¡Ups! Perdón a todas las hadas motoristas del mundo. Subsanaré el error en el resto de capítulos. Gracias ;)

Mil gracias por la acogida que tuvo el cap anterior y este espero que os guste :))

Julio

Parte 2. No quiero que te precipites

Henry se puso boca arriba, eso le hizo sonreír. Extendió la mano y acarició delicadamente la pancita del cachorro. Era una ricura.

Levantó un poco la cabeza para mirar la hora en el despertador de la mesilla, ya se tenía que levantar. Además, es que es era una tontería seguir dando vueltas en la cama.

Se estiró a la vez que bostezaba, el perrito levantó la cabeza y se bajó del lecho a la vez que ella, seguramente querría hacer pis. Así que bajó las escaleras pesadamente y una vez en la planta inferior, le abrió la puerta del jardín. Todavía se hacía sus necesidades dentro, pero poco a poco se iba acostumbrando a hacerlas fuera.

Mientras Henry olisqueaba, ella se sentó en una de las tumbonas de la piscina y se arrebujó en la bata que se había colocado sobre el camisón. Cerró los ojos un segundo dejando que el frescor mañanero penetrase en sus pulmones, necesitaba eso, que al purificante aire entrara para acabar con el desasosiego que sentía.

Era una tontería que se sintiese así, pero lo hacía. Al igual que otras tantas veces esa noche, se pasó los dedos por los labios y pensó en Emma. No podía dejar de rememorar el beso una y otra vez. El beso y todas las sensaciones que había traído consigo.

Nunca había creído que Emma fuese capaz de besarla, así que cuando sintió el contacto de la rubia creyó que era mentira, que no podía ser. Pero era cierto y estaba pasando; la chica estaba dando un paso más en aquello que tenían. Se sintió asustada y con el corazón desbocado, pero se dejó llevar, porque lo necesitaba, necesitaba aquello que confirmase que ella no era la única que estaba metida hasta el cuello. Por eso cuando Emma se separó, necesitó sentirla una vez más, porque ella también quería expresarle de algún modo que deseaba el beso. ¡Qué tontería! Llevaba meses muriendo por sentir aquellos labios, por beber de aquella joven que había conseguido enamorarla sin ni siquiera pretenderlo. Así que puso todo el sentimiento que fue capaz en devolverle el gesto a la rubia. En cada roce incluyó todo su ser, un ser que pertenecía a Emma Swan.

Cada célula de su cuerpo pertenecía aquella rubia descarada y sonrió al pensar que Emma sentía lo mismo. Porque sí, estaba segura, aquella niña estaba profundamente enamorada de ella. Y por un lado daba gracias al universo por ello pero, por otro, sentía un inquietante pesar.

Ella estaba segura de lo que quería, quería a Emma con todo lo bueno y lo malo que su relación trajese pero ¿qué consecuencias podría tener ello para la chica? Es que, a fin de cuentas, ella no tenía que rendirle cuentas a nadie, pero la rubia no estaba en la misma situación.

Por eso el beso tenía un sabor agridulce, porque sí, había sido una confirmación de su amor pero ¿qué iba a pasar ahora? Suspiró. Porque eso era algo que se le escapaba de las manos, no quería presionar a Emma, quería que ella fuese consciente de sus decisiones, que actuase conforme a sus sentimientos pero teniendo presentes las dificultades a las que se podría enfrentar; sus padres, la sociedad, la incertidumbre que toda relación presenta, porque nadie podía asegurar que su historia de amor fuese a funcionar. Era complicado, muy complicado…

Y por eso, aunque le habría encantado que Emma pasase la noche en su casa, le había pedido que se fuese. Porque era una tentación demasiado grande para las dos permanecer bajo el mismo techo sin que la cosa pasara a mayores. Bueno, en realidad, para ella hubiese sido prácticamente imposible no demostrarle todo su amor. Pero Emma debía meditar a fondo si quería entregarse completamente.

Intentaba no torturarse con la idea de que a lo mejor estaba complicándole la existencia a una niña que apenas comenzaba su camino. Pero es que no podía evitar sentirse como se sentía, le era imposible no aferrarse a ella desesperadamente, Emma era su salvavidas, su felicidad y, a día de hoy, su todo.

Sonrió cuando Henry le dio con la patita en la pierna, así que le cogió en brazos y le abrazó. La verdad es que adoraba la compañía del animal. Aunque al principio estuvo reacia a quedárselo ahora estaba encantada. Además sentía que era muy especial, porque era algo de Emma y suyo, un vínculo permanente entre las dos. Y parecía que se cumplía eso de que los perros se parecen a los dueños, porque ese bichito peludo, al igual que la rubia, ignoraba completamente sus regañinas…ellos no la temían como el resto.

Pasó dentro y fue directa a la ducha. Como no le apetecía arreglarse se puso unos leggins, una camiseta y unas sandalias, y se recogió el pelo en una coleta. Había decidido que pediría un taxi para ir a recoger su coche, no quería molestar a Emma. Sería mejor verse por la noche, aunque estando Belle no sabía muy bien si podrían encontrar unos minutos para hablar.

Escribió a la rubia para avisarle del cambio de planes.

R Mills: Emma, no hace falta que me recojas. Tengo que hacer unas cosas más, así que voy a llamar a un taxi.

No esperaba contestación porque supuso que la chica estaría durmiendo, así que se sorprendió cuando el móvil sonó.

Emma S: ¿Estás segura que no hace falta?

R Mills: Sí, no te preocupes.

Emma S: Vale. Nos vemos esta noche.

R Mills: Sí.

Emma S: Un beso, cosi.

¿Beso? Debía dejar de pensar en ello. Por su salud.

Cuando el taxi llegó, cogió sus cosas y puso rumbo a la oficina. Llevaba un look tan casual que probablemente si se cruzasen con ella, nadie se percataría de quién era en realidad.

No se encontró a nadie en el trayecto hacia el parking, así que no tardó mucho en salir de Mills &Co. Aunque quizás debería pasarse por su despacho ya que el día anterior no había hecho casi nada.

Decidió ir a un centro comercial y regalarse algún vestido para llevar a las chicas de cena esa noche. Pero en el trayecto recibió una llamada de Archie.

-¡Felicidades, Regina!- gritó su amigo al otro lado de la línea.

-Gracias- contestó sonriente.

-Astrid ha hecho el pastel de carne que tanto te gusta, así que no te retrases.- Oh, mierda…se había olvidado de la tradicional comida por el día de su cumpleaños. La pareja la invitaba a comer todos los años y, aunque no le apetecía en absoluto ir, no podía hacerles ese feo.

-Voy de camino-dijo a la vez que se desviaba de su camino inicial-¿llevo algo?

-No, no…ya tenemos todo.

-Vale, en diez minutos llego.

-Hasta ahora.

Le dio al botón del manos libres para cortar la comunicación. Vaya tela…estaba convirtiéndose en un auténtico desastre. ¿Cómo se le podía haber olvidado su cita anual? Lo malo es que ni se había arreglado…pero bueno, eran sus amigos, gente de confianza.


Se sentó en el escalón del porche a esperar. Emma llegaba tarde, como siempre. Y lo peor es que estaba escuchando a Henry llorar al otro lado de la puerta y se le estaba partiendo un poquito el corazón. Quería achuchar a ese chiquitín. Pero claro, ella no tenía las llaves de la casa de Regina, así que no le quedaba otra opción que esperar.

Veinte minutos después, la rubia apareció montada en su Ducati.

-¿Para qué tienes el teléfono?- preguntó levantándose.

-No me he enterado. ¿Has traído todo?

-Sí…- cogió las bolsas que tenía.

Una vez que Emma abrió, Henry las recibió moviendo el rabito y saltando. Así que corrió a la cocina, dejó todo sobre la encimera y recogió al cachorro del suelo. Era tan mono. De repente, su amiga se lo quitó de los brazos y comenzó a hacerle carantoñas.

Se fijó en Emma y en la mala cara que traía.

-¿Te pasa algo?- frunció el ceño.

-¿A mí? ¿Por qué?- la rubia la miró.

-Porque tienes un aspecto horrible, tienes ojeras.

-No he dormido bien, eso es todo…- no se quedó muy convencida por la respuesta, pero bueno, si Emma no quería hablar …

-¿A qué hora va a llegar Regina?

-No tengo ni idea, llámala.

-¿Y qué le digo?- rebuscó el teléfono en el bolso.

-No sé…échale imaginación.

Asintió y marcó el número de Regina.

-Hola, Bellusqui- contestó la mujer.

-Oye, Regi…¿a qué hora tengo que estar preparada?

-Pues…a ver...estoy en casa de Archie, supongo que a casa llegaré sobre las 5, entre que me arreglo y tal…para las 7 os recojo a Emma y a ti en su calle.

-Vale, hasta luego.

-Un beso, Belle.

Dejó el móvil sobre la encimera.

-Tenemos tres horas para preparar- dijo.

-Muy bien- Emma estaba rara, por mucho que intentase negarlo.

Pasaron largo rato jugando con Henry, a las dos les encantaban los animales, así que estaban encantadas con él. Después se pusieron manos a la obra; se subieron a los sofás de la salita para colocar las guirnaldas con forma de manzana y corazón, pusieron el mantel con dibujos de Blancanieves, decoraron la mesa con una cesta llena de manzanas rojo sangre …Los regalos los dejaron en un rincón.

Diez minutos antes de la hora indicada, cayeron sobre un par de sillones. Habían hecho un buen trabajo. Emma luego se encargaría de la cena, porque ella y la cocina eran enemigas mortales.


Al final se le había hecho tarde, así que iría con prisas para arreglarse. Además no se había comprado nada, así que tendría que ver qué se ponía.

Se extrañó cuando Henry no salió a recibirla, así que le llamó. Pero el perro seguía sin aparecer, un ladridito procedente de la salita le hizo ir hasta allí.

Y lo que menos que hubiese esperado es lo que se encontró, a Belle y Emma tirándole confeti al grito de "Felicidades". Se quedó con los ojos muy abierto al percatarse de lo que estaba pasando; las chicas le habían organizado una fiesta.

La habitación estaba decorada con multitud de corazones y manzanas, el rojo de los objetos resaltaba sobre el gris de la pared. Habían dejado todo precioso y a ella sin palabras.

Belle se acercó a ella muy sonriente y le puso una corona en la cabeza.

-¡Felicidades, Regi!- le devolvió una espléndida sonrisa a la joven y después sin mediar palabra, la estrechó entre sus brazos. Porque sí, porque Belle era un sol y se sentía muy especial por lo que habían organizado para ella. Además, la chica odiaba los gestos de cariño por lo que sentía cierta satisfacción perversa al hacer que se sonrojara.-¡Ay, suéltame!- Belle se retorcía para escaparse, lo que la animó a dejarle varios besos en la mejilla.

-Pues si no fueses un encanto no lo haría- dijo apartándose y poniéndose una mano en la cabeza para palpar la corona de plástico.-¿Y esta temática?

-Esto…de la reina de Blancanieves- contestó Belle.

-¿Pero esa no era la mala?- entornó ligeramente los ojos.

-También podría ser la reina del corazón roto- Con todo el alboroto no había podido centrarse en Emma, que contestó con una sonrisa tímida y se fue acercando a ella tras dejar a Henry en el suelo. Parecía tímida y bueno…ella tampoco sabía muy bien cómo debía actuar. Así que dio unos pasos hacia la rubia y la abrazó al igual que había hecho con la otra joven. Emma se aferró a su cintura y escondió la cabeza en su cuello.-Felicidades otra vez- le susurró cerca del oído, cosa que le hizo estremecerse. Al tenerla tan cerca sólo podía acordarse del beso, del sabor de sus labios y de cuánto deseaba sentirlos de nuevo. Rompió el abrazo, aunque en realidad se quedaría así toda la vida.

-Estáis locas y lo sabéis – dijo acercándose a la mesa donde una cesta de manzanas hacía las veces de decoración. Al lado una botella de sidra de la misma fruta y tres copas las esperaban.-Vamos a brindar –propuso. Sonrió para sí misma al pensar que llevaba una corona dorada con brillantes rojos en la cabeza, pero claro, ella era la reina ¿no? Desde luego vaya ocurrencias que tenían el par de locas, pero conseguían hacerla feliz. Más allá de los sentimientos que pudiese tener por Emma, esas dos jóvenes le daban vitalidad, una cosa que ya creía perdida desde hacía tiempo.

Sirvió la bebida y le dio una copa a cada una de las chicas.

-¿Por qué brindamos?- preguntó Belle olisqueando el líquido.

-Por vosotras y lo feliz que me hacéis- mientras hablaba cruzó su mirada con la de Emma y rápidamente cambió los ojos. Es que no quería intimidarla, porque si la miraba no podría dejar de hacerlo y no estaba la cosa como para hacer eso.

Le dijeron que los regalos no los recibiría hasta la que llegase la tarta, así que tendría que esperar hasta después de la cena. Se rió bastante durante el resto de la tarde, ya que Emma se había llevado la consola y las chicas jugando eran un auténtico espectáculo. Eran tan competitivas que creía que iban a pasar del boxeo virtual al real. Ella se dedicó a fotografiarlas, quería tener inmortalizada para siempre la que consideraba la mejor fiesta de cumpleaños que había tenido.

Para cenar degustaron una pasta con nata que hizo Emma, la cual estaba absolutamente deliciosa. Había intentado no pensar mucho en lo ocurrido la noche anterior porque quería aligerar el ambiente, ya que Emma, claramente, no estaba como siempre con ella. Hablaba poco e intentaba evitar el contacto visual. Necesitaban aclarar las cosas, así que tendría que encontrar el momento para mantener una conversación.

-¡Ahora la tarta!- Belle pegó un salto de la silla en cuanto vio su plato vacío y se puso a recoger la mesa. Emma la imitó, así que ella decidió hacer lo mismo. Al final había comido en el salón porque la mesa baja de salita resultaba más incómoda.

Cuando pasó a la cocina, la rubia que charlaba animadamente con su amiga se calló. No podían seguir así. Así que decidió coger el toro con los cuernos.

-Belle, ¿me haces un favor?- los ojos azules la miraron expectante-¿Puedes sacar a Henry un ratito al jardín? Es que no quiero que se haga pis dentro.

-Claro- la chica sonrió- Cosita- la castaña fue llamando a Henry para que la siguiese. Y se dio cuenta de que utilizaba apelativos muy parecidos a los que Emma utilizaba con ella. Ains, de verdad…

-Emma- la llamó una vez que se quedaron solas. Se acercó y apoyó la espalda en la encimera al lado de la rubia, que enjuagaba unos cubiertos en el fregadero. La chica la miró a los ojos y vio miedo en la mirada verde.-¿Estás bien?

-Regina, yo…- la joven dejó que el pelo le cayese sobre la cara mientras agachaba la cabeza y apoyaba las manos sobre el mármol del mueble. Ella se giró un poco y se puso enfrente, metió una mano entre las hebras doradas y le alzó la barbilla con un dedo. Quería encontrarse con sus ojos. Emma iba a hablar pero ella negó.

-No, déjame a mí…Sé que esto no es sencillo para ti porque para mí tampoco lo es, y eso que yo lo tengo mucho más fácil - Emma asintió tímidamente- No quiero que estés mal, ni rara, ni que te de vergüenza …porque no hay nada de lo que avergonzarse. Hiciste lo que sentías, me besaste y – la rubia intentó volver a agachar la cabeza pero ella se lo impidió- yo te lo devolví. Emma, sabes perfectamente lo que yo siento y lo que quiero, lo sabes porque nunca te he engañado ni lo voy a hacer…Para mí fue maravilloso que me demostraras tus sentimientos de esa manera, tanto que no pude evitar besarte de nuevo. Pero no quiero presionarte, porque no quiero que te precipites. Sé que esto que tenemos es especial-la joven asintió suavemente- y por eso quiero que estés completamente segura de los pasos antes de darlos. No te preocupes por mí, porque yo estaré aquí decidas lo que decidas…Así que no me rehúyas, porque me diste el mejor regalo de cumpleaños que me podías dar y eso sólo reafirmó lo que yo siento por ti. ¡Maldita sea, Emma Swan! Deja de poner ojos de corderito y sonríe, que no has cometido ningún crimen.

La chica cerró los párpados un instante, después se acercó a ella. Sintió las manos sobre su cintura, unas manos que después tiraron de su camiseta con fuerza. Emma pegó la frente a la suya y volvió a cerrar los ojos, esta vez con fuerza, a la vez que suspiraba sonoramente. Ella colocó las manos sobre los bíceps de la rubia, notó la tensión de sus músculos. Claramente se estaba debatiendo interiormente. Creyó que iba a besarla por la manera en que se aferraba a ella.

-Regina…-susurró la joven con la voz ronca y volvió a suspirar. Ella se mordió el labio, porque la tenía apenas a dos centímetros y se moría por volver a sentirla. Pero no, la pelota estaba en el tejado de Emma y era la que tenía que meditar sobre ello.-Voy…voy a buscar a Belle.

Emma prácticamente echó a correr para ir a buscar a su amiga. Ella negó sonriendo. Adoraba esa inocencia de la rubia, porque el miedo que ahora sentía sólo formaba parte de eso, de su inocencia.

Unos minutos después, se encontró sentada en un sillón de respaldo alto de la salita, con la corona en la cabeza y Henry en su regazo, mientras las chicas con una tarta de manzana en forma de corazón cantaban a viva voz "Cumpleaños feliz". La verdad es que se sentía como una auténtica monarca.

Sopló las velas doradas y pidió un deseo en el proceso. Éste fue sencillo; "Emma".

-Ahora los regalos- la rubia sonrió, parecía más animada que antes de su pequeña conversación, bueno de su discurso.-Primero los individuales. Bellusqui, te toca.- Belle asintió y luego fue al rincón en el que estaban colocados varios paquetes envueltos. Le entregó una caja envuelta en papel plateado, era bastante grande.

-¿Qué será, qué será?...- Si era sincera, se sentía como un niño en navidades. Desenvolvió con cuidado el obsequio y se encontró con un enorme estuche de maquillaje. Llevaba tantas cosas que dudaba que fuese a necesitar comprarse pinturas en mínimo 20 años.-Belle, esto es genial- dijo mientras exploraba los diferentes compartimentos de sombras de ojos.

-¿Te gusta?

-¡Me encanta! Muchas gracias.- le lanzó un beso en el aire a la castaña que frunció el ceño, qué mal se le daban las muestras de afecto a la chica.

-Ahora yo- Emma le puso encima algo envuelto con papel de seda rojo. Cuando se deshizo del envoltorio se encontró con una chaqueta de cuero negro, parecía de motorista. Dejó a Henry en el suelo y se puso en pie, la estiró frente a sus ojos y vio que en la espalda llevaba bordado unas alas con una corona en medio. Dentro de la corona había un símbolo de infinito y debajo del dibujo en letras doradas ponía "Swan Queen".- A conjunto con el casco- le explicó la rubia ante su mirada interrogativa.- Así que vete preparando para dar multitud de paseos conmigo.

-Ya veremos- entornó los ojos- pero es preciosa. Muchas gracias.

-Y ahora….- Belle puso varios paquetes sobre la mesita. Dejó la chaqueta sobre el sillón que antes había ocupado y se centró en el resto de cosas. Lo primero que le llamó la atención fue una enorme felicitación, que debía de medir como un metro. La portada consistía en un montaje de fotos de ellas tres, todo decorado con purpurina y pequeños brillantitos. Eso debía de haber llevado un gran trabajo. Dentro, una página estaba escrita por Emma y la otra por Belle -Lee luego- le dijo la castaña- es que me da vergüenza…

-Vale…Es muy bonita y ¡enorme!- Depositó la tarjeta sobre la chupa de cuero.

-Toma- ahora fue Emma la que le dio otro regalo. Este era pequeño y alargado. Sonrió cuando un collar de perro rojo con una plaquita en forma de manzana colgando, en ésta ponía "Henry".

-Ven aquí pequeñín. – Cogió al cachorro en brazos- Que mami E y la tía Belle te han comprado algo- Henry olisqueó el accesorio antes de que se lo pusiera, cuando lo hizo, Emma se lo quitó de las manos.

-¿Quién es el niño más precioso?- preguntó a la vez que lo besuqueaba.- Bellusqui, dale otro.- En éste se encontró una camiseta serigrafiada con una foto de las tres en poses los Ángeles de Charlie, pero debajo ponía "Regina's Angels". Sonrió, es que eran muy ocurrentes las dos.

Emma fue la que le entregó el último regalo. Abrió los ojos mucho cuando se encontró con un escueto camisón de seda color azul oscuro y con encaje negro. Era muy bonito y muy…sexy…aunque bueno, no sabía si sexy era la palabra. Leyó la tarjeta que iba pegada al envoltorio "Porque sabemos que lo lucirás como nadie".

-¿Y esto?- preguntó ligeramente sonrojada. Vale sí, las chicas sabían el tipo de prendas que usaba para dormir, pero es que este era demasiado…porno, porno era la palabra.

-Emma lo ha elegido- dijo Belle como de carrerilla señalando a la rubia.

-Me gusta mucho, gracias- O sea que Emma había elegido esa cosa tan…Interesante. Sonrió perversamente.

-Bueno…- la rubia estaba ligeramente sonrojada- ¿comemos tarta o qué?

A la tarta, la que por cierto estaba deliciosa, le siguieron unas copas. Las chicas de ron y ella de ginebra.

Se puso a hablar con Belle de política y cuando se quiso dar cuenta, Emma se había quedado dormida con su corona en la cabeza, la cual le había robado antes.

-Creo que la hemos aburrido- dijo la castaña siguiendo su mirada.

-Puede…-aunque estaba segura de que simplemente estaba agotada por la tensión que había acumulado por lo ocurrido la noche anterior.

-Regina…- volvió a mirar a Belle que removía el contenido de su vaso mientras hablaba- sé que crees que soy un poco…guarrilla.

-¿Cómo?

-Sí, que crees que voy por el mundo acostándome con quien pillo.- Ah…estaba sorprendida de que la joven le sacase ese tema, sobre todo porque siempre aceptaba sus críticas sin rechistar.

-No es eso, Belle. Supongo que contigo estoy aprendiendo a ver el mundo de otra manera,- la chica frunció el ceño- estoy entendiendo que no todos vivimos la sexualidad de la misma forma. Yo soy incapaz de tener sexo sin amor pero, gracias a ti, estoy aprendiendo a entender otras formas de actuar.

-¿No crees que soy una puta?

-No, creo que estás confundida y que por eso has cometido errores. Con Ruby metiste la pata hasta el fondo, porque fuiste a elegir a la más loca de la ciudad. Pero bueno, creo que eso te ha servido para comprobar que no te gustan las mujeres …

-Yo no estoy tan segura de eso.

-Yo sí. Y creo que deberías encontrar a un chico agradable y olvidarte de Gold.

-Es que tú no entiendes lo que Gold significa para mí.- Se le enterneció el corazón al ver a Belle intentando sincerarse con ella, porque la chica sólo comentaba las cosas como si no les diese importancia y nunca se molestaba por los comentarios sarcásticos que ella hacía sobre sus distintas relaciones. Reconocía que en ocasiones se pasaba, pero es que la juventud había cambiado mucho y había cosas que no le entraban en la cabeza. Así que con Belle le tocaba abrir la mente, decidió que para comprenderla primero tendría que escucharla.

-No, porque nunca me lo has contado bien.

-Gold…, es que yo nunca me había enamorado y no sé cómo pasó, pero con el tiempo, tratándolo, me acabé dando cuenta de que le quería. Era, y es, simpático, gracioso, amable y despierta en mí un gran instinto de protección. Sé que sólo os cuento lo malo que hace, pero es un encanto y se preocupa por mí. He tenido muchos problemas en mi familia y él siempre ha estado apoyándome. No sé porqué no quiere una relación…a veces creo que es por mí, otras por la relación que le une a mi madre que lo trata como un hijo. Hay días que me arrancaría el corazón para no sentir lo que siento, pero es que no puedo evitarlo. Da igual cuantas veces me haga daño, cuantas me ignore…porque sus momentos buenos compensan con creces los malos…-la joven parecía a punto de llorar.

-¿Y Gastón y Ruby?- Quería entenderla, de verdad.

-Supongo que cuanto más rechazada me siento por Gold, más intento convencerme a mí misma de que no le necesito…Con ellos intenté eso, fue un intento de alejarme de él, de olvidarle con otras personas. Además, cuando Ruby me sentía terriblemente sola; mi padre vive en otro país, mi madre nunca está… ella estaba siempre ahí, así que me confundí y ella se pensó otra cosa. Me gustaba enrollarme con ella, para qué te lo voy a negar…

-Cometiste un error, porque puede contárselo a cualquiera de tu entorno.

-Lo sé…

Se quedaron en silencio unos minutos. Se sentía mal, porque había juzgado duramente a una niña cuando ella, que ya era mayorcita, estaba cometiendo una locura mucho mayor.

-Belle, eres un encanto. Te mereces a alguien mejor que Gold.

-Probablemente llevas razón.

Después volvieron a tratar asuntos más ligeros y cuando quisieron darse cuenta eran las 3 de la madrugada. Así que decidieron que lo mejor era irse a la cama. La verdad es que se había quedado gratamente sorprendida con Belle, sabía un montón de literatura, de economía y política. No entendía porqué intentaba hacerse la tonta constantemente. Bueno, había veces que no tenía muchas luces, pero en el fondo era lista.

-Despierta a Emma mientras recojo.- dijo

-¿Te ayudo?

-No, despierta a la bella durmiente.-la chica asintió. Cogió las copas y fue a la cocina, a la vuelta se cruzó con una adormilada Emma, que iba directa hacia las escaleras. "Buenas noches" murmuró sin ni siquiera mirarla. Chasqueó la lengua con fastidio, la verdad hubiese esperado otro tipo de despedida pero bueno, había dicho que no la iba a presionar.-Belle, vete a la cama- dijo cuando entró en la salita y vio a la joven metiendo los regalos en una bolsa- yo voy a sacar a Henry y también me voy a dormir.

-Vale, hasta mañana- la chica pasó a su lado para salir del cuarto.

-Ehhh, señorita ¿no se te olvida algo?- Belle suspiró con fastidio.

-Odio esto ¿lo sabes?

-Lo sé- extendió el cuello para acercarle la mejilla a la castaña. Y es que lo que pasaba es que siempre que Belle se quedaba a dormir estaba obligada a darle un beso de buenas noches antes de irse a la cama. Tenía que acostumbrarse a ser más cariñosa. Cuando lo hizo, la joven salió refunfuñando mientras ella sonreía. Esta Belle era todo un personaje.

Una vez que Henry hubo hecho sus necesidades, subió a su habitación y se puso el pijama. Se metió en la cama y se puso las gafas, se había subido la felicitación gigante para leerla, a pesar de que le iba a llenar las sábanas de purpurina. Seguro que la había hecho Belle, porque esas florituras sólo podían ser suyas.

Apenas si le dio tiempo a abrirla cuando alguien llamó a su puerta.

-Adelante- contestó al llamado.

-¿Puedo pasar?- se sorprendió al ver la cabeza rubia asomando por el marco.

-Claro- sonrió. ¿Qué querría?

-Venía a desearos buenas noches a Henry y a ti.- Emma tomó asiento a sus pies y comenzó a acariciar al perro.

-¿Y Belle?

-Se ha quedado dormida, yo me he desvelado al subir.- se quedó mirando cómo la chica jugueteaba con el cachorro.- ¿La has leído?- le preguntó la joven señalando la enorme tarjeta que había dejado a un lado.

-No me ha dado tiempo. Emma…no has venido sólo a acariciar a Henry ¿verdad?- era mejor ir al grano, porque la conocía lo suficiente para saber cuando quería decir algo pero no se atrevía. La rubia se levantó y se sentó más cerca de ella.

-Quería decirte que…

-Que no te de vergüenza.- la chica comenzó a hacer dibujos imaginarios en la colcha.

-Regina, estoy confundida...y asustada.- Ella asintió porque ahora Emma sí que la estaba mirando- Yo siempre me he considerado heterosexual, siempre. De hecho sigo pensando en que no me gustan las mujeres pero…tú…Es que nunca creí que me podría pasar esto, que podría enamorarme de alguien de mi mismo sexo, además está el asunto de la edad,-Sí bueno, esa gran barrera. Le dolió escucharlo. Pero bueno, lo cierto es que estaba recibiendo toda una declaración.- y no sé cómo tengo que lidiar con esto. Porque no quiero engañarte, no sé si soy tan valiente y lo último que quiero es hacerte daño.

-Emma, no te estoy pidiendo nada…

-Lo sé, pero estoy aterrada de que te canses de mi indecisión y me digas que hasta aquí hemos llegado.

-No lo haré.- enlazó sus dedos con los de la chica.

-Te quiero, Regina. Y no sé si eso está bien o mal, pero es lo que siento, lo que no sé es qué hacer con todo esto…

-Medítalo con calma.- sonrió ligeramente y Emma imitó su gesto.

-¿Pero ahora…puedo…?- la rubia cambió la mirada y se sonrojó al preguntar.

-¿Puedes qué?- al ver que los ojos verdes de alzaban de nuevo para mirar sus labios tuvo claro a lo que se refería. –Por favor.- prácticamente se lo dijo suplicando, necesitaba volver a sentir ese contacto.

Emma le soltó la mano y se inclinó sobre la cama. La rubia se fue acercando lentamente hasta cerrar la distancia entre ellas. Este beso era menos tímido que el de la noche anterior, de hecho, Emma parecía ávida por explorar su boca. Sin separar sus labios, que ahora bailaban al son de dos lenguas desesperadas, Emma se acabó recostando sobre ella. Los dedos de la rubia se introdujeron entre su pelo, mientras ella, acarició ligeramente la piel que quedaba descubierta entre la parte de arriba y la de abajo del pijama de la chica.

Le comenzaba a faltar el aire, pero no quería parar aquello. Emma la besaba con tal dulzura y pasión que se sentía flotando en una nube. Sintió una caricia bajando por su cuello y gimió. Esto era demasiado para ella y su autocontrol. La rubia besaba como una auténtica diosa, además estaba totalmente echada sobre ella, y su mano exploradora estaba cada vez más cerca de uno de sus pechos. Bien sabía el universo que si fuese por ella se dejaría hacer todo lo que esa niña quisiese pero no podía ser, no así. Así que rápidamente cogió a Emma por las muñecas y la separó de ella.

-¿Qué pasa?- la chica parecía confundida.- ¿No te gusta?

-Sabes que no es eso- respondió con la respiración entrecortada- pero no podemos.

-¿Por qué?

-Primero porque creo que sería precipitarse y segundo porque Belle duerme a 5 metros de aquí y no está sorda.- la rubia asintió a la vez que suspiraba.

-¿Puedo dormir contigo?- percibió la esperanza implícita en la pregunta.

-Es mejor que no.

-Por favor….

-No.

-Está bien- contestó Emma a la vez que se dejaba caer de nuevo sobre su cuerpo y escondía la cara en su cuello. Se quedaron en esa extraña posición unos instantes; una encima de la otra con los brazos en cruz, porque ella le sujetaba las muñecas a la chica.-Cosi…- sentir el cálido aliento de la rubia en su yugular no ayudaba a la firmeza de su decisión de no ir más allá.

-Dime.

-Si no me sueltas no me puedo ir.- Llevaba razón, así que acabó con el agarre. Emma se puso a cuatro patas sobre ella, se acercó, le dio un piquito y susurró un buenas noches a sus labios. Después salió de la habitación, dejándola alterada y con el corazón desbocado. Muy , muy alterada…

La esperaría y haría las cosas correctamente, porque la quería demasiado como para estropear todo por precipitarse. Y sonrió, sonrió ampliamente, porque ahora tenía la certeza de que Emma Swan era suya y de nadie más.


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