¿Quién se merece un premio a la rapidez? Me estoy comportando con las actualizaciones ¿eh? Pero es que sois unos soletes y con tanto apoyo, pues es que no me puedo negar...

Última parte del mes de mayo.

Espero que os guste mucho, mucho ;)

Un beso.

MAYO

Parte 3. Eres perfecta.

Miró de nuevo el reloj, ¿dónde demonios se había metido Regina? Miró a su madre de reojo y pudo percibir lo nerviosa que estaba, no dejaba de mover las manos.

No estaba segura de que este almuerzo fuese una gran idea, pero es que no había podido decir que no. Porque al principio fue su madre la que insistió, pero al final Regina acabó pareciendo más interesada que nadie.

Pero la morena no llegaba. Miró el móvil cuando le sonó :

R Mills: ¿Dónde estáis?

Belle: En la fuente que hay justo en medio del centro comercial.

R Mills: Acabo de aparcar. Subo. Hasta ahora.

Belle: Ok

-Ya viene.- le dijo a su progenitora que simplemente observaba a todas las mujeres que pasaban- Está en el parking.- Sophie asintió.

Parecía una pared de frío mármol. Apenas pestañeaba. Pero conocía lo suficientemente bien a su madre para saber que se achantaría frente a Regina. Porque con ella se cumplía aquello de "perro ladrador, poco mordedor".

-Ahí está- dijo al ver que la morena acababa de doblar la esquina y venía directa hacia ellas. Sonrió para sí, ya que se había arreglado bastante. Llevaba un vestido rojo con escote y no muy largo, unos zapatos negros de al menos 13 cm y una gabardina del mismo color. Si es que cada vez lo tenía más claro; de mayor quería ser como Regina Mills.

-¿Es la del pantalón vaquero?- Torció el gesto, al ver que su madre creía que Regina era una mujer con mucho peor aspecto que el que tenía en realidad.

-No, la morena de rojo- Se fijó en cómo Sophie abría los ojos con asombro. Sabía perfectamente que ni en mil años, su madre hubiese pensado que Regina fuese tan espectacular.

-Hola…- le dijo la morena dándole un beso en la mejilla. Después miró a su madre y estiró la mano- Regina Mills.

-Sophie French- contestó su progenitora respondiéndole el gesto a la morena.

-¿Vamos a comer?- preguntó la Mills. Belle estaba segura de que no se iba a andar con rodeos y que iba a ser muy directa.

-De acuerdo…-contestó su progenitora.

Eligieron un restaurante japonés. Tras pedir la comida, Regina y Sophie comenzaron a hablar de temas triviales: viajes, libros… Se sorprendió al ver que su madre y la morena tenían puntos en común. Se sintió aliviada, porque ambas parecían relajadas, incluso parecían disfrutar de la amena conversación, y que no sólo estaban hablando por cortesía. Ella, en cambio, estaba totalmente en silencio, más que nada porque no tenía cosas que añadir, prefería que se tratasen entre ellas.

-Bueno…- comenzó a decir Regina una vez que tuvieron delante las viandas- Sophie, ambas sabemos que no estoy aquí para hablar de banalidades. ¿Qué quieres saber?

Se percató en cómo se madre se tornaba de un color rojo. Si es que sabía que esto iba a pasar; había soltado delante de ella sapos y culebras, y ahora delante de Regina se quedaba muda.

-No sé qué te habrá contado Belle,- dijo tímidamente la mujer rubia- pero entiende que me parezca extraño que seas amiga de mi hija…dada la diferencia de edad. – Sabía que su madre se estaba muriendo de la vergüenza al hablar, si es que luego era un cachorrito.

-Entiendo tu posición, por eso no me importó concertar esta cita. Pero creo que para que entiendas esto, primero debes conocer mi historia…- Si es que era imposible no admirarla, estaba ahí, siendo críticamente observada y permanecía impasible, como si el asunto no fuese con ella. Se reafirmaba en lo antes pensado, de mayor quería ser como Regina Mills.

-Está bien…- Sophie asintió.

-Mi pareja murió hace 7 años, desde entonces he estado sola. Se llamaba Daniella, era italiana y empezamos a salir siendo muy jóvenes… Yo era un culo inquieto que se estaba buscando la vida de país en país, hasta que la encontré…- Estaba sorprendida por cómo la morena estaba relatando su vida sin problemas, a ella nunca le había contado la historia de aquella manera- Puedo decir que fue amor a primera vista, porque Daniella, simplemente era perfecta. Irradiaba luz allá por donde iba y , no te creas, que me costó bastante conquistarla. Pero no desistí, tenía claro que iba a ser mi mujer. Vivimos varios años en el extranjero pero , al final, volvimos a Storybrooke y nos establecimos. Yo nací aquí. Montamos la empresa y todo fue perfecto, creo que nos completábamos tanto que no tuvimos necesidad de tener hijos. Además, que soy una egoísta, era mía y no pensaba compartirla…hasta que una enfermedad se la llevó. - se fijó en cómo a Regina se le aguaban los ojos- Así que bueno…dejé de vivir, existía, pero todo lo que hacía era ir de casa al trabajo, del trabajo a casa… Se me agrió el carácter, respiraba porque tenía que hacerlo, no porque quisiese. – Nunca la había visto tan vulnerable como en aquellos momentos- Hasta que conocí a Emma y Belle. Y sé que no es fácil de entender, pero vuelvo a tener algo en lo que pensar, más allá de mis propias penas.

-Entiendo…-Sophie parecía pensativa- pero creo que es comprensible que me preocupe.

-Totalmente, además, creo que deberías quitarte de la cabeza la idea de que tu hija en gay - ¿Cómo? Miró a Regina con los ojos muy abiertos, pero si le había contado todo lo de Ruby…¿estaba mintiendo por ella? No podía ser, porque la morena odiaba la mentira- Porque estoy al 100% convencida de que Belle es heterosexual, al igual que lo creo de Emma.

-Es que últimamente está muy rara y…- La mujer removió la comida que había en su plato. Regina sonrió en señal de comprensión.

-Todos cuando somos jóvenes pasamos por épocas de confusión, pero te lo digo sinceramente, creo que no tienes de qué preocuparte con Belle…

-Me sigue resultando raro que no te aburras con ellas.

-¡Mamá!- Exclamó ofendida. Regina se rió.

-No somos tan distintas, después de todo…Aún así me gustar tener cerca su frescura y vitalidad. Me sacan de mi rutina y, créeme, es algo que agradezco profundamente.

-¿Cómo las conociste?- Joder, si es que le estaba haciendo un interrogatorio…

-Belle fue becaria en mi empresa. Mills & Co.

-¿Eres la dueña de Mills & Co?- Claro, es que ese "pequeño" detalle su madre no lo sabía. Pero todo el mundo en Storybrooke conocía la empresa de Regina.

Cuando terminó el almuerzo, Regina y Sophie se estrecharon las manos. Ya sin tanta tensión de por medio. Ella se acercó a la morena, le dio un beso y le susurró un "Gracias".

-No hay de qué- respondió la mujer, que después se volvió y comenzó a alejarse.

-¿Estás ya más tranquila?- le preguntó a su madre mientras caminaban hacia la salida del centro comercial.

-No me la esperaba así…

-¿Así cómo?- No entendía a lo que se refería.

-No sé, es que es muy guapa, muy femenina, viste muy bien…No sé, no me parece lesbiana. – Le dirigió a la mujer una mirada asesina. ¿Qué pasa que para ser gay tenías que llevar camisa de cuadros? Le crispaba los nervios.

-Entonces, ¿sigues pensando que hacemos tríos?

-Nunca he pensado eso.

-Ya, seguro. Ahora no vayas de inocente.

-Creo que está sola y con vosotras en su vida tiene algo por lo preocuparse, más allá del trabajo. Sois como las hijas que nunca tuvo.

Sonrió encantada por la respuesta. Regina era tan fabulosa que había borrado los temores de su madre de un plumazo. Cada día admiraba más a esa mujer de principios firmes, sincera, fuerte, cariñosa y que las trataba como si fuesen "algo suyo" desde siempre.


Se subió al ascensor que bajaba hasta el aparcamiento y se apoyó en una de las paredes. Suspiró pesadamente a la vez que cerraba los ojos. Cuando los abrió se encontró frente a frente con su reflejo. Y por primera vez en 45 años no se reconoció a sí misma. ¿Quién era esa mujer que la miraba al borde de las lágrimas y qué había hecho con Regina Mills?

Se había pasado toda su existencia siendo una abanderada de la sinceridad. Presumiendo de ir siempre con la verdad por delante, manteniéndose fiel a sus pensamientos y sentimientos sin importar las circunstancias. ¿Y qué era lo que había sucedido hoy? No sólo había mentido, sino que había traicionado sus más férreos principios.

Se había sentado frente a Belle y su madre, y durante dos horas les había hecho creer que era una persona perfecta de moral inquebrantable. Insinuando una y otra vez que todo lo que sentía por las chicas era un amor fraternal.

Una vez en el parking, anduvo rápidamente y se subió a su coche. Se agarró al volante intentando calmarse. Pero volvió a cruzarse con la inquisidora mirada oscura en el espejo retrovisor. ¿Qué pensaría Sophie si conociese la verdad? ¿Y Belle? Sabía que la chica la admiraba, ¿volvería a mirarla de la misma manera si supiese que estaba enamorada de Emma?

Apoyó la frente sobre el volante y sollozó. Ojalá nunca hubiese conocido a Emma…Y no por ella, no, sino por la rubia. Porque en el fondo de su alma sabía que le estaba destrozando la vida. Últimamente la notaba más decaída, menos feliz, más aislada del mundo y muchísimo más delgada…La joven se lo justificaba con los estudios, pero no era tan ingenua cómo para creerla.

Ella ya había vivido todo lo que se suponía que tenía que vivir, pero Emma no. ¿Tenía derecho a pedirle que se quedara siempre a su lado? Desde luego no la estaba obligando, porque sabía que la chica sentía "cosas" por ella. Pero, quizás, su sola presencia la estaba marchitando.

No sabía qué pensar respecto a toda aquella historia, sólo que no podía pararla. Porque el sólo pensar en perder a Emma, hacía que se le detuviese el corazón. Emma eran sus ganas de vivir, su sonrisa de todos días , su ilusión, su alegría y sus mayores temores….Probablemente estaba siendo egoísta, porque se suponía que ella era la responsable de la relación y estaba consistiendo que se alargase, aún a sabiendas de qué nunca iba a ser algo "real".

De momento podían conformarse con cogerse de la mano, tener citas y abrazarse durmiendo… Pero no era estúpida. Y era plenamente consciente de que algún día alguien aparecería en la vida de Emma, alguien con quien las cosas fuesen más fáciles, que la hiciese sentir bien y querida, con quién no le hiciese falta mentir. Y ese día, tendrían que decir adiós, por muy doloroso que resultase el asunto.

Ahora mismo mataría por un cigarrillo. Así que rebuscó en la guantera por si tenía algún chicle con el que calmar la ansiedad. Estaba en ello cuando el móvil le sonó. Era Emma y no estaba de humor para fingir que todo había ido bien. Aunque, en realidad, la comida había sido perfecta, pero no cómo se sentía ella en esos momentos.

-Emma, te llamo luego ¿vale?- Respondió.

-Vale…pero ¿todo bien?- parecía ligeramente preocupada.

-Sí, sí…te llamo luego, es que tengo que volver a la oficina.

-De acuerdo…Un beso, cosi- Sabía que no la había dejado muy convencida.

-Hasta luego, preciosa.

Por lo menos en algo quería ser sincera, así que arrancó y puso rumbo a Mills & Co. El trabajo la ayudaría a dejar de darle vueltas al asunto.


Regina la había dejado preocupada. Pero tras una conversación con Belle, en la que su amiga le había relatado con pelos y señales el encuentro entre su "cosi" y Sophie, ahora se sentía mucho más tranquila.

Aunque en parte se sentía culpable, porque Belle estaba encantadísima con la Regina protectora que la quería como a sus hijas, y ella sabía que no era así. En ocasiones, envidiaba a su amiga… tenía a Regina en su vida, sin necesidad de complicársela. En cambio ella…

-Emma…¡la cena!- Se levantó de la silla de su escritorio y anduvo hacia la cocina. Mary Margaret estaba sirviendo los platos.-¿Qué tal el examen de mañana? – le preguntó una vez que hubo tomado asiento.

-Bien…¿Y papá?

-No sé que hace. ¡David! Ven a cenar. – Le escuchó contestar desde algún lugar de la casa. A los segundos apareció en la cocina.

-Perdón, es que no sé qué le pasa a mi ordenador, pero va fatal.- El doctor Swan se sentó en su sitio, parecía ofuscado.

-Ah, pues Emma el otro día trajo a una mujer para que se lo arreglase. Es la tía de Belle. – dijo Mary Margaret mientras le pasaba un vaso a su marido.

-Sí…-contestó con una vocecita mientras rogaba al universo que a ninguno de los dos se le ocurriese la fantástica de idea de pedirle que llamase a la "tía de Belle".

-¿Hermana de Sophie?- Preguntó su padre mientras devoraba su filete.

-No…de Maurice. - ¿A qué venían tantas preguntas?

-Creía que toda la familia de Maurice vivía fuera. – Odiaba cuando su madre se ponía en plan cotilla y más con este asunto.

-Estaba de visita- Quería cambiar el tema de conversación pero no sabía cómo.

-Me pareció guapísima. Regina se llamaba ¿verdad?- Asintió al comentario de su madre.- Como Belle es igualita que su madre, nadie diría que son familia- Sonrió ligeramente.

-¡Oh, vaya! Pues habrá que llamar a la tal Regina si el ordenador sigue sin funcionar- Ja ja ja…¡Qué gracioso era su padre! ¡Ni de coña! Cuando se fuesen a dormir iba a mirar el aparato, pero por sus narices que lo arreglaría, porque por nada del mundo iba a traer de nuevo a la morena. Mucho menos la iba a juntar con David. No después de lo del blog.


-Belle me está escribiendo. – le dijo Emma mientras ella seguía buscando un aparcamiento.

-Que no se queje tanto, porque ya podría haber elegido un sitio con aparcamiento,que llevamos una hora dando vueltas- Todavía no entendía cómo se había dejado convencer.

Bueno, en realidad, sí que lo sabía. Con el lío de los exámenes apenas si había visto a Emma en las últimas semanas, así que con tal de pasar el rato con ella era capaz de cualquier cosa. Hasta dejarse liar por Belle para ir a una discoteca nueva, la cuál, según decían, estaba muy bien.

Una vez que consiguieron estacionar el coche, ambas bajaron. Se miró en el reflejo del automóvil; había intentado "rejuvenecerse" a través de la ropa, así que llevaba unos pantalones negros que parecían vaqueros, camisa granate trasparente, con otra negra debajo y unos botines de tacón, que estaba segura que acabarían matándola. El pelo lo había peinado como siempre. Emma llevaba puesta una gabardina, así que no sabía que llevaría debajo de la prenda.

En la entrada del establecimiento se encontraron con Belle, la cual sonrió en cuanto las vio. Tras saludarse entraron.

¡Uff! No recordaba este tipo de sitios: música alta, luz escasa…Aguantaría por las chicas, pero no se sentía excesivamente entusiasmada. Lo bueno, es que no había sólo niñatos. Incluso diría que los clientes eran más cercanos a su edad que a la de las jóvenes.

-Tía, no hay ni el tato- dijo Emma dirigiéndose a Belle. La verdad es que lleno no estaba.

-Luego se llenará, es pronto.

-¡Vamos a pedir!- exclamó la rubia mientras se deshacía de su abrigo y lo colgaba de un perchero. Casi se queda sin aliento cuando la vio: ¡llevaba un vestido de cuero negro! Estaba…estaba…-Cierra la boca- le susurró la chica al oído.¡Mierda! La había pillado.

-¡Chupitos!- gritó Belle una vez que estuvieron en la barra. Abrió los ojos horrorizada cuando el camarero les dio una bandeja con al menos 20 pequeños tragos. Después sonrió perversamente. Hoy vería a la Emma Swan ebria que tan graciosa podía llegar a ser.

-Quitaos – les dijo a las chicas mientras depositaba un billete en la barra. Jamás las dejaría pagar, no estando ella.

-Queríamos invitarte- dijo Emma con su tono más angelical.

-¡No!- recogió la bandeja de las bebidas y se dirigió hacia unos sillones que había cerca de la entrada. Tomó asiento en uno de ellos, las jóvenes la imitaron. –Yo no pienso beber de eso.- contestó a la mano extendida de Emma, ofreciéndole uno de los pequeños vasos.

-Venga, Regiiii…- Belle le replicó.

-Ni lo soñéis, yo voy a por mi gin tonic.- Se dirigió de nuevo a la barra y cuando regresó con las chicas, apenas si pudo dar crédito de lo que veían sus ojos…¡Más de la mitad de los chupitos habían desaparecido!

-Cosi, ¡ven aquí!- Emma la cogió de la cinturilla del pantalón y la acercó hacia el lugar en el que estaba sentada. Después se levantó, mientras rozaba su cuerpo con el suyo ligeramente. Le apartó la camisa, lo suficiente para dejar su hombro al descubierto y echó sal sobre su piel.

-¿Qué haces?- No entendía qué era lo que pretendía.

-Chupar- le contestó la rubia para inmediatamente después pasar la lengua lentamente por el lugar que había cubierto de sal. Sintió como se le paraba el corazón. Cuando acabó, Emma se separó y le guiñó el ojo. Después se bebió el chupito sin dejar de mirarla fijamente.

Cuando la chica volvió a tomar asiento como si nada, ella se bebió su copa de un trago. Creía que no había sentido tanto calor en toda su vida. Fue de nuevo a pedir. Esta vez cuando vio que la bandeja estaba vacía, no se extrañó. Estas niñas tragaban que daba gusto.

-Vamos a bailar- Belle tiró de ellas hacia la pista de baile.

Al principio, no le entusiasmaba la idea de seguirles el ritmo. Pero después, le hacían tanta gracia que acabó uniéndose a sus payasadas. La música que ponían no entraba dentro de sus gustos, pero tenía que reconocer que era bastante rítmica.

-¡Esperad!- gritó Emma de repente poniéndose frente a Belle y ella. -¡Foto!- la rubia rebuscó en su bolso y sacó una pequeña cámara. Después le dio en el hombro a un hombre que estaba al lado y gesticuló para que les tomara la fotografía. – Tú en medio, cosi- Sonrió, sobre todo cuando sintió la mano de Emma en su cintura.

-¿Sabíais que sois como los ángeles de Charlie?- comentó el chico mientras les devolvía el aparato.

-¡Ah, pues es verdad!- exclamó Emma. -¿Nos echas otra posando como con pistolas?

-Ni de coña- murmuró ella. Pero cambió inmediatamente de opinión cuando los enormes ojos de la rubia la miraron como si fuese un corderito. –Está bien…

Durante 5 minutos, permaneció estática en el medio, simulando tener un arma en las manos, mientras las chicas hacían posturas varias. Lo cierto es que eran un auténtico espectáculo.

Al fotógrafo improvisado se le unió otro hombre que comenzó a observarlas sin pestañear. Parecían ser amigos.

-¡Morena!- le gritó el recién llegado una vez que volvieron a comportarse normalmente- ¿Cómo te llamas?- Vale, eso sí que no.

-No te interesa- contestó en el tono más agrio posible.

-Eres borde. Eso me pone- No estaba dispuesta a que un imbécil les torciera la noche, así que empujó a las jóvenes hacia el otro extremo de la discoteca.

-¿Qué pasa?- preguntó Belle, que como siempre no se enteraba de nada.

-Que nuestra Regi acaba de ligar con un jovenzuelo- Emma parecía divertirse con el asunto, pero a ella no le hacía ni pizca de gracia.

-Es que estas buenorra, Regina- Comentario estrella de la castaña.

Decidió olvidarse del tema e ir a pedir unas copas. Aunque ella ya iba a tomar algo sin alcohol porque tenía que conducir.

Al volver se fijó en que el tonto de antes la seguía.

-¡Morena!- gritaba a sus espaldas- ¿No me vas a decir tu nombre?- Optó por ignorarlo, porque si no…

Intentó hacer como que no estaba, pero es que les estaba cortando todo el rollo. No dejaba de decirle "morena", mientras ella intentaba bailar un poco. Se estaba poniendo de mala leche.

-Voy al baño- dijo Belle tras acabarse su enésima copa. No entendía dónde podían meter tanto alcohol.

-¿Qué te pasa?- Emma se acercó a ella. Su respuesta consistió en un gruñido, es que el estúpido ahora estaba "mandándole" besitos aéreos.- Es que no estás acostumbrada, cosi…- la rubia miró al hombre- pero hay gente muy pesada. – El tono de la chica le hizo saber que probablemente ya había tomado demasiado alcohol, arrastraba mucho las palabras.

-Nunca te había visto beber así- comentó.

-Es que contigo nunca bebo- Frunció el ceño.

-¿Por qué?- Si previo aviso, Emma le pasó las manos por la cintura y la llevó hacia la pared más cercana. Sintió que no tenía escapatoria, ya que la rubia prácticamente la tenía aprisionada contra el muro.

-¿Quieres saberlo?- El aliento cálido de la chica en su oído casi le hace perder el sentido. Ya era la segunda vez en la noche que hacía que le temblasen las rodillas. Tragó y asintió con dificultad. – Es que creo que el alcohol puede hacerme vencer todos mis miedos…- Se mordió el labio al percatarse que Emma lo había dicho sin despegar los ojos de su boca. Cuando sintió que esta se acercaba lentamente, creyó que lo estaba soñando. Quizás no era todo tan complicado…Quizás, al fin, podría besarla. Iba a cerrar la distancia entre ellas cuando la voz de Belle la sacó del mágico momento.

-¿Qué hacéis?- preguntó la castaña mirándolas extrañada.

-Nada, quitándole de en medio al pesado ese- Emma lo dijo como si nada. ¿Cómo podía ser si ella estaba a punto del infarto?

Sin decir nada, corrió hacia la barra. Ahora era ella la que necesitaba un chupito.

[….]

Aparcó enfrente de la casa de Belle sin dificultades. Las chicas se iban a coger un taxi, pero dado el estado etílico de las dos, había decidido llevarlas.

Nada más detener el auto, la castaña se bajó, clamando por aire fresco. Al parecer tenía ganas de vomitar.

-¿Estás bien?- le preguntó a la rubia que tenía los ojos cerrados en el asiento del copiloto.

-Sí- recibió una sonrisa y la mirada de los iris claros.

-Creo que Belle no está en muy buenas condiciones…- la chica se había sentado en el escalón de su portal.

-Siempre acaba vomitando, no es nuevo.

-No me extraña, bebéis una barbaridad…

-Regina…- el tono de voz de Emma era más intenso- gracias.

-¿Por qué?

-Porque sé que has hecho el esfuerzo por mí, el de salir a una discoteca y eso…- explicó la joven.

-Sabes que me gusta conocer todas tus facetas.- Se estiró y le colocó el pelo detrás de las orejas, ya que le cubría la cara. Emma agarró una de sus manos, concretamente la que portaba la pulsera que ambas compartían.

-Eres perfecta- la rubia levantó el abalorio del infinito y lo besó.

Sonrió mientras la joven se bajaba del coche. Ella sí que era perfecta.


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