Gracias a las que comentáis y al resto...decidme algo andaaaaaa.
En esta parte conocemos un poco mejor a Regina, así que espero que os guste.
Espero vuestros comentarios.
Gracias por el apoyo.
Febrero
Parte I
¿Qué pasaba con Emma? Esa pregunta aparecía constantemente entre sus pensamientos, los cuales parecían cada vez girar más en torno a ella.
-Regina…Regina…-miró al hombre algo sorprendida- ¿Me estás escuchando?- Se fijó en como Archie apartaba la carta de los postres y la dejaba a un lado de la mesa.
-Perdona, ¿Qué decías?- Se sintió un poco mal por estar tan distraída. Archie había anulado una cita en su consulta para quedar a comer con ella y lo estaba ignorando completamente.
-¿Te ocurre algo?- el hombre se colocó las gafas- Te noto distante…
-No, es sólo que…nada, déjalo.- Bebió de sus copa de vino.
-Te conozco y algo se cuece por esa cabecita tuya.- Archie sonrió y llamó al camarero para pedirle otra botella de vino.
-Voy a llegar tambaleándome al trabajo- Se sentía aliviada de que su amigo no le insistiese acerca de estar tan ausente. Pero es que ¿qué tenía que decirle? ¿Qué se pasaba horas hablando con una chica de 21 años? Le iba a sonar muy raro.
-Pues yo creo que voy a tratar muy bien a mi próximo paciente- Rieron pero los dos sabían que eran un profesional en toda regla y que nunca perdía la compostura aunque llevase un par de copas de más encima. Quizás por su seriedad en el trabajo tenía tanto éxito en el campo de la psicología.-¿Me vas a decir qué te pasa?- Apoyó la cabeza sobre la mano mientras la miraba fijamente.
-Bueno…Archie es que no sé si…Yo no hago estas cosas- se apartó un mechón que le había caído sobre la cara.
-¿El qué?- con un gesto su amigo la instó a seguir hablando.
-Estoy hablando con alguien por Internet- Se sentía avergonzada, así que bajó la vista y se puso a juguetear con lo que quedaba de su segundo plato. Se alegró cuando el camarero vino a tomarles nota para el postre, porque la cara interrogante de Archie la estaba poniendo un poco nerviosa. Pidieron un par de cafés.
-Eso es genial.¿Por qué te sonrojas?- El Dr. Hopper le levantó la barbilla y luego puso una mano sobre las suyas.
-Es una amiga con la que congenio bastante bien. Ayuda a mitigar un poco mi soledad…- Dio las gracias cuando le sirvieron el café. Sólo, así lo tomaba. La mirada por encima de las gafas y el silencio que siguió a sus palabras le hizo saber que estaba preocupado por ella.- Sé lo que estás pensando, no tienes de que preocuparte.
-Ten cuidado, hay gente muy espabilada hoy en día y tú en relaciones sociales, sean del tipo que sean, llevas 7 años muy desentrenada.
-¿Recuerdas que en el trabajo trato a personas?- alzó una ceja.
-Chillar y mandar no cuentan como trato social.
Suspiró porque en el fondo el hombre tenía algo de razón. Aunque estaba segura de que podía confiar en Emma, es cierto que no estaban las cosas como para fiarse de cualquiera que se conociese, y mucho menos por Internet.
-Es que…-lanzó su mirada más desafiante porque sabía que no le iba a gustar por donde él iba a guiar la historia-Bueno…háblame de tu amiga. – Notó que Archie había suavizado el tono de voz, pero es que él la conocía perfectamente como para saber que si cuestionaban sus acciones podría desatar la tempestad que, en ocasiones, era Regina Mills.
-No hay mucho que contar, la conocí porque me mandó un email por error y bueno…Nos llevamos bien. Se llama Emma y tiene 21 años- sabía que había hablado con una sonrisa en la boca. Por lo que el psicólogo volvió a poner un gesto serio. Quizás esperaba otro tipo de reacción, no que la juzgase a estas alturas después de conocerse prácticamente de toda la vida.
-Ten cuidado.- Vio preocupación en los ojos azules.
-Por esto no te lo quería decir, porque es que es algo fácilmente mal interpretable. –Comenzó a guardar sus cosas en el bolso. No le apetecía aguantar ese tipo de conversación.
-A ver, escúchame, - el pelirrojo le quitó el bolso de las manos para que le prestase atención- no te tomes las cosas a mal, porque estoy contento de que te abras a alguien. Aunque sea a una amiga de 21 años.
Le arrancó el bolso bruscamente y pidió la cuenta.
-Pago yo- dijo cuando tuvo la bandejita con el ticket delante. Depositó la cantidad adecuada más una propina y se levantó dispuesta a marcharse. Archie también se levantó y se puso el abrigo.
-¿Tendrás cuidado?- sintió el brazo de su amigo rodeándola.
-Te lo prometo- sonrió de medio lado ablandándose un poco y le colocó bien una de las solapas del abrigo a su acompañante.
-Te llamaré para que vengas a casa a cenar el fin de semana. Astrid estará encantada de verte.
-Yo te llamo- tras un breve abrazo se volvió y comenzó a caminar de vuelta a la oficina. Habían quedado a comer cerca de su trabajo, así que había venido andando.
Hacía mucho frío, probablemente nevaría. Miró al cielo por unos instantes y recordó a aquella a la que solía gustarle la nieve. Emma le había dicho que a ella también le gustaba…¿Por qué conseguía la rubia colarse en su mente a cada rato? Negó interiormente y apretó el paso.
[….]
Miró de nuevo la pantalla con ansiedad. Habían quedado en que se conectarían hacía ya dos horas y Emma no aparecía. A lo mejor se había retrasado por algo, pero si no iba a poder conectarse siempre la avisaba.
Se levantó y fue a buscar algo de cenar, a la vez que encendía otro cigarrillo. Se estaba comportando como una histérica.
Preparó una ensalada y se sirvió una copa de vino. Después se sentó en el sofá que había frente a la televisión y la encendió. Así se distraería sin ponerse atacada por si la rubia aparecía o no.
¿En qué momento había comenzado a sentirse así si Emma faltaba a una de sus "citas"? Intentó mitigar la preocupación que sentía por la ausencia de la joven mirando programas absurdos. Pero no pasaron muchos minutos antes de que volviese a colocarse frente a la pantalla de ordenador.
Es que le parecía raro que no le hubiese escrito diciéndole que le había surgido un imprevisto, solía hacerlo. Además, hoy le iba a mostrar el video que le había hecho. Estaba entusiasmada con que ella lo viese, por eso le extrañaba que no hubiese dado señales.
La madrugada estaba bastante entrada cuando desistió en eso de esperar a Emma, así que se fue a la cama. Aunque no hizo otra cosa que dar vueltas toda la noche.
[….]
Vio la cara de miedo de sus subordinados cuando pasó sin saludar. Sí, hoy mejor que la dejasen en paz porque estaba cansada y eso conllevaba no estar de humor. A parte, seguía sin saber nada de Emma.
Cuando su secretaria pasó a informarle acerca de las citas del día, le contestó con monosílabos. Ni tenía ganas de hablar ni la estaba escuchando. Así que si después de tantos años la conocía lo más mínimo, debería de saber que cuanto menos la molestase mejor para ella. Ella misma reconocía que tenía un genio terrible cuando quería.
Se conectó desde su despacho y abrió el email. Nada. ¿Le habría pasado algo a esa niña?
Durante la mañana había mirado el ordenador con auténtica ansiedad, después había decidido centrarse en su quehaceres porque si no se iba a pasar todo el santo día entre las cuatro paredes de la oficina. Aún así, eran casi las 10 de la noche y ahí seguía. Desde luego, trabajar siempre le había funcionado muy bien a la hora de dejar de lado sus preocupaciones.
Desde que ella no estaba sabía que sus jornadas laborales se habían vuelto mucho más intensivas, sobre todo aquel primer año en el que apenas hacía nada más que intentar hacer algo que mereciese la pena con su empresa. Y sí, siete años sin vida la habían llevado a hacerse conocida en su sector pero ¿servía de algo? Muchas veces se lo preguntaba.
Había salido a por un café , cuando al entrar por la puerta escuchó el sonido de que alguien le hablaba. Corrió hacia el ordenador.
Emma: ¡Hola!
¿Debía decirle que la preocupación la había consumido? ¿O actuar normal?
Emma: Siento no haberme conectado ayer, pero es que me pasé la noche en el hospital.
Regina: ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
Emma: Me caí con la moto de mi padre. Tengo un brazo roto :( ¿ Es que me has echado de menos?
Regina: ¿La verdad? He estado muy preocupada, porque no me extrañó mucho tu ausencia.
Emma: Lo siento.
Regina: Lo importante es que es sólo un brazo roto, nada grave.
Emma: Ha sido el derecho…no puedo hacer las prácticas.
Regina: Pufff. ¿Y qué tienes que hacer con ello?
Emma: Ir a mirar. ¡Qué rollo!
Regina: Bueno, pero ¿tú cómo estás?
Emma: Me duele…me he conectado a decirte que voy a estar ausente unos días, es que con la izquierda no soy muy ducha.
Había notado que la rapidez al escribir de la rubia había disminuido, pero claro, normal.
Regina: ¿Te puedo pedir algo?
Emma: Claro.
Regina: ¿Me das tu teléfono? Es que he caído en la cuenta de que si te pasa algo no me entero y eso es algo que no me gusta.
Emma: ¡Claro! Además, así podemos hablar estos días mientras estoy convaleciente.
Enseguida vio en la pantalla el número de la rubia.
Emma: ¿Me llamas? ¿O te llamo?
¿Así de repente? Vale, ya habían tenido conversaciones por voz vía Internet, pero esto le parecía un poco más personal. Marcó en su móvil.
-¡Hola, Regi!- una dicharachera Emma la recibió al otro lado de la línea.-¿Te ha comido la lengua el gato?- preguntó ante su silencio.
-Hola, Emma.- contestó algo risueña. Comenzó a recoger las cosas para marcharse a casa.
-¿Qué tal tu día?
-Sigo en el trabajo, me voy ya.
-Trabajas una barbaridad- asintió porque la joven llevaba razón.
-¿Qué pasó para que te cayeses con la moto?- Fue apagando las luces de la oficina y se subió al ascensor.
-Pues se me cruzó un coche volviendo de la universidad y como había nevado, me patinó la rueda al esquivarlo y catapún. Brazo roto. Y lo peor es que ahora no puedo hacer nada en las prácticas, sólo mirar.
-Te dije que las motos eran peligrosas.- Cuando llegó al parking, metió el bolso y el abrigo en la parte trasera del coche y se subió- Si se corta es que voy a conectar el manos libres del coche.
-¿Vives muy lejos del trabajo?
-A media hora, ya sabes que odio el centro, así que aunque me pille un poco lejos, prefiero las urbanizaciones de las afueras.
-¿Es grande tu casa?
-Enorme…- salió a la calle conduciendo- Para mí sola, quizás demasiado.
-¿Te gusta vivir sola?
-Pues…no es que me guste o me deje de gustar, pero me he acostumbrado. Ahora creo que me costaría mucho volver a compartir mi espacio con alguien. En fin…las circunstancias se han dado así.
-Yo creo que no podría, me gusta que haya gente siempre en casa. Aunque mi padre trabaja mucho y casi nunca está.
-Me dijiste que era médico ¿verdad?
-Sí, es cirujano y mi madre es profesora en un colegio. Ella siempre suele estar por casa.
Hasta que llegó la conversación se basó básicamente en Emma hablándole de sus padres. Se llamaban David y Mary Margaret, se habían conocido en el instituto y se casaron cuando aún estaban en la universidad. La rubia se burlaba un poco al decir que siempre contaban que lo suyo había sido amor a primera vista, aún así decía que admiraba la relación que tenían, puesto que siempre le había parecido que estaban muy enamorados.
-Ya he llegado- dijo mientras abría la puerta y mandaba volando los tacones.- Los zapatos que me he puesto hoy son horribles.
-¿Son feos?- rió al escuchar la pregunta.
-No, son muy incómodos.
-¿Ahora vas a cenar?
-Voy a abrir la nevera a ver si hay algo decente que comer- Lo hizo y lo más apetitoso que encontró fue un yogur.
-¿No te gusta cocinar?
-Solía hacerlo, pero para mí sola no le veo demasiado sentido.- Se fue quitando chaquetas mientras subía las escaleras.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Claro- No le importaba en absoluto contestarle a Emma lo que ella quisiese preguntar.
-¿Has estado siempre sola?- la voz le había sonado algo tímida. Probablemente era algo que la joven llevaba barajando decirle desde hacía un tiempo.
-¿Te refieres a si he tenido pareja?- buscó el pijama mientras hablaba.
-Sí…
-Tuve, durante 20 años, se llamaba Daniella y murió hace 7. Desde entonces nada.- Notó que Emma se quedaba callada más tiempo de lo habitual.- Puedes decir algo…puedo hablar de ello.
-Lo siento.
-Ya lo llevo bien, bueno bien…ya sabes.
-No sé qué decirte.
-No hace falta que digas nada, fue algo muy duro pero te aseguro que ya estoy mucho mejor que tiempo atrás.
-¿Y no has querido volver a tener pareja?
-No consiste en querer o no querer, pero es cierto que es algo que no he ido buscando en ningún momento. Supongo que …bueno, que creo que nada será equiparable a lo que tuve así que…
-Prefieres estar sola.
-Sí.- Comenzó a desvestirse mientras sujetaba el teléfono como podía.
-¿Siempre has sabido que te gustaban las mujeres?- sonrió ante la pregunta. No sabía porqué pero lo hizo, quizás porque pocas personas le habían cuestionado sobre ello.
-Sí, siempre lo tuve bastante claro. Y, de hecho, creía que jamás iba a encontrar a alguien…pero bueno, tuve suerte, a pesar de que las cosas no salieron para nada como yo hubiese deseado.
-¿Nunca pensaste en estar con un chico?- Dudó unos instantes acerca de si responder a eso, hasta paró de ponerse el pijama y se sentó en la cama. Pero algo la instaba a ser sincera.
-Me acosté con uno.- Emma volvió a quedarse callada- ¿Sorprendida?- Se rió al notar el cohibimiento de la joven.
-Pues…como siempre te he visto como súper lesbiana, no te lo tomes a mal. Pues me he quedado un poco…
-Supongo que lo hice por probar, por ver qué era aquello. No me costó encontrar una víctima para mi experimento. – Le gustó la risita que le llegó desde el otro lado de la línea.
-Y…¿te gustó?
-No estuvo mal, pero te aseguro que no es comparable. Aunque bueno…imagino que te gustará estar con chicos en ese sentido, a cada cual le gusta una cosa.
-Yo…bueno, no he estado aún con ninguno- Si es que Emma le parecía tan tremendamente inocente que inspiraba en ella una gran ternura.
-Ya estarás, no te preocupes, que para eso siempre hay tiempo. Lo suyo es que encuentres a la persona adecuada.
-Sí, siempre he pensando que no podría tener relaciones con alguien por quien no tuviera sentimientos.
-Lo importante es que cuando lo hagas estés segura.
Siguieron hablando durante horas. De hecho, no durmieron en toda la noche. Ella le contó cosas que pocas personas sabían. Hablaron de música, de cine, de viajes…parecía que nunca se les acababa la conversación.
Pocas veces en su vida Regina se había sentido tan a gusto charlando con alguien, por lo que no dejaba de sorprenderle cómo podía encajar tan bien con una persona con la que tenía una gran diferencia de edad. Pero es que era como si tuviesen la confianza de dos viejas amigas que a la vez se van descubriendo poco a poco.
Cuando esa mañana fue a la oficina, todo fue distinto al día anterior. Estaba feliz y todos lo notaron.
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