Las cosas pasan rápido y a veces tan lento. Uff, espero haber sido rápida para ustedes. Les dejo este capítulo nuevo, para que lo disfruten, la batalla final está a punto de comenzar.
-12-
Las guerras de Won.
Cuando Won recobró el conocimiento dejó escapar un largo gemido que emergía por el tremendo dolor que acababa de sentir. Sus brazos estaban tan entumecidos y su boca tan seca, que no podía siquiera hacer una seña para que alguien pudiera auxiliarlo; tampoco podía levantarse tenía todo su cuerpo sumido en un completo vació, era como si…
—¿Sientes que la oscuridad te rodea? – la repentina voz grave y algo cantarina de Sasuke le hizo paralizarse aún más. Intentó girar la cabeza, pero efectivamente, todo estaba tan oscuro que apenas no podía detectar algo alrededor. Intentó hablar pero no emitía más que gruñidos sin sentidos. —Tranquilo. – profesó Uchiha mientras se acercaba cubierto en un manto negro. Lo único que pudo ver en medio del caos fueron los ojos rojos del Perfecto y cómo estos, le adormecían lentamente.
Won cedió al repentino sueño y quedó tan quieto que parecía muerto.
A la mañana siguiente el sonido del repiqueteo del agua le hizo agudizar sus sentidos. Despertó para encontrarse en una cueva en lo más profundo de una estepa. Amanecía y el cantar de algunas aves junto al sonido de los demás animales que se arrastran le despertó del todo. Esta vez pudo girar la cabeza hasta encontrarse solo en aquella misteriosa caverna.
—Black. – pudo hablar con más claridad, mas un buen vaso de agua seguramente curaría su malestar. —¿Estás ahí? – carraspeó con voz seca.
—Sí, Won, aquí estoy. – caminó entonces hacia él un imponente ser de armadura negra y ojos rojos, cubierto por una bruma espantosamente azabache.
—Sasuke-oji-san. – bromeó son una tenue sonrisa.
—Sakura no pudo callarlo por mucho, ¿Eh? – suspiró al verse descubierto. Su nombre humano se habría borrado en el tiempo si no fuese porque Sakura insistía en llamarle así.
—La abuela Sakura siempre quiso que te llamara así. – tosió repentinamente y sintió una terrible opresión en el pecho.
—¿Abuela? – aunque su voz sonase monstruosa tras aquel yelmo negro, pudo detectar la risa en medio de todo. —Sí, eso seriamos, unos ancianos a comparación tuya. – Sasuke se sentó al lado de Won y le miró desde arriba. —Y tú, eres un jovencito problemático.
—¿Me has salvado de morir?
—Pase por casualidad y te encontré bajo aquella pila de cadáveres. ¿Qué se supone que hacías?
—Intentaba… combatir por la libertad a mi gente. – volvió a toser precipitadamente y esta vez fue sangre.
—Estás débil, mejor habla lo menos que puedas.
—No. – negó con la cabeza resistiendo el dolor. —Es muy raro que llegue a verte… quiero aprovechar el momento.
—Si tú insistes. – la armadura de Sasuke comenzó a desvanecerse y le mostró la imagen de un hombre adulto de treinta años.
—Eres guapo. – aquello dejó confundido al Perfecto.
—¿Gracias? Tú eres raro.
—Me gusta gastarte una buena broma de vez en cuando. – sonrió, sus dientes sucios por la sangre anterior.
—Esta vez te han dejado peor que un trapo viejo. – observó el pelinegro. Todo el cuerpo del chico estaba envuelto en heridas, cicatrices y sangre. —¿Contra quien luchaste?
—El ejército de un país lejano. – confesó. —Nos superaban de muchas formas. Mis compañeros…
—Murieron. – confirmó Sasuke. —Eras el único. – observó la tristeza inminente en los ojos de Won y cómo se cristalizaban por las lágrimas que amenazaban con salir.
—Lo he hecho en grande, ¿Verdad? – logró mover su brazo hasta llegar a su rostro y taparlo para detener las lágrimas en vano. —Conduje a mis amigos a una muerte segura. – hipó. —Soy un completo imbécil. – Sasuke permaneció callado durante todo el tiempo. Won lloró un rato más, mientras descargaba sus frustraciones hasta que el mayor intervino.
—¿Y bien? ¿Qué piensas hacer ahora?
—No lo sé. – confesó con pesar. —Mi único deseo era ver a mis amigos, a mi gente, a todos aquellos inocentes en un lugar seguro. Pero yo… soy débil. Pensé que… después de tanto entrenamiento y preparación podría hacerlo… pero yo… jamás fui apto ni fuerte. – sollozó.
—Bueno, como yo lo veo simplemente has tenido un tropiezo. – espetó Uchiha. —Un líder podrá enfrentarse a adversidades todo el tiempo, quizá pierda algunos soldados en el camino, pero jamás se desvía de su objetivo. Ser jefe es duro, pero debes estar dispuesto a guiar a tus hombres por el camino de la rectitud y llegar a la meta que tanto buscan. Un tropiezo sólo es eso, deberás levantarte y continuar si realmente deseas ganar la batalla. – al terminar de hablar Sasuke se sintió incomodo de ver la mirada impresionaba que guardaba el muchacho. Frunció el ceño. —¿Qué miras tanto?
—Abuelo, sonaste como un general. – tragó saliva. —Casi como si supieras de lo que estás hablando.
—¡Por supuesto que sé de lo que estoy hablando! – gruñó indignado. —Estás hablando con Uchiha Sasuke, Coronel de las Fuerzas reales de… - se calló repentinamente al darse cuenta que todavía albergaba aquel orgullo tan humano en su alma. Apretó los puños disgustado consigo mismo, el alma que Sakura había implantado en él desataba de vez en cuando viejos anhelos y nostalgias.
—¿Uchiha… Sasuke? – Won volvió a sonreír. —Vaya, suena imponente.
—Olvídalo. – suspiró.
—Abuelo. – Wonmerkurk le dedicó una mirada llena de admiración. —Podrías enseñarme a cómo ser un mejor líder. – los dos se miraron por interminables segundos y Sasuke cedió.
—Cómo quieras.
—Gracias, abuelo.
—Sí, sí. – se levantó y se acercó a la entrada de la cueva, la luz solar ya estaba despejando la noche. —Por cierto, Won.
—¿Hmm?
—Feliz cumpleaños.
—Oh… ¿Era hoy? – sonrió con nostalgia. —Gracias.
—De nada, hijo.
…
Sólo fue necesario un año para que el muchacho comprendiera varias cosas sobre la guerra. Se hizo un buen estratega y planificó junto a varios compañeros cruzadas por obtener territorio y liberar de la tiranía a varios más; y aunque su verdadero objetivo no era ser un conquistador sino un libertador, las masas comenzaron a seguirle como a un auténtico líder.
En su cumpleaños número veintinueve Won se casó con Nemea y la celebración fue tan buena como breve, puesto que la batalla magna de Won, El sabio se acercaba. Una nación, quizá la más terrible y grande de todas declaró la guerra al líder de lo que ahora era el poderoso país de Kaxus. Así pues, un día antes de partir al campo de guerra el líder reunió a sus mejores hombres en Munan, la capital de Kaxus y lugar en donde Won se había establecido para pasar el resto de sus días. Ahí nació la estrategia de ataque y defensiva, fue en donde se despidió de su esposa con todo el amor que pudo darle y el lugar en donde plantó un hermoso árbol de cerezos que, aunque le faltaba crecer, ya echaba flores.
Era cerca de la media noche y no podía dormir, se encontraba frente al pequeño árbol pensando constantemente en las cosas que el destino le depararía. Tanto fue su ensimismamiento que no se dio cuenta alguien le observaba desde atrás.
—Deberías dormir, mañana te espera un día agitado. – el hombre reconoció la voz de su querida Sakura detrás de él.
—Abuela. – la miró sobre su hombro con una sonrisa llena de cariño. Corrió a abrazarla y Sakura le besó en la frente. —Luces tan hermosa como siempre.
—Y tú tan varonil. – peinó con cuidado su desordenado cabello. El chico delgaducho y sucio que conoció se había transformado en un formidable hombre de cabellos negros y facies firmes. No era como si se pareciera a Sasuke, pero algo en él le recordaba al susodicho.
—Me alegra que estés aquí, ¿Sabes? Mañana me enfrentaré a…
—Lo sé. – se separó un poco de él.
—Ya veo. – le dio la espalda para acercarse al árbol y acariciar los pétalos de las flores.
—Me enteré que eres muy bueno con la espada. – dijo de la nada la mujer y el guerrero le miró algo desorientado.
—Sí, lo soy. – miró su cintura en donde yacía enfundada un hermoso sable.
—Esplendido. – Sakura cortó la palma de su mano con una de sus uñas y dejó que su sangre brotara.
—¡Abuela!
—Shh, tranquilo. – la sangre resplandeció y se asomó una hermosa vaina junto a su espada correspondiente. —Filo de reyes y elegidos, tú que defendiste a los inocentes y le enseñaste a los líderes el camino de la rectitud, ven a mí espada de la virtud: Excalibur. – tomó forma pues la espada legendaria junto a su hermosa funda, Avalón. Won quedó maravillado.
—Es impresionante abuela.
—Ambos formaron parte de una sorprendente historia en el pasado. Seguramente no te suena el nombre de Pendragón o los Caballeros de la Mesa redonda. – contempló la incertidumbre en su rostro. —No importa en realidad, es sólo una historia olvidada. – sacó la gloriosa espada de su funda y le entregó la última. —Quiero te la tengas.
—¿La funda?
—Aunque no lo parezca, Avalón es muy especial. Tiene la capacidad de proteger tal como es su identidad. Resguarda a quien la porta y protege su salud. Es un regalo, para que puedas luchar sin morir.
—Abuela. – quedó sin aliento, este era sin duda un magnífico regalo. —Es increíble, la atesorare celosamente.
—Espero que así sea.
—Muchas gracias. – le abrazó con amor y Sakura le correspondió.
—Cuídate mucho, Won. – tras decir esto desapareció en el viento.
—Sí. – susurró para regresar a su lecho.
Así, el poderoso rey fue a la guerra acompañado de su vasto ejército. Las hazañas del guerrero que pese a sus heridas jamás retrocedía le hizo ganar una fama abrumadora, todos en el continente le conocían y para quienes se consideraban sus enemigos, temían en las sombras.
Pero, aunque Won pudiera avanzar sin temor sus hombres no poseían un tesoro capaz de darles fuerzas para sanar rápidamente. Ellos sí caían y jamás volvían a levantarse. Fue entonces cuando comprendió algo doloroso y realista. Si quería avanzar debía dejar atrás a sus compañeros y eso jamás podría aceptarlo.
Fue entonces cuando él apareció.
Yacía sólo en un pequeño lago en donde solía ir a bañarse en aquella zona de campamentos. Descansaba de una dura jornada cuando se encontró a Black en el fondo de aquella agua cristalina. Emergió cuan demonio de las profundidades y sus ojos se encontraron, pero esta vez Won no se sorprendía sino se angustiaba, ver a Sasuke quería decir que la muerte rondaba cerca. Había aprendido a reconocer esa señal.
—Abuelo. – inclinó la cabeza con respeto y Sasuke, envestido en aquella armadura tenebrosa asintió haciéndole ver que le escuchaba. —No sé a quién más acudir. Deseo fervientemente ganar esta guerra y ser libres, pero el precio es muy caro.
—¿Deseas? – sus palabras tomaron un matiz misterioso. Uchiha podía ver nuevamente la inestabilidad en el alma de Won, la misma que Sarada había mostrado antes de morir. Era obvio que el Creador reaccionaba ante las emociones de su portador y por tanto, el simple hecho de querer algo con ahínco provocaba tanto revuelo que era capaz de emerger al mundo exterior para hacer realidad aquel deseo matando al amo en su proceso.
—Realmente quiero protegerlos. – murmuró con desesperación y el Creador reaccionó haciendo cada vez más brioso e incontrolable. Quizá Won no podía sentirlo, pero Sasuke sí y eso le perturbaba, pues le hacía recordar la época en la que Sarada murió.
—No temas. – se le acercó y tocó la cabeza en un gesto muy paternal. —Yo te ayudaré, pero necesito que confíes en que todo se solucionará sin que llegues a desearlo con tanta fuerza. – aunque no entendió del todo el significado de aquella oración, Won asintió.
Sasuke se llevó una mano a pecho y se quitó una sección de su peto. La parte que protegía su pectoral era lo suficientemente grande como para proteger a Won de un ataque de frente. Le extendió el trozo de armadura y el guerrero lo sostuvo expectante. Sasuke hirió la mano y la hizo sangrar, después bañó la pieza y ésta mutó en un hermoso escudo.
—Su nombre será Rommel. – comentó Sasuke. —Te protegerá a ti y a todos aquellos que cubras bajo su acero. La oscuridad protege a los demás de formas insospechadas. Las criaturas nocturnas y que se resguardan en la oscuridad encuentran ésta como un cobijo acogedor. Rommel es el nombre de una persona que anteriormente poseyó la capacidad de desear tanto como tú, su deseo era tan fuerte que protegió a los que amaba a costa de su propia vida. – sin que Won se diera cuenta Sasuke le contaba sobre otro poseedor del Creador antes que él y después de Sarada. —Al darle el mismo nombre que aquel hombre sus deseos se heredaran. Rommel te protegerá y aquellos a los que amas. Nada pasará tu impenetrable escudo.
—Abuelo, yo… no sé qué decir.
—Un gracias sería suficiente y un adiós.
—Te lo agradezco mucho abuelo.
—Sólo recuerda lo que te he dicho, confía y no desee con tanta fuerza o terminarás muriendo. – Sasuke desapareció en la noche y dejó a Won con mil preguntas que decidió guardar en su mente.
Y así tal como Malvolo prometió Won logró proteger a sus hombres con el escudo de Rommel. Ahora no sólo era él quien era capaz de sobrevivir a la batalla y con esa premisa venció al gran ejército que los amenazaba, logrando así, unificar todo el continente en una sola nación. Regresó a Kaxus en donde recibió la sorpresa de que era padre de una hermosa niña a quien llamo Kaguya.
Así, pasó el tiempo y la leyenda de Won, El Sabio se extendió casi por todo el mundo. No fue hasta el cumpleaños número siete de la pequeña Kaguya en donde el horror se desató en Munan y en todo el reino. Por razones que Won desconocía y que jamás supo sus abuelos, Sakura y Sasuke aparecieron una noche catastrófica y comenzaron una lucha por demás devastadora.
Munan ardió bajo las llamas del Amaterasu y la luz destructora de Sakura. El pánico y la muerte se extendieron aún peor que en Giza y Won al comprender la situación temió que no fuera lo suficientemente fuerte como para vencer a Sasuke o Sakura en un combate, pues aún con su fuerza y habilidades ellos seguían siendo dos estrellas inalcanzables para las ambiciones humanas.
La guerra entre la luz y la oscuridad era clara, pero en ese momento no pudo verlo. No quiso entender lo elemental que era aquello y en medio de su desesperación pidió un deseo.
Deseo que sus amados abuelos dejasen de luchar y poder salvar a su pueblo. Fue cuando las flamas del Creador le bañaron entero y sólo tuvo tiempo de despedirse de su amada hija y esposa para ser elevado por una fuerza cósmica que iba más allá del entendimiento humano. Usó su propia sangre y tesoros para atrapar a Sasuke en Rommel y a Sakura en Avalón. Tras esto aparecieron dos piedras preciosas en ambos tesoros, un rubí y una esmeralda.
La tristeza embargó a ambos Perfectos al darse cuenta que el destino de Won, como el de los anteriores poseedores del Creador era siempre el mismo: Proteger a aquellos a los que más amaban a costa de su existencia.
Tarde o temprano siempre pasaba lo mismo. Así fue que Won logró salvar a su pueblo y morir tras haber pedido su deseo al Creador. Fue así que pasaron los siglos y no fue hasta que llegó la hora de desesperar que se dieron cuenta que aquello era una cadena interminable.
Sakura contempló el Creador en Hinata, la heredera de los Hyuuga y tomó la decisión de acabar con la cadena asesinándola para darse cuenta que no podía hacerlo. Sasuke por otro lado encontró en Naruto el mismo espíritu y liderazgo que Won tenía, decidiéndose a ayudarle secretamente en satisfacer sus ideales y, ¿Por qué no? Los propios también.
…
El rostro de ambos reyes enfrentó la grotesca Línea Gris. La sangre, el fuego y las cenizas junto al olor de varios cadáveres que se perdían y disputaban en aquel terreno atroz les dejaron muy claro una cosa; matar o morir. La suerte ya estaba echada y en cualquier momento alguno haría el primer movimiento.
Minato pasó un trago amargo al tiempo que contemplaba el punto de encuentro, pensó en su hijo y deseó fervientemente que éste permaneciera en la misma habitación en la que lo encontró dormido. Extrañamente Minato al verle dormir tan profundamente no fue capaz de despertarlo, sino que le acarició con mucho temor para después irse de ahí sin decir nada. Si Naruto llegaba o no al campo de batalla ya se encargaría de ello, pero mientras deseaba que no llegase a aparecer. Lo había decido, pues al movilizar todo su ejército y ver al de Hiashi al otro lado de la línea sonrió con tristeza al pensar en las últimas palabras que le había dicho a Naruto, él jamás dejaría que algo le pasara.
El tanque en el que viajaban, junto a varios carros más de vapor y electricidad, se detuvo lentamente. Ubicó su vista al frente en donde algunos hombres a pie se acercaban cautelosos a su puerta. El carro de vapor y electricidad estaba blindado y tenía un arsenal de lanzallamas y ballestas en caso de ser necesario, se necesitaba un piloto y tres ayudantes más para manejarlo. Eran después de tanto tiempo, las únicas máquinas de guerra que quedaban, por lo que también eran muy resistentes, si alguien intentaba atacarles de frente se llevaría una sorpresa.
—Majestad, tiene que ver esto. – uno de los hombres señaló al frente, a unos 500 metros y tuvo que fruncir el ceño para apreciar la figura del ser que estaba de pie justo al frente.
—¿Quién es ese? – alzó una ceja, el hombre que se posaba frente a ellos no era ninguno parecido al ejercito de Hiashi, pues su forma de vestir no lo suponía.
…
La armada del Imperio del Sur también se detuvo a 500 metros del punto de encuentro. El motivo era el mismo por el cual los hombres de Minato se habían detenido, pues frente a ellos yacía de pie una persona cubierta por una capa negra que se ondeaba en el viento seco, una pequeña cinta de la misma forma se despedía al aire y una máscara de color blanco que por sus facciones de un animal, la cual tenía destellos naranjas y rojos, que asimilaban los colmillos y los bigotes de la bestia. No obstante el sujeto además parecía desarmado, sólo a la espera de algo en medio del caos.
—Señor, ¿Deberíamos atacar? – preguntó uno de los capitanes. Hiashi tan sólo frunció el ceño mientras se cruzaba de brazos.
El sujeto de enfrente parecía calmado, con los brazos cruzados bajo la capa, vistiendo de botas, pantalón y una especie de cota de malla y cuero en lo que parecía una especia de chaleco, pero de la misma forma ningún arma a la vista.
—Averigüen quien es. – uno de sus soldados obedeció a la orden y él junto a un escuadrón armado se acercó cuidadosamente. Casualmente Minato había pensado en lo mismo.
Se acercaron en total diez hombres armados y listos para saltar los unos a los otros en caso de necesitarse, mas el sujeto continuó de pie sin inmutarse.
Ya más de cerca se dieron cuenta que estaba totalmente cubierto, sin oportunidad de reconocer algún gesto facial o físico, tan sólo era un sujeto vestido y cubierto de forma sospechosa.
—Mi nombre es Yozu, Capitán del Décimo tercer escuadrón de la Armada del Imperio del Sur, exigimos conocer tu identidad. – no se habían acercado tanto, quizá todavía los separaban diez metros, por lo que tuvieron que gritar.
—Yo Tesla, emisario del Rey Namikaze, queremos saber cuál es tu propósito.
—¿Identidad? ¿Propósito? – su voz sonó grave y sin parecerse a alguna que ellos pudieran conocer.
—De oponer resistencia tenemos autorizado el uso de la fuerza. – dejó claro uno de los soldados.
—Si resultas una amenaza para el Reino del Norte, estamos calificados para amonestarte o matarte de ser preciso. – continuó Tesla.
—Mi intención no es herir a nadie. – habló el sujeto. —Sino el de detener esta absurda batalla. – hizo una pausa para sacar una nítida carcajada. —Pero si ustedes desean luchar no seré yo quien dé el primer golpe.
—¿Es una amenaza? – interrogó el capitán del sur.
—Tómalo como quieras.
—¿Señor? – un soldado miró dudoso al comandante y Tesla asintió inseguro.
—Informemos al rey. – retrocedieron y de la misma forma los otros hombres.
Cada uno envió lo conocido a sus diferentes monarcas y la respuesta fue inmediata.
—Ninguna clase de lunático se interpondrá. – comentó con firmeza Hiashi. —¡Disparen arqueros! – automáticamente cuatro hombres cargaron sus ballestas.
—Es extraño que un hombre permanezca de pie y sin miramientos en el campo de batalla, podría ser peligroso. Quíntelo de en medio. – a la voz de Minato sus mismos arqueros se prepararon.
—¡Fuego! – el grito fue al unísono y las flechas volaron mortalmente hasta el sujeto.
Creyeron que todo terminaría así pero se equivocaron, pues las lanzas jamás llegaron a tocarle y en vez de eso se desvanecieron en el aire para enterrarse lejos en la tierra. Los soldados se miraron angustiados y alarmados, algo no andaba para nada bien.
—Majestad, no pudimos completar el ataque.
—Ya veo. – Minato apretó la mandíbula. —Preparen granadas. – colocaron algunas bombas pequeñas en ciertas flechas y las lanzaron contra el susodicho. Hiashi de la misma forma ordenó que encendieron fuego a las flechas.
La coalición causó un gran estallido así como una bocanada de polvo y justo cuando creyeron que el blando estaba hecho trizas la exclamación fue en coro al ver que el sujeto continuaba de pie y sin ningún rasguño, ¡Es más! Ni siquiera se había movido.
—Patético. – gruñó el hombre. —Atacar de una forma tan cobarde a un hombre desarmado. – deshizo el nudo de sus brazos y estiró las muñecas, apuntó a ambos reyes al rostro con los brazos extendidos en un claro desafío. —¡Ustedes no pasaran de aquí! ¡Los detendré yo mismo! ¡Y lo haré porque son unos completos necios!
—Qué irrespetuoso. – gruñó Hiashi. —¡Avancen! – lo aplastaría definitivamente.
—Que chico tan molesto. – masculló Minato. —Acérquense.
Los ejércitos avanzaron hasta llegar a cien metros de él y ante la cercanía el hombre rio.
—Tal como dije… son unos necios.
—¡Mi ejército no retrocederá! – advirtió Hiashi saliendo al descubierto y acompañando a sus hombres a la batalla, de la misma forma que Minato viajaba en una fortaleza andante.
—¡Será mejor que tus puños sean más atrevidos que tus palabras! – declaró Minato con una sonrisa de lado. —¡Mi nombre es Namizake Minato, Rey del Norte!
—¡Yo soy Hyuuga Hiashi, Emperador del Sur y de igual forma deseo ver tu destreza! ¿Qué tienes que decir además de que has usado trucos para que nuestras armas no te toquen?
—¿Trucos? – volvió a burlarse. —No es más que mi poder. – chocó un puño con la palma de su mano. —Parece que está decidido, si quiero salvarles deberé patearles el trasero. ¡Minato Namikaze, Hiashi Hyuuga! ¡Yo seré su oponente! – la capa se removió en una ráfaga de viento y entonces todos quedaron perplejos al escuchar lo siguiente: —Yo soy Wonmerkurk, pero todos me llaman Won. Un gusto conocerlos.
Continuará…
¡Won entra a escena! ¿Podrá patearles el trasero? Bien, espero que hayan disfrutado de este capítulo, me encantó describir lo de Won y cómo creció hasta convertirse en el líder que era. Muy pronto el comienzo del fin, asi que nos veremos en la proxima.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
