. —Pensé que estaba equivocado, pero el impulso de venir aquí y buscar al poseedor de tal energía… merecía la pena.

—Es sólo una niña. – Sakura vestía un abrigo bastante cómodo, se lo quitó y cubrió a la niña con él, no le importó que las gotas de agua le refriaran. —Tenemos que ayudarla.

—¿Qué se supone que hago si no? – se dirigió al otro lado de una calle y sin que nadie más pudiera verlos dos enormes alas negras emergieron para irse lejos. Buscaron un lugar seco y solo, ahí se encargaron de secarla y asearla, la vistieron con retazos de sus propias ropas y plumas, la dejaron sobre un rincón seco y limpio, Sakura se acostó a su lado y la abrazó maternalmente, Uchiha se limitó a ver.

—Mi luz le dará calor y salud. – profesó Sakura y él asintió.

Tal vez fueran enemigos a muerte, pero en esa ocasión ambos habían hecho una excepción. Desde hacía unos días habían sentido una extraña presencia muy similar a la de un Perfecto en el resto del planeta. Dado que se suponía que sólo existían ellos, se dieron a la tarea de buscar dicha entidad. Sus pasos los llevarían a encontrar a una inocente niña al borde de la muerte en una de las ciudades más grandes del mundo.

—Se supone que deberíamos matarnos en cuanto nos viéramos. – comentó Sasuke con ironía, mas fue ignorado por Sakura.

—Está tan fría. – temió. —Pero haré que se recupere.

—Deberíamos dejar que la tierra la reclame.

—Silencio. – ella le miró con odio.

—¿No es acaso el destino de los seres vivos?

—¡He dicho que te calles! – Sakura le miró furiosa y sus ojos jade fueron suficiente incentivo para que Sasuke dejara de hablar tan funestamente.

—De acuerdo, de acuerdo. – dijo cediendo. —Será tu responsabilidad entonces, pero hay algo que quiero que comprendas, independientemente de su origen, esta niña tiene dentro de su alma la esencia de ambos, ¿Sabes lo que significa?

—No.

—Mentirosa. – gruñó entre dientes, odiaba que ella fingiera; y le constaba.

—Tal vez tenga una idea. – suspiró derrotada, se separó de la niña cuando la sintió mejor. —Pero no sé si sea correcta.

—Me gustaría oírlo.

—Se parece tanto a nosotros… - le acarició la mejilla con ternura. —Su alma es idéntica a la nuestra pero de una forma diferente, no es un Perfecto. Su corazón es humano, como el nuestro.

—No somos humanos…

—Lo somos. – ella le miró con tristeza. —Nuestra esencia seguirá siendo la misma aún con el paso del tiempo. – se llevó una mano a su pecho.

—Sakura. – ella le miró al escucharle hablar tan íntimamente como antes. —Debes superarlo, lo que pasó aquella vez…

—Es nuestra hija. – corrigió soñadoramente.

—¿Qué has dicho? – Sasuke le miró perturbado.

—¿Qué no lo ves? Es idéntica a nosotros, su alma es como la de ambos, ella nos pertenece Sasuke, es nuestra hija. El ser que no pudo existir antes lo hace ahora en una forma reencarnada.

—Sakura. – la llamó severo, no podía consentir lo que decía.

—¿Por qué negarlo? Después de todo la salvaste, ¿No?

—Eso no tiene que ver con…

—Sé que lo sientes, dentro de ti nace un sentimiento paternal y protector.

—La oscuridad es el elemento de la protección.

—De una forma diferente, sé que estas intrigado, ¿Por qué negarlo? Lo puedo sentir muy dentro de mí y sé que tú igual.

—¡Sakura! – gritó para callarla y al hacerlo despertó a la niña. Los dos adultos se quedaron en silencio.

—Lo siento pequeña, ¿Te hemos molestado? – la respuesta era más que clara, pero la chiquilla negó en silencio. Los ojos de los tres se fundieron unos segundos.

—Gracias. – pronunció ella.

—No ha sido nada, cariño. – Sakura le abrazó con amor y le besó en la frente, la niña se sonrojó.

—Gracias. – esta vez se lo dijo a Sasuke, quien pareció tensarse al escucharle hablar.

—No he hecho nada. – dijo apenado. —Debo irme. – Sasuke se acercó a una de las ventanas rotas de la vieja estructura en donde la habían metido para curarle.

—Espere. – intentó levantarse e ir donde Sasuke pero no pudo hacerlo, Sakura la ayudó a ponerse de pie. —Gracias. – volvió a decirle a Sakura y después se dirigió a Sasuke. —¿Cómo se llama? ¿Y usted? – fijó su vista en Sakura después.

—Soy Sakura. – respondió la pelirosa. —Y ese malhumorado es…

—Sasuke. – dijo antes que ella. —Me llamo Sasuke. ¿Cuál es tu nombre, pequeña?

—Sarada. – sonrió tiernamente y frunció el ceño.

—¿Te pasa algo, Sarada?

—No tengo buena vista. – dijo con simpleza.

—Oh, pequeña. – Sakura acarició su cabello.

—Necesitas anteojos. – concluyó Uchiha. —Volveré con unos. – desapareció en una nube negra. La niña no pareció sorprendida por eso.

—¿Realmente volverá… Sasuke-san?

—Lo hará. – Sakura la arrulló contra su pecho. —Vuelve a dormir.

—¿Ustedes no van a matarme, o sí? – Sakura sintió que se removían sus entrañas.

—Claro que no, cariño. – le besó en la frente. —A partir de ahora, no dejaré que nada te haga daño. Yo seré tu madre, ¿Está bien?

—Sí. – asintió de forma pueril y Sakura volvió a sentirse feliz.

No muy lejos de ahí, Sasuke dejaba que la lluvia acariciara su rostro desnudo. Una sonrisa apareció entonces en sus labios y dejó que por primera vez en mucho tiempo el agua limpiara sus inseguridades.

Naruto se había quedado dormido pese a su esfuerzo por seguir escuchando a Sasuke. Al final el Perfecto de la Oscuridad se había quedado en silencio mientras veía sus heridas cerrarse con parsimonia. Su mente le asaltó con recuerdos tristes y felices, en secreto y asegurándose que nadie pudiera verlo, se llevó una mano a su corazón y cerró los ojos, sintiendo el latido de su propio espíritu.

—Tragaré los secretos de los vivos, emendaré los errores del pasado, ocultaré los pesares del mundo y me condenaré a la ignorancia si con ella logró proteger la misma existencia universal. – susurró en una oración. —¿Si se supone que fue el juramente que hice frente a mis memorias pasadas, por qué me siento tan vacío? – dijo para sí. —Díganme, memorias pasadas, Won, Sarada, ¿Estoy haciendo lo correcto? – era la primera vez en muchos años que se cuestionaba algo así. La primera fue cuando había matado a Gaara, el Perfecto de la tierra fue el primero en caer y quien más heridas le causó. No obstante, se había convencido que lo que hacía era lo correcto y lo necesario. De la misma forma Kakashi, antes de exhalar su último suspiro le había susurrado algo que jamás olvidaría.

También lo he visto, temía que esto fuese a pasar, pero me alegra que hayas sido tú. Gracias, Sasuke.

—No debes dudar, Black. – en su mente una voz conocida le hizo eco.

—Maestro. – se trataba de sus antepasados hablándole a sí mismo. Sasuke descubrió que pese a que poseía una parte del alma de Sakura en su centro todavía conservaba la propia y era por eso que no se había desmoronado.

—Un mejor futuro vendrá. – escuchó la voz de Kakashi, casi lo olvidaba, la oscuridad también era el elemento de la muerte; pero más que por eso, dentro de Sasuke yacían las memorias de los Perfectos que había asesinado, como, por así decirlo, una carga más en su deber.

—No estés triste, Oto-san. – escuchó la voz de Sarada. —Estamos contigo, no estás solo. Sé que el mundo se compondrá.

—Sarada. – cerró los ojos con escozor, de pronto sintió mucho sueño. —Que tú me digas eso es un poco triste.

—¿Por qué lo sería, abuelo? – una nueva voz asaltó su mente. —Después de todo, no se trata sólo de tu deber, sino de lo que quieres y necesitas. Si quieres escuchar apoyo te lo daremos, estamos contigo, muy dentro de tu propia alma.

—Won. – Sasuke recuperó la compostura. —¿Me aleccionas a pesar de haber tenido tanto miedo antes?

—Mi alma es la que está hablando y no mi mente y mi cuerpo. Entiendo tu temor, abuelo. Al igual que tú hice lo correcto, pero tú ves por el mundo, yo por mi pueblo.

—Descansa en paz, Won. Esa guerra se terminó.

—Pero no la que viene. – y tras esto Sasuke abrió los ojos azorado. Se dio cuenta al instante se dio cuenta de algo, tanto él como Naruto estaban rodeados por varios hombres. Se levantó lentamente, se había descuidado.

—No muevan un solo músculo. – habló uno de ellos, usuario de una máscara de tela gruesa. —Están rodeados por el ejército Imperial de la casa de Namikaze. Si intentan algo en falso los acribillaremos ahora mismo.

Sasuke alzó una ceja y rio ligeramente.

—¿Te parece gracioso? – dijo otro soldado.

—Los humanos son graciosos. – repentinamente su cuerpo se rodeó de su armadura de Perfecto, los soldados retrocedieron impresionados.

—¡Disparen! – ordenó el líder pero antes de que sus hombres fuesen capaces de hacer algo Sasuke se movía velozmente hasta él y lo tomó del cuello. Se escuchó una exclamación contrita y ahogada mientras el comandante forcejaba ante el agarre del monstruo.

—¡Iruka-san! – los soldados quedaron paralizados.

—¡Malvolo, no le hagas daño! – Naruto gritó sorpresivamente y los hombres parecieron reconocer su voz.

—¿Naruto-sama? – uno de ellos exclamó agitado.

—¿Na-ruto? – Iruka gimió al verlo de pie, acostado no parecía más que un pordiosero.

—Malvolo, no le mates, lo conozco, no nos atacará, lo juro. – negoció con el Perfecto y éste, tras esperar un momento lo soltó para dejarlo caer en el suelo helado de la cueva. Los soldados se agolparon alrededor suyo. —Gracias. – suspiró el rubio, para después socorrer al viejo Iruka.

—¿Naruto? – Iruka logró hablar tras recuperar la voz. —No puedo creerlo, ¿Eres tú? ¿Estás bien? – le tomó los hombros para asegurarse que no era una ilusión.

—Sí, soy yo. Ha pasado mucho tiempo.

—No puedo creerlo. – Iruka tragó saliva para después abrazarlo de forma paternal. —¡Estás vivo! Tú padre se alegrará enormemente con esto. – Naruto no dijo nada al respecto. —¿En dónde habías estado? ¿Qué es esa criatura? – se dirigió a Sasuke. —Por favor, explícate.

—Bueno. – tomó aire. —Es una larga historia. Pero antes de contarla, dime, ¿Por qué estás aquí?

—Oh, bueno… Minato-sama nos ha mandado a las montañas para reclutar hombres a la brevedad posible. ¿Qué no lo sabes? – dijo con gravedad. —Un terrible desastre ha ocurrido en Giza y el Rey del Sur nos culpa a nosotros, dice que fue un ataque ideado por Minato-sama. Naruto, - lo miró con temor. —Nos estamos preparando para una guerra.

Los ojos de Naruto se abrieron totalmente y sintió que se le formaba un nudo en la garganta. Se sintió tanto estúpido, lo que supuestamente había hecho para detener tal guerra ahora la había provocado. Miró con desesperación a Sasuke pero él no dijo nada al respecto.

—Tú me lo habías dicho. – se le acercó. —¿Qué debo hacer ahora?

—Tú eres forjador de tu propio destino, Naruto.

—Entonces no me queda más opción. – respiró con angustia. —Iré a ver a mi padre, necesito hablar con él. – se volvió a Iruka. —No me quedaré de brazos cruzados, yo provoqué esto y lo resolveré.

—¿A qué te refieres con que lo provocaste? – su viejo amigo alzó una ceja.

—Iruka, llévame donde mi padre. Es menester que sepa algo. – se volteó a Sasuke. —¿Vendrás conmigo?

—¿Tengo opción?

—Miles.

—Cierto. – sonrió debajo de su yelmo. —Pero te advierto Naruto, no intervendré a menos que sea necesario.

—A ti sólo te interesa una cosa y lo respetaré.

—Más te vale.

Justo cuando creyeron que un ciclo estaba por terminar, el verdadero final había salido a la luz. Las casas reales de Giza y Carón, se enfrentarían una vez más.

Continuará…

Juro que desde un principio tenía planeado la aparición de este hijo(a) de Sakura y Sasuke, pero ahora que ya conocemos la identidad de Sarada es más facil tomarla como chivo espiatorio. Espero que sea de su agrado el camino que está tomando esto, cada vez conocemos más de ellos y al mismo tiempo nada. La Gran Guerra ya viene. (Dios soy una persona sumamente bélica XD)

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.