Esta historia se ha terminado. Sin duda siento una gran satisfacción el haber explorado y adaptado una idea original que me llevó desarrollar muchos años hasta ahora. Establecí muchas cosas que en un principio quise y que luego modifiqué para que cayeran en los personajes, pero quede satisfecha con el resultado. Sinceramente espero que lo hayan disfrutado. Ahora con ustedes esta ultima entrega de Darken than Light.


-15-

En el fin.


La calidez de los rayos del sol le causó una ligera molestia en su parpado izquierdo. Así pues, le dio comezón en una mejilla, como si algo le estuviera picando y no se hubiese dado cuenta que le causaba molestia.

Decidió abrir los ojos para encontrarse con el techo de tela de una tienda, tal como creyó los rayos del sol entraban por una rendida en aquella carpa, pero también sobre él yacía la cabeza de alguien y, en efecto, sus cabellos le picaban en la mejilla.

Naruto intentó moverse y la persona que dormitaba al lado de su rostro reaccionó. Se le quitó de encima y le dedico una mirada sorprendida, Naruto también le miró en silencio.

—Oto-chan… - se sorprendió de escuchar su propia voz, tan demacrada y áspera.

—Naruto. – Minato le sonrió lleno de felicidad mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Le abrazó fuertemente a tal punto que le lastimó la espalda.

—Papá, papá… mi espalda… - jadeó lastimosamente.

—Ah, discúlpame. – se quitó de encima mientras se limpiaba las lágrimas. Se frotó los ojos y volvió a mirarle con ternura. —Es que estoy tan feliz. – balbuceó.

—¿Qué sucedió? – estaba tan confundido y se sentía algo mareado.

—Creí que habías muerto, pero… entonces esos extraños seres llegaron y…

—¿Extraños seres? – hizo un paréntesis y recordó todo de golpe. —¡Espera! – se levantó de golpe, no parecía que había estado herida de gravedad, la urgencia y la desesperación reinaba en la mente del rubio. —¡¿En dónde está Hinata?! ¡¿Qué pasó con la guerra?! - sacudió a su padre por los hombros.

—¡Naruto! – Minato, más sorprendido por la recuperación precoz de su hijo que de sus demandas gritó para parar su caravana de preguntas. —¡Cálmate, hijo, todo está bien! – tomó sus manos clavadas en sus hombros y lo dejó quieto. —La guerra terminó, Hiashi y yo hemos hecho un pacto de paz, ahora todo está bien. Hinata está bien, ella está con su padre ahora, pero bien.

—Ya veo. – eso le tranquilizó enormemente. —¿Qué pasó con los Perfectos?

—No lo sé. Creo que… murieron.

—¿Murieron? – sintió un golpe de desolación repentino.

—Era parte de lo que te contaba. Cuando hubo esa gran explosión y ustedes… estaban al borde de la muerte, llegaron aquellos seres y luego desaparecieron.

—Pero… ¿Será posible que Sasuke logró matar a Sakura? – se llevó una mano a la cabeza, le dolía de repente.

—Ignoro quienes sean esas personas, pero… las criaturas conocidas como Perfectos ya no están por estos alrededores.

—¿Será cierto? – miró a las esquinas de la tienda, buscando la presencia de Sasuke, mas estaban vacías.

—Dime Naruto, ¿Cómo es que estás de pie cuando hace apenas ayer tenías un agujero en el estómago?

—¿Qué? – Naruto miró su estómago, ya no tenía las mismas ropas de ayer, pero al revisar debajo de sus ropas no encontró nada, ni siquiera una cicatriz. —Ahora que lo dices… Hiashi-san me apuñaló con una lanza.

—Yo también herí a la chica, pero…

—¡¿Qué tú qué?! – le miró molesto.

—Espera, déjame terminar. – alzó sus palmas en son de paz. —Ella no se veía mal, de hecho.

—Necesito verla. – salió de la tienda y se detuvo en seco cuando contempló la naturaleza naciente en la zona de guerra. —¿Esto es… la Línea Gris?

—Parece mentira, ¿No lo crees? – Minato colocó una mano en su hombro. —Cuando esos seres aparecieron por última vez… - señaló alrededor. —Las flores nacieron, las aves anidaron y las ganas de luchar desaparecieron. Todo fue paz.

—Es increíble. – todo lo que Naruto deseaba acababa de hacerse realidad. —Padre, necesito ver a Hinata. – miró sus manos y después tocó la parte en donde había sido apuñalado. —Quiero comprobar que está bien.

—Me parece razonable. – asintió conmovido. —Está al otro lado del campamento. Ve por ella hijo.

—Gracias, papá. – comenzó a correr con rumbo fijo, saludando y esquivando a uno que otro soldado.

La oscuridad buscó a la luz una vez más.

Hinata miró una vez más la silueta de aquel ser luminiscente. Sintió una calor abrasador en todo su cuerpo, como si una flama ardiente naciera desde lo más profundo de sí para después extinguirse en una montaña de emociones. La tristeza, la felicidad, el miedo, la ira, sintió todo al mismo tiempo y a la vez nada, era como si toda su alma se renovara en un tornado de luz y oscuridad.

Una sombra emergió de ella y se levantó para verle cuan demonio predatorio, pero después, esta oscuridad se desvaneció y dio paso a un hermoso capullo luminoso. Éste cayó sobre sus pies y de ahí nació una flor que se hizo tan grande al punto que sus pétalos cubrían su ser en un dulce abrazo.

Era un girasol.

La flor se marchitó tan rápido como había nacido y de nuevo emergió la sombra, pero esta vez, la mitad de su cuerpo era blanco y se parecía mucho a ella.

—¿Ahora lo entiendes, hija mía?

—No del todo. – admitió con temor.

—No te preocupes. – la identidad, que se trataba de su vivo reflejo mitad luz y oscuridad, le sonrió. —Yo y los demás nos encargaremos de que recuerdes y lo entiendas. Por ahora, descansa, tu tiempo ha llegado, pero necesitas dejar que tu alma se adapte.

—¿Mi tiempo?

—Ya nos conoceremos… todos. – aclaró. —Aunque ya conoces a uno de nosotros. – al instante siete siluetas aparecieron alrededor suyo, Hinata observó maravillada a aquellas personas las cuales, para ser precisa, no conocía; hasta que llegó a ella.

—Pero… ¿Es que tú…?

—Hinata. – Sakura se acercó a ella y la acarició una mejilla. —La más pequeña de mis hijas. – le sonrió con calidez. —Ahora estás confundida, como yo al principio, pero lo entenderás, sólo es cuestión de tiempo; sólo… no cometas el mismo error que yo.

—Entonces, ¿Ya no estarás más conmigo?

—Siempre estaré contigo… en tus recuerdos. – Sakura se separó de ella para colocarse al lado de los demás, luego de esto todas las personas se combinaron en su doble nuevamente.

—¿Qué pasará ahora?

—Eso dependerá de ti, mi pequeña. – la sombra se acercó hasta quedar a escasos centímetros de ella. —Tu época ha comenzado. – y sin más se hundió en su pecho como si fuera una centella.

La chica despertó una vez que escuchó pasos a su alrededor. Parpadeó un par de veces y después se fijó en su padre, quien cojeaba de un lado a otro en su habitación.

—¿Te encuentras bien, Oto-sama? – preguntó ella, pues le pareció extraño verle magullado.

—¿Hinata? – Hiashi le miró sorprendido y se apresuró a ella donde ella, quien por cierto estaba sentándose. —No te muevas, estás débil aún.

—Me siento muy bien. – miró su ropa y se asustó de ver sangre en ella. —¡¿Qué sucedió?!

—Tranquila, tu herida ha cerrado, aunque no estoy seguro de cómo.- entonces su padre la abrazó. —Estaba tan preocupado, pensé que jamás volvería a verte. – sollozó y eso desconsoló a la chica.

—¿Por qué dices eso?

—¿Qué no recuerdas? – su padre le miró con lágrimas diminutas en sus ojos. —Fuiste herida de gravedad, estabas al borde de la muerte. Pero por alguna razón no pasó así, estás sana y salva.

—Ya veo.- hizo memoria rápidamente y recordó a Minato Namikaze abrazándole y disculpándose con ella. Después a Naruto que le abrazaba y le besaba… un momento, ¿Naruto?. —¡Oto-sama! – se levantó por completo. —¿Y Naruto-kun? ¿Está bien?

—Ah, el muchacho. Sí, eso creo. Minato se lo llevó a su campamento.

—¿De verdad? – el peso en su corazón se fue. —Me alegra saberlo. – se limpió una lágrima traviesa que surcaba la comisura de sus ojos.

—¡¿Cómo que no puedo pasar?! ¡Exijo ver a Hinata en este momento! – la voz de Naruto se escuchó fuera de la tienda y los sentidos de Hinata se dispararon.

—¿Naruto-kun? – dio un paso hacia la salida de la tienda.

—Hinata. – su padre la detuvo con algo de reproche, ella le miró temerosa y se relajó cuando él le sonrió. —Ve con él hija. – tras decir esto la chica asintió y salió rápidamente.

Al verla, el rostro de Naruto se iluminó y viceversa.

—¡Naruto-kun!

—¡Hinata! – él se quitó de encima a los centinelas y corrió donde ella, para abrazarla y levantarla en una medie vuelta, los dos rieron cuan par de enamorados y después de eso se dedicaron una mirada llena de amor.

—Estás bien. – aseguró Naruto.

—Ahora lo estoy. – ella asintió.

Los dos se fundieron en un casto beso y al separarse juntaron sus mentes.

—¡Señor, es el hijo del enemigo! – recriminó uno de los guardias.

—Déjalos en paz. – ordenó Hiashi, sonriente. —Es justo que estén juntos, después de tanto.

—Cómo ordene, majestad. – desistió al instante.

Los dos jóvenes rieron al unísono, el viento se llevó sus preocupaciones y el amor se fundió entre ellos cuan anillo plateado que a la larga se convertiría en una alianza de por vida.

—Cásate conmigo.

—Claro que sí, Naruto-kun.

Ese verano, Hinata y Naruto celebraron su boda, y precisamente la noche de bodas, en la que los dos compartían una velada maravillosa en compañía de la luna y las estrellas, ambos, recostados bajo aquel esplendido firmamento en las delicadas hojas de una hermosa colina, bajo un hermoso y gran árbol de cerezos, se confesaron una incógnita que había perdurado desde los tiempos de guerra.

—Hinata.

—¿Mmm? – ella estaba recostada a su lado, su cabeza descansaba en su pecho.

—En aquel momento, cuando… morimos… - tragó saliva. —Tuve una visión muy extraña, no estoy seguro de lo que significa realmente, pero se trataba de una enorme sombra que me decía varias cosas sobre el destino y la vida.

—Qué curioso. – ella se enderezó y le vio a los ojos. —Yo también soñé con algo así.

—¿Qué crees que signifique?

—No estoy segura, pero, ¿Sabes? En ese sueño vi a Sakura-san y ella me decía que aunque no entendiera nada al principio, todo estaría bien y lo haría conforme pasara el tiempo. Tal vez… se refería a esta época de paz.

—¿Tú crees? – Hinata encogió los hombros. —Bueno, espero que así sea. – le abrazó por los hombros y la apegó más a él.

—Me parece muy triste que después de todo lo que tuvieron que pasar… Sakura-san y Sasuke-san hubiesen… muerto.

—Sí, lo sé. – Naruto miró el cielo con aire melancólico. —Espero que después de tanto finalmente puedan estar juntos y en paz.

—¿Tú crees?

—Confió con que así será.

—Entonces yo también. – ella le besó en la mejilla y Naruto sonrió feliz.

—Me alegro mucho de que estés aquí, Hinata. Eres la mujer más hermosa que he conocido. Te amo mucho.

—Y yo a ti, Naruto-kun. – se sonrojó.

—¿Te he dicho antes que me encanta que te sonrojes así?

—No. – volvió a ponerse roja.

—Pues es verdad. – le besó en la frente. —Nunca me dejes.

—Jamás, somos uno.

—Como Luz y Oscuridad.

—Como Luz y Oscuridad. – repitió ella.

Cuando él llegó a aquella hermosa pradera que descansaba a los pies de aquella montaña helada no pudo evitar toparse con lo que parecía ser el cuerpo de una mujer tirado en el pasto de aquel nítido paisaje. Se le acercó con sumo cuidado de no despertarle, el sonar del agua correr y el canto de las aves disfrazaban sus pasos de una absurda paz que ni él mismo podía comprender.

Cuando se acercó lo suficiente la mujer abrió los ojos y le miró en silencio mientras dejaba que las frescas gotas de roció que adornaban el frágil verdor del césped le besaran la mejilla izquierda. No pasó nada entre ellos entonces, sólo se contemplaron en una profunda afonía.

Ella se enderezó lentamente y tras sacudir sus brazos, juntó sus rodillas y recargó su barbilla en ella seguida de su mejilla derecha, para mirarle fijamente una vez más.

—¿Puedo ayudarte en algo? - le dijo con una voz tierna y súbita. El hombre entrecerró sus ojos y después soltó un gran suspiro.

—No lo sé.

—¿Estás perdido?

—No. - otro silencio entre ambos. —¿Y tú?

—No. - ella acompañó sus palabras con una balanceo de su cabeza. —¿No eres de por aquí, cierto?

—Acabo de llegar. - el hombre, cuya edad no rebasaba la tercera década de la vida paseó su mirada por el paisaje. —Es un lugar agradable.

—Sí, lo es. - ella miró el riachuelo que estaba frente a ellos y sonrió para dejar salir una ligera risa. —¿Cómo te llamas?

—Sasuke.

—Yo soy Sakura. - ella sonrió con amplia satisfacción. —¿Te gustaría acompañarme? - volvió a recostarse en el pasto. Él asintió y se acercó donde ella, se recostó en silencio y dejó que su cabeza reposara en las hojas del césped. Respiró el aroma de las flores silvestres y se relajó al percatarse del alegre trinar de los pájaros.

—Es relajante. - admitió una vez que hubo cerrado los ojos.

—¿Verdad que sí? - ella le miró un segundo y después al cielo. —¿Que te trajo a esta montaña?

—Estoy buscando algo.

—¿Qué cosa?

—Aún no lo sé... pero mi búsqueda me guio aquí. Algo me dice que aquello que busco está más cerca cada día. - Sasuke la encaró con una media sonrisa.

—Debe ser triste, el no saber tu destino.

—No para mí. - sus ojos dependían convicción. —Es un reto enfrentarme día con día a algo nuevo, el destino siempre reserva sorpresas y quiero descubrir eso que me impulsa a seguir buscando.

—Entonces te deseo la mejor de las suertes, espero que encuentres aquello que estás buscando.

—Gracias. - dicho esto Sasuke se levantó lentamente. —Tengo que subir… a la cima. - aclaró después.

—¿Crees que ahí encontrarás lo que deseas?

—No estoy seguro, pero he de intentarlo.

—De acuerdo. - ella asintió y se sentó también. —Ve entonces.

—Lo haré. - se puso de pie y comenzó a caminar hacia la montaña, luego se detuvo y le miró por última vez. —¿Estarás aquí cuando vuelva?

—¿Debería?

—¿Quisieras?

—Claro. - ella volvió a sonreír. —Si eso te inspira a seguir adelante, sí.

—Muy bien. - siguió con su camino. —Volveremos a encontrarnos.

—Y yo te esperaré.

La oscuridad se perdió en la luz... y la luz sonrió cuando se encontró con ella, pues habían esperado muchos siglos para verse de nuevo.

Fin.

Bien, espero haber dejado todo muy claro y esto recapitula desde la entrega pasada cuando Sasuke le dice a Naruto que ellos están más relacionados de lo que cree. ¿No se les hacía extraño? Sasuke lo dijo antes: los perfectos se formaban con ayuda de sus memorias pasadas, el hecho de que Hinata y Naruto pudieran recordar cosas de sus vidas pasadas no era más que una señal. Antes les mostré como Sasuke se convirtió, ahora les mostré a Hinata y su revelación. Sólo el tiempo dirá como será la vida del matrimonio Uzumaki, pero esperemos que no tan caotica como el Uchiha.

Muchas gracias por todos sus comentarios. Nos veremos en otra historia. Saludos a todos.

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Yume no Kaze.