Estamos en la recta final, faltan al menos dos capitulos para terminar esta historia. Tal como siempre, espero que disfruten este capítulo. Yo lo hice.


-13-

En el nombre de la paz.


Con tan sólo escuchar aquella exclamación los presentes se estremecieron. El silencio se apoderó del campo de batalla mientras contemplaban la imagen de aquel ser frente a ellos, el cual, no habían podido herir bajo ningún arma.

Finalmente, y luego de un buen rato, los comandantes y los reyes soltaron una carcajada incrédulos.

—¿Oíste eso? – dijo uno de los capitanes del Reino del Norte.

—¿Won? ¿Acaso bromeas? – reclamó otro del Sur. —El mito del héroe Won se perdió en la historia al igual que el sujeto, hace cientos de años. ¿Cómo puedes decir eso? – tras decirlo muchos más rieron.

—No suelo juzgar a las personas a la ligera, pero definitivamente estás loco. – sentenció Minato, mientras se cruzaba de brazos. —Won, El Sabio, murió hace siglos, ¿Cómo podría de repente levantarse de su tumba? Ha habido muchas guerras antes y nunca lo ha hecho, ¿Qué podría ser tan especial en esta?

—Su majestad tiene razón. – aclaró Tesla su garganta. —Es sólo un loco vestido con capa y mascara, no sé cómo hizo para desviar las granadas, pero no podemos creer que un héroe legendario haya regresado de la tumba.

—Héroe, lunático o lo que sea. – exclamó Hiashi, con el ceño fruncido. —No dejaremos que intervengas. – miró a sus comandantes. —Si un ataque a distancia no funcionó entonces lo haremos de cerca. – asintió en silencio y los hombres comenzaron a movilizarse.

—¡Todos a sus posiciones! – clamó Minato. —¡Esta batalla se llevará acabo!

—¿Piensan ignorarme? – el guerrero enmascarado bufó. —¡Bien! Entonces haré lo que prometí.

Las hordas se avecinaron contra Won. Las cuchillas y lanzas atacaron directamente y se encontraron en un mar chispas y cortes de aire. Los soldados abrieron sus ojos sorprendidos cuando comprobaron que sus armas habían chocado entre sí, dejando un espacio vacío entre ellos.

—¡Arriba! – señaló uno de ellos, Won yacía sobre las cabezas de los susodichos en el cual había llegado de un salto. Era increíblemente rápido y fuerte, tanto que nadie había notado cuando les esquivó del salto.

—¡Disparen! – los arqueros y lanceros prepararon el ataque y lo hicieron al mismo tiempo, de ambo bandos. Won giró gentilmente en el espacio antes de caer al suelo y una barrera invisible desvió los objetos. Cayó sobre las cabezas y los hombros de los soldados, corrió graciosamente entre ellos hasta que encontró un espacio abierto.

—¡Atáquenlo! – gritó un comandante mientras empuñaba una espada, Won leyó a la perfección sus movimientos, pues evadió de forma danzarina los embate, hasta el momento en el que intervino, entró en el eje del comandante y tomó la cara interna de su brazo que sostenía la espada, luego de eso le propinó un poderoso puñetazo en la cara que le rompió la nariz y le dejó inconsciente.

Mas el espectáculo no acabó ahí, más soldados se acercaron a él con sus espadas listas, Won le robó la espada al comandante caído y giró para detener el embate de tres espadachines que amenazaban con cortarle el cuello. Con fuerza bruta les hizo tambalearse y de una patada los derribó.

—¡Usen los lanzallamas! – pidió un cabo del ejército de Minato. Llegaron a la orden un escuadrón entero de lanzallamas y tras la orden del oficial dispararon chorros de fuego que aprisionaron al enmascarado.

—¡Lo tienen! – sentenciaron los hombres del ejercito de Hiashi. —¡Disparen ballestas! – las flechas ardieron al cruzarse por el muro de fuego y se convirtieron en una lluvia infernal. Pero Won se movía tan rápido y hábil, era como si predijera el futuro. Cruzó en medio del mar de fuego y se dirigió a uno de los artilleros que manejaban las flamas artificiales, el hombre le lanzó fuego de frente, mas eso no pareció afectarle en lo más mínimo, pues Won movió su capa para hacer que el fuego corriera en otra dirección. Tomó al hombre de la cara y lo apretujó de tal forma que lo dejó fuera de combate y lo lanzó contra sus demás compañeros.

—Es fuerte. – masculló Minato con interés. —Pero no podrá contra la artillería. – hizo una señal a sus hombres y carros pequeños pero cargados de navajas emergieron. Le lanzaron las armas aun estando de espaldas; lo que era de esperarse pasó, las navajas se desviaron sin siquiera tocarlo.

—Señor, ¿Ha visto eso? – preguntó temeroso uno de sus hombres.

—Sí. – Minato apretó los dientes.

Won se percató del ataque de Namikaze y gruñó.

—¡¿Me atacas por la espalda?! – estaba indignado y eso era más que obvio. Corrió hasta él con tanta fiereza que por un momento el rey sintió temor.

—¡Protejan a su majestad! – gritó un soldados y se posaron frente a ellos con sus lanzas filosas. Won se frenó justo enfrente y tomó una de las lanzas, después de esto lo sacó de la formación como si pesara lo mismo que una pluma. Luego se volteó inesperadamente para desviar con el arma las flechas que el ejército del Sur le mandaba de la misma forma.

—¿Nos has protegido? – comentó un soldado que tenía a la espalda.

—No debería, ¿Cierto? – Won se volteó y tomó al chico de su uniforme, lo balanceó y mandó contra sus compañeros, quienes se cayeron al recibirlo tan de repente.

—¡Disparen granadas! – ahora Hiashi atacaba. Won le miró por encima de su hombro. Medianas catapultas, del tamaño de un caballo, lanzaban bombas de aceite y pólvora expansiva.

—¡Cuidado! – gritaron los hombres del Norte, para protegerse también.

—¡Todos detrás de mí! – gritó el Sabio, para después estirar sus manos al frente, formando un escudo. Los estallidos se dieron antes de tocar el suelo y el fuego rodeó las cabezas de la guarda personal de Minato como si estuvieran detrás de una pared de cristal irrompible. Al terminar el ataque Won emergió de en medio del polvo y humo para embestir a los hombres del Sur.

—¡Se dirige a nosotros, señor! – informó un vigía al rey Hyuuga.

—Traigan el tanque. – ante la orden del emperador se aproximó un gran taque de carga pesada y con un potente lanzallamas al frente. Los motores del automóvil ronronearon cuando se echó sobre el muchacho enmascarado.

A unos cuantos metros el fuego emergió de su cañón y la llamarada sofocó todo por completo. Won fue detenido por el potente calor, la celebración por parte de los soldados de Hiashi se escuchó al unísono, mas la alegría se acabó cuando salió de la nada y a una distancia sorpresivamente cercana el chico. No había ninguna clase de quemadura en su vestimenta.

—Rommel, repele las fuerzas que intentan herirme. – recitó en voz baja y al estar dos metros antes de chocar con la maquina lanza fuego, algo invisible pero poderoso se topó con la cubierta de metal del vehículo. El aparato se doblegó inmediatamente y se despegó del suelo con violencia.

Rodó varios metros al aire dejando perplejos a los presentes. Esta vez los reyes sí tomaron enserio sus palabras. Aquel tanque debería pesar dos toneladas, ¿Cómo había sido capaz de alzar aquella maquina sin esfuerzo?

—¿Majestad? – un soldado se acercó preocupado a Minato.

—Es mejor de lo que creí. – declaró el monarca.

—Emperador, ese hombre ha…

—Lo sé, lo acabo de ver. – se llevó una mano a su cintura en donde estaba guardada su espada. —Bueno, después de todo nunca pensé que saldría ileso de esta lucha.

—Majestad, qué es lo que… - uno de sus capitanes intentó detenerle, pero Minato se liberó de su agarre.

—Esto se pone interesante. – sacó su espada. —¡Alto al fuego! – sus soldados se detuvieron.

—¡Paren! – gritó Hiashi, en sus ojos brillaba una extraña luz. Won les miró interesado. —¿Así que tienes la fuerza suficiente para parar una de mis mejores armas y burlar a mis soldados de élite? Ya veremos si todavía tienes las agallas de enfrentarte a un rey.

—¡A dos reyes! – Minato se colocó detrás de él. Ahora estaba rodeado por ambos líderes. —Won o no, tu estilo de lucha y tus habilidades son intrigantes. Pero déjame advertirte algo, uno no es rey sólo por ascendencia, lo es por su fortaleza y carácter.

—Me alegra que digan eso, señores. – dijo el chico mientras se colocaba en posición. —Porque ya sean humildes o presumidos, reyes o vagabundos, viejos o jóvenes, mi deber no es juzgarles, sino parar esta lucha.

—¿Cuál es tu motivo? – indagó Minato. —Si realmente eres quien dices ser, no tienes nada que ver con nosotros.

—Mi propósito siempre ha sido proteger a los que amo. Protegeré mi pueblo, así sea de sus propios reyes.

—Entonces no somos tan diferentes. – declaró el rubio. —Yo estoy aquí para defender el honor de mi familia y proteger a mi reino.

—¿Y usted, Rey Hiashi? ¿Qué lo motiva a luchar sanguinariamente con el Rey del Norte?

—El honor de mi gente. El temor de saber que hemos sido atacados sin poder defendernos, el deber de ganar para la seguridad de mis súbditos.

—Suena a que los dos no son tan diferentes.

—Te equivocas. – dijo con amargura el hombre de los ojos blancos. —A diferencia del Reino del Norte yo no ataqué y masacre a una ciudad entera con trucos místicos.

—Si tu necedad tomará el control de sus acciones, entonces deberías pensar bien en tus actos por una vez en tu vida, Hiashi. – gruñó Minato.

—Tu hijo ha sido el causante y el dolor de mi pueblo al igual que su honor debe ser sanado.

—¿Y matar a un chico arreglará todo? ¿La muerte de una persona arreglaría la muerte de muchas más?

—No sólo ha herido a mi pueblo… él también corrompió a mi propia sangre.

Por un momento ignoraron a Won para seguir con lo suyo.

—¿Y cómo se que no fue tu hija quien corrompió a mi hijo? – ladró Minato indignado. —Eres la clase de hombre que no confía ni en su propia sangre. ¿Acaso crees que no he escuchado los rumores? Desprecias a tu propia hija mayor por ser una persona diferente a tus expectativas, si vas a cuestionar la educación de los hijos de los demás, al menos deberías ser un padre ejemplar. – eso hirió el orgullo del Hyuuga.

—¡Hinata no tiene nada que ver en esto! Mi hija podrá ser ingenua y débil, pero jamás traicionaría a su pueblo. No como tu estúpido muchacho.

—¡Naruto es mucho más de lo que dices! – casi sacaban fuego y Won, por un momento escuchó sin interrumpirles. —La culpa de esta batalla es tu afán por responsabilizar a los demás de tus derrotas. ¡Idiota!

—¡Tu hijo destruyó la capital del Imperio del Sur, le metió ideas a la cabeza de mi hija mayor y me ha traicionado, trajo consigo una calamidad que mató y arrasó con la vida de muchos!

—¡Basta ya! – la voz de Won expulsó una corriente de aire que los sacó de equilibrio y ambos reyes tropezaron. —Ya escuche suficiente. – su voz sonaba dolida.

—Como ves, antiguo rey, nuestros problemas no tienen nada que ver con expandir un territorio. Nosotros defendemos el honor de los nuestros. – comentó Hiashi.

—Tu boca dice cosas de las cuales no tienes idea. – bramó el muchacho. —Wonmerkurk significa Destinado, no conquistador, ni libertador. – Hiashi creyó escuchar furia en su voz. —La gente piensa que Won fue un héroe y otros un dictador, pero lo cierto es que al igual que muchos otros hombres en el pasado, buscaba proteger a los que amaba. – se llevó una mano a su pecho. —No me importa que sean reyes, que tenga razón o no, lo único que deseo es parar esta lucha para que todos puedan ser felices. Lo único que deseo es estar con quienes me importa. ¿Pero cómo podrían entender eso si son dos hombres que le temen a la paz? Por muchos siglos hechos seguida esta traición bélica, ustedes no pueden ver más allá. Pero yo sí pude, escogí este camino para protegerlos de ustedes mismos.

—¿Nos desafías aun después de ver que tenemos dos armadas en contra tuya?

—Yo no estoy solo, Rey Minato. Me acompaña el alma de muchos otros guerreros que buscaron la paz en el pasado y que de la misma forma, intentaron proteger a los que eran importantes para ellos.

—Dices cosas muy extrañas. – rezongó Hiashi. —Pero tal como lo dijimos antes, no eres más que un hombre con habilidades raras. ¿Cómo puedes hablar de nosotros de esa forma? No creo que realmente entiendas nuestro sentir.

—Sí, sí lo hago. – juntó sus manos como si fuese a pedir una plegaria. —Desde que era sólo un niño y vi morir a quienes amaba frente a mis ojos. El mundo es cruel, pero lograré conducirles a la paz. No me importa morir en el intento.

—Valientes palabras y a la vez incomprensibles. – Minato alzó su espada. —Me encantaría enfrentarte y ver qué tan reales son.

—Mi honor no quedará manchado por un desconocido. – Hiashi también levantó su espada. —Resolveremos esto y revelaremos tu identidad. Pondremos a prueba tus motivos.

—Si así lo desean mis señores. – Won se cruzó de brazos. —Rommel, protégeme de mis enemigos, ayúdame a ganar esta batalla. – musitó, fue entonces que algo rojo, como el brillo de un rubí, se visualizó en el pecho del muchacho.

—¿Rommel? – Minato alzó una ceja, después negó y sacudió la cabeza. Debió creerlo.

—Defiéndete. – Hiashi fue el primero en avanzar. Se posicionó de forma que la defensa y la ofensiva estaban a su mismo alcance. Le atacó de frente con su espada y Won le esquivó de un salto, para que inmediatamente un puñetazo rápido y sutil le rozada la mejilla de la máscara. Al ver que estaba tan cerca algo reaccionó de pronto en el pecho del muchacho y el rey de ojos blancos fue expulsado de su radio inmediatamente.

—¿Qué fue eso? – Minato estudio la situación. Fuese cual fuese aquello en definitiva protegían al chico de ataques físicos. Debía ser astuto para atacar. Guardó su espada y sacó de un pequeño morral dos cuchillas de tres picos. Las empuñó y se empeñó en ir contra el antiguo rey.

Won se percató de esto y comenzó a retroceder a medida que Minato lanzaba golpes acompañados del filo de su arma.

—¡Te tengo! – Hiashi también le atacó por sorpresa y Won desapareció de un salto para que las cuchillas de Minato y la espada del Hyuuga se impactaran. Won cayó sobre sus hombros, sosteniéndose en una muestra de equilibrio y de un empujón, para saltar hacia atrás, los hizo separarse.

—Es más escurridizo de lo que pensé. – gruñó Minato.

—Su suerte no durará por siempre. – Hiashi se posicionó a su lado. Los dos atacaron al mismo tiempo, Minato lanzó las cuchillas en el aire y Won utilizó su mano para desviarlas con aquella fuerza invisible. De forma impensable y digna de un rey, Minato desapareció de la vista de Won al estar distraído y reapareció por debajo para barrerse y sacarlo de equilibrio. Evidentemente funcionó, el muchacho perdió el equilibrio y recibió un golpe directo en el estómago por parte de Hiashi, quien usaba su técnica de pelea familiar. Lo empujaron contra el suelo y los reyes aprovecharon ese trabajo en equipo para rematarlo con sus espadas.

Pero de nuevo, aquella fuerza extraña protegió el muchacho, botando sus armas y empujándoles. Won se levantó inmediatamente y clavó sus dedos en el pecho de ambos hombres para empujarlos hacia el suelo. Cuando los mayores cayeron el retrocedió y montó guardia. Ahora que los tres estaban desarmados podrían pelear a puño limpio.

Minato y Hiashi se levantaron y atacaron, Won capturó el puño de Minato en el aire mientras que balanceaba su cuerpo a la derecha para esquivar la patada de Hiashi. Namikaze atacó con su mano libre y esta vez le apresó del codo, dejándole inmóvil.

—Te atrape. – rio el enmascarado.

—Quieres apostar. – en un revés de las cosas Minato saltó para descolocar a su oponente y apoyó sus piernas alrededor de los muslos del chico, en una impresionante muestra de flexibilidad, liberó la primera mano que usó para atacar y tomó al enmascarado de la nuca, se dejó ir hacia atrás llevándose al chico con él, aquel acto sólo sería un arma de doble filo para ambos, Won terminó por soltar los brazos de Minato para intentar reponer su equilibrio, pero no espero que el rey aprovechase ese momento de flaqueza y enderezara su cuerpo antes de tocase el suelo, sus manos apoyaron su peso y sus piernas desataron las de Won para correr a su cuello.

Ahora sí que le tenían en un hilo. Won llevó sus manos a los tobillos de Minato, pero éste uso una impresionante fuerza que terminó por alzarlo del suelo y tirarlo a su espalda, permitiéndole dar la voltereta completa.

Hiashi le miró sorprendido, por un momento aquello se había visto como un movimiento arriesgado que terminaría por romperle el cuello al usuario, pero en vez de eso le propinó una sorprendente paliza al oponente. Se dio cuenta que el propio Won no se había percatado de su presencia, así que se alistó para el próximo ataque. Sacó una segunda espada y danzó un par de pasos para correr contra el enmascarado.

—¡Atento! – advirtió antes de danzar de una forma sin igual. Casi como un torbellino de navajas los ataques con las espadas de Hiashi se figuraron a una mantis religiosa en pleno ataque.

Won esquivó celosamente las espadas hasta que de un momento a otro se vio sin un espacio prudente para seguir corriendo.

—¡Eres mío! – Hiashi giró sus armas de tal forma que pareciera que formaban una espada doble. El corte limpió le rasgó la capa al chico al tiempo que dio un salto. Ya en la mira y en el aire el monarca le lanzó las espadas de tal forma que no pudiera esquivarlas en pleno aire. Las armas dieron en el blanco y se encajaron en el pecho y estómago del chico. Cayó al suelo derribado, pero contrario a lo que muchos pensaron el muchacho se levantó y sacó las armas de su cuerpo sin sufrir daño alguno.

—¿Pero cómo es que…?

—¡Hiashi, a un lado! – Minato ya venía corriendo detrás de él, tenía en sus manos un extraño dispositivo. —¡Come esto! – juntó sus manos al frente y una poderosa corriente de aire emergió de dos tubos que concentraban oxígeno puro. El aire empujó a Won, en una corriente inesperada, encajó sus pies al suelo para no ser arrastrado y de la misma forma, Minato resistía.

—¿Bombas de aire? – comprendió aquello.

—¡No te quedes parado has algo! – ordenó Minato.

—Te mostraré. – de entre sus ropas emergió una extraña cadena la cual hizo girar. En la punta de dicha arma yacía un pequeño dispositivo que explotaba al entrar en contacto con el enemigo. Una vez que tuvo impulso la lanzó contra Won y guiada por el viento la cadena le dio de lleno en el pecho, por lo que explotó al instante y justo a tiempo, pues el aire terminó por agotarse y Minato dejó caer sus brazos cansado.

—Parece que lo logramos. – murmuró el rubio.

—No, mira allá. – parado y todavía en una pieza, yacía Won.

—Me gusta cómo trabajan en equipo, lástima que esta tregua sea sólo temporal.

—¿Cómo es que sigues en vivo? – reclamó Hiashi.

—Algo no me gusta en todo esto.

—Díganme una cosa, ¿Aún después de lo que están haciendo piensan luchar entre ustedes?

—Tú sólo eres un enemigo en común, pero las cosas por las que estamos aquí no se olvidarán. – masculló Hiashi.

—Eso me temía. – de repente la intensión de Won cambió radicalmente. —Si ser un enemigo en común no fue suficiente entonces me aseguraré de dejarles inmóviles de una vez por todas. – les embistió y los monarcas no pudieron defenderse. La misma barrera con la que consiguió parar el tanque les recibió y los mandó a volar intempestivamente.

Minato intentó levantarse rápido pero el chico le interceptó primero y le propinó una buena dosis de golpes, que aunque el rey detuvo varios, siempre que intentaba atacar una fuerza extraña lo paralizaba. En medio de su desesperación intentó alcanzar la máscara de Won, pero esto le alertó y le propinó un buen golpe que, acompañado de la barrera invisible lo lanzó contra los hombres de su ejército.

—¡Muere! – Hiashi volvía a atacarlo con una espada, pero esta vez no logró rasgarle nada, pues la espada se quebró al entrar en contacto con la piel del muchacho.

—Nadie morirá. – con los dedos extendidos lo tomó del rostro y lo clavó a la tierra, sacándole el aire y aplastándole con aquella poderosa fuerza protectora.

—¡Aun no hemos terminado! – Minato se acercaba con sus cuchillas especiales. Le lanzó una directo al rostro, pero rebotó sin siquiera hacer contacto directo. Preparó la otra cuchilla y atacó a su cuello, pero el arma se desintegró al entrar en contacto con el lugar vital. —Pero… ¿Cómo es que…? – se sintió ahogado cuando Won le tomó del cuello y de la misma forma que a Hiashi le suprimió en el suelo. Su sola presencia les ofuscó y dejó sin aliento. Era como si una montaña estuviera sobre ellos, había quedado prensados sin poder moverse.

—No puedo… moverme. – jadeó Hiashi.

—Se siente… como si… algo invisible nos aplastara. – contribuyó Minato.

—Les ofrezco esto, paren su lucha y regresen a casa, aquí no hay lugar para reyes dolidos. Soy yo, Wonmer… - la frase del muchacho quedó a medias cuando un hermoso e inesperado rayo de luz se balanceó sobre las cabezas de todos. Desde el cielo y de una forma violenta se dejó caer la imagen de uno de los dos Perfectos.

Eous entró a la escena y se veía furiosa.

—Muchacho malcriado. – su voz, modificada por la armadura dorada les causó un escalofríos a todos los soldados y al mismo Won.

—Eous. – tragó saliva y titubeó. La fuerza que aplastaba a ambos líderes se desvaneció, la mira ya no estaba sobre ellos, sino el Perfecto.

—¿Quién eres? – Sakura dio un paso y destellos peligrosos de energía acumulada se expandieron en el campo de batalla.

—Won. – dijo con nerviosismo.

—Mentiroso. – Eous se movió de una forma supersónica, el vuelo fue tan repentino que el muchacho apenas tuvo tiempo de invocar a su escudo.

El puño del ser divino chocó con la barrera de Rommel y le detuvo en seco. El chico se dio cuenta de lo peligroso del asunto, pelear contra un Perfecto era otro nivel.

—¡Huyan! – les pidió con ahínco, tanto que los líderes se levantaron y corrieron lejos. Usó su fuerza restante y proclamó a Rommel, el cual a expandirse empujó a Sakura cien metros del muchacho.

—Ya veo. – Sakura estaba molesta. —Tienes a Rommel de tu lado. – uno de sus puños se rodeó de una luz dorada. Dio otro salto peligroso con la garra empuñada y arremetió poderosamente, el muchacho resistió el golpe implorando por que la poderosa barrera no se destruyera.

—¡Atrás! – pidió y el escudo volvió a empujarle, más ésta vez Sakura no retrocedió. —Diablos, no puedo contenerle.

—Está débil. – informó Sakura. —Ya ha pasado mucho tiempo. – de su espalda crecieron dos alas blancas y se elevó. —No es el mismo de antes. – su cuerpo resplandeció. —Y tú no eres su auténtico dueño. – se elevó aún más.

Los pasos apresurados de Hinata la conducían al campo de guerra. Sakura había cambiado repentinamente a unos pocos instantes de llegar y la había dejado atrás con la excusa de que era peligroso para ella. Cuando la vio en el cielo y desplegando aquella aura destructora sintió miedo. Algo malo pasaría. Se topó con las fuerzas armadas de su nación, pero no le importó que la reconocieran, continuó corriendo entre ellas y aunque algunos se dieron cuenta de quién era tampoco alcanzaron a detenerla.

Sakura cayó en picada arremetiendo contra la defensa absoluta del chico. La explosión que vino a continuación hizo que todos se arrodillaran al sentir la tierra temblar. El polvo se expandió y el ruido resquebrajó algunos cristales y tímpanos. Una vez que todo el humo se dispersó se encontraron con el guerrero Won arrodillado y muy agotado, la aparente barrera que en un principio le protegió había hecho lo suyo, pero ahora pareciera que el daño sí le había hecho mella en su estructura.

Eous estaba a unos metros del enmascarado, continuaba vestida de su armadura luminosa, pero ahora parecía menos molesta.

—Ha resistido bien. – sus alas y vestimenta desaparecieron en luces más pequeñas hasta que su forma humana se dejó ver. —Tengo tentación de romper esa hermosa máscara y ver al osado que suplantó la identidad de mi querido Won.

—¿Estás molesta… por qué finjo ser alguien más? – jadeó el muchacho. —Pareces una madre en luto.

—Lo fui. – emprendió la carrera nuevamente, la luz volvió a rodear su puño. Esta vez su golpe fue tal que destrozó la barrera y dio justo en el rostro del muchacho, la máscara se hizo añicos y el cuerpo del joven cayó al suelo devastado y herido. Sakura lo tomó del cuello de su ropa y lo alzó para verlo mejor, su rostro irascible desapareció al reconocerle.

—¿Qué? – Minato se quedó perplejo.

—No puede ser. – Hiashi se mordió el labio inferior.

—Na-Naruto-kun. – Hinata le miró angustiada.

—Tú eres… - Sakura frunció el ceño pensando. —Uzumaki Naruto. – sus facciones se relajaron. —¿Qué pensabas que hacías al suplantar el lugar de Won?

—Won vino a mí en un sueño. – le dijo con voz quebrada. —Le pedí consejo y me dijo cómo usar a Rommel. No quería que inocentes murieran en esta guerra sin sentido.

—Entiendo. – Sakura se relajó un poco. —Entonces creo que acabo de…

—Arruinar su momento de gloria. – una voz siniestra y conocida para la chica le hizo tensarse nuevamente. —Y todo por tus tontos sentimientos nostálgicos. – todos viraron su vista a dónde provenía aquella voz.

Hinata sintió un escalofrió al ver la silueta negra de Malvolo detrás de ella.

—Usted… usted es…

—Se quién soy querida. – sus ojos rojos le hicieron temblar.

—¿Qué está pasando? – Minato estaba más que confundido.

—¡Hinata! – Hiashi molesto y preocupado.

—Pequeña. – Sasuke se agachó un poco hacia ella. —Perdóname. –

—¿Por qué?

—Por esto.

La sangre salpicó la tierra repentinamente y los ojos de Hinata se abrieron en sorpresa y dolor. Sintió una vorágine dolorosa que se expandía desde la cabeza a los pies, la garra ancestral de Sasuke acababa de entrar limpiamente a su cuerpo sin ceremonia alguna. Le miró angustiada, la vista de Sasuke era indescriptible pero firme, no hubo nada que pudiera decir al respecto, sus fuerza la abandonaron.

Pero para Naruto fue el mismo infierno personificado, su mirada cambió radicalmente al ver la escena. Algo dentro de él reventó provocándole un ardoroso escozor.

—¡HINATA! – casi se desgarra la garganta en el proceso. Sakura le dejó caer al perder la noción de lo que hacía debido a la sorpresa. Naruto cayó al suelo y se levantó tan rápido como pudo. Corrió donde Hinata, Sasuke le vio acercarse y retrajo la garra, lastimándola aún más en el proceso, se desvaneció antes de que Naruto alcanzara a reclamarle. El cuerpo de la chica se desplomó y el muchacho llegó justo a tiempo para impedir que el duro suelo le hiciera más daño.

Sakura jadeó sintiendo un remolino de sentimientos encontrados. La escena de Sasuke apunto de apuñalar a Sarada le vino mil veces y le mareó hasta provocarle jaqueca.

—¡Sasuke! – rugió, el hombre estaba en el cielo, siendo sostenido por sus poderosas alas negras.

—Al fin… logre emendar mis errores. – dijo para asombro de ella. —Ya no nos perseguirá la sombra de nuestro pecado.

—Tú… - las palabras se atoraban en su boca con fiereza. —Ella… ella tenía el alma de…

—No, Sakura. – se atrevió a interrumpirla. —Sarada, Won y todos aquellos que alguna vez poseyeron al Creador murieron hace mucho tiempo. No son la misma persona y tampoco son nuestros, la existencia de ellos sólo significa que nos equivocamos y debemos limpiar nuestros pecados.

—¡Eres un maldito! – la luz rodeó su cuerpo envistiéndola para la batalla.

—Era necesario. – la oscuridad hizo lo mismo. —Ya no nos queda más tiempo.

Naruto apretó el cuerpo de la mujer que poco a poco dejaba de respirar.

—Hinata. – susurró con dolor, su sangre caliente le estaba empapando. —¡Por favor! – gritó desesperado. —¡Alguien, por favor, ayúdenla! – se sintió tan inútil y tan angustiado cuando todos les miraban paralizados. —¡Son unos malditos! ¡¿Por qué nadie quiere ayudarla?!

—Na-Naruto-kun. – ella le llamó con voz baja y eso alertó al joven.

—Sí, sí, aquí estoy. – le dedico una mirada dolida. La chica le miró a penas, su visión estaba borrosa.

—¡Rápido, un médico! – gritó Hiashi en medio de todo, pero el más próximo todavía estaba muy lejos.

Los soldados les dieron espacio mientras la pareja tenía sus últimos momentos.

—Naruto-kun… - Hinata hizo un esfuerzo por tocarle el rostro. —Me… alegro tanto… que estés bien. – sonrió sutilmente.

—Hinata. – sujetó su mano que acariciaba su mejilla. —No me dejes, por favor.

—Te amo. – musitó. —Estoy muy feliz de que… tú estés bien. Temía… que algo malo te hubiese pasado. – su voz cada vez se hacía más baja.

—Hinata. – el pecho le dolía enormemente.

—¡He llegado, déjame verla! – era un médico, pero al tiempo que la revisó su vista se empañó. —Lo siento. – había perdido mucha sangre y la herida que el Perfecto le había provocado había contaminado sus órganos. Naruto estuvo a punto de reclamar pero Hinata lo detuvo.

—Naruto… - el muchacho le miró, le estaba bañando el rostro con sus lágrimas.

—Dime. – susurró.

—Bésame… - pidió con su último halo de fuerza.

—Será un placer. – agachó su rostro y aun sosteniendo su mano le dio un dulce beso.

Hinata ya no correspondió y su mano resbaló por la mejilla de Naruto hasta el suelo.

El muchacho se separó de ella y la pegó a su cuerpo mientras temblaba.

—Perdóname, Hinata. No pude protegerte. No pude proteger a nadie.

El sonido de la guerra colmó la escena con el dolor y la desesperanza. Luz y oscuridad lucharían por última vez… y el amor, el amor se marchitó.

Continuará…

Ahora las cosas se tornan de gris. ¿Quieren saber en qué terminará todo esto?

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.