Un nuevo año y un nuevo capítulo y yo sigo a la espera de mis merecidas vacaciones. Pero en fin. Este capítulo hablara un poco más a fondo de aquel singular personaje que hemos esbozado en estos últimos capitulos. Espero que lo disfruten.


-11-

Wonmerkurk.


Wonmerkurk era un nombre que había aparecido muy poco en la historia, la mayoría de las personas reconocen ese nombre por su diminutivo, el cual es sinónimo de sabiduría y hazañas. El nombre que todos saben es Won.

De unos escasos 19 años, Won se levantó esa mañana con esmero, estiró sus brazos entres los harapos sucios en los que dormía y mientras exclamaba con exageración dio un traspiés a todas sus cosas para levantarse. Sacudió sus cabellos y los acomodó a su antojo, dado que vivía solo no tenía por qué lucir presentable para nadie, así que simplemente se acomodó como mejor me pareció. Salir de su tendido y salir de la desdichada casa de cartón, metal y madera que él mismo se había construido saludó al mundo con una sonrisa y aspiró el aire de la mañana.

Vivía en la zona más alejada de la ciudad, a las faldas de un volcán dormido, el cual sólo de vez en cuando lanzaba un poco de humo a través de su chimenea. Tomó agua de un recipiente, era la más limpia que tenía así que la cuidaba como oro molido. Después de hidratarse y hacer sus demás necesidades, el muchacho emergió al resto del mundo. Recogió algunos maderos que estaban en la entrada del bosque, debían ser lo suficientemente gruesos, ya que el invierno se acercaba pronto y las heladas era brutales. Tan ocupado estaba que no se percató de la presencia de alguien más.

—¡Won! – saltó sobre su espalda sin ceremonias y se colgó de su cuello con diversión, Nemea. Era una chica que de vez en cuando veía por ahí, era hija de una familia de clase media que vivía a un kilómetro de donde él. Era increíble como todos los días recorría a pie las extensiones de tierra para darle los buenos días.

—¡Nemea, basta, me vas a tirar los leños! – pese a que se conocían desde niños, los padres de Nemea no aproaban su amistad, al grado en que cada vez debían castigarla con más severidad o mudarse más lejos. Por supuesto eso no desalentaba a la joven, el cariño que sentía por Won iban más allá de lo que la gente pensaba.

—Que aburrido eres. – lo liberó de su agarre. Él era más alto pero se las apañaba para siempre alcanzarlo.

—Eres casi una adulta, ¿Por qué te comportas como una niña? – riñó el joven.

—Exacto, casi. Tengo 17 años, déjame disfrutar el poco tiempo que me queda de niñez.

—¿Niñez? – se echó a reír. —Bien, si tú lo dices.

—Mmm… - gruñó. —¿Y tú que haces, te preparas para el invierno?

—Sí, dentro de unos días se vendrán las heladas, tengo una reserva de leños pero no sé si serán suficientes, nunca se sabe.

—No tendrías que preocuparte por eso si vinieras a mi casa como siempre te propongo.

—Sabes que no puedo ir, tus padres me odian.

—Es por que no te conocen, apuesto que si te conocieran les encantarías.

—No lo creo. – masculló. —Anda, ayúdame a recoger los leños que tumbaste.

—Vale, vale… - recogió tres y los llevó dentro de su casa. —Won, deberías limpiar este lugar es un asco.

—No tengo que brindarle excusas a nadie, déjame en paz, ¿Quieres?

—Está bien, está bien, sólo decía. – acomodó las cosas y se sentó en el suelo mientras estiraba las piernas, usaba un vestido que le llegaba hasta las rodillas.

—Nemea, se te ven los muslos. – dijo irritado.

—¿Y te gusta lo que ves? – se echó a reír.

—Muy graciosa.

—Sólo bromeaba, Won. – dobló las piernas.

—Llámame por mi nombre completo, ya sabes, me hace sonar más imponente.

—Wonmerkurk es muy feo, Won es tierno. – dijo mientras inflaba sus mofletes.

—Es mi nombre, ¿Qué me dices de Nemea?

—Es un nombre muy antiguo… eso creo.

—No, yo pienso que te lo inventaste de alguna parte.

—¿Cómo se supone que lo inventaría, si me llamó así desde que sé?

—No lo sé. – dijo mientras se encogía de hombros.

—Tsk, rara.

—Tonto.

Sí, era otro día más en la vida de aquellos jóvenes en aquel mundo tan destrozado. La aldea en la cual vivían era de muchas gamas y aunque estuvieran separados por algo tan vano como las clases sociales los dos se querían con todas sus fuerzas.

Won acompañó a Nemea hasta donde le fue posible y una vez que sintió que ella estaba segura se regresó a pie. Estaba atardeciendo y ya tenía hambre, habían comido, pues Nemea llevó comida ese día, cuando el sol estaba en lo más alto del cielo, pero ahora, que simplemente anochecía, el hambre volvía a atacarle. Bien, si quería comer algo sería mejor que se diera prisa, pues una vez que anocheciera el frío sería insoportable.

Buscó comida en las cercanías de su casa, más precisamente en el bosque, era el único lugar en donde nadie le recriminaría el buscar alimento sin ser invasivo.

Estaba caminando mientras contemplaba la corteza de los enormes árboles y alrededor, si encontraba el nido de algún animal o fruta no venenosa, sería más que suficiente, pero debía apurarse. Logró hacerse de algunas setas insípidas que estaban a la orilla de un riachuelo. Las comió desesperado y bebió agua lo más rápido que pudo. Pese a que el lodo arrastraba algunas partículas de basura, le importó menos cuando sintió el refrescante líquido en su garganta seca. Hizo un mohín cuando se percató que quizá sería lo único que comería ese día. Se sentó al borde, si tan sólo hubiera peses sería enormemente feliz, no obstante la luz estaba cayendo y lo animales desaparecían al crepúsculo y volvían al alba. Mascullo una maldición en silencio y después se recostó un rato, antes de que desapareciera la luz quería apreciar un poco las insipientes estrellas.

—Dicen que su pides un deseo a las primeras estrellas de la noche se te concederá. – Won abrió los ojos sorprendido y se volteó asustado para mirar a su derecha. Ahí, parada y sin ninguna clase de protección más que un conjunto de ropa delgado de pantalón corto que le llegaba hasta los tobillos y una blusita de mangas largas, con un pañuelo sobre la cabeza y sonriendo para él, se encontraba una chiquilla de al menos 10 años.

—Disculpa pequeña. – Won se enderezó hasta sentarse, estaba sorprendido, generalmente nadie entraba en el bosque más que él. —¿Estás perdida? ¿Quieres que te ayude a encontrar a tus padres?

—No. – la niña se acercó a él. Una vez más cerca aprecio su exótico cabello de color rosa. —Pasaba por aquí y como te vi tan concentrado…

—Espera, ¿No quieres que te ayude a regresar a tu casa? Acaso escapaste, diablos, estos niños de hoy en día. Ven. – la tomó de la muñeca. —Te llevaré a un lugar seguro, helará muy pronto.

—Pero es que yo…- arrastrarla no le causaba ninguna clase de problemas y pese a eso la niña seguía resistiéndose.

—Está bien, está bien, no te preocupes, sé que soy un extraño pero no te haré daño. – al ver que ella no avanzaba rápido decidió cargarla y asegurarla. Cuando llegó a su casa cubrió todos los recovecos para protegerse del frio. Durante el día hacía frio, pero por las noches nevaba y el sol del día siguiente, tan caliente y paradójico derretía y secaba todo.

—¿Está es tu casa? – la niña se quedó de pie en medio de todo el recinto.

—Sí. – Won se sacudió la ropa y después se ubicó a su lado. —¿Cómo te llamas?

—Sakura. – la niña sonrió.

—Bien, Sakura, ¿En qué zona de la ciudad vives? Yo te llevaré.

—¿Pero no hace demasiado frio?

—Tal vez, pero puedo apostar a que tus padres están muy preocupados.

—Para nada. – rio. —Mis padres murieron hace mucho tiempo. – Won quedó en shock.

—Oh, lo lamento mucho.

—Descuida. – ella volvía a sonreír con armonía.

—Quédate a dormir esta noche aquí. – le ordenó. —Me sobra espacio y sé que no serás un estorbo.

—¿Enserio? – ella sonrió contenta. —¡Gracias! – corrió a abrazarlo.

—Sí, sí, no importa. – se sonrojó levemente. —Por cierto, me llamo Won.

—¿Won? – soltó una risita. —Es un nombre hermoso.

—¿Tú crees? – imaginó que Nemea diría lo contrario, pero disfrutó el momento. —¿Sakura, verdad? – ella asintió. —¿Nos dormimos?

—Sí. – se acomodó junto a sus cobijas. Won también y ella le abrazó, el muchacho se sonrojó pero se dejó hacer.

Esa noche él había deseado no estar solo y al parecer se lo habían concedido.

Gracias a su deseo Won consiguió algo que añoraba más que nada en el mundo: Una familia. Sakura era como una hermana menor, era linda, obediente e inteligente. En ocasione le apantallaba al hacer observaciones bastante maduras o audaces para sólo tener diez años. En una ocasión ella le había comentado que Wonmerkurk significaba Destinado en un idioma desconocido; y que en efecto, Nemea hacía referencia a un antiguo poblado de una cultura olvidada que se hizo famosa por que un poderoso héroe la rescató de un terrible león.

Si Sakura inventaba o no aquellos relatos le era irrelevante, lo cierto era que tanto él como Nemea se divertían sin parar con las ocurrencias de la chica. Así, pasó un año y Won había tomado mucho cariño por la niña, casi como si la conociera desde siempre.

Ambos estaban caminando río arriba, pues deseaba con todas sus ganas darle de cenar pescado y la única manera de conseguirlo era subir hasta el nacimiento del río. Caminaron cerca de dos horas y finalmente llegaron a un hermoso lago que tenía grandes muros de rocas apiladas alrededor, cuestión por la cual los animales no nadaban hacia abajo.

—Bien, yo iré primero y te ayudaré a bajar, ¿Está bien? – Sakura asintió en silencio. Se le veía distraída y Won lo notó. —¿Pasa algo? – ella miraba alrededor de forma detenida, después se dirigió al muchacho y negó lentamente.

—Vamos. – motivó. Won bajó entre los pedruscos con sumo cuidado de no caer, traía consigo una red y una cubeta, las pasó primero y una vez que las estableció en una roca plana fue por Sakura.

—Ven, te cargaré. – ofreció amablemente.

—¡Cuidado! – Sakura se lanzó sobre Won repentinamente y lo lanzó hacia el agua, el muchacho miró atónito alrededor cuando ambos emergieron a la superficie.

—¡Sakura, que demonios…! – ero un rugido lo hizo cambiar de ánimo. Un peligroso animal emergió detrás de donde habían estado anteriormente. Era una enorme serpiente venenosa, casi de dos metros y se erguía sobre su cuerpo articulado, siseó un poco y después desapareció entre las rocas

—Una serpiente. – dijo como justificación.

—Sí, ya veo. – suspiró y le acarició la cabeza. —Gracias, no sé cómo te diste cuenta, pero gracias. – ella asintió sonriendo. Won nadó hasta la orilla y trepó con cuidado, el agua chorreaba por todo su cuerpo y entonces al intentar dar otro paso para subir a Sakura resbaló.

—¡Won! – Sakura sólo miró sorprendida el peligroso balanceo del chico. Pero justo al momento de caer una mano ajena detuvo su caída, Won parpadeó sorprendido y cuando miró el rostro de su salvador quedó hipnotizado en un par de ojos totalmente oscuros.

—Gracias. – murmuró.

—De nada. - el muchacho frente a él le terminó de subir. Era un chico vestido con una capa negra, ya algo maltratada, pantalones de mezclilla negra y botas, no podía diferenciar su ropa superior. Tenía el cabello alzo desordenado, la piel blanca y por su apariencia probablemente tendría 16 años.

—Espera, subiré a mi hermanita. – subió a Sakura y percibió en su rostro angustia. —¿Estás bien?

—Sí. – ella se dejó hacer y que la colocara en la roca. Mientras Won exprimía sus ropas se percató de una extraña tensión entre ambos. Ninguno de los dos dijo nada, pero era muy evidente.

—Sakura, ¿Sabes quién es este joven? Disculpa, ¿Cuál es tu nombre?

—Black. – contestó con simpleza.

—Ah, perfecto. Gracias por lo de hace un momento Black. Pareces un chico serio pero educado, ¿Te gustaría acompañarnos a pescar a mi hermana y a mí?

—¿Son hermanos? – pareciera que acababa de burlarse, pero Won lo pasó por alto.

—No biológicamente, pero sí. – se volteó a Sakura. —Pásame la red, Sakura, la lanzaré aquí.

—Sí. – ella continuaba monótona, sin separar la vista de Black. Pasó todo lo necesario y tras la invitación de Won los tres se sentaron mientras él lanzaba la red y esperaban.

—¿Vives cerca de aquí? No tenía idea que más personas se internaban en el bosque, generalmente es una zona… prohibida. Ya sabes, es peligrosa y todo eso.

—Paseaba. – contestó Black.

—Ya veo. – se volteó a Sakura, ella estaba callada. —¿Tienes sed? – quería romper la tensión pero al parecer no lo lograba.

—No, Won, gracias. – ella miró nuevamente al otro individuo y tras un mohín de frustración se levantó precipitadamente para saltar de roca en roca con suma gracia.

—¡Sakura! – intentó regañarla, pero la niña se volteó anticipándole.

—¡Iré al baño! – y con eso se zafó de la bronca, quedando los dos solos.

—¡Bien, pero ten cuidado! – la niña asintió y prosiguió su camino. —Ah, es difícil ser hermano mayor, dime Black, ¿Tienes hermanos?

—No. – fue seco y eso intrigó al joven. —Pero… los tuve antes. Tampoco eran mis hermanos biológicos, bueno, exceptuando uno, pero ya ha pasado mucho desde su muerte.

—Vaya, lo lamento mucho. – suspiró. —Yo no sé si tenga hermanos biológicos, he estado solo desde que recuerdo, pero… con Sakura ya no me siento solo. – sonrió y Sasuke le miró atentamente.

—¿Hace cuánto que la conoces?

—Un año, la pequeña me dio un susto de muerte, pero tras una conversación se quedó conmigo.

—Un año. – se quedó en silencio un momento. —¿Won, verdad?

—Sí, ah, disculpa, no me presenté debidamente; me llamó Wonmerkurk, pero todos me llaman Won.

—Destinado. – murmuró Sasuke y el muchacho se paralizó.

—¿Qué?

—Eso significa tu nombre. – Sasuke se levantó. —Ha sido un gusto, Won. Pero debo irme. – saltó sobre las rocas.

—¡Ah, igualmente! – apenas terminó de decirlo Sasuke había desaparecido. —Era un tipo raro, pero amable. – Won se interrumpió a si mismo cuando haló la red y consiguió una gran cantidad de presas. —¡Sakura, esto es grandioso! Comeremos muy bien el resto de la semana.

La niña asintió mientras le ayudaba a colocarlos en la cubeta.

Así pasaron los días, desde su encuentro Sakura había perdido un poco de la espontaneidad que la caracterizaba y eso no pasó desapercibido para Won.

—¿Pasa algo? – le dijo un día, en el cual la niña estaba sentada a la orilla del bosque, sumergida en sus pensamientos. Ella lo miró por unos segundos y después suspiro.

—Won, debo irme.

—¿Irte? – sonrió sin comprender. —¿A dónde?

—Lejos. – y así, sin nada más que decir Sakura le dio un beso en la frente y comenzó a caminar al interior del follaje.

—¡Sakura! – Won intentó tomarla de la muñeca pero la niña se soltó con inusual rapidez. —¡Oye, no puedes…!

—Adiós, Won, eres un buen hombre. – corrió veloz y pese a que le persiguió llegó un momento en el que Sakura se desvaneció en medio de la nada.

Tal y como llegó hacía un años y medio, Sakura desapareció de su vida.

—Sakura. – cayó de rodillas entristecido.

—Mujeres. – rio detrás de él una voz que conocía.

—¿Black? – Won se sorprendió de ver a aquel joven después de tanto tiempo. Desde hacía un mes que no lo veía, el tipo aparecía y desaparecía de vez en cuando.

—Cosas malas pasaran, Won. – advirtió Sasuke. —Y no es precisamente por culpa de la luz o la oscuridad. – el muchacho apreció con fascinación y al mismo tiempo temor el cambio radical de los ojos de Sasuke. —Es tu destino, pequeño. Puedo verlo en tu alma. – de nuevo, Sasuke era capaz de ver aquella chispa casi divina. El Creador resplandecía en el interior de Won.

—¿Qué eres? – balbuceó.

—Todo a su tiempo. – Sasuke caminó hacia él y lo ayudó a levantarse. —Al igual que Sakura debo irme. – miró el cielo. —Es mejor mantenernos alejados. El caso es que… siempre pasa lo mismo, tarde o temprano.

—No entiendo de qué hablas.

—Te daré un concejo. – con su puño tocó su pecho. —Se fuerte y apto, porque lo necesitarás. – tras decir esto Sasuke, al igual que Sakura, desapareció de la vista de Won.

Así pasó el tiempo y aunque para Won y para las cosas que Sasuke y Sakura le habían dicho antes de partir eran confusas pronto se dio cuenta que eran necesarias. El mundo se desestabilizó nuevamente después de tanto tiempo y las guerrillas lentamente abatieron el mundo. Won comprendería tres años después de lo que Sasuke estaba hablando y que el caos poco a poco se desataba por el mundo arruinando no solo naciones lejanas sino sus propias tierras.

La ciudad en la cual vivía se convirtió en una bomba de tiempo. Ahora era muy difícil que tanto él como Nemea se vieran, en las calles circulaban tipos armados hasta los dientes que proclamaban políticas e ideas extremistas. Los grupos de defensa pública se formaron rápidamente, las guerrillas se extendieron no sólo en su ciudad sino en las vecinas. Won no volvió a ver a Nemea puesto que sus padres se mudaron para estar seguros.

Era justamente su cumpleaños número veintitrés cuando pasó y se dio cuenta que el destino del mundo era sombrío. Corría por los bosques que de sobra, lo perseguían tres tipos armados y más corpulentos. Desde que Nemea se había marchado y la ciudad se hacía cada vez más inhóspita, Won se había relacionado, de mala gana, con una banda de fraudulentos con la intención de estar protegido de más bandas desquiciadas que iban y venían por la ciudad. Hasta el momento todo había sido sencillo, Won se dedicaba a pasar mensajes entre ciertos puntos de reunión, pero recientemente se había enterado de un golpe lo suficientemente catastrófico para la ciudad como para dejarlo pasar por alto.

Esto no se trataba de una simple estafa o tráfico de armas, los maleantes pensaban explotar ciertos puntos de la ciudad para "sacar" a la luz ciertos enemigos que yacían escondidos. Pero la verdad era que buscaban intimidar a la población, matar a ciertos enemigos y algunos pobladores aferrados a vivir fuera de su ley. Esto era el colmo, Won renunció a llevar ese mensaje y los demandó contra las autoridades, que pese a que luchaban día con día en aras de perder tarde o temprano, eran los únicos a lo que podía acudir. Una vez que los maleantes se dieron cuenta de esto lo persiguieron con una orden clara: Ejecutarlo por traición.

Así que la única opción de Won era correr entre aquel misterioso bosque helado y salvar la vida. Los disparos se perdieron en medio de la persecución, manejaban una especie de revolver poco efectivo, puesto que las mejores armas se habían destruido hacía décadas por movimientos de diferente índole. En la actualidad ya casi no existían armas óptimas, salvo que un inventor las renovara. Las metralletas y armas de fuego de destrucción de masiva se perdieron con el paso del tiempo, casi por arte de magia, cuando la última guerra nuclear se desató y Sarada murió para salvar al planeta de la destrucción.

No obstante, aunque eran armas de corto alcance lograron darle. Le perforaron la pierna derecha y se desplomó en el suelo cuando perdió la fuerza.

—¡Lo tenemos! – uno de ellos, el que iba más cerca, saltó sobre Won y le propinó un fuerte puñetazo en la cara, el muchacho sintió aquel dolor punzante en la parte baja del maxilar para espabilar y detener el próximo. Aun herido, se dio la vuelta con el maleante a cuestas y lo derribó con él arriba. Le regresó el golpe con maestría, pero no logró hacer más puesto que los compañeros del perseguidor se lo quitaron de encima y lo sujetaron de los brazos.

—¡Quieto! – uno de ellos le pateó por detrás de las rodillas con tanta fuerza que lo obligó a doblegarse.

—¡Maldito niño! – el hombre que al principio había golpeado le dio un buen rodillazo en el estómago y luego otro golpe en la cara. La mejilla izquierda de Won estaba inflamada y su ojo comenzaba a ponerse morado. —¡¿Creíste que podías escapar?! – escupió algo de sangre. —Maldita sea. – bufó mientras tocaba su rostro.

—Ustedes. – exhaló con dificultad, recuperándose. —Están locos.

—El único loco aquí eres tú. – masculló molesto uno de los sujetos que lo tenía por la espalda. —Mira que traicionarnos, ¿Qué no sabes las consecuencias?

—Matar a inocentes es una locura. – insistió Won.

—Inocentes o no, debemos dejar marca en el mundo, niño. – explicó el otro que le sostenía.

—Mucha charla. – quien estaba al frente le apuntó con el revólver. —Saludarás a tu creador.

—Qué curioso que lo menciones. – los cuatro hombres se paralizaron un momento por la sorpresa. Al lado de un frondoso árbol, parada y sin ceremonias, los observaba una pequeña niña la cual no sobrepasaba los diez años.

—¿Sakura? – Won la reconoció enseguida. ¿Cómo era posible que esa niña fuera Sakura? Había pasado tanto tiempo, ¿O sería alguien más?

—¿Qué haces sola en este lugar, niña? – regañó uno de los maleantes.

—Vete a tu casa, no deberías interponerte en asuntos de gente grande. – le dijo despectivo quien sostenía el arma. —Anda, ve a tomar el té con tu mamá y a limpiar, corre.

—Yo no tengo mamá. – especificó Sakura, sin inmutarse. Los hombres se miraron entre ellos con algo de pena.

—¡Sakura! – se alarmó. —¡Vete de aquí, corre!

—¿Ah, la conoces? – quien iba a ejecutarlo sonrió maquiavélico. —Bueno, en ese caso. – le apuntó descaradamente a la niña, la cual seguía sin moverse. —Primero usaremos la angustia y después la muerte para torturarte. – quitó el seguro del arma y eso desató el pavor en Won.

—¡No, no espera! – se removió. —¡Es sólo una niña! ¡¿Estás demente?! ¡Déjala ir!

—Tiny, es cierto, es una niña inocente. – otro de sus compañeros intentó persuadirlo.

—Cállate, inocente o no, no ha visto.

—¡Ella no dirá nada! – Won castañeó los dientes. —¡Sakura, vete yo estaré bien!

—No, no es cierto. – eso le dejó perplejo.

—Chica lista. – finalmente disparó.

—¡No! – Won contempló el momento en el cual la bala entraba en su cuerpecito y la tiraba al suelo. —¡No, Sakura! – estaba a punto de llorar cuando escuchó la risa de la infante. Tanto él como sus agresores quedaron estáticos. Sakura se levantó sin problemas y todos contemplaron como la bala emergía de su piel y la herida cicatrizaba rápidamente.

—Ustedes los humanos son tan irracionales. – dijo con seriedad y ante la sorpresa inicial todo se duplicó cuando de su espalda crecieron dos hermosas y enormes alas blancas. Pero eso no fue lo más impactante, sino ver al infante crecer a una edad adulta en instantes y al mismo tiempo reírse en sus narices. Las alas blancas de Sakura se ocultaron y su cuerpo adulto desnudo marcaba una diferencia quizá divina entre ellos.

—¿Qué diablos…? – masculló uno de ellos, sonrojado. Pero la sorpresa tuvo que esperar cuando Sakura le tomó de la cara con toda la extensión de su mano y de un tirón sorprendente rápido los despegó de Won para lanzarlo contra un árbol y dejarlo perplejo y sin aliento. El otro sujeto soltó el cuerpo del muchacho y se echó a correr, pero Sakura estaba más adelante y metió su pie para que éste se tropezara. Una vez en el suelo lo levantó de la espalda y le clavó el puño en el estómago, dejándole con los ojos en blanco y sin responder.

Won estaba anonadado y cuando contempló que Sakura se giraba hacia él se arrastró hacia atrás con desesperación, mas la chica lo tomó del hombro y lo hizo parar, llevó una de sus manos a su pierna herida y tras suspirar una cálida luz verde fluyó a través de su cuerpo para sanarle. Cuando todo terminó los ojos del chico y el Perfecto se enfrentaron por segundos interminables. Sakura sonrió con tristeza y retrocedió.

Aunque estaba desnuda, el pudor era de las primeras cosas que había perdido al convertirse en lo que era ahora, sin embargo Won si lo notaba y respondía sonrojándose.

—¿Cómo… cómo es que tú…? – no podía organizar esa pregunta, estaba muy confundido. —Eras sólo una niña y entonces…

—Es evidente que no soy humana. – dijo para comenzar una segura explicación. —Soy un Perfecto, una criatura ancestral que ha vivido cientos de años. Tengo la habilidad de controlar mi alma y cuerpo para evolucionar o involucionar a mi antojo. Es decir, que puedo envejecer, rejuvenecer, sacar apéndices especiales o reprimirlas a voluntad con el coste de energía propia y vital. Mi atributo principal es la Luz, pero también se me conoce como el Perfecto de la Vida, por la capacidad de curar con la luz. – al terminar se hizo un silencio entre ellos que duró bastante.

—Dime una cosa… - dijo ya más calmado el chico. —¿Tú verdadero nombre es… Sakura?

—Sí y no. – dijo mientras se sentaba a su lado, Won también lo hizo, sorprendiéndose un momento de que su pierna estaba completamente sana. —Me llamé Sakura hace muchos años, pero cuando cambie me otorgaron otro nombre; muchos de hecho.

—¿Cuántos años tienes? – Sakura encogió los hombros.

—Cientos, no estoy segura. Dejé de contarlos hace mucho tiempo.

—Entonces en definitiva no tienes diez años. – bromeó. —Supongo que en vez de hermana… serías como una abuela ¿O tatarabuela? – Sakura sonrió ante esto.

—Puedes llamarme abuela si quieres. – llevó una mano al rostro de Won y lo acarició. —Jamás te lo dije… pero tus ojos son idénticos a los de mi pequeña Sarada.

—¿Sarada?

—Mi hija. – entonces le besó en la frente y cuando se separaron Won estaba todavía más rojo, Sakura se carcajeó.

—En definitiva… soy tu nieto. – agregó él con simpatía. —Aunque no sé bien que está sucediendo.

—Tranquilo. – le acarició los cabellos.

—Abuela, si te habías ido hace tres años, ¿Por qué regresaste hasta ahora?

—Por que estabas en peligro. – Sakura miró a los hombres. —El mundo se va para abajo, otra vez. Debes prepararte. – se levantó y le extendió la mano. —¿Deseas que te ayude?

—¿Qué me enseñarás?

—Lo que quieras y puedas comprender.

—Enséñame a luchar, enséñame historia y a cómo curar a las personas.

—Eso te llevará tiempo. Tres años cuando mínimo.

—Es un tiempo que estoy dispuesto a entregar. Abuela, ahora que te conozco tal como eres ha nacido en mí un propósito.

—¿Ah sí?

—Siempre ha estado en mi corazón, pero conforme avanzaba el tiempo pensé que no podría lograrlo, yo… quiero cambiar el mundo, quiero proteger a los que más amo. Quiero alcanzar a Nemea y cuidar de ella, librar al mundo de la inseguridad y la miseria.

—Lo que aspiras es duro, Won.

—Quizá… pero es mi destino, ¿No? Después de todo, ambos me lo dijeron hace años: Debo ser fuerte y apto, el mundo cambiará y necesitaré ser fuerte.

—Sasuke te dijo eso, ¿Verdad?

—¿Sasuke?

—Olvídalo. – Sakura sonrió de lado. —De acuerdo, ven pequeño mío, te enseñaré lo que desees.

Hacía veintitrés años una joven de cabellos rosados y un joven de ojos negros, encontraron a un inocente bebé en los brazos de una mujer moribunda, lo cuidaron un tiempo y antes de que el desorden se extendiera entre ellos lo dejaron vagar para que se criase solo.

Por favor, cuiden de él… - exhaló la mujer en el suelo.

Lo haré. – respondió Sakura mientras lo tomaba en brazos.

Su nombre es… - pero murió antes de tiempo y Sakura miró a Sasuke, quien acababa de aparecer a la sombra de la muerte de la mujer.

Wonmerkurk. – dijo entonces. Sasuke miró el niño en los brazos de Sakura. —Destinado…

Wonmerkurk. – Sakura lo abrazó. —Mi pequeño Won. – y tras esto le besó en la frente. Fue ahí cuando el Creador resplandeció por primera vez en el alma de aquel inocente.

Continuará…

El siguiente capítulo nos revelará ciertas cosas como el origen de la funda Avalón y el escudo Rommel, que papel desempeñaran más adelante y el destino de Naruto y Hinata respecto a sus reinos y tesoros. Sakura y Sasuke se prepararan para su último enfrentamiento.

Gracias por leer y Feliz año nuevo.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.