Feliz Año, lo primero! Lo segundo, mil disculpas por el retraso pero se me han complicado las fiestas.

Gracias por vuestro interés en la historia y ¡vaya ganas que teneis! ¿eh?

Bueno, pues como regalo de vuelta os pongo dos partes. Y tranquis...que ya no me voy a ir más. :)

Espero que os guste.

Un beso

ABRIL

Parte 1. Infinito

-¿Quieres tomar algo?- le preguntó Regina abriendo la nevera. Era consciente de que debería haberla avisado de la visita, porque era tarde y la morena ya estaba en pijama. Bueno…si es que a eso se le podía llamar pijama, ya que un escueto camisoncito cubría el cuerpo de la mujer. Había anulado la cena con sus amigas porque algo la había impulsado a presentarse en la mansión blanca. Esa necesidad que tenía de Regina creía que podría consumirla. Y cuando la vio abrir la puerta sintió que ese deseo de verla se transformaba en algo más. No podía dejar de mirar sus piernas torneadas y se quedó sin aliento cuando tras sacar una botella de vino, la morena se reclinó sobre la isla de la cocina, ya que el movimiento le dio una mejor visión de su escote.-¿Te ocurre algo?- La preocupación reflejada en los rasgos maduros la hizo volver a la realidad.

-No…-susurró.

-¿Seguro?- ella asintió aunque no tenía auténtica certeza de que así fuera.-¿Quieres vino?- volvió a asentir. Tras servir dos copas, Regina se acercó hacia ella y le extendió una. -¿Quieres ver una película?- Cuando la morena se pasó la lengua por el labio superior tras dar un trago a su bebida, algo dentro de ella se activó. Algo que no sabía que tenía, era como una especie de fuego recorriéndola.

Sin pensarlo, le quitó a la mujer el recipiente de las manos y lo dejó junto al suyo sobre la isleta.

-¿Emma?- esa mirada confundida, fue todo lo que necesitó. Cerró la distancia que las separaba y la besó. Enseguida Regina respondió con efusividad al contacto.

Necesitaba tocarla, así que colocó las manos sobre el trasero de la mujer y lo estrujó con poca delicadeza. Después fue subiendo lentamente por debajo del camisón. La escuchó gemir. La alzó y la colocó sobre la repisa. Pesaba poco, pero a pesar de ser ella mucho más fuerte físicamente, se sentía como una hoja a punto de quebrarse ante el cúmulo de sensaciones que la mujer más mayor le provocaba.

Cuando la tuvo allí sentada, se deshizo de la diminuta prenda que le dificultaba el contacto total. Se quedó unos segundos observando el cuerpo de Regina. Le pareció precioso. Lentamente acercó las manos a sus pechos y los tocó delicadamente.

-No…- contestó ésta entre gemidos. Se bajó del lugar en el que ella la había subido y la besó fieramente. Antes de que pudiese darse cuenta, habían cambiado posiciones. Ahora Regina llevaba el control. Se dejó hacer mientras ésta le quitaba la camiseta y el sujetador. Se estremeció al sentir unos labios sobre sus pezones y una lengua bajando por su estómago. Y gritó cuando la morena coló una mano entre sus pantalones, esto le hizo tirar de ella para que se levantase. Se besaron con avidez. -¿Estás segura?- le preguntó una voz cargada de deseo. Respondió mordiendo aquella boca que siempre le había parecido perfecta.

Cuando los dedos experimentados comenzaron a trazas círculos sobre su clítoris, creía que se iba a morir. Jamás había creído que podría perder el control de esa manera y, por supuesto, que podría excitarse así.

Los movimientos sobre su centro cada vez eran más rápidos, así que se aferró a Regina porque creía que no podría sostenerse en pie. Intentaba controlar los sonidos que salían de su boca, pero le parecía una tarea extremadamente dificultosa. Ocultó la cabeza en el cuello de su amante a la vez que intentaba no caer redonda.

-No…-le susurró la morena, mientras le alzaba la barbilla- mírame.

Al ver tan cantidad de deseo reflejado en los ojos oscuros, creyó que iba a explotar. ¡Iba a correrse por primera vez en su vida!

[…]

El ruido del despertador la sobresaltó. Se incorporó en la cama, estaba fatigada y tras unos segundos comprendió porqué. ¡Acababa de tener un sueño erótico con Regina! ¡Y estaba completamente excitada por ello!

Se echó otra vez sobre el colchón y se tapó la cabeza con la almohada. Esto cada vez iba a peor…

[…]

Se había pasado todo el día dándole vueltas al sueño que había tenido. No dejaba de rememorarlo una y otra vez. Y no sabía cómo sentirse respecto a ello,¿ si veía hoy a Regina la miraría de una manera diferente? Desde luego, sería complicado si sintiese el mismo deseo en la realidad. Lo que si tenía claro es que no se metería en una cocina con la mujer durante un tiempo, por si acaso…

Hoy no habían quedado para la rehabilitación porque la morena no había podido, así que seguía con la incertidumbre de si esa excitación que su subconsciente le había mostrado, era real o sólo fruto de sus sueños.

Tras dos horas de entrenamiento intensivo en el gimnasio pensó que tenía que enfrentar la situación, así que llamó a Regina y quedaron en la puerta del trabajo de ésta. Pero cuando aparcó vio que tenía un mensaje.

"Sube que acabo enseguida"

Miró su ropa. No creía que el chándal fuese un atuendo adecuado para presentarse en las oficinas de Mills & Co. Pero, total, qué más daba, le importaba poco lo que los trabajadores de Regina pudiesen pensar de ella. Así que sin darle muchas vueltas se presentó en la décima planta.

No le fue difícil encontrar el despacho de la morena, ya que nada más salir del ascensor se encontró un pasillo y al final de éste en una puerta una placa indicaba que ese era el lugar que buscaba. Mientras caminaba hacia su destino, se fijó que en la parte derecha del corredor se abría una enorme sala en la que multitud de trabajadores se situaban frente a sus ordenadores. Algunas caras le resultaban familiares de la fiesta, incluso un par se atrevieron a decirle un tímido "hola". Ella contestó con una inclinación de cabeza, porque volvía a sentirse tremendamente observada.

A la izquierda de la puerta que daba paso a la oficina de Regina había una mesa en la que Sidney revisaba algunos papeles.

-Ho…hola- dijo colocándose frente al escritorio de la mujer. Le pareció mucho más atractiva que la noche en que la conoció, quizás fuese porque siempre tendía a ver a los demás más guapos cuando ella iba hecha un asco. Y en esos momentos su aspecto dejaba bastante que desear. Porque aunque diese la impresión de ser una engreída de mucho cuidado, en realidad, se veía como una chica normalita, del montón, por eso se sentía más cohibida entre aquellas paredes, porque se sentía juzgada y era consciente de que con esas pintas le era difícil esconderse bajo su coraza de "divina".

-Emma- la mujer alzó los ojos ligeramente sorprendida. Parecía un poco confundida.

-¿Puedo pasar?- señaló tímidamente la puerta en la que la placa dorada llevaba escrito el nombre de su "cosi".

-Claro.- Sonrió levemente y se lanzó hacia el picaporte. Es que no sabía porqué pero percibía cierta hostilidad hacia su persona en los gestos de la secretaria.

Regina se levantó de un salto cuando la vio pasar. Después, se acercó hacia ella y le dejó un beso en la mejilla.

-¿Qué tal el día?- le preguntó mientras le colocaba un mechón de pelo tras la oreja.

-Bien…- No sabía como sentirse ante la cercanía de la morena, no después de aquel tórrido sueño.

-Siéntate.- Le indicó un sillón blanco que había al lado de la puerta. Éste estaba pegado a un cristal que debía dar a la mesa de Sidney, aunque no se veía nada debido a que un estor lo cubría.- Estoy esperando una llamada pero no tardaré mucho.

-Vale- Tomó asiento y se puso a observar el lugar. Le resultaba frío, no había ningún detalle que señalara que aquel lugar era el espacio de trabajo de Regina; sólo un escritorio con un enorme ordenador encima, detrás una estantería con numerosos clasificadores, el sillón de la Mills, dos sillas y el asiento en el que ella estaba. Ni fotos, ni objetos decorativos…nada. Le iba a preguntar a la mujer por lo austero de la estancia cuando el teléfono sonó y ésta contestó en otro idioma. Parecía chino.

Se dio unos instantes para observarla. Le pareció tan guapa como siempre, pero no había ni un atisbo de excitación al mirarla. Suspiró aliviada y maldijo a su subconsciente calenturiento por meterle esas ideas en la cabeza.

Tras 15 minutos de aburrimiento total, apartó ligeramente el estor y se puso a espiar por una rendija a los que había fuera. Sidney era a la que mejor podía cotillear. Parecía absorta en su trabajo, hasta que sacó de un bolso un pintalabios y se coloreó la boca de un rojo intenso que resaltaba muchísimo en su piel oscura. Después ésta se levantó, se colocó la ropa…aunque bueno, en realidad, lo que hizo fue desabrocharse un botón de la camisa. Volvió a colocar la cortina en su sitio cuando vio que ésta parecía venir hacia el despacho. Sacó el móvil para disimular cuando escuchó los golpes que llamaban.

Regina dijo algo que ella no entendió y se apartó del teléfono.

-Adelante- contestó la morena. La secretaria pasó contoneándose, se inclinó sobre la mesa de la morena y depositó unos papeles. O sea, que se había aumentado el escote para mostrárselo a Regina. Quiso matar a la puñetera Sidney y más cuando su "cosi" le guiñó un ojo a modo de respuesta. ¿Qué demonios era eso? La mujer salió del lugar con una sonrisa de suficiencia pintada en los labios sin siquiera mirar hacia la esquina en la que ella estaba sentada.

¿Estaba Sidney interesada en Regina? No podía ser, en la fiesta no había visto ningún tipo de coqueteo pero es que esos andares al entrar… ¿Y si así fuese? ¿No era la secretaria una mejor opción para la morena que ella misma? Era una mujer inteligente, atractiva, con una vida montada…no una cría insegura que no sabía que hacer en la vida y la cual creía que le sería imposible ofrecerle a Regina lo que ésta se merecía.

Negó interiormente y se puso a jugar al Candy Crush, prefería no pensar en ello porque no le gustaba eso que estaba sintiendo, odiaba pensar que era el culo del mundo y ahora mismo era todo en lo que podía centrarse.

Cuando la morena colgó le dijo que sólo tenía que rellenar un par de documentos y se irían, pero , de repente, dos becarias entraron al despacho. Querían preguntarle a la mujer nosequé… No se enteró porque de lo único de lo que se percató fue de los tacones de 13 cm que llevaban, de las minifaldas que dejaban poco a la imaginación, de los escotes hasta el ombligo y de la manera en que se atusaban el pelo cada vez que Regina las miraba. Y es que ahí estaba su cosi, tan normal…dos veinteañeras comiéndosela con los ojos y ella como si nada.

Lo de Sidney lo pasaba, pero que dos niñatas entraran a intentar tontear con la morena delante de sus narices, eso sí que no, porque significaba que les daba bastante igual la relación que pudiese unirla a la Mills y eso era una auténtica falta de respeto hacia su persona. Además que Regina parecía no tener intención de cortarles el flirteo.

Así que cogió su mochila y salió por la puerta como alma que lleva el diablo.

Le pareció escuchar su nombre pero no iba a detenerse, más que nada porque los celos la cegaban y lo que menos deseaba era montar un espectáculo delante de todos los que estaban en la oficina.

Contuvo las lágrimas de rabia mientras bajaba en el ascensor. Cuando salió se sentó en uno de los escalones de la entrada del edificio y se cubrió la cara con las manos. ¡Mierda! ¡Estaba celosa! Primero un sueño porno y ahora celos. ¡Se iba a volver loca!

-Emma- se levantó al oír su nombre- ¿qué pasa?- al encontrarse de frente con los ojos negros sintió más rabia aún. ¿Es que esta mujer no se daba cuenta de nada o qué?

-¿De verdad me lo preguntas?- se cruzó de brazos.

-Sí…- Lo cierto es que Regina parecía no saber de qué iba el tema, pero le daba igual.

-Pues que me podías haber dicho que toda tu oficina te desnuda con la mirada.

-¿Cómo?

-Sí.

-Mira, Emma, no sé de qué leches me estás hablando- La morena se metió las manos en los bolsillos de la chaqueta y la miró con fiereza.

-Venga ya…O sea, ¿no te has dado cuenta de que tus becarias te han puesto las tetas delante de las narices?- Vale, debería haber medido esas palabras porque la cara de cabreo de la mujer estaba creciendo en cantidades exponenciales.

-No sé qué coño me estás diciendo, pero tranquilízate.

-No si yo estoy muy tranquila, pero si me has dicho que suba para ver lo que he visto mejor me hubiese ido a casa.- Estaba a punto de echarse a llorar, porque ni ella misma sabía cómo explicárselo.

-¿Y qué has visto si puede saberse?- Probablemente lo mejor sería olvidar el asunto a juzgar por la expresión de Regina , pero no, no iba a dejar el tema así.

-Que toda tu puñetera oficina quiere enrollarse contigo y a ti parece hacerte gracia-La morena apartó la mirada de ella y suspiró como para calmarse.

-¿Y si así fuera?- La frialdad de aquellas palabras le hizo daño.

-No sé a qué te refieres.

-Sí, ¿qué pasaría si me apeteciera tener un lío con alguna de mis supuestas admiradoras?

-¿Me estás preguntando eso en serio?- Se sintió dolida ante aquella cuestión.

-Sí, porque que yo sepa tú y yo no somos nada. Na-da- Una bofetada le hubiese herido menos que aquellas palabras, las que por cierto eran totalmente ciertas. Regina escupía veneno por los ojos.- Por lo que no tienes derecho a exigirme ningún tipo de fidelidad.

-¿Ah, no? Pues entonces debería quedar a cenar con Graham, porque está deseoso de tener una cita conmigo.

-Hazlo- Esa afirmación casi le parte el corazón.-Pero si lo haces, olvídate de que existo.- Sólo pensar en la posibilidad de tener que apartarse de ella hizo que se le escapasen las lágrimas.-Ahora puedes llamarle para que te consuele.- La vio alejarse por la acera mientras ella seguía ahí, ahogándose de la angustia. Corrió tras ella.

-¡No!- le bloqueó el paso secándose los ojos. Regina la miró expectante, como esperando a que dijese algo- Me estoy volviendo loca…estás en mi cabeza todo el día, sueño contigo, sólo pienso en ti y…no puedo imaginar lo que haría si me dejaras de lado por alguna de esas que tienes ahí arriba. - Se miró los pies mientras intentaba serenarse.

-Mírame- el tono era autoritario.

-No…-ahora se sentía avergonzada por sus reacciones.

-Emma…- Al sentir una mano bajo su barbilla no hizo fuerza y acabó encontrándose con la mirada más llena de amor que jamás había recibido.- No tienes motivos para estar celosa…

-Prométeme algo…-Regina asintió- Si alguna vez tienes interés en alguien más, no me dejarás de lado.

-No seas tonta…

-No, Regina, te lo digo muy en serio. Yo quiero que seas feliz, me gustaría que encontraras a alguien que te de todo lo que tú te mereces….pero no sé si soportaría que me dejaras de hablar si alguien aparece en tu vida.

-Emma, sabes que eso no va a pasar…

-Prométemelo, por favor…

-Prometido- le dijo a la vez que le secaba un par de lágrimas- pero…yo en cambio no quiero saber nada de ese aspecto de tu vida. Quiero que seas feliz, por supuesto…pero si empiezas a salir con alguien, prefiero no saberlo. De hecho, me alejaría de ti, porque lo siento…yo no soy tan buena persona como tú, los años me han hecho más egoísta y no aceptaría esa situación. De una forma u otra te quiero sólo para mí.- Ahora fue ella la que asintió, ya habían tanteado por encima ese asunto pero nunca Regina le había dejado tan claro como hasta ahora que sólo eran ellas dos, que no podía haber nadie más. Entonces…¿tenía que estar siempre exclusivamente en esta relación , que en realidad no lo era, si no quería perderla? Porque sí…la morena era todo lo que podía desear, pero no eran pareja y nunca lo serían. Joder…la historia se complicaba por minutos. Lo mejor sería pensarlo luego tranquilamente en casa. –Venga,- le pasó un brazo por la cintura- vamos a tomar algo. ¿Y qué es eso de que sueñas conmigo?- se sonrojó al recordarlo.

-Sí…

-Cuéntamelo.

-Mejor no.- dijo mientras cruzaban la calle para ir a la cafetería en la que quedaron por primera vez.

-¿Por qué?

-Es que era un poco porno- Se le pusieron rojas hasta las raíces del pelo.

-Con más razón- Sólo pudo sonreír ante el gesto perverso de su cosi. Ahora, tras el disgusto, volvía a estar feliz y eso le daba miedo. Regina era la persona que podía hacerla más feliz y, a la vez, más desdichada de toda la faz de la tierra. Eso no podía ser bueno para su salud mental…

[…..]

-Tía, ¿de qué te ríes?- Belle llevaba toda la tarde con el móvil y desde hacía un rato no paraba de descojonarse. Hacía una semana que no se veían así que le estaba mosqueando tener tan poca atención por parte de la castaña.

-Pues que me están contando un cotilleo.

-¿De qué?- bebió un trago de su refresco.

-Es una tontería pero me ha hecho gracia, porque no me lo esperaba. ¿Te acuerdas de Regina Mills?- ¿Cómo no acordarse? Asintió con cierto pesar, no le gustaba mentir a Belle constantemente.-Pues una compañera mía de clase ha empezado a trabajar allí y me ha metido en una conversación de becarias de Mills & Co. Resulta que la tipa esa es lesbiana.

-¿Ah sí?- Joder, que tontitas eran todas las niñatas esas. ¿El tema del mes era la sexualidad de Regina?

-Sí, pero no es eso, es que tiene novia.

-¿Cómo?- Eso le interesaba más.

-Sí y por lo visto es de nuestra edad más o menos.- Ya se imaginaba que la gente habría sacado sus propias conclusiones sobre la relación que las unía.

-¿Y qué pasa por eso?

-Nada, que son muy burras y ahora resulta que la zorra de Regina las pone cachondas.- Entrecerró los ojos.

-Pero ¿no tiene novia?- Puñeteras todas.

-Sí, eso dicen y que les pareció muy mona el día de la fiesta de la empresa pero y que el otro día apareció en chándal y que de guapa nada de nada. Así que algunas están en plan exploradoras y quieren adentrarse en los mundos lésbicos de la mano de Regina Mills.

-¿Qué es fea la novia dicen?- ¿Pero qué se habían creído?

-Que iba hecha un cardo.

-¿Es que no se han parado a pensar que a lo mejor esa pobre chica no tuvo tiempo de cambiarse después de ir al gimnasio?

-¿Ahora defiendes a las que van en chándal?-Belle alzó una ceja.

-Es que no creo que deban andar por ahí criticando a la gente por su aspecto.

-Emma…¿qué te ha dado?- Vale, se estaba alterando de más. Quizás debería contarle a su amiga el porqué de su reacción pero…¿qué tenía que decirle? No era algo fácil de explicar sin que Belle llegase a la conclusión de todo el mundo, aquella de que Regina y ella eran pareja, lo cual no era cierto. De momento, lo mejor sería guardarse a su cosi para sí misma.

Pero fea ¿no? Se iban a enterar esas estúpidas.

[….]

Se miró al espejo del ascensor mientras subía. Se había puesto los shorts más cortos de su armario, los zapatos más altos que había encontrado y la camisa más transparente que tenía. Iba peinada y maquillada como si fuese a los Óscar. Así que cuando las puertas se abrieron caminó llena de seguridad hasta el despacho de Regina. Lentamente para que todos la pudiesen observar en condiciones.

Se detuvo en la mesa de Sidney. Ésta la miró de arriba abajo. Percibió la envidia en sus ojos y se sintió orgullosa, su trabajo en el gimnasio le costaba tener el cuerpo que tenía, pero en esos momentos no le pesaba ni un poquito lo de dedicarle tanto tiempo.

Con un tono bastante seco, la secretaria le indicó que la morena estaba en la sala de juntas reunida. Cuando llegó al lugar pudo ver desde fuera, a través de los cristales, que sólo había gente de su edad dentro. Así que supuso que habría algo como "convención de estúpidos becarios". A ver si ahora también la llamaban fea.

Llamó a la puerta con confianza, enseguida Regina se levantó a recibirla.

-¿Qué haces aquí?- Esa sonrisa fantástica era por ella y no por esa panda de imbéciles. Quería gritárselo a aquellas que la estaban escrutando.

-He venido a recogerte para ir a comer.

-Vale, aquí ya acabo. Siéntate un momento si quieres.- Tomó asiento al lado de Regina y mientras ésta concluía la reunión, ella se dedicó a mirar con suficiencia a las que sabía que la habían criticado. Incluso, le acarició la mano a la morena para consultar el reloj que ésta llevaba, para dejar claro que ella sí que podía tocarla. Sabía que todas querían estar en su posición, eso le hacía sentirse genial.

Cuando el encuentro acabó algunas se marcharon refunfuñando. Ella también se levantó pero Regina se quedó en su sitio, observándola mientras mordía la patilla de las gafas que solía usar para leer.

-Lo has hecho aposta ¿verdad?

-¿El qué?- preguntó lo más inocente que pudo.

-Venir vestida como la Barbie.

-¿Yo?- sonrió

-Has venido a marcar el territorio.

-¿Qué pasa que no te gusta mi atuendo?- se dio una vuelta sobre sí misma.

-Estás espectacular y eres consciente de ello.

-Venga, vamos- Cogió de la mano a Regina y tiró para levantarla.

-Hay algo que no me gusta- Comentó la morena mientras la miraba fijamente y muy cerca.

-¿El qué?- Cuando la mujer cambió la vista hacia sus pies sonrió.-Estoy muy alta ¿verdad?- La mujer asintió.- No te preocupes que llevo las botas en el coche.- Ambas rieron.

[….]

Estaban sentadas en unos de los merenderos que había cerca de la costa. Habían comprado unos bocadillos y habían decidido ir allí a disfrutar del día primaveral.

-Siento lo del otro día…- No había parado de darle vueltas a la discusión que tuvieron y se sentía ligeramente avergonzada por cómo reaccionó.

-Está olvidado- Sonrió ante la mirada de Regina, que apoyada sobre una mano la observaba embelesada.

-¿No fumas?- se extrañó al comprobar que aún no se había encendido ningún cigarrillo.

-Estoy intentando dejarlo…-Le pareció que la mujer se sonrojaba.

-¿Por qué?

-Porque es malo y…bueno, sé que te molesta.- Si es que era un cacho de pan.

-¿Cómo lo llevas?

-Pues hay veces que quiero asesinar a alguien, pero por lo demás bien. Me estoy pegando unos parches que dicen que te quitan las ganas…Aunque qué se yo…- Se miraron sonriendo durante unos instantes.

-Tengo algo para ti.- Rebuscó en su bolso, el cual había dejado a su lado en el banco.

-¿El qué?

-Déjame tu pulsera- Regina extendió la muñeca y ella la desabrochó para después ponérsela de nuevo con otro colgantito más.

-Infinito…-susurró Regina mirando el objeto.- ¿Por qué?

-Porque así es como lo siento…

-¿Sientes el qué?- la morena pasaba los dedos por el símbolo.

-Lo nuestro…- se miraron intensamente- es infinito.

Parte 2. Y hasta hoy

El despertador sonó demasiado temprano para su gusto y es que aunque era sábado, tenía cosas que hacer. Se levantó y se preparó un café. Como siempre, estaba sola en casa. Su padre vivía en otro país y su madre, como era habitual, estaba de viaje de trabajo.

En esos momentos , la verdad, que se alegraba de su soledad. Porque había llegado hacía unas pocas horas, con un pedo bestial y un chupetón en todo el cuello que la tonta de Emma le había hecho de coña. A Sophie le daría un infarto si se enterara de que la rubia cuando se pasaba con las copas hacía ese tipo de cosas, y es que su progenitora había creído en ocasiones que estaban liadas. Nada más lejos de la realidad.

Mientras disfrutaba de su desayuno, se fijó en que tenía un mensaje en el teléfono.

"Me parece increíble que me estés dando esquinazo después de todo"

Era Ruby…Se estaba poniendo muy pesada. Sólo se habían enrollado unas tres veces y apenas habían pasado de un par de besos, así que no era para ponerse en plan novia despechada. Le había dejado muy clara la situación: no iban a tener nada serio nunca, porque ella estaba enamorada de Gold. La camarera había estado de acuerdo en aceptar lo que ella podía darle, unos rolletes, así que ahora no viniese a presionarla.

Decidió que lo mejor era no contestar. No podía entretenerse en tonterías porque tenía que ir a la Asociación a hacer unas cosas y luego tenía academia de alemán.

Para cuando terminó de arreglarse se dio cuenta de que llegaba tarde. ¡Mierda! Metió todas las cosas en el bolso y salió disparada por la puerta. No sin antes taparse con una capa gigante de maquillaje y un pañuelo el mordisco del cuello.

El problema era que con tanto ajetreo se había hecho una enorme carrera en las medias, vamos que le cruzaba la pierna izquierda de arriba abajo como si fuesen los tres carriles de una autopista. Buscó entre las cosas las llaves para pasar a cambiarse, pero se encontró con otro problema ¡Se las había dejado dentro! Genial…otro de los "fantásticos" Belledays acababa de empezar. Jornadas en las que desde por la mañana todo le salía al revés.

Por suerte, Emma tenía una copia de las llaves de su casa porque esto solía pasarle, así que la llamaría y se pasaría a por ellas. Ruby se desmayaría si supiese que la "pato", así llamaba a la rubia, además de hacerle chupetones podía pasar a visitarla cuando quisiese.

Cuando, por fin , llegó a la sede de la Asociación sólo estaba Will. Suspiró consternada porque no se hablaban debido a lo que él había comentado acerca de ella hacía unas semanas. Así que pasó sin saludar y se sentó en su mesa habitual, mientras intentaba ocultar con su enorme bolso el roto de las medias.

Encendió el ordenador y se puso a revisar los documentos que tenía que terminar de rellenar. Tras unos minutos se dio cuenta de que Gold no le quitaba ojo de encima. ¿Ahora se dignaba a observarla? Como siguiese así lo iba a mandar un mucho a la mierda.

-¡¿Qué?!- preguntó ante tan atento escrutinio. ¿Habría visto la marca que llevaba? Imposible, estaba bien escondida.

-Belle…creo que te ha cagado un pájaro en el pelo.

-¿Cómo?

-Sí, ve al baño y mírate.

Salió a trompicones del despacho, de hecho se dio con el pico del escritorio en toda la pierna, pero no se quejó, porque su mayor preocupación era comprobar si tenía tal asquerosidad en la cabeza.

Una vez en el lavabo, comprobó que el chico tenía razón. Una enorme cagada de ave estaba extendida en un lado de su cabeza. Se limpió como pudo y maldijo al universo por haberle dado "tanta" suerte. Salió completamente roja por la vergüenza y volvió a centrarse en sus quehaceres haciendo caso omiso a la sonrisa de Gold.

Comió sola en una cafetería del centro y casi llega tarde a la academia de alemán. La clase fue un completo desastre debido a que la profesora la regañó por ser tan tremendamente nula en el idioma. Ya nada podía irle peor, hasta que miró que su móvil estaba sin batería y tenía que localizar a Emma para ir a por sus llaves. Así que decidió pasarse por su casa a ver si pillaba allí a la rubia.

Iba distraída, pensando en si debía contestar a los mensajes que Ruby le había enviado, cuando alzó la vista y miró hacia el bar que había a su izquierda. Desde fuera vio como Emma estaba sentada en una mesa. Se sintió aliviada por haber dado con ella sin demasiadas complicaciones.

-¡Tía!- dijo mientras se dirigía apresuradamente al lugar en el que estaba su amiga. Una vez a su lado notó que Emma la miraba con auténtico terror, pero hizo caso omiso a eso y tomó asiento en la silla que quedaba libre.

-¿Qué…qué haces aquí?- le preguntó la rubia bastante nerviosa.

-Pues que me he dejado las llaves dentro e iba a tu casa a por el juego que tienes tú, no te he llamado porque me he quedado sin batería, además se me han roto las medias, me ha cagado un pájaro…y he tardado tres horas en tapar tu maldito chupetón- Se estaba acelerando al hablar, cuando de repente se quedó muda, del baño salía su ex jefa, Regina Mills- ¡Mira, Emms!- bajó la voz- Si te das la vuelta tienes justo detrás a Regina Mills, la arpía que me echó. – Emma no se volvió, de hecho, sólo se había puesto como un tomate, mientras ella se quedaba blanca al ver que la mujer iba directa hacia ellas. De pronto, se percató del café que tenía delante, del teléfono que había sobre la mesa, el cual no era el de Emma, y del bolso que colgaba en el respaldo de su silla. Se levantó de un salto. ¿Qué leches estaba pasando ahí?

-¡Vaya! Señorita French, creo que no la esperábamos- dijo Regina tomando asiento en el lugar que ella acababa de dejar libre. Miró a Emma que partía servilletas como una posesa, sin siquiera mirarla.

-Hola…-No estaba segura de si la voz había llegado a salirle de la garganta.

-Coja una silla y siéntese a tomar algo con nosotras. - ¡Dios! Esa mujer la ponía nerviosa, porque la intimidaba tremendamente, así que como una autómata hizo lo que ésta le había indicado. Pero no dijo nada, sólo intercambiaba los ojos entre la morena y la rubia.

-Belle…-Emma sonrió levemente, como avergonzada- ¿te acuerdas del email que mandaste con mi cuenta?- ¡Joder! ¡No! No se acordaba de eso, pero ahora que tenía a la Mills delante sólo quería que un agujero negro la engullese.

-¿Quiere tomar algo, señorita French?- le preguntó una sonriente Regina.

-No, gracias, estoy bien.- En realidad, quería salir corriendo.

-Creo que no se esperaba esto- la mujer señaló a Emma y a ella misma.

-No…

-Emma, voy a hacer unas llamadas mientras le explicas un poco a la señorita French lo que tú consideres oportuno.

-Vale- Se fijó en como la morena pasaba la mano por el hombro de su amiga mientras se dirigía a la calle.

-¿Eres la novia de la que hablan las becarias?- Fue lo primero que se le pasó por la mente.

-Sí, pero no pienses mal…

-Ya bueno…es que no sabía que fueses tan amiga de Regina.- Estaba mosqueada, esto no era algo para ocultar.- Así que cuéntame…

-Pues…veamos…me contestó al mail que mandaste, luego se metió en el blog y le gustó…

-¡Oh, Dios! – se tapó la cara con las manos- ¿Ha leído todo lo que he escrito?

-Sí, pero no te preocupes que no se ha escandalizado ni nada por el estilo.-Sí, claro si se creía que Emma Swan la iba a tranquilizar sonriéndole dulcemente, iba lista- Le gustaron mis videos, empezamos a hablar , luego quedamos y hasta hoy…

-¿Y por qué se piensan que estáis liadas?

-Porque me llevó a la cena de la empresa para no ir sola, pero no hay nada raro. Somos amigas, me ayuda un montón en todo…creo que os caeréis bien.

-¿Bien? Por favor…si le mandé un correo poniéndola a parir.

-No te preocupes, que le he hablado genial de ti.- Como si eso le sirviese de consuelo…

Iba a decir algo cuando vio que la morena volvía. Regina tomó asiento y sonrió levemente.

-¿Qué tal su día, señorita French?- le preguntó observándola con esos intimidantes ojos negros.

-Cosi, puedes llamarla Belle. ¿A qué sí, Bellusqui? –Asintió. ¿Cosi? ¿Qué era "cosi"?

-Me llama "Cosi"- le explicó Regina, la cual pareció percatarse de su cara de confusión.

-Ah…- No entendía nada, demasiada información en poco tiempo.

-¿Qué tal la academia?- le preguntó Emma.

-La profesora me ha dicho que soy una inútil en alemán y tengo el examen del título en un mes.

-Pues Regina lo habla perfectamente, ¿a qué sí?- la morena pareció sonrojarse por la afirmación. Si no lo veía no lo creía, la estirada de la Mills poniéndose colorada. Desde luego, Emma y ella parecían tener mucha confianza.- Se me está ocurriendo algo…Cosi, ¿por qué no la ayudas?

-No, Emms, no hace falta…- No, por favor, no quería .

-Emma, no sé si es buena idea…- Mira en algo coincidían la morena y ella.

-Que sí…quedáis un par de días a la semana y seguro que Belli saca un diez en su examen. Por fi cosi…- ¿Qué pasa que sólo tenía que convencer a Regina? Como si ella estuviese deseosa de quedar a solas con su ex jefa.

-Está bien- suspiró la mujer tras unos segundos- ¿Qué tarde puedes, Belle?- Entonces, ¿Regina Mills iba a ser su profesora particular?

-Los martes y jueves los tengo libres…

-Muy bien , pero yo no, así que como imagino que los domingos no tienes nada que hacer, mañana a las 4 te espero en mi casa. Emma, luego le das mi dirección.- Recibió una cálida sonrisa por parte de la morena y no supo ni cómo contestar a eso.- Ah,- alzó un dedo, lo que parecía ser a modo de advertencia- como se te ocurra ofrecerme dinero por la ayuda te vas por donde has venido.- Tragó saliva. Entendido.

Estuvieron juntas las tres un par de horas más. Tiempo en el que ella apenas despegó los labios, es que Regina le parecía amable pero le daba miedo, para qué negarlo. Es que , a veces, le parecía muy brusca y no estaba del todo segura de que no estuviese molesta por aquel maldito email. Aunque Emma estaba tan a gusto en su presencia, como si la conociese de toda la vida. Pero claro, por lo que supo después por boca de la rubia, tenían muchísima relación.

Cuando se despidieron de Regina para ir a casa de su amiga a por las llaves, se percató de que llevaban idénticas pulseras. Sonrió, porque seguro que sería alguna payasada "made in Emma".

Una vez en la habitación de la rubia, ésta le resolvió todas las dudas que pudiese tener respecto a Regina. Así que se quedó más tranquila al comprobar que sólo eran amigas, que a la morena le gustaba cuidar de Emma y que ésta parecía tenerla como una especie de modelo a seguir. Por la manera en la que hablaba de la mujer, ésta debía ser bastante increíble, aunque bueno…lo que le parecía increíble es que a ella le estuviese empezando a caer bien la que antes le parecía una auténtica zorra.

Cuando llegó a casa se tumbó en el sofá y enchufó el móvil. Tenía varios mensajes de Ruby e incontables llamadas perdidas. Lo mejor sería seguir ignorándola para que se diese cuenta de que estaba siendo un poco pesada.

El teléfono le pitó. Emma le acaba de escribir.

Emma S: Te paso la dirección y el teléfono de Regi

Belle: ¿Sabes que sigo flipando verdad?

Emma S: Tía, eres una exagerada. No es para tanto…

Belle: Bueno…si tú lo dices. Pero…me da un poco de miedito…

Emma S: No muerde, es un peluchín.

Belle: ¿Recuerdas que me piró del trabajo?

Emma S: Ya, pero es que tampoco es que fueras una lumbreras.

Belle: Eres mala…

Emma S: En serio, sé maja y verás como os lleváis bien.

Belle: No sé…¿vas a hacer algo esta noche?

Emma S: Estudiar. Mañana te llamo.

Belle: Ok y alábame delante de Regina para que mañana no me haga mearme encima, por fiss…

Emma S: Sí, le diré que en tu grupo de becarias se la quieren trincar jajaj

Belle: Tía…

Emma S: Es broma, es broma…Hasta mañana, Bellusqui.

Belle : Ciao

Desde luego, era raro lo de Emma y Regina. Raro, raro…Pero total, ¿quién era ella para juzgar? Mantenía una relación secreta o lo que fuese, con una chica que apuntaba maneras de obsesiva.

Se estaba quedando dormida en el sofá cuando llamaron al timbre. Se extrañó porque no esperaba a nadie. Cuando abrió se encontró a Ruby apoyada en el marco de la puerta.

-¿Qué haces aquí?- preguntó a la vez que la empujaba hacia dentro para que no la viese ningún vecino cotilla.

-Como no contestas he decidido venir a verte…

-¿Y si llega a estar mi madre?- cruzó los brazos. No le gustaba que se tomara tantas confianzas.

-Sabía que no era así.

-¿Qué quieres?- Pero la chica no le contestó, sólo se fue acercando a ella lentamente hasta arrinconarla contra la pared. No, no…ya sabía por donde iba y tenía que mantenerse fuerte y no convertirse en una masa de carne ante la cercanía de la otra joven. –Será mejor que te vayas…- susurró cuando Ruby se situó a unos milímetros de ella. Ésta le respondió con un susurro.

-Échame…- Y otra vez perdió el control. Agarró a la camarera por las solapas de la chaqueta y la dirigió hasta el sofá. La lanzó sobre él. Después se colocó encima y comenzó a besarla fieramente.

Cuando quiso darse cuenta la parte de arriba de su pijama y su sujetador ya no estaban sobre su cuerpo. Ahora era Ruby la que se afanaba por cubrirlo con sus labios.

-¿Puedo?- le preguntó la chica antes de quitarle los pantalones.

-Por favor…- gimió.

Si le quedaba algo de cordura la perdió mientras una mano exploraba su lugar más íntimo a la vez que una lengua torturaba sus pechos. Eso….eso no se parecía en nada a lo que había pasado con Gastón. No sabía como lo hacía Ruby, pero ella pasaba de ser alguien coherente a quedar privada de toda fuerza de voluntad y eso no podía ser nada bueno.

Así que…¿podía enfadarse con Emma por ocultarle que era amiga de Regina cuando ella se estaba callando algo de tal magnitud?


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