Os agradezco un montón todos vuestros comentarios, ya que voy viendo que os gusta la historia y eso hace que mi productividad crezcaaaa. Gracias.
Por otro lado, aclarar una cosilla que no se si he explicado bien; Regina es la que tiene sentimientos por Emma. Emma de momento pues eso...ya lo veréis.
Este capi no es tan impactante como el anterior, pero espero que os guste y no me matéis por lo de Belle...
Y ya no queda casi nada para que se conozcan!
FEBRERO
Parte 3. Yo no quiero perderte.
La noche fue confusa. Sueños e imágenes extrañas fueron pasando por su subconsciente sin cesar. Se levantó tan agotada mentalmente como se había acostado.
Pero es que jamás se lo hubiese esperado…
Antes de ir a ducharse miró de nuevo las frases escritas en el papel. Si es que básicamente Regina le dejaba claro lo que sentía ¿cómo había sido tan estúpida para no darse cuenta?
¿Qué hacer?,¿qué hacer?, ¿qué hacer?...
Por un lado no quería perderla, pero por otro…¿No era todo demasiado complicado? Regina, era mayor que ella y, aunque no sabía los años exactamente, sí que era consciente de que no eran ni uno ni dos.
Y lo raro era es que ella, Emma Swan, que solía mandar a paseo a los chicos a las dos semanas de relación, se estaba planteando si continuar teniendo trato con una mujer mayor a la que sabía que le gustaba.
¿Y si todo se resumía en eso, en que Regina era una mujer? Pero es que ese tema ya lo había tratado consigo misma varias veces y tenía claro que no, que era heterosexual y que no había posibilidad alguna de que pudiese estar con alguien de su mismo sexo.
-Emma ¿vienes a desayunar?- la imagen de su madre apoyada en el marco de la puerta la sorprendió.
-Sí…pero aún tengo que ducharme.- Intentó contestar lo más serena posible a pesar de la ebullición que tenía en su interior.
-¿Quieres que te ayude?- Sabía que se lo preguntaba por las dificultades que le ocasionaba su brazo roto a la hora de asearse.
-No hace falta. ¿Está papá?- la mujer asintió- Entonces, desayuno con vosotros y luego me meto en la ducha.
Siguió a su madre por el pasillo. Iba cabizbaja. ¿Qué pensarían los Swan si supiesen lo que estaba pasando en la vida de su dulce e inocente Emma?
Siempre había tenido una vida perfecta; era una chica mona, estudiosa, extrovertida, con una buena vida social…Parecía que nada podría perturbar su feliz existencia hasta que…hasta que apareció Regina.
-Hola papi- saludó a su padre dejándole un beso en la mejilla.
-Hola cielo. ¿Te duele hoy el brazo?- negó mientras tomaba asiento y su madre le servía una taza de cacao y unas tortitas. No le dolía pero estaba harta de comer con la mano izquierda, se le daba fatal.
-¿Te han arreglado ya la moto?- Se sentía un poco culpable por el accidente ya que la ésta no había salido muy bien parada.
-Me han dicho que para el fin de semana estará lista.- El hombre le sonrió levemente. Era guapo, rubio, ojos azules…tenía que reconocerlo, su padre era un hombre atractivo. De hecho, cuando su clase se había cruzado con él por el hospital, algunas compañeras habían hecho comentarios subidos de tono sobre su progenitor. Ella había omitido contar el parentesco que los unía, para no sentirse aún más avergonzada ante determinados piropos dirigidos al doctor Swan.
El desayuno familiar transcurrió conversando sobre asuntos como la universidad, los casos extraños de David y las anécdotas de los alumnos de Mary Margaret.
Después se duchó y su madre la dejó en la facultad antes de ir al colegio. En las clases estuvo completamente distraída. No podía sacarse la declaración de Regina de la cabeza y le dio calabazas a su amigo Víctor a la hora de comer.
Se arrebujó en su abrigo, se sentó en uno de los bancos exteriores del campus y marcó el número de aquella que no conseguía apartar de sus pensamientos. Mientras sonaban los tonos se puso nerviosa.
-Emma, dame un minuto y te llamo, que estoy terminando una cosa.- Fue lo que le llegó desde el otro lado de la línea.
-Vale…- ¿Y si sólo era una excusa para no hablar con ella? No le dio tiempo a adentrarse mucho en esa idea, cuando el móvil le sonó- Hola- contestó sonriendo.
-¿Qué tal?- parecía tranquila y serena, como siempre.
-En el descanso para la comida.
-¿Y tu brazo?- No había podido decirle lo que le dijo el médico debido a lo sucedido entre ellas.
-Mejor, pronto estaré bien- Parecía una conversación de lo más normal, pero debían abordar el tema-Regina…he estado pensando un poco sobre lo de ayer…bueno, en realidad he estado dándole vueltas desde entonces.
-¿Y?- ahora sí la notó nerviosa.
-Quiero que sigamos igual, quiero que sigas formando parte de mi vida y yo de la tuya, si tú quieres, claro está.
-¿Estás segura? Emma ya sabes lo que yo siento y no quiero que por eso te sientas presionada en ningún sentido.
-No lo hago, quiero que sigamos siendo amigas.
-¿Por qué?- ¿Cómo que por qué?
-Porque creo que en cierta manera nos hacemos felices y sé que tú nunca me harías daño. Y confío en que sepas que yo tampoco te lo haré. Me importas y…bueno, dí algo- Tanto silencio, tanto silencio…le latía el corazón a mil por hora, de hecho, le daba pinchazos.
-Está claro que yo no quiero perderte, pero te lo dije para que seas consciente de lo que hay, Emma.
-Lo sé, lo sé pero…¿podemos simplemente seguir como hasta ahora?
-Yo no pienso cambiar mi actitud contigo y espero que tú…
-Yo tampoco voy a comportarme de manera distinta.
-Entonces, ¿todo aclarado?
-Sí- suspiró del alivio, aunque todavía tenía un pequeño resquemor porque no sabía si en realidad estaba haciendo lo correcto.- Bueno ¿y qué tal tu día?- Y así prosiguió la conversación, como si nada.
[…]
-¿Pero vas a salir con el brazo así?- le preguntó una Regina alarmada al teléfono.
-Es sábado…y me he pasado todo el santo día estudiando.
-Emma, me has llamado cinco veces. No sé donde están los estudios.
-Ay, Regi…- sacó su tono más infantil mientras revolvía en su armario para ver que se iba a poner, aunque le resultaba difícil sujetar el móvil y mirar ropa a la vez. Tener sólo un brazo disponible era un coñazo.- me apetece mucho.
-¿Y a dónde vas a ir?- la escuchó encender un cigarrillo.
-Fumas una barbaridad, ¿lo sabías?- Casi una semana después de la "gran revelación", Emma era consciente de que su relación había cambiado de cierta forma. Tanto habían querido normalizar la situación que parecía que se habían pasado y que ahora había mucha más confianza que antes. Incluso, parecía que a veces se hablaban de otra manera.
Emma se preguntaba si eso era lo correcto.
-Emma…- sonó a amenaza.
-Vale, vale… sólo te digo que es lo peor que puedes hacer para tu salud.
-Entendido, doctora Swan- ambas rieron. –Bueno, entonces ¿a dónde vas?
-Con Belle, Ashley y Ariel. Vamos de tranqui así que vamos a salir por el barrio de Belle.
-¿Y qué tal le va a la señorita French con la chica que me contaste?- le había explicado a Regina con todo lujo de detalles la relación de su amiga con Ruby, bueno, lo que sabía.
-Yo creo que tiene mil pájaros en la cabeza y es que la otra está tarada, la sigue constantemente. Hasta le pone canciones dedicadas cada vez que entra al bar donde trabaja.
-Cómo está la gente hoy en día.
-Ya te digo. ¿Quieres que te llame mientras voy en el taxi? Es que voy a ducharme.
-Vale, pero hazme una llamada perdida y ya te llamo yo.
-Ok. Un besito, reina.- Había comenzado a llamarla reina el día anterior por una cosa que Regina le había contado y es que parecía la reina de la oficina y los empleados sus súbditos atemorizados.
-Hasta luego, Emma. – oyó la risa de la mujer mientras colgaba, desde el principio le había hecho gracia el apelativo.
Tras una ducha, se arregló como pudo. Y para sólo manejarse con la mano izquierda le quedó un resultado muy decente; pelo rubio rizado, shorts negros extremadamente cortos, nadadora blanca, medias oscuras y chaqueta de cuero negra. Todo acompañado de botas moteras. No, no iba a llamar la atención sólo por su escayola.
Sin pensarlo se hizo una foto y se la envió a Regina.
"Muy guapa" fue lo que recibió por respuesta. Sonrió. Sí, lo estaba.
Cuando salió a la calle y se subió a un taxi, le dio un toque a Regina para que esta la llamase.
-¿Te gusta como voy?- Le preguntó después de decirle al conductor la dirección.
-Vas muy guapa, pero ¿no te vas a morir de frío?.
-Si hoy no hace casi frío…- dijo con su voz más angelical.
-Emma, recuerda que vivimos en la misma ciudad y que si en mi casa hace un frío tremendo me imagino que por tu zona será igual.
-Tampoco voy a estar mucho fuera.
-Aún así, ten cuidado de no resfriarte- En parte, se sentía reconfortada de tener alguien ahí que se preocupaba por ella. Vale, sí, sus padres también lo hacían pero es que esto no tenía nada que ver.
Fue contándole cosas sobre las amigas con las que había quedado esa noche hasta que el taxi se detuvo frente al Rabbit Hole.
-Oh, oh…va a haber movida- dijo bajándose del vehículo.
-¿Por qué?
-Porque Belle se ha traído a su ligue, Gastón, y Ruby va a estar aquí de fijo. Te escribo como va transcurriendo la noche.
-No hace falta, de verdad, pásatelo bien.
-Bueno, te cuelgo que viene Belle. Te escribo luego. Un beso, reina.
-Diviértete.
Belle estaba sonrojada por el último piropo que Gastón le había soltado cuando se dio la vuelta y vio a Emma andando hacia ella con el móvil en la oreja, el cual acabó guardando en el bolsillo.
-¡Hola! ¿A que es mono?¿a que es mono?- le dijo por lo bajo a la rubia mientras le tiraba de su brazo sano.
-No está mal- ¿Qué no estaba mal? Si era guapísimo.
Todavía no había pasado nada con el chico, pero estaba contenta. En el fondo era consciente de que todos sus sentimientos iban dirigidos hacia Gold, pero eso no significaba que no pudiese hacer su vida puesto que éste parecía no querer tener nada con ella.
Después de las presentaciones oportunas y de que Emma saludase a Ariel y Ashley, pasaron al local. Había bastante gente, pero encontraron una mesa con unos taburetes en la que enseguida se acomodaron.
-¿Y Thomas?- le preguntó Emma a Ashley, la cual por una noche había salido sola.
-Mañana tiene que trabajar, así que se ha quedado en casa- Belle pensó que ojala algún día llegara a tener una relación tan consolidada como la de su amiga. Vale que Thomas y Ashley formaban una pareja tan estable porque ya tenían una niña de dos años, Alexandra, pero aún así se les veía muy bien juntos.
Miró a Gastón que estaba pidiendo en la barra, la verdad es que era muy atractivo. Y eso era lo que ella le decía a todo el mundo "mira que guapo", pero en realidad no le interesaba seriamente. Cara muy mona, cuerpo moldeado pero era un estúpido la mayoría del tiempo, además iba de sobrado y , aunque con ella era un encanto, eso no terminaba de convencerla. A poca gente le caía bien Gastón.
Le sonrió cuando le trajo su copa y mientras intentaba prestarle atención a sus amigas sus ojos se desviaron sin querer y fueron a reparar en la morena de mechas rojas que la observaba desde la mesa de billar. Sentirse escrutada le hizo apartarse el pelo con coquetería. Es que pocos lo entenderían, pero secretamente se sentía maravillada por tener las 24 horas del día la atención de Ruby.
Sí, que esta puede que se tomase demasiadas confianzas e intentara acapararla como si tuviesen una relación. Pero eso la hacía sentirse poderosa, más que en toda su vida, porque Ruby podría haber elegido a cualquiera de sus amigas. Podría haber elegido a Emma que parecía tener una magia que atraía a las mujeres como la miel, pero no, la había elegido a ella. Y no es que Ruby fuese una chica admirada por los demás, de hecho todos creían que estaba tarada, pero a ella le hacía sentirse bien, aunque era consciente de que estaba siendo una egoísta.
-Gold a tu espalda- le susurró Emma al oído. Ahí estaba la razón de su egoismo, estaba enamorada de Will pero le seguía el rollo a Ruby, a Gastón y cualquiera que se le pusiese por delante… Cruzó la mirada con la de Gold, que parecía sólo fijarse en el brazo que Gastón tenía cubriendo sus hombros. Éste al percatarse del gesto la estrechó más.
-Espera- se separó un poco del moreno y se levantó después de beberse la copa de un trago. Iba a ir a saludar a Gold, estaba hasta las narices de que la ningunease delante de todo el mundo y que luego la llamase para cuando la necesitaba. Sintió la mano de Emma cogiéndole el brazo.
-No vayas…- se soltó y caminó decidida hasta el joven. En el trayecto sus ojos se cruzaron con la mirada furibunda de Ruby.
-Hola, Will. Hoy no saludas ¿o cómo va esto?- Gold se giró, la miró de arriba abajo y se volvió de nuevo hacia sus amigos. Fue como si le partiesen el alma en dos, pero claro, si decidía ignorarla por haberla visto con otro, porque claro no la quería pero era un celoso compulsivo, le iba a dar motivos para que no le hablase con razón.
Fue a la barra, pidió un par de chupitos que se acabó en segundos y caminó insinuante hasta Gastón. Tiró de él hasta la zona más oscura del local, la cual servía como pista de baile, y empezó a contonearse agarrando al joven.
Ashley, Ariel y Emma también se acercaron a ellos, aunque Emma parecía estar pendiente del móvil. Se acercó a la rubia un poco renqueante, desde que estaban en la zona oscura se había tomado por lo menos otras tres copas.
-¿Ha estado mirando el imbécil de Gold?- notó que su voz estaba perjudicada. Al ver que su amiga no le contestaba por estar tecleando en el teléfono se lo arrancó de las manos para ver con quien se mensajeaba todo el rato. No le dio tiempo a ver el nombre del destinatario porque del golpe que le dio Emma, el aparato se le cayó contra la mesa.
-Tía, ¿qué haces?- Vale, se había pasado. Emma parecía molesta- Deja de beber y no sé si Gold mira o no, pero Ruby lleva resoplando como dos horas- Miró directamente hacia donde estaba la camarera la cual por gestos le indicó que debería mirar su teléfono.
Sacó el objeto del bolsillo y como pudo leyó el mensaje que había en su bandeja de entrada.
"Deja de beber, porque estás dando un espectáculo bochornoso. Y para tu información Gold se ha ido así que no hace falta que te sigas restregando con Gastón"
¿Qué Will se había ido y había pasado totalmente de sus intentos de darle celos? Era lo único que había sacado en claro. Así que se colocó el vestido, se atusó el pelo y volvió a la pista, donde cogió a Gastón de las solapas de su camisa y le besó.
No fue suave ni tierno, simplemente fue un beso cargado de frustración por no poder tener a aquel que era objeto de sus deseos. Tras unos minutos se separó del joven y miró hacia la mesa de billar donde Ruby la estaba fulminando. Se sintió mal.
Gastón fue de nuevo a besarla pero se apartó.
-Vámonos de aquí- le dijo al oído.
-¿Por qué?- el chico la miró sorprendido.
-Porque aquí hay alguien que está enamorado de mí y creo que le estoy haciendo daño.
-¿Quién?- el moreno miró a su alrededor y entornó la vista- ¿Ruby?
-Sí, vámonos- le cogió de la mano y fue hacia la mesa en la que Emma hablaba con Ariel.- Me voy- la rubia alzó los ojos preocupada.
-¿Estás segura, Belle? – Sabía perfectamente que si se iba con Gastón la cosa iba a ir más allá de unos simples besos.
-Sí, mañana te llamo- Después se despidió del resto de sus amigas, recogió su abrigo y en la calle anduvieron hasta el coche de Gastón.- Date prisa antes de que nos siga.- dijo mientras se montaba en el todoterreno del joven.
-¿Tan pirada está?- arrancó el auto a toda velocidad.
-No te lo imaginas…
Después se perdieron en la noche y cuanto más se alejaban del bar, más claro tenía Belle lo que iba a suceder. Y no sabía si era por el alcohol, pero no le parecía mala idea.
-¿Pasa algo?- la voz de Regina indicaba que estaba durmiendo y que ella la había despertado.
-No, voy de vuelta a casa. Si quieres hablamos mañana.
-No, no te preocupes. ¿Qué tal la noche?- Desde luego Regina era un solete. Las 4 de la mañana y escuchándola como una campeona.
-Estoy preocupada por Belle.
-¿Por?
-Creo que va a hacer algo de lo que puede que se arrepienta.- Sonrió al pasar con el taxi frente a un anuncio de Mills & Co.
-Explícate.
-Ha bebido mucho, el chico que le gusta ha pasado de ella y creo que ha ido a acostarse con su ligue, con el cual es la primera noche que se enrolla.
-Vaya tela…
-Es su primera vez y me da miedo que se arrepienta.
-Emma, ya es mayorcita. Y, bueno, yo no concibo eso de tener sexo sin sentimientos pero la juventud ha cambiado mucho y…no sé, puede que tu amiga esté un poco perdida.
-Aún así estoy preocupada.
-No lo hagas, métete en la cama y no lo pienses.
-Ya…
Siguieron hablando cuando llegó a casa, de hecho estuvieron charlando hasta el amanecer. Le gustaba eso de tener a alguien con quien compartir sus preocupaciones y para cuando se durmió, gracias a la voz se Regina, estaba mucho más tranquila.
¿Opiniones?
