Gracias por todo el apoyo :)) Muchos, muchos, muchos millones de gracias.

El cambio de idioma del título hace honor a una frase puesta por petición popular. ;)

Espero que os guste.

JUNIO

Parte 3. Ich kann nicht mehr

Miró el móvil de nuevo. No sabía porqué Regina estaba tan pesada si habían quedado una hora después. Aún le quedaba tiempo para acudir a la cita, pero la morena la había llamado unas tres veces y ella no había respondido a ninguna. Estaba de comida con sus compañeros de facultad y quería disfrutar un rato de ellos, porque en verano apenas se verían.

-Te noto preocupada- le dijo Whale mirándola seriamente.

-No…es que he quedado después pero me están llamando y ya dudo si ha pasado algo.-contestó.

-¿No vas a pasar la tarde con nosotros?

-Lo siento,- sonrió con pesar- no puedo.

-Emma, apenas has quedado con nosotros en los últimos meses. Estás como distante ¿te hemos hecho algo?- Negó y se sintió mal porque Víctor llevaba razón. Sus compañeros de clase estaban los primeros en la lista de personas que había abandonado por Regina.-O…-el joven la miró pícaramente -¿te has echado novio?- ¿Y qué se supone que tenía que contestar a eso?

-Algo así…-Whale iba a hablar de nuevo pero le hizo una señal para que esperase. Acababa de llegarle un mensaje de Regina.

R Mills: Emma, la cita se adelanta. En 10 minutos en la cafetería de enfrente de mi trabajo.

¿10 minutos? Joder, Regina no podía partirle la vida de esa manera. Pero desgraciadamente ella tenía ese poder.

-Me tengo que ir- se levantó de su sitio, se despidió con la mano de sus desconcertados compañeros y salió del local a toda prisa. Seguro que pillaría atasco y llegaría tarde, si tuviese su moto disponible pues no tendría ese problema. Desde luego era un engorro tener que dejarla aparcada en casa de Regina, pero claro, ¿cómo explicaba a sus padres que tenía semejante cacharro? Pues no había forma, así que si quería utilizarla tenía que ir a por ella y luego volverla a llevar. Para su desgracia, hoy no le había dado tiempo.

Sentía un malestar en el estómago cada vez que se acordaba de la ducatti, porque sí, era el mejor regalo que había recibido en su vida, pero sólo era otro recordatorio de la gran diferencia entre ellas. A Regina no le costaba gastarse una cantidad descomunal de dinero en ella, en cambio a ella le suponía un esfuerzo enorme reunir dinero para tener algún detalle que al lado de la moto, resultaba insignificante.

Consultó la hora cuando se bajó del coche. Veinte minutos tarde. Sabía que la morena odiaba la impuntualidad pero es que no podía cambiarle las citas a última hora porque lo único que conseguía era que ella llegase con retraso.

Se colocó un poco el pelo en el escaparate de al lado de la cafetería y se compuso la ropa. El vino que había tomado durante el almuerzo había hecho que tuviese los carrillos sonrosados y odiaba eso. Por lo menos iba muy mona vestida; falda roja de vuelo, top blanco que dejaba el estómago al aire, sandalias y se había hecho una trenza a un lado.

Cuando fue a abrir la puerta del local se detuvo, en la mesa que estaba Regina había alguien más. Su amigo Archie. Eso era una encerrona en toda regla, porque la morena había insinuado varias veces que quería presentarle al psicólogo y ella había esquivado un poco el tema. Y ahora se lo encontraba ahí y no podía salir corriendo. No sin que Regina se enfadase.

Tomó aire para coger fuerzas y entró con paso vacilante. Al verla, la morena se levantó.

-Emma, este es mi amigo Archie.

-Encantada- dijo estrechando la mano del hombre.

-He oído hablar mucho de ti- le respondió el pelirrojo. Se sonrojó. Después tomó asiento en la silla que Regina le apartaba.

-¿Qué quieres tomar?- la mano de la mujer sobre su brazo hizo que se sintiese incómoda. Porque no sabía porqué, pero Archie parecía estar muy atento a la interacción entre ellas y eso que no había hecho otra cosa que llegar.

-Té con leche. – se regañó mentalmente por hablar con voz de cachorrillo asustado, pero es que no le resultaba una situación cómoda- Siento el retraso- se disculpó algo nerviosa ante el escrutinio de Archie que la miraba muy serio.

-Ha sido culpa mía el adelanto de hora, porque tengo consulta esta tarde.- comentó el hombre.

-Le estaba contando a Archie que en una semana Henry parece haberse hecho totalmente a la casa.- Ella asintió. Otra vez Regina la tocó mientras hablaba. ¿Es que no se daba cuenta de que el hombre las estaba estudiando? Y según la morena él no sabía nada de su "relación", sólo que eran amigas y ya. Así que no era plan de que comenzase a pensar otra cosa.

-No sé cómo conseguiste que Regina aceptara quedarse con el perro. – dijo el psicólogo. ¿Eso iba con segundas o se lo estaba pareciendo a ella?

-Sabes que soy una blanda- la morena sonrió como una chiquilla. Aunque el encuentro no le hacía ni pizca de gracia, sí que le llamaba la atención ver a Regina completamente relajada con alguien más aparte de ella. Porque con Belle tampoco era tan…tan …tan simplemente Regina.

-¿Os vais de viaje en agosto? – preguntó el hombre.

-Sí…- agradeció cuando llegó su bebida, así tenía algo con lo que entretener sus manos sin necesidad de hacer una masacre de servilletas y que Archie, gran psicólogo según la morena, llegase a interpretar su gesto como algo con un trasfondo más allá de los nervios.

-A Los Ángeles, ya te lo dije. – no tenía muchas ganas de hablar pero, claro, es que tampoco creía que fuese bueno que la morena acabase todas sus frases.

-Deberíais visitar aquel restaurante italiano que tanto nos gustaba, ¿te acuerdas?

-¿El del toldo de rayas?- preguntó Regina.

-Sí,- asintió el hombre- tengo muy buenos recuerdos de ese lugar.

-Yo también…

Por unos instantes se sintió como una intrusa entre los recuerdos de esos dos buenos amigos. Archie formaba parte de la vida de Regina desde siempre ella , en cambio, era parte del universo de la Regina actual. Pero esa sensación pasó pronto cuando la morena volvió a introducirla forzadamente en el tema de conversación.

-Emma, cuéntale a Archie el caso que estudiaste sobre la conducta, seguro que le interesa.

-Pero no sé si tiene mucho que ver con su profesión…

-Venga, tonta, que no te de vergüenza- ¿En serio?¿No se daba cuenta Regina que a veces soltaba una risilla al hablar como si tuviese quince años?

-Tranquila, me encantará escucharte.- Asintió y comenzó a explicar aquel caso que ya apenas recordaba, pero no quería quedar mal. Así que se estrujó la mente.

Creía que con el paso de los minutos se comenzaría a sentir más cómoda, pero no. Percibía cierto aire hostil hacia ella por parte de Archie, que no dejaba de observarla y analizarla. Por eso llevaba toda la tarde evitando mirar a Regina, no quería que el pelirrojo pudiese leer en su rostro a saber qué.

Cuando se cansó de ver a una Regina tan relajada que parecía una adolescente en la edad del pavo y a un Archie que la juzgaba mentalmente, puso una excusa y se marchó. Por una parte le daba muchísimo miedo lo que el psicólogo pudiese pensar de ella pero , por otro lado, estaba enfadada. Porque Regina la había metido en una difícil tesitura sin ni siquiera consultarle. Esas cosas no le gustaban. Había dejado plantados a sus amigos para estar con ella, no para verse metida en una "presentación oficial".


Creía que el encuentro Emma-Archie había ido bien. Aunque la rubia no se había marchado con muy buen gesto, pero claro, a saber qué uña se le había roto ahora a Belle llamándola para quedar con tantas prisas.

-Regina, no me gusta meterme donde no me llaman pero…- comentó su amigo mientras caminaban hacía el aparcamiento de Mills & Co, ya que ahí tenían sus autos.

-No lo hagas- espetó ella. A lo mejor se había confundido acerca de cómo había ido la reunión.

-¿Estás segura de lo que estás haciendo?- Archie le interrumpió el paso y la miró a los ojos.

-Es que no sé a lo que te refieres con eso de que si estoy segura de lo que estoy haciendo.

-No te hagas la estúpida, porque no lo eres.

-No te entiendo- empujó levemente al psicólogo y siguió su camino.

-Escúchame- se dio la vuelta cuando sintió el agarre en el brazo. No le estaba gustando esa actitud tan inquisitiva por parte de Archie- He visto las pulseras.- en acto reflejo se miró la suya.

-¿Y qué?

-Que te conozco y tú no haces determinadas cosas a la ligera. Esa pulsera significa algo porque ella también la lleva. Mira Regina, sólo te voy a pedir una cosa…

-Sorpréndeme- contestó con acritud. El hombre suspiró.

-Creo que has sufrido muchísimo en esta vida, no quiero que vuelvas a pasar por más cosas dolorosas.- el pelirrojo había suavizado el tono.

-No te metas en esto,- sintió como un nudo se le formaba en la garganta. Y todo porque sentía que él llevaba razón, había soportado muchísimo dolor y con Emma todo apuntaba a que iba a acabar de mala manera.-por favor.

-Sabes que te deseo toda la felicidad del mundo…

-Lo sé.

-Puedes traerla un día a comer a casa. Si quieres…

-No es mi pareja Archie- sonrió con cierto pesar al decir esto. Fue consciente de que nunca podría llevarla a cenar, al cine, cogerla de la mano…hacerlo sabiendo que era su pareja, porque eso nunca iba a pasar.

-Pero la quieres.


Estaba ansiosa por ver a Regina, más que nada porque la conversación telefónica de la noche anterior se había desarrollado con cierta sequedad y quería arreglarlo. Aunque si lo pensaba se habían despedido de buenas maneras, porque la había acabado convenciendo de que debían quedar por la mañana y que debía ir con ropa cómoda. Es decir, sin tacones ni falda. Belle y ella habían decidido enseñar a la morena a patinar.

Ahora estaba esperando en la esquina de su calle a que la recogiese. Belle estaba con los patines en el parque elegido. Regina se iba a llevar una gran sorpresa.

Cuando vio el mercedes, se apresuró hacia él.

-Hola, cosi- le dio un beso a la mujer en la mejilla.

-¿Qué tal?- Bueno, a decir verdad, Regina parecía un poco seca todavía.

-Bien, ¿cómo está mi niño bonito?- la morena sabía perfectamente que se refería a Henry.

-Muy bien.

-¿Sigues enfadada?-preguntó mientras se abrochaba el cinturón.

-No.

Se quedó callada unos segundos, intentaría ablandar su carácter porque a la pobre Belle le podía dar un infarto si la veía de ese humor. Observó que le había hecho caso y que llevaba una sencilla camiseta, unos leggins, los cuales Regina sabía que le hacían un culo estupendo porque ella se lo había dicho, y no veía bien pero…

-¿No llevas tacones?- Estaba sorprendida, la verdad, de que llevase unas simples zapatillas.

-¿No es lo que dijiste?

-Sí, pero no creía que me fuese a hacer caso.

-Ya sabes que soy un imbécil que siempre está a tus órdenes.- Otra vez con el tema. Es que la noche anterior ya había hecho un par de comentarios del estilo.

-Creo que dices todas estas cosas porque Archie te dijo algo que no te gustó y la que debería estar enfadada soy yo porque me preparaste una encerrona a lo grande.

-No me dijo nada de eso. En fin… Emma olvídalo. Vamos al parque del lago, ¿no?

-Sí,-no le gustaba que se comportase así- detesto cuando te da por dar carpetazo a las cosas sin decirme qué es lo que te pasa.

-A saber cómo eres tú cuando tengas mis años- Venga…dale con la edad.

-Pues seguro que no me pongo como el enanito gruñón.- Regina apartó los ojos del asfalto y la miró muy seria.

-Dejemos el tema.- De pronto el coche pareció ser sacudido por alguna fuerza extraña. El corazón se le subió a la boca cuando al cambiar la vista al frente vio que iban con la mitad del auto subida a un bordillo. Regina pegó un frenazo que casi le hace comerse el salpicadero.-¡Joder!- gritó la morena mientras se bajaba del mercedes. Ella también salió.

Regina estaba agachada mirando la rueda trasera del lado del copiloto. Estaba pinchada.

-¿Llevas una rueda de repuesto?

-No, soy tan tonta que no…¡Pues claro!- Decidió callarse, sería lo mejor dada la situación. Estuvo tentada de advertir a la gente que comenzaba a arremolinarse a su alrededor que lo mejor era que huyesen.

-¿Te ayudo?- Como Regina contestó con un gruñido, se quedó observando cómo sacaba el gato y se ponía a cambiar la rueda. Aunque al parecer no iba a tener mucho éxito.

Quince minutos después, la mujer seguía refunfuñando e intentando quitar el neumático dañado del coche, pero no era capaz.

-Me cago en todo…- la oyó decir mientras un señor se acercaba hacia ella.

-¿Qué ha pasado?- le preguntó el hombre.

-Hemos pinchado.- al ver las intenciones que traía intentó pararle pero…

-Señora, ¿la ayudo?- Tarde. La mirada furiosa de Regina le dio escalofríos hasta a ella.

-No- se puso otra vez a intentar quitar la rueda.

-Lo está haciendo mal- comentó el señor, que se agachó y en un periquete quitó el neumático y colocó el otro.

Cuando el coche volvió a estar en perfecto estado, Regina lanzó la rueda al maletero y lo cerró de un portazo. Después se metió en el auto sin siquiera dar las gracias al amable caballero que las había sacado del aprieto.

-Muchas gracias.- le dijo ella al desconocido- Perdónela por su actitud,- refiriéndose a la morena- es que no está de muy buen humor.

-Es entendible, estas cosas no tienen importancia pero cabrean bastante- Ella asintió. Al escuchar el pitido constante proveniente del mercedes, se despidió del hombre agradeciéndole de nuevo y corrió a subirse.

-Deberías haberle dado las gracias, ha sido muy amable.- comentó mientras Regina arrancaba. Al no obtener respuesta, decidió que la opción más sensata era la de permanecer en silencio.

Cuando llegaron al parque, una muy sonriente Belle anduvo hacia ellas. Le hizo gracia verla con dos pares de patines y un par de cascos. Al tener el mismo número llevaba unos para Regina.

Antes de que dijese alguna estupidez, decidió advertirla del humor de la señora.

-Ni hables- le puso un dedo en la boca a la castaña.- Está de una mala leche que lo mejor es que ni le respires- Sintió cierta satisfacción al ver el miedo reflejado en los ojos azules, para qué negarlo.

-Ok, pero…¿va a patinar?- preguntó por lo bajini, mirando intermitentemente a Regina que iba a su lado caminando en silencio y con la vista fija al frente.

-Espero.- Aunque en esos momentos, al ver la cara de ajo de la morena, dudaba que funcionase su poder de convicción.

-Bueno, ¿a qué se supone que hemos venido?- dijo Regina cortando sus susurros.

-A patinar-contestó con su voz más dulce.

-Yo no sé.

-Pues para eso te hemos traído, para enseñarte.- sonrió.

-Es broma, ¿no?

-No- le cogió a Belle unos patines y un casco, el cual por cierto era de Hello Kitty y se los alargó a Regina. La cual los recogió con desagrado.

-¿Rosas?¿En serio?

-Es que eran los únicos que tenía…-Belle parecía a punto de morir del susto.

-En fin…- sin decir nada más, se acercó al banco más cercano y comenzó a descalzarse. Tanto la castaña como ella la imitaron.

Unos minutos después, estaban listas para comenzar la acción. Dejaron a la morena en medio y la agarraron cada una de un brazo.

Regina era la peor alumna del mundo; se quejaba constantemente, refunfuñaba sin parar y gruñía como un león enfadado.

-Mira Belle, tú suéltame porque no tienes ni idea y vamos a ir al suelo las tres- espetó de repente la mujer. Así que se quedaron las dos, mientras una triste Bellusqui se adelantaba unos pasos a trompicones.

-A ver cosi, derecha, izquierda, derecha, izquierda…- La Mills era peor que Belle para aprender y eso ya era mucho decir, porque la chica llevaba dos años practicando y se le daba igual de mal que el primer día. Se situó detrás de la mujer, la cogió por la cintura e intentó guiarla. No podía negar que le gustaba esa situación; tener a Regina entre sus brazos le gustaba y mucho. Y también le daba miedo, más aún.

Se distrajo unos segundos para ver como Belle caía al suelo unos metros más allá y ,de pronto, a ellas les pasó lo mismo. Cayó de culo y con Regina encima.

-Creo que me acabo de joder una rodilla- le dijo la mujer sin moverse de la posición que tenía sobre su regazo.

-Deberíamos dedicarnos a actividades más relajadas, porque eres un poquito burra para esto.- la morena giró la cara y su ceja alzada le hizo sonreír. Ella apretó las manos sobre su estómago y la estrechó más contra ella.

-¿Estáis bien?- una asustada Belle las miraba desde arriba.

-Te caes y nos distraes –contestó ella ayudando a Regina a levantarse. La cual lo hizo a duras penas.

-Mira, que digo que ¿por qué no vamos a mi casa? Podemos pasar el resto del día en la piscina…-propuso su "cosi".

-Pero no tenemos bañador…-la castaña seguía asustada, no le cabía duda de ello.

-Nos bañamos en bolas- dijo ella muy sonriente.

-Tus ganas, Swan- replicó Regina.-Vais a casa, que te lleve Belle, cogéis el traje de baño y os espero allí en una hora.

-De acuerdo…


En su vida había hecho una compra de ropa tan rápida. Había tardado diez minutos en elegir un bañador. Por suerte este era perfecto; un trikini negro que dejaba poquito a la imaginación.

Como no quería admitir que había ido a por un traje de baño, había puesto mil excusas sobre lo que la había entretenido Henry al llegar y que por eso no estaba preparada para cuando Belle y Emma habían llamado al timbre.

Ahora las jóvenes estaban fuera mientras ella se ponía su atuendo. Mirándose en el espejo tenía que reconocer que la prenda le quedaba de muerte.

-¿Queréis beber algo?- preguntó saliendo a encontrarse con las chicas que se estaban acomodando en un par de tumbonas. Sonrió interiormente al percatarse de que Emma abría mucho los ojos al fijarse en su cuerpo.

-¡Madre mía, Regina!- exclamó Belle- De mayor quiero ser como tú.- Se sonrojó ante el cumplido, pero esto le duró poco porque Emma se quitó los pantalones y la camiseta, quedándose en un escueto bikini rojo pasión. No podía quitarle la vista de encima.

-Zumo para mí- la rubia contestó a su pregunta.

-Está bien…- Lo mejor era pasar dentro y quitarse los pensamientos obscenos que acaban de pasársele por la mente.

Cuando regresó de nuevo a la piscina, Belle leía una revista mientras acariciaba a Henry y Emma estaba metida en el agua nadando. Ella dejó las bebidas en una mesita, se sentó en una hamaca y abrió la novela que estaba leyendo.

-¿No os vais a bañar?- preguntó la rubia deteniendo su ejercicio.

-No me apetece- respondió Belle.

-No – contestó ella.

-Vale-la joven volvió a su tarea de hacer largos.

Ella intentó concentrarse en el libro, pero no podía .La visión de los brazos de la rubia mientras nadaba era demasiado para ella. Por suerte las gafas de sol ocultaban la dirección de su mirada.

No estaba segura de si Emma era consciente del cuerpazo que tenía. Bueno, qué tonterías pensaba…claro que lo era y por eso la torturaba poniéndose prendas tan poco recatadas. De verdad, ¿qué le estaba pasando? Nunca le había tenido tantas ganas a la rubia como en esos momentos.

-Regi, -Belle la distrajo para su suerte, porque iba a sufrir una combustión espontánea-¿estos zapatos no los tienes tú?- miró la revista.

-Sí y aquellos también- señaló otra de las fotos de la página.

-Ains, en definitiva, quiero ser como tú…

-Si dejas de tirarte a todo lo que se menea puede que algún día.

-¿Cómo?- la castaña la miró interrogante.

-Olvídalo- vio una pizca de dolor en los ojos azules y se sintió un poco mal, pero la verdad es que ella no concebía el sexo sin amor y Belle, que había relatado sus experiencias con Ruby y Gastón, parecía el tipo de persona que no tenía problemas en acostarse con cualquiera.

La joven volvió a centrarse en su lectura. Sabía que el comentario le había molestado, pero Belle nunca le replicaría. Por alguna extraña razón a ella nunca le contestaba.

Para no volver a mirar a la piscina y a Emma, se tumbó boca abajo. Lo mejor sería tomar el sol y olvidarse de que el objeto de sus deseos estaba medio desnuda a unos diez metros de distancia.

-Ahora vuelvo- Belle de pronto se levantó y pasó dentro de la casa, Henry la siguió moviendo el rabito. Desde luego el perro era una monada, estaba muy contenta de tenerlo.

Estaba quedándose medio dormida, cuando sintió un peso en su espalda, un peso bastante mojado. Emma se había sentado sobre su trasero.

-Emma quítate- intentó volverse, pero la rubia le puso las manos en la espalda para detenerla.

-Te vas a quemar- de pronto sintió el frescor de la crema sobre su piel. Al parecer era verdad que el sol estaba afectándole.

La rubia comenzó a extender la loción sobre su espalda, aunque más que nada parecía estar haciendo dibujitos con el líquido.

-¿Qué haces?- preguntó extrañada.

-Hacer corazoncitos.

-Pues me estás empapando, así que deja de hacer el tonto.

-¿No te gusta?- Emma se había echado hacia delante y ahora prácticamente la cubría con su cuerpo. Se intentó levantar de nuevo al comprender que la presión de los pechos de Emma contra ella era más de lo que podía soportar.-Quieta- gruñó la joven, separándose de nuevo.

Las manos de la rubia comenzaron a trazar suaves círculos sobre su piel, aumentando la fuerza o disminuyéndola según la zona. El masaje resultaba reconfortante, pero se tornó en otra cosa cuando los dedos ya no actuaban de una forma profesional, sino que comenzaron a pasearse por sus costados, cerca de sus pechos. Y gimió sin remedio cuando Emma comenzó a detenerse en determinadas partes. Eso no era un masaje ni extender crema, eso era sobarla, la rubia estaba explorando su piel.

El aire en su nuca casi le hace perder la cordura y más cuando se percató de que la respiración de la joven era tan pesada como la suya. El beso en la base de su cuello le hizo sacar fuerzas de algún lugar oculto y se volvió. Se puso boca arriba y sentó, quedando Emma sobre ella a horcajadas. Colocó las manos en los muslos de la joven y los apretó, en ese momento no le importaba si eso estaba bien o mal.

-Ich kann nicht mehr(**)- las palabras le salieron otro idioma porque su capacidad de raciocinio se había evaporado. Tenía ganas de estampar a Emma contra la pared y ….

Un ladrido hizo que la rubia rompiese el contacto visual.

-Henry…- la chica se quitó de encima suyo, le sonrió ligeramente, acarició al perrito y se lanzó de cabeza al agua.

-Henry se ha hecho caca en la cocina- escuchó la voz de Belle a su espalda. Y sinceramente, agradeció la interrupción. Porque no confiaba en su autocontrol, la lujuria recorría todas sus terminaciones y no quería eso. No, Emma no era sólo un calentón y ahora no sentía otra cosa que pura excitación.

-Ya voy- se levantó y pasó a la casa. Pero antes de limpiar los excrementos pasó al baño y se echó agua en la cara mientras intentaba borrar la sensación de las manos sobre su cuerpo y la visión del bikini rojo. Jodida niña, iba a acabar volviéndola loca de verdad.


(**) Google traductor jajaja Pero si no os apetece, os digo lo que significa.

¿Opiniones?

Beso pronto, prontísimo, de verdad de la buena , de la buena.