Gracias por los RW, los follows, los favs...GRACIAS.
Espero que os guste el capi y no desesperéis que el beso llegará :))
Gracias de nuevo.
Junio
Parte 2. Te presento a Henry.
Cuando el timbre sonó, dejó el trapo sobre la encimera de la cocina y fue directa a recibir a su invitada. Belle sonrió en cuanto abrió la puerta.
-Hola, Bellusqui- la chica se acercó y le dio un beso en la mejilla. La joven no regalaba gestos de cariño, pero sabía que, a pesar de que le costaba, con ella hacía el esfuerzo.
Esa tarde no trabajaba y había llamado a Belle para invitarla a comer y pasar un rato juntas.
La falta de Emma le estaba resultando insoportable. La rubia volvía al día siguiente, pero ya estaba tan desesperada por no tener muchas noticias sobre ella que había decidido cubrir la falta con la otra chica. Que no es que no quisiera a la castaña y le agradase su compañía pero, obviamente, no era lo mismo.
-¿Qué has hecho de comer?- Belle se acercó a la olla que había en el fuego una vez que pasaron a la cocina.
-Pollo. Ve poniendo la mesa.
Mientras ella terminaba de cocinar, la castaña preparó la mesa del salón. Diez minutos después estaban sentadas, degustando el guiso junto a un buen vino.
-¿Sabes algo de tu acosadora?- Belle no le había contado nada después de la discusión que ella tuvo con Ruby el domingo anterior.
-No, pero no canto victoria. Está loca .
-Y tú fuiste una inconsciente, no sé en qué estabas pensando el día que te acostaste con ella. Y lo peor, es que encima creo que te gustan los hombres y sólo lo hiciste a modo de experimento. Por lo que podrías haber elegido a cualquier desconocida, no a la loca de tu barrio. – Ya había tenido esta conversación con la joven anteriormente, pero tenía la necesidad de volver a reafirmarse en su opinión, porque sentía que Belle estaba muy perdida en muchos aspectos y probablemente sólo necesitaba alguna especie de guía. Aunque dados sus antecedentes, dudaba mucho que ella pudiese servir de modelo a alguien, no con lo que estaba pasando en su vida. Pero la chica que tenía enfrente la tenía en alta estima, se sentía admirada por ella y por eso creía que tenía la obligación de mostrarle su opinión acerca de los pasos que daba, a pesar de que puede que sus ideas la molestasen.
-¿Tan segura estás de que soy heterosexual?
-Sabes que sí.- Belle le inspiraba ternura en cierta manera. No le parecía la persona más inteligente del mundo, pero creía que era muy buena chica y que a ella la quería muchísimo, a pesar de que no hacía mucho que se trataban.
Durante el almuerzo trataron diversos temas, después recogieron y se acomodaron en el sofá. Estuvo enseñándole fotos de cuando ella era más joven.
-¡Madre mía, Regina!- exclamó Belle al llegar a una foto en la salía en bikini- Aquí estás espectacular.
-Es de unas vacaciones en Tailandia. Debía de tener 25 o 26...¿Quieres una copa o tienes que marcharte ya?- Se levantó y miró a la joven.
-No, esta noche he quedado con Ariel para salir, pero ahora no tengo que hacer nada.
-Vale- Fue a la cocina y sirvió un par de gintonics. Después regresó a la salita, pero por el camino se le ocurrió algo…- Te voy a enseñar una cosa- dijo a la vez que le extendía la copa a Belle.
-¿El qué?- preguntó la joven con la curiosidad reflejada en los ojos.
-Espera aquí…- Fue al despacho y abrió el cajón en que sabía que tenía el retrato que quería enseñarle. Regresó sonriendo perversamente. Belle la esperaba con la curiosidad pintada en el rostro- No le digas a Emma que te la he enseñado, porque dice que es de su propiedad, pero creo que tienes derecho a verla- Le extendió la foto a la chica, que alargó la mano despacio, ligeramente temerosa.
-Guau… Regi, ¿eras modelo?- Sonrió con satisfacción. Esa era de sus mejores fotografías. En blanco y negro con el pelo ligeramente alborotado, chaqueta de cuero y maquillaje oscuro. Todo mientras miraba fijamente a la cámara con el cuerpo ladeado. Emma se quedó enamorada de la imagen nada más verla, tanto que tenía una copia en miniatura que llevaba en la cartera.
-¿Te gusta?
-Estás preciosa. ¿Éstas son las hechas por ti?- preguntó Belle señalando el álbum que tenía sobre el regazo. Ahí estaba recolectado parte de su "arte". Desde que Emma le había regalado la cámara había vuelto a dedicar algo de tiempo a la fotografía, pero no como antes.
-Son rincones del mundo, retratos de mis viajes.
Belle estuvo bastante tiempo absorta en las imágenes. No preguntaba mucho por ellas, pero ella le fue narrando la historia que había detrás de cada una. Parecía fascinada.
-¿Sabes algo de Emma?- preguntó a la vez que servía otro par de copas.
-Sé que viene mañana. Me ha escrito un poco, pero cuatro tonterías.-Había preguntado porque ella no había tenido tampoco muchas noticias de la rubia. Unos cuantos mensajes y un par de llamadas bastante escuetas. No estaba molesta, porque entendía que debía de estar muy ocupada con el curso. Además,ya quedaba poquísimo para su regreso.-Pero por lo que he visto en Facebook, se lo está pasando estupendamente, no sé qué estudios estará haciendo pero sólo va de fiesta en fiesta- ¿Cómo?- ¡Ah, sí! También ha hecho un evento para su cumpleaños.
-¿Va a hacer fiesta de cumpleaños?- ¿Por qué demonios ella no sabía nada de todo eso?
-Sí, en su casa. Luego iremos a una discoteca que está muy de moda.
-¿Y sus padres? ¿La dejan celebrar allí el evento?
-Salen todos los fines de semana con unos amigos, así que no hay problema- ¿Fin de semana? Pero si estaban a viernes y Emma regresaba mañana por la tarde, ¿Cuándo iba a ser la celebración? Porque podría afectar seriamente a sus planes.
-¿Cuándo es la fiesta?
-Mañana por la noche. Tendré que ayudarla porque viene casi directa del aeropuerto.-Efectivamente, tendría que cancelar todo. Había reservado en uno de los restaurantes más bonitos de la ciudad y tendría que llamar para anular la reserva. ¡Joder! Eso sí le molestaba, que Emma no le hubiese avisado acerca de lo que pensaba hacer por su cumpleaños.
-¿Y no estará muy cansada?
-Pues probablemente, pero Emma es inagotable. ¿Quieres ver las fotos que ha subido?- Esta chica era un fuente genial de información. Sonrió interiormente.
-Si quieres…-lo dijo desinteresadamente, como si en realidad no se estuviese muriendo de ganas por ver a qué estaba dedicando el tiempo la rubia.
Belle cogió su tablet y comenzó a enseñarle las últimas imágenes de Emma en la famosa red social.
Intentaba aparentar tranquilidad, pero con cada foto se iba cabreando más y más. Emma agarrada a un tío, Emma en medio de 7 chicos, Emma en brazos de otro que no había salido en ninguna de las anteriores… Y todo con vestidos extra cortos y copa en mano, la copa nunca faltaba.
No sabía si le gustaba esa Emma, la Emma que sólo era una joven de 21 años y que no era suya. A lo mejor la había endiosado de alguna manera y por eso le molestaba lo que estaba viendo…aunque siendo realista, no era extraño para alguien de su edad.
-Emms…creo que alguien está vomitando en tu baño.- Se volvió hacia Belle que la miraba ligeramente aturdida. La castaña había bebido tanto que le extrañaba que no fuese ella la que tuviese la cabeza metida en la taza del váter.
-Da igual, mejor ahí que en la alfombra.- Sonrió y de nuevo se concentró en lo que estaba haciendo; experimentar en la creación de varios tipos de chupitos- ¿Quién quiere probar?- preguntó a sus invitados a la vez que se subía a una silla. Notó como alguien le tiraba hacia abajo del vestido.
-Se te ve todo- le dijo Belle desde el suelo.
-Exagerada. Bueno, niños y niñas ¿Quién quiere?- Whale, Mulán y Belle fueron los más valientes. Pero hicieron varias muecas al probar sus mezclas, así que fue ella la que acabó bebiéndose casi todos los vasitos.
Cuando abrió todos los regalos, se comieron todos los dulces, se cansaron de cantarle feliz cumpleaños y se terminó la bebida, decidió que ya era hora de que se marcharan a la discoteca.
Echó un último vistazo a su casa antes de salir. Su madre iba a matarla y con razón.
Se montó con Belle en el ascensor, ya que ésta la había esperado mientras cerraba, y en el trayecto hacia el piso de abajo se hicieron unas cien fotos. Aunque estaba segura de que en todas sacarían la misma cara, porque no habían cambiado de posición, es que las bolsas que llevaban hasta arriba de botellas vacías no les permitían moverse mucho.
August abrió la puerta del montacargas desde fuera. Al parecer llevaban cinco minutos paradas, sólo fotografiándose.
-Sois muy tontas- dijo el joven que sólo la miraba a ella. En realidad, sólo había tenido ojos para ella en toda la noche.
August era el primo de Belle que vivía en Nueva York, solía ir a Storybrooke en verano y ella era consciente de que estaba coladito por sus huesos desde que tenía uso de razón. De hecho una vez, cuando tenían 16 años, se enrollaron en la playa. Fueron un par de besos inocentes, pero al parecer al chico le había marcado aquello.
Tras dejar la basura en el cuarto de residuos, fueron dando saltitos hacia la salida. Pero antes de llegar a ella, August tiró de su brazo y la volvió a arrastrar hacia la oscuridad del portal. Belle se reunió en la calle con el resto de invitados.
-¿Qué pasa?- le preguntó al chico, que la miraba intensamente con esos bonitos ojos claros que tenía.
-Quería felicitarte.
-Ya lo has hecho- se encogió de hombros.
-Pero de otra manera…- percibió que el moreno se iba acercando a ella lentamente. ¡Iba a besarla! Tenía que reaccionar y frenar aquello, pero no sabía cómo hacerlo. Para su suerte el móvil le sonó e interrumpió el momento. Se apartó, sacó el aparato del bolso y lo señaló para excusarse.
Belle le preguntaba que si se iban a la discoteca sin ella. Casi corrió hacia la salida para evitar que la dejaran sola con August. El chico era guapo, muy simpático y todo un partido, pero no podía ser…
Cuando se encontró en la calle con los asistentes a su fiesta, se percató de que su teléfono tenía registrado otro mensaje, a las 00:01. Era de Regina.
"Cuenta la leyenda que en el pecho de un fría reina se guardaba el corazón que no latía. Era un misterio cómo aquella mujer seguía estando con vida cuando su órgano más vital se había roto.
Todos la temían porque sus sentimientos se evaporaron el día que su latido se detuvo, por eso estaba sola en su castillo, el cual parecía blanco por fuera pero, en realidad, era muy oscuro por dentro. Sólo era un rincón plagado de recuerdos que a la reina le recordaba lo desdichada que había llegado a ser.
Ya no había esperanza para aquella olvidada mujer, ella había aceptado su destino; nunca volvería a sentir calor, ni alegría, ni ilusión, ni amor…Triste ¿verdad?
Pero el universo es caprichoso y en su camino puso a una princesa de cabellos dorados.
La recién llegada acunó a la monarca en sus brazos sin preguntar, porque ella sí que creía en que pudiese sanar. Para ello le entregó su tiempo, su juventud y su vitalidad. ¿Y qué pasó?
Que el corazón volvió a latir, pero ya no era de la reina. No, ahora se movía en nombre de la princesa.
¿Por qué? Ninguna lo entendió.
Sólo hubo algo que la reina tuvo claro y así se lo hizo saber a la joven. Si volvía a apreciar los amaneceres y los atardeceres, si volvía a soñar por las noches y a sonreír por las mañanas, si volvía a saber lo que era la felicidad …era por ella.
Y algo le pidió; nunca me dejes. A lo que la princesa contestó: para siempre.
Celebro todos y cada uno de los días de tu vida. Feliz cumpleaños, Emma.
Te quiero.
Regina. "
Sonrió como una estúpida y miró la hora. Eran las 4 de la mañana. ¿Cómo diablos no había visto antes el mensaje?
Se sintió fatal consigo misma, porque aparte de tener muy abandonada a Regina durante toda la semana, hoy no la había llamado y encima había leído su felicitación varias horas después. Tenía que enmendar sus acciones.
-Belle…-se acercó a su amiga que charlaba animadamente con Whale.
-¿Qué? ¿Nos vamos ya?
-Me tienes que hacer un favor.
-¿Cuál?
-Te acuerdas lo que te dije del perro ¿no? – al contemplar la cara de desconcierto de la castaña decidió aclararle mejor el asunto- Lo de que me tuvieses listo el perro para mañana.
-Ah, sí…está en la sede.
Hacía un par de meses que se había enterado que una perrita de una de las protectoras con las que colaborara la asociación de Belle, iba a tener cachorritos. Así que quiso adoptar uno y le pidió a su amiga que lo tenía que tener para el día de su cumpleaños. La joven había cumplido, porque el perrito, que era un labrador negro, estaba en la sede la asociación esperando a que ella al día siguiente lo recogiese. El problema era que lo quería ahora y no sabía si Belle iba a aceptar.
-Bien, pues…¿podemos ir ahora a recogerlo?
-¿Ahora? Emma, tú estás loca.
-Por fa…-puso su tono más angelical.
-Hemos bebido, hay que coger el coche…ni lo sueñes.
-Mira; vamos en taxi, que yo pago- aclaró al ver el gesto de Belle-, luego volvemos en taxi también, tú te vas a la disco y yo me voy a darle el perro a Regi.
-¿Vas a ir a casa de Regina a estas horas?- parecía sorprendida.
-Claro.
-Te va a matar.
-No, Regi sólo come Bellusquis inocentes- guiñó el ojo.
Diez minutos después estaban en la asociación, ella con su cachorro en brazos. Era una monada de animal.
-Gold me va a matar- comentó la castaña mientras rellenaba con mano temblorosa una ficha de registro. No sabía cómo era capaz de escribir con lo que había bebido.- Ya podías haber esperado…porque Gold me va a matar…
-Tía, qué pesada eres …No te va a matar. Encima que le estamos dando hogar a esta cucadita. ¿A que sí? ¿A que sí?- alzó al perrito y comenzó a hacerle carantoñas.-Eres tan guapo…
-¿Cómo le vas a llamar?- preguntó Belle mientras intentaba apagar las luces del lugar.
-Aún no lo he pensado.
-¿Y si Regina no lo quiere?
-Lo querrá, créeme- sonrió perversamente.
No se podía creer que estuviese así, mirando el móvil cada diez segundos por si Emma había contestado a su felicitación. Es que si después de cinco horas no había obtenido respuesta, estaba claro que hasta mañana se quedaría con las ganas. De seguro estaría divirtiéndose con sus amigos y ni siquiera se habría fijado en su texto.
Debería dormirse…pero es que no podía. Sólo estaba echada en la cama, en la oscuridad, por si en algún momento brillaba la pantalla de su teléfono.
Se sobresaltó cuando escuchó el timbre. Un visitante a esas horas no podía significar nada bueno. Se cubrió su escueto camisón negro con una bata de seda del mismo color y bajó temerosa las escaleras.
Cuando abrió, una rubia se echó a sus brazos. Estaba sorprendida y enfadada a la vez, así que no correspondió el gesto.
-¿Qué haces aquí?- preguntó mientras Emma aún tenía la cabeza escondida en su cuello.
-Vengo a que me felicites- Apestaba a alcohol. Seguramente debería parecerle tierno el acto, es decir, había venido a las tantas de la madrugada sólo para verla. Pero es que prefería esperar, a que la chica condujese con varias copas de más en sangre. -¿Estás enfadada? – Emma le rodeó con las manos la cintura y la miró con su cara más angelical.
-Es tarde y has bebido. No sé qué pretendes.
-Te echaba de menos…- la joven se apretó más contra ella, lo que hizo que sus rostros quedasen a escasos centímetros. Se deshizo del agarre de la rubia y se cruzó de brazos.-No te enfades…¡Tengo algo para ti!- Emma saltó y corrió hacia su coche.
Mientras estaba reclinada sobre el asiento de atrás del vehículo, se le veía la ropa interior. Es decir, si ella se la estaba viendo, quién no se la habría visto esa noche. Aunque bueno, si es que daba un poco igual, el escueto vestido de encaje amarillo dejaba poco a la imaginación.
La chica regresó muy sonriente y con las manos detrás de su cuerpo. Algo escondía.
-¿Me prometes que vas a ser buenecita y no te vas a poner como una furia?- Esa pregunta significaba que lo que fuese que Emma le tenía preparado, no le iba a gustar.
-No te prometo nada- Se ajustó mejor la bata y alzó la ceja a la espera de que la rubia le enseñase lo que tenía detrás.
No le dio tiempo a pestañear cuando delante de sus narices tenía un cachorro de color negro.
-Te presento a Henry- exclamó la joven mientras le movía las patitas al animal. -¿A qué es una monada?
-¿Te han regalado un perro?- preguntó ligeramente escéptica, porque se le estaba ocurriendo otra posibilidad y esa no le agradaba en absoluto.
-No…es para ti.- contestó con su voz más dulce.
-¿Cómo? Espero que esto sea una broma, porque creo que te he dicho mil veces que no quiero animales.- Emma le había insinuado varias veces la posibilidad de regalarle una mascota para que no estuviese siempre sola, pero ella se había negado en rotundo. Al parecer no se había explicado lo suficientemente bien.
-Pero, cosi…mira que carita…- la joven estiró los brazos para acercarle al cachorro.
-Ahora mismo tengo ganas de estrangularte. Vienes a las 5 de la mañana tambaleándote por el alcohol y me traes un perro, cuando te he repetido mil veces que no quiero.
-No te enfades, cosi- le estaba desquiciando la manera en que la chica extendía la última letra de las palabras. – Te he traído algo más.- Entornó los ojos, porque no se fiaba mucho de lo que pudiese ser.
Emma se sacó del bolso una especie de cuadernillo, el cual consistía en unos folios de colores grapados. En la portada estaba escrito "Diario de viaje de Emma".
-¿Esto qué es?- preguntó alzando la vista del objeto.
-Léelo- la mirada ilusionada de la rubia casi la hace enternecerse, pero no, las cosas no eran así.
Se centró en el escrito, aunque al no tener las gafas le costaba un poco enfocar. Aún así lo intentó.
"Día 1 de aislamiento
Querida cosi;
Mi talento literario es nulo, pero hoy me apetece escribir. Y esto no ocurría desde que a los 9 años le contaba los secretos a mi diario rosa…
Pero estoy en una ciudad extraña, es de noche, muy tarde…y te echo terriblemente de menos.
Escucharte durante 5 minutos no es suficiente, si no fuesen las 4 a.m te llamaría, pero puede que mi compi de cuarto acabase con mi vida.
Creo que me voy a poner en bucle tus mensajes en mi contestador. Ya no sé dormirme sin tu voz. L
Fdo: Emma muy despierta echa mucho de menos a su cosi.
Día 2 de tortura
Estoy en mitad del curso…Esta tarde tendremos tiempo libre, así que creo que haremos algo de turismo.
He pensado que podríamos hacer un viaje juntas.¿Qué ciudad te gustaría?
¡Jou! Quiero verte.
Fdo: Emma aburrida quiere ver a Regi
Día 3. Tengo resaca
Ayer la noche de alargó y me pasé un poquito con la cerveza.
Es curioso que hasta el dolor de cabeza haga que te recuerde. Pero es que, cosi, la brujita que hay en ti sale con unas copas de más. O sea alcohol = Regi bitch.
¿Sabes lo mucho que te quiero? Hasta el infinito.
Fdo: Emma resacosa quiere mimitos de su cosi.
Día 4. Amor
Anoche, en la cena, los futuros médicos nos pusimos "profundos" y tratamos el tema del amor. ¿Se ama con la cabeza o con el corazón?
Hubo una gran diferencia de opiniones. Yo expresé la mía; se ama con todas y cada una de las partes del cuerpo. Así es como lo siento y así es como te quiero.
Fdo: Emma loves Regina.
Día 5. Últimas horas
Con todo el ajetreo se me ha olvidado decirte que mañana voy a celebrar mi cumpleaños. Así el domingo soy toda tuya. ¿Qué me vas a regalar? Muero de la curiosidad…
¡Ah! Yo también tengo algo para ti. Y estoy emocionadísima por dártelo. A mi pequeño regalo le uniré este diario de viaje.
¡Quiero verte, quiero verte! Sólo han sido cinco días lejos de ti, pero se me ha hecho largo como un mes. A la próxima te meto en la maleta.
Fdo: Emma quiere ver a su cosa preciosa.
Nota final: Soy una payasa, lo sé. Pero te quiero :)
Sonrió, ampliamente además. Pero es que qué más podía hacer. Esa rubia descarada de enormes ojos verdes y pelo claro, conseguía colarse en su ser y convertirlo a su antojo.
La quería y se sorprendía cada día al ver que ese sentimiento iba creciendo. Había veces que creía que el corazón iba a estallarle de amor. ¿Sería esa cursilería posible?
-¿Qué te ha parecido?- Emma permanecía expectante.
-Ven aquí- Abrió los brazos y la joven se hundió en ellos mientras sostenía al cachorro. Ella escondió la cabeza en el cabello rubio y aspiró ese perfume que para siempre quedaría grabado en su memoria olfativa. Después le besó la mejilla repetidas veces. –Te quiero, lo sabes ¿no?- La chica asintió con la cabeza.
-¿Podemos darle ahora de beber a Henry?- preguntó Emma todavía entre sus brazos.
-Vamos…- se hizo a un lado y la dejó pasar.
Fueron directas a la cocina, donde se puso a buscar un cacharro para el animal. En el proceso de estirarse para llegar a uno de los estantes superiores del mueble, se le deshizo el nudo de la bata.
Cuando se volvió con el objeto que quería en las manos, echó agua en él y se reclinó sobre la isla para entregárselo a Emma. Ésta la mirada muy fijamente desde el otro lado.
-¿Qué pasa?- preguntó al sentirse observada. La joven se sonrojó, entonces se percató de lo que ocurría- El sueño ¿no?- Recordó lo que soñó Emma sobre las dos en la cocina. Sonrió perversamente. Así que pasando lentamente la mano por el mueble que las separaba, fue rodeándolo para acercarse a la rubia. Ésta tragó sonoramente cuando se situó a unos centímetros de ella. Los ojos, que ahora parecían verde oscuro, la miraban sin pestañear- El agua, Emma, el agua…- Después se volvió a anudar la bata y se encaminó hacia la salita- ¿Vienes?- La chica asintió temblorosa.
Una vez acomodadas en el sofá, comenzó a observar mejor al perro. Lo cierto es que era una monada. El labrador negro era su can favorito y Emma lo sabía.
-¿Por qué Henry?- preguntó mientras extendía la mano para acariciar al cachorro que permanecía en el regazo su acompañante.
-No sé- se encogió de hombros- tiene cara de Henry. – Cogió al perro y lo alzó para mirarle mejor el rostro.
-Supongo que tienes razón, Henry le queda bien.
-¿Te gusta?- la chica parecía temerosa acerca de lo que ella podría responder.
-Es precioso, pero es que te dije que no quería mascotas. Hay que estar pendiente de ellas. Yo no soy capaz de cuidarme a mí misma, como para cuidar a otro ser…
-Venga cosi, que este castillo necesita un rey. Tenemos reina y princesa, falta el rey…- Sonrió ante las ocurrencias de la rubia.
-Ya veremos…- lo dijo aún siendo plenamente consciente de que Henry ya había encontrado un hogar, el suyo.-Por cierto…tu regalo no te lo pensaba dar hasta mañana…
-¡Ya es mañana!- la interrumpió Emma. Y llevaba razón, eran casi las 6 .
-Sígueme- caminó con Henry en brazos hasta el garaje, al cual se accedía desde una parte de hall. Abrió la puerta y encendió la luz. Después se apartó para que la rubia entrase.
Se fijó en la cara que puso cuando vio el regalo; una ducatti monster de color rojo. Emma chilló, después corrió hasta la moto y se encaramó a ella.
-Madre mía, madre mía, madre mía…- la joven daba saltitos encima del asiento del vehículo. -¿Puedo conducirla? ¿Puedo? ¿Puedo?- creía que nunca la había visto tan emocionada. Se sintió henchida de gozo, la reacción había sido mucho que la esperada. –Cosi…dame las llaves que quiero probarla.
-Ni lo sueñes, hasta mañana no la tocas.
-Pero ¿por qué?- le preguntó la rubia que no paraba de toquetear la ducatti.
-Porque si ya es una temeridad que hayas venido en coche después de haber bebido, no pretendas que deje que te mates por ahí con esa cosa que debe de correr como el demonio.
-¡Ay, cosi! Es que …es que es el mejor regalo de mi vida.
-Delante hay un papel pegado, míralo- Ella me hizo caso y tras leerlo, alzó la vista y sus ojos se encontraron.
-¿Me has comprado el viaje al concierto?- Lo preguntó muy sorprendida. Ella asintió- ¿Tú también vienes?- Volvió a asentir. Emma saltó de la moto y se acercó hacia ella. Le agarró la cara con las manos y le dejó mil besos por el rostro.-Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero….
-Me estás estrujando- dijo como pudo.
-A veces creo que eres lo mejor que me ha pasado en la vida.- No se esperaba esa afirmación por parte de la rubia, así que se quedó callada, embelesada con aquellos ojos tan preciosos.
Sintió que era otro de esos momentos, aquellos en los que notaba como los labios de Emma se aproximaban, de esos en los que casi los saboreaba y de los que siempre se frustraban por una cosa u otra. Esta vez fue el bostezo de Henry lo que rompió el momento.
-Creo que deberíamos irnos todos a la cama- dijo volviendo hacia el hall. Sentía cierto pesar por la interrupción pero creía que a este paso acabaría por acostumbrarse.- Lo único que no sé dónde puede dormir este pequeñín.- Acarició al cachorro mientras lo sostenía.
-Regina, espera- se volvió. Emma estaba parada justo en la puerta del garaje. Estaba seria.
-¿Qué pasa?
-Deberías devolver la moto…
-¿No te gusta?- alzó la ceja confundida.
-No es eso…es que te has gastado muchísimo dinero y no puedo aceptar semejante regalo.
-Escúchame,- se acercó a ella- con mi dinero hago lo que quiero y lo que quiero es gastarlo en ti. Porque verte tan contenta como te has puesto hoy, me ha hecho sentirme la mujer más afortunada de la tierra.
-Pero…
-No hay peros, Emma. Quiero que la tengas, punto, no hay más discusión- La joven asintió con una sonrisita.- Ahora, vamos ¡ A la cama! Y a ver dónde dejo a este bichín.
-Pues con nosotras.
-¿Cómo?
-Claro, en la cama con nosotras. No vas a abandonar al pobrecito por ahí, que mira que chiquitín que es.- Emma le quitó a Henry de las manos y se encaminó escaleras arriba.
Subió refunfuñando, pero como siempre la rubia la convencía de hacer cosas que antes no se le habrían pasado por la cabeza.
Una vez en la habitación, Emma se puso su pijama en el baño y se unió a ella en el lecho. Sonrió al pensar que ella era la más mayor y la menos recatada, pues su prenda de dormir dejaba poco a la imaginación, pero es que estaba acostumbrada a esos camisones y le resultaban de lo más cómodo.
La joven se tumbó y puso a Henry entre ellas. Se le enterneció el corazón cuando los dos bostezaron a la vez. Alargó al brazo y le acarició las orejitas al animal.
-Reconoce que te gusta mucho- dijo una adormilada Emma.
-Me gustas más tú.- No pensó antes de abrir la boca.
-Pero eso es porque te traigo loca- Sonrió ante el descaro.
-Emma…- la rubia que había cerrado los ojos, los abrió de nuevo.- Feliz cumpleaños.- la joven se alzó y se acercó a ella con cuidado de no aplastar al cachorro, le dejó un beso en la frente. Después volvió a su lado, pero no hizo nada más que apoyarse cuando pegó un respingo.
-Ahora vuelvo.- Emma salió corriendo de la habitación y volvió fatigada a los diez segundos. Traía la cámara en las manos. Regresó a su sitio, puso a Henry sobre la almohada y alzó el brazo con el que sostenía el aparato.- Sonríe, cosi.
-¿Una foto ahora?- No es que tuviese muy buena cara para ser inmortalizada en esos momentos.
-Claro, la primera de nuestra familia.
Y sonrió, sólo que no lo hizo hacia la cámara. Miró al objeto de su felicidad, a Emma.
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