Sí, me he retrasado. Sorry.

Esta humilde escritora de fanfics está súper agradecida por todos vuestros comentarios, me animáis un montón. Gracias de corazón.

Espero que os guste ;)

Pd; Para tí, por todo :))

JUNIO

Parte 1. Lo siento, pequeña.

Sólo llevaba 5 minutos andando, pero ya estaba hasta las narices de los enormes tacones que se había puesto. ¿A quién se le ocurría? Pues a ella, que a veces se sorprendía por sus propias estúpidas ocurrencias.

-¿Entonces cuántos años decías que tiene tu amiga?- le preguntó Mulán por enésima vez.

-Tía, te lo he dicho como mil veces, tiene 45. Y es atractiva, así que no le eches las babas encima que nos conocemos. –Desde que habían programado la cita con Regina, le había hecho varias veces la misma advertencia a su amiga. Es que Mulán había veces que perdía un poco los papeles, así que por eso se lo volvía a repetir.

-Belle, sabes que sólo tengo ojos para ti. –contestó la joven.

-Ya, ya, ya…Y del viaje calladita, que Emma no sabe que va.- Bastante le estaba costando a ella guardar el secreto, como para que llegase Mulán a jorobar la sorpresa.

-¿Y qué le habéis dicho para que Regina y yo nos conozcamos?

-Pues nada, que íbamos a quedar las tres y que te has apuntado. - Sacó el móvil para mirar si tenía algún mensaje de Emma, porque habían quedado directamente en el restaurante, en el que se llevaría a cabo la presentación Regina-Mulán. Y conociendo a la rubia, no estaba segura de que fuese puntual.

La pantalla del teléfono indicaba que tenía un mensaje. Torció el gesto al ver quién era el remitente.

"¿No estabas enamorada de Gold? Porque veo que no le haces ascos a salir con tu amiga Mulán por Towney. ¿Buscando a otra a la que engañar?"

¿Cómo demonios sabía Ruby eso? Levantó la cabeza y observó a la gente que había en la calle, intentando reconocer a la camarera entre ella.

-¿Pasa algo?- le preguntó su acompañante ligeramente preocupada. Su extenso suspiro debía de haberle llamado la atención.

-No nada- Negó- Mira, ya llegamos- Abrió la puerta y pasó al lugar en el que iban a cenar. Divisó a Regina y Emma en una mesa al fondo. Se encaminó hacia ellas con paso rápido, aunque prestando atención al resto de clientes del local. El mensaje de Ruby le había dejado mal sabor de boca. – Hola, chicas- saludó.

Tras las presentaciones oportunas, pidieron la cena.

-Entonces, ¿cuándo os vais de viaje?- Preguntó Regina una vez que tuvieron la comida delante. Sabía que estaba sacando el tema para ponerle a Emma los dientes largos y que luego le hiciese más ilusión la sorpresa. Hasta ese momento sólo habían tratado algunas trivialidades, con el afán de que la morena y Mulán pudiesen encontrar algún punto en común.

Lo cierto, es que ella no estaba segura de que la relación fuese a funcionar bien, porque Regina tenía ciertos principios y valores que escasamente coincidían con los de la asiática. Emma y ella, eran más formales en muchísimos sentidos y sabía que la mujer apreciaba eso, en cambio, Mulán era una especie de "espíritu libre", un encanto de niña, pero que poco tenía que ver con lo que la morena podía esperar de alguien que aspirase a tener su amistad.

-En agosto- contestó Mulán.

Charlaron animadamente sobre el festival, sobre lo que harían, imaginaron mil y una hipotéticas situaciones que podrían ocurrirles a Mulán y a ella. Regina estaba siendo perversa, porque parecía que cuanta más envidia expresaba Emma, más les preguntaba.

A sus ojos, esta noche, Regina parecía mucho más jovial de lo habitual. Aunque le daba la impresión que era sólo una pose, como si quisiese integrarse en el grupo cambiando su forma de actuar. Y no estaba segura de que eso fuese buena idea, porque sí, Mulán parecía comodísima, pero quizás podría llegar a tomarse confianzas que acabarían disgustando a Regina.

Salió de sus cavilaciones cuando su móvil sonó.

"¿Con quién estás liada? ¿Con la pato, el machote asiático o la vieja?"

Se quedó blanca. Giró la cabeza muy lentamente. Lo de la calle tenía un pase, pero…¿estaba Ruby en el restaurante? Se le comenzó a formar un nudo en la garganta…Pero si parecía que se había tomado bien que pusiese fin a su relación, ¿por qué ahora hacía esto?

Se levantó sin dar explicación y se dirigió al baño. Se apoyó en el lavabo y respiró hondo…Unos segundos después, Emma apareció por la puerta.

-¿Qué pasa?¿Estás embarazada?- la rubia la miró interrogante.

-¿Cómo?-¿Qué estaba diciendo?

-Sí…es que no sé…tienes una cara de susto.

-Ruby…- le entregó el móvil para que mirase los mensajes.

-Pero…¿no le habías dicho que ya no querías seguir con ella?- Asintió- ¿Entonces?

-No sé…últimamente me la encuentro en cada esquina, pero esto de que me haya seguido me parece una locura.

-¿Quieres que la llame y le cante las cuarenta?

-No, es mejor que no. Porque entonces creo que la cabeza ya se le va a ir del todo.- Se guardó el aparato en el bolsillo y se volvió para mirar su reflejo en el espejo. No tenía buena cara.

-Te has portado con ella como una cerda…- Emma le volvió a reiterar su opinión sobre el asunto "Ruby", ya que consideraba que sólo había utilizado a la camarera para satisfacer su curiosidad sexual y luego la había dejado tirada como una colilla.

-Pero, ¿es normal que me acose?

-No, pero está loca y ya te seguía antes de que te la tiraras, deberías haberlo pensado mejor antes de…

-Ya, no me sermonees. Vamos fuera, que van a pensar que nos han secuestrado.

Regresaron a la mesa y tomaron asiento como si nada. Aunque ella no podía dejar de estar inquieta, Ruby estaba cerca y no sabía dónde. Eso la alteraba tremendamente, pero no quería ser una aguafiestas.


El local estaba a reventar. Tuvieron que abrirse paso casi a codazos para poder llegar a la barra. Como siempre, pidieron unos chupitos para ir "caldeando" la noche. Aunque con el vino que habían tomado durante la cena no estaba muy segura de que eso les hiciese falta.

Observó por encima a las chicas que había en la discoteca, por si Ruby estaba entre ellas. Le había cabreado lo de que estuviese siguiendo a Belle. Porque , vale, a ella no le gustaba la forma en que su amiga había actuado con la camarera, pero no iba a consentir en que una estúpida niñata le amargase la vida a la castaña. No, por encima de su cadáver.

-¿Este es el sitio al que soléis venir?- le preguntó Regina observando el lugar.

-Sí, pero hoy está llenísimo. – Entregó las copas a sus acompañantes y se dirigieron hacia la pista de baile. Encontraron un rincón vacío.

-Regina…me suena tu cara…-dijo de repente Mulán. Parecía una frase cutre para ligar, lo cual era raro, porque en el restaurante había estado bastante cohibida.

-Sí,- contestó ella- según tus propias palabras es "la típica señora que pfff…".- La asiática se quedó pensativa.

-¡Ah, sí! ¿Eres la del mercedes?- la morena asintió- Claro, nos cruzamos contigo delante de tu empresa.

-¿A qué te referías con esa frase?- Regina alzó la ceja mientras preguntaba.

-Pues…-la chica se sonrojó.

-Que estás buena, cosi. – Sonrió mientras Mulán la fulminaba con la mirada. Si ya no es que se llevasen muy bien, iba ganando puntos. Pero "a lo hecho, pecho".

-¿Estoy buena?- Esta vez los ojos oscuros estaban fijos en ella.

-Creía que eso ya lo sabías- Regina sonrió perversamente ante su respuesta. Después ésta se acabó la copa de un trago- Luego dices que soy yo la que bebe…

-Una noche, es una noche ¿no?- la morena le guiñó el ojo y volvió hacia la barra. Se fijó en cómo caminaba contoneándose y en cómo algunas chicas no le quitaban ojo.

-Emma…¿por qué le has dicho eso? Me da vergüenza…- Mulán estaba claramente molesta.

-Tú lo dijiste, apechuga. – Se acercó un poco a Belle que parecía ausente- No le des más vueltas…- Sabía que estaba pensando en Ruby.

-¿Y si está aquí?

-No, ya he mirado.

Cuando Regina volvió se pusieron a bailar, ésta parecía muy suelta. Tanto que siempre llevaba una copa en la mano y parecía la mayor bailarina de la historia. No entendía cómo podía moverse así dentro de su ajustado vestido azul. Estaba muy graciosa.

Se dio cuenta de que Mulán sólo le prestaba atención a Regina y que ésta le seguía las bromas. Siendo sincera no le molestaba en absoluto, porque la morena parecía divertirse y ella era consciente de que la asiática no tenía nada que hacer contra su persona.

-Emma, la de gafas de tu lado te va a entrar…-le dijo Belle que era la que más sosa estaba.

-¿Me la quitas?- Su amiga era una experta en quitarle moscas.

-Ok- Antes de que su supuesta pretendienta atacase, Belle la cogió de la cintura y le dio un beso en el cuello. Después miró a la que iba directa hacia ella. La joven se dio la vuelta cuando vio la situación.

-¿Qué pasa?- preguntó Regina que había detenido su baile al percatarse de la posición que ellas tenían.

-Lo de siempre…Emma es un imán para las mujeres, así que le he tenido que espantar a una, porque se la estaba comiendo con los ojos y ya iba a venir a ver si se la comía con algo más. – Belle y sus explicaciones de persona que no se entera de nada. La morena frunció el ceño, pero no dijo nada. Se dio la vuelta y fue a pedir de nuevo.

Apenas si se dieron cuenta cuando Regina volvió y les entregó las copas a las que, como siempre, las había invitado. Estaban demasiado entretenidas observando el espectáculo que dos chicas estaban dando sobre la tarima. Siempre se acababan riendo de la gente que se subía ahí a hacer bailes ridículos. Belle y ella sólo habían subido a echarse un par de fotos porque se lo pasaban mejor carcajeando desde abajo.

Se volvió para ver que hacían Mulán y su "cosi". Ésta última estaba fijaba en ella. La miró interrogante por si pasaba algo, pero Regina no habló, sino que le dio su vaso a la asiática y con paso decidido se acercó a la tarima. Levantó los brazos y las que estaban arriba la ayudaron a subir.

Parpadeó varias veces, como para cerciorarse de que era cierto lo que estaba viendo; Regina Mills estaba contoneándose sobre un mini escenario en un local gay, de esos que tanto odiaba.

-¿Qué está haciendo?- le preguntó Belle, que tenía los ojos como platos mientras observaba a la morena.

-No tengo ni idea…- Se quedó aún más asombrada cuando Mulán se unió a la mujer.

-Como sigan bailando así a Regina se le van a ver todas las bragas.- Asintió ante el comentario de su amiga.

Probablemente debería reaccionar ante lo que su "cosi" estaba haciendo, pero es que no daba crédito a lo que estaba presenciando. Regina bailaba como una estrella del pop, mientras Mulán le hacía la réplica, mientras la mitad del local estaba pendiente del espectáculo. Sentía una terrible vergüenza ajena.

La chica de gafas que antes pretendía entrarle, se colocó a su lado.

-No es por meterme donde no me llaman, pero creo que vuestras amigas están dando un espectáculo bochornoso. – dijo

-Nadie te ha pedido opinión- contestó Belle.

-Pero lleva razón…- dijo para sí misma, mientras se abría paso hacia el lugar donde estaba Regina. Una vez allí miró hacia arriba. La morena sonrió muy contenta al mirarla y le hizo gestos para que subiese, pero no era lo que pretendía. Le pidió a la mujer que se agachase y una vez que lo hizo, la cargó en brazos y la dejó en el suelo.

-¿Qué se supone que estás haciendo?- El tono de la mujer denotaba enfado y la manera en que arrastraba las palabras indicaba que había tomado muchísimo alcohol. ¿Cuántas copas se habría bebido?

-Pues evitar que la gente siga riéndose de ti.

-Claro, porque seguro que si sólo se hubiese subido Mulán el asunto te hubiese resultado divertido, pero te avergüenza que una señora de mi edad haga eso.

-Regina, no digas tonterías.

-No, Emma…el problema que tienes son mis años, que te molesta que me comporte como vosotras porque no me pega.

-Es que las estupideces se pueden hacer a cualquier edad.

-Creo que ha sido un error traeros a la "mami" a este lugar.

-Mira, piensa lo que quieras. – Se dio la vuelta para buscar a Belle que hablaba con Mulán unos metros más allá. – Será mejor que nos vayamos.

-¿Está enfadada?- preguntó la castaña.

-Está insoportable y como una cuba. Voy a llevarla a casa.

-¿Quieres que te acompañe?- Dudó unos segundos, pero luego asintió. Porque si tenía que escuchar a Regina diciendo insensateces hasta su casa, probablemente la acabaría abandonando en el arcén de la autopista.

Salieron a la calle, mientras Regina se quejaba sin parar. Una vez fuera, le pidió las llaves del coche.

-¿Me vas a llevar a casa?- la morena alzó la ceja con sorna.

-Sí, no estás apta para conducir.

-¿No te da vergüenza tener que llevar a "mami" a casa?- Dijo a la vez que se las entregaba.

Caminó con paso firme hasta donde sabía que la morena había aparcado, ya que habían ido juntas a Towney. Ésta iba detrás con Belle.

El trayecto hacia la mansión blanca fue un auténtico infierno. Pero ella no contestó a ninguna de las provocaciones de Regina, que intentaba hacerla sentir mal haciendo hincapié en la diferencia de edad existente.

No entró al trapo pero estaba muy cabreada, porque la morena sabía perfectamente que el lunes se iba a Boston, a un curso sobre nuevas técnicas medicinales al que se había apuntado, y que no se verían hasta el siguiente fin de semana. Ese en el que haría 22 años. Y es que en vez de intentar que la noche fuese bien, se había pillado una cogorza impresionante y no dejaba de intentar molestarla.

Miró por el retrovisor, Belle miraba por la ventanilla muy seria. Seguramente no entendía a qué venía tanto reproche, pero la verdad es que ella tampoco comprendía semejante actitud.

Cuando llegaron, Regina ya llevaba un rato en silencio, para suerte de todas. Se bajó del coche sin decir palabra, Belle y ella hicieron lo mismo.

La morena iba haciendo eses por el camino de entrada. No entendía cómo todavía no se había roto un tobillo, según iba andando, con los taconazos que llevaba.

-Podéis iros – les dijo la mujer sin volverse, metiendo la llave en la cerradura.

-¿Llamo a un taxi?- preguntó Belle con una vocecita apenas imperceptible.

-No quiero dejarla así- susurró para que Regina no la escuchase.

-¿Nos quedamos?

-Sí, va a ser lo mejor.

-Vale- la castaña le dedicó una ligera sonrisa.

Antes de que Regina les diera un portazo en las narices, se metieron dentro. Bueno, ella se coló y Belle pasó medio temblando. Le hacía gracia que su amiga le tuviese tanto miedo a Regina, aunque siendo realistas, en esos momentos, no le faltaba razón.

-¿Vais a pasar aquí la noche?- la dueña de la casa las miró con desdén.

-Sí- contestó firmemente.

-Muy bien, ya sabéis donde está el cuarto de invitados. – Se volvió y tambaleándose se dirigió hacia las escaleras.

Subieron los escalones en silencio detrás de Regina. Ésta intentaba ir recta, pero se había tropezado tres veces.

Una vez arriba, Belle fue directa hacia la habitación que les correspondía. Ella siguió a la morena hasta su habitación. Cuando estuvieron dentro, cerró la puerta tras ella.

-¿Estás bien?- la Mills tenía mala cara.

-Perfectamente- gruñó la mujer mientras intentaba inútilmente desabrocharse el vestido.

-¿Te ayudo?- Regina sonrió pícara ante su pregunta.

-¿Quieres aprovecharte de mí estando borracha?- negó sonriendo a la vez que se colocaba detrás la mujer y le bajaba el cierre.

-¿Tienes ganas de vomitar?

-No, estoy bien- Le dijo metiéndose en la cama y tapándose hasta arriba. Mejor para ella porque había intentado no mirar mucho el conjunto de ropa interior negra que ésta llevaba. –No creas que es la primera vez que me paso bebiendo, que ya tengo muchos años. –Estaba pesadita con la edad- Apaga la luz y vete a dormir con tu amiga. – Se dio la vuelta en el lecho, así que le hizo caso.

Belle la estaba esperando, todavía con la ropa puesta, sentada en un pico del colchón del cuarto de invitados.

-¿Cómo está?- le preguntó

-De un humor de perros. Además, me preocupa que haya bebido tanto, no está acostumbrada…

-¿Por qué no te vas a dormir con ella?- miró sorprendida a la castaña- Es que si necesita algo pues no nos tiene que buscar…- la chica se encogió de hombros.

-Vale. Hasta mañana, Bellusqui.

Respiró hondo antes de entrar a la habitación principal. Cuando pasó se fijó en que Regina dormía como un bebé. Ella se puso su habitual pijama sin encender la luz y sin hacer ruido. Después ocupó su lado de la cama. El sueño no tardó en vencerla.

[….]

Labios rojos. Una cicatriz. Tacto suave. Te quiero…Manos sobre piel. Gemidos. Regina…

Se despertó sobresaltada. Mierda. Un sueño inconexo. No tenía claro en qué había consistido, pero sí que trataba de Regina y que de casto tenía poco.

Cuando se tranquilizó se dio la vuelta intentando dormirse de nuevo, pero al escuchar un profundo suspiro, abrió los ojos. Se le secó la boca.

Frente a ella, Regina dormía fuera de las sábanas y en ropa interior. Ahora sí que no pudo evitar fijarse en el conjunto negro. Bragas y sujetador de un encaje realmente bonito, colocados sobre un cuerpo más precioso aún.

Sabía que no estaba bien lo que estaba haciendo. Pero no podía apartar la mirada del pecho que subía y bajaba, del estómago liso y de las piernas perfectamente torneadas. Si es que Regina era su demonio particular, con un cuerpo hecho para el pecado.

Un demonio que tenía cara de ángel cuando dormía. Alargó una mano temblorosa y rozó los labios que aún estaban pintados de un rojo intenso. Se detuvo en esa cicatriz que tanto le llamaba la atención.

Parecía que algo la estaba llamando a sumergirse en aquella marca tan perversamente colocada.

Se apartó de golpe cuando cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo. Necesitaba apartarse de la tentación , así que se levantó y tras arropar bien a la morena, bajó al piso de abajo. Necesitaba desintoxicarse de aquella piel que parecía llamarla a gritos desde la planta superior.

Pensó en que ya era hora de estrenar la piscina de Regina, esa que se había pasado años abandonada, pero que por petición suya la mujer había arreglado.

Salió al jardín trasero y sin pensarlo dos veces, se deshizo de la ropa y se lanzó al agua. Estaba congelada, pero en esos momentos era lo que necesitaba; mucho frío que calmase el fuego que estaba recorriéndola.

Nadó durante una hora, hasta que vio que amanecía. Después pasó dentro y se tumbó en el sofá a ver la tele.

Al rato, Belle apareció por la puerta.

-¿Por qué estás ya levantada?- le preguntó su amiga tomando asiento a su lado.

-He estado nadando.

-Tía, estás obsesionada con el deporte- Ya…con el deporte. Seguro.-¿Cómo está Regina?

-Bien, durmiendo como una princesa. ¿Quieres que preparemos el desayuno para cuando baje?

-Vale.


Unas risas lejanas le hicieron abrir los ojos. Bueno, las risas y un terrible dolor de cabeza. ¿Quién le mandaba beber como si tuviese 20 años? Ah, no, que era peor, que había bebido más que las de veinte.

Se tapó la cara con la almohada. Estaba dolorida y avergonzada, pero no podía quedarse todo el día tapada bajo la manta. Así que se levantó como pudo, se lavó la cara, se adecentó el pelo y se vistió con unos vaqueros y un jersey.

Según iba bajando las escaleras, el olor a café se hacía más fuerte. Ahora mismo necesitaba una gran taza de líquido humeante.

Antes de que pudiese siquiera saludar, Belle le extendió la bebida que tanto deseaba y Emma le entregó un plato con tostadas. Una náusea hizo aparición al ver la comida.

-Sólo café- Se sentó en un taburete y pegó un enorme trago.

-¿Cómo estás?- Al alzar la vista se encontró con la preocupada mirada de Emma.

-He estado mejor- Sabía que había tenido un comportamiento inaceptable la noche anterior y eso le hacía estar de mal humor.

Las chicas parecieron percibir que no tenía muchas ganas de conversar, así que desayunaron en silencio. Después recogieron todo de la misma manera, mientras ella se fustigaba mentalmente.

Una estruendosa música proveniente del exterior, hizo que Belle saliese del mutismo que se había establecido en la casa.

-No puede ser…- dijo la joven que parecía atemorizada.

-¿Qué pasa?- preguntó Emma.

-No me lo puedo creer- Belle soltó el plato que estaba secando y salió de la cocina. A los segundos volvió con cara de haber visto un fantasma. –Ruby está fuera.

-¿Cómo?- preguntó saliendo de su silencio.-¿Te está siguiendo?

-Anoche nos siguió- contestó Emma- Le mandó mensajes para que lo supiese.

-Ya, pero es que ahora está en la puerta de mi casa con la música del coche a toda leche…- Se levantó de su asiento, porque no iba a consentir ese tipo de niñerías . Y una cosa era que Belle hubiese sido una zorra con esa chica y otra muy distinta que la siguiese, más que nada porque eso podría considerarse un delito. Así sin pensar mucho en ello, abrió la puerta de la entrada y caminó hacia el coche rojo, en el que una joven estaba apoyada. –Tú, baja la música- espetó.

-¿Por qué?- le preguntó Ruby con chulería.

-Porque lo digo yo.- Su mirada intimidatoria pareció hacer efecto y la de las mechas rojas, bajó el volumen. –Y , ahora, escúchame bien…Sé que estás despechada, dolida y mil cosas más…pero como vuelvas a seguir a Belle o a alguna de nosotras, te vas a arrepentir toda tu vida del momento en que se te ocurrió la fantástica idea de acosar a la gente.

-¿Y qué me vas a hacer si puede saberse?

-No quieras saberlo, ahora vete si no quieres que llame a la policía y espero no tener que volverme a cruzar contigo.

-Me voy, pero que sepas que Belle no se ha librado de mí tan fácilmente.

-Eso ya lo veremos- Se cruzó de brazos y fulminó con la mirada a Ruby mientras se montaba en el coche.

-Adiós, puta. – gritó la chica antes de salir disparada.

Belle y Emma que había observado la escena desde la ventana, estaban sorprendidas por su reacción. Desde luego, no era su estilo enfrentarse a crías, pero es que no estaba dispuesta a que las siguiera. Valoraba demasiado su intimidad.

[…]

Su humor no había mejorado para cuando las chicas decidieron que era hora de marcharse. Habían llamado a la madre de Belle para que fuese a buscarlas. La verdad, es que ella no se sentía muy bien como para conducir, porque la cabeza le estallaba.

Cuando Sophie llegó, Belle salió y se subió enseguida al coche. Agradeció el gesto porque no quería que la mujer decidiese pasar a saludarla, no le apetecía en absoluto.

-Me voy…- dijo Emma mirándola un poco triste.

-Vale. Hasta luego.

-Mira Regina , yo sé que tienes resaca y que no estás de humor para hablar de esto pero…

-Llevas razón, no estoy de humor.

-¡Joder! No te voy a ver en una semana ¿y así quieres que nos despidamos?

¡Mierda!¡Bostón! Emma se iba de viaje y ella comportándose como una imbécil.

-Lo siento, pequeña…- suavizó el tono y sonrió con arrepentimiento.

-Bueno venga…- la rubia se acercó a ella- te dejo que me comas a besos…

La abrazó y le susurró varias veces que la perdonase.

-Te voy a echar mucho de menos…-dijo una vez que se separaron.

-Y yo a ti.- le contestó la joven- Tengo que irme, pero te llamo luego. Te quiero, cosi.

-Yo a ti más.

-No, porque al conocer la perra gruñona que llevas dentro, me he dado cuenta que amo todas y cada una de tus caras. Por lo que esta batalla la gano yo, porque yo soy más adorable y más fácil de querer.- sonrió como una idiota ante esas palabras. Desde luego que lo era.

Cuando Emma salió, se echó las manos a la cabeza. Se había comportado como una auténtica idiota.

Después suspiró, la rubia acababa de irse y ya la necesitaba de vuelta.


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