ADVERTENCIA: Esta historia es la cuarta (Si, dios mío, ¡ya la cuarta!) parte de la saga de Las Veces (bautizada así por Macka, si no me equivoco :p), de manera que personalmente recomiendo haberse leído o al menos hojeado las otras tres anteriores (Una vez y otra y otra; La Primera de las Veces; No habrá más veces; en ese orden…). Si no quieres… ¡no te las leas, que igual con un poco de suerte también te gusta aun así!
Esta historia sigue las pautas de las anteriores: más o menos breve (vamos, que no tiene más de cuarenta hojas… turuturutuuuu….), continúa con nuestras actrices como protagonistas, y recoge con orgullo el titulo de FR Erótico, ciertamente. Aunque digamos que algunos (muchos) detalles de altas temperaturas varían en comparación a FF anteriores… Un pequeño cambio, nada más… Y por algunos entendidos ha sido calificado de "muy Rennista", cosa rara en mí, pero si por ahí lo dicen… ¡será!
ADVERTENCIA (2): Esta historia fue escrita para uso y disfrute de quien la quiera leer, y no pretende herir la sensibilidad de ninguna persona. Solo es una historia sacada de mi mente y desde un punto de vista que comparto con otras varias personas. También por esto la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi permiso.
Por Aquella Vez
Por Lady Bardo
Diez años habían transcurrido desde su último encuentro íntimo. Una década cargada de infinitos proyectos, eventos, encuentros, etc.; y sus vidas habían continuado con total normalidad, dejando esa noche como colofón final de una historia ya pasada. No se volvió a mencionar, como si se hubiera pactado de antemano, desterrándolo a la memoria. Pero aunque parecía que ahí se acumulasen cada vez más cosas, ese recuerdo conservaba un lugar único, aunque doliera. Eso sí, todo en completo silencio.
Renee tenía especial pavor por ese rincón de su mente. Cuando hacía limpieza, lo cerraba con llave y no tocaba esa habitación, y si algo llamaba la atención de su memoria y entreabría la puerta, la cerraba de nuevo, veloz y con un sonoro portazo.
Con su embarazo todo había terminado. El retrasado anuncio puso fin a su relación, tal y como ella había predicho y deseado. Pero según el destino escuchó sus plegarias, parecía haberse arrepentido de lanzar semejante petición al aire. El mundo había seguido girando y sus vidas no se quedaron atrás, incluso continuaron siendo amigas… de una nueva manera. Seguían compartiendo una conexión única, eso no había nada que pudiera dañarlo, pero el tiempo que decidían pasar juntas o la cercanía física, se redujeron paulatina pero drásticamente. Siempre había considerado sus acercamientos con Lucy como simple sexo, incluso cuando su instinto gritaba que tenía que haber mucho más, oculto tras aquella deliciosa pasión. Sin embargo desoía esas sensaciones, repitiéndose a si misma que eran sus propios sentimientos jugándole una mala pasada.
Pero pronto descubrió que no. Para bien o para mal, aquellos deslices habían traído consigo una dulce intimidad entre ellas y una proximidad que se traducía en cientos de gestos al día. Tenían tal cercanía que incluso cuando permanecían únicamente en el plano de amigas, las bromas, los abrazos y los mimos era una constante entre ellas.
Su zanjada aventura había robado todo eso, llevándoselo consigo. Los abrazos iban con cuentagotas, sobretodo si provenían de Lucy, y eran despegados y tiesos; seguían sabiendo acabar la frase de la otra, aunque no solían hacerlo; más de una vez Renee se había encontrado demasiado perdida en los labios u ojos de Lucy y acercándose a besarla. Sabía bien que se trataba de un suicidio, pero su cuerpo actuaba por su cuenta en esos momentos, aunque siempre lograra frenarse a tiempo.
Había confiado demasiado y demasiadas veces en que su enamoramiento fuera algo pasajero, una enajenación transitoria debida a la serie y sus personajes. Pero diez años de cambios, con una única constante en su vida, lo que Lucy despertaba en ella, le confirmó que no tendría tanta suerte. ¿Por qué no podía simplemente olvidarla y pasar página? No sería el primer caso de actores eclipsados por sus personajes y confundidos por la trama romántica, que acababan adoptando transitoriamente los sentimientos de sus papeles. Pero al finalizar la serie, había terminado por asumir que ella no era víctima de ese síndrome, sino que posiblemente ellas habrían eclipsado a los propios personajes. Era muy probable que la historia más allá de la amistad hubiera comenzado de fuera de la serie a dentro y no al revés. ¿Así que como iba a solucionar nada el final del rodaje? Únicamente enfriaría las cosas, pero no sería de ayuda alguna, como venía comprobando desde hacía años.
Esa había sido una de las razones que pusieron fin a su matrimonio.
La chispa que pudo llegar a sentir por Steve al comenzar su relación, se había mantenido a matacaballo entre la boda y los primeros meses de matrimonio, y el nacimiento de Miles y la felicidad de la recién estrenada maternidad renovaron la magia. Miles creció y ellos resultaron ser unos padres entregados, pero una pareja casi inexistente. Quería a su esposo, eso no lo se lo cuestionó un solo día de matrimonio, pero esa chispa se había convertido en ceniza mucho tiempo atrás: el amor mutó en cariño y el deseo en inocente ternura. Ese cambio en su relación fue duro de asimilar, pero más complicado había resultado aceptar que mientras esos sentimientos menguaban, lo que experimentaba por Lucy permanecía e incluso tendía a crecer sin importar los desengaños, la distancia, o la realidad. No, no había sido nada fácil ni sencillo aceptarlo, pero se lo debía a si misma y a su familia, tenía que afrontar ese bache como fuera. Ignoró cuanto fue capaz lo que ocurría con su amiga, tan solo aceptó el aviso que encerraba ese hecho y firmó el acta de defunción de su matrimonio. Claro que hubo más motivos, incluso por ambas partes, pero la situación con respecto a Lucy había funcionado como un esclarecedor barómetro, donde la comparación no dejaba nada bien parada su relación con aquel buen hombre.
A veces meditaba si ese matrimonio habría surgido realmente del amor, o de lo perfecta que resultaba la idea. Steve había sido con diferencia el mejor tipo con el que se había relacionado, un ser estupendo y con madera de perfecto marido, fantástico en comparación con alguno que otro cafre anterior, o algún chulo redomado… grupo dentro del cual quizás podría contar a Jed.
Si ese había sido uno de los motivos de su matrimonio, posiblemente también era uno para no caminar al altar con Jed. Otra de las razones era que la sola idea de esa unión le hacía reír. Era probable que su gusto en cuanto a hombres no fuera perfecto, pero si en lo que a maridos se refería, y Jed despertaba todas sus alarmas en contra. Casi no entendía como había surgido una relación amorosa entre ellos: antes de la paternidad, apenas habían sido amigos "íntimos", y de repente intentaban desastrosamente convertirse en pareja. Como resultado, habían alcanzado un extremo en el que eran compañeros de piso que en ocasiones compartían cama y en otras solo desacuerdos y gruñidos, llegando a la insostenible situación en la que se hallaban: él casi un desconocido y ella casi segura de no ser la única en su vida.
Pero en todo aquello solo Iris y Miles importaban, incluso había comprobado que ella misma era inmune a sus broncas con Jed, siempre que sus niños continuaran felices y permaneciesen ajenos a esos problemas. Sin embargo, a su manera eran una familia y todo aquello terminaría por volverse insostenible. No quería otro fracaso más, otro sonado final, pero a ese ritmo, la relación tendría fecha de caducidad y bastante cercana.
Suspiró hondo, afligida por la reflexión que recorría su cabeza cada vez más a menudo, antes de detenerse de golpe. Si había sonado tan alto como presentía, era imposible que hubiera pasado desapercibido para quienes estaban con ella. Quizás eso explicaba por qué notaba varios ojos sobre si, posiblemente ninguno de los presentes creía que la planificación de una convención pudiera provocar semejante respuesta.
Sharon continuaba con su retahíla de detalles sobre escenarios, entradas y eventos, pero varios de los asistentes permanecían girados hacia ella, entre ellos Hudson y Lucy. Prestó toda su atención cuidadosamente a la organizadora, deseando dejar de estar en su punto de mira, pero al notar a Hudson reclinarse hacia ella desde su propio asiento, supo que no iba a tener suerte. Sin embargo su amiga se detuvo y cambio de idea.
Era el efecto Lucy. Todo el mundo parecía respetar un tácito acuerdo cuando algo se trataba entre ellas dos, como si intuyeran que cualquier intervención en una situación así sería más efectiva viniendo de la otra. Era una estrategia jamás establecida, pero de lo más acatada. Hudson recuperó su posición en la silla y su vista en Sharon, al ver la mano de Lucy cubrir las de Renee con cariño, reclamando su atención. Aceptó el gesto con tranquilidad y tomó la invitación a mirarla, intentando una de sus mejores caras de póquer.
"¿Estas bien?" preguntó Lucy en un susurró que pasó desapercibido entre todos los presentes menos ella. Sabía que eran sus labios quienes pronunciaban, pero para Renee eran sus ojos azules quienes le estaban hablando y resultaba delicioso, tanto como para olvidar que tan solo un segundo antes estaba suspirando y por qué.
"¿Qué…? Oh, sí, sí, no te preocupes. Sólo un poco cansada…" sonrió estrechando suavemente la mano de su amiga, sin concederle mayor importancia y asegurándose de que la breve conversación se zanjaba. No estaba segura de haber convencido a Lucy, ni siquiera que la hubiera creído realmente, pero no deseaba hablar de aquello, menos aun con su amiga. Aunque resultaba encantador sentirla tan pendiente, en esa ocasión vencía la frustración, frustración por lo importante que esa mujer era para su corazón, lo intenso que resultaba cada emoción que despertaba sólo con mirarla, y sobretodo porque entre relación y relación frustrada, donde el amor terminaba por esfumarse, lo que sentía por Lucy permanecía ajeno e indeleble, inmune al paso del tiempo y los golpes, y consideraba, dolida, que no era justo. Y aunque no fuera culpa de Lucy, sí era el centro de todas esas reflexiones, así que prefería no tenerla a poca distancia, al menos en esos momentos.
Lucy siguió el ejemplo de Renee y, recuperando su mano, fijó la vista al frente, justo donde Sharon seguía con su explicación sobre la convención que tendría lugar en enero del dos mil nueve. Quiso recuperar la concentración y limitarse a escuchar los detalles y preparativos de su siguiente evento, pero en su cabeza se repetía el lánguido suspiro de Renee y la escasa veracidad de la respuesta que había obtenido. Aunque intuyera el disimulo en la dulce voz de su amiga y conociera su tendencia a no abrirse ni cargar con sus preocupaciones a los demás, prefería dejarlo pasar y aceptar su silenciosa declinación a hablar. No tenía sentido intentar obligarla a hacerlo si no quería, quizás no era el momento, o ella la persona, sólo Renee lo sabría…
"¿Qué os parece?" La voz de Sharon interrumpió sus divagaciones, devolviendo de golpe su cabeza a la realidad. En ese momento, era ella la abstraída y la reunión estaba terminando. Por suerte, nadie parecía haber advertido su breve ausencia, mientras asentían y daban su visto bueno a las indicaciones de la organizadora. La convención estaba perfectamente cerrada, con la eficacia que caracterizaba a Creation, y ella deseosa de dar por zanjada la reunión, sin entender bien de dónde provenían sus repentinas prisas, aunque bastara con mirar a su vera para encontrar el porqué.
El resto de ellos asentía a las palabras de Sharon y no esgrimieron objeción alguna, por lo que empezaron a recoger papeles y levantar el campamento, mientras alcanzaban sus abrigos y bolsos.
"¡Solo una cosa más!" exclamó Sharon alzando la voz sobre el ajetreo que comenzaba a formarse. El silencio regresó pronto y los asistentes se giraron hacia ella "Recordad la fiesta de Navidad de este viernes, por favor. Como nadie ha dicho lo contrario, os esperamos a todos en mi casa a partir de las ocho"
"¿Al final te endiñaron el marrón?" bromeó Hudson haciendo reír a los presentes.
"Sí, me terminaron liando… pero el catering y la organización corre por cuenta de los jefazos, de manera que aprovechemos para comer y beber como cosacos" añadió logrando los aplausos apasionados y bromistas de los actores "¡Así me gusta! Nos vemos el veintiséis, chicos" afirmó como despedida, dando por terminado el encuentro.
Lucy se repitió mentalmente la fecha, como si las dos semanas previas que llevaba pensando en esa noche no fueran suficientes para recordarla. Tenía ambos días, los de la reunión y la fiesta, grabadas a conciencia desde que las había oído, y sobraba repaso alguno. El lunes había llegado y lo había tenido en mente desde el fin de semana; ahora le quedaba por delante otra larga temporada de pensar en el viernes. Recogió su chaqueta aún con la fiesta en la cabeza, cuando una mano rozó su hombro, devolviéndola al presente. Alzó el rostro del infinito hacia quien la tocaba, y su mirada se cruzó con la amistosa sonrisa de Renee. Ahí estaba, la radiante razón que mantenía a su olvidadiza mente pendiente de dos simples citas. Con aquellos ojos verdes sonriéndola, casi olvidaba el suspiro que había escuchado no muchos minutos antes. Casi. Todavía recordaba su respuesta carente de convicción, aunque por una mezcla de pánico y respeto, supo que no preguntaría al respecto. Se conformaba con que Renee no tuviese ganas de zanjar ese breve encuentro muy rápido, ni se despidiera ya de ella, como sí iban haciendo otros de sus compañeros.
Le devolvió la sonrisa y se detuvo para escucharla:
"¿Aparcamiento?" preguntó Renee con humor. Lucy sonrió por inercia, sin saber si era una despedida poco común o el principio de una charla y un café.
"Aparcamiento" respondió entonces, caminando con ella hacia la puerta "¡Hasta el viernes!" exclamaron a la organizadora, la única que permanecía aún allí. Con su respuesta, abandonaron la sala, dirigiéndose a la escalera de la planta baja. El silencio no solía ser un problema entre ellas, y no solo porque cuando se trataba de Renee casi nunca lo había, sino porque siempre que podían verse había mil temas de los que conversar y unas delatadoras ganas de hablar con la otra. Ese anhelo y el tiempo de separación, formaban siempre un buen equipo, que hacía surgir con pasmosa facilidad sus charlas, normalmente ligeras y divertidas. Y esa vez no iba a ser menos.
El largo pasillo que daba al aparcamiento había perdido todo su carácter tedioso al acoger las sonoras carcajadas de Renee y la suave risa de Lucy, que terminaba de contar una curiosa anécdota.
"…Y al asomarme por la ventana, para comprobar como iba el paseo pasado por agua de Rob lo encontré a pocos metros del jardín tirando del perro con la correa. Pero lo mejor fue escucharle suplicar con voz tierna `Haz pis, por favor, bonito´, mientras Lucky pasaba de él, rebozándose feliz por el barro" Renee volvió a estallar en carcajadas, deteniéndose, y a Lucy con ella, que también sucumbía a la risa.
"Eres mala" exclamó aún con la sonrisa en los labios.
"Ey, eso no es justo" respondió fingiendo indignarse "Rob pasa casi todos los fines de semanas en el piso del centro. Por uno que viene a casa, que apechugue con el perro él también" razonó con un toque más serio y sincero que el resto de la conversación. Pudo ver el cambio reflejado en el rostro de su oyente, que la miraba atenta, casi con preocupación. Su tono de voz había podido sonar resignado o melancólico, pero nada más lejos de la realidad. Estaba cansada de lo que quedaba de su matrimonio, pero no extrañaba los viejos tiempos ni a su marido, el problema era el limbo en el que se encontraban desde hacia años, sin darle salida alguna. A medias entre un matrimonio, una sociedad de trabajo y dos desconocidos compartiendo piso. A veces no entendía como seguían en pie y otras sólo se dejaba llevar como con la marea, logrando que los años se fueran acumulando a sus espaldas. Pero era algo sobre lo que prefería no meditar, y menos con Renee junto a ella. Sacudió su cabeza y recuperó su enorme sonrisa antes de continuar "Además, estaba lloviendo. Con lo cerca que esta la convención yo no podía salir a la calle. Tengo que cuidar mi instrumento" bromeó toqueteando su garganta, con pose y voz de diva. Escuchar otra ronda de risas por parte de su amiga fue cuanto necesitó para expulsar todos sus demonios de la cabeza. Sonrió con ella mientras alcanzaban el casi vacío parking.
"Una gran excusa" remarcó Renee "Tiene mucho sentido, sí…" bromeó buscando con la mirada su coche. Aparcado cerca de la entrada y con un brillo en la carrocería, que parecía estar enviándole un saludo, como si le recordase que debía conducir y regresar a casa. Se había marchado con ganas, deseando airearse y dejar atrás por unas horas su última y reciente bronca con Jed. Una larga noche de riñas y discusiones, antes de terminar durmiendo cada uno en un dormitorio distinto. En el desayuno apenas habían cruzado dos palabras antes de que Renee se marchara a las oficinas de Creation, y ahora en lo que había parecido tan sólo un suspiro, ya tenía que volver. De Lucy a Jed; de las risas y sonrisas, a las malas caras; no había comparación.
Otra vez un suspiro traidor se escapó de sus pulmones. Sin lugar a queja ni impedimento, se escuchó resoplar derrotada tan alto que incluso ella se sorprendió. Los pasos de Lucy se detuvieron y en esa ocasión la risa no tuvo nada que ver. Renee procuró continuar andando, fingir que no pasaba nada, pero una mano en torno a su hombro la paró junto a su compañera.
"Renee…" musitó con cariño "¿Qué ocurre?" Podía sonar seria, pero intentaba ser comprensiva. Estaba leyendo a distancia que esos suspiros llevaban la firma del padre de Iris. Aquel prepotente tenía todas las papeletas para ser el motivo, sabía que estaba en lo cierto. Nunca había congeniado con Jed y, en momentos como ese, sabía que no estaba equivocada con su juicio sobre el actor ni se trataba de simples celos. Por esa razón procuraba no preguntar ni indagar en demasía: no le gustaba perder los estribos, no ayudaba en nada a su amiga, pero la sola mención del hombre que estaba con Renee sin tratarla como se merecía, al menos en su opinión, solía encenderla con demasiada facilidad. Además, no servía de consejera, era consciente de lo tonta y temblorosa que se tornaba al tener frente a si a Renee y en una situación íntima. Nunca sabía bien comportarse y terminaba siendo un tanto seca, al elegir el estoicismo frente a pasarse de "cariñosa". Se temía a si misma y su reacción. Pero por encima de todo aquello, no soportaba verla mal y en ese momento vencían las ganas de ayudarla, abrazarse y acabar con aquellos lacónicos suspiros… por eso se temía.
"Yo no…" suspiró Renee, intentando recuperar una sonrisa que se negaba a regresar a su rostro. Todo su empeño por no pensar en Jed se estaba volviendo en su contra, impidiéndole quitárselo de la cabeza. El malestar que llevaba arrastrando con ese tema, regresaba con fuerza, hundiendo sus hombros, y los cálidos ojos azules cargados de ternura y preocupación no ayudaban. Oponer resistencia a Lucy era una utopía… se recordó antes de contestar con sinceridad "Es Jed…" jadeó cansada "Él… No estamos pasando una buena racha, y la convivencia a veces resulta imposible, ¿sabes?" preguntó retórica, sin esperar más respuesta que el gesto de compasión de Lucy, completamente volcada en ella "Creía que lograríamos salir, pero sólo va a peor desde hace ya demasiados meses… Anoche volvimos a discutir y ¡la bronca comenzó por la pasta de dientes!" comentó resignada, con un toque amargo de humor. Dos pequeñas carcajadas escaparon de ambas mujeres entre rostros serios y compungidos. Renee frotó su frente, exhalando derrotada "Luce, te prometo que ya no se que hacer… no sé que más… no se que puedo intentar…" tartamudeó casi sin voz y con tono de frustración. Cuando un leve y triste respingo se hizo con su cuerpecito, Lucy desechó lejos todo su control, sin ningún cuidado. Ella y sus precauciones dejaban de existir ante la imagen de una Renee derrotada.
"Peque…" siseó frotando sus brazos con cariño "Vamos, no te hundas" pidió acariciando su mejilla con tanta ternura como siempre evitaba hacer "¡Sólo hace unas horas que habéis discutido, mañana todo parecerá más sencillo, seguro!"
Renee se recreó en la deliciosa caricia, estremeciéndose. Toda la ironía de su vida, resumida en un gesto de cariño. ¿Cómo podía solucionar su crisis con Jed, si al sentir aquella mano contra su mejilla olvidaba cualquier preocupación más allá de lo preciosa que era su amiga?
"No… no estoy tan segura" susurró compungida "¿Y si es el final? ¿Y si nos estamos agarrando como locos a algo que ya se ha terminado? Yo… no sé…"
Si se ha acabado, ponle fin, déjale, déjale, déjale… masculló la mente de Lucy sin tacto alguno, pero no sus labios. Los apretó con fuerza, una mezcla entre la impotencia y rabia que experimentaba y para no arrepentirse de hablar. En su lugar se dejó llevar y cambió su tozudo silencio por un tierno abrazo. Sus manos pasaron a estrechar el menudo cuerpo, y se acercó hasta tenerla contra sí con reconfortante cariño. Un suspiro ahogado y satisfecho le avisó de que había acertado, igual que la cabeza reclinada contra su hombro. Sintió la entrecortada respiración sobre su piel y su ánimo se unió al de Renee, notando sus ojos húmedos. Acarició el suave pelo con la mejilla, antes de depositar un beso sobre su coronilla. Con rítmicas caricias perdidas por la espalda de Renee, se escuchó rezando palabras de ánimo e intentando reconfortarla a como diera lugar.
"Tranquila, Renny… Sé que parece imposible, pero todo terminará arreglándose de una forma u otra…" siseaba casi por inercia, notando cada vez más tembloroso el cuerpo entre sus brazos; no podía asegurarlo, pero era probable que su amiga hubiera cedido a las lágrimas y eso le partía el corazón. Inclinó el rostro y susurró en su oído "Peque, a ti no hay nada que pueda vencerte, lo sé; demuéstratelo" No sabía de dónde habían surgido esas palabras, pero eran dueñas de toda su convicción.
El ronco murmullo en su oreja, aderezado por el compungido tono de voz, recorrió cada gramo de su ser, como si de una caricia se tratara. Cerró los ojos, absorbiendo esa añorada calidez que tan puntualmente lograba compartir con Lucy… pero sin advertir que también estaba "absorbiendo" su olor. Renee había cerrado más el abrazo en torno a ella, al ser sacudida con semejante susurro y en ese momento su rostro se movía buscando y olisqueando el familiar perfume de la piel de Lucy.
Permitió que un escalofrío recorriese toda su espalda. Se entretuvo en la curva de su cuello, allí donde notaba la nariz de Renee, hasta que llegó a su cerebro, portando un claro mensaje: Su amiga estaba olisqueándola. No era una simple inspiración, sentía su nariz acariciando en torno a su piel, recreándose lentamente. Cerró los ojos acongojada y tragó con fuerza. Quería pensar, incluso comenzaba a intuir que su instinto exigía alejarse de ella, pero no se doblegó ante aviso. El cuerpo de Renee pegado al suyo y los tiernos brazos rodeándola por la cintura y estrechándola hasta no dejar centímetro alguno en medio, estaba pudiendo con ella. La sentía tan dulce y cercana, tan tierna como si buscara un refugio entre sus brazos, que su corazón estaba tomando el control, envalentonado por encontrarse jugando en su terreno. Y encima esa forma que tenía de respirar su perfume en la sensible piel de su cuello…
Otro escalofrío se hizo con ella, pero esta vez no llevaba un mensaje para su mente, sino para su cuerpo. El cambio de posición fue casi imperceptible: siguió el ejemplo de Renee y estrechó sus brazos aún más en torno al pequeño cuerpo. No recibió queja alguna y el peso del abrazo quedó sobre sí, de manera que al agachar su rostro casi no se apreció. Un suave beso en el hombro de Renee fue el desencadenante, su perdición. Posó los labios sobre la tela del abrigo, lo que lo volvía todavía más frugal; fue el siguiente, rozando el cuello de la camisa, el que precipitó una fila de besos, que alcanzaron poco a poco la piel descubierta de Renee. Cuando su rostro se amoldó a aquella curva que no había olvidado en años, respiró con intensidad, disfrutando la deliciosa inconsciencia de la que era víctima, preparándose para el festín a sus sentidos…
Lucy… Lucy y su abrazo… ¿Lucy besando su cuello?… Hmmmmm, ¡y mordiéndolo…! No cabía lugar a dudas, esos labios no estaban siendo nada indulgentes, y el gesto rezumaba de todo menos inocencia. Arqueó la espalda contra Lucy y el cuello a favor de sus besos. La gozosa sensación que su cuerpo parecía disfrutar por primera vez en siglos, la mantenía bajo mínimos, siendo capaz tan solo de permanecer de pie. Cerró los ojos sintiendo cada matiz del exquisito recorrido de aquella boca: húmedos y lentos besos se intercambiaban con intensos mordiscos que animaban a sus cuerdas vocales a tensarse. Renee cerró las manos, atrapando en sus puños la ropa de Lucy, quien comenzaba a ascender, provocando a su yugular, su mandíbula, su lóbulo, su mejilla y… Lucy se dirigía a besarla, pero en los labios.
Abrió los ojos, veloz. Carraspeó nerviosa y se apartó. Se tragó un jadeo, sustituyéndolo por una inspiración fingida y tranquila. Pero Lucy no había abierto los ojos como ella, ni parecía dispuesta a detenerse. Soltando su cadera y ascendiendo la mano, colocó casi con urgencia dos dedos sobre sus labios, que la abrumaron con el calor que desprendían. Interrumpió su beso y logró su mirada: unos ojos azules y sorprendidos. Tampoco Lucy manifestaba estar muy segura de lo que ocurría. Renee, con el corazón desbocado, el aliento asfixiándola y el pulso golpeando con fuerza su sien, negaba con la cabeza casi de manera inconsciente. Procuró pensar y razonar, pero esas acciones se encontraban demasiado lejos de su alcance.
"Luce…" fue capaz de pronunciar sin casi voz, pero con una sonrisa serena de lo más lograda "… ya somos mayorcitas para andarnos con esos juegos, ¿no?" siseó con una capacidad de restarle importancia que ella misma desconocía.
Juegos… se repitió Lucy para sí. Ella desoía a su cordura y cedía a sus anhelos como una boba, y Renee lo clasificaba de pasatiempo. Pero, ¿qué esperaba? Ignoró la sensación de codazo en pleno estómago y sonrió de lado, pícaramente, con la misma pasividad que mostraba Renee:
"Sí, sí… tienes razón" resolló rascándose la nuca con gesto entre divertido y vergonzoso, sonriendo con Renee "Discúlpame" susurró con una sonrisa angelical.
"No pasa nada" musitó Renee, estrechándole el brazo con cariño, dándose cuenta de que a pesar de haber roto el abrazo, se mantenían firmemente pegadas. Se echó hacia atrás con gesto torpe y mirando al suelo "Venga, te acompaño a tu coche" propuso como gesto de paz, comenzando a caminar hacia el conocido auto.
"Perfecto" respondió Lucy simulando estar encantada. Ya que posiblemente la tierra no iba a ser benigna y tragársela, deseaba dejar atrás a Renee, subir a su coche y salir corriendo de ahí, y que su amiga la acompañara no colaboraba con sus planes. Caminaron en un silencio total, apenas roto por el petardeo del coche de Lucy al ser abierto.
"¿Quieres que te lleve o…?" se ofreció Lucy sintiéndose algo torpe.
"No es necesario, traje coche. Pero te lo agradezco" sonrió encantada "Y gracias también por escucharme"
"No seas boba, peque. Nunca me agradezcas algo así" pidió sincera, estrechándola en un breve abrazo de despedida. En esa ocasión resultó corto y seco… como solían ser. Al separarse, Lucy ya abría su puerta y Renee se encaminaba hacia su coche "¿Nos vemos en casa de Sharon?"
"Por supuesto" confirmó Renee "Hasta entonces, Luce"
"Claro, hasta entonces" se despidió agachándose y desapareciendo tras la puerta de su automóvil. Los pasos de su compañera resonaban por el parking, confirmando que se había alejado. Con esa realidad llegando a ella, todas las demás aterrizaron también y en tropel, hundiéndola. Apoyó su frente contra el volante, y gruñó con fuerza. No tenía claro si era más estúpida su vena masoquista o la kamikaze… ¡¿Por qué había hecho eso?! ¿En que pensaba? Quizás ese era el kit de la cuestión, que no pensaba y era imbécil… Con ansias kamikazes se había arriesgado a un tortazo o algo peor y sólo para volver a escuchar, como una autentica masoquista, que esos "juegos" ya habían pasado a la historia.
"¡Joder!" exclamó furiosa y llena de frustración. Con algunos males el tiempo no era una solución, continuaban inmutables y como el primer día. No importaban los años, ella siempre sería una boba que se permitía perder la cabeza con solo pensar en su amiga. Arrancó el coche con prisas, pisando el acelerador con demasiada fuerza, pero sin importarle mucho. "Imbécil" se espetó como última palabra, antes de castigarse a sí misma con un silencioso cabreo.
Renee se colocó el cinturón, tomó posesión del volante y se preparó para arrancar. Pero no lo hizo. En su lugar miró de la palanca de cambio al volante, observando el exagerado temblor de sus manos. Antes de intentar pisar el embrague, adivinó que las piernas tampoco le iban a responder mucho mejor. Respiró hondo, cerró los ojos y se llevó las manos al estomago, el cual se contraía con una emoción inexplicable. ¿Por qué?, gimió en silencio ¿Por qué tenía que haber hecho eso?, se preguntó desesperada sin abrir los ojos. ¿Por qué tenía aún que excitar cada centímetro de su anatomía con sólo una sonrisa, su abrazo y una tonta hilera de besos? Y lo peor, pensó abriendo lentamente los parpados, ¿por qué se había apartado… si su corazón le rogaba a pleno pulmón que le siguiera el juego? Las lágrimas, demasiado recientes como para detenerlas, se derramaron mientras lo sucedido regresaba a ella. La forma de abrazarse, su cuerpo contra el de Lucy encajando con la misma perfección de siempre, y esas preciosas palabras dignas de la antigua Lucy, que ella tan bien había conocido… Al llegar al instante de los besos, su corazón ya galopaba desenfrenado, como el de una niña débil y enamorada, igual que ocurría siempre. "Ilusa…" lloriqueó, obligándose a arrancar.
Su ritmo cardiaco no se había ralentizado al entrar en casa. Ni casi medía hora más tarde lograba un segundo de calma, pero no esperaba realmente conseguirlo. Dejó las llaves sobre el cuenco de la entrada y su chaqueta en el perchero, respirando hondo y frotando su nariz con los ojos cerrados. Se encontraba de nuevo en su hogar, tranquila y en completo silencio; eso tenía que ayudar en algo, se suplicó a sí misma. Los besos de Lucy regresaron como un tornado a su cabeza, haciéndola bufar molesta. Debía meditar, dejar de lado aquellos… sugerentes momentos. Se concentró en el silencio de la casa, cavilando sobre dónde se encontraría su familia y expulsando así a sus demonios morenos durante un rato.
Por la hora, Miles continuaría en la escuela, pero Iris y Jed debían encontrarse en casa. Sospechaba que padre e hija no estarían dando un paseo o tomando el aire, no era el plan preferido de Jed, pero el silencio le hacía dudar.
Se libró del resto de la ropa de abrigo e incluso de sus zapatos, preparándose para subir al segundo piso. Siguió sin captar sonido alguno, pero Iris dulcemente dormidita en su cuarto y la puerta cerrada del dormitorio que compartía con Jed, fue respuesta suficiente. Habían sucumbido a una siesta a medio día, posiblemente por la ajetreada noche que la pequeña les había dado. Al menos su pareja había tomado la precaución de encender el intercomunicador, cuya luz verde parpadeaba suavemente junto a la cuna de Iris.
Suspiró y se abrazó a sí misma, intercalando la mirada entre su hija y la casa, y sin saber qué hacer. Le tomó unos minutos aceptar que dependía de ella decidir su siguiente movimiento, pero su cuerpo no esperó ni un segundo, antes de sugerirle un delicioso y relajante baño. Se lo merecía, y cada músculo de su ser le daba la razón entre cansados y consumidos. La espuma, el calor, el penetrante olor del aceite… Se encontró meditando la idea, pero con los pasos certeramente encaminados hacia el cuarto de baño. Aceptó con media sonrisa la decisión, y su agotamiento se relamió con la idea del relajante momento que se iba a dedicar.
Midió la temperatura con la punta de los dedos. Caliente… hmmmm, casi hirviendo. Perfecta. El orden establecía que primero fueran las sales, después el jabón; de manera que el intenso y afrutado olor comenzó a llegar a ella antes de que la espuma creciera, cubriéndolo todo. Dejó caer su albornoz deseosa de perderse entre las burbujas, y al estar completamente sumergida, suspiró de puro placer. Todo su cuerpo cedió al delicioso calor y las tensiones se esfumaron junto al vapor, dejando su mente en blanco… o eso esperaba.
Cerró los ojos con el agua acariciándola hasta la barbilla y sonrió satisfecha, cuando un azul claro e intenso, invadió traicionera su relax. Abrió los ojos incómoda, agitando su rostro y procurando olvidar aquella sensación. Se deshizo veloz del recuerdo y respiró con fuerza, pero esta vez la mirada de Lucy no espero a que cerrara los ojos para regresar. En contra de su voluntad, la sonrisa de la actriz y sus ojos, fluctuaron por su cabeza y supo que no sólo su mente había sido testigo de esa aparición. La tensión había regresado a su cuerpo y oprimía su corazón, obligándole a correr como un loco. Se esforzó en pensar en cualquier otro tema, idea o concepto, todo valía; pero su mente ya se relamía recordando lo sucedido horas antes y su cuerpo palpitaba en consecuencia.
No quería pensar en su voz o sus tiernas palabras, no tenía intención de recordar sus besos y carantoñas, y se negaba a rememorar sus expertos y deliciosos mordiscos… pero ya era muy tarde. Tragó con fuerza y observó sus brazos, donde ya había presentido que toda su piel se encontraba erizada. Deseaba mentirse, no reconocer las señales y olvidar aquello, pero no había réplica posible. ¿Iba a argumentar que su piel estaba encrespada por alguna brisa fría que se había colado misteriosamente en un baño de vapor y agua hirviendo? No sonaba muy factible… Ni siquiera su gran capacidad de negación le permitió agarrarse a ese clavo ardiendo, y tuvo que reconocer lo que ocurría. Era el efecto Lucy, y cuanto más se resistía a él, más munición proporcionaba a su retorcida mente para recordar.
Estaba sumergida en un mar de sales aromáticas, pero el perfume de Lucy impregnaba misteriosamente su mente, haciéndolo más real que cualquier otro olor… Rodeó su propio cuerpo, intentando consolarle ante el recuerdo de los protectores y cariñosos brazos de Lucy, y se estrechó con fuerza al recordar como se había dejado perder entre ellos… Dejó que su cabeza se inclinara hacia atrás, apoyada contra el borde de la bañera y suspiró, mientras sus manos acariciaban sus antebrazos con la yema de los dedos. Ascendió hasta sus hombros, rozando por el camino un endurecido pezón con el brazo. Calibró la sensación que provocó aquel simple desliz y gimió embelesada. Si, aquello era claramente una reacción por el "frío" baño, rezongó resignada, antes de convertir el paseo errante de sus manos en auténticas caricias. Acarició la curva de su cuello perfilando la yugular, y tentó a sus labios entreabiertos deslizando su dedo índice por ellos. Al cerrar los ojos, reconoció lo que se traía entre manos… y ni se planteó resistirse, ya no. Su nuca se erizó por el gentil toque, el rastro de fuego que fue dejando en su sinuoso camino descendente, era cuanto Renee necesitaba. No ponía atención al rumbo que seguían sus dedos, tan solo disfrutó dejándose llevar por unas manos que sabían perfectamente donde pulsar… como si fueran la mejor de las amantes.
Un jadeo entre erótico y disconforme escapó de su garganta cuando sus movimientos desencadenaron una imparable fantasía. Sus caricias interpretaban un papel, estaban asumiendo sin autorización el personaje de Lucy. Pero no era su cuerpo, sino su mente quién dirigía la función. Antes de darse cuenta y sin abrir los ojos, disfrutó de la sinuosa anatomía de su amiga acompañándola en aquella bañera y sin desbordar lo mas mínimo el nivel de agua. Las uñas de su mano derecha contra su hombro, fueron el más vivo retrato de los urgentes mordiscos de Lucy, y calentaron su piel en un camino descendente hasta su pecho. La mano izquierda rondaba su estómago con movimientos circulares, como si intentara calmar el calor que allí comenzaba a acumularse. Sus ojos continuaban relajados y a oscuras, pero eso no menguaba la impresión de los ojos azules sobre ella. Ya se había resignado a su suerte y caído rendida ante la suculenta fantasía. Rememoró las embestidas de Lucy cuando la pasión se hacía con ellas, yendo esta vez más allá de lo ocurrido en el parking. Su memoria abrió la puerta prohibida y su lívido se desató encantada con un gemido de satisfacción. Sus manos, la suavidad de su cuerpo, sus perfectas curvas…
Entre sus piernas, un palpito de puro placer reclamó su atención, pero Renee no quería prisas. Rodeó su pecho tentándola y alcanzando en rítmicas caricias su pezón. Tironeó de él con la punta de los dedos y se deleitó con su dureza. Cerró la palma en torno a la turgente curva y arqueó la espalda en un inesperado acto reflejo. Conocía su cuerpo y sus puntos clave, y aquella no estaba siendo una exploración usual. Si surgían, solía atender sus necesidades con detenimiento y dedicación, pero ante todo, con rapidez y eficacia. Pero esa vez… esa vez no era una necesidad solamente, sino un recuerdo, o muchos de ellos juntos, y quería "reproducirlos" de forma fidedigna.
Cercó el otro pecho, esta vez con menos calma, y evocó las grandes manos de Lucy cerrándose sobre ellos, conocedoras del estimulante resultado. Cuando el agudo calor golpeó su centro, no fue capaz de asegurar a quién pertenecía esa mano. Profirió un grave gemido, mordiendo su labio inferior.
Los movimientos de los dedos y su cuerpo dejaron de tener pausa alguna; caricias, largos recorridos y tentadores pellizcos se sucedieron deliciosamente y sin descanso. Sabía que Lucy apreciaba con especial devoción su estómago, de forma que perfiló su vientre, ayudada por el escurridizo remojo, que intensificaba la sensibilidad del camino marcado. Con un ligero mareo, producto del placer, encaminó ambas manos hacia sus costados, deteniéndose en sus inquietas caderas, atormentándolas suavemente. De haber abierto los ojos, su vista, nublada y poco firme, le habría revelado lo cerca que se encontraba. Pero continuaba a ciegas, sus otros cuatro sentidos eran su barómetro y estaban tan colapsados con las sensaciones, que no lograba pensar con claridad. Acompañando a sus manos en el descenso final, tragó la escasa saliva que quedaba en su boca y rozó los empapados vellos de su centro, provocando que el temblor se hiciera con ella. Sobrevoló su entrepierna en un acto de cabezonería y resistencia, y se posó en sus muslos. Se abrió guiada por el toque de sus manos arañando el interior de sus muslos y jadeo con más fuerza. La fantasía se encontraba fuera de sí y Renee con ella. Ladeó su rostro, exponiendo un gran trozo de su cuello. La boca de Lucy comenzaría por morder su lóbulo, sin crueldad alguna y sincronizando el estímulo con el recorrido de las manos en sus ingles. Lamería su mandíbula, hincharía sus labios sorbiendo y con ligeros chupetones, y mordisquearía su barbilla. Sólo un pequeño aviso para el resto de su ser.
Jamás era monótona ni previsible, podía atacar su nuca, devorar su cuello y dedicarse lánguidamente a sus hombros y clavícula, o recorrer todo su cuerpo intercalando intensos ataques con dulces embestidas. Siempre disfrutando, y sobretodo, arrancando eficazmente el raciocinio y el placer de cada nervio de su amante.
"Oh, dios…" gruñó dominada por el abanico de sentimientos. Podía sentir la respiración de Lucy contra su cuello, sus jadeos resonando en sus oídos y las exclamaciones de la morena acompañando a las suyas, de manera que los preparados pliegues estaban empapados más allá del agua y su clítoris escapaba entre ellos, pidiendo ser escuchado. Los generosos dedos aceptaron el ruego y fue incapaz de contener un gutural grito "¡Luce, si!" Su siguiente movimiento los condujo a explorar la entrada de Renee, que alzó sus caderas y retuvo su aliento, incrementando la expectación. El dedo gordo vibró despiadado sobre su clítoris y con una ola de placer como compañera, fue atravesada por otros dos, en una inesperada emboscada. Sucumbió al ritmo, las intensas entradas y los calambres de su cuerpo, arqueándose contra la figura de Lucy, y buscando su proximidad. Con el orgasmo, el agua dejó de rodearla, la espuma no rozaba su piel y nada enturbiaba su ascenso, solo Lucy permanecía a su lado. Con la calma… regresó la realidad. Mientras el corazón regresaba a su sitio y la respiración a su ritmo habitual, captó su garganta vibrar, y sin haberse escuchado, imaginó que habría prorrumpido con más de un gemido y quizás demasiado estridentes… Pero al abrir los ojos y encontrarse de nuevo sola y dentro de aquella bañera, le dio igual haber gritado o no. Un vacío inexplicable se hizo con sus entrañas, enrareciendo el ambiente e incomodándola consigo misma. La ilusión de Lucy se había evaporado de allí como el suspiro como el que escapaba de sus labios.
Junto con el oxígeno en sus pulmones, algo más se adentro en ella, una pequeña idea. Añoraba el cuerpo de Lucy y sus encuentros, se trataba de un hecho, a pesar de todo el tiempo transcurrido. Pero era probable que se tratara tan sólo de un asunto inconcluso, de una deuda pendiente por la abrupta forma en que terminó. Debía dejarse llevar, igual que Lucy había hecho, y concederse esa última vez para disfrutarla como tal. Si le otorgaba el final merecido, podría darle carpetazo, sentenció recreándose en la extraña seguridad que se había adueñado de ella. Con esa nueva convicción nublando su lógica, acepto que cincuenta minutos era tiempo de sobra para un baño y abandono la espumosa bañera.
Resultaba extraño encontrarle un lado positivo a su crisis con Jed, pero lo cierto era que lo tenía aunque fuese inquietante. Ajustó los tirantes sobre los hombros, dejando al descubierto la mitad de su espalda, mientras de fondo escuchaba las monerías de su pareja para lograr que Iris terminara la cena. Su falta de intercambio alguno de palabras, había terminado por provocar que Jed diera por supuesto que Renee asistiría sola a la cena de Sharon, y ella no había puesto objeción alguna. No iba a echar en falta sus malas caras, y su ausencia encajaba estupendamente en sus objetivos con Lucy. Lo primero había sido decidirse a llevar acabo su loca idea. Una vez realizado ese paso, elegir la cena de navidad como el momento idóneo resultó pan comido. La gente y amigos que se congregarían podían constituir un factor en su contra, pero nunca habían tenido problemas para perderse cuando era necesario. Además, una fiesta era el motivo perfecto para vestirse de infarto sin levantar más sospechas que algún atónito piropo. Su confianza crecía considerablemente llevando puesto aquel vestido negro, largo pero ajustado, que había aderezado con unos tacones de aguja. Se miró al espejo, aceptando su aspecto como válido, girándose levemente y apreciando el recogido que había diseñado con su pelo. El cuello despejado y algún delicado tirabuzón enmarcando su rostro le parecía el perfecto acompañamiento para la ropa escogida. Sólo confiaba en que Lucy pensara lo mismo...
Había un tercer motivo, junto con la ausencia de Jed y la excusa de la fiesta, por el que había preferido ese día, aunque odiara admitirlo. Temía que las razones de Lucy para abalanzarse a su cuello cambiaran, o peor, desaparecieran, y sentía que cuantos más días transcurrían, más probable le resultaba. Por culpa de esos miedos había llegado a desear buscarla al día siguiente, pero había vencido la prudencia. Esperó, y su noche al fin había llegado. Sonrió a su reflejo, satisfecha con el resultado, y se encaminó hacia el comedor.
Jed lucía diversos lamparones en la camiseta e Iris empuñaba un tenedor como arma, haciéndolo salpicar contra la salsa de tomate y decorando la ropa de su paciente padre. Cuando la imagen de Renee se hizo notar, la niña sonrió y detuvo cualquier movimiento, intuyendo que su madre caminaría hacia ella. La niña recibió dos cariñosos besos de Renee luciendo una enorme sonrisa y se abrazó a su cuello con cantarinas carcajadas.
"Espero que hagas caso a papi y que te comas toda la cena, ¿vale?" siseó tocando juguetona la punta de su nariz y aumentando sus risas "No sé a qué hora regresaré" añadió esta vez dirigiéndose a Jed, pero sin mirarle.
"No… no te preocupes. En un rato les acostaré" la respuesta fue sencilla, pero con un leve tartamudeo. Renee, gratamente sorprendida, se giró hacia él, disfrutando del efecto que debía haber causado su aspecto. A pesar del tiempo que llevaban juntos, Jed estaba realmente azorado y Renee no pudo más que apreciarlo como una buenísima señal.
"Perfecto. Gracias" contestó dejando la cocina y escuchando como a los pocos segundos Iris retomaba su chapoteosa forma de cenar.
Miró su reloj. Media hora tarde, calculó Renee avergonzada. Su "pequeño" acicalamiento había llevado mucho más tiempo del esperado y ahora posiblemente llegaría la última al convite. Si pensaba pasar desapercibida, no empezaba con buen pie. Golpeó la puerta con los nudillos, pero ante el jaleo que rezumaba la casa, optó por el timbre. La sonrisa de Sharon la recibió como calurosa bienvenida, restándole cualquier importancia a su retraso:
"Solo nos faltabas tú" anunció alegre, invitándola a entrar, en la que se avecinaba como una buena fiesta.
"Hola Sharon, ¿llego muy tarde?"
"¡No, no te preocupes! Además el catering empezó a recorrer la sala con las copas antes que los canapés y están todos tan chisposos que no creo que nadie se acuerde de molestarse" bromeó dejando entrever que quizás ella era una más de esos chisposos "Yo me encargo de tu abrigo, los demás están en el salón" indicó mientras le ayudaba a quitarse la prenda de encima, hasta recogerla sobre su brazo "¡Wow!" exclamó involuntariamente "Feliz navidad para ti también…" murmuró alejándose con una sonrisita por el espectacular vestido de Renee, quien soltó una carcajada. Ya tenía claro el grado de embriaguez de la organizadora, pero el halagador cumplido infló su ego, haciéndole atravesar el arco que daba al salón con una enorme sonrisa.
Probó la que era su primera copa de vino… y la mitad del líquido se quedó atravesado en su garganta, amenazando con salir violentamente expulsado. Renee había llegado, resonó en su mente. Se obligó a tragar el vino para evitar duchar a Rob, que se encontraba frente a ella, y con un par de toses, dejó a un lado la copa sin perder de vista la entrada de su amiga. Había comenzado saludando a los más cercanos a la puerta, aunque en ese momento varios se arremolinaban a su alrededor entre besos y abrazos. Pero eso carecía de importancia, porque su amiga, su preciosa amiga, estaba impresionante… y ella se había olvidado de respirar. Noto su tórax crecer ante la exagerada inhalación y deseó que nadie se hubiera percatado, ni tampoco de la rojez de su cuello. Al verla caminar hacia ella, recorriendo la estancia, se preguntó de pronto por qué había soltado la copa, y la recuperó dándole fin en dos tragos. Con el sabor del vino aún en sus labios, fue el turno de que la sonrisa de Renee embriagara sus sentidos.
"Buenas noches, Lucy" pronunció depositando un suave beso en su mejilla, tan efímero como intencionado "¿Qué tal, Rob?" inquirió sin tanto interés mientras ambos acercaban sus mejillas entre si y con desgana.
"Feliz navidad, Renny" exclamó Lucy, mirando directamente a los ojos de su amiga. Se premió mentalmente con una palmadita en la espalda por haber logrado cerrar la mandíbula y hablar sin babearla.
"¡Ren!" exclamó alguna voz, a oídos de Lucy entrometida e inoportuna, saludando a la recién llegada.
"¡Ey!" exclamó esta con su eterna y dulce sonrisa "¿Ahora nos vemos?" preguntó al matrimonio aunque mirando únicamente a Lucy.
"Claro" asintió esta, cabeceando afirmativamente, con apenas un pestañeo más de los ojos verdes antes de que se apartaran de los suyos, alejándose. Su molestia por la ausencia de su amiga duro una milésima de segundo, el tiempo que
Renee tardó en darle la espalda y Lucy en vérsela. ¿Pero qué…? Joder, que vestido…, lloriqueó su mente ante la vasta extensión de piel al descubierto. Inconscientemente humedeció sus labios constatando que apenas le quedaban unas gotas de saliva.
"¿Me buscarías otra bebida?" preguntó moviendo su copa frente a su marido. El ojeó la suya y ante el culín que bailoteaba en el fondo, asintió conforme, recogió ambos vasos y se perdió buscando algún camarero y su respectiva bandejita de bebidas. En cuanto se alejó dos pasos, Lucy se giró oteando para encontrar a Renee. Su marido cogería las copas y ya volvería en algún momento, probablemente demasiado pronto para su gusto, pero ¿y Renee? ¿Cuándo se acercaría ella de nuevo? Radiante y dicharachera, la localizó riendo con Hudson y Sharon. Su estómago dio un vuelco ante la idea de salir corriendo par acompañarlas. Se mantuvo firme y quieta en su sitio, confirmando por su acelerado pulso que algo iba más que mal. Solo unos días atrás había saltado sobre su amiga como una loca, asustándola casi seguro, y no sabía que opinaba al respecto o si estaría enfadada, y a pesar de ese detalle cuando volvían a coincidir, ella, lejos de mostrarse como la recatada y simpática amiga que debía simular ser, permitía que sus instintos empezaran a salir a la luz y con más fuerza aun. Resultaba patética...
Recordó el beso que acababa de recibir y su sonrisa… no, Renee no debía estar enfadada, su maravillosa amiga era así. Pero esa certeza no aplacaba la culpabilidad que se adueñaba de ella al comprender que no era capaz de tratar a su amiga como merecía. Siempre había sido complicado y aunque esa noche Renee estaba retando con especial ahínco su resistencia, sometiéndola a una prueba titánica, se lo debía. Si no era capaz de superar su bobo enamoramiento, Renee no merecía cargar con las consecuencias. Respetaría la amistad que todavía las unía, aun si eso suponía permanecer a una prudente distancia de la impresionante mujer y su vestido… ¡¿Dónde demonios se había metido Rob con la dichosa copa?!
Renee suspiró, ocultando el gesto tras la copa de la que bebía segundos antes. Lucy andaba lejos, ahora más lejos... uy, dos pasitos menos lejos, y lejísimos de nuevo. Eran demasiados asistentes como para permanecer todos juntos y la tendencia había sido formar pequeños y cambiantes grupos, por entre los que pasaban los camareros cargados de comida y bebida, que iba desapareciendo con voracidad. Pero en las dos horas de velada no había coincidido con Lucy ni diez segundos y nunca a menos de tres metros. Lo más cerca había sido durante una alocada foto navideña en grupo, pero dos personas las separaban. Empezaba a gruñir para si, intuyendo que esa mala suerte no parecía nada normal. O quizás estuviera exagerando por culpa de sus nervios… ¿Dónde estaba Lucy entonces? ¡Oh, si! ¡En la otra punta del salón…!
Su plan de seducción presentaba alguna laguna, o más bien resultaba tan básico como atraparla a solas y continuar donde lo dejaron, pero a ese paso todo quedaría en una patética estratagema.
El productor con el que momentos antes intercambiaba cordiales y correctas felicitaciones se había dirigido a la chimenea, en torno a la cual se habían reunido Rob y algunos otros directivos. Con el paso de la cena y las bebidas, los grupos parecían ir componiéndose de las amistades más cercanas y los compañeros de profesión. Comprobó que eso había distanciado aún más a Rob y Lucy, aunque estaba lejos de ser suficiente. Renee asentía como una marioneta a la conversación que Ted, Hudson y Adrienne mantenían junto a ella, mientras que Lucy charlaba animadamente con Sharon, varios metros a su vera. Cierta culpabilidad se adueñó de ella por la poca atención que prestaba a sus amigos, pero había comprobado que si dejaba de concentrarse en su momento con Lucy, los nervios se hacían con ella y el resultado no terminaba siendo mucho mejor... Apuró su copa por instinto al observar como la organizadora y su amiga se hacían con una nueva de la bandeja que pasaba junto a ellas.
Su estado podía considerarse como de pánico, calculó apurando su quinta… sexta… su última copa. Continuaba manteniendo las distancias, evitaba a toda costa a Renee y sus alrededores. No quería agobiarla en modo alguno y sentía que, aunque a duras penas, lo estaba consiguiendo. Pero a lo largo de la noche y con el transcurso de copas y conversaciones, comenzaba a complicarse. Cada vez que le llegaba su cantarina risa, se derretía; con cada atisbo de su voz, deseaba estar a su lado escuchando cada palabra; y al mirar, siempre de refilón y no más de tres segundos, lo preciosa que estaba, se temía. Con esos miedos rondando su mente, su mirada se escapó hacia Renee de manera inconsciente. Suspiró frustrada y redirigió sus ojos, esta vez consciente y buscando a un camarero. Detrás de Sharon, que en ese momento charlaba con ella aunque casi se tratara de un monólogo por su falta de atención, se encontraba uno de los trabajadores del catering. Con un leve cabeceo hacia él, el muchacho se acercó raudo, sustituyendo la copa vacía por otra rebosante. Lucy sonrió levemente y agradecida, antes de darle un sorbo y regresar su atención hacia la organizadora, justo a tiempo para escuchar como le formulaba una pregunta:
"¿Te has fijado?" pronunció dirigiendo su vista hacia el grupito del que formaba parte Renee en ese momento. El alcohol trastabillo de nuevo en la garganta de Lucy por culpa de la sorpresa, amenazando con hacerla toser. Ayudada de una fuerte bocanada de aire, logró que el líquido transcurriera finalmente, antes de contestar.
"¿Fijarme? ¿En qué?" Elevó las cejas, dejando claro que no intuía a que se refería. A lo largo de la noche había sentido la mirada de Renee sobre ella en cientos de ocasiones, pero siempre era lo mismo, su nuca se erizaba, el instinto le gritaba que unos ojos claros la observaban y ella se giraba casi con ansia, buscándola. Pero en todas esas veces se había equivocado, Renee siempre se encontraba ocupada en cualquier cosa mucho más interesante que "espiarla". ¿Era posible que Sharon se hubiera percatado de su forma de buscar a Renee?
"En ella" respondió paciente la organizadora, como si la respuesta fuera obvia. Lucy mantuvo inamovible su gesto de confusión "¡En la camarera, Luce!" medio rió cabeceando hacia el grupo. Lucy se felicito mentalmente por su gran capacidad de reacción. Había intuido que junto a Renee se encontraban más personas, pero ni siquiera se había preocupado de quienes. Y en ese momento estaba comprobado que una jovencita se hallaba con ellos bandeja de comida en mano. La chica sonreía con dulzura y educación, pero su actitud denotaba un extraño nerviosismo.
"Oh, es cierto, ¿Qué le ocurre?" preguntó intrigada, mostrando interés por algo por primera vez en la noche.
"No estoy segura, pero llevo un rato observándola y tengo una teoría" musitó casi riéndose "Sospecho que es una fan" anunció con humor. Lucy arqueó las cejas bebiendo de su copa mientras escuchaba sus argumentaciones "Los productores le imponen, pero cuando le toca rondar al cast tiembla igual que un flan"
"Así que una fan, ¿eh?" repitió Lucy disfrutando con la cómica situación de aquella chica.
"Si, y por lo visto no tenía ni idea de donde iba a trabajar..." Lucy constató que efectivamente la joven no alzaba la mirada del suelo más que en contadas ocasiones y que tenía ciertos problemas para caminar en línea recta. Ambas mujeres sonrieron cómplices cuando la joven se alejaba del grupo con un torpe andar, pero su observación no pasó por alto en esa ocasión. Quizás alertada por sus sentidos, la camarera había alzado el rostro y dirigía su titubeante mirada hacia ellas, enfrentándolas a duras penas. Su vena más traviesa se adueñó de Lucy, y con una gran sonrisa le guiñó un ojo.
El efecto fue inmediato. La joven enrojeció como un tomate, trastabilló con sus pies aunque no hubiera obstáculo alguno de por medio y la bandeja estuvo cerca de aterrizar sobre el suelo. Ya con los ojos clavados en sus zapatos, recompuso su postura alejándose de aquella zona del salón, mientras organizadora y actriz contenían la risa a duras penas.
"Eres mala".
"¿Yo? ¿Qué he hecho?" preguntó con la más inocente de las sonrisas, antes de concederse otro trago para aplacar las carcajadas, al observar el tembleque que dominaba a la camarera. "Si soy un ángel" añadió logrando que finalmente Sharon estallara en carcajadas. Ella también cedió y la acompañó con una media sonrisa, antes de apreciar como se erizaban los pelitos de su cuello. Por enésima presentía a Renee observándola. Su sonrisa desapareció de golpe y la copa regresó a sus labios. Ni siquiera se molestó en comprobar que Renee no la miraba. Durante toda la noche había sido así. Tan sólo finiquitó su bebida y frunció los labios molesta cuando la terminó. Ojeó su alrededor buscando una botella de vino o algún camarero que portara nuevos vasos, pero no iba a tener suerte. Nuevas bebidas comenzaban a recorrer la sala y entre cervezas, combinados y whisky, parecía no haber vino en ese instante.
"Discúlpame un segundo" se encontró diciendo más para sí misma que a Sharon, encaminándose sin titubear hacia la cocina. Había estado presente en algunos de los preparativos de la fiesta, sabía que posiblemente aún quedaba vino y sobre todo conocía su paradero. Intuyendo como Sharon se acercaba a otros comensales, se alejó con tranquilidad, comprobando al caminar que sus pasos no mantenían su firmeza habitual, mientras que sus preocupaciones parecían más ligeras que de costumbre. Intuyó que quizás debía preocuparse, pero no tenía ganas de ello.
Atravesó una de las entradas, abriendo la puerta con la cadera y bailoteando su copa vacía en la mano. Le faltaba ponerse a canturrear despreocupada ante la tentadora idea de encontrar su botella de vino, pero algo la frenó. No estaba sola y le sorprendía no haberla escuchado temblar desde el salón. La joven camarera que Sharon le había señalado se encontraba también allí, junto al improvisado refrigerador que el catering había preparado para la ocasión.
Sin embargo haber encontrado su vino no era la razón de la sonrisa que adornaba sus labios. Esa vez el gesto de Lucy rezumaba carisma, sensualidad y mucha calma... resultaba demasiado parecida a la que un cazador dedicaría a su presa. Caminó hacia ella, quedándose más cerca de lo necesario para alcanzar el refrigerador, susurrando un grave "Hola" y sin perder su sonrisa.
"Hol…" la voz de la mujer se perdió en alguna parte de su garganta y tembló aún más si es que era posible. En un contoneo en toda regla, Lucy se arrimó a la bodega. "¿Quiere que le sirva yo?" preguntó rauda, recuperando algo de raciocinio al poder blindarse tras su faceta profesional, aunque la ilusión duró poco.
"No, no te preocupes..." ronroneó Lucy, esperando que ella continuara la frase.
"Marga, me llamo Marga" farfulló atropelladamente
"Pues muchas gracias, Marga, pero no hace falta, bastante ocupados os tenemos ya" siseó haciéndose con una de las botellas, dejando clara su intención de servirse ella misma. Observó que Marga mostraba tener intención de hablar pero no encontraba una sola palabra útil. Sharon tenía razón, si no era una fan, debía encontrarse muy cerca de serlo. "Nadie te avisó de donde os enviaban, ¿cierto?". Como respuesta, una atónita negación de Marga con la cabeza. Era incapaz de responder, aunque parecía encantada con el hecho de que Lucy se dirigiera de esa manera a ella.
La actriz apartó la botella, cuando su vaso se acercó al desbordamiento, entornó los ojos y se acercó hacia su improvisada oyente "¿Tan impactante ha resultado?" cuestionó rozando el ronroneo con su forma de hablarla.
"Bue... bueno, nunca lo hubiera esperado..." tartamudeó sin casi voz. "No me imaginaria esta noche ni en el más loco de los sueños..." Estaba sorprendida consigo misma por haber unido tantas palabras seguidas. Marga sentía a aquella impresionante actriz como puro fuego, y ella se estaba convirtiendo por momentos en una diminuta vela que quedaba a su alcance. Pero lo más confuso de todo ello era notar que la propia Lucy parecía querer "abrasarla" intencionadamente y no lograba comprenderlo.
¡Era su momento! Incluso su cuerpo se había tensado y su piel se encontraba erizada sólo por haberla visto marchar sin compañía. Renee, al comprobar que su incansable y sutil vigilancia daba sus frutos y el momento se presentaba ante sus ojos, se disculpó de sus amigos casi con torpeza, rodeó al grupo y abandonó el salón de camino al recibidor. Se estaba convirtiendo en una desmesurada urgencia el encontrar a Lucy cuando se hallara sola, pero bajo ninguna circunstancia deseaba despertar sospechas, y haberla seguido por la puerta principal de la cocina, posiblemente no habría resultado muy discreto.
Alcanzó el recibidor y giró a la derecha encaminándose a una pequeña puerta que le conduciría a la parte trasera de la cocina. Los nervios empezaron a dejarse ver. Durante muchos días había estado divagando acerca de qué decir llegado ese momento, y finalmente había optado por "hacer". Se había imaginado excusándose sobre lo ocurrido en el aparcamiento, explicándole cientos de razones y acabar por tartamudearle como una colegiala. Como cada opción sonaba menos atrayente que la anterior, la idea de únicamente acercarse a ella y robarle el beso que había quedado pendiente, venció por aplastante mayoría.
Conocía a Lucy y a qué les llevaría aquello. No sabía cómo ni dónde, pero pasarían a mayores, no se detendrían en un simple beso. Lucy la rodearía con fuerza y la apretaría contra ella, exploraría su espalda, enredaría los dedos en su pelo y robaría cada gota de oxigeno de su cuerpo con un encarnizado beso... Sus caderas chocarían y sus piernas terminarían por enredarse, mientras el cuerpo de Lucy descendería para reconquistar su cuello, sus hombros, su clavícula...
Mordió su labio inferior, estremeciéndose y descubriendo cómo a partir de ese punto las imágenes de placentero y vacío sexo se peleaban con las de un encuentro romántico bañado en cariño y dulce pasión. Intentaba por todos los medios reconducir su imaginación hacia una última noche salvaje y sin mayores implicaciones que disfrutar, pero sus verdaderos anhelos dirigían a su mente por derroteros mucho más tiernos e intensos, frustrándole y haciéndole gruñir.
Frente a ella se encontraba la puerta de la cocina, que fue suficiente para sacarla de sus divagaciones. Sus pensamientos quedaron convertidos en un fuerte cosquilleo que se instaló en su estómago, subiendo hasta alcanzar sus labios. Empujó la puerta con cuidado y en completo silencio, pero no llegó a entrar...
Lucy, copa en mano y luciendo una traviesa sonrisa rondaba entorno a la camarera quien no parecía oponer la más mínima resistencia. La joven tan sólo sonreía con gesto bobo y hablaba casi sin voz:
"No me imaginaría esta noche ni en el más loco de los sueños..."
"Pues ya ves..." ronroneó Lucy apartando un mechón del rostro de la joven con una fugaz caricia "...somos reales" añadió cuando la camarera cerró los ojos ante su toque y se inclinó hacia la caricia. Aprovechando el movimiento, Lucy descendió su rostro y lo dirigió experta hacia los labios de aquella mujer. El beso comenzó como una embestida, pero cuando la acongojada camarera logró desechar la sorpresa y se hizo activa participante, se tornó en un intercambio de acercamientos y mutuas exploraciones.
En completo silencio una pequeña puerta se cerró. Renee, apoyada contra la pared y tomando aire con rabiosa fuerza, trató de no llorar. Unas devastadoras arcadas se hicieron con su estómago y todo su cuerpo sucumbió a un malestar general. Quizás cuanto había visto fuera una ilusión, el alcohol de la cena traicionando a su vista... El recuerdo de las tres escasas copas que había ingerido y un fuerte dolor en el pecho, le advirtieron de que no tendría tanta suerte. Tapó su boca evitando que el sonido de un desgarrador lloriqueo alcanzara oídos ajenos. Aquello no podía estar ocurriendo... La escena del parking, esa que había torturado por días su mente, se acababa de convertir en nada. Lucy no la quería, ni siquiera la deseaba, sólo tenía ganas de variar. Se encontraría aburrida de Robert y probaba con cualquier diversión alternativa que hallara. Respiró hondo... esto no puede ser verdad... gimió derrotada.
"¡¿Que coño esta ocurriendo aquí?!"
Lucy degustaba el interior de una boca ajena, pero en honor a la verdad, Marga era quién rodeaba a la actriz y se recreaba en el beso casi con urgencia. Pero tanto camarera como actriz saltaron asustadas ante el grito de Sharon. Lo inesperado de ser sorprendidas mezclado con el sobresalto de aquella exclamación, las detuvo de golpe, alejándolas raudas. Por suerte la organizadora había cerrado la puerta tras de sí, impidiendo más oyentes indiscretos en la conversación.
"Sharon..." carraspeó Lucy roja y sin casi vocalizar.
"Tú... a servir las copas" ordenó mirando a la camarera con cara de ogro "Estás en tu trabajo, espero que sepas como funciona eso. Te encuentras bajo estricta confidencialidad laboral. Di algo de esto, será negado, te despedirán y me aseguraré de que no logres trabajo en ningún rincón de este Estado, ¿me he explicado?". Marga únicamente asintió con la cabeza muchas más veces de las necesarias, pero sin rastro alguno de voz. "Pues ahí está tu bandeja, ya sabes lo que hay que hacer con ella"
Abandonó la cocina a tal velocidad que prácticamente parecía una mancha difusa con una ligera forma humana.
"Y tú... ¡¿en qué puñetas pensabas?!" gruñó esta vez contra la actriz, pero como si hablara con un bebe travieso "¿Estabas ensayando para el concierto con Laura, o qué?" exclamó con la vena del cuello hinchada y gesticulando de forma exagerada.
Lucy no pudo reprimir una sonrisita ante el irónico y oportuno sentido del humor de la organizadora, agradecida de que la música de la fiesta funcionara como "aislante" durante esa conversación.
"Yo..." titubeó
"¡¿En que estabas pensando?!" insistió Sharon
"No lo sé, ¿vale? ¡No lo sé!" reconoció frotando su frente con las manos. Notaba sus sentidos aturullados y una pesadez, provocada posiblemente por el vino, se hacia rápidamente con ella. ¿Como había podido...?, reflexionó para si. "¿Te has fijado en ella?" siseó, comprendiendo sus motivos sin meditar demasiado.
"¡Joder, sí, Luce! Soy la primera que aprecia tu gusto, muy mona la niña, muy guapa, pero..."
"No, eso no" gruñó molesta por el desagradable y altísimo tono de Sharon. "Es rubia, algo más alta, pero rubia y de ojos claros".
"¿Más alta que qui...?" Guardó la respiración, mientras una ola de melancolía se hacia con ella "Oh, Lucy, hablas de..." Tenía que estar entendiéndolo mal, no es que nunca hubiera tenido alguna pequeña sospecha, pero esa situación supuraba irrealidad por todos lados. ¿Realmente era posible?
"Soy tonta..." gruñó con voz grave. "Sabía que no era ella, pero..." la puerta principal de la cocina se entreabrió lentamente, al tiempo que golpeaban en ella con los nudillos "¡Renny!" exclamó con un gallo tan sonoro que su voz fue similar a un pitido.
"¡Aquí estabais!" sonrió esta de oreja a oreja, entrando en la cocina. Sharon analizó la situación, perpleja: Lucy cambiaba el peso de un pie a otro, pero sobretodo era su tensa sonrisa y la mirada fija en Renee, lo que revelaba el estado nervioso en el que se hallaba. Pero la actriz más bajita parecía ajena a los cientos de señales, lo que resultaba difícil de creer. Resultaba demasiado extraño... "Me marcho ya, venía a despedirme" Lucy dejó de cambiar su peso, permaneciendo rígida como una tabla, y Sharon frunció el ceño, confusa. Era muy pronto, demasiado para que nadie se fuera aún, y menos Renee. La última vez que la había visto, se encontraba en el centro de la fiesta disfrutando como la que más. ¿Qué le pasaba a todo el mundo esa noche?
"¿Ya?" fue cuanto Lucy pudo vocalizar, sin perder parte de su tono agudo. Renee no pareció advertirlo, porque ni siquiera aumentó su sonrisa ni se giró hacia su amiga; se limitó a contestar con tranquilidad:
"Sí, ya va siendo hora..." musitó casi para sí. "Pero gracias por todo, Sharon. Has montado una fiesta genial". Actriz y organizadora se estrecharon con aprecio.
"Feliz Navidad, Renny" murmuró Sharon al abrazarla, utilizando un tono compasivo, que no supo bien de dónde se le había escapado.
"Igualmente" sonrió esta, mientras se separaban "Que tengas unas felices fiestas" añadió mirando a Lucy. Ambas mujeres se dirigieron a un punto intermedio casi por inercia, pero al encontrarse frente a frente, Lucy abrazó con ahínco a su amiga, mientras que Renee daba la sensación de estar rodeando con sus brazos un incómodo poste de la luz. Se mantuvo seca y educada, y sin realizar un solo gesto de cariño.
Al verse rodeada de tanta frialdad el corazón de Lucy tembló temeroso y ese mismo terror le invitó a ser aún más cariñosa con ella, como si así lograra terminar con la rigidez de su amiga "Te echaré de menos, peque" musitó tierna en su oído.
Una palmadita en su espalda. Esa fue la reacción de Renee. Una palmadita, y comenzó a deshacerse del brevísimo abrazo. Lucy tragó hondo y acató su voluntad, buscando alguna explicación en su rostro, pero allí sólo encontró una sonrisa políticamente correcta y unos ojos que lograban no decir nada. Tragó hondo antes de escucharla hablar de nuevo.
"Buenas noches, chicas". Acompañó la despedida con un leve gesto con la mano y salió por donde había entrado.
Lucy por inercia y Sharon por incredulidad, se giraron mirándose entre sí. Ambas, perplejas, lo reflejaban en sus rostros y no hizo falta preguntas, ninguna entendía que había ocurrido.
"¿Tú crees que Marga ha podido largar algo...?" preguntó Lucy histérica, aunque por lógica y tiempo resultaba bastante improbable.
Sharon, negando con la cabeza de antemano, se asomó por la puerta, constatando lo que ya esperaba "Es imposible. No habla con nadie y se mantiene entre la gente roja y casi sin pestañear" resumió regresando a la cocina "Además ningún otro invitado se comporta raro. Sólo Renee". Lucy suspiró perdida sin saber qué decir, recordaba detenidamente la desagradable despedida. "¿No os habréis peleado, no?" cuestionó Sharon sintiéndose tonta al formularla, pero era cuanto tenía.
"No, no, claro que no..." aseveró perdiendo seguridad por segundos. No había ninguna pelea reciente en su memoria, aunque no podía decir lo mismo de las situaciones incómodas. Durante la fiesta, Renee se había comportado como siempre, si bien era cierto que no había compartido ningún rato con ella más allá de su saludo, así que sólo podía opinar desde la distancia. Su amiga podía no estar enfadada pero si incómoda con ella y que no se hubiera percatado hasta entonces.
Pero no era posible... Algo dentro de ella latía desmintiendo esas suposiciones. Renee no era así, no se comportaba de ese modo. Sólo tenía una cosa clara, necesitaba hablar con ella.
"Será mejor que salgamos" añadió al fin Lucy. Esperó a que Sharon asintiera y salió tras ella, directamente al salón. Renee ya sostenía su abrigo y por la forma de charlar con Ted y Adrienne, intuía que era la última de las despedidas antes de marcharse. Reunió fuerzas, recuperó su sonrisa y fue directa a ella. Ralentizó el paso al observar como repartía sendos abrazos a sus amigos, y se colocó tras ella. Quería asegurarse de que al llamarla, Renee se giraría hacia ella y daría la espalda al resto consiguiendo que la conversación probablemente quedara solo entre ellas dos.
El suave toque de dos dedos en su hombro alertó a todo su ser, pero fue un conocido perfume el que le avisó de quién se trataba. Hizo de tripas corazón, recompuso su rostro y se giró hacia donde era reclamada. La más tierna e intencionada de las sonrisas ocupaba los labios de Lucy, y sus ojos, con una mirada caída y dulce, eran el golpe de gracia de la actriz. Renee se removió incómoda ante aquella aparición, ¿qué pretendía?
"Te marchas ya, ¿verdad?" siseó encantadora. Renee murmuró un leve "Sí", más moviendo los labios que pronunciando. "Oh, perfecto. ¿Te importaría acercarme a casa? Vinimos en un solo coche y creo que Rob quiere quedarse hasta tarde..." murmuró en la más adorable de las peticiones
Abrió sus ojos e inclinó el rostro, presa del pánico. No podía estar hablando en serio, no justo en ese momento. Ella lo único que deseaba era huir de allí, dejarla lo más lejos posible y vomitar cientos de insultos contra su persona... y sin embargo Lucy se ofrecía a pasar más tiempo con ella. Mordió la punta de su lengua entre sus dientes y respiró hondo, conteniendo no sólo las rabiosas palabras que se le ocurrían sino las arcadas que comenzaba a sentir.
"Creo que no es buena idea, Luce" El diminutivo cariñoso se atragantó en su garganta por la falta de cariño con la que lo dijo "Aún tengo que pasar a por los peques a casa de mi madre, y es mucho lío..."
Un jarrón de agua fría como respuesta. Lucy sonrió de medio lado, desconcertada, y humedeció sus labios antes de poder hablar. Estaba denegando su petición... no, estaba rechazándola directamente y rehuyendo la posibilidad de quedarse a solas con ella ni un momento. La casa de su madre estaba a escasos quince minutos de allí, se trataba de un trayecto brevísimo que ya en más de una ocasión habían hecho juntas, y precisamente esa noche que Lucy le pedía que le acercara, su amiga de repente lo veía muy complicado. No se sostenía por ningún lado. Observó los ojos de Renee mostrando más grima que cansancio, y consideró que la respuesta estaba clara. Si tanta repulsión le creaba, no la obligaría a soportar su presencia. Comprendía que Renee la rechazara y no sintiera lo mismo, pero intuir asco o desgana proviniendo de su amiga resultaba dolorosamente inaguantable. Se lo había buscado ella por asaltarla en aquel parking como una admiradora enamorada, pero no pensaba aguantar esa respuesta. Si por un instante había meditado el insistir, lo descartó.
"Claro..." musitó tensa "Hablaré con Rob entonces. Buenas noches" respondió, comprobando que el comentario no era del todo del gusto de Renee. No supo darse una explicación, pero su siguiente movimiento fue dirigirse derecha hacia su marido, con la más cariñosa de las actitudes. Amarrándose a su brazo, llamó su atención y se dirigió a él con una dulzura atípica en ella. Incluso Rob lo hizo notar en su gesto confundido, pero aceptó los arrumacos, hipnotizado. Lucy se recreó en tratarle con amor, sabiendo que la distancia que los separaba de Renee aseguraba que su amiga fuera una clara oyente.
Era como si esa noche hubiera sufrido una patética derrota a manos de Renee, pero al menos se le estuviera concediendo ganar la última batalla como consuelo. Aunque no lograra entender del todo el por qué era así... Quizás se trataba de enrabietar a Renee usando la enemistad que sabía que le unía al productor... quizás.
Agitó su cabeza intentando por un segundo dejar de meditar y planear en torno a su torturante amiga, y se obligó a centrarse en su marido. "Cariño, ¿nos podríamos ir ya a casa? Creo que no me encuentro muy bien..." Se dio cuenta perpleja de que no estaba mintiéndole, un incómodo sentimiento de opresión se hacía con su estómago y su pecho, alcanzando su magullado corazón. Aquella noche había sido un desastre... iba a tener que disculparse con Marga, pero sabía que esa noche no era el mejor momento... se avergonzaba profundamente de lo que había revelado a Sharon por culpa del alcohol y de su debilidad momentánea... y para remate final, ¿Renee la trataba como a una apestada?
No. No era justo ni lógico, y aunque no pudiera reprochar a su amiga su elección a la hora de tratarla así, no seguiría permitiéndoselo. No era racional continuar sufriendo después de tanto tiempo por una historia que parecía permanecer únicamente en su cabeza. Era hora de pasar página, de olvidar ella también y seguir adelante. Costase lo que le costase...
"Espérame aquí, Luce, voy corriendo a por los abrigos" oyó que pronunciaba el calzonazos de Robert con voz cantarina.
"Gracias, eres un encanto" susurró Lucy melosa. Renee cerró los ojos dolida, y se alejó, harta de escuchar aquella conversación, cada vez más repelente por momentos. Ya había dicho adiós a sus amigos, ¿qué más le quedaba por hacer? Sólo abandonar aquella dichosa fiesta, arrastrándose hasta su coche. Salió por la puerta y la cerró sin mucho cuidado. Nada tenía ya importancia. El maquillaje del que tan afanosamente se había ocupado esa tarde, se deshacía entre saladas lágrimas, y su peinado se desbarataba en madejas desordenadas cada vez que sus dedos recorrían su nuca y frotaban su frente. Pero eso le daba igual. Importaba lo que había visto en la cocina, importaba cómo se sentía, importaba lo que su alma se negaba a creer...
Durante muchos años había llevado el cartel de amante, siempre dando por supuesto que ella no era la única, o más bien, que Rob no era el único para Lucy. Casi desarrolló una inmunidad total ante la idea de que estaba casada, a fuerza de verles en el trabajo. Para ella quedaba la ilusión o esperanza de que al menos como amante nadie aparte de sí blandía esa bandera... Pero no, nunca nadie le había jurado ni ese pequeño capricho, jamás escuchó una promesa de fidelidad que le otorgara el puesto de única amante, ¿no?
En ese caso no había culpas que repartir, sólo lágrimas que secar, y de nuevo eran las suyas. Ese final ya era un conocido íntimo de Renee: acababa sola y jodida, sintiéndose la más tonta del lugar y la que golpe a golpe continuaba sin querer asimilar la lección. Pero eso se iba a terminar. Aprendería costara lo que costase, se defendería y no aguantaría más palos.
Eso se había terminado.
Continuará...
