Bueno, bueno...a juzgar por la cantidad de comentarios esta historia os gusta muuucho más que la otra.(Pobre de la otra)

Me gusta un montón como respondéis ante las actualizaciones y me río bastante con algunos de vuestros comentarios.

Todas queréis a Regina para reyes ¿eh? Pillinas...

Pues espero que este os guste y me contéis todo lo que pensais.

Gracias, de verdad.

MARZO

Parte 2. Déjame que te pida una cosa

Se fue mirando intermitentemente en el espejo retrovisor mientras conducía. Quería estar perfecta. Aunque lo cierto es que lo estaba, porque esa mañana había esmerado especialmente a la hora de arreglarse. Se había puesto un traje negro que le sentaba como un guante, junto a una camisa de seda color azul eléctrico y sus inseparables tacones. Tanto empeño había puesto en estar guapa que hasta su secretaria le había dicho que estaba radiante.

Se estaba comportando como una adolescente, como una adolescente enamorada. En fin…ya había aceptado que no podía dar marcha atrás y que su relación con Emma seguiría para bien o para mal. Sabía que la que más posibilidades tenía de salir escaldada de todo aquello era ella misma, porque siendo realistas ¿iba a llegar a alguna parte con la rubia? No por un millón de razones. La primera era la edad, la cual conformaba una barrera casi infranqueable; la segunda, que Emma no sentía por ella nada más que amistad y admiración…además, jamás intentaría un contacto romántico con la chica porque se sentiría como una auténtica asalta cunas. Pero aún así, parecía idiota. Ahí iba de camino a recogerla a la universidad para llevarla a rehabilitación.

Aparcó frente a la que parecía la puerta de la facultad de medicina. Se retocó los labios que había pintado de color rojo cereza y se bajó del coche a esperar a Emma. Miró el reloj, si la rubia no se daba prisa no iban a llegar a la cita con el fisioterapeuta.

Se encendió un cigarrillo mientras se apoyaba en el capó del vehículo. Sacó el móvil para mirar los cientos de mensajes que debía de tener…Se había escapado de la oficina a mala hora lo que significaba que se iba a tener que pasar trabajando hasta tarde. Si es que era idiota, trabajar de madrugada por gastar tiempo acompañando a una cría que era su a saber qué al médico.

Cuando alzó los ojos de su teléfono vio como Emma salía por la puerta del edificio. Vaya, parecía que ella no era la única que se había arreglado. La rubia llevaba leggins, zapatillas, una americana y el pelo no presentaba su rizo habitual. Cuando la joven la miró en la distancia se sonrieron. Sintió mariposas en el estómago.

-Hola, Regi- le dijo en un tono jovial cuando la tuvo enfrente.

-¿Qué tal estás?- ya estaba otra vez con la duda de cómo debería saludarla. El día anterior fue ella la que la abrazó, pero era la primera vez que se veían y ahora no sabía si procedía de nuevo hacerlo. Se separó del coche y dio un par de pasos hacia la rubia. Menos mal que solía utilizar tacones porque Emma era más alta que ella y así quedaban igualadas. De repente, los brazos de la joven la rodearon. Le pasó las manos suavemente por la espalda y aspiró disimuladamente su perfume. Olía a colonia para bebés, sonrió porque era lo que le pegaba, aroma a juventud. Cuando se separaron Emma la miró sonriente.

-He tenido un montón de clases aburridas. ¿Has tenido problemas para escaparte del trabajo?

-Soy la jefa ¿recuerdas?- le abrió la puerta del copiloto para que subiese al coche.

-Ah, sí, se me olvidaba que eres toda una reina.- sonrió mientras rodeaba el auto para tomar asiento. Hoy Emma parecía mucho menos cortada que el día anterior. La verdad es que lo prefería.

-¿Te duele?- le preguntó mientras arrancaba y ponía rumbo a la clínica de fisioterapia.

-No mucho, pero cuando hago ciertos movimientos sí que me molesta. Por cierto, me encanta tu coche que ayer no te lo dije. Siempre me ha gustado el mercedes slk, mi preferido es en plata pero en negro también queda muy bonito.- Punto para ella y su vehículo.

-Algún día me enseñarás tu escarabajo.

-¿Mi trasto amarillo? Sí, cuando pueda conducir de nuevo te daré una vuelta.- Si es que le parecía tan mona cuando ponía cara de cachorrillo emocionado.

-Ni loca me subo contigo.

-¿Por qué?

-Emma, te llevo a rehabilitación porque te has partido un brazo llevando una moto ¿crees que estoy tan tarada como para dejar que me pasees en tu tartana?- Lo decía medio en broma medio en serio. Aunque sabía que si Emma insistía acabaría siendo llevada todos los días por Storybrooke en aquel cacharro.

-Eres cruel, Regi. Soy médico, sabes que puedo cuidar de ti si te pasara algo.

-¿Te sorprende a estas alturas?- alzó una ceja mientras prestaba atención a la carretera. Contestó a lo primero porque decidió omitir el segundo comentario.

-No mucho- la risa de la joven era música para sus oídos- Huele a tabaco. ¿Fumas aquí dentro también?

-Suelo hacerlo. ¿Te molesta?

-Soy un pobre enfermita- Emma fingió una tos y después ambas comenzaron a reírse.

-No tienes cuento…

-Ya, en serio reina, deberías dejarlo.

-¿Te gusta el motecito eh?

-¿Reina?- asintió mientras se adentraba en el parking de la clínica- Es que lo pareces, te pega.- Sonrió, todo lo que salía por aquella boca le hacía sonreír.

Cuando estacionó el vehículo. Se bajaron y anduvieron hacia la entrada.

-¿Qué vas a hacer mientras estoy dentro?- le preguntó Emma mientras cruzaban las puertas automáticas.

-Me tomaré algo en la cafetería y haré unas llamadas.

-¿No te vas a aburrir?- los ojos verde azulados la miraban con cierto pesar.

-No, estaré bien.- le puso una mano en el hombro- Venga, vamos. – Se dirigieron a la recepción y cuando supieron dónde tenía que ir Emma, se separaron. Media hora duraba la sesión.

No le apetecía en absoluto hacer las llamadas que debería hacer, así que preguntó por la tienda de regalos del lugar y fue hacia ella. Estuvo un rato observando la multitud de cachivaches que había para ver si encontraba alguno que pudiese gustarle a la rubia.

Al ver unos cup cakes con adornos que simulaban huesos, sabía que eso sería perfecto para Emma. Así que compró media docena de ellos y volvió para sentarse en la sala de espera del lugar.

Apenas 10 minutos después la rubia salió acompañada de un joven bastante apuesto. Llevaba pijama médico, era castaño, alto, con barba de tres días y Emma parecía sonrojarse ante su presencia. Entornó los ojos al notar como los celos comenzaban a recorrerla.

Se levantó de su asiento y dio unos pasos. Se colocó al lado de la joven.

-¿Qué tal todo?- le preguntó

-Bien, Graham dice que no voy a necesitar mucha recuperación- Supuso que el chico respondía al nombre de Graham.

-Sí, vas muy bien pero si tienes molestias este fin de semana no dudes en llamarme, que trabajo en la clínica de un amigo y te haría un hueco sin dudarlo- Genial, le estaba tirando los trastos a Emma en toda su cara.

-Estará bien…- Usó ese tono de voz que solía utilizar cuando estaba a punto de lanzársele a alguien al cuello.

-Aún así…- el joven la miró un poco cohibido ante su mirada de desprecio total y absoluto- Emma, me puedes llamar para cualquier cosa.

-Vale- notó el apuro de la rubia. La cogió del brazo dispuesta a marcharse y poner distancia entre la joven y el fisioterapeuta. Se volvió cuando escuchó de nuevo la voz del chico.

-Señora, procure que no haga esfuerzos porque me temo que ella me hará poco caso. – alzó una ceja ante el comentario.

-¿Crees que soy su madre?- Si fuese uno de sus empleados ya estaría en la calle desde hacía un buen rato sólo por insinuar eso.

-Sí… ¿sí?- Graham tartamudeó ante su pose intimidatoria.

-Idiota…- se dio la vuelta negando.

-¿Estás enfadada?- Emma seguía sus pasos firmes y rápidos medio corriendo.

-No.-Sólo quería provocarle al imbécil ese terribles sufrimientos con sus propias manos.

-Mentira- se colocó enfrente cortándole el paso. Se detuvo frente a los ojos verdes que la miraban apesadumbrados y suspiró.

-No estoy enfadada…- usó un tono cansino.

-Te ha molestado que Graham crea que eres mi madre.

-Es lógico que lo crea. ¿Te ha dado su teléfono?- Debería controlar los celos, porque Emma podría salir espantada. Pero claro, es que tampoco era tan tonta como para quedarse como una estúpida viendo como ésta ligoteaba estando ella presente.

-No le voy a llamar.

-No es eso Emma…lo lógico sería que le llamases porque es un chico que está bien y al que le gustas…- suspiró de nuevo y negó otra vez. Si es que esto era demasiado complicado.

-Regina,-la joven le alzó la barbilla para que le mirase- no voy a hacer nada que te haga daño.

-No, Emma, escúchame…- resultaba duro decirle lo que le iba a decir- tú debes hacer tu vida, sin cohibirte por mí. Sólo déjame que te pida una cosa,- la joven asintió- no me lo digas.

-¿El qué?- la rubia la miraba interrogante.

-Si quedas con algún chico, si sales con alguno…no quiero saberlo.

-Pero es que yo no estoy saliendo con nadie.

-Pero algún día lo harás, eres muy guapa y muy simpática. No puedo pedirte que no estés con nadie por mí.- sonrió tristemente. Probablemente el día que Emma se enamorase de alguien ella ya no tendría cabida en su vida, además, ella tampoco querría permanecer en ella.

-Olvidemos eso por ahora- la rubia frunció el ceño. -¿Qué traes ahí?- preguntó fijándose en la bolsa que colgaba de su mano.

-Te he comprado algo.- Le salió una sonrisa estúpida.

-¿El qué?- le dio la caja que había dentro. Cuando Emma la abrió la miró sonriendo ampliamente- Eres genial.- Ella se encogió de hombros.-¿Quieres que vayamos a algún parque a tomarnos esto? Hace muy buen día…¿O tienes algo que hacer?

Claro que tenía que hacer mil cosas en el trabajo, pero bueno…le era imposible decirle que no a esa cría.

-Vamos- caminaron hacia el coche y pusieron dirección hacia un parque que daba al mar, en el cual había como un merendero.

[….]

-Están buenísimos- dijo Emma devorando su segundo cup cake. Después pegó un gran trago de su chocolate, habían parado en una cafetería para comprar un par de bebidas.- ¿No quieres?- le preguntó.

-Es que luego engordo.- Era cierto, conseguía mantener la línea porque no comía mucho.

-Yo no estoy como una bola porque voy al gimnasio. ¿Tú no vas?- pegó otro mordisco al pastel.

-Emma- alzó una ceja hacia la joven- ¿me imaginas con zapatillas y chándal?- la joven respondió mirando por debajo de la mesa sus enormes tacones.

-Estoy segura de que puedes echar carreras sobre esos zancos.

-Puedo.

-¿No te cansas de llevarlos? Es más, ¿alguna vez vas en vaqueros?

-En casa no voy como suelo salir a la calle. De hecho, lo creas o no, soy un auténtico desastre.

-Sí, ya…seguro que eres la perfecta ama de casa.

-Pues si no llega a ser por la asistenta que va a limpiar 4 días por semana, probablemente tendría acumulación de polvo.

-Ains, Regi, Regi…¿no ves como eres toda una reina?- Le gustaba la confianza que Emma tenía al tratarla. La joven cogió otro pastel y ella se rió al ver como se manchaba de crema.-¿Qué?- preguntó Emma.

-Te has puesto perdida la cara.- la chica cogió una servilleta y se intentó limpiar pero se había dejado restos en un lado del rostro..

-¿Ya?- ella negó-¿Ahora?- volvió a negar- Ay, Regi…límpiame tú- Emma se levantó y se inclinó un poco sobre la mesa para acercarse y que ella llegase a quitarle los restos de pastel. La puso nerviosa ¡Mierda! ¿Cómo conseguía quedarse hecha un flan ante la proximidad de la joven? Hizo acopio de serenidad y le pasó el pulgar por la mejilla, ligeramente, sólo tocándola lo suficiente para eliminar el dulce. – A ver,- le dijo Emma agarrándole la mano, después le mordió el dedo que contenía la crema. Se quedó paralizada ¿qué demonios estaba haciendo?- no hay que desaprovechar la comida- dijo cándidamente para después volver a su sitio como si tal cosa. Vale, por unos momentos Emma no le pareció tan inocente y es que la joven era totalmente consciente del poder que ejercía sobre ella…- ¿Quieres que quedemos mañana?- le preguntó como si para ella hubiese sido lo más normal del mundo lo que había hecho.

-Es sábado, ¿no sales con tus amigas?- Preguntó por cortesía porque, en realidad, estaba exultante ante la idea de pasar el día con ella.

-He quedado hoy. Vamos a Towney.- Odiaba cuando Emma iba a aquel lugar y lo dejó ver en su gesto- Es por Belle…- se justificó la joven.

-¿Qué le pasa ahora a la señorita French?

-Pues que está hecha un lío, así que dice que hoy sí o sí se lía con una chica.

-¿Y cree que dándose un par de besos con una desconocida va a aclararse acerca de su sexualidad?- Dio un trago a su café y luego acomodó la cabeza sobre la mano.

-No tengo ni idea…pero bueno. Entonces ¿quedamos mañana?- sonrió ante la emoción que se reflejaba en las bellas facciones de su acompañante.

-¿Qué quieres hacer?

-Podríamos ir al cine. Si tú quieres claro…

-Estoy a tu disposición, Emma. Si quieres ir al cine, iremos.- Y era así, estaba tan idiotizada que haría todo lo que quisiera la chica.

-Lo que yo quiera ¿no?- Sólo pudo asentir ante la mirada perversa que apareció en los ojos claros. ¿Qué tendría en mente aquella diablilla?- Muy bien , mi reina.


Se miró en el reflejo del cristal de la parada de autobús mientras lo esperaba. Quizás se había vestido demasiado agresiva para lo que ella solía ser; pantalón de cuero y chaqueta a conjunto, botas de tacón y top de seda rojo. Eso le pegaría más a Emma, fue lo que pensó ante su imagen. Pero bueno, ya lo había decidido, esa noche se liaría con una chica y si para ello tenía que ir en plan catwoman, pues iba.

Ya tenía 21 años y estaba lista para probar de una vez por todas.

Siempre había tenido dudas, pero cuando Gold apareció creyó que ya había encontrado todo lo que quería en esta vida. El problema era que las cosas no habían salido como ella habría deseado. Aún así, su parte inquieta permaneció dormida hasta la llegada de Ruby.

Sería muy fácil tener un rollo con la camarera, pero no quería utilizarla para ver que pasaba. Se veían, hablaban y bueno…sabía que estaba loca por ella, pero en cierta manera la consideraba su amiga y no le parecía bien usarla para ciertos menesteres. De hecho, nadie lo sabía, pero Ruby era como el mayor apoyo que tenía en esos momentos.

Y es que se sentía sola, terriblemente sola. Su padre vivía en otro país, su madre siempre estaba de viaje y ella pasaba más tiempo en soledad que en compañía. Sí, tenía a sus amigas pero, secretamente, se apoyaba en Ruby porque la sacaba de la monotonía. Y, a pesar de la relación tan estrecha que tenían últimamente, no quería darle esperanzas besándola o haciendo algo peor, porque sabía perfectamente que al día siguiente seguiría enamorada de William Gold. Además, que ni de coña, que Ruby era de su barrio y si hacía algo, tarde o temprano, todos los que la rodeaban se acabarían enterando y a ella le podía dar un infarto.

Cuando llegó a la discoteca en la que habían quedado, Mulán estaba esperándola.

-Hoy has venido a tope ¿eh?- le preguntó la morena mirándola de arriba abajo.

-¿Por qué?- preguntó aún sabiendo perfectamente porque se lo decía y es que su look habitual distaba mucho de este.

-Estás buenísima, Belle.- se sonrojó ligeramente.

-¿Ha llegado ya Emma?- paseó la vista por las chicas que había en la entrada del local.

-No, pero siempre llega tarde.- Era cierto, la puntualidad de la rubia brillaba por su ausencia.

-¿Pasamos?- le preguntó la asiática ofreciéndole el brazo. Ella asintió.

Para ser viernes el lugar estaba muy lleno. Lo primero que hicieron fue pedir unas copas, bueno Mulán las pidió mientras ella observaba a las chicas por si veía a alguna interesante. Al pasear su mirada por la zona de la entrada vio como Emma pasaba por la puerta.

Flipó al ver que no había hecho otra cosa que poner un pie en la discoteca y que la rubia ya estaba siendo rodeada por dos tías. Joder con Emma, ella se había pasado tres horas arreglándose y no ligaba ni la mitad de la mitad. Decidió ir a rescatarla.

-¿Os gusta?- preguntó una vez que estuvo al lado de su amiga y la agarró por la cintura. Las jóvenes que miraban a Emma embelesadas asintieron.-Pues es mía, así que ya vais.- después tiró de su rescatada para ir hacia donde estaba Mulán.

-Gracias.- le sonrió la rubia.

-No sé como leches lo haces.

-¿Hacer qué?- preguntó sorprendida la otra joven.

-Volverlas locas.

-Encanto natural, supongo- Le dio un codazo, es que cuando quería Emma Swan era engreída a más no poder.

-Te he estado llamando toda la tarde.

-Estaba ocupada.- últimamente estaba muy rara, siempre parecía estar con otra cosa en la cabeza, pero no debía de ser nada importante si no se lo había contado, porque ellas se solían contar todo.

Mulán se acercó hacia ellas, cuando tuvieron sus bebidas en la mano las tres se pusieron a observar cual podría ser su víctima.

-¿Te gusta esa?- preguntó Emma señalando a una pelirroja de pelo corto.

-Demasiado macarra.- contestó.

-Ya sabes que yo haría el esfuerzo- comentó Mulán mirándola con ojos golosos. Sonrió con educación por no decirle "no" de manera borde. Que sí, que era una chica guapa pero es que eran amigas y sus amigas no la atraían en absoluto.

-Mulán, tú lo que tienes que hacer es buscarte a otra porque, tía, es que no te comes ni un colín. - ¡Hala! Emma y su delicadeza.

-Yo ligo cuando quiero.

-Pero si eres más parada que una zanahoria.- Genial, ahora se ponían a discutir por una tontería.

-Vale chicas. ¡stop! – se puso en medio de las dos- Vamos a bailar. – Abrió paso hasta la pista de baile. Cuando llegaron se fijó en como una chica no le quitaba los ojos de encima.- Ems…Ems…-le tiró del brazo- esa no deja de mirarme. La rubia se volvió para ver a quién se refería.

-Es mona ¿quieres que te la presente?- se ofreció.

-No tía, que vergüenza. – Se moría sólo de pensar en ligotear con aquella joven que la sonreía desde una esquina.

-Joe, un par de copas más y te lanzas a por ella.

-¿Y si me dice que no?

-A ver, criatura, mira a tu alrededor, aquí dentro eres un caramelito. Nadie te va a decir que no.

-Está bien.

Estuvieron haciendo el imbécil un rato mientras bailaban. Tuvo que espantarle unas cuantas pretendientas más a Emma, que no sabía porqué pero parecía un poco distante.

-¿Te ocurre algo?- le preguntó.

-No…- la rubia pareció quedarse pensando unos segundos- Oye ya sé que hemos hablado de esto muchas veces pero ¿cómo empezaste a tener dudas de si eras gay o no?- ¿A qué venía esa pregunta? Emma se sabía la respuesta de memoria.

-Ya sabes que de siempre he tenido "inquietudes"- hizo comillas aéreas- ¿Es que tú a la vejez también las tienes?- Emma se rió ante su pregunta, pero después volvió a quedarse seria.

-No, no las tengo. Hale venga,- la empujó hacia la chica que antes la había mirado- vete a ligar.

Cuando se vio frente a la que podría ser su ligue se quedó en silencio.

-¿Te ha comido la lengua el gato?- le preguntó la joven que tenía un aspecto bastante punky. Viéndola más de cerca se fijó en que tenía un piercing en la nariz y unos bonitos ojos color miel. Era guapa.

-Ho…hola.

-¿Cómo te llamas?- Vale, si contestaba estaba oficialmente ligando con una mujer.

-Belle…-sonrió tímidamente.

-¿La rubia es tu novia?- No podía ser, otra que estaba interesada en Emma. Negó.-Bien, porque sería una pena que estuvieses ocupada.- Y de repente, con esa afirmación, todo cambió. Venció su timidez y cuando se quiso dar cuenta tenía a la chica, de la cual no sabía su nombre, estampada contra la pared más cercana. –Pensaba que eras más tímida- le dijo la otra joven con las manos puestas en su cintura.

-Pues estabas equivocada.- No vaciló a la hora de dar el beso más feroz de toda su vida. Al sentir otra lengua junto a la suya, pensó en que no era nada diferente besar a una chica que a un chico. Estaba bien.


Cuando volvió del baño se encontró a Belle entretenida besando ávidamente a la chica que la había mirado y a Mulán restregándose con una contra una columna. Cómo estaba la peña…En fin, al menos habían ligado. Sacó el móvil.

Emma S: Hola, reina. ¿Estás despierta?

R Mills: Sí, estaba terminando una cosa del trabajo…

Emma S: Siento que tengas que estar hasta tan tarde trabajando por mi culpa.

R Mills: No te preocupes ¿Ya estás en casa?

Emma S: No, sigo en Towney.

R Mills: ¿No te lo estás pasando bien?

Emma S: Es que me han abandonado, las dos han ligado y yo me aburro…

R Mills: Muy bien.

Emma S: ¿Te pasa algo?

R Mills: No me gusta Towney.

Emma S: Lo sé.

Sabía que Regina estaba molesta así que decidió alegrarla mandándole una foto de ella cuando era pequeña. Seguro que le haría gracia.

Emma S: ¡Toma!

R Mills: Estás monísima, parecías un ángel.

Emma S: Soy un ángel, ya lo sabes.

R Mills: No te creas ¿eh?

De repente, se vio interrumpida por Belle.

-Tía, tía…- decía la castaña con cara de pánico- Vámonos que ésta quiere que le dé el teléfono.

-¿Por qué no se lo das?- No entendía porqué tanto alboroto.

-Porque una cosa es que nos demos cuatro besos y otra distinta que se vuelva a repetir. – ¿Quién entendía a esta chica? Hace unos segundos le estaba comiendo la boca a una y ahora estaba acojonada por repetirlo. Belle y sus cosas.- ¿Y Mulán?- le preguntó mirando alrededor.

-¿Ves a esas dos que están restregándose como locas?- la otra joven asintió- Pues una de ellas es Mulán.

-Joder…bueno, ahora le mando un mensaje como que nos vamos.

-Está bien.- mientras seguía a Belle hacia la salida, volvió a teclear en su teléfono como pudo.

Emma S: Ya ha vuelto Belle, ahora está espantada. Mañana te llamo y quedamos.

R Mills: Buenas noches, Emma.

Emma S: Un besito, Regi.


¿Seguís detestando a Belle?

¿Opiniones?