¡He vuelto! Siento muchísimo la tardanza pero es que he tenido unos días complicados.
Muchísimas gracias a todas por los comentarios.
Y voy a hacer una aclaración en respuesta a algunos reviews. La historia está milimétricamente estructurada desde un mes antes de subirla, por lo tanto, deja poco espacio al cambio. Por lo tanto, si os parece raro el comportamiento de Emma en el último capi y creéis que lo he cambiado por lo de "relación fraternal", ya os digo que no, es que estaba así pensado. Aún así tengo en cuenta todo lo que decís para darle ciertos matices al asunto. Lo que sí se me ha salido del guión inicial son las partes que me quedan muy largas y por eso hago más de las planteadas.
Ahora, después de todo este rollo, os dejo el capítulo. Mi wife dice que es su favorito hasta ahora ;) A ver qué me decís.
Un beso y mil gracias.
MARZO
Parte 5. Ojalá
Se dejó caer sobre la cama. Suspiró. Estaba loca, claramente era así. Había pasado de rezarle al universo para que Regina la dejara a quedar con ella para ir a la fiesta de su empresa. Sí, estaba como una chota.
Pero es que la había visto tan vulnerable en el momento en que había dicho que no iba a la cena porque allí se sentía sola, que le había resultado imposible no decirle que la acompañaría. Y es que ya no era sólo que ella necesitaba a Regina, sino que la morena la necesitaba a ella aún más. Era como si se hubiese creado un vínculo de dependencia entre las dos, algo que hacía imposible que pudiesen escapar de eso que, a priori, parecía una auténtica locura.
Además, si lo pensaba ¿a quién tenía Regina? ¿A su amigo Archie? Pero éste tenía una familia y ella no podía agregarse a él continuamente.
En fin…vale, iba a seguir adelante con esto. Con esta historia a la que no podía ponerle un nombre. Pero había algo de lo que tenía que mentalizarse; para todo hay una raya la cual no se puede cruzar, con Regina ya había pasado varias, pero por nada del mundo podría traspasar aquella del no retorno, es decir, en la que el flirteo se convertía en contacto físico. Porque si hacía eso, se convertirían en amantes y eso conllevaba un grado de complicación del que ninguna saldría ilesa. Por eso no iba a probar una gota de alcohol en la fiesta, porque podría pasarse.
Si comenzaban una relación romántica con todos los actos que ésta conlleva, tendría que haber un compromiso por ambas partes que ella no sabía si podría cumplir. Ya no sería aceptarse a sí misma como lesbiana, porque ahora como máximo se definía como "hetero con inquietudes" al igual que Belle, sino plantarse ante el mundo de la mano de una mujer de 45 años. A su padre le daría un infarto Y luego había algo que sólo de pensarlo le dolía el alma…¿qué pasaría cuando Regina envejeciese? Porque los demás podrían no ver problema en una pareja con tal diferencia de edad, pero ella sí que lo veía, y le parecía enorme.
Intentó alejar toda la negatividad de la mente decidiendo qué se iba a poner. Seguro que la gente iría muy elegante. Se puso a mirar lo que tenía en su armario cuando le sonó el móvil. Era un mensaje de Regina :"¿Cuál es tu flor favorita?" Le extrañó la pregunta, aún así contestó.
"Los narcisos"
Después volvió a su tarea de elegir modelito.
No estaba muy convencida del peinado que le habían hecho. Nunca solía llevar el pelo recogido, pero la peluquera había insistido, y no sólo en eso, porque le había hecho las uñas, le había echado mil mascarillas faciales…¡incluso le había hecho la cera! Ni que Emma fuese a verla sin ropa. Y todo porque cuando le había preguntado si tenía una cita, ella se había quedado sin saber qué decirle.
Así que ahí estaba mirando de reojo su aspecto en el espejo del vestidor, mientras escogía unos zapatos que fuesen acorde con el vestido negro de espalda de encaje que había elegido para la ocasión. Tras probarse varios, se decantó por unos sencillos stilettos también negros, se puso la americana granate que había comprado esa tarde y se pintó los labios de rojo intenso. Sonrió ante su reflejo, no se había maquillado la cicatriz porque a Emma le parecía "sexy".
Antes de salir de casa llamó a Sidney para ver si estaba arreglado todo el asunto de las flores. La cena se celebraba todos los años en un salón privado del mejor hotel de la ciudad, éste se decoraba con una selección de flores de la temporada, pero se le había ocurrido hacer que los narcisos, al ser los favoritos de Emma, fuesen los protagonistas del lugar.
-No te preocupes ya tienes todos los narcisos colocados- le dijo su secretaria nada más descolgar- Lo único, que ¿qué quieres que haga con todas las demás flores que he quitado?
-No sé- Metió en su cartera de mano lo necesario- Llévatelas a tu casa…
-Regina, son como 20 kilos …
-Pues yo que sé. Dónalas al hotel, es que me da lo mismo lo que hagas con ellas. Sólo quiero que todo lo que haya sean narcisos.
-Casi me matan los de la floristería por encargarles algo así a última hora.
-¿Les has dicho que manden la factura directamente a mi despacho?
-No va a ser barato…- Sidney parecía ligeramente asustada.
-Me da igual, pero ya puede estar aquello precioso.
-Lo está, lo está…Ahora te veo.
-Hasta luego- metió el móvil también en el bolso, cogió la flor que tenía preparada sobre el aparador de la entrada y salió de la mansión para poner rumbo al lugar de la fiesta. No entendía porqué Emma no había querido que la recogiese, estaba segura de que algo se traía entre manos.
[…]
-Los camareros van a empezar a sacar los platos- le dijo Sidney interrumpiendo su conversación con el encargado del departamento de contabilidad. Miró su reloj. ¿Dónde estaría la rubia?
-Vale, que lo hagan. – Pasó la mirada por el salón. Estaban en el ático del hotel y desde las cristaleras que rodeaban el sitio, se podía contemplar todo Storybrooke. En cada una de las mesas redondas había un precioso centro de mesa hecho totalmente de narcisos y unos cartelitos que indicaban el asiento de cada uno. Por supuesto, la suya era la que mejor vistas tenía. Y no es que la comida se fuese a servir allí, sino que era una especie de cóctel en el cual los camareros iban pasando las viandas. Pero si uno quería permanecer sentado en su sitio, estos se acercaban con las bandejas. En uno de los laterales había un enorme expositor de dulces y al fondo había un espacio con menos iluminación que serviría como pista de baile.
Emma no estaba allí, fue a sacar el móvil cuando escuchó a Sidney hablar de nuevo.
-Regina, creo que tu cita ha llegado.- siguió los ojos de la mujer, los cuales estaban fijos en Emma, la cual atravesaba las puertas acristaladas del lugar. Estaba impresionante; llevaba un vestido blanco de gasa por encima de la rodilla, con mangas hasta el codo, ceñido en la cintura con un cinturoncito dorado y con un ligero escote en V. Bailarinas también doradas y el pelo cayendo en ondas por sus hombros, pero con el flequillo recogido en una trenza hacia un lado. Parecía un auténtico ángel. -¿Quién es?- No contestó porque fue directa a encontrarse con la joven.
-Siento el retraso- La rubia le dejó un beso en la mejilla.
-No pasa nada- Estaba tan preciosa que apenas si le salían las palabras.
-¿Te gusta?- Emma se dio una vuelta sobre sí misma para que ella pudiese mirarla mejor.
-Estás…estás…
-Anda, cierra la boca que se te va a caer la baba- Se sonrojó, le resultaba imposible no hacerlo ante el descaro de la chica. Se fijó en como ésta abría mucho los ojos al fijarse en el salón.- Me encantan las vistas y…¿para eso querías saber cuáles son mis flores favoritas?- le señaló el centro de una de las mesas. Asintió un poco cortada, quizás se había pasado. - ¡Eres genial, cosi!
-Emma, - dijo casi susurrando- sabes que no me importa que me llames cosi pero…
-Ya…, hoy eres Regina- respondió a la sonrisa de la joven con una suya.
-¿Tienes hambre?- le preguntó.
-Un poco…por cierto, ¿por qué todo el mundo está mirándonos sin parar?- Se volvió hacia el resto de gente y vio que, efectivamente, así era. Todos parecían estar en grupitos cuchicheando unos con otros.
-Deben de estar especulando acerca de quién eres.
-Bueno- sintió el brazo de Emma alrededor del suyo- pues preséntame.
Anduvieron hasta el lugar desde el que Sidney las observaba.
-Hola, - dijo la rubia sin soltarla aún- soy Emma- extendió una mano hacia la secretaria que le respondió el gesto.
-Sidney.- la mujer cambió los ojos hacia ella, parecía intrigada por el hecho de que tuviese a una joven colgando del brazo. Y a juzgar por los susurros que venían de otros corros, no era la única.
-¿Qué quieres beber?- le preguntó a su acompañante cuando pasó el camarero con una bandeja llena de copas.
-Un refresco estará bien.- se soltó de la joven para poder tomar una copa de vino para ella y una cola para Emma- ¿Quieres que nos sentemos o prefieres quedarte de pie?
-Prefiero sentarme, si no te importa.
La empujó ligeramente hacia los asientos que estaba reservados para ellas y los ocuparon. No sin antes decirle a un camarero que les sirviese exclusivamente a ellas.
-Bueno, pues esto es la cena de Mills & Co.- comentó tras darle un trago a su bebida.
-Ya veo…me siento observada.
-Deben de estar sorprendidos, porque nunca he traído a nadie- se encogió de hombros.
-¿Nunca viniste con Daniella?
-Cuando se empezó a hacer esto ella ya no estaba. –Emma pareció sumirse en sus pensamientos durante unos segundos.
-Me gusta lo que te has hecho en el pelo- la joven le colocó un mechón que se había escapado del recogido detrás de la oreja.-Por cierto, ¿creías que iba a venir con mi chaqueta de cuero?
-Estás preciosa te pongas lo que te pongas, así que no me hubiese importado. Aunque hoy parece que te has escapado de algún tipo de cuento.
-Pues si fuese así, estoy segura de que tú serías la bruja malvada- Alzó la ceja ante la sonrisa pícara que había hecho aparición en las dulces facciones de la rubia. Iba a preguntarle que por qué, pero se vieron interrumpidas por la llegada de la cena. Emma dio buena cuenta a los platos.- No me comes nada, sólo bebes y bebes.- le dijo con la boca llena.
-Estoy feliz- se le escapó antes de poder evitarlo.
-¿Cómo?- simplemente apoyó la cabeza sobre la mano y la observó. Sabía que muchos de los allí presentes estarían diciendo que había corrompido a una inocente criatura, pero le daba igual, porque la verdad es que sentía feliz teniendo a Emma a su lado. La chica conseguía que se sintiese viva y el hecho de que prefiriese estar con ella a pasar el tiempo con sus amigas, la hacía sentirse especial. Así que seguramente dirían que nunca la habían visto tan dulcificada y no les podía quitar la razón.
Le preparó a Emma una enorme bandeja de dulces y se la llevó a la mesa.
-Voy a recuperar mis kilos esta noche. – comentó con los ojos muy abiertos, a la vez que cogía una galleta.
-Quiero mostrarte algo
-¿El qué?
-Al otro lado del ascensor, hay una pequeña sala, también acristalada desde la que se puede ver el mar. Porque esto tiene unas vistas espectaculares, pero el mar no se puede ver.
-Vale- Emma se levantó y le ofreció la mano, la cual ella gustosa agarró. Ignorando las miradas se dirigieron hacia la salida. Una vez fuera cruzaron el hall y entraron a una sala que tenía la luz apagada, pero así se podía contemplar mejor el skyline de la ciudad. El oscuro mar se intuía al fondo.- ¡Esto es precioso!- Emma se acercó al cristal y pegó la frente a éste.
-Es mucho mejor que el otro lado.- Tomó asiento en un sofá que había en la habitación. La rubia la acompañó a los pocos minutos.
-¿Te llevas bien con Sidney?- se giró ante la pregunta para poder contemplar el perfil de la joven en la penumbra.
-Nunca he tenido otra secretaria, nos entendemos.
-¿Belle trabajó directamente en tu oficina?
-Sí, el otro día le eché un ojo a su expediente…
-Eres una cotilla, cosi- la interrumpió Emma.
-Tenía curiosidad. El caso es que no me extraña que no desempeñara muy bien su función porque ella está estudiante derecho y se le asignó todo el tema de contabilidad, creo que estaba un poco perdida. Aún así, creo que de no haber sido tan blandita con la gente la hubiese dejado.
-Ahora que lo dices creo que cuando empezó en tu empresa la vi con un taco de papeles de balances, estudiando sin parar.
-¿Sabes de balances?- alzó una ceja.- ¿Creía que sólo sabías de anatomía?- se puso nerviosa al notar como la rubia se acercaba en el sofá.
-Esa es mi especialidad- ese susurro entró por su oído pero recorrió todas y cada una de sus terminaciones nerviosas. –Tengo algo para ti- le dijo cambiando de tono.
-¿El qué?- observó como la chica sacaba una cajita, de la cual extrajo dos pulseras. Eran como dos cadenas de la plata de las que colgaban algunos objetos.
-Mira esta es para ti- le cogió la muñeca y se la puso. La alzó y, a pesar de que no había mucha luz, pudo ver que lo que colgaba eran un ordenador, una corona y una cupcake . Todo de plata. Miró los ojos verdes que parecían ilusionados- Cuenta nuestra historia, las iré rellenando. La mía es igual con la diferencia de que lleva una R.
-¿Y por qué la mía no tiene una E?
-Porque tú eres de mi propiedad- Es que de verdad cuando sacaba esa sonrisa maliciosa le costaba verdaderos esfuerzos no abalanzarse sobre ella. Tragó saliva.
-Gracias, me gusta mucho, dueña y señora mía.- De repente comenzaron a escuchar música, ya debía de haber empezado el baile. Se le ocurrió algo. Se levantó y extendió la mano hacia la rubia- ¿Bailas?
-No, gracias- Ahora parecía tímida. Esta chica…- Yo no bailo.
-¿Perdona? Te llevaste la consola sólo para que bailásemos, así que, Emma, ya estás levantando el culete y concediéndome este baile.
-Está bien…-la joven se colocó frente a ella. Benditos tacones, es que sin ellos se quedaría enana a su lado- Pero si te piso no te quejes.
Emma le rodeó el cuello con los brazos y ella le puso las manos alrededor de la cintura. Comenzaron a moverse lentamente, intentó disimular el temblor de su cuerpo cuando la rubia se pegó completamente a ella y apoyó la cabeza sobre su hombro. Tuvo la intención de separarse pero Emma parecía no estar por la labor.
-Te he echado tanto de menos…- el aliento cálido rozando su oído... Se iba a volver loca. Echó para atrás la cabeza lo que hizo que Emma también alzara la suya y se quedasen mirándose a los ojos. Probablemente su mente le estaba jugando una mala pasada, pero aquellos iris claros parecían estar diciéndole a gritos que la besase. No podía, ella nunca daría ese paso. Contuvo la respiración al notar como la joven le miraba los labios y se iba acercando suavemente hacia ella.
"¡El concurso va a comenzar en dos minutos!" La voz proveniente del salón de la fiesta rompió la magia del momento.
-¡¿Concurso!?- Emma saltó emocionada.
-Sí, cualquier tontería que se les haya ocurrido este año.-¡Mierda! Quería matar a la estúpida que había cogido el micrófono.
-Pues vamos- la joven tiró de ella para ir al salón de nuevo. Una vez allí se fijó en que había globos por todos lados y que la gente estaba colocada en parejas. ¡Joder! Seguro que Emma querría participar y ella no estaba mucho por la labor.
-¿De qué va todo esto?- le preguntó a Sidney que estaba cerca de la mesa dulce observando el panorama.
-El concurso de siempre, ya sabes que el hotel nos regala una cena para dos, y en vez de sortearla pues se compite por ella.
-¿Y qué hay que hacer?- la joven parecía deseosa de unirse al juego.
-Entre dos hay que conseguir explotar 20 globos con la presión del cuerpo, el nivel se va complicando con cada uno de ellos, ya que los últimos están menos inflados.
-Pero- intervino de nuevo la rubia- ¿las manos tienen que estar detrás o se puede coger a la pareja?
-Se puede- Sidney la miró a ella divertida. Su secretaría sabía perfectamente que a ella no le hacía ni pizca de gracia participar en esas estupideces, pero que le iba a tocar.
-Vamos, Regi- antes de que le diese tiempo a protestar se vio en medio de la pista de baile, con un globo entre Emma y ella.
-Pues señores, esto es sencillo- comenzó a decir la chica que tenía el micrófono. La cual vio que era Maud de Marketing, tendría unas palabritas con ella el lunes por haberle jodido el momento de antes- os podéis tocar, manosear o lo que queráis, pero no podéis usar las manos para explotarlos ni dejarlos caer al suelo. Todas las parejas participantes tendréis a alguien que os irá poniendo los globos en medio según los vayáis reventando. Así que …preparados, listos…¡Ya!
El primer globo pinchó en cuanto Emma la agarró por la cintura y la atrajo hacia ella. Ella se dejaba hacer mientras la chica estrujándose contra ella conseguía explotar las esferas de goma. No quería mirar alrededor porque seguro que sus empleados estarían alucinando al verla en semejante situación.
Por lo que escuchaba iban las primeras, pero parecía que el globo de la victoria se les iba a resistir. Apenas si tenía aire así que era diminuto, por lo que sin saber cómo, se vio contra una columna con Emma frente a ella, agarrándola de diversas formas para conseguir explotarlo.
El objeto había pasado de estar entre sus estómagos a colocarse un poco más abajo.
-¡Mierda! Se va a caer- dijo la rubia antes de levantarla por el trasero y colocarla a horcajadas.
-Emma, ¡por Dios!- Le iba a ver las bragas todo Mills & Co.
-Cruza las piernas detrás de mí, que si embisto lo exploto de fijo. – Alzó la vista unos segundos y se fijó en cómo estaban pendientes de ella. Y es que la posición que tenían no incitaba a otra cosa. Contra una columna, Emma la sujetaba de los muslos mientras, ella tenía las piernas alrededor de su cintura y la rubia, encima, no paraba de embestirla. Podía haber fantaseado con esa situación miles de veces, pero ahora…no le resultaba del todo cómoda. Más que nada porque ¡Mierda! ¡Se estaba excitando delante de todos sus subordinados! Su respiración comenzó a volverse pesada y la boca se le secó cuando Emma la miró intensamente.-Ya casi- La fatiga en los rasgos de la rubia, una gotita de sudor cayéndole por un lado de la cara. Creía que no había visto nada más erótico en toda su vida. Y el globo no se explotaba. Si no cortaba eso, iba a gemir y no estaba dispuesta a consentirlo, así que disimuladamente metió la mano entre sus cuerpos y pellizcó la esfera de goma. –Eso es trampa- le susurró la rubia. Aún así acabó con el maldito. Emma la volvió a dejar en el suelo. Ambas se compusieron la ropa.
Todos aplaudieron cuando fueron proclamadas ganadoras, aunque le parecía ver que algunos y algunas las miraban con otros ojos. Miradas pervertidas. Eso la hizo anotar mentalmente más de un nombre al que debía dar por saco la siguiente semana.
-Te voy a matar- apretó los dientes fingiendo una sonrisa. La rubia pareció sorprendida ante su comentario- creo que nadie me va a volver a tener respeto.- Y ahora ponía expresión angelical como si la cosa no fuese con ella.
-Voy al baño,- le dijo a la vez que le guiñaba un ojo- ahora vuelvo.
-Creía que ibas a quedar con tus amigas- le dijo Ruby mientras ella se subía al coche rojo.
-Están desaparecidas, sobre todo Emma que parece que se le ha tragado la tierra.- Estaba preocupada por ella, ya que parecía completamente ausente. Quizás tuviese algún problema que no le había comentado.
-¿Qué quieres que hagamos?- le preguntó la camarera.
-¿Podemos hablar?- Tras mucho meditar el incidente de las corrientes que habían recorrido su cuerpo ante un simple contacto, creía que lo mejor era ser sincera con Ruby e intentar explicarle el asunto de alguna manera. Y el porqué ya no podían seguir hablando porque es que ella podría llegar a confundirse y no quería hacerle daño.
-Vale- se fijó en que la chica conducía hasta la zona oscura de un parque del barrio. -¿Qué pasa?-la camarera se giró ligeramente en su asiento para mirarla mejor.
-Ruby yo…- de repente la morena comenzó a acercarse.
-¿Sí?- se estremeció al notar que ya estaban peligrosamente juntas. Era cómo si supiese que estaba dudosa y quisiese aprovechar la oportunidad.
-No puedo pensar si estás tan cerca- Si giraba la cara se la encontraría a menos de un centímetro.
-No te he tocado.
-Lo sé…-se tapó la boca al ver que le habían salido las palabras en forma de gemido. No, no la había tocado pero parecía que su cuerpo se moría porque lo hiciese.
-Entonces, ¿qué quieres decir?- la pregunta fue seguida de un ligero roce de lengua en su oído. Volvió a gemir. Nunca le había pasado algo así, creía que iba a sufrir una combustión espontánea de lo excitada que se sentía.
-No hagas eso…- cerró los ojos cuando la otra chica dejó un beso en su cuello. –Por favor…- Sin previo aviso Ruby se colocó sobre ella y echó el sillón completamente hacia atrás.
-¿Quieres que pare?- se lo preguntó tan cerca que sintió el aliento caliente en la oreja.
-Sí…- sólo le salió un hilo de voz.
-Dímelo otra vez- los labios de Ruby por su clavícula le estaban haciendo perder la cordura. Parecía una masa sin raciocinio porque su boca sólo emitía gemidos. Su mente se había marchado, dejando un cuerpo que se moría porque aquella chica lo explorase. La camarera colocó la cabeza sobre la suya y ella no se pudo contener, así que se incorporó ligeramente para morder aquellos labios que estaba consiguiendo que se derritiese completamente.
El beso no fue suave ni tierno, fue salvaje. Le pareció sensacional, porque hasta ese momento nunca habría creído poder excitarse de esa manera por el contacto de una lengua con la suya.
Necesitaba que la tocase. ¿Pero cómo se lo pedía?¿No era demasiado precipitado? Su centro clamaba a gritos por una atención inmediata. Iba a separarse para coger aire, cuando su móvil comenzó a sonar. Se asustó. Lo que hizo que casi lanzase a Ruby de vuelta a su asiento.
Era su madre. ¡Mierda! ¿Se imaginaría lo que estaba haciendo? Respiró hondo antes de contestar. La otra chica la miraba algo confusa.
-Dime- intentó parecer lo más serena posible.
-¿Dónde estás?- Sophie sonaba ligeramente alarmada.
-Con Emma. – Fue lo primero que se le pasó por la cabeza.
-Ah. Es que he llegado a casa y creía que ibas a estar.
-Enseguida voy, hasta ahora- Tenía que irse, porque una alarma resonaba en su mente. Quizás su madre tenía sospechas acerca de con quién estaba.-Llévame a mi casa.
-¿Por qué? No creo que pase nada porque te quedes un poco más.
-No, en serio, tengo que irme.-Tenía miedo. No estaba bien lo que había pasado. Bueno sí, había estado muy bien, pero no podía volver a repetirse por mucho que su cuerpo ahora estuviese a punto de prenderse fuego.
-Como quieras- Sabía que Ruby se había enfadado, pero estaba tan alterada por la inesperada llamada de su progenitora que le daba un poco lo mismo. Quizás estaba exagerando, pero …tenía hasta dolor de estómago sólo de imaginarse lo que pasaría si se enterase Sophie.
Una vez en su calle, se bajó del coche sin apenas despedirse de la camarera. Acababa de complicar aquello hasta límites insospechados. Estaba asustada, mucho.
Se estaba lavando las manos cuando dos chicas entraron al baño charlando animadamente.
-Pues qué quieres que te diga, yo también la hubiese estampado contra una columna.
-¿Desde que cuando te van las tías?
-No es que me gusten, pero reconoce que saber que Regina es lesbiana da un morbo que te cagas.
¿En serio estaban diciendo eso? ¿Es que no la habían visto? Carraspeó ligeramente. La miraron sorprendida, debían de tener su misma edad. Probablemente serían becarias. Sonrió al ver la cara de pánico que tenían, después salió del baño pavoneándose. Así que les ponía Regina…Le encantaba ser la envidia del lugar.
De vuelta en el salón fue hacia la morena. Ésta estaba charlando animadamente con Sidney. Se fijó durante unos segundos en su interacción. La secretaria parecía coquetear con Regina, aunque estaba segura de que ella no se había percatado de eso. Se preguntó si alguna vez su cosi se había sentido atraída por Sidney. Era una mujer atractiva y de una edad similar.
Sintió un pinchazo de celos al ver como la secretaria le pasaba a Regina la mano por la espalda. Caminó decidida hacia ellas y cogió a la Mills por la cintura. Sí, estaba marcando el territorio.
-¿Estás bien?- le preguntó la mujer ante su gesto serio.
-Sí, sí…
-¿Quieres que nos vayamos ya?- La verdad es que estaba harta de los cuchicheos que parecían surgir por toda la sala cada vez que ella pasaba.
-Lo que tú quieras.
-Pues vámonos- Regina se acabó su enésima copa de un trago. La cogió de la mano y la dirigió hacia fuera del lugar sin siquiera despedirse de nadie.
Bajaron por el ascensor en silencio.
-¿Dónde tienes el coche?- le preguntó la morena una vez en la calle.
-Al doblar la esquina.
-Te acompaño y luego vuelvo a por el mío.
-Regina, ¿vas a conducir en tu estado?
-¿A qué te refieres?- ¿Cómo que a qué se refería? Pues que se había pasado toda la noche con una bebida en la mano.
-Pues a que has bebido un montón.
-Emma, ¿no crees que ya soy mayorcita para saber lo que debo o no debo hacer?- Vale, ceja alzada era motivo para no discutir con ella, pero es que se negaba a dejarla coger el coche con tanto alcohol en sangre.
-Te llevo yo.
-¿Cómo?
-Sí, que te llevo a casa.- Ella también podía ponerse seria si quería.
-No.
-Cosi…-dulcificó el tono porque así la convencería mejor- por favor. Mañana vienes a por tu mercedes. Por favor...-Cuando la mujer suspiró sabía que había ganado la pequeña discusión.
-Bueno, pero espera aquí que voy a por algo.
La observó mientras caminaba hacia su auto, el cual estaba justo enfrente. O sea…que ahora que las empleadas más jóvenes sabían que era lesbiana, se sentían atraídas por ella…Eso no era algo que a ella le importase, porque aunque hubiese tenido un físico completamente diferente, probablemente sentiría por ella lo que fuese que sentía, pero aún así, tenía que reconocer que su cosi era tremendamente atractiva. Se sintió muy afortunada.
[….]
Durante el camino hacia casa de Regina, charlaron animadamente sobre la fiesta. Cotillearon sobre la gente y se rieron al especular sobre los comentarios que estarían haciendo ahora que se habían marchado.
-¿Cuándo quieres que vayamos a cenar?- le preguntó la morena mientras ella aparcaba frente a la enorme casa blanca.
-¿A cenar?
-Sí, lo de los globos.- Sonrió maléficamente al recordarlo. Había sido un juego bastante curioso.
-Me da igual- Se volvió a mirarla. Siempre se sentía cohibida cuando los ojos negros la observaban con adoración. Ahora era uno de esos momentos.
-Esto es para ti- Regina le entregó la flor que había ido a buscar a su auto tras salir del hotel.
-Pensaba que nunca me la darías. – La olió. Era un narciso realmente precioso. La dejó sobre el parabrisa y se inclinó hacia la mujer. Se quedó absorta en aquellos pozos oscuros que parecían decirle tantas cosas. Alzó la mano y le rozó ligeramente la cicatriz del labio con la yema de los dedos. Le gustaba ese rasgo distintivo de la morena. Ésta cerró los ojos y suspiró sonoramente. – Ojalá…
-Ojalá ¿qué?- le preguntó Regina con la voz ronca.
-Ojalá tuvieses 20 años…- De repente los ojos negros se abrieron, estaban ligeramente acuosos. Ella se acercó y dejó un beso justamente encima la marca que había estado tocando. –Será mejor que me vaya- dijo al percatarse de que si se quedaban así un poco más probablemente acabaría traspasando la línea que se había marcado como límite.
-Sí…- el tono de Regina era intenso. La observó mientras se desabrochaba el cinturón y abría la puerta del coche. Una vez fuera, la morena asomó la cabeza por la puerta. –Recuerda una cosa…- estaba seria y le dio un poco de miedo lo que pudiese decirle- si sólo pudiese pedir un deseo, sería ese.
-¿Cuál?- preguntó aún sabiendo a qué se refería.
-Haber nacido 24 años después. – Creía que iba a llorar, porque pudo ver el dolor en Regina, el cual era el reflejo del suyo- Buenas noches, Emma. – Cerró la puerta. Ni siquiera esperó a verla entrar. Salió disparada.
Se le cayeron un par de lágrimas al comprender lo cruel que podía llegar a ser el destino y pisó más el acelerador.
¿Opiniones?
