Un capitulo que me fascino y llenó de sentimientos, espero que les guste. Por favor, no olviden comentar.


-9-

La tercera batalla.


Dicen que no existe ningún dolor más absoluto que ver a un hijo morir. No obstante, ¿Qué tan doloroso sería si tú tuvieras que matar a ese hijo?

Sasuke miró a Sarada quien descansaba en su regazo, la niña acababa de recuperarse por completo del severo estado de desnutrición en el que se encontraba. Todas las mañanas, sin excepción, desde que la habían encontrado los dos Perfectos acudían donde ella y le llevaban viáticos. Sasuke ropa, Sakura comida, él a veces mantas o sabanas, ella zapatos, el Perfecto de la oscuridad le llevó una vez un libro y le enseñó a leer, el Perfecto de la luz le llevaba medicinas si llegaba a enfermar.

Definitivamente eran algo más que unidos, y pese a que cuando se encontraban con Sarada lo hacían por separado, para evitar roces entre ellos, la satisfacción de convivir con la niña era la misma.

La niña se estiró sobre las rodillas de Sasuke, tenía la cabeza reposando en uno de sus muslos y el resto de su cuerpo yacía sobre el resto de las piernas de Uchiha. El hombre la miró por interminables segundos hasta que ella despertó por completo.

—Buenos días, oto-san. – había tomado la costumbre de llamarlo así, aunque él había protestado.

—Buenos días, Sarada. – comentó con parsimonia.

—¿Estuviste toda la noche conmigo?

—No me gusta que duermas sola en este almacén abandonado. – no obstante no era como si tuviera muchas opciones. Hacía un mes que la conocían y no habían podido arreglar el hecho de que no podían dejarla en un lugar seguro, puesto que en aquella ciudad no existía nada parecido.

—Son sólo vagos, yo soy como ellos, después de todo.

—No. – Sasuke tocó su cabeza con cuidado. —Tú eres diferente.

—¿Ah sí? – le miró curiosa para después acomodar sus anteojos. —Por cierto, Oto-san, me encantan. – señaló sus lentes. —Puedo ver todo con claridad.

—Me alegra, Sarada. – Sasuke hizo amago de levantarse. —¿Qué quieres desayunar?

—Me encantaría algo de leche. – sonrió con pena.

—Entonces iré por ella. – se levantó con cuidado mientras una penumbra lo rodeaba. —No desesperes. – desapareció inmediatamente.

—Sarada. – la voz de Sakura la hizo voltear encantada.

—¡Oka-san! – llegó donde ella para abrazarla. —¿Cuándo llegaste?

—Hace un momento, ¿Estabas con tu padre?

—Sí, durmió conmigo toda la noche.

—¿De verdad?

—Sí, dice que la ciudad es peligrosa para una niña, pero la verdad es que yo sé cuidarme muy bien.

—No lo dudo mi pequeña. – le dio un beso en la cabeza.

Sasuke miraba de lejos la escena en silencio, tal como prometió no tardó casi nada en conseguir la leche y justo como llegó la entregó para luego marcharse. Llegó a un parque, el cual, pese a que era de día estaba totalmente desierto. La ciudad no era precisamente un sitio ideal para pasar la mañana descansando, la violencia era un tema para nada nuevo entre las personas y el simple hecho de salir a pasear podía costear la vida.

Pero para Sasuke no existía ningún problema, puesto que quien fuera lo bastante estúpido como para enfrentarse a él lo pagaría bastante caro. Sakura se posó a su lado, desafiando aquella proeza de violencia y naturaleza contraría, tomó asiento a dejó salir todo el aire de sus pulmones. Bajo la sombra de aquel frondoso árbol los dos duraron en silencio. En un instante fugaz Sakura ansió tomar la mano de Sasuke, pero este la quitó inmediatamente, eso la decepcionó, mas no perdió su objetivo. Suspiró con cansancio para luego encontrarse con la mirada fría de Sasuke.

—¿Podrías dejar de ser un gruñón de vez en cuando?

—No sé a lo que te refieres.

—Idiota. – balbuceó para después reposar en el tronco del árbol. —Vi lo que hiciste en la mañana, gracias por cuidar de Sarada, ella es feliz contigo.

—De nuevo, no sé de qué hablas.

—¿Serás terco? – le miró molesta y le tomó de una oreja, halándosela cuan niño desobediente.

—¡Ah, espera, Sakura! – ella lo soltó inmediatamente al escuchar esa voz tan natural.

—Sasuke. – lo miró ansiosa y después retuvo las lágrimas.

—Eres una nostálgica empedernida. – agregó él en un suspiro.

—¿No te parecería mejor que dejáramos de pelear y… formáramos aquella familia que tanto deseamos? – lo decía enserio, era evidente.

—Sakura. – reprochó.

—¿Por qué te empeñas en lo contrario? – le miró suplicante.

—No deberíamos encariñarnos tanto con la niña.

—¿A qué te refieres? – eso despertó su estado maternal.

—Sé que es linda, pero no es nuestra en realidad.

—No digas tonterías. – reprochó malhumorada, el pelinegro tenía un talento especial en cuanto a sacar que quicio a los demás.

—Tú eres quien se empeña en cosas imposible. – suspiró para luego levantarse. —Será mejor que me vaya, si continuas a mi lado sabes lo que pasará.

—Eres un desquiciado.

—Ahí vamos de nuevo, cariño. – rio él, para comenzar a caminar.

—¡Sasuke! – Sakura se levantó irritada. —¡Sarada es nuestra niña, no te atrevas a pesar lo contrario! – no obtuvo respuesta por parte del muchacho.

Tras esa conversación ya no volvieron a hablarse más que para lo esencial, por ejemplo: Sarada. La criatura crecía cada día y poco a poco tomaba más confianza, al punto en el que a la vista de todos, no era más que una niña que paseaba de vez en cuando con alguno de sus padres. Mientras más tiempo pasaban con ella comenzaban a notarse ciertos parecidos, como algunas expresiones de Sakura en ella, el color de piel y cabello muy similar al de Sasuke, entre otras cosas. Así, pasó un año y lo que parecía un sueño se transformó lentamente en una realidad más cruda.

Sarada ya no vivía en la calle ni en ese viejo almacén, ahora tenía una cabaña alejada de la misma ciudad, todo lo que necesitaba lo obtenía de sus padres, incluso el amor de una familia; aunque a Sasuke le costara admitir. No fue hasta esa mañana en la que el caos se desató en el mundo, y no precisamente por efecto de los Perfectos, de hecho, desde que tenían a Sarada en sus vidas no habían vuelto a pelear ni a provocarse; claro, en ocasiones tenían sus roses, pero fuera de lo eso era civilizados entre ellos.

Fue un día de otoño, cuando la primera bomba cayó muy cerca de New York, en la bahía. La explosión fue tremenda y causó estragos en la ciudad, se trataba de un ataque limpio por parte de una nación enemiga, las disputas entre los humanos cada vez se hacían más incontenibles, el proveer a los suyos de recursos naturales que lentamente se agotaban desesperaba más y más a las masas, entre ellos a las naciones más grandes del mundo. El ataque fue una declaración de guerra abierta y como era de esperarse, el país aludido se defendió con coraje.

Pero mientras los gobiernos mundiales arreglaban sus diferencias, el desorden se expandía gratuitamente entre los pobladores inocentes. Cuando eso pasó, Sasuke reacción ante la maldad y oscuridad que detonaba en el ambiente, supo entonces, que su naturaleza estaba conectada de forma adyacente a mismo mundo. Acudió primero a la zona de desastre, antes que Sakura y quizás más veloz que ella, se movió entre portales dimensionales y llegó donde quería.

La cabaña de Sarada ardía en llamas y temió lo peor. Corrió donde ella y escarbó entre los escombros, inmediatamente después del primer bombardeó llegaron muchos más y el pánico junto al olor a carne quemada vagó indiscriminadamente por todos lados.

—¡Sarada! – el grito lleno de histeria se mostró tan humano que no se dio cuenta de ello. —¡Sarada! – imploró entre la búsqueda. La niña no aparecía por ningún lado y eso lo desesperó más. —Maldita sea. – se estaban quemando las manos, pero en ningún momento se le ocurrió protegerse con su armadura, el único pensamiento que tenía en la cabeza era encontrar a la niña.

—Oto-san… - la niña le llamó malherida debajo de una viga ardiente. Sasuke la sacó en cuestión de segundos, la sostuvo en sus brazos y la observó asustado. Tenía la espalda llena de quemaduras, su cuerpo temblaba y estaba deshidratada. Se maldijo a sí mismo por permitir que eso pasara y la apretujó contra sí para darle apoyo.

—Sarada. – por más que quisiera ayudarle no podía curarla, su alma no proveía creación, sino muerte, jamás podría contribuir a su recuperación. La chica convulsionó de pronto y perdió el conocimiento, Sasuke se alteró y ante esto hizo lo único que se le ocurrió para salvarla. —¡Sakura! – la llamó con ahínco, apareciendo a una velocidad indescriptible.

—¡Sasuke! – le sonido de las explosiones opacaba su voz. —¡Oh no! – agarró a la niña y la cubrió con sus alas, para darle luz sanadora. No obstante, Sarada no despertó. Quedó suspendida en un profundo sueño del cual, ni las suplicas de Sakura ni la mirada triste de Sasuke lograron sacarla.

La desesperación invadió al Perfecto, posó a la niña sobre la tierra para escuchar su corazón, éste continuaba latiendo, pero el resto de sus funciones vegetativas yacían en paro.

—¡Sarada! – la sacudió nuevamente cuando una explosión los hizo tambalearse. Mas para Sakura poco importó, continuó estimulando a la chica sin resultado.

Sasuke por otro lado observó atentamente su alrededor, la miseria, la pestilencia, las personas corriendo de un lado a otro, el caos puro. Era impresionante lo fácil que se podían olvidar los sentimientos causados por la guerra.

Una guerra mundial para ser precisos. El ataque masivo de New York se olvidaría para muchos, algunos todavía lo recordarían, pero era evidente que pocos, puesto que tras el bombardeo escasos sobrevivientes habría. Sasuke miró a Sarada y frunció el ceño, podía apreciar la inestabilidad del alma combinada de los dos dentro de ella, era como una caldera burbujeante, cosa que al parecer Sakura no había apreciado dado su desesperación.

Él ya lo había visto antes; en la muerte y en el nacimiento de un ser. Pero más en el nacimiento de dicho ser, en ese momento la manifestación pura del alma antes de existir o extinguirse, se trataba de un encuentro cercano con la energía madre del cual todos los seres con alma procedían.

Otro sonido ensordecedor los rodeó y sacó a Sasuke de su ensimismamiento, miró angustiado a su alrededor, la ciudad entera estaba ardiendo en llamas rojas, en unos minutos más terminarían por destruirla completamente. Se volteó a Sakura, quien parecía un poco más atenta alrededor, mas no dejaba de abrazar a su hija. Tomó entonces una decisión.

—Apártate. – desprendió literalmente a las dos mujeres y tomó a Sarada entre sus brazos. —¡Ven a mí, Zackel! – la oz apareció después de un retiemble, tanto que Sakura se alejó atemorizada. —¡Filo de Plata! – la oz se coloreó ante la orden de Sasuke. Él cortó un espacio entre a sus espaldas y al hacerlo el mismo espacio se rompió para deleite del usuario, creando un portal.

—Espera… - Sakura supo lo que haría. —¡No, espera! – Sasuke entró en agujero sin previo aviso. —¡Sasuke! – Sakura no pudo detenerlo, él junto a Sarada desaparecieron de su vista en un instante.

Pero para lo que Sakura sería impredecible, para Sasuke era totalmente conocido. El filo de Zackel poseía cuatro cualidades: El Filo Negro, podía usarse para cortar todo lo tangible, en una ocasión conocida Sasuke lo había usado para contar el aire y el suelo, el Filo Blanco se usaba para cortar lo intangible, con ello Sasuke había cortado las fuerzas de Sakura en la batalla de Giza, literalmente le cortó las ganas de luchar y defenderse, por lo tanto quedó hecha una pieza frente a él. Pero además de los básicos existían dos filos especiales que sólo el auténtico Thanatos conocía y junto a él Sasuke. Se trataban de los Filos de Plata y de Oro. Con el Filo de Plata se podía cortar el espacio a voluntad, hasta el punto de crear portales para cambiar de lugar en el momento preciso, el Filo de Oro controlaba el tiempo, el usuario podía viajar en el tiempo a voluntad pero a cambio otorgaba un poco de su mismo tiempo vital a la oz, es decir, que el límite para viajar en el tiempo eran los años que el usuario estaba dispuesto a entregar.

Sasuke sólo sabía usar los tres primeros, el último era un recurso que jamás quiso aprender y dado su peligrosidad en cuanto a la reducción de su vida omitió.

En estos momentos habían aparecido en un lugar muy lejano, uno en el que seguramente Sakura jamás buscaría de primera instancia. Era de noche en aquella isla de desierta y paradisiaca de Australia, Sasuke las había conocido durante sus viajes de iluminación y dado que por la actividad volcánica siempre surgían más islas o desaparecían otras, este sería un buen lugar para esconderse.

Dejó a Sarada sobre la suave arena blanda y se sentó a su lado, la primera fase de su idea estaba completa, la cual era alejarla de Sakura y estudiarla mejor. Pretendía conocer el secreto del alma de la chica y su alma. Le parecía raro que Sakura no hubiera hecho algo así, puesto que su nombre actual: Filosufus, significaba en la lengua de los Perfectos; el que ama el conocimiento.

La observó un largo rato con sus ojos especiales, aquellos rojos y negro, lentamente el flujo de energía manifestado en el sitio de desastres se reducía a un perfecto equilibrio entre luz y oscuridad. Uchiha frunció el ceño y después miró algo confundido alrededor, esa zona del mundo era totalmente diferente al infierno en donde se encontraban anteriormente. No era muy afecto de involucrarse en los asuntos humanos, pero le intrigaba la destrucción que eran capaces de crear con tan sólo proponérselos. Aceptaba la muerte como una verdad absoluta, pero sin duda despreciaba la muerte que se daba de una forma insana.

Suspiró agotado y cerró los ojos para quedarse dormida en aquella noche tan fresca. Para cuando la luz emergió hubo una perturbación en su sentir. Miró el alba, en cuyo cielo el sol aún no nacía y contempló un silencio sepulcral que se extendía en cada partícula de existencia.

—Algo no está bien. – se levantó y caminó hacia la playa de olas bajas. Se inclinó para sentir el agua, esta era cálida pese a que era otoño, más habría de considerar que las estaciones variaban dependiendo de la parte del mundo.

—Oto-san. – la voz de Sarada lo dejó impresionado y volteó donde ella, la chica le miraba incompresible.

—Sarada. – se acercó a ella y colocó una mano sobre su frente, estaba enferma, tenía fiebre y muy pocas fuerzas. —Tu vida corre peligro. – sentenció, de nuevo podía ver la inestabilidad de su alma.

—Sí. – dijo ella y sorprendió más al adulto. —¿En dónde está oka-san?

—No lo sé. – fue honesto, además prefería no encontrarse con Sakura en estos momentos. —¿Cómo te sientes?

—Mareada.

—¿Quieres algo de comer? – aunque preguntaba ese tipo de cosas había algo oculto en la voz de Sasuke, no sólo preocupación, sino una insípida angustia.

—No. – negó lentamente. —No tengo hambre, gracias. – cerró los ojos nuevamente. —Tengo mucho sueño.

—Duerme entonces. – ella asintió y quedó sumida en un profundo sueño. Volví a mirar en el interior de la niña y la inestabilidad de su energía se manifestaba nuevamente.

Pasó horas observándola, protegiéndola de los elementos y continuando con la intranquilidad que le causaba el estado mundial. No había de leer un periódico o ver la televisión, Sasuke comprendía, por la inestabilidad natural y la carga tremenda de miles de seres vivos muertos en su persona, que el mundo colapsaba poco a poco.

Y así era, una guerra mundial estaba en transcurso, una semana después del bombardeo de New York, la nación agredida había respondido movilizando tropas, llamando aliados y amedrentando nuevos enemigos. Incluso Oceanía, el continente en donde estaban ahora parecía vibrar por tan repentino cambio.

Pero lo peor vino tres días más tarde, cuando las bombas nucleares comenzaron a estallar en todas partes. Sasuke no se había movido para nada de aquella región, salvo para buscar alimento para Sarada, pero por cada explosión en forma de hongo que adornaba la atmosfera, podía sentir la inestabilidad de la tierra misma. Se sentía abrumado y al mismo tiempo inconsolable al comprobar que el alma de Sarada se apagaba lentamente.

La niña estaba muriendo y no podía hacer nada para impedirlo. Conocía las reglas de intervenir en la vida de un ser, por nada era considerado el Perfecto que guardaba de la muerte. Pero se sentía dolido de tenerla que ver morir. ¿Es que acaso no podía hacer algo para apaciguar a la dulce niña en su camino a la muerte? Todo el tiempo ella se retorcía, vomitaba lo que comía, dormía más y más, se ponía más pálida, tenía problemas para respirar adecuadamente, en ocasiones, se detenía un segundo y luego retomaba su curso. Se sentía ofuscado y poco a poco el deseo de que Sakura estuviera ahí para ayudarle le carcomía.

Pero no la buscaría, sería como traicionar sus principios, como bajar la cabeza en contra de todo lo que creía. No pensaba que la muerte fuera algo que debiera tomarse a la ligera, si un ente debía perecer entonces que así fuera, doliera cuanto doliera, su tiempo se había terminado, pero… si se supone que esa criatura la cual no era realmente su hija, a la que sólo había adoptado por pura nostalgia estaba muriendo… por qué se negaba a creer día con día que no debía morir, que no tendría por qué sufrir de esa forma. ¿Es que no había algo que pudiera hacer?

Eutanasia.

La sola idea remordió su espíritu. No era precisamente inmiscuirse en los asuntos de la naturaleza, de hecho su función en este mundo era acabar de la forma correcta con la vida de sus compañeros, ¿Por qué no con la de esa pobre niña que agonizaba dolorosamente?

—Oto-san. – musitó mas pudo escucharla.

—¿Sí, Sarada? – se acercó a ella y se sentí a su lado, para escucharla mejor.

—Hace calor.

—Sí, la tierra se está calentando. – informó como si nada.

—La gente se está muriendo, ¿Verdad? – no sabía cómo había logrado saberlo, pero sólo asintió para responder.

—El mundo está en guerra, sí. – atinó a decirle.

—Yo también tengo mucho calor.

—Es por la fiebre. – no había que tocarla para saberlo.

—No, no es por eso… - comenzó a agitarse y Sasuke se inclinó más hacia ella. —Desde que… tú me trajiste aquí lo he sentido. Oto-san… - lloró inconsolable. —El mundo se va a acabar. – sus lágrimas conmovieron a Sasuke.

—No Sarada. – la abrazó contra sí. —Todo estará bien.

—Tengo miedo. – sentenció. —Quiero que todo esté bien. – en ese momento él lo notó, la impresionante fuerza de voluntad y espíritu que irradiaba su hija. Cuando ella deseaba el bienestar mundial su alma se avivaba. Entonces lo entendió, la energía que irradiaba Sarada no era más que una partícula de realidad, de poder, de alma, de universo y de existencia. Esa fuerza estaba atrapada en su cuerpo y cada vez que la chica ansiaba algo intentaba manifestarse.

Cuan ave enjaulada, la energía vital de la chica intentaba escapar para obedecer la voluntad de quien la poseyera; pero sobre todo para ser libre y volar. Sasuke acababa de comprenderlo.

—Tengo mucho sueño. – dijo ella y Sasuke activó sus ojos para ver dentro de ella. Lo que vio fue lo que temía, su vida estaba pendiendo de un hilo.

—Dime que debo hacer. – en realidad lo sabía, pero no quería aceptarlo.

—Quiero dormir, Oto-san. – contestó sin aliento.

—Te quiero, Sarada. – la apretó más contra sí, era la primera vez que le decía eso a alguien que no fuera Sakura o alguno de sus parientes fallecidos.

—Y yo a ti, Oto-san. – ella se apagó suavemente y volvió a dormir. Sasuke la dejó en el suelo.

—Dime, Sara-chan… - acarició su mejilla, una lágrima emergió y se deslizó hasta la frente de su hija. —¿Qué es lo que deseas que haga? – no hubo respuesta y asintió respondiéndose con las palabras que anteriormente había dicho: Quiero que todo esté bien.

Alzó una mano sobre ella y ésta se llenó de oscuridad para después convertirse en una horripilante garra. Se elevó un poco y se preparó mentalmente para acabar todo de un solo tajo. No obstante, lo que vino a continuación no fue la sangre de su hija salpicando por todas partes, sino el rostro de Sasuke ladeándose dolorosamente y siendo mandado hacia la selva tropical.

Parada al lado de su hija yacía Sakura, quien tenía una mirada desquiciante y llena de dolor.

—Maldito… - tragó saliva y se hincó para acariciar a su hija. —¿Cómo te atreves? ¿Cómo es que tienes el corazón para matar a tu propia hija?

—Sakura. – Sasuke emergió con paso tranquilo desde la selva. —No te esperaba.

—¡Deja de usar ese tono tan altanero conmigo, Uchiha! – dejó a la niña en un lugar seguro para que no se interpusiera en su camino.

—Sé que has venido para romperme la cara por llevarme a Sarada, pero antes de que te pongas como siempre, debo decirte lo que pasa en el mundo.

—Sí, sé de la guerra, todo está cayendo en destrucción.

—Entonces sabes que debemos hacer, ¿No?

—No te atrevas a pensar en eso ahora, Sasuke, debemos ayudar a los humanos.

—No. – le miró enfadado, como siempre. —La única forma en la que acabemos con las calamidades de este mundo es que terminemos el ciclo correspondiente.

—¡De ninguna manera! Si se nos otorgó este poder es para ayudar a los demás.

—¡Deja de pensar de esa forma, Eous! Sé perfectamente que lo entiendes, puedo percibir que conoces el propósito de nuestra creación. Somos delicados sí, tal vez no lo escogimos, es cierto, pero asume lo que debes hacer.

—¡No quiero cambiar la verdadera intención de mi ira, Sasuke!

—¡Mi nombre es Black, maldita sea! – rugió mientras se transformaba en Perfecto.

—¡Y el mío Sakura! – ella también se transformó. —¡La razón por la que voy a partirte la cara no es por la "encomienda sagrada" que tanto proclamas, sino por el atrevimiento de haber dañado a mi hija!

—¡No sabes lo que dices! – un aura oscura nacía desde su espalda.

—¡Eres un maldito engreído! – una luminosa de su retaguardia.

El choque fue titánico. Sólo que esta vez no fue como hubiesen esperado.

Tal vez la influencia del mundo que yacía en la más terrible crisis, o quizá el ánimo tan destructivo que los embargaba, pero la lucha no fue de espadas y manifestaciones divinas, sino un combate salvaje y sin tregua. Los puños de Sakura y Sasuke chocaron varias veces mientras se despedían en el cielo, hasta el punto en el que dejaron de atacarse como simples humanos y recurrieron a las garras.

Dicen que las garras de un Perfecto es lo único que puede herir a otro, sin embargo pese a que el daño que se hacían mutuamente era notable, ninguno de ellos se mostró agotado.

Una explosión se anunció entonces a su lado, los dos detuvieron sus embates para darse cuenta de algo. Estaban en el paso de la flota naval de Australia, la cual se acercaba a unos kilómetros atacando sin compasión a la flota enemiga.

—Debemos pararlos. – dijo en un momento de racionalidad la mujer.

—Bajo ningún concepto. – argumentó Sasuke, mientras reunía una sorprendente cantidad de oscuridad frente a él y la transformaba en algo nuevo. —¡Amaterasu! – convocó. Sakura abrió los ojos sorprendida, era la primera vez que lo veía. Uchiha no había desaprovechado su tiempo en solitario y de lucha contra sus hermanos perfectos. El Amaterasu lo había usado anteriormente contra Ignis, cuando le mostró un fuego influenciado por la oscuridad que ni él mismo podría controlar.

Lanzó la flama formada en sus manos y la lanzó como un proyectil. El resultado fue la coalición de las flotas al mismo tiempo, desatando un sinfín de gritos y fuego. Las naves principales explotaron frente a sus ojos y los otros perdieron el rumbo, comenzaron a dispararse entre ellos sin estrategia.

—¡Maldito! – Sakura intentó volar hacia los humanos pero fue detenida.

—¡No lo harás! – Sasuke le atacó por la espalda y clavó su garra derecha en la espalda de la chica, ocasionando que ésta cayera al mar en picada. Espero a que ella saliese y le atacara con sus puños o algo así, pero en lugar de eso emergió desde el fondo del mar una enorme criatura. Casi se pierde entre sus fauces si no fuese por que logró escapar volando.

Del mar y con una apariencia un tanto incompleta, Sakura emergía en la forma más caótica de todas, en la cual la oscuridad toma descontrol del alma del Perfecto en un momento de locura o lucidez. Sasuke apreció el Drakrocius de Sakura, una enorme bestia con apariencia de dragón pero que pese a que andaba en cuatro patas podía pararse en dos. Sus alas eran emplumadas y resplandecientes, su rostro idéntico a la forma del yelmo que usaba, el de una criatura similar a un lagarto cuya cabeza se adornaba de una corona luminosa. El monstruoso ser se paró frente a Sasuke y rugió emitiendo un poderoso cúmulo de luz concentrada, la energía golpeó directamente a Sasuke y lo mandó contra la playa de otra isla.

Cabe destacar que ante esto los humanos dejaron de luchar y fijaron sus vistas a las bestias que se alzaban cuan apocalipsis. Cada Perfecto tiene un Drakrocius, una forma heredada de una época mítica y reptiliana, en donde tuvieron que tomar esa forma para sobrevivir, claro, tiempos inmemoriales. Pero ahora, después de varias generaciones no eran más que un mito, el cual causaba una mutación exagerada a las células vivientes en donde apropiaban la forma de una sorprendente bestia.

Sasuke se levantó lentamente, aunque su armadura le protegía el golpe de luz le había debilitado críticamente. Contemplar la imagen de una Sakura desquiciada y terriblemente poderosa lo molestaba y atemorizaba sobremanera. No era justo ver aquello, mucho menos ser parte de su furia, pero si Sakura decidía perder la cabeza por cosas tan vanas como los humanos entonces no sería digno matarla por tales cosas. Miró la isla en donde estaba Sarada; Sakura también peleaba por eso, ¿Sería acaso la verdadera razón de su transformación?

—Así que así quieres que sea. – la oscuridad de Sasuke tomó la forma de dos colosales alas de color negro que perdían sus plumas y eran remplazadas por la piel de un ser distinto. —Que así sea. – cambio su forma en plena carrera, sus alas lo rodearon y cuando se abrieron un monstruo similar, pero de color negro, cornudo y musculoso atacó de frente a la chica.

El Drakrocius de Sasuke era muy similar a un dragón negro, en cuyo hocico se secretaba un pestilente ácido. Tomó a la chica del enorme cuello que nacía entre sus hombros y la levantó con la fuerza más bruta que pudo dar. Sasuke la sacudió cual pedazo de carne y la lanzó contra las aguas saladas del océano. Sus colmillos rebozaban de la sangre de la chica, pero inmediatamente se oscurecía al quemarse con su ácido. Sakura se levantó retorciéndose de dolor al comprobar la doble herida proporcionada por el filo de los dientes del muchacho y su ácido. No obstante, siendo un elemento de sanación curó su ardor y contratacó. Juntó en su boca una impresionante cantidad de luz que lanzó contra Sasuke. El joven correspondió corriendo hacia ella y esquivándole, batió sus alas y se elevó para lanzarle al mismo tiempo bolas de sombra que al contacto con la materia se dispersaban consumiente todo a su paso.

Sakura las esquivó, comprobando que al tocar el mar el agua se contaminaba inmediatamente y los peces y plantas morían. Gruñó al chico y abrió sus alas para reunir luz, se la lanzó igual que solía hacerlo con Excalibur, el Uchiha esquivó dos de sus embates y fue golpeado por uno, despidiéndole al suelo. Sakura corrió a su encuentro y con la garra lo tomó de uno de los cuernos, lo arrastró en el lecho marino y lanzó contra lo más profundo. Lo cual fue una mala idea, ahí Sasuke podía confundirse mejor con el entorno, por lo que Sakura no sintió cuando le tomó de una pata trasera y la arrastró al fondo, sus oídos casi revientan, si no fuera por que hizo resplandecer su cuerpo para ubicar al muchacho y liberarse de un zarpazo. Para cuando emergieron los dos a la superficie fueron recibidos por los torpedos y las armas de fuego de los humanos, quienes, quien sabe en qué momento, decidieron que era buena idea atacarles.

Los Perfectos recibieron los ataques sin esperarlo y fueron derribados. Los gritos y celebraciones no se hicieron esperar, pero al momento las sombras de Sasuke aparecieron debajo de sus naves y retorcieron el metal y la madera de los mismos. Sakura, por otra parte, demasiado molesta como para pensar les atacó desde el cielo con bombas de luz.

La destrucción fue garantizada y los humanos emprendieron la retirada al darse cuenta de su error. Pero era demasiado tarde…

—Oto-san… Oka-san… - repentinamente Sarada logró recuperar el sentido, los gritos, las explosiones, la desgracia y el fuego le dieron de lleno en la cara mientras se aterrorizaba de ver las formas bestiales de sus padres. Las lágrimas cubrieron sus ojos por completo junto al desánimo. Intentó levantarse pero sus piernas no respondieron debidamente y cayó al suelo con la cara estampada a la arena.

Los rugidos de los Perfectos la hicieron temblar y recobrar fuerzas de quien sabe dónde. Sarada se levantó con todo lo que su cuerpo pudo darle y comenzó a gritarles a sus padres para que se detuvieran, pero su voz no logró ser escuchada.

—¿Por qué? – se lamentó mientras sentía que los latidos de su corazón se aceleraban hasta que llegaban a doler. —¿Seria por mi culpa? ¿Fue por mí que Oka-san y Oto-san se convirtieron en eso? – cayó de rodillas. —Quiero que todo esté bien, quiere que no pase nada malo. Por favor… por favor no dejes que nada malo pase. – imploró mientras se inclinaba al no resistir el dolor en su pecho. —Mamá, papá… - limpió sus lágrimas para subir su vista al frente, en donde Sasuke y Sakura, convertidos en esos horripilantes monstruos destrozaban todo a su paso. —Los amo. – susurró mientras su cuerpo perdía por completo la capacidad para sostenerse.

Nadie puede saber exactamente qué fue lo que pasó en ese momento, quizá fue la fuerza de la partícula creadora que intentaba escapar del cuerpo de Sarada cuan animal apresado, o tal vez el deseo poderoso de la niña por que todo estuviera a salvo. Lo único seguro es que al morir Sarada el Creador se manifestó sobre todo el campo de batalla, bañándolos en destellos de luz y sombras oscuras al mismo tiempo, justo como la luz del amanecer.

Los dos Perfectos pararon de luchar y contemplaron el último aliento de Sarada que junto a ella, el Creador hacía realidad su deseo. Se expandió por todo el mundo entonces, una energía cósmica capaz de lograr todo.

Deseo que todo esté bien.

Ambos, Uchiha y Haruno escucharon la plegaría de su hija y sus corazones se batieron en dolor. Sus transformaciones se desvanecieron junto a sus ganas de matar quedando solamente lo que era al principio. Cayeron al agua y Sakura, agotada por haber usado tanta energía no pudo hacer crecer sus alas para ir donde su hija, nadó hasta ella. Sasuke igual.

En ese momento la lucha terminó. Por todo el mundo las batallas cesaron, justo como Sarada lo deseaba. Los humanos perdieron cualquier interés en la guerra y se estrecharon apenados y alegres de por fin acabar. Como si hubiesen sido purificados; o al menos la mayoría de ellos.

Pero mientras el mundo se regocijaba sin saber verdaderamente por qué, Sakura tomaba en sus brazos el cuerpo inerte de su hija que acababa de morir para salvar el mundo.

—Sarada. – lloró con pesar mientras la apegaba a su pecho. —No, no mi preciosa hija. – sacudió la cabeza negando interminables veces hasta que algo surcó su mente. Miró una de sus manos e hizo crecer sus garras y el guante de su armadura, miró su pecho después. Si había podido salvar a Sasuke anteriormente usando su propia alma entonces haría lo mismo con su hija.

Se preparó para encajar su mano y descubrir su alma cuando la mano mojada y chorreante de Sasuke la detuvo. Ella le miró sorprendida, no esperaba que llegara justo a tiempo. El Uchiha le miró jadeante y negó lentamente. Sakura suplicó mudamente que le dejare salvarle, pero él no aceptó aquello.

—¿Por qué?

—Lo siento, Sakura. – Sasuke cayó arrodillado a su lado. —No puedo dejar que lo hagas.

—Oh, Sasuke. – reconoció al verdadero Sasuke entre sus palabras.

—Dejemos descansar en paz a nuestra pequeña. – se sorprendió al verle llorar, sólo que más discretamente. —Su sacrificio paró nuestra lucha y debemos valorarlo.

—La amo.

—Lo sé. – tomó el rostro frio de su hija y al hacerlo sus anteojos se deslizaron hasta el suelo. Sasuke los tomó temblorosamente y los contempló conteniéndose. —Lo sé. – volvió a susurrar. Sakura desistió y se dedicó a abrazar a su hija hasta que sintió que alguien la tomaba por la espalda y la abrazaba de igual forma. Era la primera vez en mucho, mucho tiempo que Sasuke le reconfortaba.

La familia Uchiha lloró ese día en medio de un día nublado y lluvioso. Al terminar el duelo, decidieron sepultar el cuerpo de Sarada en una preciosa colina verde que daba la vista a una preciosa montaña. Tras eso, Sasuke dio media vuelta y comenzó a caminar en sentido contrario a Sakura.

—Dime, ¿Cuándo nos volveremos a encontrar? – preguntó Sakura antes de que se alejara más.

—No lo sé. – Sasuke se detuvo sin mirarla.

—Entonces… hasta la próxima.

—Adiós, Sakura.

—Adiós, Sasuke. – el muchacho avanzó unos pasos más y de nuevo se detuvo.

—Sakura…

—¿Sí?

—…Gracias. – después de eso continuó avanzando.

—¿Por qué me agradeces? – preguntó al aire. Pero Uchiha no pareció escuchar, puesto que no respondió. —Gracias a ti, Sasuke. – viró a la tumba de su hija. —Gracias, Sarada, por permitirme ser tu madre. – se limpió sus últimas lágrimas y comenzó su propio camino. Quien sabe hasta cuándo se volverían a ver, pero hasta entonces, había mucho en que pensar.

Hinata abrió los ojos después de dormir esa noche. Se llevó una mano a su cuello para masajear la zona y deshacer los nudos que se formaban en sus doloridos músculos. Escuchó entonces un quejido y llevó la mirada rápidamente a Sakura, quien finalmente despertaba después de tanto.

—Sakura. – musitó al comprobar que efectivamente estaba viva y a salvo. Corrió hasta ella y se arrodillo. La muchacha reaccionó después de parpadear y al mover su cuerpo comprobó que estaba encadenada.

—¿Qué pasó? – preguntó aletargada.

—Estamos en una celda. – obvió. —¿Tú cómo estás?

—Estoy bien. – movió sus extremidades y tomó su cuerpo, las heridas ya habían sanado. —¿Por qué estoy encadenada?

—Pues… - apreció la tristeza en los ojos de la Hyuuga. —Oto-san… él… tenía mucho miedo. – intentó justificar.

—¿Miedo? – Sakura frunció el ceño. —¿Y por eso también te castigó? ¿Qué acaso no quiere a su hija?

—Cree que soy una traidora, por querer a Naruto-kun. – suspiró Hinata.

—Perdona que lo diga, pero es un idiota. – tomó las cadenas y tras aplicar suficiente fuerza las arrancó de sus muñecas. Hinata retrocedió sorprendida. —Escucha Hinata, amar está bien, bajo ningún concepto es malo. Es sólo que muchos no comprenden ese sentimiento completamente.

—Gracias.

—¿Cuánto tiempo dormí?

—Cuatro días.

—¿Tanto? – miró sus manos, evidentemente las heridas no ameritaban tanto tiempo, pero recordó que Sasuke le había atacado con la Oz maldita, por tanto debió disminuir su capacidad regenerativa.

—Es terrible, Sakura. Oto-san le ha declarado la guerra al Imperio del Norte, me preocupa mucho el sólo pensar que Naruto-kun se esté en peligro… además, se arriesgó tanto por frenar esta guerra…

—¿Una guerra, eh? – no parecía un tema nuevo para Sakura. —Las guerras son horribles. – dijo en un suspiro. —Tu deseo es permanecer al lado de Naruto, ¿No es así? – ella asintió sonrojada. —Hinata, debo decirte algo. En ti yace una fuerza muy antigua llamada…

—Creador. – dijo ella. —Sí, lo sé. Naruto-kun me lo dijo. Dice que con esto puedo cumplir mi mayor deseo, pero…

—Para que tu deseo realmente se cumpla debes morir. – eso no lo sabía y lo supo al verla perturbada. —La primera persona en poseer el Creador murió para parar una guerra. Por eso… - colocó sus manos sobre sus hombros. —No quiero que pidas tu deseo, Hinata. No ahora.

—Pero… ¿Por qué…?

—Quizá no te parezcas a ella ni a Won, pero en tus ojos puedo verlo. La flama de mi hija vive en cada persona que posee esa partícula universal. Por ello, no quiero que arriesgues tu vida. – confesó y extrañamente Hinata entendió.

—¿Entonces qué pasará ahora?

—Estoy cansada de ver guerra tras guerra. – le dijo Sakura cuando la soltó. —Sé lo que debo hacer y creo que ya he vagado bastante. Sasuke me lo dijo, aunque él muera este ciclo no podrá terminar. Reprimí era parte de mí por tantos años que creía que jamás existió y sólo fue un sueño por parte mía. No obstante… quiero parar ese círculo vicioso. No quiero que sufran por ello, estoy… cansada. – terminó por sincerarse, miró a Hinata y le sonrió con tristeza. —Soy una verdadera tonta.

—No digas eso, Sakura. – no sabía cómo consolarla.

—Realmente lo soy. – se acercó a la entrada de la celda y tras un silencio arrancó la entrada de un tajo, Hinata retrocedió. —Haré que todo esto termine, no dejaré que tú o Naruto mueran. – miró a la chica con una sonrisa sincera. —Vamos, hija mía, yo misma hare realidad tu deseo.

Ya no había dudas en lo dicho. No resistía ver a otro de sus hijos morir, por ello… debía ceder.

La luz aprendió una lección y la oscuridad comprendió que sus destinos podían cambiar más nunca alejarse uno del otro.

Continuará…