Estoy de un productivo que no me lo creo ni yo...Así que ¡nuevo capítulo!

A vuestras preguntas de si Emma y Regina se van a conocer ya os digo que sí. No tengáis ninguna duda.

Por cierto, al anterior capítulo se me olvidó ponerle el título ¡vaya desastre!

Bueno, pues espero que os guste mucho la lectura ya que creo que este tiene un poco de más acción en lo referente a las chicas.

Mil gracias por vuestros comentarios, los cuales espero siempre con mucha ilusión.

Un beso.

FEBRERO

Parte 2. Tengo que decirte algo.

-¿Entonces me lo vas a contar?- Se acomodó mejor en la cama mientras se planteaba si decírselo a Regina o no. Es que no era algo "suyo", bueno sí, pero es que era dejar a Belle con el culo al aire. Aunque bueno…lo cierto es que era una tontería seguir ocultándoselo, habían hablado de tantas cosas durante la semana de contacto telefónico que llevaban que era consciente de que Regina le iba a preguntar tarde o temprano por el email con el que empezó todo, y negarse a contestarle a estas alturas era una soberana estupidez.

-Pero prométeme que no te vas a enfadar con ella.- Sabía que la mujer tenía genio así que no quería escuchar como ponía a su amiga a caer de un burro.

-¿Enfadarme con quién?

-A ver…¿recuerdas a una becaria que despediste el día que te llegó el email?

-Emma, tengo como siete becarios en mi oficina ahora mismo y creo que si me dices como se llama alguno no me acuerdo. Y si trabajó para otro departamento pues…olvídate.

-Belle French, castaña, de ojos azules, no muy alta… Le dijiste que no concordaba con el espíritu de la empresa.

-¿Muy mona?

-Sí, esa es Belle. ¿Te fijaste en Belle?- Creía que Regina no prestaba atención a los detalles físicos.

-Me vertió un café en la mesa, imposible no acordarme.- Sí, esa era, sin duda. Porque recordaba el día que llegó contándoselo totalmente abochornada- ¿Y qué tiene que ver la señorita French en todo esto?

-Es mi mejor amiga y te mandó ese email, lo que pasa que no se dio cuenta de que lo había mandado desde mi correo y bueno…pues eso.

-Pues yo que la veía paradita…mira que maja fue escribiéndome.

-Ya…¿por qué la despediste?

-Porque le veía poco carácter, a ver si me explico…le mandaron hacer un par de llamadas para presionar a unos clientes y es que fue la persona más dulce del mundo. Eso me dijo su supervisor. Y como comprenderás, hay muchísima gente que desea la oportunidad de hacer las prácticas conmigo así que…creo que fue lo mejor para ambas partes, ella estaba perdiendo el tiempo porque no es válida para el trabajo y yo estaba gastando dinero en alguien que no cumplía el perfil.

-Pues se pilló un cabreo…

-Ya, pude leerlo.- se acordó de Belle durante esa tarde y sonrió- Entonces…ella te habrá hablado de cómo soy ¿no?

-No…no le he preguntado porque no sabe que hablo contigo.

-O sea, que sigo siendo todo un misterio.

-En lo que a físico y edad se refiere me sigues teniendo en ascuas.

-Ya te dije que soy morena, por lo que me has dicho más bajita que tú, ojos oscuros…es que no hay mucho más que contar.- La edad, seguía sin hablarle de su edad. Pero es que siempre que le insistía un poco lo evitaba.

-Regina, creo que me voy a ir a dormir, es que mañana tengo que madrugar más de lo habitual para ir al médico y luego he quedado con Belle para ir a comer, como es viernes no tengo clase por la tarde.

-Saluda a la señorita French de mi parte.

-Ya…claro. Te llamaré cuando tenga un descanso por la mañana para decirte qué me ha dicho el médico.

-Sí, estaré pendiente, además creo que estaré pronto en casa porque sólo tengo un par de citas a primera hora y luego me vendré. Es que vaya semanita más asquerosa.

-Pues hasta mañ besito, Regi.

-Un beso, preciosa.- sonrió y se sonrojó al escuchar el piropo. Se sentía tan a gusto hablando con ella que cuando la mujer le decía determinadas cosas la hacía sonrojarse y es que todo era por ese carácter dominante y sobre protector que tenía y que le hacía sentirse especial. Regina Mills, empresaria de éxito, mujer alfa donde las haya, era su amiga y eso era algo que hacía sentirse por encima de los demás a la corriente Emma Swan.

[….]

-¿Qué te ha dicho el médico?- preguntó Belle mientras intentaba esquivar los montones de nieve acumulados en la acera.

-Que en un par de semanas me quitarán la escayola.- De repente la otra joven chocó contra ella y por poco se van al suelo. Al final se había resbalado. Si es que sólo a Belle se le ocurría ponerse botas de tacón con todo helado y, además, es que era una patosa. Su ropa sí que era adecuada; vaqueros, botas moteras, jersey de lana y chaqueta azul de cuero, la cual llevaba medio puesta debida al brazo que llevaba colgando.- Un día te matas con esos zancos que llevas.

-Es que después tengo reunión con Will y… ya sabes.

-¿Y de Ruby qué sabes? – notó como la castaña se tocaba el pelo nerviosamente. Fijo que seguía con el tonteo.

-Me llama de vez en cuando…-Mentía, la conocía lo suficientemente bien como para saber que estaba mintiendo y que probablemente seguía el jueguecito de la otra. Y es que era algo que debía de haber cortado después del espectáculo de Towney.- pero ya está más tranquila- Primer signo de alerta: no la estaba poniendo a parir diciendo que la seguía. En fin…ya se acabaría enterando.- Ah ¿y sabes quién me escribe?

-Sorpréndeme- El bar al que iban a comer estaba torciendo la siguiente esquina, hacía un frío de muerte así que apretó el paso pero algo le hizo detenerse. Y no fue precisamente que Belle le dijese que Gastón, un chico que fue con ella al instituto, le estaba tirando ficha. Un enorme anuncio de Mills&Co estaba en la marquesina del autobús. Eran sólo letras y números, nada excepcional o que le dijese algo nuevo sobre Regina, pero su sola presencia le hizo quedarse parada.

-¿Qué ocurre?- le preguntó su amiga mirándola un poco confundida.

-¿No es en Mills&Co donde trabajaste?- señaló el cartel.

-Sí,- ahora Belle también tenía los ojos puestos en él- me sentí fatal cuando me echó la estirada de Regina Mills. Y ahora hasta estoy contenta…-se encogió de hombros y tiró de su brazo para continuar andando. Pero ella siguió fija en su sitio.

-¿Cómo es?- Inmediatamente se arrepintió de su pregunta y comenzó a caminar de nuevo.

-¿Regina Mills?- vio la sorpresa en la cara de Belle ya que probablemente se estaría preguntando qué leches le importaba a ella como fuese esa mujer. Ella asintió- Pues no sé…seria, malhumorada…

-¿Cuántos años tiene?- Es que le picaba demasiado la curiosidad.

-Pues tendrá unos cuarenta y tantos…pero ¿y este interés?

-Ah, nada, es que como siempre me la has puesto tan mal pues…- se encogió de hombros- no sé. Bueno- abrió la puerta del restaurante-¿pasamos?

-Sí…- Belle había entornado los ojos, fijo que seguiría indagando sobre Regina así que cuando se sentaron se dijo que lo mejor era desviar el tema.

-Ahora, cuéntame todo sobre ese Gastón.- Suspiró cuando la castaña comenzó a hablarle del chico con todo tipo de detalles.


Mierda, mierda, mierda…Seguro que Emma la llamaría después de la comida con Belle y a ella se le había quedado el móvil sin batería. ¡Mierda! Ya estaba tiritando cuando había ido al supermercado, así que de camino a casa se había apagado.

Cuando estacionó el vehículo, sacó corriendo las bolsas del coche y se apresuró hacia la entrada de la blanca casa. Ahora no encontraba las llaves en el bolso. El fijo estaba sonando, seguro que era Emma. Tras unos segundos de nerviosismo por las prisas al fin pudo abrir la puerta.

Iba a correr para contestar cuando un pensamiento se le cruzó por la mente y la hizo pararse en seco. El bolso, las llaves, la compra…todo se le cayó de las manos. De hecho, hasta sintió como si su corazón se detuviese durante unas milésimas de segundo.

Siguió ahí, de pie, escuchando el sonar del teléfono y no se movió hasta que este se detuvo. Anduvo como un zombie hasta la cocina y se sentó en un taburete, después se cubrió la cabeza con las manos y comenzó a llorar.

Algo la estaba avisando, llevaba días dándole avisos, pero ella había ignorado las señales de que algo estaba pasando. Y ahora, en toda la cara. Ya había comprendido el porqué tenía esa facilidad para abrirse con Emma, el porqué Emma conseguía hacerla sonreír más que nadie, el porqué sentía que la necesitaba cada vez más y más…

Madre mía, le gustaba Emma Swan. ¡Pero en qué demonios estaba pensando! ¡Le sacaba más de 20 años!

Se serenó como pudo y se dispuso a recoger todos los objetos que había dejado esparcidos por la entrada. Estaba en ello cuando el teléfono volvió a sonar. Podría no cogerlo, podría simplemente ignorar que había conocido a Emma y cerrarle el acceso a su vida de golpe y porrazo. Podría, pero no sería justo para la joven. Ella no tenía la culpa…

-¿Sí?- contestó lo más normal que pudo.

-¡Hola!- el tono de voz de la rubia era inconfundible. Le entraron ganas de ponerse de nuevo a llorar. Necesitaba tiempo…

-Emma, ¿te importa que hablemos el lunes? Es que me ha salido un viaje de negocios a Nueva York para el fin de semana y estoy a punto de salir para el aeropuerto.

-Ehh… vale, ¿estás bien?- No, no lo estaba.

-Sí, sí, es que tengo prisa. Si tengo tiempo te escribo.

-Vale, un besito. – Fue ella la que colgó. Se quedó mirando el auricular durante unos minutos.

Había mentido a Emma, se había inventado un viaje que no existía…¿A qué estaba jugando?

Colocó la compra y después subió y se cambió de ropa. Se puso un jersey y unos vaqueros. Se encendió un cigarrillo y se sentó en el sillón frente a la chimenea.

Tenía sentimientos por una niña de 21 años…es que…¿qué pensaría cualquiera que se enterara? Tantos años cerrándose a sentir cualquier tipo de cosa y ahora…

Miró una foto de Daniella que reposaba sobre el aparador de la salita ¿qué pensaría ella? Se sentía avergonzada…Miró sus manos y rozó la alianza que seguía llevando…¿estaba traicionando su recuerdo?

Perdió la noción de cuánto tiempo pasó en la misma posición buscando una explicación a lo que había pasado. No la encontró.

[….]

El día la sorprendió en la misma posición, se habría quedado dormida. Se estiró y se dispuso a prepararse un café. Le sonó el móvil que todavía continuaba cargando en la cocina. Temió que fuese Emma, pero por suerte era Archie.

-Hola- contestó secamente, no se sentía bien precisamente y con su amigo no tenía porqué disimular.

-¿Te he despertado?- se masajeó las sienes tras poner la cafetera al fuego. Tenía un dolor de cabeza espantoso.

-No, ya estaba despierta. ¿Ocurre algo?- sacó un taza.

-Era para preguntarte si quieres venir a comer, Astrid está deseando verte, hace mucho que no vienes.- Sí, hacía como un mes que no pasaba por casa de Archie. Y, en cierto modo, se sentía un poco culpable por tenerlo abandonado de esa manera, pero es que entre el trabajo y Emma…Maldita Emma, siempre se colaba en todo lo que pensaba.

Archie había sido siempre uno de sus mayores apoyos, se conocían desde el instituto. Antes de que sus padres decidiesen convertirse en trotamundos, pero claro, habían tenido de ir de un lugar a otro buscándose la vida. Además, que a ellos les gustaba la vida itinerante. Cuando los perdió ella siguió siendo un culo inquieto, hasta que acordó establecerse con Dani. Y en todo el proceso de viajes y pérdidas en su vida, Archie siempre había estado a su lado, así que en realidad era como el hermano que nunca tuvo. Y, Astrid, su mujer, era una mujer adorable a la cual se le notaba que sentía verdadera pasión por su marido.

-No me encuentro muy bien…- Era verdad, se encontraba hecha migas anímicamente.

-¿Te pasa algo?

-No- El silencio al otro lado de la línea le indicó que claramente el pelirrojo no la creía. ¿Por qué demonios tenía que ser un psicólogo excepcional?

-Bueno…como quieras. Pasa un buen día, Regina- Sí, estupendo. Tendría un día genial y fantástico, pensó mientras depositaba el móvil sobre la encimera.

Tras beberse una enorme taza de humeante líquido oscuro, pareció sentirse un poco más reconfortada. Aún así ¿qué era lo que debería hacer?

Se le pasó una estupidez por la mente…Negó. No, no podía llegar a esos extremos…Pero es que había algo que se lo pedía. Quizás con eso Emma se diese cuenta y huiría, así le sería más fácil dar carpetazo a su "historia" con la joven rubia.

Durante todo el fin de semana, le fue mandando a Emma por mensaje de texto fragmentos de sus ideas.


Era lunes por la noche y seguía sin tener noticias de Regina. Bueno, en realidad, sí que había sabido de ella, pero todo era muy raro.

Revisó los mensajes que había recibido y fue apuntando cada una de las frases en un papel para sacarle algún significado a aquellas palabras.

"¿Y si me equivoco? Eso sería lo más lógico.

Pero quién entiende de lógica en situaciones como esta.

¿Y si me marcho? Quién puede huir cuando ya no hay salida.

¿Y si me callo? Nadie puede guardar silencio para siempre

¿Y si te lo digo? ¿Te irás?

¿Y si te vas? Volvería a mi oscuridad.

¿Y si te quedas? Hay esperanzas que es mejor no albergar.

¿Y qué hago? Tantas cosas pasan por mi mente.

¿Y tú qué dices?¿Y tú que harás?"

No le encontraba ningún sentido. Probablemente, estaba leyendo algún libro y le había ido poniendo fragmentos para que supiese que se acordaba de ella.

Decidió llamarla. Ya habría vuelto de su viaje y estaría de vuelta del trabajo. Marcó y esperó varios tonos, cuando ya iba a colgar Regina contestó.

-Hola…- la notó apesadumbrada.

-¡Hola!¿Qué tal tu viaje?- no escuchó respuesta-¿Regina?

-Sí…

-¿Estás bien?- la oyó suspirar.

-¿Leíste mis mensajes?- su tono era raro.

-Sí…¿es de algún libro?

-No…- ¿Qué le pasaba a esta mujer que estaba tan rara?

-¿Te pasa algo?- Es que la notaba tan distinta a la Regina de siempre.

-Emma…tengo que decirte algo.- escuchó como suspiraba de nuevo- Y no sé por donde empezar, pero quiero ser totalmente sincera contigo.

-Me estás asustando…

-No me he ido de viaje a ningún lado, fue una simple excusa para evitar hablar contigo.

-¿Cómo?¿Por qué?- Le parecía que se había perdido algo.

-A ver…Emma, me has comenzado a interesar de una manera que dista mucho de la amistad.

-Pero…- Se tuvo que sentar porque estaba alucinando.

-No, déjame acabar. Quería decírtelo porque me parecía deshonesto ocultártelo cuando estoy sintiendo este tipo de cosas, así que entendería perfectamente que quisieras cortar nuestra relación.

-No sé que decirte, Regina.- pensó durante unos instantes cómo debía contestarle- Yo también he notado que desde el principio tenemos una especie de química, que hemos conectado en cierta manera…pero…no puedo decirte que yo sienta lo mismo.

-Lo entiendo, Emma. Por lo cual te pido que te sientas libre de acabar con esto.

No, no quería eso. A su manera, la necesitaba.

-Es que no es lo que quiero…No quiero perderte, en poco tiempo te has convertido en alguien muy importante en mi vida y no quiero dejar de tenerte en ella.

-¿Continuarías a pesar de saber lo que yo siento?

-Por supuesto. ¿Tú estás dispuesta?

-Yo tampoco quiero perderte, aún así prefiero que te lo pienses y que mañana hablemos.

-Vale…-iba a colgar pero …-¡Regina!

-¿Sí?

-No te sientas mal.

-¿Por qué?- notó la sorpresa en el tono de voz de la mujer.

-Por sentir lo que sientes, no debes avergonzarte de ello porque, la verdad, es que a mí, ahora mismo, me hace sentir muy especial.

-Lo eres, Emma, lo eres. – Escuchó el pitido que indicaba que Regina había colgado.

Se tumbó sobre la cama. ¿Cómo se supone que debía actuar? Regina era importante para ella, podría decir que era una de las personas en las que más confiaba, a pesar de no conocerla físicamente. Pero es que esto era fuerte…

¡Le gustaba a Regina Mills! ¿Cómo iba a lidiar con eso?


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