No Habrá Más Veces

Por Lady Bardo

"¿Te comentó algo Steve?" preguntó Lucy antes de detenerse en un semáforo. Miró a Renee, sentada en el asiento del copiloto, e intentó no sonreír más de la cuenta. Aunque la idea de un fin de semana con Renee fuera dolorosamente deliciosa, no quería asustarla demostrándole sus inmensas ganas.

"No estaba en casa cuando subí a por la bolsa de viaje. Ya le había avisado por teléfono y quiso aprovechar para quedarse más tiempo en el bar y cerrarlo él" respondió mientras volvían a acelerar. Se conocía de memoria el camino que conducía a casa de Lucy; una rotonda, dos urbanizaciones, un semáforo y habrían llegado. Lo que no tenía tan claro era si se moría de ganas o de miedo por empezar esos días. El gusanillo que la recorría desde las piernas hasta el pecho resultaba un tanto confuso y difícil de descifrar.

En la entrada del hogar de Lucy se encontraba rondando vigilante su perro, pero en cuanto reconoció el coche, permaneció sentado y atento. Antes de que las actrices hubieran podido sacar la pequeña maleta ya se restregaba alegre contra las piernas de Renee.

"No me das ni un segundo de respiro, ¿eh?" sonrió devolviéndole el gesto con carantoñas.

"Pues ya verás los peques" añadió bromista echándose la maleta a la espalda. Sin tiempo a que Renee pudiera rechistárselo una alegre voz llamó su atención desde la puerta de la entrada:

"¿Peques? ¡No tan peques, mama!" Daisy, desde el marco de la puerta, sonreía a ambas mujeres, antes de caminar a medio trote hacia ellas

"Hola, Dai" siseó Renee abrazándola con fuerza

"¡Renny, que sorpresa! ¿Qué haces tú aquí?" preguntó separándose levemente de ella

"Se viene a pasar un par de días con nosotros, ¿qué te parece?" se adelantó Lucy librando a su amiga de tener que pensar una explicación.

"¡Genial! ¿Pero es por el viaje de Rob? Prefiero que este Renny aquí, pero podría haberte echado una mano yo"

"Si, bueno, son varias cosas…" resolvió Lucy, sin ganas de aclarar nada más.

"Pues sea por lo que sea, me alegro de tenerte por aquí, rubia" zanjó Daisy encaminándose hacia su hogar, seguida de su simpática mascota.

"¿Entramos?" preguntó entonces con suavidad Renee sonriéndole, buscando la mirada de Lucy y estrechando su brazo con cariño. Su amiga se giró hacia ella, sintiendo como su propia sonrisa reaparecía con fuerza y el desanimo se marchaba sin avisar.

"Gracias por venir, pequeña" murmuró Lucy rodeando con confianza sus hombros

"Deja ya de decir eso" exclamó la rubia, asestándole un empujón cariñoso con la cadera, pero rodeando su cintura encantada y permitiendo que Lucy llevara la maleta hasta entrar en la casa.


En ocasiones meditaba acerca de su embarazo; solía ser cuando se encontraba sentada en el sofá, con la mano en su tripa, aun lisa y sin señales aparentes. Pensaba en como sería su vida a partir del nacimiento de su hijo y en los cambios que supondría. Y en esos momentos, aunque se tratara de un futuro incierto, sabía que algo estaba claro: para ella sería más que suficiente lograr que su familia se pareciera una décima parte a la de Lucy. Cada vez que disfrutaba de su compañía, comprobaba con sana envidia que ese era un auténtico hogar, permitía respirar auténtico cariño, amor y confianza en cada rincón de la casa.

Habían pasado el resto de aquella tarde-noche con los hijos de Lucy. Durante casi tres horas jugaron con el pequeño de la casa, le prepararon entre ambas la cena, y una vez entrada la noche, Daisy y Renee se entretuvieron hablando en el salón mientras Lucy lo acostaba.

Para cuando Julius ya babeaba dulcemente en su cunita, Lucy regresaba con ellas, escuchándolas hablar en el piso de abajo. Para su hija, Renee era casi como una tía, sabía que compartía confidencias con ella y que mantenían una estrecha y cariñosa relación. Pero continuaba habiendo algo inusual en aquella situación. Resultaba raro pero al tiempo natural dirigirse a esas horas de la noche a su salón y encontrarse con las voces entremezcladas de esas dos personas tan importantes para ella. El sentimiento de calidez y hogar que despertaba la presencia de Renee allí resultaba bastante preocupante… igual que todo lo que Renee provocaba en ella. ¿Cómo podía esperar que fuera diferente esa vez?

Tomó aire y con una gran sonrisa entró en el salón uniéndose a ambas en la charla.


Con el reloj marcando las once de la noche, Daisy anunció entre bostezos que se retiraba a dormir. Después de cenar habían retomado posiciones en el salón y en ese instante se hallaban otra vez sentadas en los sofás y hablando entre risas. Pero tras digerir una suculenta y copiosa cena, el sueño mezclado con la digestión empezaba a hacerse notar.

"Buenas noches, chicas, y no trasnochéis" bostezó Daisy desde la puerta.

"No te preocupes, cariño, no lo haremos. Renee ya está mayor y no aguantaría" aseguró con gesto serio, haciéndolas reír aunque Renee le sacudió un codazo "¡Auch! ¿Ves?, ya ni tiene fuerza al pegar" insistió, deteniendo a tiempo a Renee para evitar que llegara a sacudirla de nuevo.

"Sois como niñas…" rió Daisy

"Yo no, ¡es tu madre!" farfulló fingiendo enfurruñarse

"Di que sí, Renny, que eso te ha sonado muy de adulto" respondió Lucy entre risas

"¡Felices sueños!" se despidió Daisy sonriendo por las bromas y jueguecitos de ambas compañeras. Cuando se alejó, aún alcanzaba a escuchar las risas. Oír unas carcajadas tan auténticas y despreocupadas proviniendo de su madre, era reconfortante. Lucy siempre sonreía y podía decirse que era feliz, pero pocas cosas lograban arrancarle esa alegría, y sin duda una de ellas era Renee. El sueño la venció con la imagen de ambas mujeres en su curiosa camaradería y con una sonrisita en los labios por su madre.

"Luce, no te engañes…" retomó Renee, tras ver marchar a Daisy "Tú eres mas vieja y…"

"¡Ey!" interrumpió como si fuera el mayor de los sacrilegios "Tan solo menos joven" aclaró, reanudando las risas de su amiga

"Llámalo como quieras, señora"

"¿Señora? Pero si me conservo mucho mejor que tú. ¡Auch! Ese si que no lo vi venir…" jadeó divertida ante un nuevo codazo de Renee.

"Tú tienes más años, y por lo tanto tienes menos aguante que yo" decidió Renee con una sonrisa inocente, que aumentó ante la ceja alzada de Lucy "Es un hecho comprobado, la edad pasa factura, ¿qué le vas a hacer?" musitó con gesto angelical y reclinándose relajada, como si hubiera ganado la batalla.

"Perro ladrador, poco mordedor, Ren" afirmó Lucy con superioridad.

"Mira, te salió un refrán… ¡como a los abuelitos!" exclamó divertida pero pegando un salto sobre el sofá para alejarse de Lucy. Como intuía, su compañera no apreció tanto el chistecillo como la burla incluida, y se había abalanzado sobre ella "No, no, no…" exclamó cuando los dedos de Lucy se movieron implacables por sus cosquillas. Se retorció entre risas sobre el sofá, sin ser consciente de cómo comenzaba a transformarse el ambiente entre ellas. "¡Pa…! jajajajaja, ¡Para, vieja abusona!" gritó revolcándose en un vano intento por huir de la tortura. Pero lo único que lograba era terminar aún más tumbada a lo largo del sofá, obligando a su atacante a acercarse.

"Esa no es una buena táaaaaactica" respondió malévola Lucy, pero deteniendo levemente su ataque. Antes de ser consciente estaba sentada cerca del cuerpo echado de Renee y sus manos recorrían cariñosas pero en alerta, las costillas de su amiga.

"¿Entonces… cual si sería una buena?" susurró Renee, recuperando la respiración normal y mirándola fijamente. Lucy tomó aire, sobrepasada por la situación en la que de pronto se encontraban y la repentina tensión que estaban compartiendo.

Tragó hondo, reponiéndose poco a poco de ese brusco descubrimiento y meditando donde se había ido la soltura y seguridad de segundos antes. Decidió que habrían huido tras la primera vez que sus ojos se encaminaran inconscientes hacia la boca de Renee.

Su amiga permanecía tumbada junto a ella y los turbadores ojos verdes se escapaban también hacia sus labios. Además las cosquillas habían cesado bastantes segundos atrás, pero las respiraciones se iban acelerando por momentos. Sabía a qué se debía todo aquello, pero no era lo que esperaba. Nunca habían cruzado esa línea. De alguna manera, mantenían un tácito acuerdo que delimitaba el territorio de su pasión al trabajo, el estudio y sus caravanas, pero jamás fuera de allí.

Continuar con lo que tenía entre manos en ese sofá, sacaba su aventura de ese establecido y precintado rincón de sus vidas; lo convertía sin remedio en algo real y con cada vez más consecuencias. ¿Sería capaz de hacerlo? Tenía claro que quería, estaba en su hogar y compartiría su cama con quien deseaba. Sonaba perfecto, pero no se imaginaba viviendo por fin esa dulce situación, y que se tratara sólo de puro sexo. Seguir adelante era dar un paso fundamental de alguna manera, pero no estaba segura de que fuera a ser tan inolvidable siendo la pasión y el placer los únicos motivos.

Tenía que dictaminar un veredicto, porque era consciente de que en cuanto sus labios se perdieran en los de Renee, también lo harían su raciocino, su voluntad y su cordura. Y entonces si que no habría posibilidad alguna de decidirse a detener aquello.

"Hmmmm… quizás demostrarme cuanto eres capaz de trasnochar" musitó con voz baja y suave, intentando en vano romper ese silencioso y tirante ambiente. Su mirada volvió a escaparse a la tentadora boca de su compañera, que parecía encontrarse cada vez más cerca. Sonrió por dentro con resignación al comprender que era ella misma reclinándose hacia Renee sin darse cuenta. Lo tomó como el veredicto final de rendición de su cuerpo, aunque una sensación incomoda y melancólica le dijo que su alma no estaba del todo de acuerdo. Centró su mirada en Renee, tragando hondo y esperando impaciente a escuchar su respuesta.

A unos centímetros de la morena, un corazón bombeaba con velocidad. El pulso de Renee se había desorbitado al asimilar lo cerca que se encontraban y lo enrarecido que permanecía el ambiente, aunque no estaba sorprendida por ello. De hecho se planteaba con ironía si haber esperado cuatro minutos a que Daisy se retirara a dormir, sería un record o no.

Pero quitando su desmesurada velocidad, Renee había tenido claro cómo acabarían aquella noche. Y por el calor en su vientre y los cosquilleos que recorrían su piel debía reconocer que se moría de ganas, tanto como si se tratara de su primera vez. Se sentía ridícula al advertir el gusanillo, producto de la anticipación, recorriendo su estómago como si no hubieran estado juntas decenas de veces, como si no hubieran transcurrido apenas unas horas desde su ultimo polvo. Pero se admitió a si misma que era eso, esa sensación única y más poderosa que ella, la que había terminado por aniquilar su fuerza de voluntad y sus ganas de resistirse a Lucy. Así que era lógico que además lograra hacerla sentir como una adolescente temblorosa.

Respiró hondo, meditando su respuesta. Si no podía huir de aquello, y como única opción le quedaba derretirse ante la mínima ofensiva de Lucy, al menos lo disfrutaría.

"Trato hecho, Luce. Ven aquí" pronunció ronca y gutural, sintiendo el candor de su cuerpo extendiéndose y haciéndose con ella. Por si las palabras no lograran ser suficiente, recurrió a los hechos. Alcanzó el cuello de su camisa y tiró de el, impidiéndole cualquier intento de resistencia o negación y obligándola a doblarse hasta alcanzar su boca. Apenas se elevó para recibir a su prisionera y tan solo dos segundos más tarde el desfogado beso era un hecho.

Renee devoraba aquella boca con atención y liviandad, Lucy se dejaba hacer siguiéndola en sus movimientos y sintiendo como el beso incendiaba su vientre. El calor se extendió vertiginosamente por su cuerpo, concentrándose una gran parte entre sus piernas. Pero su raciocinio aún golpeó un par de veces su conciencia, intentando no quedar irremediablemente aplastado por aquella candencia. Era cierto que hasta su pensamiento parecía gemir mientras las lenguas se encontraban y comenzaban a juguetear entre ellas, pero fue capaz de discurrir algo más. Cuando la cercanía y el beso impidieron que el aire circulara entre ellas, sus pulmones exigieron oxigeno, y Renee concedió una leve escapatoria a la boca de Lucy. Se recreó en el sabor de su amiga, mientras las dos recuperaban el ritmo normal de la respiración.

Lucy confirmó en los ojos oscurecidos de Renee que no se permitían dudas sobre lo que iba a ocurrir. Pero curiosamente fue su propia necesidad la que, dada aquella situación, traicionó toda la lógica que intentaba conseguir, y la segunda invasión fue propiciada por la misma Lucy. Cuando sus ansias, y no las de su pequeña amante, dictaron el ritmo del nuevo beso, dio todo por perdido.

Renee representaba para ella esa debilidad única e insalvable, que siempre le hacía recaer. Que su amiga no supiera que Lucy le pertenecía, no lo volvía menos real, y estaba siendo victima de ese hecho. Siempre que los ojos de Renee buscaran los suyos, ella acudiría, siempre que sonriera con ese toque de picardía que la pasión concedía a su gesto, Lucy estaría ahí para cuanto deseara... le gustase o no.

Pero había algo que no estaba dispuesta a perder. Aunque fuera un sueño bobo, o una fantasía irreal, exprimiría esa experiencia y la disfrutaría a su manera. Le robaría al destino cuanto pudiese aprovechar de ese momento. No podía negarse a Renee, pero tampoco quería renunciar a lograr tenerla en su hogar, en su territorio, como algo más que un simple polvo. Aunque no fuera compartido, esa noche no habría sexo, al menos ella haría el amor.

La mano de Renee serpenteando por su espalda marcó el final de sus divagaciones. Los dedos de su amante perfilaban su columna enviando escalofríos a cada nervio de su cuerpo, antes de alcanzar el enganche de su sujetador. Con un tirón experto estaba desabrochado, y Lucy contra los labios de Renee, no pudo evitar una sonrisita sorprendida por lo bien que se le empezaba a dar aquello. No reparó en la prenda desabrochada que bailoteaba por el interior de su camisa, hasta que sintió las manos de Renee desplazándose hacia su torso. Escapaban directas a la prenda, exactamente a los botones que la confinaban en torno a su cuerpo.

Con el primer botón desabrochado y un contundente jadeo escapándose de su garganta, Lucy consideró que el momento requería otro escenario que su salón. Acarició las mejillas de Renee, hasta deslizar sus pulgares entre ambas bocas, deteniendo el beso con delicadeza. Al hacerlo, la punta de la lengua de Renee, apareció entre sus labios para saborearlos, mientras abría los ojos, logrando estremecer cada fibra de Lucy. Empezaba a temer que no llegaran al cuarto, de forma que se dio prisa en explicarse lo mejor posible:

"Creo que deberíamos subir al dormitorio... ¿te parece b...?"

"Te sigo…" ronroneó la voz de Renee, contra su oído, alcanzando el lóbulo con un tentador mordisquito. La descarga que provocó en su amante se tradujo en un sonoro lloriqueo de total frustración. Con una sonrisita casi maquiavélica, Renee se removió bajo el cuerpo de Lucy, escapando de la presión de este, y poniéndose de pie de manera tortuosamente lenta. La actriz más alta no perdió detalle, siguiéndola con la vista y dejándose levantar cuando Renee tendió una mano hacia ella. Con un leve tirón se puso en pie y aprovechó el impulso para dejarse llevar contra Renee. Ambos cuerpos se mezclaron por inercia en una maraña de miembros y besos, que no detuvo sus intenciones de subir. Aunque el excitante sonido de sus labios mezclándose y devorando la boca de la otra, se dejaba escuchar con fuerza sobre el silencio sepulcral de la habitación, Lucy fue capaz de recordar el camino a su cuarto y guió a ambas hacia el pasillo, sin separarse ni un ápice.

Antes del primer escalón, Renee ya se perdía en torno a la cinturilla de su pantalón. En el tercero, había asaltado su cremallera y el botón, se colaba por sus vaqueros y apretaba con fuerza el trasero de Lucy, haciéndola trastabillar al dar el siguiente paso. Recuperó el equilibrio con un gutural sonido, que fue tragado por los labios y lengua de Renee.

"Si no dejas de hacer eso, no llegaremos nunca" murmuró con un pequeño respingo de deleite.

"Hmmmm… o quizás consiga que... lleguemos más rápido" siseó Renee contra su oído, pegando ambas caderas y con un matiz que dejaba claro que el doble sentido era más que intencionado.

"Madre…" gruñó Lucy mordiéndose el labio inferior y apoyando la cabeza en el hombro de Renee, al sentir esas palabras calándola hasta lo más hondo de su libido. Se separó veloz de Renee y agarrando su mano, comenzó a ascender rauda los inacabables escalones, sabiendo que aquellas curvas junto a ella eran su perdición y que la distancia era el único modo de no terminar haciendo algo en la escalera de lo que luego se arrepentiría. Tras ella, su amante mantenía su ritmo, y subía con las mismas prisas por alcanzar el dormitorio. Lucy atravesó el marco de la puerta procurando no chocarse con nada. Pero estaba resultando bastante complicado puesto que Renee la había girado y por lo tanto caminaba de espaldas, y además tiraba de su camiseta por su cabeza, dejándola a ciegas. Para cuando logró cerrarla, intentando no dar un portazo a pesar de las prisas, Renee ya apartaba su camiseta con un hábil movimiento de muñeca. El desabrochado sujetador se le unió veloz, pero Lucy ni se percató. Unos ávidos y entregados labios devoraban la curva de su cuello, robándole toda su atención. Acarició la corta melena de su amante, animándola a no detenerse y permitiendo que las manos de Renee se perdieran por su anatomía.

Dos minutos después los labios marcaban una apasionada ruta por su mandíbula y las manos habían deslizado los pantalones por la cinturilla junto a su ropa interior. Se encontraba completamente desnuda ante Renee y aunque sabía que era su compañera quien estaba dirigiendo aquella orquesta, y su sensible y excitado cuerpo era una prueba de ello, Lucy también deseaba disfrutar de la perfecta desnudez de Renee.

Abrazó su cintura, pegando ambos cuerpos y encaminándolos hacia la cama. Renee se movió con ella sin poner la más mínima objeción, estaba entretenida recreándose con sus manos en la espalda de Lucy. Recorrió su columna, consciente de los escalofríos que provocaban, antes de detenerse en los tentadores hoyuelos que tenía en la parte baja, unos centímetros por encima de su firme trasero. Decidió que las curvas de Lucy guiaran el recorrido de sus manos, de forma que al reclinarse en la cama, sobre su amiga, ya se dirigían hacia ambos costados perfilando sus costillas y haciendo amago de rondar sus pechos. Disfrutó del gemido anticipado de Lucy contra su oído, antes de poner distancia entre ellas. Con el gutural sonido aún resonando en su cabeza, alejó sus manos y boca, y se sentó sobre el regazo de Lucy.

Bajo su atenta mirada, pero sin realizar ningún tipo de ceremonia, se desvistió con prisas. Solo recuperó la posición horizontal cuando su cuerpo se pudo comparar en desnudez con el que se agitaba bajo ella. En ese momento sus manos regresaron al lugar donde habían dejado una silenciosa promesa a medias.

Cerró su palma en torno a un turgente pecho, casi con crueldad, y la respuesta no se hizo esperar. Lucy se arqueó involuntariamente como placentera reacción. Pero lo que más disfruto Renee fue observar su boca firme y temblorosamente cerrada, conteniendo lo que se adivinaba como un gran gemido. La imagen era demasiado incitante como para dejarla pasar sin más. Descendió hasta los labios de Lucy, robándole un beso fiero y puramente sensual.

"Esto del silencio no lo tenemos tan ensayado, ¿eh?" jadeó Renee contra su boca, haciendo vibrar sus labios.

"No…" reconoció Lucy respirando con dificultad "Pero somos actrices de método, seguro que podremos con ello" aseveró con una seguridad que no quedaba patente en su entrecortada voz, y menos aún cuando la boca de Renee se cerró traicionera sobre su pezón sin previó aviso "¡Ooooh… hmmmm!" gimió con los labios blancos de la presión, y las manos agarrando con fuerza sus sábanas.

"¿Estás segura?" preguntó juguetona, alzando la vista hasta el enrojecido rostro de Lucy. Sin esperar respuesta alguna de su parte, devolvió su dedicación a la jugosa piel que se traía entre manos. Lamió con detenimiento su pecho, utilizando tan solo la punta de la lengua. Sus dientes se unieron con intensa suavidad segundos después y el espasmódico movimiento del cuerpo de Lucy le chivó cuando necesitaba oír. El silencio no era impedimento para saber que le robaba hasta la última gota de placer poco a poco.

Se colocó completamente sobre ella, aprisionándola bajo su cuerpo y sometiéndola a sus designios que en ese instante se trataban de pequeñas y gozosas torturas. Su boca paseo traviesa de un pecho a otro, concediéndole inesperados mordisquitos que ponían a prueba la resistencia y silencio de Lucy. Lograba tragarse todos los sonidos que Renee y sus manos iban provocando en ella, pero esa situación estaba desbocando sus caderas y el río que se formaba bajo ellas.

Las piernas de Renee se colocaron estratégicamente entre las de Lucy de forma que sin alejarse de su "atormentado" tórax, pudiera mantenerla abierta para su toque. Sus manos descendieron lentamente por el vientre de Lucy, contrayéndolo violentamente al deslizarse con las uñas. Un leve y traidor gemido se escapó de la actriz más alta, logrando la atención de Renee. Lucy mordía su labio inferior y arrugaba las sábanas con ambos puños, y al notar las suaves manos en sus ingles, reclinó la cabeza hacia atrás. Arqueando sensualmente su cuello, pero siempre sin ruido alguno por encima de un leve ronroneo.

Cuando sus dedos jugaron con los oscuros cabellos del sexo de Lucy, las necesitadas reacciones de la actriz despertaron el lado más indulgente de Renee. Fue incapaz de hacerle continuar con aquel voto de silencio, consciente de lo expresiva que solía ser su amante bajo sus atenciones. Su mano descendió lentamente entre los oscuros rizos, cada vez mas cerca del nudo de nervios, pero el resto de su cuerpo se trasladó hasta cubrir el de Lucy, incluida su boca. La sorpresa del inesperado beso no impidió que Lucy se desfogara. Renee arrasó esa cálida boca con un devastador beso y dominó con su lengua cada rincón, al tiempo que amortiguaba un sonoro jadeo por sus íntimas caricias.

Continuó con el beso, permitiéndole terminar con la tortura, pero dominándolo con pasión y desenfreno, en un inútil intento de no sentirse tan maleable ante Lucy. Sus dedos caminaron con presiones precisas entre los mojados pliegues, antes de dejarse resbalar por el manojo de nervios. El profundo y agitado gimoteo que Lucy emitió, casi detuvo el beso al sacudirlas por sorpresa, pero Renee se pegó a ella con obstinación para evitar que se separaran sus bocas.

Se deslizó sobre su clítoris, a sabiendas de lo cerca que estaba su amante, pero sin ganas de terminar aún. Redujo el ritmo y descendió hasta la entrada de Lucy, tomándose su tiempo y tanteándola con pequeños roces. El inconfundible sonido que escapó de la garganta de la morena, fue toda una queja en contra de ese segundo de pausa. Renee, sonriendo con juguetona obediencia, la penetró con la punta de los dedos, empujando despacio y con firmeza. El salvaje movimiento de las caderas de Lucy fue la perfecta respuesta que Renee esperaba, y sus embestidas continuaron con mayor seguridad, cada vez más profundas y veloces.

Cuando el orgasmo se hizo con Lucy, Renee sintió que su boca no sería suficiente como para acallar sus sonidos, ni su resistencia la mínima para no restregarse de pura necesidad contra el muslo de su amante. Pero ambas bastaron. Su beso amortiguó el gutural gemido y sus caderas permanecieron quietas a pesar de la presión que sentía palpitar entre sus piernas. Se limitó a acompañarla hasta el último estremecimiento de su cuerpo, abandonando su interior cuando se hubo calmado totalmente. Sólo entonces se apartó de ella, tumbándose a su lado, con unos centímetros de separación, pero también boca arriba y respirando tan profundamente como le permitía su tremenda excitación.

"Woooow..." escuchó susurrar a su amiga junto a ella. Renee giró el rostro con una sardónica sonrisa y dispuesta a soltar un comentario jocoso en relación a su elocuente comentario, pero permaneció en silencio. Junto a ella, su amante se había recolocado de costado, apoyada sobre un brazo y reclinada levemente sobre Renee. Su rostro estaba dirigido hacia ella y su cabello caía suavemente hasta rozarle el hombro. Tragó hondo al encontrarse con la azul mirada y el extraño brillo que poseía. No entendía bien el motivo, pero su corazón empezó a latir desbocado y su lengua olvidó como se pronunciaba "Ahora me toca a mi disfrutar" siseó Lucy sonriendo con suficiencia y acariciando su mejilla, antes de aproximar ambos rostros.

El primer beso que Renee recibió, hizo saltar todas sus alarmas. La temperatura de su cuerpo se multiplicó drásticamente y toda ella reaccionó de manera involuntaria a favor de ese beso. Era lento, tierno y minucioso, y toda la intensidad de la que Lucy era dueña parecía haber sido volcada en él. Y no se equivocaba… La mujer morena aprovechaba ese como su momento y estaba más que convencida de cuales iban a ser sus intenciones.

Cuando la suave lengua de Lucy perfiló con cariño sus labios, Renee tembló irremediablemente por una mezcla de placer y miedo. Concedió paso a la inquieta lengua, pero intentando terminar con aquella lenta dedicación. Utilizó dientes y labios para tentar a Lucy y forzar el beso hasta recuperar la crudeza típica de sus encuentros, pero no funcionó. Como respuesta, su amante se detuvo con suavidad, alejándose de ella y quedando fuera del alcance de su ávida boca.

La rubia abrió los ojos confundida, encontrándose con Lucy reclinada tiernamente hacia ella. Su mano acariciaba con devoción la frente de Renee y el puente de su nariz, para terminar delineando con dulzura los entreabiertos labios. De nuevo descendió hacia ellos, dispuesta a poner distancia si Renee intentaba llevar el beso por derroteros más sexuales, pero esa vez no ocurrió. Renee era víctima de su propia estrategia, y le resultaba imposible poner resistencia. La necesidad y excitación se habían hecho con ella tras la tortura aplicada a Lucy, y su raciocinio estaba también anulado por la extraña pero maravillosa forma de comportarse de su amante.

Era un beso demasiado dulce para los parámetros que acostumbraban a manejar y escapaba a su control, dejándola a merced de su amiga. Lucy, de alguna manera, presintió entre sus brazos la rendición de su amante y sonrió orgullosa contra su boca. Se separó despacio de los labios de Renee, que suspiraron, y descendió por su mejilla con suaves besitos, mientras colocaba su cuerpo sobre el de Renee. Todo el peso permanecía sobre sus antebrazos, pero al tiempo que su boca alcanzaba el oído de Renee, ambas pieles entraron en contacto total. Mordió casi imperceptiblemente el jugoso lóbulo, al tiempo que sus cuerpos se encontraban y la profunda inspiración de Renee le hizo sonreír. Sabía que andaba bien encaminada; nunca uno de sus encuentros había rozado tanto el amor y tan poco el sexo vacío. Rectificó: nunca, excepto aquella primera vez.

Desechó la nostalgia agitando la cabeza y centrándose en lo que se traía entre manos¬. Acarició con las uñas la nuca de Renee, erizando su piel mientras saboreaba la tentadora oreja que permanecía a su alcance. Masajeó aquel fascinante cuello, sensibilizando cada rincón antes de dedicarse a él. Renee no daba crédito, pero tampoco intentaba entenderlo, estaba sumida en un torbellino de emociones demasiado dulces como para cuestionarlas.

Lucy prodigaba besos por sus hombros, cuello, barbilla y mandíbula, pero sin prisas ni rudeza, solo con intensidad y suave tacto. Regresaba de manera irregular e intermitente a sus labios, dejándola al irse con los ojos cerrados, la respiración agitada y un sabor, que Renee degustaba con deleite. Entonces retomaba los recorridos perdidos y sin rumbo fijo, con sus manos y boca. Lucy se perdía por cada recoveco de su ser, y siempre parecía estar donde más se la necesitaba. Cada vez que esta le premiaba con otro beso, más destruía las barreras de Renee. Jamás había imaginado que a aquellas alturas de su aventura quedara sitio para besos así, pero estaba descubriendo sorprendida que era posible. ¿Y cómo decir que no a un sueño como ese?

Lucy sintió que la emoción atenazaba su estómago y amenazaba con hacerla llorar al advertir como su propia ternura y entrega eran superadas por las de Renee. Tras un húmedo reguero de besos por su clavícula, había vuelto a sus preciosos labios, pero esa vez algo había cambiado. Renee continuaba sumisa y receptiva, permitiéndole seguir con sus transformados besos, pero no se dejó hacer sino que fue partícipe directa. Amó y acarició su boca como Lucy había comenzado a hacer, e incluso aceptó sin rechistar cuando ella se apartó de nuevo. Tan sólo depositó un ligero pico en sus labios, haciendo que Lucy contuviera la respiración. Esta frotó su nariz con la de Renee, antes de soltar el aire, acongojada por lo que había llegado a conseguir.

Cuando se deslizó por la curva de su cuello escuchando un dulce ronroneo de satisfacción, no podía ocultar su felicidad, transformada en una enorme sonrisa. Su boca fue más allá de donde había estado hasta entonces, recorriendo el suave esternón, pero sin una trayectoria predeterminada. Sólo deseaba alcanzar cada rincón de Renee como si fuera su primera vez, tocar y disfrutar de cuantos puntos sensibles lograra alcanzar, y robar de su cuerpo y placer todo lo que su amiga permitiera.

Renee respiraba con fuerza, completamente sometida a aquella deliciosa exploración, sintiendo como cada roce atravesaba su cuerpo y las manos de Lucy incendiaban uno a uno los nervios de su ser. La suave y atenta boca se movía lenta sobre sus pechos, casi sin tocarlos; el cálido cuerpo presionaba meticulosamente contra el suyo, consciente de lo que esa presión estaba consiguiendo; los dedos se movían cariñosos, siguiendo el pausado ritmo que estaba matándola.

Renee había alcanzado un punto de no retorno en el que era incapaz de decidir si se moría por llegar o por que aquello no acabara nunca. Algo dentro de ella gimió con fuerza y tuvo que reprimirse para no jadear hasta despertar a media casa, cuando Lucy besó uno de sus pechos. Se estaba dedicando largamente a él, sin prisa pero sin pausa, alcanzando una intensidad inimaginable entre tanta delicadeza. Los cinco sentidos de Renee se decidieron; si fuera posible, estaba dispuesta a que aquello no acabara jamás. Apretando su mandíbula con fuerza para evitar la fuga sonidos inesperados, enredó sus manos en la espesa y suave cabellera de Lucy. No intentaba presionarla ni dirigirla, solo necesitaba algo a lo que aferrarse, era como su ancla, un "agarre" que la ayudaba a no perderse del todo en medio de aquella oleada de sensaciones. Pero lo más difícil de soportar en aquel momento no eran las consecuencias físicas, sino las emocionales, y para eso estaba descubriendo que no había ancla posible.

El cuerpo de Lucy descendió sinuoso por el de su amante, conquistando cada recóndito lugar de este, y Renee apenas era consciente de ello. Desde hacia minutos, para ella horas, intentaba disfrutar maravillada de todo lo que ocurría, sin acelerar ni pedir nada más allá. Pero su resistencia estaba siendo aniquilada y su cuerpo tomaba el control. La lengua de Lucy perfilando su ombligo fue demasiado. Sus caderas bailaron su propio son, a pesar de sus frustrados intentos de resistirse, y el movimiento no pasó inadvertido para la actriz. Aun con las manos de Renee moviéndose en confusos círculos entre sus mechones, alzó la vista hasta ella. Se encontró con la imagen de su amiga respirando con dificultad y con los ojos cerrados con tal ímpetu que no dejaba lugar a dudas de lo que estaba sintiendo.

Renee no quería que aquello cesara, aunque se estuviera volviendo insostenible seguir así, de forma que cuando Lucy, guiada por las claras señales de su cuerpo, acarició sus rodillas y separó sus piernas, cedió. Notaba su pulso y su sangre palpitando con fuerza en su centro, como si toda ella gritara por liberarse, pero cuando Lucy bajó los dedos y trazó una línea por la piel de la parte interna del muslo, supo que para bien o para mal, tampoco se apresuraría esa vez. Comenzó a respirar con fuerza, casi agitada, sintiendo cada beso que depositaba alrededor de su centro como la mayor de las provocaciones. Eran suaves, casi volátiles, pero estaban enloqueciéndola. No lograba comprender como Lucy había aguantado en silencio, pero cuando la lengua de la morena recorrió de un largo lametón todo su centro, dejó incluso de poder comprender. Mordió su labio inferior con fuerza, tensionó todo su cuerpo y sin poder evitarlo atrapó la cabeza de Lucy entre sus piernas. Tras el primer espasmo, permitió que Lucy pasara los brazos en torno a sus piernas para mantenerla abierta a su boca, antes de abrir los ojos.

Alzó levemente el rostro, y la imagen que encontró acongojó su corazón, robándole un latido. No era la primera vez que observaba a Lucy a "escondidas" en un momento así, ni sería la última, pero ese instante era único, al menos en su memoria. Lucy no estaba acostándose con ella, no estaba dándole el placer que Renee exigía, sino que estaba amándola. No quería creerlo, no podía sentir que esa idea fuera cierta, pero el rostro bañado en placer, los ojos dulcemente cerrados, la dedicación con la que se perdía entre sus piernas, y las caricias que prodigaba en sus caderas, intentando apaciguarla, no dejaban otra posibilidad abierta. Durante ese segundo no pareció un encuentro entre dos amantes, sino entre una pareja…

La breve ilusión fue demasiado dolorosa para Renee. Era tal la sensación de cariño que desprendía, que creyó que se ahogaba. Antes de darse cuenta aquella emoción la superaba, encontrándose gimoteando suavemente, pero no lo bastante como para no ser escuchada en el casi silencioso dormitorio. Atemorizada, sintió la pausa de los labios y lengua de su amiga, e intuyó como alzaba el rostro hasta mirarla, pero cerrando los ojos, evitó responder a los que la perdían. Antes de darse cuenta, Lucy retomaba brevemente sus atenciones sobre su clítoris con perfectos y sincronizados recorridos, lográndola estremecer, hasta el punto de no advertir que la húmeda lengua de Lucy era sustituida por sus dedos. Sólo fue consciente, cuando el cuerpo de su amante ascendió hasta cubrirla.

Con la mirada rebosando sorpresa, Renee se enfrentó al oscurecido azul, sobrepasada por las sensaciones que comenzaban a invadir su cuerpo en oleadas de placer, y por la repentina cercanía de Lucy. La morena sonrió con una dulzura tan atípica como el resto de la noche, acercándose a su oreja, mientras las caricias se volvían más intensas y profundas:

"No iba a dejarte enfrentar el silencio sola, ¿no?" cuestionó besando su oído, su mandíbula, su mejilla y por último, sincronizada con la mano que permanecía atormentándola en su calor, sus labios. Cuando dos dedos, bañados en su propia humedad, la atravesaron en una profunda embestida, no se vio capaz de reprimir un profundo jadeo. Y no fue necesario. La boca de Lucy amortiguó el excitante sonido con un húmedo y candente beso, que la desarmó. Con el primer orgasmo, desapareció toda lógica. Era probable que no recordara donde estaba, ni como había llegado ahí, pero eran cuestiones que carecían de toda importancia en ese estado. Estaba perdida, o quizás encontrada, en medio de un descomunal cúmulo de placer, que no parecía querer acabar. Alcanzó una cima, y se dispuso a descender, cuando una segunda cumbre, aún más alta y resbaladiza se presentó ante ella. Sin más opción, alcanzó la cima dos intensas veces.

Dentro de aquella maravillosa inconsciencia, algo intentaba llegar a sus sentidos sin lograrlo. Los erizados cabellos de su nuca le advertían de que los ojos de Lucy permanecían sobre ella, pero aun sin poder reaccionar, su instinto de supervivencia había actuado de manera automática, cerrando sus ojos sin planteárselo. Algo dentro de ella palpitaba lloriqueando que, de abrirlos, aquello podría ser mortal…

Los calambres contra sus dedos y las contracciones de los músculos hablaban más que mil palabras, aunque los gemidos que tragaba con gusto, también colaboraban en predecir el orgasmo. Renee estaba cerca de irse, y el corazón de Lucy bombeaba histérico, a mil por hora. Una desesperada y exigente sensación se hizo con ella… era tanto lo que había conseguido aquella noche, tanto que deseaba y al final había obtenido, que necesitaba ser capaz de lograr más… Sus ojos; los quería para ella, necesitaba ¬–si, necesitaba – su mirada, volver a encontrarse con esa sensación de compartir un vínculo más allá de tanto sexo… Sin romper el beso, miraba atenta y desesperada su rostro, pero su primer ruego había sido escuchado, demasiado escuchado. Tuvo de Renee cuanto esta le permitió coger… y su mirada no fue una de las cosas concedidas.

Los dedos de Lucy quedaron atrapados en el interior de Renee con el orgasmo. Continuó con el beso y un suave mecer de su mano, ayudándola a reponerse de la impresionante ascensión, pero apartando la mirada de su rostro, bañado en pasión y sudor, enmarcado con varios mechones rubios en torno a sus mejillas y frente. Se dejó caer sobre ella, cubriendo la mitad de su cuerpo y apoyando su rostro en la curva de su cuello, lejos de la atormentadora visión de sus parpados cerrados. Respiraba hondo, intentando con todas sus fuerzas alejar la tristeza de su mente y centrarse en todo lo que habían compartido. Finalmente pudo colocar una media sonrisa en sus labios, para enfrentarla junto con una máscara de tranquilidad.

Renee no pudo girarse hacía la cabeza que reposaba junto a ella, antes de haber tragado hondo un par de veces. Sentía las lágrimas cerca de escaparse, humedeciendo hasta su garganta y haciendo brillar sus ojos. Para cuando alzó su rostro, un minuto después, la única señal que quedaba de todo lo ocurrido era su rostro enrojecido y su respiración algo agitada. Cruzó los ojos con su amante solo unos segundos, pero ya protegida con su velo de imperturbabilidad.

"¿Bien?" preguntó Lucy apartando con dos dedos uno de los mechones rubios de su mejilla.

"Hmmmm… más que bien" gimió Renee, sintiendo que mentía por lo escueto de su respuesta, pero tampoco tenía palabras para lo ocurrido, ni las compartiría con su amante de haberlas "Seguro que hoy no tengo ninguna dificultad para caer dormida…" bromeó con una sonrisa guasona.

"¿Has tenido problemas para dormir últimamente?" preguntó Lucy preocupada, alzando el rostro de su cuello. Renee, meditó disimulada su respuesta. ¿Como contestar que últimamente el insomnio era una constante en sus noches? Ese tipo de trastornos casi siempre traía consigo una razón, una preocupación que impedía descansar, y ella era más que consciente de que Lucy era su motivo. Y no quería responder nada que trajera consigo preguntas que no supiera contestar.

"No… solo alguna noche más larga que otra, nada importante"

"Ohhh…" respondió recuperando su particular almohada sobre la piel de Renee. Depositó un suave beso sobre la curva de su cuello antes de respirar su perfume y murmurar "De todas formas… ¿Quién habló de dormir ya?" Aquel tono de voz, acrecentado por la proximidad de sus sugerentes labios, estremeció cada poro de Renee "Ahora empieza el verdadero trasnochar…" aseveró chupando suavemente su cuello y acariciando el estómago que quedaba tan al alcance de sus intrépidas manos.

Renee tuvo que admitir que en solo dos segundos su lívido volvía a resucitar con fuerza, y toda ella respondió a la provocación. Lo que temía no era toda una noche de pasión, sino el hecho de necesitar que el resto de su encuentro fuera tan dulce e intenso como Lucy se había comportado. Después de lo ocurrido, no quería otra cosa… y le daba miedo.

"¿De dormir? Nadie…" ronroneó Renee "Ven aquí, Luce" siseó bromista, imitando sus propias palabras de horas antes, y tirando de su nuca hasta alcanzar sus labios. Para sorpresa de Lucy, el beso fue la ternura hecha gesto; para su felicidad, las siguientes horas resultaron igual de románticas, y no fue ella la única propulsora.


El llanto de un bebé… ¿bebé? Abrió los ojos lentamente, sorprendida y desubicada. Si, ese sonido era sin duda un lloriqueo infantil, ¿pero de donde venía?

Sus sentidos comenzaron a despertarse y por un instante no supo si era más extraño aquel sonido o el calor que sentía bajo su cuerpo. ¿Calor humano? Abrió los ojos, y observó. Estaba tumbada sobre Lucy, rodeada por sus brazos y acariciando su tórax…

Los recuerdos iban regresando poco a poco con su despertar. Lucy y ella juntas, con sus cuerpos enredados hasta la madrugada, cayendo rendidas una sobre la otra, cientos de besos para trasnochar… Parecía una utopía. Se movió levemente, intentando mirar a su dormida compañera, pero el movimiento y el llanto de fondo, terminaron con el sueño de Lucy. Lo presintió cuando la respiración del cuerpo sobre el que estaba, cambio; y lo comprobó cuando los entrecerrados ojitos azules la miraron sonrientes:

"Ey…" fue cuanto pudo pronunciar con voz ronca y dormida "¿Qué hora es?"

"Hmmm… las cinco" siseó Renee mirando el reloj, y sonriendo a su vez

"Ese es mi hijo, ¿verdad?" bromeó con tono resignado "¿Lo echamos a pares o nones?" propuso con carita inocente, provocando las risas de Renee "Esta bien… Me lo tomaré como un no" farfulló enfurruñada "Voy a ver que le ocurre…" decidió, separándose de Renee al tiempo que esta se apartaba, para dejarle espacio. Frente a ella, el espectacular cuerpo de Lucy quedó cubierto con una de sus batas, al salir de la habitación. La siguió con la mirada antes de perderla en la oscuridad de su pasillo.

De repente la cama vacía y desecha le parecía un mundo, y ella su única habitante. Al despertar, Renee era la desubicada; en ese instante lo eran sus sentimientos. No sabía si le destrozaba la manera en que habían hecho el amor durante horas, el modo en que se habían dormido, o que entonces todo pareciera volver a ser como antes. Intentaba decidir que enfoque sería más sano y menos dañino, pero aunque se decantara por la indiferencia y neutralidad que solía derrochar, sabía que algo dentro de ella suplicaba por que lo ocurrido esa noche no se volviera único.

Renee censuró esa parte de su ser. Rodó hasta una de las mitades de la cama, arropándose e intentó seguir durmiendo. Quería que cuando su amante, a la que escuchaba arrullar dulcemente s su hijo varias habitaciones más allá, regresara, no se viera obligada a abrazarla o recuperar la posición anterior. Posiblemente aquello había sido un desliz de Lucy, un error debido a su costumbre a dormir acompañada de su marido, solo eso.

El lloriqueo del bebe había cesado a los segundos de perder a Lucy de vista, pero el leve canturreo de la actriz acababa de apagarse lentamente. Julius debía haber caído dormido, y por los pasos que escuchaba por el pasillo, su madre regresaba. ¿Esperaría Lucy que ella siguiera ahí? Se sintió como una boba por no haberlo pensado antes. Quizás su amiga hubiera agradecido recuperar su cama para si, por comodidad o solo para evitar ser vistas por sus hijos. Tuvo la tentación de salir de ella en ese mismo instante, pero Lucy ya llegaba y algo le dijo que hacerlo entonces resultaría demasiado raro. Decidió quedarse, fingiendo un relax que no sentía, y marcharse en el caso de que Lucy diera cualquier señal de desearlo así.

Cuando el colchón se hundió por el peso de Lucy, Renee cerró los ojos y permaneció quieta en su lado de la cama, dándole la espalda a la morena. Ya la había sentido volver y entrar al cuarto, y había decidido que no miraría. Al escuchar caer la bata, había imaginado que de echar un vistazo se encontraría con su escultural cuerpo, y ni podía enfrentarlo, ni quería ver de lo que tendría que despedirse si las circunstancias terminaban por enviarla a dormir al cuarto de invitados. En esas divagaciones se encontraba cuando todo se volvió del revés.

Lucy, la misma que había abandonando la cama sin mucho miramiento y comportándose con toda la pasividad de una amiga, se deslizaba entre las sábanas hacia ella. ¿Habitación de invitados? Algo le dijo a Renee que no se movería de ahí, al menos esa noche. Primero advirtió las caderas y estomagó de Lucy contra su trasero y su espalda, y el esfuerzo por no pegarse a ella fue descomunal. Pero cuando las piernas se amoldaron a las suyas, y todo el cuerpo de Lucy se adaptó a su espalda, fue demasiado para Renee. Aprobó el acercamiento, incluso ella misma se arrimó cuanto fue posible, y permitió que un brazo descasara en torno a su estomago y otro se colara bajo su cuello. Aguantó la respiración asumiendo el tierno abrazo de Lucy. Aunque toda ella ardía, no era vana excitación lo que la consumía. No había nada sexual en ese gesto, se estaba dando cuenta de que cualquier intención que pudiera desprender esa situación, era pura ternura. Para cuando el aire escapó de sus pulmones en una larga exhalación, ella se giraba hacia la actriz, sin salir del abrazo y adaptándose al suave cuerpo entorno a ella, hasta descansar el rostro cerca de la curva de su cuello. No había sido consciente realmente de lo ocurrido, aun continuaba confusa sobre como habían podido derivar en ese estado, pero estaba demasiado conmocionada para pensar.

"Duerme bien, Ren, aun tenemos unas horitas…" escuchó farfullar sobre ella, antes de sentir un tierno beso en su pelo.

"Tu también, Luce…" bostezó contra su cuello. Sin saber bien porque su instinto le indicó que Lucy sonreía, y ella misma también deseo hacerlo, pero no pudo. Esto, el dónde estaba y cómo, no era normal, trascendía de toda lógica, y Renee no encontraba manera de entender algo. Solo era capaz de pensar una cosa, que ojala la almohada no revelara su secreto y Lucy no advirtiera a ver sus lágrimas. Ella por su parte se encargaría de no hacer ruido alguno…


Con las cortinas echadas la única luz que lograba entrar no iluminaba apenas nada, pero no necesitó claridad para descubrir que Renee ya no dormía con ella. Con la cabeza completamente despeinada y aun medio dormida, se apoyó en un brazo, alzándose para buscarla con la mirada. No respiró tranquila, hasta que en la oscuridad del cuarto alcanzó a ver los zapatos de Renee a los pies de la cama y su chaqueta a unos metros de ellos. Lo siguiente que razonó fue que había una fina línea de luz bajo puerta de su baño. Posiblemente no habría escuchado a Renee levantarse, para meterse en él, pero con lo cansado que estaba su cuerpo no le extrañaba nada esa posibilidad. Se desperezó estirando cada músculo, acompañado de un gran bostezo. Pero se detuvo en cuanto oyó la voz de Renee y el sonido de la puerta.

"Claro, solo una hora… si, adiós" susurró al tiempo que abría la puerta, permitiendo que Lucy escuchara los últimos retazos de conversación. Cerró el móvil y lo guardó, dirigiendo la mirada a la cama, donde una sonriente mujer la observaba. Lucy permanecía aun echada y las mantas cubrían su desnudez, pero estaba claramente despierta "Lo… lo siento, ¿te desperté?" preguntó apurada, señalando su teléfono.

"No, no te preocupes, no fuiste tú" se apresuró a aclarar mientras se sentaba, colocando las sábanas sobre ella "Buenos días" musitó frotándose los ojos con una sonrisa.

"Hola" respondió Renee, intentando aguantarle la mirada, pero el suelo terminó por obtener su atención. Había supuesto lo duro que podría resultar ese fin de semana, pero como solía ocurrir, su imaginación se quedó corta. Era demasiado difícil enfrentar a una Lucy despeinada, recién levantada y totalmente desnuda, pero muchísimo mas doloroso había sido encontrarse esa mañana entre sus brazos, completamente abrigada por su cuerpo, su olor y su calor. Siempre había sido duro afrontar que no sería suya, pero descubrir lo que perdía exactamente era superior a todas sus fuerzas.

Al escuchar el móvil, se había despertado al instante, pero al reconocer donde estaba y todo lo que había vivido, el teléfono pasó a un segundo plano. Había respirado con fuerza, casi histérica y con agobio, y su forma de abandonar el lecho fue una huida en toda regla. Se sorprendió de no haber despertado a Lucy, aunque si no se daba tiempo, el timbre del teléfono acabaría por lograrlo. Lo recogió veloz, dirigiéndose con cuidado al baño y silenciándolo por el camino. Al cerrar la puerta vio brillar el nombre de su marido en la pantalla, provocando que la ansiedad y malestar de su cuerpo se multiplicara. Era Steve, su marido, a quien ella realmente tenía… no era lo que amaba, pero si alguien muy querido, y era real, era tan suyo como podía llegar a ser. Y Lucy era su sueño… pero era consciente de que era fiel completamente a la definición de sueño, perfecta pero irrealizable, por más que delirara y delirara…

"Los sueños… sueños son" gimió aguantando las lágrimas "Hola cariño" había exclamado descolgando el teléfono con tono animado.

"Buenos días, Renny. ¿Dormías?"

"Si, pero no te preocupes. ¿Qué ocurre?"

"Es tu ginecólogo, ha llamado"

"¿El doctor Smith? ¿Hoy, sábado?"

"Bueno… realmente le llamé yo. Supuse que hoy tendría consulta y le encontré en la clínica"

"¿Encontrarle? ¿Para que?" preguntó, meditando si su marido maquinaba algo raro, o ella estaba aun muy dormida.

"Como teníamos cita para este miércoles, y tenía que cerrar el bar y tu escaparte del rodaje, pensé en adelantarlo a hoy, si tenía algún hueco en su agenda y…"

"¿Para hoy?" repitió extrañada tomando el retrete como improvisado asiento "Steve… ¿Qué pasa el miércoles?"

"¿Qué? Yo, esto… no…" tartamudeó "Bueno, hay rugby y los chicos quieren venir a verlo al bar, ¿te molesta?"

¿Normalmente? Me sería indiferente. ¿Hoy? Eres la excusa perfecta para huir de aquí, meditó para si. "No, no hay problema, cariño. Nos vendrá mejor a los dos" resolvió escuchando un suspiro de alivio al otro lado "¿Entonces lograste cambiar la hora?"

"¡Si! Verás…" Steve, intentando librarse de cualquier regañina, se había ofrecido caballeroso a ir a recogerla y llevarla de vuelta cuando acabasen. Renee decidió que esperaría a verle para rechazar el segundo ofrecimiento. No quería darle explicaciones sobre el corto fin de semana en la casa de los Tapert, sobretodo porque no las tenía.

Tras hablar con su marido, despedirse y salir del baño, una deliciosa y desnuda Lucy, le había dado los buenos días. Tenía que admitir que aquel no era un despertar muy típico, pero secretamente había esperado que fuera ella quien la despertara y no su marido, como cada mañana, pero estaba claro que el destino no quería cederle un respiro en lo mas mínimo.

"¿Una llamada urgente?" preguntó Lucy con voz algo ronca y somnolienta, palmeando el colchón junto a ella como invitándola a sentarse. Renee no desoyó la petición, que ella sentía casi como orden, y se acomodó a su lado.

"No, solo era Steve. Quería ver si…" ¿…Cambiaban la hora con el ginecólogo? ¿Dónde se había perdido su coeficiente? Posiblemente detrás de las curvas provocativamente cubiertas por la fina tela… ¡No podía decirle la verdad, ni se veía capaz de pensar! "…podía estar en casa para comer" Fue lo primero que pudo razonar y decir en voz alta.

"¿Para comer?" la mueca de Lucy era de pura sorpresa

"Si, es por mi suegra. Ha decidido venir a vernos y quiere que esté con ellos. Pero sobretodo necesita que prepare algo de comer"

"¿Necesita? ¡Renee, él es quien trabaja en la hostelería!" bromeó Lucy

"Lo se, y es justo por eso… Hoy esta el bar hasta arriba y no puede escaparse para cocinar"

"Oh, bueno… Vístete y te llevo. Si quieres puedo recogerte más tarde" propuso encantadora, pero intentando no presionarla ni permitir que salieran a relucir sus ansias.

"No es necesario, Steve se acercara en una hora"

"Pero ¿y el bar?"

Renee jamás se imaginó añorando la habilidad de mentir, pero en ese momento hubiera dado cualquier cosa por un poco de maña en ese sucio arte. Su exagerada falta de práctica le estaba pasando factura, era un desastre mintiendo "La hora punta es algo mas tarde, así que aprovecha y se toma un respiro"

"Claro…" respondió Lucy aceptando la respuesta. Renee no supo si ese fugaz brillo en los ojos de Lucy había sido debido a que olía la mentira pero desistía de continuar indagando, o si habían sido imaginaciones suyas "Entonces te dejaré tranquila para que te vayas duchando. ¿Quieres algo especial para desayunar?" preguntó mientras recuperaba su bata.

Sí, que no te la pongas… gimió silenciosa la mente de Renee "Hmmmm, no. Cualquier cosa ira bien, ¡me muero del hambre!" bromeó, decidiendo que su cansado cuerpo agradecería el alimento que fuera en esos momentos.

"Perfecto, veré que tenemos" exclamó Lucy sonriente "Aunque conociendo tu estómago, no se si será suficiente" se burló con adorable inocencia "Lo retiro, lo retiro, ¡nada de cojinazos, por favor!" suplicó bromista al verle coger una de sus letales almohadas.

"Cobarde…" musitó Renee con gesto triunfal, dirigiéndose al baño de nuevo.

"Comilona…" la imitó antes de salir corriendo a la puerta del cuarto. Cuando la cerró a su espalda, apoyándose por la carrera, escuchó el ruido amortiguado del cojín contra ella y sonrió por inercia como una niña pequeña.

Sin embargo su rostro pronto se vio inundado por cada sentimiento que había desechado hábilmente frente a Renee; tristeza, decepción, soledad, todos en tropel en su rostro. Iba a marcharse al segundo día, y encima para comer con su marido. No sabía que dolía más, si perderla toda la tarde o saber que sería el quien la acompañaría.

Con gesto alicaído, bajó, dirigiéndose a la cocina para preparar el desayuno, sin que la sensación de malestar cesara. No quería repetir lo de anoche, no deseba tener que luchar para conseguir algo más aparte de sexo. Se encontraba añorando como una boba lo que su mente había recreado en su febril imaginación, un día con ella y con los suyos, juntas y sin sentirse como una sucia y simple amante. Con todo eso, aunque la noche terminara culminada del mismo modo, se sentiría más que afortunada. Pero no habían pasado ni cinco minutos y ya no había nada que hacer.

Respiró hondo, resignada, y cogiendo con desánimo la leche de la nevera.


El desayuno había transcurrido tranquilo entre charlas y algunas risas, y solas, puesto que los más pequeños de la casa apuraban el fin de semana para descansar hasta bien entrada la mañana. Además quedaban escasos minutos para la hora pactada con Steve y un secreto sentimiento de egoísmo invitaba a Lucy a tener a su amiga solo para ella cuanto fuera posible, de forma que tampoco tenía intención de levantarles.

El té de Renee, la única bebida que había querido tomar, rechazando una buena taza de café, agonizaba en sus últimos sorbos, cuando el silencioso patio de la casa permitió que llegara a sus oídos el conducir de un coche. Exactamente como aparcaba en la entrada y el motor se detenía, y aun sin acercarse a la puerta Lucy adivinó rendida que se trataría del de Steve. Y por como habían detenido la conversación supo que no era la única con esa idea.

"Me parece que vienen a por ti, ¿no?"

"Posiblemente…" siseó, ojeando su reloj antes de dirigir la mirada a la entrada, como si lograra ver mas allá de la puerta y confirmarlo. Por último alzo su rostro hacia Lucy y con una sonrisa prefabricada, apartó su té, como dando por finalizado el desayuno. La morena sonrió con ella, y ambas se levantaron de la mesa.

"Entonces ¿hablamos después?" preguntó Lucy colocando su silla y siguiendo a Renee fuera de la cocina.

"Claro, luego te aviso, ¿si?" pronunció con toda naturalidad Renee, resguardada de esos ojos que sentía a su espalda gracias al modo en que caminaban hacia la puerta. No enfrentarla de cara facilitaba tremendamente las cosas y volvía llevables los nervios que atenazaban su estómago. Se sentía como si al marcharse traicionara a Lucy por la espalda, como si anular aquel simple fin de semana fuera una rastrera evasión por su parte. Quería girarse y avisarla de lo que pasaría, despedirse reconociendo que no volvería para pasar la noche, y evitar que se enterara como lo iba a hacer. Pero era consciente de que su resistencia posiblemente no duraría ni dos asaltos a las preguntas de Lucy, y si esta insistiera de algún modo en que regresara, habría cedido a la primera sílaba. No, su miedo y su corazón se habían aliado estratégicamente y estaba decidido, tenía que irse, no había más opción.

"Es Steve…" comentó Lucy asomándose por la mirilla, recibiendo una sonrisita de Renee "¡Había que confirmarlo!" razonó guasona, abriendo la puerta, desde donde vieron el coche aparcado del hombre y este esperando paciente y con una gran sonrisa junto a la entrada del piloto "Dale un beso de mi parte" pidió Lucy acercándose a Renee. La rubia también se aproximó deseosa del abrazo que sabía que obtendría, y no fue decepcionada. Se recreó en el, luchando porque a su mente no volvieran imágenes de esa noche, cuando la voz de Lucy alcanzó sus oídos "Después te veo, peque" siseó, depositando un suave beso en su mejilla.

"Hasta luego, Luce" respondió Renee, con un nudo en la garganta y un fuego en su mejilla, acercándose al coche donde su marido la esperaba. Con un leve y simpático alzamiento de brazo, saludo a la actriz desde la distancia antes de regresar al automóvil, acompañado de Renee. Se saludaron con un fugaz beso, mientras el motor arrancaba y abandonaban la casa.


Suspiró hacia el cristal del coche, reclinándose derrotada contra el asiento y con los brazos cruzados a la altura de su vientre. El paisaje desapareciendo y reapareciendo a toda velocidad frente a su ventanilla, ayudaba demasiado a la hora de dejar volar su mente con facilidad. Cientos de pensamientos recorrían sin parar su cabeza y temía volverse loca; no lograba resolver nada, solo recordaba una y otra vez cuanto la mantenía tensa y apesadumbrada. Otro suspiro involuntario se escapó de sus labios entreabiertos, llenando de bao el cristal.

Una mano en su rodilla y una tierna caricia, tensaron su cuerpo por el susto, haciéndola regresar a la realidad. Steve conducía concentrado en la carretera, pero de vez en cuando dirigía la atención a su callada esposa, y los suspiros no pasaban desapercibidos bajo el sonido de la radio. Estrechó con cariño su muslo, antes de mirarla un par de segundos.

"Cariño, ¿estás bien?"

"¿Qué?" preguntó medio perdida "Oh, si, si… solo estaba pensando, no es nada"

"No tienes que preocuparte, lo sabes, ¿verdad?" Ella asintió tranquila con la cabeza, sin dejar de mirar por la ventanilla "El doctor nos dio únicamente buenas noticias"

"Lo se, y estoy feliz por ello"

"¿Te preocupan entonces las recomendaciones?" Renee sonrió irónica de medio lado. La respuesta era un rotundo "Si", pero sus motivos y los que seguramente imaginaría su esposo debían ser tan opuestos, que resultaba patéticamente divertido. El embarazo continuaba su curso perfectamente y sin complicación alguna, pero el médico había recomendado que comenzara a delegar totalmente las escenas de mayor acción a las especialistas y dobles. La buena noticia sobre su embarazo, iba a decidir por ella sobre cuando revelar su pequeño secreto. Su gestación se daría a conocer en su trabajo, llegaría a oídos de todos… "¿Es por Lucy, verdad?" preguntó la estoica voz de Steve, deteniendo hasta la respiración de Renee. Se giró hacia él con los ojos como platos y un hilito de voz aflautado.

"¿Qué?" cuestionó carraspeando para recuperar su voz "¿A que te refieres?"

"Ya sabes…" comenzó como si le costara continuar "Hablo de su aborto. Lo tienes aun muy reciente y temes que nos ocurra lo mismo, ¿no?"

Tomó aire con fuerza, preparándose para mirar a su atento y tierno esposo. Todo aquello que recorría su mente regresó con intensidad, aturullando sus sentidos y devolviéndole la sensación de angustia en la boca del estómago. Tragó hondo antes de responder a la encantadora sonrisa de Steve:

"Si, puede ser, pero se me pasará. Ya escuchamos al doctor, todo va perfecto, ¿no?" preguntó retóricamente, devolviéndole una sonrisa que no sentía y riéndose de si misma al escuchar la mentira en sus labios. Estaba claro que a veces engañar no se le daba tan mal, empezando consigo misma.

"Exacto. A nosotros no nos pasara"

"No, claro que no" sonrió Renee, regresando al paisaje y dando por zanjado el tema.

"Cariño, ¿seguro que no quieres que te acerque a casa de Lucy entonces?" preguntó él insistiendo inseguro.

"No, no te preocupes… Llévame a casa, por favor…" siseó cansada y acariciando su abdomen casi inconscientemente, sonriendo con los ojos brillantes. Al menos habían averiguado que tendrían un niño, un precioso y encantador pequeño.


Inhaló aire con fuerza, llenando sus pulmones y soltando el aire lentamente, pero sin dejar de agarrar con fuerza las asas de la maleta. Casi dos días pensando que decir o hacer, y en ese momento ningún ensayo parecía servir. No había entendido nada de lo ocurrido ni como había terminado pasando el resto del fin de semana sola, pero lo peor era saber que no podría preguntar ni indagar sobre aquello. Tan solo se le concedería la posibilidad de continuar como amigas y descubrir algún atisbo de explicación por casualidad. Con suerte.

Pero su nunca acordado trato daba lugar a ello, permitía que Renee se marchara de su lado en pleno sábado y no regresara en todo el fin de semana sin que ella pudiera objetar. Al fin y al cabo, ella era la amante, con la que tenía que buscar las excusas y las explicaciones para estar, y Steve su marido, quien poseía derecho a cada momento con ella sin motivo alguno. Respiró hondo una vez más, enfadada y dolida sin saber muy bien con quien. Ella había terminado por entender cual era su papel a fuerza de interpretarlo, pero su resignación tenía un límite. Había esperado algún aviso de Renee, una llamada, una visita fugaz, o cualquier cosa más allá del simple mensaje al móvil que había recibido de su amiga, avisando escuetamente de que el resto del fin de semana lo pasaría en su propia casa. Su cara de decepción al recibirlo había debido ser un poema, pero dos días más tarde ahí estaba ella con su careta de amiga feliz y con la pequeña maleta de Renee en mano. Era cuanto había conseguido de ella esos días, su muda. Patético. Aunque más patéticas habían sido sus tontísimas ganas de dormir abrazada a la mochila.

Fuera como fuese, el fin de semana había quedado atrás y ella, intentando parecer lo menos desesperada posible, buscaba a Renee por los estudios, sin soltar la maletita que le servía como excusa. Y lo último que esperaba en su búsqueda entre compañeros, cámaras y reporteros externos, era encontrarla allí. Entre los estudios y el plató, ya caracterizada de Gabrielle y acompañada de los dos productores principales, Renee parecía enfrascada en una trascendente charla. La imagen de su amante con su esposo nunca era de su agrado, y por las chispas que saltaban entre ellos cuando se tenían que soportar, sabía que no era la única con esa opinión. Pero esa vez, se trataba de algo más que simple molestia, era más como un incómodo y extraño agujero en la boca del estómago, que no parecía presagiar nada bueno.

Se serenó, irguiéndose y colocándose una sonrisita, para acercarse a ellos y unirse con toda la naturalidad que pudiera fingir. Pero no iba a ser tan sencillo. Su presencia se dejó notar en el pintoresco grupo a los dos pasos y la conversación que mantenían se zanjó entre silencios y grandes pero incómodas sonrisas.

"Buenos días" exclamó Lucy repartiendo besos, uno a su marido, dos a su compañera y una gran sonrisa para Sam Raimi.

"Hola, buenos días" respondieron sonrientes a coro. Fuera el que fuera su tema de conversación, se había zanjado al momento con su aparición. Y quizás por esa razón o por evitar el simple e incomodo silencio, ella continuó hablando:

"Renny, los peques te echaron de menos. Me preguntaron por ti" musitó con un tono libre de reproche y cargado de una no sentida calma.

"Oh, cierto. Es que no pude volver… muchas cosas, mucho lío. Lo siento"

"No te preocupes, lo entiendo" sonrió aunque temblando por dentro por el extraño actuar de la rubia.

"Gracias" musitó Renee mirándola por primera vez a los ojos mas de dos segundos esa mañana "¿Es esa mi maleta?" preguntó cabeceando hacia la bolsa que Lucy aun cargaba.

"Sip, toda tuya. Voy a cambiarme a la caravana, ¿te acompaño a la tuya a dejarla?" propuso con poco tacto y menos sutileza aun. Pero se olía algo raro en el ambiente y sabía que la única forma de hablar con Renee y quizás averiguar algo referente al fin de semana, sería estando a solas, y no veía el momento de conseguirlo.

"Claro…" musitó Renee con la mirada de nuevo esquiva. Antes de comenzar a caminar y alejarse de los dos hombres, la voz de Sam las detuvo.

"Luce, date prisa, empezamos en media hora" Esta cabeceó conforme y sonriente, y con Renee a su lado, listas para irse "Y Ren, regresa rápido para que tu doble practique las nuevas tomas contigo antes de empezar a rodarlas"

El rostro de Renee quedó blanco como la leche, casi transparente, pero Lucy no se había percatado. Tan solo miraba con inocencia y tranquilidad a ambos productores, preguntando ajena a todo y sonriente "¿Nuevas tomas? ¿Ha habido cambios o a que se debe?" Sintió la penetrante mirada de Renee a su vera, incluso creyó notar un respingo nervioso en el cuerpo de la pequeña actriz, su marido no apartaba la vista de ella entre jocoso y asombrado, y por último Sam parecía extrañado pero era el más sereno de los tres.

"¿Cambios? Solo uno, pero bien grande" exclamó Sam sonriendo a Renee con cariño. La cara de despiste que lucía su esposa le dijo a Rob cuanto quería saber.

"Lucy, ya te habrás enterado, ¿no?" preguntó con una amable sonrisa que nada tenía que ver con sus palabras "Nuestra Renny va a ser mama, ¡esta embarazada!" exclamó estrechándole el brazo a la actriz que ni si quiera se giró a mirarle, estaba demasiado centrada en Lucy y su reacción, que de momento se limitaba a abrir la boca y cerrarla.

Quería sacarla de ahí, hablar detenidamente con ella y explicarse a solas. Esperaba que no se lo tomara mal, que no actuara… justo como lo estaba haciendo. No entendía esa imperiosa necesidad de parar el mundo y cambiar todo aquello, pero era el único deseo que recorría su mente en ese momento, que todo saliera bien. Pero el mundo no se podía detener y Renee supuso que los deseos no se cumplirían con tanta facilidad y más si ella había hecho todo lo posible para sabotearlo. Solo le quedaba esperar, ni si quiera sabía que decir, mientras que a Rob parecían no faltarle las ideas.

"Casi tres meses de embarazo, ¿no es así? Pues estas estupenda, Renee" exclamó todo lo políticamente correcto que pudo ser. Pero el tono de voz y las florituras del productor pasaron desapercibidas para ella. Cerró los ojos, asimilando lo que acababan de confesar por ella y agachó el rostro, huyendo así de la tentación de captar cada detalle de la reacción de Lucy. Por alguna razón supuso que imaginarla sería menos dolorosa que entrenarla de verdad.

Renee embarazada. No era una niña boba e inocente, siempre había contado con que no se acostaba solo con ella. Realmente siempre había tenido claro que más bien no solo se tiraba a Steve, eso era lo único seguro. Pero nunca lo había tenido tan presente como en ese momento. Ella también había estado en cinta, e incluso antes de abortar todo había continuado igual, como si a Renee no le importunara. Pero Lucy no se veía capaz de afrontar algo así, no quería ni podía… ¿tres meses? Eso no era una noticia, sino un secreto, algo que compartir con su marido y ocultar a su amante, e incluso a su amiga. ¿Creía Renee que no le interesaría saberlo, que le daría igual, o ni si quiera había pensando en ella a la hora de guardar silencio? Tragó con dificultad, como si digiriera toda aquella información.

Una sensación húmeda y corrosiva amenazaba con sobrepasarla. La molestia en su estomago se había transformado en un retorcido dolor, amenazando con nauseas, y sus ojos se humedecían, traicioneros. Estaba mirando a su amiga, que en ese instante le parecía una desconocida, y por un segundo deseo que lo fuera, que no se conocieran de nada, que todo aquello no doliera tanto… y que no hubiera nadie mirándola fijamente. Pero no pudo ser, todos seguían allí y ella tenía que hablar. Si su raciocinio no se equivocaba, debía responder como si se tratara de una feliz y maravillosa nueva, y para esas ocasiones, el protocolo establecía una gran sonrisa y un eufórico "¡Enhorabuena!" y eso hizo.

"Eso… ¡Eso es genial, peque!" gimió emocionada, acercándose a ella con una sonrisa gigante "¡Me alegro muchísimo por ti! Bueno, ¡por vosotros!" exclamó sin cambiar un apéndice de su radiante careta y acercándose para abrazarla "Enhorabuena" añadió al estrecharla brevemente entre sus brazos.

¡Gracias, Luce!" sonrió Renee, aunque sin ganas. Apenas había pronunciado esas dos palabras y el escaso abrazo ya terminaba "No lo esperábamos tan pronto, pero ha sido una bonita sorpresa" siseó como relatándoselo a todos, aunque guardaba un sentido explicativo dirigido únicamente a Lucy. Pero supo que era más que probable que no lo captase. Incluso si no fuera por su mirada de puro pasmo entre tanta sonrisita, habría afirmado que le daban igual sus palabras y todo aquello. Pero no era así, y enseguida comprendió que el daño ya estaba hecho, ahora solo quedaba comprobar que las consecuencias no fueran tan malas como preveía.

"Ren, creo que en ese caso deberías ir ya a plató y ponerte con las dobles, ¿no?" preguntó en tono neutro

"Pero, ¿y la maleta?" cuestiono rauda

"No te preocupes, yo me encargo de llevártela" alegó con tal firmeza que no daba lugar a ninguna queja y las dos lo sabían. ¿Temía las consecuencias? Ahí tenía el primero de los golpes. "Ahora os veo, chicos" añadió dispuesta a irse "Media hora, ¿no?" Sam asintió mientras Lucy ya se perdía por el pasillo. Renee quiso hablar, añadir alguna palabra más para no zanjar de ese modo la conversación, pero fue consciente de que no existía nada que decir que fuera a parar a Lucy en ese momento. Su amante, si aun podía llamarla así, había decidido, y Renee recibía ese fallo como un mazazo en pleno tórax, costaba respirar y advertía hasta su garganta húmeda.

Su cabeza no estaba muy segura de que era lo que había ocurrido, pero su corazón palpitaba histérico que nada bueno.

"¿Vamos hacia plató?" preguntó Sam

"Si…" hasta su tono de voz resulto mecánico, mientras andaba junto a ambos hombres como una autómata. Instintivamente se giró una última vez, alcanzando a ver la figura de Lucy alejándose en dirección contraria y entonces lo sintió. Casi como una premonición, o quizás debido al modo en que conocía a Lucy, supo que ocurriría a partir de entonces y sintió que su alma caía a sus pies solo para que la pisotearan un poco más. Lo que fuera que tenían, ¿había terminado? ¿Habría más veces? No, algo le decía en su interior que no, como un palpito que le avisaba de que esa última vez, añorada durante tantos meses, ya había sucedido y frente a sus ojos, sin opción a despedirse. Solo había pasado el momento... su momento con Luce. Era lo que había ansiado desde que se vio atrapada en todo aquel torbellino de destrucción, lo que anhelaba en cada ocasión en la que no podía decir que no, y terminaba por gemir un sí. ¿Entonces por que de repente la seguridad parecía haberse ido de paseo, y curiosamente hacia los camerinos?

Lo descartó como pleno miedo, debía tratarse únicamente de temor a lo desconocido, a no poder estar segura sobre que ocurriría tras esa mañana. El sabor amargo de su boca, rezaba que el final era un hecho, y aunque todo su cuerpo aparentara quejarse, era algo bueno, ¿no…? Así debía ser.


Lucy rió resignada en una especie de jadeo grave. ¿Quién había dicho que Renee no necesitaba excusas para estar con su marido? Oh, sí, había sido ella, en su eterna y estúpida sabiduría. Claro que no las necesitaba, pero las tenía. Esos días en su casa se habían convertido en apenas uno, porque el matrimonio habría decidido celebrar su pronta paternidad con una comida familiar, y finalmente el panorama de otro día mas con ella había sido abatido por las ganas de permanecer con Steve en casa. ¿Y donde estaba el problema de todo aquello? En ella, en la propia Luce y su tonta esperanza; en sus utopías de adolescente, que ni si quiera se había molestado en meditar. Tenía claro que quería dar todo de si, que Renee provocaba en ella la necesidad de ser feliz tan solo a su lado. Pero no era lógico regalar lo que no sobraba a quien no lo quería. Ni si quiera se había parado a pensar si Renee pondría las manos para sostener y ojear lo que ella quería entregarle ciegamente, y ahora toda ella se desmoronaba como una cría ante los hechos. Su amante vivía una vida y esta seguía su curso; ella tan solo una fantasía irracional y como era de esperar, la realidad había terminado por imponerse y ganar. Y como derrotada que era, solo le quedaba abrir los ojos, retirarse con dignidad y aceptar y acatar de una vez por todas los términos de su "acuerdo sexual". Y si no le gustaban, saltárselos no era una opción, no tenía ese poder; sin embargo si podía abdicar. Renunciar a lo poco que tenía a cambio de no sufrir más derrotas. Quizás estuviera comportándose como una cobarde, pero por una vez estaba siendo realista. Todo tenía un fin, ¿no? Pues aquella campaña había terminado. Y con una carcajada amarga, imaginó a su amiga, y futura madre, aliviada ante la idea. Su amiga… solo amigas.

Caminó hasta llegar a su camerino y entró sin ser muy consciente de qué hacía, pero al mirar al espejo su triste estampa le refrescó la memoria. Había regresado igual que se había ido, cargando con la maleta y con cientos de pensamientos hirviendo en su cabeza, pero esta vez sin un ápice de ánimo, solo concienciación y realismo, mucho realismo.

Una ventaja que siempre había apreciado de su caravana era que los sonidos, sin importar su fuerza, jamás escapaban a oídos ajenos. Era hora de comprobar si con el llanto funcionaba igual de bien...

Continuará...