La batalla final ha culminado y ambos perfectos han terminado con sus deberes. Este es el penúltimo capitulo. Espero lo disfruten.
-14-
Al final de tu vida.
Naruto miró fijamente a Sasuke. Ambos estaban fuera del palacio de Norte, en los jardines en donde él y su madre solían pasear cuando todavía estaba viva. Su rostro reflejaba una expresión dolorosa y a la vez solemne. Por un instante Naruto sonrió y eso desconcertó a Sasuke.
—¿Por qué te ríes?
—Porque me di cuenta de algo. – como un gesto amistoso, Naruto sonrió. —No quieres llevarme al campo de batalla, ¿verdad? – hacía apenas unos segundos Naruto se había terminado de vestir con capa y máscara se le había insinuado y pedido que le llevara al campo de batalla antes de que los ejércitos se enfrentasen. Pero, fuera de cualquier otra cosa, el Perfecto de la Oscuridad no dijo nada, solamente le miró sin ninguna clase de gesto y guardó sus pensamientos para sí mismo.
—Generalmente las personas inteligentes suelen huir de los lugares peligrosos. – dijo finalmente.
—Sé lo que estoy haciendo. – le mostró a Rommel, que armaba su brazo.
—En tu brazo Rommel no te servirá de nada.
—Lo sé, Won me dijo como usarlo.
—¿Won? – alzó una ceja y Naruto sonrió con autosuficiencia.
—Sí. Vino a mí en un sueño y…
—¿Entiendes lo que me pides? – Sasuke no parecía prestar atención a su discurso. —Si te llevo al campo de batalla muchas cosas malas podrían pasar.
—No tengo pensado fallar.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque Rommel fue un regalo de fe. Sé que se lo diste a Won con un propósito y no necesariamente el de protegerlo. – entonces se sintió descubierto. —¿Sabes? He tenido muchos sueños raros últimamente, no sé por qué, pero veo cosas de épocas pasadas, relatos de vidas difíciles y en las que la luz y la oscuridad están muy entrelazadas. Pero hay una que llama mi atención y es la de un padre… que no tuvo el corazón para asesinar a su propia hija. – Naruto se elevó del suelo instantáneamente cuando sintió que Sasuke lo tomaba del cuello. De nuevo, no intentaba dañarle, sino que quería intimidarle.
—Estás mintiendo.
—No. Lo he visto en tu rostro Sasuke, sabes a lo que me refiero. ¿Esa es la razón, no? Por eso le diste a Won un escudo con el cual defenderse. Cuando el Creador emerge del usuario lo mata, su alma simplemente explota junto a esa fuerza cósmica. Pero hay algo que quizá tú ya sabes de sobra.
—¿Qué? – retó apretando los dientes.
—Si el usuario muere sin pedir un deseo… el Creador desaparecerá.
—¿Quién te lo dijo?
—¿Entonces estoy en lo cierto? – planteó Naruto en son triunfante. El Perfecto le dejó caer derrotado por su percepción.
—Tal vez. – suspiró cansinamente.
—Won me lo dijo. – admitió. —Me contó sobre Rommel como una forma de proteger a quienes quiero. El tema salió a la luz porque le dije que me era extraño que te hubieses molestado tanto en cumplir sus caprichos. Won lo sabía, lo supo antes de morir. Si el portador del Creador muere sin haber usado aquella partícula todopoderosa el ciclo se acaba. Pero el destino de los poseedores es morir por culpa de la misma. Sarada murió de la misma forma, Rommel, el auténtico también, Won lo hizo y otros más. – entonces frunció el ceño. —¿Por eso querías que matara a Hinata? ¿Querías que hiciera el trabajo sucio? Dime, si la hubiese matado, ¿Realmente hubiera podido pedir un deseo? – pero el Perfecto no dijo nada. —Tú… querías tanto a Sarada y a Won que no lograste matarles por ti mismo. Tampoco fuiste capaz de mandar a Won a la guerra a sabiendas que podría desear tanto algo como para morir por ello, querías que sobreviviera y muriera de formas naturales, ¿No es así? – el yelmo de Sasuke se volvió oscuro, ocultando sus sentimientos.
—El alma que Sakura implantó en mí causa hace que en ocasiones… olvide mi verdadera misión.
—Pero lo que yo te estoy pidiendo no tiene nada que ver. – reiteró el rubio. —Entiendo que llegaste a amar tanto a otros que el simple hecho de matarles te causa conflictos, aunque digas que debes hacerlo, no quieres. Es comprensible.
—Déjame decirte una cosa, Naruto. – Sasuke se levantó y le miró hacia abajo, imponente. —Si tu mayor anhelo es ir a esa batalla, bien, te llevaré, pero te advierto, el hecho de que sepas varias cosas sobre mi pasado sólo me deja claro algo… Mi tiempo se acaba.
—¿Qué quieres decir?
—Que tanto Eous como yo estamos destinados a una cosa y tú, ya sabes a lo que me refiero.
—Eso no tiene nada que ver con…
—Lo tiene y mucho. – tomó a Naruto del hombro y las nieblas oscura los rodearon a ambos. —Tú y yo estamos más entrelazados de lo que crees. – tras decir esto se convirtieron en sombras y desaparecieron.
Naruto llegó al campo de batalla en medio de oscuridad pero solo. Justo a tiempo, por cierto, pues a unos cuantos kilómetros los ejércitos ya se acercaban.
…
El cielo se había nublado, la tierra estaba podrida y los ejércitos se removían en medio de un choque de espadas y bombas. Tras ver a la princesa muerta el corazón arponeado de Hiashi buscó un culpable inmediato. Maldijo a Minato y a Naruto por haber conducido a Hinata a estas circunstancias y le declaró la guerra al decir que el Reino del Norte no sólo le había quitado su capital, sino también a su hija mayor.
Minato, confundido e indignado respondió a la agresión. La guerra cayó en la Línea Gris mientras Naruto se aferraba al cuerpo de su amada recién fallecida. La depresión estaba consumiendo su alma, las ojeras aparecieron repentinamente y la contrición desfiguró su cara.
—Perdóname por favor, Hinata. – imploró en voz baja. —Fui un verdadero imbécil. – agachó la cabeza y se acercó al rostro de ella para después besar su frente. —Cuanto quisiera… haber sido yo. – musito de forma triste.
Pero mientras Naruto se lamentaba el verdadero enfrentamiento ocurría a unos cuantos metros. La Luz y la Oscuridad estaban nuevamente en el campo de batalla y esta vez la lucha iba más allá de la devastación de una ciudad.
En el cielo nació un poderoso alarido que dejó perplejo a todos, el sonido de las bombas y los gritos de los soldados se opacaron un momento mientras se reventaba una burbuja de luz y oscuridad. Tras casi hacer explotar las nubes la silueta de Sakura y Sasuke cubiertos de sus elementos y chocando en esferas de energía pura era un espectáculo único.
—¡Te haré pedazos! – Sakura nunca había estado tan furiosa y era precisamente esa inestabilidad lo que siempre hacía que todo terminara mal. Su puño lleno de luz chocó en un espacio de aire y polvo, la reacción energética no sólo causó un estruendo, sino que expulsó una onda de choque lo cual provocó otro trueno.
Sasuke esquivó ese ataque con gran velocidad y se disponía a contemplar que tan dañino eran los embates de Sakura si no fuese porque debía volver a esquivar otro. Si bien los Perfectos puedes crear su elemento por cuenta propia, de igual forma pueden tomar los naturales, así que con ese precepto Sasuke comenzó a perderse entre las nubes mientras Sakura se encargaba de aniquilar todas las nubes con sus potentes golpes. La idea era condensar el vapor de agua en la atmosfera con aquellos choques energéticos tan intensos. Lo más probable era que se dispersaran, pero si conducía a Sakura por donde quería lo lograría.
Las nubes se dispersaban y al mismo tiempo volvían a reproducirse por la influencia oscura del moreno. Logró esconderse en un cúmulo y cuando Sakura se preparó para hacerlo volar una bruma espesa y negra emergió en proporciones colosales. Sakura batió sus alas para dispersarla, pero era demasiada densa.
—¡Muéstrate! – demandó molesta.
—Muy bien. – no se dio cuenta que en realidad todo era una distracción. Sasuke estaba detrás de ella y con sus garras de Behemoth puestas le rasgó las alas dejándole sangrar a borbotones. Eous exclamó dolorosamente mientras fruncía el ceño, escapó antes de que Black completara otro ataque y descendió torpemente por el dolor causado.
—Aun con la habilidad de regeneración acelerada que posees, las heridas provocadas por el arma de un Perfecto siempre ocasionaran más daño celular; más si están bañadas con mi oscuridad.
—Las bañaste con muerte. – dijo Sakura, muy segura.
—Así como tú puedes bañar con vida. – movió sus brazos con fuerza, el filo de las garras desgarro el mismísimo aire mientras una onda cortante se aproximaba a Sakura.
—Déjate de juegos baratos. – no esperó más para hacer nacer a Excalibur de su mano derecha, la alzó rápidamente y la luz acumulada en su hoja se desplegó evitando el ataque.
—¿Juegos baratos? Precisamente por esa capacidad que sólo nosotros, los Perfectos Espirituales, poseemos es que nuestras armas son capaces de herir a más profundidad, ¿Es que tus memorias pasadas no te lo mostraron?
—El hecho de que los Perfectos Elementales y Espirituales posean características diferentes en algunas cosas no nos vuelve superiores.
—Nunca dije eso. – sus garras se cruzaron en el espacio para formar otra corriente cortante, sólo que esta vez estaban bañadas de energía negativa. Sakura paró una de ellas con su luz, pero otra onda cayó al campo de batalla. Los gritos despavoridos de los hombres alertaron a la chica.
Esa energía no sólo era destructiva por su filo, sino que la energía negativa creaba diferentes manifestaciones dependiendo de la intención del usuario. Sasuke tenía la capacidad de atacar a diferentes niveles, una habilidad heredada de uno de sus antepasados. La energía negativa la heredó de Perfecto cuyo nombre terminaba en Necrosis, el cual podía hacer que esa energía se convirtiera en sentimientos sombríos o en presiones naturales negativas capaces de crear vacíos. Una de las cosas por las que Sasuke había sido apto de crear agujeros negros.
El daño en esta ocasión era de presión atmosférica negativa, ocasionando vacíos e implosiones. Los hombres atrapados en dicho rango sufrían de las consecuencias.
—¡Deja de involucrar a los demás!
—Aun no los he involucrado. – sus ojos rojos se tiñeron con figurillas de color negro que giraron desesperadamente hasta formar una esfera de fuego negro.
—¡No, espera! – Sakura reconoció el Amaterasu.
—Que ardan. – exclamó con sadismo mientras lanzaba el fuego a la tierra.
—¡No esta vez! – Sakura se elevó tan rápido como pudo, pues el daño físico no pasaba y estaba limitada. Agitó a Excalibur y la colocó por la parte plana, en la cual no había filo, detuvo el fuego y resistió. —Catalizaré mi alma en su hoja. – profesó mientras la luz dorada se transformaba en un resplandor verde claro. La fuerza ardiente comenzó a desvanecerse. Amaterasu era una manifestación pura de la ira del Perfecto negro, si lograba calmarla con sus poderes de sanación vital y armonía, quizá podría deshacerla. Pero no pudo, el fuego simplemente absorbió aquello y a Sakura no le quedó otra opción más que de regresársela a Sasuke.
El muchacho detuvo la bola calcinante y ante la mirada atónita de Sakura el fuego bailó alrededor suyo. Soltó una carcajada mientras tomaba el fuego y lo alargaba entre sus garras como si fuera una especie de masa plástica.
—No te ves muy divertida.
—Nunca fue divertido.
—Ciertamente. – el fuego se amoldó a la armadura, ahora Sasuke estaba doblemente protegido. —Luchamos de forma justa, Sakura. Muéstrame todo lo que tienes, yo haré lo mismo. – estiró una de sus manos e invocó su arma más poderosa. —Ven, Zackel. – la oz apareció rompiendo el tiempo y el espacio, la presencia del arma de Thanatos hizo mella en su espíritu. Esa arma había sido creada exclusivamente para la destrucción.
—Entonces Kusanagi me acompañará. – el arma de la virtud nacional emergió de su mano izquierda.
—Me parece bien. – Sasuke balanceó su oz y un rugido tenebroso llenó el campo de batalla.
Sakura igualmente agitó sus espadas y el rugido anterior se opacó por el incesante tintineó de una campana. Uchiha alzó una ceja al comprobar que ambas espadas vibraban de tal forma que resonaban.
—¿Desde cuándo hacen eso?
—Tal como dijiste antes, estas dos armas fueron construidas con ayuda de mi alma. Le brindé mi luz a Excalibur cuando la Dama del Lago la forjó e hice un pacto con Kusanagi una vez que Susanoo la dejó decidir por sí misma. Mi alma también yace dentro de ambas.
—¿Susanoo? – Sasuke se burló. —Ese dios antiguo, justamente me dejó un cálido recuerdo de él cuando lo encontré en su lecho de muerte. -La oscuridad nebulosa y ardiente de su armadura se transformó en la figura gigante de un guerrero con armadura. Haruno pasó saliva, no esperaba aquello.
—¿Es… su alma?
—No, al menos no por completo. La oscuridad en su corazón se fundió con la mía, ahora él es parte de mi sombra. – la abominable figura del viejo dios la dejó algo pasmada, Sasuke todavía tenía armas que no había visto, aun después de tantos años. Definitivamente no se había pasado el tiempo meditando por ahí.
—Entonces creo que tendré que esforzarme un poco más. – sonrió para deleite de Sasuke.
—Eso parece. – la enorme figura se alzó sobre ella.
…
Aunque se sentía muy cansada y no podía abrir los ojos, fue capaz de escuchar a lo lejos una voz que conocía perfectamente justo a un mar de ruidos fuertes y retumbantes. Así mismo sintió una calidez inusual en sus mejillas, era tibia y se enfriaba a manera que bajaban por su piel.
Eran lágrimas.
Las reconoció después de espabilar. Escuchó los latidos de un corazón y se sorprendió de saber que eran los propios. De la misma forma, escuchó la respiración de otro individuo y cómo gimoteaba en silencio. Se sintió desconsolada y con mucha angustia, fuera quien fuera esa persona, lloraba de una forma tan miserable que le causaba que el pecho se apretujara sobre su propia anatomía.
Entonces, logró abrir los ojos. Sólo fue un poco, pero la luz y muchos colores le hicieron reaccionar como si esta fuera la primera vez en su vida que los abría. Era como volver a nacer. Entonces reconoció el rostro del hombre que la sostenía, era Naruto; y estaba llorando con mucha tristeza. Se mortificó y trató de hablar para que dejara de hacerlo, él tenía los ojos cerrados así que no estaba al tanto de que ella había despertado. Quiso moverse y lo único que logró hacer fue alzar una mano lo suficiente para tocar su mejilla con la punta de sus dedos.
Naruto reaccionó de inmediato y su rostro se trasformó al verla despierta.
—Na-Naruto… - musitó con la garganta dolorida.
—Hinata. – jadeó. —Estás viva. – no cabía en su propia sorpresa.
—Naruto-kun. – pudo aclarar su voz. —¿Qué… sucedió? – carraspeó un poco y después gimió sorprendida cuando el rubio la apretó celosamente contra su cuerpo y con mucha fuerza.
—Te amo. – le dijo al oído y ella se sonrojó. —No vuelvas a asustarme así.
—Pero… ¿Qué es lo que…?
—Te hirieron gravemente. – revisó la herida y esta había cerrado por completo, como si nunca hubiese sido atravesada. —¿Cómo es posible que esto pasara? – le dijo mientras revisaba su cuerpo.
—Yo… no lo sé. – admitió, seguía siendo sostenida por Naruto y estaba muy cómoda.
—Espera. – le dio espacio para que se sentada y al hacerlo algo cayó en el regazo de Hinata. —¿Qué es eso? – Naruto lo tomó con precaución y cuando lo alzó mejor se encontraron con la funda vieja y gastada de una espada. —Es una funda, ¿Tenías una espada?
—No. – Hinata la observó mejor. Era grande pero muy vieja y se estaba deshilachando, no obstante logró reconocerla. —Avalón. – murmulló.
—¿Avalón? – Naruto hizo memoria y después cayó en cuenta. —La funda de la sanación.
—Era un tesoro del castillo del Sur. Mi familia ha guardado la funda por generaciones. Fue el lugar en donde se encontraba Sakura-san. ¿Cómo es que?
—¿Ella te la dio? – si Uchiha le había dado el escudo Sakura pudo haber hecho lo mismo.
—No. – negó con la cabeza.
—Entonces… - algo resonó en su cabeza. Recordó su conversación con Sasuke y la conclusión a la que habían llegado: Entiendo que llegaste a amar tanto a otros que el simple hecho de matarles te causa conflictos, aunque digas que debes hacerlo, no quieres. Es comprensible. Sus propias palabras hicieron eco en su mente. —Él lo hizo. – miró al cielo. —Si Eous no fue… lo hizo Malvolo. Ese maldito, nunca sé cómo hará las cosas. – dijo para sí.
—Naruto-kun, esto es terrible. – Hinata miró alrededor, la guerra estaba en pleno apogeo. —Debemos detenerlos.
—Lo haremos. – la tomó de la mano y la apretó fuertemente. —Pero juntos, no nos separaremos por nada.
—Está bien. – Hinata sonrió.
—Encontremos a nuestros padres y paremos esta locura.
…
No hubo necesidad que Sasuke ejecutara algún movimiento, la mano de Susanoo se aproximó desde lo más alta para aplastarle como a un insecto. Sakura era sumamente veloz a comparación de ocasiones pasadas, desapareció en un parpadeo, pero el ataque continuó su curso natural dejando el campo de batalla destrozado ante su puño. Los humanos que peleaban bajo aquel manto guerrillero se removieron asustados cuando la mano divina impacto con el suelo y lo destruyó.
Sakura contempló la fuerza del ente así que decidió atacarle con cuidado. Una luz verdosa y cálida rodeó a Kusanagi; la cual vibró vivaz.
—Caza, Kusanagi. – dijo tranquila. La espada creció mucho en talla y atacó al cuerpo de Susanoo como una serpiente furiosa. La silueta del dios movió su brazo desocupado para atrapar el filo de la espada legendaria, mas sus cálculos fueron evitados con facilidad, pues tal como al principio la espada reaccionó como si realmente estuviera viva, se dobló a sí misma y movió cuan sierpe, esquivando la mano opresora y atacando directamente al rostro de la deidad.
Penetró en el hombro de Susanoo el cual se enderezó dado el ataque anterior e intentó quitarse de encima el arma que hacía mucho tiempo le protegió en batalla, sin embargo Sakura retrajo a Kusanagi y regresó a su posición original.
—Veo que absorbió parte de la identidad de Yamata no Orochi. – señaló Sasuke.
—Las espadas se fortalecen cada vez que luchan contra seres indestructibles. – mostró a Excalibur. —Si Kusanagi logró apuñalar a su antiguo dueño, no veo porque Excalibur no pueda destruir tu oscuridad.
—Puedes intentarlo si eso te hace feliz. – retó el muchacho.
—Entonces así será. – la hoja de la espada resplandeció impávida mientras el metal desaparecía en medio de tanta luz.
—Veamos si puedes derrotar a dos dioses al mismo tiempo. – se formó entonces una ballesta de fuego en las manos de Susanoo y el fuego negro que danzaba sobre su armadura se transportó a ésta en forma de flecha. Sakura se percató de esto y se mordió el labio inferior. Ese era mucho poder y debía juntar toda su alma para derrotarle.
—¡La oscuridad no puede opacar al sol! – gritó ella mientras lanzaba aquella sorprendente energía acumulada.
—¡Puede eclipsarlo! – Sasuke dejó ir la flecha. El impacto fue titánico.
La explosión removió toda a Línea Gris entera, los hombres cayeron al suelo aturdidos y heridos por el impacto, incluso Minato y Hiashi, que cruzaban espadas fueron despedidos por el ataque de los Perfectos. Todo el terreno quedó sumido en una completa agonía y silencio al terminar el embate.
Naruto abrazó a Hinata con fuerza mientras la tierra y el viento regresaban a su posición original. Los dos miraron al cielo al ver las siluetas de los Perfectos. La imagen era tan aterradora, que Naruto tragó saliva pensando en lo angustiado que debió haber estado Won cuando se encontró con la destrucción de Munan a mano de los implacables Perfectos.
—Es terrible. – susurró Hinata con dolor. —Así que… esto sintió Uchiha Sarada al ver que el mundo estaba a punto de ser destruido. – una opresión inusual nacía en su pecho y al escucharle hablar Naruto se aterró.
—¡No! – tomó a Hinata de los hombros y le obligó a verle. —No lo hagas. No desees pararlos, ¿Quiénes somos para involucrarnos en esta guerra mística? – la verdad era que se dio cuenta de las intenciones de Hinata. El destino de los poseedores del Creador era siempre claro y no estaba seguro si la influencia de Sasuke y Sakura al pelear causara ese profundo deseo por resolver todo, pero no dejaría que Hinata tuviera esa idea, no quería que por culpa de la luz y la oscuridad ella muriera e hiciera un nuevo círculo vicioso.
—Pero, es que…
—Confía en mí. – Naruto le besó fugazmente, logrando que ella se sonrojara. —Yo haré que esto se termine, pero no te involucres, no lo pienses ni anheles, yo lo haré por ti, cargaré con la responsabilidad. Es mi deber.
—Tus palabras. – Hinata le miró enternecida. —Creeré en ellas. – concluyó.
La oscuridad era el elemento del deber y la luz el de la fe.
—Encontremos a nuestros padres. Yo te protegeré, es una promesa.
…
La silueta de Susanoo y el fuego de Amaterasu habían desaparecido del cuerpo de Sasuke, junto a la luz de Excalibur. Los dos Perfectos se contemplaron nuevamente cuando la explosión se disipó. Sakura miró con algo de desosiego sus armas. La espada del lago estaba agrietada y Kusanagi se veía desgastada.
—Exprimiste el alma que les habías dado para parar mi ataque. – concluyó Sasuke. —Evidentemente… yo tampoco podré invocar a Amatesaru y Susanoo de nuevo. Pero está bien, una dama como tú no debería usar armas tan peligrosas. Yo por otro lado… - Sasuke mostró la feroz oz y sus garras.
—Está bien. – Sakura sonrió debajo de su yelmo e hizo que las dos espadas desaparecieron como si centenares de luciérnagas se dispersaran por todo el campo de batalla. Hasta ahora no se habían percatado pero la guerra humana se había detenido tras aquel ataque caótico. El espíritu de rivalidad sólo era mantenido por los dos reyes, que en medio del caos se habían encontrado nuevamente.
Minato miró a Hiashi y se preparó para el encuentro, sus hombres estaban abatidos, pero no se molestó en hacerlos pelear. Hiashi tampoco, ya no deseaba mover a todos y procurar por ellos, su único objetivo era derrotar al rey enemigo así fuera acompañado o solo.
Sasuke miró desde el cielo a dos reyes que continuaban luchando a expensas de que los demás yacían en el suelo. Sonrió con ironía, de alguna forma se parecían mucho a él y Sakura.
—No te veo muy afectada por la pérdida de tus hermosas espadas. – le dijo Sasuke.
—Como dije antes, no hay problema. Puedo derrotarte con mis puños. – un nuevo resplandor la rodeó y su cuerpo junto a su armadura se rodearon de extrañas líneas negras que tatuaban su piel en una formación conocida hasta culminar en un punto romboide en su frente de color verde menta. Algo cambió en su mirada y Sasuke lo notó.
—¿Qué es esa aura que emana tu cuerpo?
—Byakugo. – exclamó y al instante todas sus heridas sanaron.
—¿Sanación divina? – Sasuke tradujo la palabra.
—Ahora mi cuerpo entero es una fuente de vida. No hay nada que no pueda sanar. – Sakura desapreció de su vista en un movimiento inesperado apareciendo a centímetros del rostro del muchacho y arremetiendo con su puño, Sasuke se cubrió con una de sus garras pero estas no fueron suficientes para pararle, el juego de garras de la mano izquierda se destrozaron al entrar en contacto con Sakura y pese a que le cortó la chica continuó golpeando hasta completar su ataque. Sasuke salió despedido en el aire y logró estabilidad su cuerpo una vez que impactó con la tierra.
Se levantó presuroso y apreció su brazo izquierdo, las garras de Behemoth no habían sido lo suficientemente resistentes como para parar ese ataque y le perturbó. Miró el brazo de Sakura y esperó encontrarle sangrando o algo pero sus pensamientos no concordaron con la realidad, pues la chica no tenía ningún rasguño. Gruñó para sí mismo y se apresuró a sacar a Zackel, si las garras de la creación más vasta de Dios no eran suficientes, entonces usaría algo más mortífero.
—Ven a mí y destruye la vida misma, Zackel. – invocó al tiempo que la oz reaccionaba ante su orden. —¡Filo Negro! – con esto cortaría el brazo de Sakura sin chispar, no había nada tangible que no se destrozara ante el filo de Zackel.
Voló en dirección a ella y se preparó, balanceó la oz y dio en el blanco, Sakura se cubrió para protegerse del embate y el filo del arma pasó sobre su brazo con violencia. La sangre fluyó, sí, pero a diferencia de lo esperado el miembro superior de Sakura continuaba en su lugar.
—Ya veo. – Sasuke lo entendió rápidamente.
—Mi Byakugo no es una simple técnica de equipamiento. El resplandor que vez ante ti es mi alma entera junto al poder de mis antepasados. No fuiste el único que perfeccionó su poder durante estos siglos, Sasuke-kun. Ahora soy inmune a tu arma de destrucción masiva, en definitiva, no puedes matarme, nada de lo que intentes me hará daño.
—Siempre encuentras la manera de molestarme, Sakura. – dijo con una carcajada. —Pero no importa que tanta luz dejes a tu alrededor, tarde o temprano la extinguiré. – para sorpresa de Sakura, el Uchiha hizo desaparecer su último par de garras y se quedó solo con Zackel. —Aun no te he cortado con mi filo blanco. – la oz cambió de color. —¡Cortaré tu alma! – le atacó de frente.
—¡Quiero verte intentándolo! – ella respondió con sus puños. La oz quedó suspendida en el aire mientras el aura sanadora de Sakura terminaba por rechazar su filo. Sasuke frunció el ceño y retrocedió, miró su arma y volvió a gruñir. Evidentemente, no logró herirle ni un poco.
—Si ese es el caso. – hizo desaparecer su arma y se concentró mientras su cuerpo emanaba una neblina oscura. —Tendré que matarte de la misma manera que lo hice con Ignis. – Sakura frunció el ceño. —¿Alguna vez te lo conté? Para poder derrotar al maldito de Ignis tuve que infectarlo con muerte.
—¿Infectarlo?
—Tal como tú puedes dar vida, yo puedo repartir muerte. Es sencillo, mi alma atrae la muerte, sea cual sea la causa de defunción, yo adelanto ese proceso.
—En pocas palabras puedes devorar vida.
—Tómalo como quieras, ahora mi cuerpo entero es una fuente de muerte. – dirigió una mano al suelo, en donde estaban los humanos. —Permíteme mostrarte. – en su mano se reunió un poco de esa energía oscura y la dejó caer. Los gritos de desesperación de los soldados aturdieron a Sakura.
—¡Basta! – voló en dirección de Sasuke para golpearle y éste se retiró rápidamente. —¿Por qué te empeñas en involucrar a los demás?
—Es divertido.
—Eres un maldito cínico.
—Ahora nuestros poderes están parejos. Mientras tú te empeñes en mantener vivo a este mundo, yo haré lo contrario.
—En ocasiones no entiendo cómo es que me enamoré de ti.
—Me has quitado las palabras de la boca, querida.
Tras decir esto, Sakura dejó que su energía vital fluyera libre, haciéndola explotar. Sasuke hizo lo mismo.
—¡Uchiha Sasuke! – su cuerpo voló cuan misil a su encuentro.
—¡Haruno Sakura! – los dos se encontraron en un tremebundo choque.
Lo que vendría a continuación sería una de los acontecimientos más caóticos e intensos que la humanidad hubiese probado o que pudiera recordar.
Naruto observó cómo a su alrededor se levantaba en una especia de realidad sin gravedad. La fuerza era tal que su voz no podía atravesar el caos sin perderse en la nada, su mano, la que estaba entrelazada con la de Hinata fue separada dolorosamente mientras se alejaban el uno del otro. Sus labios se movieron a la par de los de ella, pero no se escuchó nada. Todo se volvió blanco y negro intermitentemente, fueron separados nuevamente.
Minato abrió los ojos una vez que la tierra y el aire volvieron a la normalidad y en realidad no tenía la certeza de cuánto tiempo habría tomado aquello. Parpadeó un par de veces, sus oídos zumbaban al igual que un pulso doloroso amedrentaba su cabeza.
Logró levantarse con dificultad, puesto que las piernas le temblaban y no se sentía capaz de dar un paso. Todo a su alrededor era gris, las cenizas y el humo aún no se asentaban y sólo se confundía más. Pero entonces lo vio. Su rabia se intensificó cuando la sombra de su enemigo se asomaba de forma tambaleante en medio de la bruma. Tomó su espada, la cual todavía conservaba su filo y apretó la mandíbula. Había muchas cosas que no entendía, una de ellas era la batalla divina que se estaba llevando a cabo en este momento, la otra, la terquedad de Hiashi y el daño que le había hecho a todos; ¿Cómo podía ser tan necio? ¿Cómo podía seguir buscándole para continuar con aquella lucha baldía?
—¡Hiashi! – corrió hacia él y se preparó para el encuentro final. La sombra que yacía al frente suyo se volteó rápidamente para encararlo pero el factor sorpresa estaba a su favor.
Hiashi, por otro lado, contempló la figura de un hombre que se acercaba rápidamente hasta él, su respiración agitada y su andar decidido le hizo ponerse a la defensiva. Buscó su arma con desesperación y tomó una lanza que estaba cerca. Si Minato quería continuar peleando se defendería.
—¡Minato! – se apresuró al encuentro, el polvo le lastimaba los ojos pero su instinto se encargó de guiarlo.
El acero atravesó la carne viva y la sangre fluyó junto a un grito ahogado.
Los ojos de Minato se abrieron con angustia y un ardor amargo se empecinó en su garganta. No podía dar crédito a lo que acababa de hacer. Hinata yacía al otro lado de su espada, su sangre volvía a drenarse una vez más en el campo de batalla y esta vez el golpe había provenido de otro hombre a quien nunca debió ni temió nada.
—Tú eres… - las palabras de Minato murieron al ver cómo la chica se desvanecía. —¡No, espera! – se apresuró a tomarla entre sus brazos para impedir su desplome. Sacó la espada con avidez y contempló la herida que le había hecho en el lado derecho de su pecho. La chica tosió una sangre espesa y eso le hizo encorvarse de culpa.
—Na-Naruto… - musitó mientras se ahogaba.
—Dulce niña. – la abrazó. —Lo siento tanto.
El camino de sangre llevó a la eventualidad al otro lado del campo de batalla.
Hiashi no dejó que el grito de exclamación y sorpresa sobresaliera de sus labios. Al frente suyo tenía empalado del estómago al hijo de su rival y a quien atribuyó sus desgracias. No obstante, pese a todo lo que había dicho antes, una sensación de repulsión hacia sí mismo le recorrió desde la punta de sus pies a la cabeza. Contempló cómo Naruto, todavía de pie y con el rostro anonadado intentaba sacarse la lanza de encima sin conseguirlo, pues las fuerzas le abandonaban lentamente.
Finalmente y tras dejarse caer al suelo el arma que le había atravesado hasta el otro lado de su anatomía quedó fuera. Naruto se colocó sobre sus manos y rodillas y vomitó un espeso rio de sangre. Pero aun después de esto intentó levantarse para caminar y seguir buscando a Hinata.
—Hinata… - musitó intentando dar un paso.
—Oye, jovencito. – Hiashi se paró y lo sostuvo de un hombro. —No puedes andar así yo acabo de… - se tragó sus palabras.
—Debo… encontrar a Hinata. – susurró con dolor. —Prometí que la protegería. – intentó dar otro paso y se tropezó, esta vez Hiashi lo sostuvo de la cintura y pasó un brazo alrededor de su cuello.
—Yo te ayudaré a buscarla. – así, los dos se encaminaron en el campo de batalla.
—¿Qué puedo hacer por ti? – preguntó Minato con suma tristeza.
—Naruto-kun. – susurró, dándole a entender de una forma u otra lo que quería.
—Entiendo. – el hombre la sostuvo entre sus brazos y comenzó a buscar con la mirada a su hijo. —¡Naruto! – lo encontró a unos cuantos metros, siendo sostenido por su enemigo y gravemente herido. —¡Naruto! Oye, niña, despierta, es Naruto, lo he encontrado. – intentó animarla, pero Hinata tenía los ojos cerrados, concentrándose en continuar respirando.
—Muchacho, muchacho abre los ojos. – pidió Hiashi cuando lo vio cabizbajo y que comenzaba a arrastrar los pies. —Es Hinata, la hemos encontrado.
—¿Hinata? – jadeó al escucharla nombrar.
Los dos reyes se encontraron nuevamente pero esta vez ignoraron su rivalidad y las condiciones de sus respectivos hijos, lo único que deseaban era reunir a la pareja. Una vez cerca los dos jóvenes reaccionaron y despertaron al sentir el otro. Hiashi cayó de rodillas con Naruto a cuestas y Minato se agachó para depositar a Hinata en los brazos del moribundo Naruto.
La joven quedó sentada en su regazo mientras a Naruto lo sostenían su padre y el emperador del sur. En esta circunstancia ninguno dijo nada, simplemente se limitaron a ver en silencio. Hinata tenía la cabeza recostada en el pecho y hombro izquierdo de Naruto, podía escuchar su corazón latir. Naruto tenía la barbilla y parte de la mejilla recargaba en su frente.
—Te encontré. – susurró Naruto.
—No… me dejes… nunca… - gimió Hinata, ya casi no podía respirar.
—Jamás. – ambos jóvenes se encontraron y se besaron con suma tranquilidad.
Después de eso… ambos cerraron sus ojos y compartieron un dulce sueño.
…
Los ojos de Sakura se encontraron con los de Sasuke. Después de tantos siglos los verdes esmeralda de la chica se encontraban con los negros de él. La blanca piel de Sasuke y de Sakura estaba al descubierto después de tantos años, sus cabellos se mecía con el viento y la sangre brotaba en silencio de sus cuerpos mientras continuaban mirándose.
La mano de Sakura yacía en el pecho de Sasuke y viceversa. No obstante, aunque sus condiciones no eran las más sana del mundo ambos se veían con esmera comodidad.
El corazón de cada uno yacía sujeto por el otro, literalmente.
—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi así, al natural. – comentó Sasuke.
—En el palacio de Giza lo hiciste, antes de que lucháramos.
—Sabes a lo que me refiero.
—Entonces sí, hacía mucho tiempo.
Hubo un silencio entre ellos, extrañamente confortable.
—No esperaba que todo lo que vivimos se resumiera a esto. Tú y yo, entrelazados por nuestros corazones.
—Lo sé. Lamento mucho lo que te hice pasar. – dijo ella compungida.
—Tú lo sabes, ¿Verdad? Siempre supiste lo que pasaría cuando yo… tuviera las visiones.
—Sí. Lo sabía. – admitió. —Durante mucho tiempo lo supe. Pero… estaba obsesionada por volver a ser la misma de antes que no me di cuenta del daño que le hacía al mundo.
—Tu misión es procurar por la vida, yo por la muerte. Puede que eso suene escabroso, pero así funcionan las cosas. Yo debía matarles a todos y extinguirme en la oscuridad para que un nuevo ciclo naciera de las cenizas. Prolongamos mucho ese ciclo.
—Tienes razón. – Sakura le miró con una sonrisa triste. —Cuando te maté la primera vez, me sentí tan miserable… no sólo por haberte hecho daño, sino porque muy dentro de mí sabía que acababa de cometer un error. Quise regresarte la vida, pero al conectar nuestras almas yo no sabía qué…
—Nacería esa entidad. – dijo refiriéndose al Creador. —El destino de esa partícula siempre fue igual al nuestro. Mientras se continuara usando y apareciendo la tragedia sería inevitable para su portador. – hubo una pausa entre ellos. —Sakura, aquella vez, cuando Sarada estaba conmigo… lo único que deseaba era cuidarle, pero me di cuenta de lo mucho que sufría y pensé que tal vez podía ayudarle a descansar y así…
—Lo entiendo, no tienes que disculparte. – Sakura comenzó a llorar. —No me di cuenta hasta después de algún tiempo. Siempre amaste a Sarada como si fuera nuestra auténtica hija.
—Era nuestra hija, siempre lo será.
—Gracias, Sasuke.
—No, Sakura, gracias a ti. Gracias por todo.
—¿Y ahora? ¿Qué debemos hacer?
—Debemos dejar este mundo y continuar. – Sasuke apretó la mano que sostenía el corazón de Sakura y ella sintió esa punzada.
—Sé lo que debo hacer. – admitió.
—Debes remover esa parte de tu alma de la mía. Será suficiente para regresar a ser el mismo de antes y acabar con… mi deber. – jadeó esto último.
—Entiendo. – Sakura aferró el corazón de Sasuke y sacó la mano mientras una extraña luz se desprendía desde adentro y le causaba un enorme dolor. El muchacho se inclinó hacia Sakura resistiendo las arcadas, la chica dejó salir más lágrimas al verlo sufrir, de hecho estuvo tentada a dejar su parte de luz en él, pero Sasuke la animó a seguir.
—No, no te detengas. Si no todo será en vano.
—Está bien. – sacó la mano y extraño su espíritu por completo, Uchiha se removió dolorosamente y le dirigió una mirada cargada de tristeza y amor a la chica.
—Soy el mismo de antes. Ahora es ya no tendré impedimentos para cumplir mi deber.
—¿Me prometes… que siempre estarás conmigo?
—Siempre… - dijo mientras la sangre bromaba de su boca. —Y si por azares del destino no estoy contigo cuando despierte, te buscaré, así sea hasta el final de mis días.
—¿Es una promesa?
—Es una promesa.
—Entonces hazlo, estoy lista para morir.
—Te amo Sakura.
—Y yo a ti. – tras decir esto cerró los ojos. Sintió cómo Sasuke aplastaba su corazón y su vida terminaba. Después, Uchiha guio su mano libre a su pecho e hirió profundamente, fuese como fuese siempre estaría con ella, incluso en la muerte.
Una vertiginosa oscuridad nació de este acto cuando Sasuke cayó al suelo muerto. El mundo entero se rodeó de aquella penumbra para después ser bendecido por una luz igualmente intensa.
La Línea Gris se pintó de varios colores, la hierba y flojerillas silvestres nacieron al tiempo que los nubarrones se despejaban para dar paso a los cálidos rayos del sol. El cantar de las aves adornó el campo de batalla, no más cañones y disparos, no más gritos de hombres moribundos, sólo eso, paz y más paz.
Hiashi y Minato se miraron mutuamente sin poder contener sus lágrimas, después miraron a sus hijos, que acababan de morir de una forma tan triste y hermosa al mismo tiempo. Pero sus sollozos se acallaron cuando contemplaron que directamente hasta ellos y rodeados de un manto luminoso, caminaban un hombre y una mujer. No pudieron decir nada, pues la pareja se inclinó hasta sus hijos y tocaron sus cabezas mientras sonreían amorosamente. Después de esto, los dos se miraron con una sonrisa y se dieron la media vuelta, al fondo y detrás de ellos, una pequeña niña de cabellos negros y piel clara les sonreía mientras estiraba sus manos hacia ellos.
La mujer tomó su manita derecha y el hombre la izquierda, los tres se sonrieron mutuamente y continuaron su camino hasta desaparecer de la misma forma en la que habían llegado.
…
—Los estaba esperando, Oka-chan, Oto-san. – susurró la niña.
—Ya estamos de vuelta, Sarada-chan. – dijo la mujer apretando su manita.
—No volveremos a separarnos. – agregó el hombre.
—¿Nunca?
—Nunca. – dijeron los padres al mismo tiempo.
Después de eso desaparecieron en los confines del universo.
…
Continuará…
El próximo capítulo será el epilogo de esta gran historia. Espero que la hayan disfrutado tanto como yo lo hice. Muchos saludos a todos.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
