Mil millones de gracias por vuestros comentarios. Vuelvo a actualizar este fic, sé que tengo el otro un poco abandonado pero no doy para tanto.

Este os va a gustar! O eso creo... por lo que espero muchas opiniones.

MARZO

Parte 1. Me ha encantado conocerte.

-Tía, ¿dónde estás? Llevo andando media hora y no encuentro la cafetería que dices.- Hacía frío y estaba cansada pero había quedado con Belle que al parecer estaba deprimida.

-Ponlo en los mapas del móvil. Te mando la dirección por mensaje- Colgó y siguió caminando recto mientras esperaba el texto. Alzó la vista al llegar a un semáforo y lo que menos esperaba era encontrarse de frente con Mills & Co.

Se quedó paralizada. Por la hora que era seguro que Regina estaba en el interior de aquellas enormes oficinas. ¿Y si se quedaba esperándola en una esquina escondida? ¿Sabría reconocer a Regina entre tanta gente trajeada que entraba y salía? De ella conocía que era morena, delgada y de estatura media. No tenía suficientes datos para encontrarla. Aún así se quedó mirando fijamente la planta en la que le había dicho que trabajaba; la décima.

El sonido del teléfono la sacó de sus cavilaciones. Lo mejor era dejarse de tonterías porque puede que a Regina no le hiciese gracia en absoluto. Así que suspiró y tras meter el nombre del bar en una aplicación siguió su camino, el cual estaba como a 100 metros. ¿Y si estaba allí por casualidad?

Pasó a la cafetería casi temblando…De hecho, buscó a Belle con la mirada y no cambió la vista mientras se adentraba en el lugar por si acaso. Para su suerte, la castaña había elegido una mesa un poco resguardada, así que podría divisar a los clientes del lugar antes de que la viesen a ellas.

-Esto está en el culo del mundo- comentó quitándose la chaqueta y tomando asiento.

-Joe, tía, si estamos en el centro.

-¿Qué tal la entrevista?- Belle estaba por esa zona debido a que tenía una entrevista de trabajo en un bufete de abogados que estaba cerca.

-No sé…-suspiró- Va a venir Mulán, porque se ha puesto súper pesada de que no nos vemos casi nunca y trabaja aquí al lado.

-Genial…- Llamó al camarero con su mano sana. Pidió un chocolate. Era la hora de la merienda y tenía un hambre que se moría, pero es que eso de estar lesionada y no poder ir al gimnasio estaba pasándole factura a su figura.

-¿No comes nada?- sus amiga le preguntó sorprendida, porque de sobra era conocida su glotonería.

-Es que a este paso voy a echar un culo que no voy a caber por la puerta, a ver si me quitan la escayola y vuelvo a hacer algo, porque vaya caos …

-Tendrás que hacer rehabilitación, me imagino.- No contestó porque oyó la puerta abrirse y desvió la mirada, casi conteniendo la respiración por ver quién entraba. ¿Y si daba la casualidad? Era un hombre, así que volvió a centrarse en la conversación.

-Bueno ¿y qué es lo que te tiene tan atacada de los nervios?- preguntó una vez que tuvo su taza delante.

-Es que…tía no me gusta acostarme con Gastón- Belle bajó la mirada y removió su café.

-¿A qué te refieres?- llevaba dos semanas quedando con el chico sólo para sexo, porque como, según ella, estaba enamorada de Gold pues no lo quería para nada más. Parecía que la fiebre Ruby se le había pasado y, por una parte, ella se alegraba porque creía que Belle se podía volver loca si seguía con ese lío extraño.

-Pues a que yo creía que iba a ser genial, todo el mundo dice que lo es…y no sé…- se encogió de hombros- no me convence.

-Tía, ya sabes que mi experiencia es nula, pero creo que si no te gusta Gastón deberías mandarlo a paseo. -¿Por qué tanta complicación?

-Es que a ver, le veo y físicamente me encanta, pero luego entre que el tema se da fatal y que es idiota… En serio, es que no tiene ni una neurona que le funcione.- se rieron ante el comentario.

-Pero ¿por qué dices eso?

-Porque parece que con mirarse al espejo e ir al gimnasio ya tiene bastante. Y es que es un broncas, vaya donde vaya acaba teniendo conflictos con alguien… Así que no le voy a llamar más, es que paso de aguantar sus estupideces.

La puerta volvió a sonar y miró de nuevo con ansiedad, era Mulán. Se fijó en su atuendo, llevaba pinta de guerrillera; trenza, pantalones con bolsillos, botas militares, chaqueta del mismo estilo…¿Se pondría vestido alguna vez?

-Hola, chicas- las saludó con dos besos. ¡Vaya, le había hecho caso! Aunque eso duró poco porque 5 minutos después ya estaba consolando a Belle y convirtiéndola en el centro de su mundo. De todas formas, ella se evadió completamente de la conversación porque la castaña estaba volviendo a contar lo mismo de antes, así que por la cristalera del local se puso a observar a la gente que pasaba por la calle. Buscaba mujeres con las características de Regina…ninguna parecía concordar.

Media hora después decidieron ir a otro sitio a cenar. Salieron a la calle en la que parecía que hacía más frío que antes.

-Yo creo, Belle,- comenzó Mulán a decir para continuar su conversación anterior- que deberías liarte con una chica.

-¿Por qué dices eso?- la castaña torció el gesto.

-Porque sí, porque tienes la cabeza que no te aclaras y es lo mejor que podrías hacer. ¡Vamos el viernes a Towney!- la morena se dio la vuelta y comenzó a andar de espaldas delante de ellas. De repente, giró a la vez que pasaba un mercedes por la calle- ¡Morenaza a la vista!- gritó. Emma se sobresaltó ¿y si…? Pero era tarde, sólo pudo ver la parte trasera del vehículo.

-¿Qué dices?- preguntó Belle

-La del coche…es la típica señora que…pufff.

Casi corre detrás del automóvil, pero decidió no hacer locuras. ¿Cuántas posibilidades había de que la conductora fuese Regina? Aún así, cuando pasaron de nuevo frente a Mills & Co, se quedó mirando de nuevo la planta número 10.

-¡Oh, qué horror!- comentó Belle.

-¿Por?- alzó una ceja mirándola.

-Porque pienso en este sitio y en Regina Mills y me entran escalofríos.- Estaba el asunto como para contarle …

-Eres una exagerada. – Lo dijo con mala cara, lo notó e intentó cambiarla.

-Así soy yo.- Recibió una sonrisa estúpida por parte de la castaña.

[…]

Llegó a casa, soltó las cosas y fue corriendo a su habitación. Sus padres ya estaban durmiendo.

Marcó en el teléfono.

-Creía que hoy no hablaríamos- le dijo Regina nada más descolgar.

-Es que se me ha hecho tarde yendo a cenar con Belle y Mulán. – se fue quitando las botas.

-¿Lo has pasado bien?

-Sí y…¿sabes una cosa?- lo dijo en su tono más angelical.

-No si no me la cuentas.

-He estado justo enfrente de tu trabajo.

-¿Ah, sí?

-Sí, en una cafetería que tiene el letrero verde.

-Sí, ahí suelo tomarme el café por la mañana.

-Y…- le daba cierto corte decirle lo que había pensado.

-¿Y?

-Se me ha pasado por la cabeza quedarme escondida en una esquina para ver si salías.- escuchó la carcajada- ¿Qué pasa?- no creía que eso tuviese tanta gracia.

-¿Crees que me hubieses reconocido?

-Pues a juzgar por la cantidad de morenas con tus características lo dudo.

-Pues yo a ti sí que te he reconocido.

-¿Cómo?- Le dio un vuelco el estómago ¿se había cruzado con Regina?

-Llevabas una chaqueta azul e ibas caminando al lado de la señorita French. Delante una chica asiática, la cuál supongo que era Mulán, andaba de espaldas.

-¿Eras la morenaza del mercedes?

-¿Cómo?

-Así te ha descrito Mulán.

-Mira, pues ya tienes un dato más.

-Podrías haber parado o dicho algo o no sé…- lo dijo con tono apesadumbrado. Se sentía mal porque Regina no se hubiese detenido.

-Emma, sabes igual que yo que no era el momento. Además que ha sido todo muy de pasada y no estaba segura hasta que has dicho que has estado por allí.

-Ya…- No era justo, Regina la había visto en mil fotos, incluso en persona sin saberlo y ella seguía en ascuas.

-Emma…- se lo dijo con tono cariñoso, como si supiese que estaba disgustada- ¿quieres que quedemos un día?

Pues claro que quería. Estaba harta de sólo poder hablar con ella por teléfono.

-Sí…- estiró mucho la palabra para demostrarle en cierta manera su ansiedad.

-Pon fecha y lugar.

Dudó. Vale estaba deseándolo pero es que ¿no sería complicar las cosas aún más? ¡A la mierda! Estaba ansiosa por conocer a Regina.

-Mañana tengo que ir a que me quiten la escayola así que por la tarde no tendré clase, ¿quieres quedar en la cafetería en la que he estado hoy?

-¿No prefieres que vaya yo a algún lado?- Siempre tan servicial.

-Tú estás ocupada y yo no tengo nada que hacer, así que no me importa ir allí.

-¿Pero no te pilla muy lejos?

-Que no, de verdad.

-Podemos quedar el fin de semana sin problemas si te es más cómodo. –No, no, no se iba a escaquear.

-¿A qué hora puedes?

-Supongo que a las 4 y media ya me podré escapar…¿te parece bien?

-Perfecto- sonrió de oreja a oreja. Pues no había sido tan difícil.

-Emma…-la notó dubitativa- creo que es justo que sepas mi edad antes de que nos conozcamos y si sabiéndolo no quieres pues lo entendería…

¿La edad? ¿De verdad pensaba que a estas alturas le iba a importar?

-Regina, no hace falta, de verdad. Me da igual los años que tengas…- Aunque se moría de curiosidad.

-No quiero que mañana salgas espantada porque hayas pensado todo este tiempo que tengo 30 años.

-No he pensado eso en ningún momento- Recordó lo que te dijo Belle; "cuarenta y tantos"

-Muy bien- la escuchó suspirar- tengo 45 años.

Se quedó callada unos segundos. Vale, era mayor que su madre. Mary Margaret tenía 44. Una mujer de 45 años, tremendamente exitosa se sentía atraída por ella y ella en vez de salir corriendo la había convencido para quedar. Definitivamente su cordura se había ido volando.

-No pasa nada- De repente algo se le pasó por la mente. ¿Y si era tan misteriosa respecto a su aspecto no sólo por su edad? ¿Y si tenía algún problema físico o algo? ¿Sería ella capaz de reaccionar adecuadamente?

-¿Estás segura de que quieres que quedemos?- parecía nerviosa.

-Que sí, Regina, que sí. Pero ¿cómo te voy a reconocer?

-Sabrás que soy yo, créeme.

[…]

"Sabrás que soy yo, créeme" llevaba pensando en esas palabras todo el día. De hecho, a cada paso que daba acercándose hacia el lugar de encuentro volvían a aparecer. Es que si la iba a reconocer seguramente sería por lo que ella había pensado, Regina tenía alguna discapacidad y de ahí tanto misterio para ocultar su aspecto.

Bueno, daba igual. Era Regina, así que ella iba a ser como siempre había sido, independientemente de cómo fuese exteriormente.

Antes de girar la esquina de la calle en la que estaba la cafetería se miró en un escaparate. Vale, tenía buen aspecto: vaqueros, jersey negro, botas y cazadora de cuero roja. El pelo lo llevaba con su rizo natural y el maquillaje tan suave como siempre. Para su suerte hacía un rato que había dejado de llover y no iba a llegar como una sopa.

Respiró hondo y se adentró en la calle. Fue mirando al suelo hasta que estuvo casi al lado del bar.

Parecía que no estaba. Se asomó un poco por la cristalera del local y nadie coincidía con su descripción. Bueno, ella había llegado 10 minutos antes. Si contaba que había llegado pronto a una cita nadie la creería.

Se apoyó en la pared y fijó sus ojos en la puerta de Mills & Co. Cuando menos se lo esperaba, por la puerta salió una mujer que sí que podría ser; estatura media, morena, delgada, cuarenta y tantos…Según se iba acercando intentó distinguir sus rasgos, de hecho, se metió en la entrada al portal contiguo al local. Quería hacerle un análisis antes de saludarla y, claro, se quería asegurar de que era Regina.

Se fijó en como la mujer sacaba el móvil y se lo ponía en la oreja. Miró su teléfono por si la estaba llamando a ella. No. Podría no ser ella, pero sí lo era le parecía una soberana estupidez que no le hubiese enseñado ninguna foto. ¡Era guapísima!

Llevaba unos pantalones de traje gris, los cuales parecían conjuntarse con una chaqueta, camisa blanca, zapatos negros de tacón y abrigo del mismo color. Pelo negro a media melena, impecablemente peinado, y maquillaje perfecto.

Salió de su escondite para ver si se detenía frente al lugar de quedada y , sí, estaba ahí parada, pero vio que seguía hablando por teléfono. Pegó el oído para asegurarse si era o no.

Cuando escuchó la voz no tuvo dudas; era Regina Mills. Regina Mills echándole la bronca por el móvil a alguno de sus empleados. Qué mala leche tenía.

Tras verla de colgar dio un paso para acercarse pero se detuvo al ver que Regina quedaba completamente salpicada de agua por un coche que había pasado a toda velocidad. Iba a reírse pero tras escucharla blasfemar un par de veces se quedó como estática. Esta Regina tan guapa, tan elegante y con tanto genio la estaba intimidando tremendamente.

Pero de repente la morena giró los ojos y se encontró con los suyos. No le quedó más remedio que reaccionar.

-Hola- se acercó a una, ahora, muy sonriente Regina.

-Emma…- una sonrisa abierta de dientes perfectos adornaba las palabras. No sabía que hacer. ¿Se tenían que abrazar? ¿Dar dos besos? ¿Darse la mano?

-¿Qué tal?- fue lo máximo que fue capaz de decir ante la mirada embelesada de la otra mujer. Sin esperarlo se vio rodeada por los brazos de la morena. Correspondió al gesto un poco cohibida.

-¿Qué quieres que hagamos?- le preguntó una vez que se separaron. Parecía nerviosa a juzgar por la manera en que se pasaba constantemente la mano por el pelo.

-No sé, lo que tú quieras- se encogió de hombros. La mujer pareció pensar unos segundos, después sacó un cigarro del bolso y se lo encendió.

-¿Te importa?- señaló el tabaco después de darle una calada. Ella negó. ¿Qué le iba a decir? Estaba completamente cortada. – Si quieres tomamos algo aquí y…luego ya vemos.- Ella no era la única que estaba muerta de la vergüenza porque Regina la miraba intermitentemente mientras hablaba, como si no pudiese fijar la vista en ella durante mucho tiempo.

-Vale- sonrió. La morena se adelantó hacia la entrada y le abrió la puerta. Y cuando encontraron una mesa libre hasta le apartó la silla.- No hace falta…- se sonrojó. No estaba acostumbrada a que la tratasen así.

-¿Qué quieres tomar?- le preguntó la mujer echando un vistazo por encima de la carta. Se quedaron mirándose unos segundos, se fijó en que Regina tenía los ojos increíblemente negros. Al verla sonreír tiernamente cambió la mirada.

-Un chocolate estará bien.

-¿No quieres nada de comer?- ¿Por qué leches la observaba como si ella fuese la octava maravilla del mundo? Si sólo era la normal y corriente Emma Swan.

-No- Muerta antes de pegar bocado delante de Regina ¿Y si se le caía algo de la boca? No, no pensaba quedar como una auténtica idiota.

-Creía que comías mucho.- comentó mientras apartaba el menú.

-Es que por lo del brazo hace tiempo que no voy al gimnasio y he engordado- Hizo un puchero que amplió, si es que eso era posible, la sonrisa de la mujer.

-Yo creo que estás genial. – apoyó la cabeza sobre la mano mientras hablaba.

-Claro, tú que vas a decirme si estás…- se detuvo al caer en la cuenta de lo que iba a decir- Lo siento- sintió que se ponía del mismo color de la chaqueta que colgaba en el respaldo de su silla.

-Puedes continuar- Vio el nerviosismo de Regina en todas y cada una de sus facciones.

-No, de verdad, no he pensado.

-No ibas a mentir- la miró con ternura. –Sólo que debes saber que por muy enamorada que esté de ti, no te diría que estás estupenda si en realidad no lo estuvieses.- Su sonrojo había aumentado en cantidades exponenciales.

¿Qué le contestaba a eso? Para su suerte el camarero vino a tomarles nota, lo que le hizo poder relajarse unos instantes. Los cuales aprovechó para fijarse mejor en Regina. Estaba genial para tener 45 años, sí, tenía algunas arruguitas en la frente y en los ojos, pero aún así se conservaba estupendamente. Tenía unos ojos penetrantes y unos labios increíblemente bonitos, los cuales eran coronados por una pequeña cicatriz, por la que algún día debería preguntar. Volvió a pensar que era una estupidez que hubiese estado ocultando su aspecto, ojala ella pudiese llegar a su edad estando tan bien.

Cambió los ojos cuando la morena despidió al camarero.

-¿Qué tal el brazo?- Suspiró interiormente, menos mal que Regina no quería seguir con el tema de antes.

-Tengo que hacer rehabilitación.

-¿Te duele?- sentir la mano de la morena sobre su extremidad lesionada le hizo dar un respingo.

-Lo siento- Regina se retiró y se puso a jugar con uno de los botones de su chaqueta.

-No, no…es que estoy nerviosa…- se disculpó con una sonrisita.

-Sí, yo también. Si contamos todo el tiempo que hemos hablado es una tontería que estemos así…

-Sí…- cuando llegó su chocolate casi se lo bebe de un trago para ver si esto conseguía apaciguarle los nervios.

-¿Dónde tienes que hacer la rehabilitación?- le preguntó Regina mientras removía su café.

-En una clínica que me pilla bastante lejos y como ahora no puedo conducir es un poco coñazo, la verdad.

-¿A qué hora?

-A la hora de comer.

-¿Empiezas mañana?

-Sí- es que la miraba fijamente, por favor que alguien le dijese a esa mujer que no podía fijarse en ella así, porque es que la estaba atacando. Cogió una servilleta y comenzó a hacerla pedacitos, para dejar salir por algún lado sus nervios.

-Pues mañana te recojo en la universidad y te llevo yo.- alzó los ojos sorprendida.

-No, Regina, de verdad, que no hace falta.- Por el semblante de la mujer supo que poco podría hacer para convencerla de que no era necesario que la llevase.

-Emma, quiero acompañarte, así que no hay más que hablar.

-Está bien- si es que por lo que la conocía no valía de nada discutir con ella.

Siguieron charlando sobre temas triviales. Y poco a poco Emma comenzó a sentirse más cómoda.

Cuando salieron del local ya había anochecido. Nada más salir Regina se encendió otro cigarro.

-Deberías dejarlo- Sabía que era pesada con el tema pero lo hacía por su bien.

-Lo sé, lo sé…¿quieres que vayamos a cenar?- Querer quería pero tenía que estudiar.

-No puedo- se miró los pies.

-Pues vamos al parking del edificio que tengo allí el coche y te llevo.

-No, no hace falta- dijo mirando a Regina a la vez que comenzaban a andar hacia el paso de cebra.

-Quiero hacerlo.

-Puedo coger el autobús. No te molestes.- Al ver que no le contestaba supo que acabaría haciendo lo que la morena quisiese, iba a hablar de nuevo para intentar convencerla cuando sin saber cómo, una farola se puso en su camino y acabó estampándose de cara contra ella. ¡Mierda!

-¡Emma! ¿Estás bien?- Regina le rozaba la cara suavemente a la vez que la miraba con preocupación.

-Sí…sí- Esto debía ser el destino avisándola de que se estaba metiendo en una historia que podría írsele de las manos. Es que… estaba a unos escasos dos centímetros del rostro de una mujer a la que acababa de conocer físicamente, que le sacaba 24 años y que estaba enamorada de ella. ¿Quién se estaba complicando la vida? ¡Premio para Emma Swan!

Tras asegurarse de que no había sufrido daños, Regina se apartó de ella. La siguió en silencio hasta el edificio de Mills & Co. Allí la morena anduvo hasta el ascensor. Una vez subidas ambas pulsó el botón que debía llevar a aparcamiento.

Permanecieron en silencio hasta que estuvieron sentadas en el vehículo.

-¿Siempre le abres las puertas de los coches a las chicas?- preguntó divertida mientras se abrochaba el cinturón.

-No a todas- se fijó en su perfil serio.

-Regina, no tienes porqué tomarte tantas molestias.- Se sentía un poco abrumada debido a las atenciones que estaba recibiendo.

-Emma- la miró unos instantes apartando la vista del asfalto- deseo hacerlo, quiero que te guste estar conmigo y me apetece hacer cosas por ti.

-Ya me gusta estar contigo- Vio la sonrisa que apareció en sus rasgos. A lo mejor Regina llegaba a pensar que ella sentía cosas. No, la mujer la conocía lo suficientemente bien como para saber que ella podía llegar a decir eso sin necesidad de que llevase implícito connotaciones románticas.

-Además- comenzó a decir la empresaria- quiero conocer dónde vives, cómo es tu casa…ver cómo es tu mundo.

-Ya te he hablado de todo eso…

-Pero no es lo mismo.

-Está bien.- En parte le gustaría poderle enseñar a Regina su habitación, sus trastos…Le entristeció comprender que probablemente nunca podría hacerlo. Y lo peor es que Regina era plenamente consciente de que nunca podría adentrarse plenamente en su universo y eso a ella le dolía.

Cuando llegaron, la morena aparcó frente a su puerta y se volvió hacia ella.

-Bueno, ya hemos llegado- supo que estaba nerviosa al verla de nuevo pasarse la mano por el pelo. Ella la detuvo y le agarró la extremidad. Pasó un dedo por la alianza que Regina llevaba.

-¿Daniella?- alzó los ojos y se encontró con la ternura en los iris de su acompañante. La morena asintió.- ¿Te lo has pasado bien?

-Emma, contigo me siento tan feliz que creo que me divertiría en cualquier situación.- Se volvió a sentir especial, nadie le había dicho nunca esas cosas.- Eres maravillosa, Emma Swan.- Sonrió ampliamente al percatarse de que la estaba mirando con una dulzura infinita. Regina era mucho más fantástica en carne y hueso, si es que eso era posible.

Ya era hora de irse. Así que se echó en los brazos de la morena y le dejó un beso en la mejilla mientras susurraba: "Hasta mañana, reina"


Maldita Emma, ¿por qué era tan endiabladamente perfecta? No podía pensar otra cosa desde que la había dejado en su casa. De hecho, se había pasado todo el camino hasta la suya rememorando una y otra vez la cita mientras sonreía como una adolescente.

En su interior había deseado encontrarse con una niña falta de seso que le hiciese recapacitar sobre sus sentimientos. Sin embargo, se había dado de frente con la versión perfeccionada de la Emma telefónica. La joven era simpática, dulce, inteligente e increíblemente preciosa.

¡Por Dios! ¿Qué estaba haciendo? Ella no estaba para andar como un cachorrito detrás de chicas guapas. Pero ahí estaba, perdida por una joven de pelo rubio y ojos verdes azulados.

Si es que lo mejor que podría hacer era cortar porque todo aquello sólo podía hacer que ella acabase hecha polvo y Emma totalmente confundida. Estaba pensando que poner fin era lo más sensato cuando recibió un mensaje:

"Me ha encantado conocerte, Regi. Y no te olvides que mañana a las 2 me tienes que recoger en tu carruaje. Un besito, mi reina"

No, no había manera de frenar aquella historia. No había vuelta atrás…


¿Quién quiere una Emma o una Regina para reyes?