Agradecimientos: En este quiero darles un achuchón especial a tres personiiiicas que entre un millón de cosas mas, me ayudaron a buscar un maldito titulo para el ff: son Maca (que propuso entre otros el titulo de "Esta vez si que si... o puede que no"), Aza (con "Una vez ná mas" y "Lo vez... ya no lo vez!" XD) y Moni (con la joya de "¡Lo vez, tonta! Zi tu me quiedez!)
De Una Vez Por Todas
Tamborileó sus dedos sobre el cuero del volante, sin llevar ningún ritmo en concreto. La radio estaba encendida, pero si empezaran a emitir opera, posiblemente no repararía en el cambio del hilo musical. Un reciente éxito del pop resonaba a lo lejos, sin llegar realmente a oídos de Renee. Lo más cerca que la actriz se encontraba del mundo real era al mirar e interpretar las señales de tráfico. Su atención no daba para más... ¿Realmente estaba conduciendo hacia allí? No, tenía que estar gastándose una broma … Seguro que de repente giraría en cualquiera de esas calles y regresaría a casa... Suspiró; probablemente no se trataba de una broma de cámara oculta a si misma, estaba conduciendo conscientemente hacía allí, ¿en qué narices pensaba? Recordó la conversación por teléfono, como método para infundirse ánimos y confiar en su cordura:
"¿Lucy?"
"¡Hola, Ren!"
"...¡Ey! ¿Qué tal?"
"Bien, bien... bueno, más o menos. Tenemos a Daisy un poco pocha. Lleva un par de días en cama y..."
"¿Qué? ¿Ha pasado algo?"
"No, tranquila. No es nada grave, solo una pequeña gripe... Al menos nos han descartado que se trate de la A..."
Renee emitió una suave carcajada "Entonces no sé si sentir alivio o menos desasosiego"
"Cierto..." También Lucy soltó una leve risita "No pretendía asustarte, es sólo que ha estado preguntando por la tita Renee, y quise darte un toque por si deseabas pasarte o..."
Ni siquiera le había dejado terminar, si hubiera pensado un poco antes de lanzarse a la piscina... "¿Qué tal se encuentra hoy?"
"Algo pachucha, pero seguro que mejora si recibe una buena visita"
"Termino de comer y me tenéis por allí... ¿os viene bien?"
"Perfecto... Hasta entonces"
"Adiós, Luce"
Ni dos minutos de conversación y estaba de camino a casa de Lucy. Con un motivo claro, un por qué, pero eso no menguaba la sensación de incomoda indecisión. Durante casi seis meses el contacto con su compañera había sido escaso, por no decir nulo. La convención había transcurrido sin pena ni gloria, los encuentros no fueron más allá de su panel y una copa en grupo tras el último de los conciertos. El leve accidente que había sufrido Miles había diezmado aún más el tiempo juntas, y su estabilidad lo había agradecido.
Desde aquel fin de semana en Los Ángeles, no habían compartido más oxigeno que diez breves minutos durante la última Comic Con. No había resultado agradable comportarse como dos educadas conocidas, intercambiar dos besos y un breve saludito, pero su cabreo había facilitado las cosas. El comportamiento distante surgió tan natural que casi olvidó que era con su amiga desde hacía quince años con quien hablaba. Había sido doloroso, por supuesto; e incluso más de lo esperado... suspiró para si, pero al menos estaba más cerca de lograr un final de una vez por todas.
O no... Elevó la vista hacia el cartel que indicaba la calle de Lucy y casi bufó. ¿A dónde se marchaban esos seis meses de trabajo? ¿Para qué invertir tanto esfuerzo si de nuevo quedaba con ella y en un sitio tan poco neutral como la casa de Lucy? Su sereno y distante comportamiento se escondía perfectamente bien tras la fachada de profesionalidad, pero esa excusa no tendría cabida dentro del territorio Lawless. Accediendo a ir a su hogar, aceptaba las consecuencias de hacerlo como amiga, no en calidad de compañera, y no estaba segura de estar preparada para ello. La suerte estaba echada, de nada servía darle más vueltas. Pero seguía repitiéndose que era ridículo que una gripe en pleno septiembre resultara el motivo para tener que enfrentarla...
Tamborileó sus dedos una vez más antes de girar el volante y coger la última de las calles. Había llegado.
Tiró de la verja de su jardín, provocando que las bisagras sonaran con su conocido chirrido, y dejando paso a la recién llegada. Atravesando el umbral de su jardín se encontraba Renee. Recordó las nuevas normas que desde hacía meses se repetía intentando concienzudamente aplicar: Es una amiga, sólo... No más tonterías, no más sueños... Amistad y visitas de cortesía como mucho... No hay más sentimientos que gratitud y simpatía, unicamente eso... ¡Renee, no sonrías que así no hay manera!
"Hola, Luce" pronunció Renee con la más educada de sus sonrisas y retirándose las gafas de sol. Sí, claro, y ahora mírame con esos ojazos... ¡amigas, amigas, amigas!, refunfuñó pretendiendo atrapar las mariposas que recorrían su estómago ayudándose de cañonazos.
"Ey, gracias por venir" pronunció calmándose y descartando por el momento el recordar sus eficaces normas, o Renee terminaría por plantearse si estaba un poco desquiciada... "Y más tan rápido" Intercambiaron un suave beso en la mejilla y dos tenues apretones de brazos.
"No hay nada que agradecer, quería venir a ver a Daisy. Gracias a ti por llamar" Eran unas palabras amables, incluso cariñosas, pero resultaban completamente herméticas. Hacían meditar si no estarían más ensayadas que sentidas... ¡Deja de rumiar!, se exigió Lucy "¿Dónde está la enfermita? ¿Arriba?" indagó ante la falta de conversación que se avecinaba.
"Sí, sí, pasa..." Atravesaron el jardín a buen paso y alcanzaron la casa principal "Esta harta de la cama pero tampoco tiene fuerzas para salir de ella. Se va a poner como loca con tu visita... Sube tu delante" ofreció cortésmente al alcanzar las escaleras que daban a los dormitorios.
"Muchas gracias"
"De nada..." musitó Lucy cansada de tanto formalismo. El silencio permaneció durante los metros que las separaban de la puerta de Daisy.
Lo primero que llegó a sus oídos entre la nebulosa en la que la gripe la mantenía, fue un leve repiqueteo contra su puerta. Sin estar muy segura de haber escuchado bien, murmuró un ronco "Pasa, pasa" y entonces una imagen cada vez más insólita, entro en su campo visual. Renee, sonriéndola y flanqueada detrás por Lucy, se adentraban en su dormitorio en calma y total silencio
"Ey, ¿Qué tal?" musitó Renee llegando junto a ella y tomando asiento en el filo de la cama "¿Cómo te encuentras, Daisy?"
"Hoooooola" canturreó la convaleciente, sonriendo hasta convertir sus congestionados ojos en dos pequeñas rendijas "Estoy gonstipada, pero ya me han dopado con barbitúricos" siseó como si se tratara de un acto prohibido, pero al mismo tiempo de lo más gracioso. Renee se giró extrañada hacia Lucy, olvidando por un momento la cuarentena que mantenía contra aquella mujer, y la sonrió extrañada, realizando una pregunta silenciosa.
Lucy se estremeció acongojada ante el inesperado y simpático gesto, desubicándose por un momento, antes de responderle en un susurró acompañado de una casual sonrisita "Tiene fiebre; lleva gran parte del día delirando..." Renee asintió conforme con la explicación, soltó una pequeña carcajada y retomó su conversación con Daisy. Era más fácil que enfrentarse al lado más embaucador de su madre.
"Dentro de nada no te harán falta dopajes, campeona" dictaminó Renee convencida y apartando un mechón de la frente de Daisy. Su temperatura era palpable a kilómetros.
"Siiiiiii..." celebró Daisy, continuando su entusiasta comentario con una pequeña serie de toses.
"¿Agua?" cuestionó Renee preocupada. Al ver como asentía, hizo amago de levantarse pero una mano en su hombro la detuvo con un súbito escalofrío.
"No te preocupes, ya voy yo" anunció Lucy prácticamente sin esperar respuesta. Renee ayudó a Daisy a erguirse para poder detener la tos mientras ella se dirigía escaleras abajo hacia la cocina. Hizo un recuento mental de daños, al tiempo que recogía un vaso y agarraba el mango del grifo. El agua fluyó al igual que sus pensamientos: no se había abalanzado sobre su invitada, lo cual era bueno; pero se moría de ganas por hacerlo... lo cual era definitivamente malo. A cada segundo refrenaba sus ganas de sonreír a Renee, acercarse, tocarla... era inútil negarlo, pero al menos se felicitaba imaginariamente al comprobar que su aguante sólo había flaqueado un una ocasión, cuando había cedido y tocado su hombro. Se trato de un instante breve, similar a un soplo, pero suficiente como para hacer lloriquear a su alma el resto del día. Estaba resultando muchísimo más difícil de lo que había calculado...
Cerró el grifo, comprobó que la temperatura del agua no fuera muy baja y salió disparada vaso en mano hacia el cuarto. Daisy de nuevo tumbada y recogida entre las sábanas, hablaba con Renee, hecha un ovillo.
"Agüita" anunció Lucy tomando asiento en la orilla contraria a Renee "Bébetela con calma" Al mantenerse en total silencio, sus cuidadosos tragos resonaron en el cuarto.
"Hmmm... gracias, mama" bostezó Daisy reacomodándose sobre la almohada con cierto sopor.
"Quizás deberíamos..." musitó Renee no muy convencida. Debían dejarla descansar, pero el panorama de otros minutos a solas con Lucy le espantaba.
"Si…" contestó Lucy adelantándose y respondiendo con la misma falta de convicción "Te vamos a dejar descansar, ¿vale?" musitó acariciando la mejilla de su hija, quien asentía con la cabeza "Si quieres cualquier cosa no dudes en alzar la voz y llamarnos"
"Lo haré, mama..." susurró "Aunque tendré que gritar porque hasta aquí nunca llegan ruidos, ni siquiera nocturnos o con la casa completamente en silencio..." le chivó a Renee casi en un susurró
"Tenemos buenas paredes" bromeó Lucy golpeando sus nudillos contra un tabique cercano para recalcar sus palabras.
"Jeje, verdad... Aunque una noche si llegaron ruidos nocturnos..." rememoró con aires de misterio. La fiebre daba a sus palabras un toque infantil que inevitablemente hacia reír a las actrices.
"¿Si? ¿Cuándo?" preguntó Lucy bromeando con tono de reto y sin concederle demasiada importancia a lo que pudiera responder.
"El fin de semana que Renee se quedó... jejeje" Las risas se cortaron de golpe. Daisy, con una suave y cantarina risita se arropó disfrutando del dulce sopor, como si permaneciera ajena al estado nervioso de sus acompañantes. Pero el tono de picardía con el que había cargado sus palabras la había delatado. Aquel comentario no tenía nada de casual.
El rostro blanquecino de Lucy sólo era superado por los ojos ampliamente abiertos de Renee y su mandíbula rozando el suelo con la barbilla. "Hmmmm... buenasnoch..." farfulló Daisy cargada de falsa inocencia, antes de echarse a dormir.
Silencio… silencio… un leve ronquido de Daisy… y más silencio.
"Quizás deberíamos dejarla que..." propuso Renee
"Si, si, claro..." farfulló Lucy alzándose sin mirar a ningún sitio en concreto pero nunca por encima de sus tobillos. Se levantaron del colchón con cuidado, como si quemara, y pusieron rumbo al pasillo con una considerable distancia entre ellas. El color rojo se había deslizado por el cuello y las mejillas de Renee, encendiéndola con un matiz similar al de un semáforo. Pero el girarse y observar a Lucy cerrar la puerta con la misma tonalidad, aportó algo de calma a su histérico corazón. No hubo cruce alguno de palabras hasta que las escaleras se acabaron y el salón apareció ante ellas, aunque tampoco entonces parecía que hubiera nada que decir. Renee, aceptando que probablemente Lucy era la más avergonzada de las dos por tratarse de su hija, decidió romper el silencio mientras entraban en el salón. Su amiga debía estar deshaciéndose de preocupación ante lo que habían escuchado:
"Lucy, no pasa nada, todo está bien" murmuró convencida, pero temiendo que Daisy aun las escuchara "Si nunca dijo nada ni se quejó, es que lo supo en su momento y no tuvo ningún problema con ello" Buscó el sofá con la mirada y se giró de nuevo hacia ella al encontrarlo. Sin embargo se detuvo de pie antes de sentarse al encontrar el sonrojo de Lucy aún más intenso si era posible y el resto del cuerpo de la actriz convertido en estatua. Renee estudió aquel cambio, con una bombilla iluminándose en su cabeza y la agudeza alcanzando a su razonamiento casi como un susto. No era Dai y su reacción lo que le preocupaba...
Lucy tragó hondo, convencida de haber hecho un ruido de mil demonios. Aguantó la mirada de Renee apenas media milésima de segundo antes de rascar su nuca y dirigir sus ojos entorno a los sofás de la sala. Durante su revisión visual tuvo que admitir dos cosas: que los sofás continuaban en el mismo sitio y que el silencio no terminaría hasta que ella respondiese. Pero no quería hacerlo, no había nada más ridículo que la respuesta que debía realizar. ¿Daisy molesta? Conocía a su hija, su mentalidad y su forma de ser, quizás por eso no se había preocupado en ningún momento por ella. Quizás...
O quizás se debía a que el primer miedo que había aterrado a su mente al escuchar a su hija, había sido la revelación que acababa de largarle a Renee. Y a partir de ahí no había pensado en nada más...
El hecho de que nunca hubiera pasado noche semejante a la compartida con aquella mujer, había sido su gran secreto, y que Renee lo descubriera, anulaba completamente su raciocinio. Se sentía vulnerable, como si le hubieran arrancado la ropa y se encontrara desnuda ante una multitud. Todo cuanto siempre ocultaba con recelo, estaba expuesto a los ojos que más la intimidaban, los de Renee. De repente la que fuera su amante tenía en sus manos la confirmación de que ni un matrimonio de años había logrado una noche ni de lejos tan inolvidable, y no quería ni imaginar que haría con esa información. Pero tendría que averiguarlo si no quería permanecer para siempre en silencio...
"Hmmmm... no, no era eso lo que me preocupaba" carraspeó incómoda como si hiciera falta dar más explicaciones.
"¿No? ¿Entonces el qué?" preguntó sin mirarla, fingiendo un desinterés nulo. Tras toda esa fachada, los nervios atoraban su pecho. La nuca, con cada cabello erizado, le avisó de que la mirada de Lucy no se había apartado de ella aun a pesar de la vergüenza. Antes de escucharla responder, supo qué puerta iba a abrir a continuación. Sus repentinas ganas de salir corriendo de allí, le pillaron por sorpresa incluso a ella.
"Renee…" el susurro en que se había convertido esa voz, fue el estimulante perfecto para su nerviosismo. Enfrentó su mirada obligada por esa llamada, y tragó hondo. Su ánimo estaba hundiéndose y se negaba a seguir con esa conversación en un estado que rozaba la histeria, pero parecía inevitable "Nunca hemos tocado ese tema y no pasa nada si lo dejamos así, ¿vale?" Respiró hondo antes de proseguir. Quería conceder esa pausa. No tenía claro si lo hacia por Renee o por ella, pero necesitaba esa tregua. Si su amiga quería callarla, estaba en todo su derecho, y una gran parte de su ser ansiaba que así lo hiciera, y que detuviera la estúpida verborrea de la que era víctima en ese momento. Sin embargo no hubo suerte, Renee continuó en silencio y ella se sintió comprometida a seguir "Pero... pero si vamos a hablar sobre aquello, no lo compliquemos yéndonos por las ramas, por favor" Renee asintió casi imperceptiblemente, pero el gesto fue suficiente para Lucy.
"¿Alguna vez piensas en aquello?" musitó Renee con una tranquilidad cuya procedencia no tenía clara. Sentía una inmunidad típica de los sueños, como si pudiera hacer o decir cuanto deseara sin miedo a las consecuencias. Y esa pregunta había sido su primera inquietud. Que fueran a mantener una conversación similar a la que se avecinaba era una irrealidad difícil de afrontar. Un pálpito le susurraba que todo en cuanto había creído hasta entonces, podría tambalearse y no estaba dispuesta a enfrentarse a algo así a ciegas. Necesitaba conocer contra qué jugaría exactamente. Y si Lucy tenía alguna objeción o quería resistirse... bueno, era ella quien había propuesto que no se andaran con rodeos, ¿no?
Una carcajada resignada fue la contestación, y antes de que Renee pudiera descifrarla, la voz de Lucy se alzaba sin mucha seguridad:
"Alguna vez consigo no hacerlo, Renee"
"¿Qué?" si sus esquemas fueran un edificio, el derrumbe se habría escuchado a kilómetros. ¿Temía que sus cimientos se tambalearan? Con un soplo, seis tenues palabras y una risita amarga, había desplomado todo su interior.
"Lo siento…" gimió Lucy, observando sus zapatos "Se que se acabó, que era lo que era y así lo decidimos... pero no consigo olvidarlo. Soy incapaz de desecharlo como una simple aventura loca..." gimió sin elevar el rostro ni una vez, pero eso no aplacaba la fuerza con la que cada palabra arremetía contra Renee. Golpe a golpe intentaba ver más allá, discernir qué pasaba y de dónde salían de repente todas esas nuevas realidades. De pronto la irrealidad en la que parecía sumergida, se definía veloz como una pesadilla.
Negó con la cabeza, sonriendo de soslayo y restándole importancia a todo. Usaba el más básico de los mecanismos de defensa para protegerse de todo aquello. "Lucy, estas delirando tú también..." se jactó caminando por el salón sin rumbo fijo "Fue sexo, simple y satisfactorio sexo…" afirmó como un mantra que ella misma necesitaba creer.
Lucy se dejó caer sobre su sofá como un peso muerto, pero siguió con la vista el nervioso paseo de su amiga. Todo se estaba descontrolando, fuera lo que fuera ese todo; nada se hallaba bajo su control, empezando por su gran bocaza... "Ese es el problema…" musitó derrotada, sin demasiada emoción. Para ella nunca había sido un secreto la posibilidad de estar en polos opuestos en cuanto a los sentimientos de aquella relación. Pero no era plato de buen gusto dar fe de ello y confirmarlo en su cara.
El gesto de Renee lo decía todo y nada a la vez. Verla seria, tiesa y parada de pie frente a ella estaba empezando a imponer a Lucy. Carraspeó inclinando su cuerpo y entrelazando sus manos sobre las rodillas. En ese instante sus dedos se le antojaban de lo más interesantes, pero Renee no parecía opinar igual.
"¿Problema?" dudó entonces la suave voz de Renee, convertida en un doloroso látigo "¿Qué problema?" insistió perdida.
"En que tienes toda la razón… Eso era lo que teníamos, ¿vale? Sólo sexo" repitió farfullando entre dientes, sintiendo que su propia aceptación encendía un incipiente cabreo en su interior, posiblemente dirigido contra sí misma "Pero no lo que yo quería..." musitó hundiéndose en el sofá, apoyándose en el respaldo y dejando caer su cabeza hacia atrás pesadamente. Al menos ya estaba dicho. Aunque sólo de pensar en las posibles reacciones de Renee, la sonrisa resignada regresaba a ella...
Cuando dos segundos después el silencio continuaba reinando en la habitación, la miró de soslayo, intrigada "¿Re… Renny?" musitó preocupada. Era probable que no fuera un buen momento para diminutivos cariñosos, pero no pudo reprimirlo al observar su cara de tensión y su mirada perdida. El llamamiento logró devolverla a la realidad y Lucy se encontró con dos ojos cerrándose antes de poder mirarla.
"¿No querías eso?"
"No…" siseó "Al menos no sólo eso" admitió con gesto irónico "Pero tú sí, ¿qué podía hacerle?" preguntó encogiéndose de hombros. No pretendía dar pena, no era una víctima ni sus palabras poseían reproche alguno, se trataba simplemente de la confirmación de un hecho. Por eso no entendió la palidez del rostro de Renee ni su ruidoso modo de tragar. Recuperó su posición recta, mirándola fijamente y con atención "Porque era lo que tú deseabas, ¿verdad? Renee... dime que sí" le suplicó sintiendo su esquiva mirada como una mala señal "Necesito oír que todo ese calvario no fue en vano, ¡que al menos una de nosotras disfrutaba con ese arreglo!" gimió rozando la desesperación, y más cuando el impasible rostro de su amiga fue su respuesta. La mente de Renee era un hervidero de sentimientos, pero su exterior, ayudado por la confusión de la que era presa, permanecía inmutable y sobrio, con un férreo y frío control que no poseía.
Pero el recuerdo de un apasionado beso ajeno en la cocina de Sharon, le devolvió el habla. Maldita camarera...
"Seguro que si, Lucy..." sonrió de soslayo, molesta "Mira, prefiero no seguir hablando de esto..." decidió firme, poniendo distancia entre ellas. No se giró hacia su compañera hasta que el sonido del sofá le hizo suponer, nerviosa, que Lucy se estaba removiendo en su asiento. No había llegado a ponerse en pie, pero estaba sentada casi al filo de los cojines, dispuesta a saltar de un momento a otro.
"¿Qué? ¡¿Por qué?!" Estaba molesta, su tono no dejaba lugar a dudas "¿Tanto te asquea lo que pasamos?" preguntó dejándose llevar por la indignación que se había acumulado en su interior meses atrás, en casa de Sharon.
Pero al decir aquello, la mirada que Renee le dirigió, actuó como una jarra de agua fría. Sintió como la fulminaba sin casi pretenderlo y detenía toda su rabieta, antes incluso de haber comenzado a contestarla:
"No, Lucy. No es asco, ¡es realismo!" exclamó sin titubeo alguno "¿Qué vas a decir ahora? ¿Que fue especial?" gimió alterada, sin dar lugar a respuesta "¿Como tu encuentro con la camarera, más o menos?" No había vuelta atrás, ya lo había vomitado y sin pensar, pero seguir conteniéndolo era imposible. Buscó entonces su mirada cerca de la desesperación. No lograba intuir como reaccionaría, pero sentía la necesidad de no perderse ni un detalle.
Celos. No asco, sino celos. Y cabreo, mucho. Al escucharla, Lucy boqueó un par de veces al más puro estilo de pescadito. No se esperaba ni una sola de las palabras pronunciadas y aún menos el tono en que las había escuchado. No había asco... ¿y si nunca lo hubo? En ese caso, ¿había confundido como una tonta un ataque de celos con repulsión?
Renee se encontraba cabreada, nerviosa y exigiéndole respuestas, y sin embargo ella apenas podía contener una sonrisita boba al ver un sentimiento similar a los celos, asomando en su amiga. A pesar del agradable sentimiento y el alivio de no verse rechazada por Renee, ese cambio en las tornas sólo ralentizó su mente y menguó sus capacidades para continuar con la conversación.
"¿Nos… nos viste?" tartamudeó torpe, arrepintiéndose de cada palabra que iba pronunciando. Se felicitó mentalmente por su elocuencia, mientras esperaba en silencio.
"Sí… entré sin querer… y no quise interrumpiros" carraspeó nerviosa, actuando huidiza bajo la mirada de Lucy. Su instinto no le fallaba al advertirle de que sus palabras habían sonado como las de la más celosa de las novias, sin disimulo alguno y mostrando todas sus cartas. Si quería irse, huir y no tener que caminar por los terrenos pedregosos en los que se iban adentrando, acababa de echar a correr en la dirección incorrecta con aquellas maravillosas respuestas. Meditó si morder su lengua antes de volver a dirigirse nunca a Lucy, pero dio por supuesto que ya era tarde para empezar a hacerlo.
"Renee, no fue lo que crees..." resopló derrotada, mirándola cabizbaja. No había sonado tan patético como intentar un típico Esto no es lo que parece, pero intuía que su credibilidad acababa de cogerse la baja, anulando todo lo argumentado antes.
"Luce, da igual" exclamó Renee con aspavientos tranquilos, rechazando cualquier explicación que fuera a recibir "Fue lo que fue, igual que lo nuestro; una aventura, dos adultas disfrutando juntas, nada más allá" siseó incluyendo un amago de sonrisa. Volvía a sentir las riendas en sus manos. La posibilidad de poseer de nuevo el control se hacía factible y necesitaba distanciarse de todo aquello y zanjar un tema que nunca habían debido comentar. Con una última sentencia, se preparó para terminar con todo aquello, haciendo oídos sordos a lo que habían dicho antes "No hay que darle más vueltas"
Lucy consintió con cierto aire culpable, aquella respuesta, ese tremendo paso atrás que estaban dando y el posible final de su conversación, aunque lo más duro resultaba admitir la verdad de aquellas palabras. La frialdad de la que hacía gala Renee no le restaba certeza, siempre había sido sexo y ellas simples amantes entregas al placer, al menos en apariencia.
Excepto... excepto una vez. Entre esas dolorosas palabras halló un atisbo de esperanza, demasiado bonita para ser verdad, pero...
"No, no siempre fue así" musitó por fin, mirándola con detenimiento "En una ocasión fue más que eso, ¿verdad?" inquirió torciendo la cabeza. Contó sólo dos segundos antes de perder la mirada de Renee de nuevo. Su amiga carraspeó, buscando torpemente asiento, para ir a dar con el sillón frente a Lucy.
"No sé bien de qué…" comentó como si no fuera con ella.
"Sí, nuestra primera vez" insistió Lucy, impidiéndole seguir con evasivas. Su confianza había despertado y traía consigo algo de ánimo, incluso quizás esperanzas. Podía estar equivocada y cometer un error descomunal al continuar con ese plan, pero tal y como se encontraban las cosas en ese momento, dudaba que nada lo volviese peor. Pero si se encontraba en lo cierto... un vuelco de su corazón y el silencio de Renee le dieron el pie para continuar "No fue por sexo, lo sé; lo sentí y tu conmigo" afirmó segura pero dulce, disfrutando de la nueva ubicación de Renee. Les separaba la mesa y un par de metros, pero la misma altura le permitía estar más cara a cara y alcanzar a leer en sus ojos... si dejaba de apartarle la mirada cada dos segundos. Para ella tampoco estaba resultando fácil hablar, pero no era por falta de ganas, sino de fuerzas, por lo que empezaba a dudar si Renee tampoco podría o si estaba intentando zanjarla porque no quería. Era tanta la historia que arrastraban que no podía resultar sencillo, pero Renee parecía buscar con ahínco más obstáculos, como si no tuviera ninguna intención de hablar de esa primera vez. Cualquier mención parecía... destrozarla "Lo estropeé todo, ¿no? Fue eso... al marcharme con Rob, lo reduje a la aventura en la que nos vimos atrapadas por meses..."
"Déjalo" Una orden clara y firme, pero ante todo desesperada "Te pido que no le des más vueltas..." insistió molesta, pero esta vez con su severo y firme tono convertido en un hilito de voz. Lucy tragó hondo, sucumbiendo a la tristeza que empezaba a invadir la tensa conversación, pero no se detuvo.
"No, Ren. Escúchame, por favor. No quise hacer lo que hice, no habrá día que no me arrepienta de ello..."
Renee inspiró hondo, pestañeando para evitar las lágrimas e intentando comprender lo que escuchaba. ¿Estaba pidiendo perdón por lo sucedido? ¿Eso era una disculpa? Sacudió la cabeza, alejando cualquier reflexión y recuperando las ansias de callar a su amiga.
"No deberías, sucedió hace muchos años" siseó con desgana. Escuchó a Lucy tomando aire con fuerza antes de contestarla, como si la alta actriz se preparara para el siguiente asalto. El cuerpo de Renee se contrajo y gimió angustiado que ella no soportaría mucho más.
"Doy la vuelta a tu pregunta, ¿también piensas aun en aquello?" susurró suave, casi con dulzura. Era difícil concretar si temblaban hasta sus manos por las palabras, el tono, la mirada o por lo que debía responder, pero si sabía que iba a resultar inútil mentir a Lucy.
"Quizás..." fue lo más dejado que pudo responder, pero el suspiro de la morena, cargado de alivio, le hizo continuar hablando molesta "Pero es torturarse por nada. Hiciste lo que quisiste hacer"
"¡No! No hice lo que quise, me limité a huir aunque no hubiera mas que razones para quedarme contigo" gimió angustiada, poniéndose en pie sin poder reprimirse. Caminó nerviosa, rodeando la mesa, perdida en los dos ojos verdosos que le servían como meta, hasta que alcanzó el sofá. Pero una vez ahí, el frío comportamiento de Renee y su clara evasión hasta la punta contraria le invitó a colocarse con una prudente distancia entre ellas. Se detuvo a pensar unas milésimas, cualquier paso en falso podía marcar el final definitivo de aquella conversación y era lo último que necesitaba "Renee, si ganó el escapar, fue solo por miedo. Nunca quise hacerte daño..." siseó desesperada, siendo consciente de que aunque era lo que debía decir, jugaba muy poco a su favor.
"¡Lucy, huiste de mí! ¿Cómo no iba a dolerme?" exclamó atónita
"Reconozco que fui una cobarde, pero no era fácil" gimió
"¡Claro que no!" sus ojos brillaban con lágrimas y sus labios temblaban de rabia cuando permanecía en silencio "Pero tú ni te quedaste a intentarlo..."
"Traté de hacerlo a la mañana siguiente..."
"Tarde…" suspiró Renee agotada, frotando su rostro con ambas manos "Me dejaste sola. Después de aquello... de lo que habíamos hecho y sentido, me dejaste, te fuiste con él" resumió con una nota de dolor presente en cada palabra y la mirada empapada de tristeza. Lucy cerró los ojos por un instante, asimilando el relato y la verdad de lo ocurrido "No se que hubiera pasado o dejado de pasar, pero si lo que ocurrió, y eso no cambiará. Cada cosa tiene su momento, y si nosotras también lo tuvimos, ya pasó" gimió sin levantar su voz del más bajo de los tonos. Pero los oídos de Lucy no se habían perdido una sola parte, ni sus ojos un solo gesto. Tragó hondo, con un miedo atroz atorando su garganta e impidiendo que su voz sonara firme ni clara.
"No digas eso, por favor..." lloriqueó
"Tendrías tus razones... y estas han sido las consecuencia"
"No eran razones, Renny, ¡era terror irracional a todo lo que sucedía!" se reclinó hacia ella, pretendiendo no sentirla tan lejos como sabía que estaba e intentando aniquilar todos los obstáculos que las alejaba. Ansiaba que no se cerrara en banda de aquel modo, no ahora que estaban tan cerca de lograr algo importante... como años atrás durante un breve fin de semana, con una noche de ensueño como guinda. Su mente se llenó de recuerdos, cuando la risa incrédula y resignada de Renee alcanzó a sus oídos. La actriz estaba otra vez de pie y comenzaba a colocarse la ropa con intención de marcharse, pero aquello no entraba en los planes de una decidida Lucy "¿Quieres razones?" cuestionó deteniéndola "Pues dime cuales fueron las tuyas"
"¿Las mías? No fui yo quien salió corriendo como si hubieran disparado el pistoletazo de salida"
"No, ese día no..." admitió confiada, ante la mirada suspicaz que volvía a recibir por encima de ella "Pero ¿y en nuestro fin de semana?" inquirió directa.
"¿Qué fin de sema…?" repitió sin mucho afán, antes de ser interrumpida.
"Aquí, con esa noche para nosotras, la que Daisy escuchó..." Estaba siendo concisa pero suficiente clara como para evitar que se hiciera la despistada. La tensión acumulándose en los hombros de la rubia le advirtió de su acierto "¿Qué razones tenías?"
"¿Almorzar con mi marido y su madre?" cuestionó retórica, derrochando sarcasmo.
"Esa... esa fue la razón de irte" reclamó respirando hondo ante la mención de su antiguo matrimonio "Pero, ¿y las de no volver?" insistió
Renee torció el gesto, removiéndose incómoda entre los cojines "Yo… no podías… no quise volver" respondió poco convincente, apartando su mirada "Era más tranquilo quedarme en casa..."
"¿Más tranquilo?" repitió con humor, siendo por una vez ella la que reía resignada "Ren, aquella noche fue maravillosa, solo comparable con nuestro primer encuentro, y hoy descubro que posiblemente ese fue el motivo por el que te marchaste de aquí. Porque no fue una situación como las anteriores, porque aquello fue hacer el amor y no sexo" se movió casi imperceptiblemente hacia ella, haciendo amago de acercar sus manos a las de Renee al verlas temblar, pero se detuvo indecisa a medio camino "Las dos lo queríamos todo de la otra, pero era algo enorme y en una ocasión el miedo nos sobrepaso" aseveró cargada de la seguridad de quien al fin encajaba todas las piezas y veía la auténtica imagen del puzzle "Lástima que no nos ocurriera a la vez, y que no lo supiéramos ver antes, ¿no?" suspiró sin ánimos.
Renee hizo ademán de responder. Abrió la boca y gesticulo, pero no emitió protesta alguna. Quería imponerse y estar enfadada con todo aquello, pero la certeza de cuanto había dicho Lucy, aplacaba sus ánimos y menguaba su rabia. En su lugar, la realidad había golpeado y solo la tristeza quedaba en pie ante esas verdades. Dolía el tiempo perdido, la cadena de errores cometidos, todos los años equivocadas, el daño gratuito sufrido... Todo su escaso ánimo se fugó de su ser en un suspiro agotado. Se trataba de todo aquello por nada. ¿Cómo habían podido hacerlo tan mal? Mordió su labio inferior, intentando expresar algo de todo lo que albergaba, pero le fallaban las palabras.
"Ojalá todo esto..." Renee tomó aire cerrando los ojos con fuerza antes de seguir "Ojalá lo hubiéramos entendido hace años" gimió derrotada
"¿Por qué?" No entendía su repentino derrumbe, pero lo temía
"Porque pasó nuestro momento, ya te lo dije... Fue y pasó, acabamos con él a base de hacernos daño entre nosotras y torturarnos... Hicimos todo al revés" dictaminó derrumbándose como un pelele sobre el sofá y amoldándose entre sus cojines sin resistencia alguna. Ni siquiera objetó cuando finalmente Lucy agarró una de sus manos casi con desesperación, acercándose a ella. Ante su comportamiento, Renee se dejó hacer observando su mirada inquieta, sus fuertes manos y su pose intranquila.
"No, no, Renny" farfulló acariciando su mano y apretándola entre las suyas "Nada fue ni será como contigo, jamás. No puedes pretender que ahora que se que hubo una posibilidad, me resigne a aceptar que ya todo se ha acabado" siseó agitada e intranquila. Estaba luchando por no perder algo que nunca había poseído y aun así la sentía como la batalla más importante que hubiera enfrentado.
"¿Y que propones...?" la voz destrozada de Renee sonó tan tenue que estuvo cerca de pasar desapercibida.
"Aprovechemos la ocasión esta vez" gimió Lucy deslizando sus manos por inercia hasta los antebrazos de Renee "Si... si ninguna huye... si nos quedamos las dos..." susurró nerviosa, forzándose a no retirar sus ojos de los de Renee, aunque la vergüenza hiciera que costase horrores.
"¿Qué…?" inquirió la rubia sin perder detalle, sintiendo como las palabras calaban hasta provocar una cálida y estremecedora sensación dentro de si, que clamaba por más.
"No lo sé..." no había lágrimas, pero eso no impedía que su voz fuera puro llanto "Pero comprobémoslo, por favor..." suplicó con una fuerza inesperada.
"…de acuerdo"
El tiempo se detuvo con ese susurró. Incluso las manos de Lucy, su pestañeo y su respiración. Tragó y recuperó algo de voz, pero nada de raciocinio:
"¿Qué?"
La sonrisa de Renee se tornó un hecho antes de contestar a su atónita pregunta "¿Ahora eres tu la que pierde el arrojo?" bromeó acariciando ella los antebrazos de Lucy con sus uñas, sabiendo que así la haría volver en si "¿Lo comprobamos?" repitió con un siseo que provocó que Lucy cruzara sus miradas. El mutuo estremecimiento eliminó cualquier duda y las desmesuradas sonrisas dieron fe de ello.
El rostro de Renee arrimándose al suyo vacilante, fue cuanto necesito para responder "Oh, si... por favor" la complaciente suplica hizo sonreír a Renee a escasos centímetros de su rostro. Lucy tiró de su barbilla, guiándola suavemente hacia unos labios que temblaban de emoción. El primer contacto fue imperceptible, cargado de timidez y temores. Solo se produjo un pequeño roce libre de cualquier movimiento, pero resultó suficiente para hacer estremecer a Renee. Sin apenas separarse, miró a los claros ojos que se abrían ante ella y acarició su mejilla con devoción:
"Estamos locas, ¿verdad?" musitó, expresando el único pensamiento que rondaba su mente, pero con la más hermosa de las sonrisas.
"Probablemente..." susurró Lucy con voz grave y llena de vida, inclinándose sobre la caricia "Pero que nos internen, siempre que nos tengan juntas" Sus ojos eran pura luz, pero parte de ese mágico brillo se debía a las lágrimas que comenzaban a arremolinarse allí. Cuando el segundo beso se convirtió en un tercero y un cuarto, y permitió que su boca se recreara en aquellos dulces labios tan familiares y olvidados a la vez, no pudo contenerlas más. Sostuvo la cara de Renee entre sus manos y pegó sus labios a los suyos con fuerza, casi con afán posesivo, antes de notar una cálida humedad empapando sus dedos. Se separó lentamente, perfilando con su lengua la sublime boca que le sonreía. Los ojos de Renee también habían cedido y las dos se encontraban bañadas en lágrimas. Estallaron en leves carcajadas ante la situación, mientras Lucy apoyaba su frente en la de Renee:
"Como no dejemos de llorar vamos a morir ahogadas" siseó Lucy con un toque de seriedad que aumentó las risas de Renee.
"Bueno... mientras sea juntas" bromeó, secando alguna de las lágrimas que adornaban las mejillas de la actriz. Lucy se mordió el labio inferior presa de una emoción muy superior a sus fuerzas y cerró los ojos un instante sin dejar de sonreír.
"Te amo, pequeña…" musitó saboreando cada una de las sílabas que al fin pronunciaba en voz alta.
"Yo también te amo, Luce…" gimió desencadenando otra riada de lágrimas.
Pero ya nada importaba. Fuera de ellas dos, todo quedaba obsoleto. Enredó sus dedos en torno a los suaves mechones de su amante, tirando hasta reiniciar el beso, esta vez mucho más cargado de emociones que los anteriores. La infinita alegría estaba cediendo su correspondiente lugar a la pasión, y los acercamientos comenzaban a rezumar hambre y necesidad. Las exploraciones superficiales estaban transformándose en profundas caricias entre ambas bocas y los sonidos que comenzaban a adornar los besos, estremecían sus gargantas.
"Hmmmm... tantos años... sin ti" gimió Lucy sin mucha coherencia contra los labios de Renee, mientras sus manos se perdían bajo la incómoda camisa que cubría su cuerpo. El calor que desprendía aquella suave piel era la mejor de las sensaciones para sus dedos, que arañaban cada recóndito lugar con adoración.
Renee aceptó la iniciativa y colocó sus manos sobre la piel de Lucy que quedaba al descubierto entre el pantalón y la camiseta, concienciándose poco a poco de que aquel maravilloso paraíso de nuevo volvía a no estar vedado para ella. Sintió vibrar a sus dedos ante la piel erizada que iban encontrando a su paso, y los dirigió hacia lugares más al sur, hasta que la palma de sus manos se tornó con la forma del trasero de Lucy. Aprovechó aquella estratégica y deliciosa situación para atraerla hacia ella y lograr tumbarla. Tiró de la camiseta de algodón bañada en el aroma de la actriz, mientras comenzaba a sentir el peso de Lucy encima. Sus piernas se estiraron aprovechando el largo del sofá y se enredaron con las que estaban sobre ella, sus brazos rodearon el cuerpo que se acomodaba contra el suyo y su boca se afanó por provocar a cada nervio del sensible cuello de Lucy.
"¡Oh, Dios!" graznó esta contra su oído, al sentir las delicadas atenciones que Renee prodigaba a su clavícula. Un calor directo a su entrepierna, hizo estremecer todo su cuerpo, pero alcanzó a su mente también, iluminando su raciocinio durante una leve milésima de segundo y dotándola de una claridad que le sirvió de aviso "Ren... hmmmm... oh, para un momento, por favor" gimió sin ninguna decisión y recorriendo el cuero cabelludo de su amante con delicadeza "Por favor... oh, dios" Aquella boca continuaba descendiendo sin tregua "Tenemos que detenernos, Renee, por favor, no podemos hacer esto..."
Actuaron como palabras mágicas. Renee apartó su rostro de la sensibilizada piel y se separó de ella, librándola de su agarre. Lucy advirtió el radical cambio al segundo de haber abierto la boca, de forma que la mirada fría y cargada de temor de Renee solo confirmó sus sospechas.
"¿Cómo que no podemos?" musitó la actriz con la más neutral de las entonaciones. El tierno mohín serio de Renee sirvió para aumentar la sonrisa de Lucy y las pulsaciones de su corazón.
"Cariño, no podemos... ahora" susurró, agarrando las manos que Renee había apartado de ella y besando sus palmas con adoración. El dulce gesto de confusión que encontró frente a ella la hizo reír suavemente "Verás, tengo a los peques en un cumpleaños del colegio y al útil de su padre fuera por negocios... Esta mañana te llamé por si podías acompañar a Daisy mientras les recogía..." comenzó a explicar entrelazando sus dedos con los de su tumbada compañera y jugando con sus manos. ¿Realmente se estaba planteando dejar aquel cálido lugar? Su fuerza de voluntad desaparecía por momentos en favor de quedarse allí durante días.
"No digas mas..." contestó Renee calmando su acelerada respiración y recuperando la sonrisa, mientras su cuerpo se relajaba de nuevo contra el de Lucy, aprovechando su placentera situación durante los minutos que quedaran "¿A que hora...?"
"Hace veinte minutos..."murmuró con una graciosa mueca de culpabilidad
"No es tanto..." la interrumpió Renee, acariciando de manera inconsciente y natural el antebrazo de Lucy
"...que debía estar ya allí" continuó la actriz, frunciendo los labios
"¡Lucy!" exclamó golpeando su brazo en tono de enfado, pero con una gigante sonrisa adornando su intentó de regañina.
"¡Auuh! Oye, ¿tú sabes como besas? No me lo estabas poniendo fácil para razonar, precisamente..." farfulló quejica, desviando su mirada hacia los mismos labios a los que hacia referencia. Solo de pensar en ellos, volvía a sentir un imán llevándola directa a ese apetitoso lugar...
"¡Corre!" exclamó Renee entre risas, poniendo su mano sobre la boca de Lucy al leer en sus brillantes ojos sus "malévolas" intenciones "Cuanto antes te vayas, antes volverás"
"Si, pero cuando lo haga, la casa estará llena de niños ruidosos que te acapararan..." enumeró gruñendo contra la mano de Renee
"...Tus hijos" le recordó con dulzura, apartándola para dejarla continuar
"Cuando te acaparen, no me van a caer mejor por eso" aseveró convencida, haciendo estallar en carcajadas al cuerpecito que continuaba bajo ella. Las risas de Lucy acompañaron a aquel sonido celestial al tiempo que sus manos se entretenían acariciando su estómago. Aquellas carantoñas dieron lugar a una silenciosa calma mientras las risas se apagaban, y solo sus miradas, hundidas en los ojos de la otra, parecían importar. Al volver a hablar, la sonrisa de Lucy abandonó sus labios, pero no el azul de sus pupilas "No quiero irme..." gimió. Esa vez no era una broma ni una queja, se trataba de una realidad.
"Ni yo que te vayas..." musitó, ladeando su rostro antes de alzarse y robarle un suave beso, breve aunque cargado de amor "Pero esta vez vuelves" añadió dotando aquella frase de un gran trasfondo que logró una gigante sonrisa por respuesta "Venga, te acompaño" siseó acariciando sus mejillas.
"Vale..." Se apartó con cuidado del sofá y de ella, advirtiendo como desaparecía el calor en el que el cuerpo de Renee había envuelto al suyo y a su alma. Aunque no fuera necesario, el anhelo de tocarla resultaba superior a ella, de forma que agarró la mano de su amante para ayudarla a ponerse en pie. Caminó hasta la entrada sin soltarla ni por un instante, recogiendo por el camino de manera despreocupada sus llaves y su bolso. Con su puerta delante, la despedida se convirtió en imposponible "No tardaré... no tardaremos nada, ¿si?" musitó torpe y sin saber bien que decir.
"No te preocupes" sonrió Renee presa también de una inexplicable vergüenza "Aquí estaremos..." añadió con una tímida sonrisa
"Que bien suena..." Apoyó su frente contra la de Renee, frotando su nariz con la de ella
"Y que lo digas" bromeó, dejándose llevar por la dulce caricia, hasta caer en sus labios. El beso gozó de una encantadora calma, más un reconocimiento mutuo y curioso, que un desfogado acercamiento. Aunque aquel matiz no logró suavizar los ruidos de descontento de ambas mujeres al poner distancia para respirar y aceptar el final de ese beso... por el momento.
"Hasta ahora, pequeña..."
"Hasta ahora..." un último y frugal beso, y la puerta de Lucy se cerraba con ella fuera. El momento de poder verla entrar se presentó de repente como algo demasiado lejano. Con aquella sensación en el pecho, Renee comenzó un suspiro que terminó convirtiéndose en gritito cuando escuchó una voz tras ella:
"Esta vez casi no os escuché"
Se giró asustada y con la mano en su pecho, encontrándose con la joven enferma sentada cómodamente sobre lo alto de las escaleras. Lucía una manta que cubría sus hombros, y una sonrisa entre burlona y sincera, que le confirmó a Renee que esa despedida no había sido algo totalmente privado.
"¡Dai!" carraspeó preocupada intentando no dejarse llevar por la vergüenza de la que sabía que era presa "¿Qué haces fuera de la cama?" cuestionó preocupada, subiendo hasta su escalón
"Eso mismo iba a preguntaros yo a vosotras, jijijiji" pronunció, dejándose levantar y sin poder disfrutar del intenso color rojo que invadió los hombros, el cuello, la cara y hasta las orejas de Renee. Tardó un segundo en reaccionar y en devolver su atención a lo que estaba haciendo, pero cuando por fin pudo carraspear y recuperar su voz, intento acabar con aquel momento y añadió:
"Anda, tira para arriba, ¡vamos!"
Julius permanecía sentado en su propia silla, aunque eso no fuera suficiente para que se terminara su vaso de leche por culpa de la risa. Su hermano por el contrario había decidido cambiar de asiento y estallaba en carcajadas sobre las piernas de Renee. Llevaba un rato jugando con ambos peques mientras se terminaban la cena, pero ni Julius ni Judah estaban dispuestos a beberse el templado vaso de leche que les esperaba sobre la mesa, conscientes de que posiblemente era el último paso antes de ser enviados a la cama. Y la cena estaba siendo demasiado divertida como para pensar en dormir.
"A ver quien consigue terminarse antes el vaso" propuso Renee, intentando aguantar la risa y probando con un poco de psicología. El travieso rostro de Judah se giró desde su regazo para mirarla y negó fervientemente con la cabeza, reanudando las risas de los tres "¿Qué no? ¿Cómo que no…?" repitió Renee con gesto malvado antes de mover sus manos y comenzar un ataque de cosquillas en toda regla. El pequeño cuerpecito del niño se removió entre sus brazos pidiendo clemencia con una sonrisita feliz "¿Te beberás la leche?" preguntó con gesto vencedor y sin apartar sus manos de las costillas de Judah.
"Sisisisi..." bromeó efusivo y recomponiéndose pero sin levantarse de ella, hasta hacerse con su vaso.
"¿Y tu?" cuestionó esta vez mirando a Julius. Cuando vio un pequeño brillo de pillería en sus ojos, agitó sus dedos como si se trataran de un arma para que supiera que el tampoco se escaparía de las cosquillas. Asintió convencido sin necesidad de ninguna otra estrategia, siguiendo el sabio ejemplo de su hermano, hasta dejar el vaso vacío y un bigote blanco sobre su labio.
Una sensación de extraña familiaridad le asaltó ante aquella tierna estampa. Lucy había estado ayudando a Daisy a cenar algo de sopa antes de volver a dejarla descansar, y al regresar a la cocina, no había querido interrumpir tan pronto. Descansaba sobre el marco de la puerta, prácticamente en las sombras, de manera que su pequeña observación pasaba desapercibida. Y estaba disfrutando como una enana. No alcanzaba a comprender como algo tan nimio arropaba con semejante calidez a su alma, pero sabía que la respuesta se tenía que llamar Renee. Dejó que una sonrisita asomara en sus labios mientras la reconocía con detenimiento. Presintió como tensaba su espalda y sus movimientos se detenían prestando atención a algo indefinido. Sabía que Renee la estaba presintiendo, antes incluso de cruzar sus miradas.
"¿Qué tal han cenado mis monstruitos?" preguntó con el más amoroso de los tonos, a pesar del mote. No conseguía más que derretirse ante lo que veía; un momento tan maravilloso y, hasta esa misma tarde tan inalcanzable, no se merecía menos.
"Muy bien, arrasaron con todo" afirmó Renee, sonriendo por inercia al verla entrar y siguiéndola con la mirada sin darse cuenta.
"Todo, todo, todo" repitió Judah, riendo divertido entre los brazos de Renee y sacando a ambas actrices del letargo en el que parecían sumidas entre miradas y sonrisas.
"Así me gusta" celebró Lucy revolviendo el pelo del pequeño "Y ahora a ver si os portáis igual de bien para iros a dormir..." añadió adivinando el revuelo que ese comentario iba a provocar.
"¡Nonononono!" exclamaron al tiempo ambos niños. Judah se abrazó al cuello de Renee y la estrategia llamó la atención de Julius. Intentó ponerse en pie y llegar junto a ellos dos como si ese lugar funcionara como refugio, pero no lo logró. Unos brazos en torno a su cintura detuvieron sus intenciones y se vio atrapado contra el estómago de su madre. Se revolvió entre risas, aunque no tuviera ninguna posibilidad.
"A dormir" repitió Lucy, con el pequeño cuerpecito retorciéndose.
"Déjanos un poquito más" suplicó Judah apoyándose contra el hombro de Renee. Pero la voluntad de la actriz no flaqueaba, lo más que lograba era que Lucy envidiara su posición y se reafirmara aun más en lo tarde que era para ellos.
"No son horas para vosotros, ya habéis estado un ratito de más" afirmó con contundencia, dejando escapar a Julius que salió disparado hacia Renee.
"¡Pero es que hoy está ella!" razonó como si fuera el más pesado de los argumentos, abrazándose a la invitada.
"¿Queréis dejar de desgastar a la tita Renee?" cuestionó Lucy observando con media sonrisita "Podéis continuar haciéndolo mañana..." añadió recogiendo los platos de la mesa. En medio del movimiento un escalofrío la congeló en el sitio y adornó su cara con un blanquecino color. Acababa de dar por supuesto que Renee se quedaría con ella, que pasaría allí la noche y ni si quiera le había preguntado su opinión. Temía haberse comportado como una presuntuosa, pero nada mas lejos de su intención. Había sido su esperanza y necesidad quien abrió su bocaza, sin tomarse tiempo para pensar.
"¿Si? ¡Si! ¿Te quedas a dormir?" comenzaron a gritillar ambos crios, mirando a Renee sin darle tregua. Lucy le había lanzado encima a las fieras por una torpeza y no sabía como disculparse. Se giró hacia ella mortificada y con la mirada gacha cargada de vergüenza, pero el tímido rostro de Renee le sonreía suavemente sin ningún tipo de reproche, solo el mismo reparo.
"Bueno..." murmuró tímida "Pues... si, ¿no?" respondió con una sonrisita boba, ajena a los gritos eufóricos de los pequeños a su alrededor. Solo el brillo de felicidad que inundó el rostro de Lucy y borró todo rastro de mortificación, resultaba relevante "Siempre que no suponga ningún problema, claro" musitó con un gesto de inocencia más que intencionado.
Lucy soltó una pequeña carcajada al contestar "Sabes que el cuarto de invitados siempre esta preparado..." El deseo se desprendía en cada una de las cándidas silabas, y al enfrentar su electrizante mirada, una ola de deseo la sacudió súbitamente. El calor que Lucy se encargo de propagar por su cuerpo con unas simples palabras, le dejó claro que aquella frase probablemente continuaría con un "...pero ni te plantees el pisarlo" Se estremeció participe de esa idea, y respiró hondo.
"Y ahora darle las buenas noches y correr para arriba. Enseguida subo a arroparos"
"¡Vale! Buenas noches, Ren; que duermas bien" se despidieron ambos antes de salir a la carrera de la cocina, dejándola sumida en un curioso silencio. Renee se puso en pie y Lucy se acercó hacia ella con una sonrisa de soslayo.
"¿Te quedas entonces?" inquirió realizando la pregunta que debía haber planteado bastante antes, aunque Renee no estaba molesta en absoluto.
"Ya había avisado en casa…" reconoció sonriendo con algo de timidez pero con una mirada firme y confiada.
"Eres la mejor" musitó Lucy "Preparé una cosita en el salón... ¿me esperas ahí?"
"Claro" respondió presa de una inesperada emoción, provocada por la realidad de encontrarse a solas de nuevo. Si Lucy necesitaba preguntarle aquello es que no era consciente de hasta que punto negarse a nada que le pidiera no era una opción.
"Perfecto" siseó inquieta, pero contenta. Antes de darse cuenta, depositó el más dulce de los besos en la comisura de los labios de Renee y se dirigió escaleras arriba con la misma prisa que sus retoños, aunque con motivaciones muy diferentes.
Renee observó su carrera hasta perderla de vista, y con una alegría boba reflejada en su carita, se encaminó directa al salón, permitiendo sin queja alguna que la euforia se adueñara de ella. Eran demasiados años reprimiendo y asfixiando miles de emociones y ya no tenía un solo motivo para continuar con tan dolorosa práctica. Ante ella una luz tenue iluminaba el salón y dos copas les esperaban junto a una botella de vino. Suficiente para acelerar su pulso y agarrar su estómago. Era solo un pequeño y apresurado detalle, pero provenía de Lucy y no había palabras que describieran lo que eso suponía. Se permitió sonreír con toda su dicha concentrada en ese gesto, y se limitó a permanecer allí de pie, intentando acostumbrarse a tanta buena suerte.
Cubriendo estremecedora su espalda y rodeándole con fuerza la cintura, el cuerpo de Lucy se dejó notar tras ella y en completo silencio. Con un dulce balanceo, la invitó a recostarse contra ella, y Renee, obediente, reclinó su cuello sobre su hombro y cerró los ojos empapándose de la maravillosa intimidad que desprendía el momento. Acarició sus antebrazos, del mismo modo en que Lucy dibujaba formas abstractas en su estómago, antes de tomar la palabra.
"¿Eso es para nosotras?"
"Si... ¿te gusta?" musitó Lucy depositando un suave beso en la curva de su cuello.
"Hmmmm… por s-supuesto" afirmó con voz entrecortada
"En ese caso, permíteme que nos sirva" sugirió con la más inocente de las voces, separándose de ella y dejándola a medio volar en su propio limbo. Disfrutó de la cara de consternación de Renee, mientras alcanzaba ambas copas y estas tomaban un color mucho más tinto.
La actriz más pequeña tomó asiento con calma, admirando hasta el más mínimo movimiento de su acompañante y esperando con poca calma a que la acompañara en aquel inmenso sofá. Cuando Lucy se acercó con ambas copas, Renee recogió la suya sin mucha atención, centrada en que la distancia de separación fuera la mínima. Sentadas frente a frente, con un costado apoyado en el respaldo y sus rodillas rozándose, los escasos centímetros resultaban similares a un océano, pero cruzarlo de repente parecía demasiado intimidante. Lucy le acercó su copa y ambas sostuvieron un ceremonioso silencio hasta que Renee encontró algo que decir:
"Creo que ahora seguiría un brindis, ¿me equivoco?"
"Estás en lo cierto" respondió, removiendo su copa "¿Se te ocurre alguno?"
"Puede…" Alzó su copa sin mucho convencimiento "¿Por todos estos años?" preguntó ladeando el rostro
"No…" siseó Lucy, penetrándola con la más intensa de sus miradas "…por los años que vendrán" musitó con dulzura "¿Qué te parece?"
"Que me gusta más tu brindis" bromeó Renee, haciéndola reír al entrechocar las copas y beber "Creo que tienes razón..." añadió pensativa "Han ocurrido muchas cosas, quizás demasiadas... pero lo importante ha de ser lo que ocurra a partir de ahora"
"Lo haremos bien de una vez por todas, ya lo verás" dictaminó sonriendo con la seguridad de quien había aprendido a base de millones de errores. Acarició el rostro de Renee con devoción deleitándose ante la posibilidad de hacerlo libremente y le robó un tierno beso en el que se entretuvo más de lo esperado. El sabor del vino mezclándose en ambas bocas era el mejor de los brindis.
"Hmmmm... que bien suena" susurró Renee abriendo lentamente sus ojos
"Yo iba a decir que bien sabe..." ronroneó Lucy delineando su mandíbula hasta sostener su barbilla con una clara intención de retomar el beso, pero se detuvo. Renee abrió la boca como si dudara si hablar, y aunque la cerró al momento, la indecisión había resultado obvia para la actriz "¿Qué ocurre, cariño?" cuestionó rozando su mejilla, intentando no mostrar ni un atisbo de su preocupación. Ni siquiera se había planteado la posibilidad de que se pudiera echar atrás, quizás por su sexual pasado o por la esclarecedora conversación de aquella tarde, pero de repente estaba abriendo los ojos y ese resultaba un riesgo posible.
"Aun hay algo... una cosa que necesito entender" musitó sin mucha convicción. El temor de Lucy se desvaneció ante la frágil apariencia que mostraba Renee en ese momento "¿Por qué tuviste que besar a esa chica?" preguntó ladeando el rostro, tragando hondo. Lucy tardó más de un par de segundos en entrar de nuevo en la conversación. No esperaba aquella pregunta, pero junto a la sorpresa estaba el dolor en los ojos de Renee acribillándola y ralentizando su pensamiento "Sigo sin entenderlo..."
"Yo... es difícil de explicar..." razonó rascando su nuca "¿Pero como es que nos viste? Sharon me aseguró que nadie más entró por esa puerta" preguntó intentando entenderlo todo desde el principio.
"Estaba en la parte de atrás, os vi por la puerta pequeña" siseó intentando desviar el tema, restándole importancia. La cara de extrañeza de Lucy le advirtió de que no quería dejar ese punto sin resolver.
"¿Qué hacías tu por ahí?"
"Eso es lo de menos... no tiene importancia" insistió con toda la convicción posible, intentando no tartamudear ni que se notara su bochorno "Dijiste que no fue lo que creía... explícamelo... por favor"
No había dudas sobre lo que Renee le estaba pidiendo, y quizás por eso sus mejillas retornaban a ese color rojo al que comenzaba a coger tirria: "La respuesta a esa pregunta es posiblemente la más ridícula y patética de las historias que te puedas imaginar..." comenzó, intentando darle un toque de humor a la situación. Logró arrancarle una pequeña sonrisa, pero la mancha de tristeza no quería abandonar aun los ojos verdes de Renee. Tomo aire y algo de valor, y continuó, asumiendo lo que debía hacer:
"La volví a ver hace un par de semanas..." cuando los ojos de su amante se abrieron como platos decidió que ese no había sido el mejor de los comienzos "La encontramos en su trabajo, fui con Sharon a disculparnos, solo eso" atajó buscando arreglar el susto de Renee, que parecía respirar de nuevo "Aquello... no fue nada y fue todo. Ella solo estaba en el sitio equivocado y con un desafortunado color de ojos y de pelo... No puedo creer que te esté explicando esto..." gimió mordiendo su labio inferior, y restregándose la frente con frustración. Una caricia de Renee sobre su rodilla le devolvió los ánimos, y la tristeza desapareciendo de su mirada fue todo el impulso que necesitó "Estaba muy borracha, y se que no es excusa, pero fue un cúmulo de circunstancias, empezando por esa. Acababa de asaltarte en el parking, no sabía que opinarías de mí, pero yo solo podía pensar en ti, y encima cuando apareciste en la fiesta... estabas tan impresionante" enumeró nerviosa deteniendo su acelerada explicación "Me volví loca a lo largo de toda la noche, allí solo estabas tú, tú y tú. Al final de la noche, entre copas y copas y una mente demasiado saturada, descubrí que una de las camareras era una fan... Me dejé llevar por esa adoración que ella no se molestaba en ocultar y por ese anhelo que llevaba toda la noche gritándome al oído que te necesitaba conmigo, y ocurrió. Fueron solo unos pocos besos tontos, y la única razón de hacerlo fue que ella era lo más parecido a quien yo amaba. Con mil diferencias y sin despertar en mi nada de lo que tú provocas... pero mi mente y el vino razonaron que ella si estaba allí y tú no." Renee cerró los ojos ante esa última declaración, reconociendo lo erróneo que había sido su razonamiento, pero el gesto fue confundido por Lucy "No sabes cuanto me he arrepentido..." gimió acariciando sus mejillas "Lo siento, lo siento tanto..."
Renee permitió que la duda y el daño desaparecieran de sus hombros, como librándose de la más pesada de las cargas. Las palabras que jamás creyó escuchar sirvieron como bálsamo, y las caricias desesperadas que Lucy le prodigaba borraban el recuerdo de todas las lágrimas que hubiese derramado.
"Tenías razón..." interrumpió Renee con media sonrisa "Es la historia más ridícula y patética que he escuchado..."
"Te estas riendo de mi..." susurró compungida retrocediendo tenuemente y deteniendo sus caricias
"No... de las dos" afirmó con rotundidad, reteniendo sus manos y recolocándolas sobre su rostro, de donde nunca habían debido moverse. Sonrió derrochando serenidad y ternura, acercándose lentamente pero sin pausa hacia su amiga "Hemos sido tan tontas..." afirmó con una risita que Lucy secundó encantada antes de contestar.
"¿Qué opinas ahora? ¿Confías en mí?"
"Comprendo lo que ocurrió, y claro que te creo..." siseó apartando un oscuro mechón del rostro de Lucy, más como excusa para acariciarla que por necesidad "No podrías inventarte jamás una historia así..." bromeó ya sin dolor alguno en su voz, sus ojos o su comportamiento "Pero hubiera pagado por escucharte con Sharon pidiéndole disculpas a aquella chica..." remató con tono burlón sin poder resistir la tentación, y provocando que una avergonzada Lucy escondiera el rostro en la curva de su cuello, haciéndola reír con mas fuerza. Calmó sus carcajadas y beso la coronilla de su amante con adoración, antes de que se apartara de nuevo de ella "Gracias por explicármelo..."
Lucy tragó hondo ante aquel agradecimiento. Renee no era aun consciente de que ella necesitaba darle todo cuanto pidiera. Siempre había sido de esa manera, pero en esa situación se veía obligada a ofrecerle y regalarle cuanto ella deseara, sin lugar a queja. Y lo primero que había podido brindarle había sido una explicación que había abierto y limpiado el alma de las dos al mismo tiempo. Era ella quien debía agradecérselo, pero no encontraba palabras suficientes para hacerlo. Se limitó a lo más rudo que pudo decir: "Gracias a ti por entenderlo"
"¿Otra vez con tanto formalismo?" gruñó Renee torciendo el morro con un gesto adorable.
"¿Tú también lo notaste?" preguntó Lucy sorprendida, descubriendo que la extraña e incomoda educación que habían mantenido al principio del día no había pasado tampoco desapercibida para su preciosa amiga. ¿Cuan similares habrían sido sus sentimientos y su forma de pensar durante todos esos años sin que se hubiesen percatado de absolutamente nada?
"Si… y me estaba sacando de quicio..." farfulló con media sonrisa "Además, creo que nos merecemos dejar por fin a un lado las disculpas, ¿no?" Su propuesta fue contestada con la más dulce de las sonrisas que Lucy pudo mostrar, hasta que fue cubierta por la boca de Renee. Al principio el beso no era más que una necesidad, una mera forma de convertir en real lo que parecía un sueño, pero se transformó en más, mucho más.
Una urgencia casi dolorosa se apoderó de la situación. Tras tantos años de ausencia, sus cuerpos parecían exigir mucho más que aquel intenso pero lento beso. El afán por tenerlo todo y rápido no se disfrazaron y salieron a la luz en profundos gemidos y caricias más que contundentes. La lengua de Renee no tardó en hacer turismo por su boca favorita, derritiendo a Lucy y su voluntad. Con un ronroneo en toda regla, la actriz más alta dio la batalla por perdida pero la guerra ganada, y tiró de la camisa de Renee atrayéndola hacia ella y aumentando la intensidad del beso. Con la mano libre rodeó su cintura, indagando por su sinuosa anatomía y perdiéndose bajo la prendas de su amante. Las caderas de Renee se agitaron por inercia pero supo reaccionar con rapidez. Alzó su cuerpo sin romper el profundo beso, y colocó una pierna en cada costado de Lucy, quedando arrodillada y por encima de ella. Aprovechó su ventajosa posición para lograr el control del momento, haciendo sucumbir a Lucy al embrujo de sus labios y caricias. Bajo ella, la actriz se entregaba sin reservas a cada uno de sus movimientos, mientras permitía a sus manos perderse por el suave vientre de Renee y bajando. Se deslizó por sus costados hasta alcanzar su trasero. Nunca había experimentado tanto odio por unos pantalones. Cerró su agarre, acabando con cualquier separación entre ambas caderas y sentando a su amante sobre sus piernas. Con un tierno mordisco en el labio inferior, invitó a Renee a rodear con las piernas su cintura y enroscarse en ella. Con un sonoro jadeo, la actriz más bajita no pudo más que dejarse llevar y acatar su idea. El calor que desprendía el cuerpo de Lucy bajo ella, nublaba sus sentidos, aceleraba su pulso y arrancaba de su garganta los sonidos más guturales. Cuando la boca de Lucy aprovechó la diferencia de altura para descender hasta su cuello, Renee perdió todo atisbo de control. Enredó los dedos en su preciosa melena y se concentró en no dejar de respirar ante los nada piadosos mordiscos de Lucy contra su yugular. Sus caderas comenzaron un balanceo intoxicante sobre las largas piernas de la morena, aumentando la lívido de Lucy a niveles alarmantes. Lamió y sorbió con ansias un sensible punto en la base del cuello que devoraba, sintiendo como el movimiento de las caderas se tornaba más rápido.
"¡Oh, dios!" gruñó Renee con los labios entre abiertos. La boca de Lucy continuaba su húmedo recorrido por la sensibilizada clavícula y sus manos se deshacían de los botones de la camisa. Tocar había dejado de ser suficiente, necesitaba ver, oler, saborear y sobretodo oír a Renee.
"¡Luce!" exclamó haciéndola sonreír, cuando los largos dedos desabrocharon el último de los botones y la ávida boca de Lucy mordisqueó un sensible pezón por encima de la tela del sujetador. Sus caderas ya cabalgaban desbocadas rozándose con las piernas de Lucy, pero no resultaba suficiente para Renee. Liberó el pelo de su amante de su agarre, concediendo a aquella boca total y torturante libertad de movimientos, que Lucy aprovechó. Perfiló los bordes de la prenda con la punta de su lengua, erizando la jugosa piel que volvía a tener ante sí.
Las manos de Renee se perdieron por los costados de Lucy, deslizándose sobre la ropa hasta agarrar el borde de su camiseta. Tiró de ella con prisas, levantándola a la altura de sus hombros, donde por cuestiones de pura física, debía apartar a Lucy de ella para terminar de deshacerse de la prenda. Durante la fracción de segundos que su pecho aun cubierto, perdió contacto con la boca de Lucy, un gimoteo ronco escapó de sus entrañas, advirtiendo a la morena de lo cerca que estaba su amante. Adivinó que de tener ante si esas encabritadas caderas libres de ropa, podría encontrar humedad suficiente para ahogarse. Y la sola idea la mareó de placer.
Su brazo izquierdo envolvió su cintura, obligando a ambos cuerpos semidesnudos a unirse en un estremecedor reencuentro. Su boca fue directa al tesoro que representaba la de Renee y su mano derecha comenzó a trabajar afanosa en los botones que confinaban al cuerpo de la rubia en esos pantalones.
La sensación del toque urgente de Lucy contra su cinturilla y peleando con su cremallera encendió hasta el último nervio de su ser. Años soñando con aquel momento y la nube de placer en la que estaba sumida su mente lo volvía casi una irrealidad. Pero sabía que no, que las dos estaban allí, juntas y entregadas. Igual que ella había soñado y planeado algunos meses atrás, para la fiesta de Sharon. Al revivir aquel recuerdo, ya libre de dolor alguno, sonrió con pasión sobre la boca de Lucy, rememorando su estrategia. Detuvo el beso y se dirigió malévola contra el sensible oído de la morena:
"¿Aun quieres saber que hacía yo en la puerta trasera de la cocina?" Mordió el sensible lóbulo logrando un penetrante jadeo y una mirada sorprendida. Aun así Lucy logró asentir levemente. Su amante, satisfecha con la respuesta, regresó a su oído reduciendo su voz al más ronco de los susurros, provocando que Lucy cerrara los ojos con antelación y detuviera su mano, aun perdida en los enganches del pantalón "Te estaba buscando a ti, mi amor..." ronroneó "Quería continuar lo que quedó a medias en el parking, atraparte a solas y devorarte entera. Quería que esa noche de nuevo fueras mía..." siseó contra su oído ",,,una y otra vez" Las dulces y delatadoras palabras empapadas en deseo, y la lengua de Renee perfilando su oído conocedora del resultado, le hicieron lloriquear al tiempo que su temperatura corporal alcanzaba el peligroso grado de fiebre. Con un sonido casi animal, atrajo el rostro de Renee y devoró su boca sin consideración. Volcó todo su peso sobre el pequeño cuerpo, tumbándola en el sofá y atrapándola bajo ella.
El peso de Lucy, mezclado con la sensación de las pieles expuestas y tocándose, retumbó dentro del pecho de Renee y se convirtió en el más satisfecho de los gemidos. Los ecos que llenaban la estancia estaban derritiendo a Lucy, pero cuando su mano se libró de la cinturilla del pantalón y de la ropa interior, rozando el comienzo de los rizos de Renee, el sonido que atravesó su garganta sacudió a la morena como una bomba. Aquello era un punto de no retorno, demasiado lejos para parar, demasiado maravilloso para planteárselo siquiera.
Renee cubrió la mano de Lucy durante un instante, dirigiéndola hacia el escondite de su cuerpo. No había ninguna cuestión más que plantearse, la mujer morena acató su orden. Cuando el calor de Renee le abrasó la palma de su mano, apoyó la cabeza sobre su hombro, jadeando agitada. Solo el deleitarse ante aquel húmedo y suave tacto lograba colocarla peligrosamente al borde del abismo.
Soportó todo su peso sobre el costado y el brazo derecho, que descansaba en el borde del sillón, junto a la cabeza de Renee. Aprovechando su nueva posición, su mano izquierda recorrió con una firme y sinuosa caricia los húmedos pliegues, arrancándole una sonora exclamación. Apenas entendió las farfulladas palabras de Renee, pero provocaron que su cabeza se despidiera de ella durante los siguientes minutos. Solo estaba su embravecido corazón y todo lo que compartían.
Bajó sus caderas hasta empujar contra la pierna de Renee, quien comprendió enseguida sus intenciones. Dobló su rodilla al tiempo que los dedos de Lucy se perdían dentro de sus pliegues. Se deslizaban por ella, rozando su clítoris y provocando una serie de gemidos que Lucy acompañaba con los suyos propios, en un coro de placenteros ecos. Atrajo el rostro de su amante hasta el suyo, robándole un beso lleno de ansiedad que las dejó sin respiración, hasta que dos dedos atravesaron su entrada sin dilación:
"¡Oh, siiiiiiiiii!" gruñó contra la boca que ahora sonreía con suficiencia sobre la suya. Le devolvió la implícita burla con un mordisco en el labio inferior, que desencadenó unas suaves risas, antes de que el ritmo impuesto por la mano de Lucy destronara cualquier sentimiento que no fuera el fuego que ardía entre ellas.
Fue algo tan inesperado, que la felicidad que arremetió contra ella rozó el dolor. Renee acataba el ritmo con una sincronización casi divina al tiempo que rozaba su pierna con el hinchado centro de Lucy, logrando que se perdieran juntas en el maravilloso torbellino que suponían todas aquellas sensaciones. Pero cuando la rubia acarició su mejilla, perfiló su mandíbula y colocó dos dedos sobre su boca distanciando ambos rostros apenas un centímetro, Lucy tuvo que concentrarse en no dejar de respirar. Las convulsiones en el cuerpo de Renee eran un hecho y las contracciones entorno a sus dedos una realidad que le avisaba de lo cerca que estaba su orgasmo. Pero lo que mantenía en vilo a su alma eran los ojos de Renee taladrando los suyos en un gesto nada pensado. Tan solo la miraba como si perderse en ellos fuera lo único que daba sentido a aquel momento.
Fue como elixir divino. Se empapó en la belleza verde con la más tierna de las sonrisas y explotó acompañada de las pupilas que no abandonaron un solo segundo las suyas. No fueron solo las caricias y las estratégicas embestidas las que desencadenaron el orgasmo, no esa vez. La maravillosa sensación de plenitud y perfección iba acompañada de aquel indescriptible contacto visual. La intensidad de lo sentido daba fe de ello.
Bendito intercambio, susurró la eufórica mente de Lucy, un segundo antes de ser inundada por un ardiente orgasmo.
Con el más contenido de los gritos, Renee alzó sus caderas empalándose en la mano de Lucy, con los últimos resquicios de placer dominando su cuerpo. Exhibió la mayor de las sonrisas adornando su sonrojada cara, al tiempo que su amante gemía con una rotundidad aplastante.
La mujer más alta dejó que su extasiado cuerpo se convirtiera en gelatina contra el de Renee. Procuró no aplastarla, aunque las últimas convulsiones y su incontrolable respiración complicaban la tarea. Los brazos de su amante en torno a su cuerpo, detuvieron su colocación en una cómoda postura que no dejaba un solo rincón de piel sin ser tocado.
El rostro de Lucy, escondido en la curva del cuello de Renee, olisqueó con un placer casi infantil el perfume de aquella maravillosa piel, haciendo reír a su dueña.
"Me haces cosquillas" siseó Renee, recuperando poco a poco su voz.
"Culpa tuya por oler tan bien..." ronroneó Lucy como una niña pequeña, acariciando el estómago descubierto de la actriz "Hmmmm... que bien" ronroneó, besando el hombro de Renee, que apartaba su rostro para dejarle el camino completamente libre
"Ha sido maravilloso..." gimió esta "Pero muy breve" bromeó con una carcajada picarona, que acompañó a las de Lucy.
"Muy, muy rápido" concretó, alzándose hasta el rostro de su amante con una sonrisa de soslayo "Pero después de tantos años... necesitaba tenerte, no lograba pensar más allá"
"Se a lo que te refieres..." siseó apartando un mechón oscuro de la cara de Lucy en un gesto de lo más natural, y recordando el apetito casi irracional que había invadido sus entrañas minutos antes. Incluso ante el inocente toque de Lucy sobre su estomago, su cuerpo respondía canturreando feliz y despertándose de nuevo con un intenso deseo. Respiró procurando no pensar en ciertas sugerentes ideas, centrándose en hablar. "¡Seguimos vestidas!" resaltó con gesto guasón.
"No por mucho tiempo, si tu quieres..." ronroneó Lucy alzando su mirada hasta los ojos de Renee, que reía con fuerza "¡Ey! Que hablo completamente en serio" afirmó levantando su rostro y besando la punta de la respingona nariz. Se quedó ahí, con la mirada fija en ella, casi hipnotizada.
"¿Me estas haciendo una proposición indecente?" susurró Renee encantada
"¡No!" respondió convencida "Una, no; muchas" razonó asintiendo y con una sonrisa satisfecha por la risas de Renee. Disfrutó del risueño rostro de su amante, casi embobada, hasta que sus miradas se cruzaron. Las carcajadas cesaron y compartieron dos radiantes sonrisas. El precioso rostro de Renee iluminado con aquella sonrisa, provocó en Lucy la sensación de volver a encontrarse frente a su compañera de rodaje de apenas veintitantos años. Era como tener ante si un tierno pero triste flashback, a partes iguales. Ver a su amiga rebosando felicidad la derretía, pero la sensación de llevar años sin haber disfrutado de esa total alegría en ella, le causó una punzada de dolor. Acarició sus mejillas y su barbilla con una delicadeza casi ceremoniosa y susurró conmovida:
"No sabes cuanto he añorado esa sonrisa... ¿Dónde estuvo escondida?" Los ojos de Renee recogieron primero sorpresa, y después una compartida certeza, al asumir a que se refería. No se trataba de un simple halago de enamorada, cargaba preocupación también.
A lo largo de los últimos años había sido más o menos feliz, pero nunca de forma tan completa e innegable como durante aquella época dorada. Se trataba de una felicidad casi infantil, provocada por su nueva vida, los amigos que encontró, su trabajo y la mujer que ahora descansaba entre sus brazos, incluso cuando aun no eran amantes. Pero la vida había continuado y todo quedó convenientemente cerrado, excepto lo que sentía por Lucy. Su amiga y su historia inconclusa no habían sido ni de lejos la única de sus penas desde entonces, pero recuperar algo que creía tan perdido, revivía esa alegría inocente y apagaba la importancia de otras tristezas.
Si, en su vida había sido muy feliz, pero nunca con esa sensación de completa armonía.
"Siempre estuvo ahí, esperando a que nos volviéramos a encontrar..." musitó con dulzura "Quédate y seguramente ella también lo hará..."
Lucy mordió su labio inferior, emocionada. Aquella respuesta le había pillado desprevenida " Eres maravillosa..." siseó, parca en palabras, pero rebosando sentimientos "Aunque no tenía pensado irme, y aun menos si continuas mirándome de esa forma cuando estamos juntas..." ronroneó, recordando el seductor y precioso contacto visual que habían vuelto a compartir.
"¿Juntas?" cuestionó ladeando el rostro, preguntándose si hablarían de lo que ella creía.
"Juntas... muy juntas" afirmó Lucy alzando las cejas con una sonrisa pícara.
"Ohhh..." sonrió de miedo lado, encantada "Pensaba que no lo habrías notado"
"¿Bromeas? Cómo no hacerlo... Tu mirada lo cambia todo... lo mejora todo, ¿sabes?" murmuró seria, delineando las cejas y el contorno de los ojos verdes. Disfrutó de las arruguitas que allí se formaron cuando Renee sonrió.
"Te quiero" siseó la actriz, cerrando su abrazo entorno al cuerpo de Lucy.
"Y yo a ti, pequeña" respondió acercándose lentamente a su rostro. Renee le regaló un pequeño y fugaz beso que la hizo reír "Aun no me creo que esto esté ocurriendo..." siseó con media sonrisa, repentinamente abrumada por tanta felicidad. Podía imaginar el gesto bobalicón que mostraba su cara desde hacía horas, pero era incapaz de cambiarlo.
"No, ¿verdad?" cuestionó Renee divertida "Permíteme una demostración. Quizás así lo veas más claro..." susurró acariciando los labios de Lucy.
"Quizás..." gimió esta contra las yemas de Renee. Depositó un primer beso en ellas y un segundo en los labios de su amante. La actriz morena estaba respondiendo a la tácita invitación llena de dulzura y calmada pasión. Ya no tenían cabida las prisas; ante sí se encontraba su mayor anhelo y estaba deseosa de recorrer y reencontrar cada rincón de su cuerpo. Ahora que el tiempo había dejado de ir contra ellas, era el momento de aprovechar con calma de cuandt pudieran tener.
Saboreó los tiernos labios de Renee, los humedeció con la punta de su lengua y pidió paso con docilidad. Las dos lenguas volvieron a enredarse y tenues sonidos de satisfacción anunciaron el encuentro. Con los ojos cerrados se separó de Renee hasta que sus labios solo se rozaran y los abrió con una sonrisa que competía en tamaño con la de la rubia.
"Tengo un antojo" murmuró contra la boca de la morena. Dos cejas oscuras se alzaron con curiosidad.
"¿Que le apetece a mi pequeña?"
"Besarte..." siseó con gesto malévolo
"Eso tiene fácil solución" susurró Lucy descendiendo a sus labios.
"No, no..." murmuró depositando un dedo contra la boca de su amante "Quiero besarte… pero por todo el cuerpo. De arriba abajo" explicó, rematando aquella afirmación mordiéndose el labio inferior con coquetería. Las cejas de Lucy subieron hasta camuflarse completamente con su flequillo y sus ojos se abrieron brillantes. Renee torció el rostro, satisfecha con el paralizador efecto de sus palabras.
Lucy se puso en pie casi con un brinco agarrando la mano de su amante y levantándola consigo. Renee se estremeció entre carcajadas al ser elevada hábilmente del sofá. La morena se había levantado de un rápido salto, llevándola consigo al tirar de sus brazos hasta ponerla de pie. Las risas de Renee resonaron con dulzura frente a Lucy que la miraba divertida:
"¿Me acompañas?" murmuró melosa, tendiendo su mano.
"Siempre" respondió Renee entrelazando sus dedos con los de su amante, que sonreía maravillada. Lucy las guió rodeando el sofá aprovechando para recoger las olvidadas camisas, antes de salir al pasillo. Renee propuso en silencio que se la devolviera, pero la petición no fue escuchada. Lucy había entendido perfectamente la tácita idea que Renee proponía con su mirada, pero recorrió visualmente el torso medio desnudo de su amante y decidió negarse. Sonrió de soslayo traviesa, sujetando la camisa contra ella con más seguridad, y negó con la cabeza. No tenía intención de permitir que nada enturbiara el espectacular panorama que admiraba en ese momento.
Las radiantes carcajadas de Renee resonaron nuevamente, acompañadas de un pequeño sonrojo, mientras salían hacia el pasillo. Avanzaron hacia las escaleras en silencio y sin soltar sus manos hasta alcanzar el piso superior. Lucy concienzudamente encaminó sus pasos al dormitorio, pero la quietud de Renee la detuvo en el sitio. Su amante permanecía parada junto a las escaleras, luciendo una enigmática sonrisa. Cuando Lucy ladeó el rostro con curiosidad, los labios de Renee se torcieron en un gesto burlón:
"Luce, el cuarto de invitados queda por ahí" le recordó pícara, señalando en dirección contraria.
"Muy bien, cariño, así me gusta, que te conozcas mi casa" bromeó tirando de la cinturilla del pantalón de Renee, dirigiéndola hacia el dormitorio principal, mientras ambas contenían la risa por el silencioso pasillo. Los cuatro metros de camino hasta el cuarto se hicieron eternos aun con las grandes zancadas que daban. La mano de Lucy continuaba en la cinturilla de los pantalones de Renee y con el movimiento de cada paso rozaban su vientre en una inocente caricia que estaba acelerando su pulso.
Con la mano libre, Lucy abrió lentamente el picaporte, empujando la puerta y entrando con cuidado en el dormitorio, seguida de Renee. Cuando volvió a estar cerrada, se acabaron los movimientos sutiles y medidos. Lucy recibió el cuerpo de Renee contra el suyo casi en el aire, y lo mantuvo ahí con un firme recorrido de sus brazos entorno a la suave espalda. La rubia se había abalanzado contra ella y su boca, invitándola a compartir un beso desfogado, donde se encontraban una y otra vez. Renee sujetó la nuca de su amante con firmeza y las manos de Lucy regresaron a la cinturilla de los vaqueros de la rubia. Esta vez no se conformó con agarrar la tela; la desabrochó del todo, librándose de los últimos botones, y tiró del pantalón, deslizándolo por las caderas de Renee y acariciando la piel que iba quedando expuesta. Renee rodeó su cuello apartando los pies hasta deshacerse de sus vaqueros, mientras Lucy comenzaba a encargarse de los suyos.
La tarea de desvestirse estaba resultando más complicado que de costumbre. El cuerpo de Renee embestía al suyo, rozaba su piel e increpaba a cada uno de sus nervios a enardecerse. Una pierna tras otra, y junto a su ropa interior, logró que dos minutos más tarde sus pantalones acompañasen a los de su amante.
Renee apreció la escasez de ropa con un ronroneó satisfecho, aunque aun había algo que estorbaba. Acarició la tersa espalda de Lucy hasta alcanzar los broches del sujetador. Cuando las copas de tela se deslizaron sin resistencia alguna, mostrando los pechos descubiertos de Lucy, se relamió sonriente. Terminó de retirar los tirantes, dejando caer la prenda, y farfullando con voz grave:
"Eres preciosa…" El deseo era palpable en cada sílaba, mirada e inhalación de Renee, pero la timidez bañó la mirada de Lucy, y esa no fue la razón:
"Ren, el tiempo pasa, yo…" farfulló sin casi voz.
Renee alzó ambas cejas, deteniendo su verborrea de golpe. "No digas tonterías" zanjó entendiendo sus divagaciones de un solo vistazo "Sigues igual de impresionante; continuas siendo abrumadoramente perfecta" susurró categórica. Escuchar palabras tan dulces proviniendo de Renee fue suficiente para devolverle la sonrisa. Pero al encarar sus ojos y encontrarse con dos dilatadas pupilas dispuestas a devorar con la mirada cada rincón de su anatomía, una nueva ola de desfogado deseo se hizo con su vientre. Renee no solo no estaba siendo educada, sino que sentía cada sílaba dicha... y de que modo.
Recuperando su sonrisa felina y su seguridad, arremetió encantada sobre Renee. Reanudaron los besos, de los que jamás tenían suficiente, mientras las manos de Lucy se perdían por el cuello de Renee, sus hombros, sus costados y por último su columna. La recorrió con las uñas regocijándose en el modo en que su amante se arqueó, uniendo aun más ambos cuerpos. Sus dedos trastearon un par de segundos con el sujetador de Renee, antes de cantar victoria. Se deshizo de la prenda con un eficaz movimiento de muñeca y lo envió muy lejos, antes de arrimarse a Renee y que ambos cuerpos desnudos se encontraran.
Gemidos satisfechos se enredaron entre ambas bocas con aquel excitante contacto, y el beso se tornó húmedo y urgente. Caminando de espaldas, Lucy se enfiló con la cama como meta, y Renee apoyó la idea encantada.
La parte trasera de sus rodillas chocaron con el tentador colchón, sin embargo Lucy aun no tenía intención de tomar asiento o abrir las sábanas. Detuvo el beso en pro del cuello de Renee y conquistó la zona a base de suaves y volátiles lametones. El húmedo camino descendió con una buscada lentitud por los hombros de Renee. Saboreó la suave piel que su boca había estado reclamando miles de veces a lo largo de tantos años y se maravilló ante ese trocito de paraíso recuperado. Alentada por las sonoras y profundas exclamaciones de Renee y por el hambre que solo esa mujer despertaba en ella, se entregó a fondo en aquel recorrido. Rodeó la cintura de Renee, arrimando sendos cuerpos antes de sentarse ella sola en la cama, quedando sentada frente a la figura de su amante, a la altura de su pecho. Apartó las piernas para acercarla cuanto fuera posible, y alzó el rostro compartiendo una maravillada sonrisa con ella. Renee sonreía con la misma fuerza y con una expresión que irradiaba más amor y confianza de los que Lucy hubiera podido soñar en sus mejores noches.
Las manos de Renee se perdieron entre madejas de pelo oscuro, al tiempo que esperaba ansiosa el siguiente movimiento de Lucy. Advirtió los turgentes labios posándose en su tórax e inspiró hondo, procurando no echarse a temblar como una hoja. Un escalofrío removió todo su ser cuando el primer beso se posó inocente en la parte baja de su pecho. Se recompuso a tiempo de sacudirse ante al reguero de besos que cubrieron su piel, alcanzando poco a poco, casi con tortura, su pezón.
"Amor…" gruñó con el más bajo de los susurros. Renee, con la cabeza reclinada y los ojos cerrados y dirigidos hacia el techo, apretó los labios con ímpetu al recibir el primero de los placenteros seísmos que Lucy estaba provocando en ella. Acarició el cabello oscuro al tiempo que la ávida boca no le concedía tregua, pero no la deseaba para nada. Lucy parecía tan absorta en amarla y devorar su pecho, como ella en recrearse en cada sensación. Solo había una pega, rezongó mentalmente mientras apretaba a Lucy contra ella acariciando su nuca, e invitándola a pegarse a su pecho y no parar.
"Había olvidado el inconveniente del silencio..." farfulló entre dientes, con todas las olas de placer dirigiéndose a un mismo punto de su anatomía, y comenzando por el afortunado pezón.
"Recuerda, cariño…" susurró Lucy dirigiéndose al otro pecho "Somos actrices de método, seguro que podremos con ello" razonó con un toque de maldad nada disimulado y rozando con su lengua la endurecida y prepara punta.
"Si, si..." masculló Renee a media voz, tensándose igual que un arco. Su cuerpo se repuso del intencionado asalto antes de poder reaccionar. Lucy había repetido las palabras exactas que le había dirigido años atrás en esa misma habitación. Pero aquella noche era Lucy quien se retorcía luchando contra sus placenteras ganas de expresarse y Renee quien se lo complicaba. Algo que caracterizaba a la memoria de Lucy era su escasez y su selectividad; sonrió como una tonta al entender que aquel recuerdo lo mantenía intacto "Rencorosa..." susurró con una gran sonrisa
Las carcajadas de Lucy vibraron contra la sensible piel provocando que Renee diera un respingo.
"Cariño... ¿te ocurre algo?" cuestionó sabihonda perfilando el definido vientre de Renee, primero con la yema de los dedos, después con besos y mordiscos.
"¿A mi?" su voz sonó cercana al gruñido "Que va... Si estoy muy tranquila…" jadeó al saborear los suaves mordisquitos a la altura de su ombligo.
"Bien, bien..." ronroneó Lucy descendiendo hasta colocar sus manos en las caderas de Renee y sus labios en el comienzo de su ropa interior, la única prenda que aun seguía "en pie". Depositó un suave y cariñoso beso sobre la tela, en el punto exacto donde se hallaba el centro de Renee. Su amante se removió con una sonora exclamación que le sirvió como aliciente para repetir. Sus dedos alcanzaron la tela de la prenda y comenzó a apartarla poco a poco, colocando más besos intencionados. El olor almizclado de Renee llenó sus sentidos, cuando el siguiente beso se situó sobre los rizados cabellos, en lugar de la tela. La calidez que desprendía ese jugoso rincón multiplicó el apetito de Lucy, que tornó sus "volátiles" besos en una tentadora exploración. Las caderas de Renee se abalanzaron hacia aquella boca, la estabilidad de las piernas amenazó con esfumarse y no pudo contener un leve gemido. No era únicamente lo que Lucy estaba haciendo sino el cómo. La postura que mantenían estaba volviéndola loca y su cuerpo estaba más que predispuesto a cuanto su amante le regalara.
Recordó su intención inicial al subir allí; sus ganas de darse un auténtico banquete con el cuerpo de Lucy como único ingrediente. Ese hambre regresando a ella y la certeza de que a ese ritmo no tardaría demasiados segundos en ser victima de un delicioso orgasmo, la llevaron a detener a su amante. Sujetó las mejillas de Lucy, alzando su rostro y separándola de su sensible centro en una gran demostración de fuerza de voluntad. Los luminosos y oscurecidos ojos de Lucy se enfrentaron a los suyos con una mirada literalmente chispeante. No parecía estar muy convencida de haber abandonado a medias tan atrayente actividad.
"Cariño, aun no hemos resuelto mi antojo" murmuró con una determinación que sorprendió a Lucy. Recuperó parte de su serenidad alejándose de Lucy, y se dirigió hacia el cabecero de la cama, observando el lado más sumiso de su amante. Se había colocado obedientemente de pie, esperando con paciencia a que apartara las sábanas, a pesar de que su piel erizada y su agitada respiración daban testimonio de su grado de excitación. "Ven aquí" arguyó Renee al colocarse bajo las sábanas. No hicieron falta ni dos segundos para que el esbelto cuerpo acompañara al suyo de nuevo. Lo recibió con un gigante e intencionado abrazo, que la colocó sobre Lucy al rodar.
Amoldó su cuerpo al de Lucy, deleitándose con el roce de sus centros casi uniéndose, sus estómagos en total contacto y sus pechos tocándose entre si. Estiró los maleables brazos de Lucy en forma de cruz y los recorrió con suaves y prietas caricias, descendiendo los labios hasta su mejilla. Depositó un dulce beso y habló con voz baja y firme:
"He pasado años deseándote, noches suspirando por dormir y despertar contigo a mi lado… pero entre todos esos sueños, fui olvidando lo maravilloso que era realmente estar contigo. No hay fantasía o idea que te haga justicia, cariño" susurró alcanzando las manos de Lucy e invitándolas a girarse hasta cerrarse en puño agarrando las sábanas "No imaginas las ganas que tengo de devorarte entera, preciosa" remató mordiendo la tentadora oreja y deslizándose contra el cuerpo bajo ella con un rápido embate.
"¡Ooohhh...!" Todo el cuerpo de Lucy se arqueó en favor de aquel maravilloso movimiento pero la figura de Renee ya no estaba sobre ella. Gimió buscándola con la mirada. Se había elevado sobre sus talones hasta colocarse a los pies de la cama, entre las piernas Lucy. Renee agarró sus tobillos, moviéndolos para que doblara las rodillas, y la actriz se dejó hacer, arrullada por la voz que llenaba sus sentidos y las caricias que estaban haciéndola delirar.
La escena que enfrentó Renee retó completamente a su autocontrol: Lucy, completamente abierta a ella, con su humedad resbalando descaradamente y tentándola a dejar la paciencia de nuevo a un lado. El perfume de la pasión de la morena alcanzó su nariz, y cerró los ojos ofuscada. Retornó la vista a los tobillos de Lucy y se dirigió hacia allí en su primera parada. Besó la suave piel respondiendo a los respingos que sentía, mordisqueado las zonas más sensibles y lamiendo con tan solo la punta de su lengua las hendiduras y curvas de aquellas eternas piernas. El sabor salado de la piel de Lucy calmaba y provocaba a partes iguales el hambre de Renee, que se turnaba entre pierna y pierna en su lenta ascensión. Alcanzó las temblorosas rodillas y con un gesto de clemencia, permitió que las bajara, al tiempo que ella marcaba una invisible línea por la parte interna de sus muslos. Primero por el izquierdo hasta alcanzar su ingle, y después, sobrevolando su centro con un leve soplido, continuó con el derecho.
"Cariño…" gruñó Lucy ante el cálido aliento "Adoro tus antojos" gimió con las manos blancas de la presión.
"Hmmmm… sabía que sería un éxito" ronroneó con tono grave e igual de satisfecho. Asedió las caderas de Lucy y las tanteó entre caricias y recorridos menos gentiles con sus uñas, antes de rodearlas y mantenerlas sujetas con su agarre. Lucy adivinó sus intenciones con varios segundos de antelación, pero no le sirvió de mucho. La boca de Renee se enterró sin previo aviso en ella, con un contundente lametón como bienvenida, que sobresaltó a cada músculo de su cuerpo. Giró la cara hacia un lado, hundiéndola en la almohada. Trataba de no exclamar a pleno pulmón, conteniéndose hasta el límite, pero la boca de Renee entregada completamente a su tarea, la estaba sometiendo a una tortura de la que no debía ser consciente.
"¡Oh, Dios!" Su amante chupaba y sorbía su clítoris con una maniobra demasiado eficaz, que estaba amenazando con una rápida liberación. Cerró la mandíbula con fuerza, casi con dolor, dejando que sus caderas bailaran al ritmo de aquellos intrépidos labios. Al borde del acantilado, Renee redujo drásticamente el ritmo descendiendo hasta su entrada y calmando los estremecimientos de Lucy con prolongadas caricias. Cuando su ritmo regreso de altamente peligroso a solo hirviendo, una desalmada lengua se introdujo en ella con una embestida tan directa como inesperada "¡Si!" farfulló entre dientes "Así, cariño… ¡Oh, si!"
La mano de Renee abandonó a escondidas la piel de Lucy, serpenteando hasta su centro. Con un último beso, bañando adrede sus labios en la esencia de Lucy, sustituyó su lengua por dos dedos en una gozosa embestida. El cambio sacudió a la actriz con una ola de placer, llenándola y arrancándole un profundo gemido.
Satisfecha por su reacción y por el sabor que aun degustaba, Renee perfiló el estómago de Lucy con su lengua, sin detener el movimiento de su mano. Había descendido levemente la velocidad, pero no la intensidad, y sabía que estaba haciendo rabiar a su pareja, pero quería arrancarle cada sonido y gota de placer que fuera capaz. Con un tercer dedo sumándose al interior de Lucy, Renee mordió sutilmente un tentador pezón. Advirtió como trataba inútilmente de empalarse aun más contra su mano y al mismo tiempo arquear la espalda a favor de los besos que estaba prodigando en sus pechos. Rodeó la endurecida punta con sus labios y bailó su lengua entorno a la sensible piel, escuchando un gimoteo de Lucy. La alta mujer había permanecido con los brazos extendidos, enterrando sus manos en las sábanas completamente obediente, pero su aguante comenzaba rozar lo ilógico. Renee asumió los límites de Lucy, aumentando el ritmo de sus deseos y dirigiendo su pulgar estratégicamente contra el abultado clítoris.
Se colocó finalmente a la misma altura que la morena, aprisionando bajo su cuerpo parte del de ella. Rozó su oreja con un dulce soplido y lamió su lóbulo, extasiada ante la imagen de una Lucy temblando bajo ella y completamente desarmada por su mano, sus besos y sus palabras.
"Quiero todo de ti" ronroneó Renee besando su mejilla y cediendo al acelerado ritmo de las caderas de Lucy.
"Ya es… ya es todo tuyo, amor" gimió sin voz, pero con el suficiente control como para dirigir sus entrecerrados ojos hacia Renee. Aquel hipnótico azul le dijo cuanto necesitaba oír y con la más encantadora de las sonrisas se arrojó contra la boca de Lucy. Recorrió cada recóndito lugar, y aunque la morena trató de seguir su ritmo, pronto solo pudo dejarse besar y permitir que su amante recogiera sus gemidos. Renee contrarrestaba las rápidas embestidas de su mano con calmados y húmedos besos que amortiguaban los estremecedores sonidos.
Leyendo cada evidente señal del cuerpo de Lucy, torció sus dedos tocando el suave y estratégico punto, tragando el más sonoro de los gemidos. Las caderas de Lucy dejaron de bailar al son de su mano al empujarlas contra la cama, y los dedos de Renee quedaron atrapados en su interior. Pego su cuerpo al de Lucy regocijándose al sentir como se agitaba y retorcía bajo ella, víctima de sus íntimas atenciones. Sonrió emocionada contra su boca, abandonando su interior con cuidado, pero manteniendo la palma sobre su centro ayudándola a reponerse con solícitas caricias. Prodigó una serie de besitos, escuchando como Lucy tomaba aire y tragaba hondo con dificultad. Miró su rostro , relajado, sonriente y con algunos mechones pegados a sus mejillas por el sudor, y una emoción indescriptible tomó su interior. Era verdad, ya tenía todo. Las dos lo tenían.
Renee acarició su mejilla con la nariz, y bajó hasta su cuello, llena de dulzura y cariño. Sonrió y se apegó al cuerpo de Lucy cuando sus brazos recuperaron parte de las fuerzas y la rodearon. No quería moverse de aquel maravilloso rincón, la sola idea de no descansar contra Lucy ni disfrutar de las volátiles atenciones que la morena comenzaba a prodigarle, le llenaba de aprehensión. El recuerdo de todas sus huidas y de las duras maniobras de escape que siempre seguían a los orgasmos de sus puntuales encuentros le parecieron el mayor de los castigos que nunca se había auto infligido.
Se abrazó entorno al cuerpo de Lucy casi como un koala y suspiró feliz de encontrarse en el mejor de los refugios existentes, el único que nunca querría abandonar.
"Te quiero, Luce… te quiero tanto…" suspiró tenue, sobrepasada por la situación y los recuerdos.
"Y yo a ti, pequeña" murmuró entre profundas inspiraciones, sintiendo un repentino afán protector ante el débil tono de voz de Renee. Besó su coronilla y acarició de forma inconsciente sus brazos y espalda, acercándola a ella. No se decidía entre preocuparse o adorar la facilidad con la que todo estaba ocurriendo y la normalidad con la que asumían cada paso. Era cierto que se trataba de algo titánico, pero era una recompensa merecida tras años de retrasarla y sufrir por ello. Probablemente traería consigo un equipaje cargado de explicaciones que deberían dar y de cambios que no se iban a hacer esperar, pero cualquier camino recorrido merecería la pena con un triunfo como ese esperándolas.
Ahora confiaba en ellas, en lo que sentían la una por la otra, y si solo con esa verdad había sido capaz de olvidar todo el dolor del pasado, estaba deseando comprobar que no lograría hacer con su presente y futuro. Con una sonrisa boba, comprobó como ella misma se derretía igual que un hielo solo con pensar en el porvenir, cuando apenas hacía unas horas que habían hablado. Además, si algo había aprendido a lo largo de aquellos años era a disfrutar de cada instante, y más si tenía entre sus brazos a una mujer maravillosa. Regresó al presente alargando sus caricias alrededor del cuerpo de Renee. La rubia cabecita se alzó apenas unos centímetros ladeando el rostro y cruzándose con los ojos azules. Una repentina sonrisa iluminó su rostro.
"¿Qué?" cuestionó Lucy sonriente
"Nada… es el estar contigo..." siseó observando como elevaba una ceja "Reinventas la definición de hacer el amor, ¿sabías?" musitó encantada, sin ser consciente de cómo sus palabras atravesaban a Lucy. La actriz se encogió, bajando la mirada con un toque de vergüenza bañándola.
"Has decidido que el color rojo me favorece, ¿verdad?" preguntó consternada pero con una sonrisita ladeada.
"No te queda mal del todo, no…" respondió marisabidilla, acariciando sus mejillas.
"Eres insoportable" afirmó irradiando alegría e inclinándose hacia las caricias "Horriblemente insoportable" recalcó atrayéndola eficazmente hacia sus labios. Besó a su pareja al tiempo que efectuaba un sutil movimiento corporal, rodando sobre su espalda. Mordió sus labios, enredó sus piernas y afianzó su posición sobre Renee "¿Sabes qué?" murmuró depositando besitos en su nariz, su mejilla y su oreja.
"Hmmmm…" farfulló Renee expectante, dejándose hacer.
"Me has contagiado tu antojo" ronroneó con su voz convertida en un gruñido. Las graves carcajadas de Renee le abrieron el camino. Al observar el perfecto cuerpo frente a ella, un curioso hambre se apoderó de Lucy. Humedeciendo sus labios, comenzó a saborear el delicioso y largo banquete que se le presentaba…
"Oh, si…"
Calidez… Igual por fuera como por dentro. Suspiró de pura felicidad. Tanto el calor que rodeaba su cuerpo como el que inundaba su alma, provocaron una oleada de satisfacción en ella. Sonrió. El pelo de Lucy esparcido sobre su cuello y su pecho, le hacia cosquillas en cada inspiración, y advertía la respiración de la morena contra la curva de su hombro como un suave soplo. El sueño aun atoraba a su recién despertado ser, pero el hecho del cuerpo de Lucy sobre la mitad del suyo traspasaba su dormitada conciencia. Cerró los ojos y se recreó con regocijo. Estaba "atrapada" bajo el abrazo de la morena, que la envolvía protectora entre sueños, casi con desesperación. Las piernas permanecían enredadas y sus caderas casi unidas. Suspiró encantada, acariciando la espalda de Lucy con la yema de los dedos. El cuerpo dormido se estremeció ante la delicada caricia y se removió levemente, recolocando sus piernas. Una de ellas, colocada entre las de Renee, presionó su centro durante el movimiento. Se tragó a tiempo el sonido que el sugerente roce había causado, pero el escalofrío de su cuerpo quedó patente en una pequeña sacudida.
Se quedó quieta. La respiración de Lucy contra su cuello había cambiado. Las profundas y largas bocanadas de aire se convirtieron en entrecortadas, y dejaron de ser regulares. Se estaba despertando.
Renee observó como la oscura cabeza que descansaba sobre ella se agitaba lentamente y advirtió el pausado y traspuesto despertar de los músculos de la morena. Descendió el rostro y beso con cariño la coronilla de Lucy. Un satisfecho gruñidito fue la respuesta, junto con un adormilado estiramiento. Renee disfrutó de la sensación de los músculos de Lucy desperezándose contra ella.
"Buenos días, preciosa" susurró jugando con los mechones marrones entre sus dedos.
"Muy buenas" corroboró Lucy, alzando el rostro y mirándola. Los ojos azules entre cerrados sonrieron a Renee con una felicidad desbordante. Recuperó su lugar sobre el cuerpo de la rubia, enterrando la cabeza en su cuello "Y tan buenas…" insistió con voz casi infantil, contra la sensible piel de Renee. Escuchó sus tenues carcajadas y depositó un delicado beso sobre su clavícula.
Respiraron hondo al unísono, acercándose aun más y de manera inconsciente. Los brazos de Renee cercaron con firmeza el cuerpo de Lucy y la morena se amoldó a cada curva de su pareja, acariciando suavemente su tórax, a la altura de su corazón.
"Así que esto es lo que me perdí aquella mañana…" susurró Lucy disfrutando del más ínfimo detalle de aquel despertar "Que cruel fuiste…" gruñó logrando unas dormidas carcajadas de Renee
"¿A que me vuelvo a marchar…?" amenazó bromista moviendo su cuerpo apenas un centímetro como advertencia.
"No, no, no… Tú aquí" respondió Lucy con tierna simpleza, colocando todo su peso estratégicamente sobre Renee "Ya te he tenido lejos… y es una tortura" murmuró abandonando su tentador escondrijo y cruzando su mirada con la de Renee.
"Sabia reflexión…" musitó acariciando los sonrientes labios de Lucy. Descendió hasta que su boca tomó el relevo de sus dedos, y sus labios procedieron a darse dulcemente los buenos días. Roces suaves y lentos, cargados de amor y tranquilidad. Se reconocieron en el más minucioso de los besos, sonriéndose entre acercamiento y acercamiento, sin cerrar los ojos. Lucy decidió que aquel tenía que ser el despertar perfecto y no las raquíticas mañanas que había vivido durante todos los años en los que Renee supuso una utopía. Lo que estaba claro era que ya no había marcha atrás posible, renegar de tanta felicidad tras haberla tenido, no sería jamás una posibilidad,
Serpenteó por el cuerpo de Renee, intensificando el beso y rodeando la rubia cabecita con su antebrazo. Se apoyó en él, colocándose sobre Renee sin aplastarla y con su pelo oscuro cayendo a modo de cascada. Depositó suaves besos por la frente, las mejillas y la punta de la nariz de Renee, antes de sonreírla embobada "Te amo…" siseó contra sus labios sin apartar un segundo su mirada. El verde de Renee brilló irradiando alegría, aunque intentase contener la emoción de la que era presa:
"Es agradable descubrir que no has cambiado de opinión desde ayer" bromeó observando como el gesto de Lucy se tornaba vergonzoso. Sonrió con un punto de picardía antes de añadir "Yo también te amo, grandullona"
Lucy respiró hondo y aunque su gesto atontado dio fe de lo conmocionada que se encontraba, aun se permitió devolverle la broma "¿Y como que desde ayer? ¡Desde hace dos o tres horas, que es lo que me has dejado dormir!" exclamó fingiendo indignación.
"¿Yo?" cuestionó Renee entre risas, intentando esa pose seria que Lucy mantenía, pero sin lograrlo "Creo recordar que aquí había dos personas…" murmuró ante los gestos de disimulo de Lucy "…y que no era yo la única que besaba, acariciaba y no se estaba quieta" ronroneó con un tono mucho más grave e intencionado.
"No se a que te refieres…" continuó de guasa Lucy, aunque dejando de lado su pose caradura a favor de una actitud mucho más cálida, mas acorde con la de Renee.
"Yo creo que si…" susurró con dulzura "¿Empate?" propuso acariciando su barbilla y conduciéndola hacia ella
"Empate…" repitió Lucy encandilada, dejándose guiar suavemente. Rozaron la punta de sus narices, respirando suavemente una contra la otra, sonriéndo y deleitándose con una tranquila pasión, encaminada seguramente a un nuevo "empate".
Una tos.
Primero suave, cercana a un estornudo. La segunda vino acompañada de tres más y sonaron demasiado similares a un motor de coche congestionado. Lucy entrecerró los ojos suspicaz "Esa es mi hija, ¿verdad?" murmuró con media sonrisa rendida "¿Lo echamos a suertes?" preguntó convencida.
"Estoy teniendo un enorme deja vú" resolló Renee desternillada.
"Cierto…" rió Lucy, recordando el mismo diálogo en una situación casi idéntica, tantos años atrás que parecía otra vida "Bueno, entonces ¿a suertes o no?" insistió bromeando como una niña pequeña "Bah, da igual cuantos años pasen o que niño nos interrumpa cada vez; siempre me va a tocar a mi, ¿eh?" refunfuño quejica.
"Sip" respondió Renee, conteniendo la risa
"Que injusticia…"
"Luce, ¿quieres acercarte a verla, ya?" la regañó Renee intentando guardar algo de autoridad en lugar de reírse.
"Vale, vale…" cedió moviéndose y apartando las sábanas de cu cuerpo. La clara fuga de los ojos de Renee, repasando su desnuda anatomía no resultó ajena a Lucy. Aunque el oscurecido verde intentó regresar sutilmente hasta su rostro, la morena ya había captado y saboreado la descarada mirada. Sonrió felina y arremetió contra la boca de Renee, sorprendiéndola con el asalto y recreándose en un beso armado con cruda pasión.
Renee tardó un par de jadeos en reaccionar y comprender qué estaba ocurriendo. Pero cuando trató de devolverle el ataque, Lucy lo dio por terminado. Gimió descontenta, cerrando sus labios bañados en la saliva de Lucy y abriendo sus ojos "O... o quédate" se retractó con voz entrecortada, acariciando los antebrazos de Lucy, que reía con ganas.
"No tardo nada, pequeña" murmuró acariciando su rostro con cariño, depositando un suave beso en su frente y saliendo de la cama. Se vistió sin mucho cuidado con una camiseta de tirantes y unos pantalones grises y anchos, dirigiéndose hacia la entrada.
"Voy a empezar a detestar la ropa..." farfulló Renee haciéndola volver a reír. Se giró en el marco de la puerta mirado a su amante.
La visión inundó su pecho con una dulzura fuera de toda lógica. Permanecía tumbada en la cama, con los rubios y despeinados mechones enmarcando su precioso rostro, apoyado en la almohada. Las sábanas delineaban sus curvas ciñéndose y revelando con detalle sus increíbles piernas, sus caderas ladeadas y su pecho subiendo y bajando con un encantador ritmo, y ella respiró al unísono de forma involuntaria, casi necesitada.
"Y yo, cariño; y yo" susurró acongojada, con la molesta sensación de que probablemente cuando volviera a verla, no continuaría recién despertada y bostezando tiernamente entre sus sábanas.
Renee aprovechó todo el ancho de la cama, estirando cada parte de su entumecido cuerpo, sonriendo ante los recuerdos que iban reviviéndose en su mente... Sus uñas deslizándose por los omóplatos de Lucy, dejando su marca en rojo y arañando suavemente hasta su nuca… la forma de entrelazar sus manos colocándolas sobre su cabeza y permitiendo únicamente que sus cuerpos se rozaran y estremecieran entre ellos…el travieso mordisco que Lucy había propinado en su hombro en pleno orgasmo… Hmmmm.… definitivamente había sido una noche de ensueño… una merecida noche. Pero no dejaba de sorprenderla como entre tanta pasión descargada, cientos de gestos y caricias llenas de amor y hambre, y placenteros e infinitos recorridos, su corazón latía con más fuerza cuando se trataba de recordar algo tan simple como haber dormir juntas otra vez. Sus cuerpos se habían enredado en el más perfecto de los rompecabezas. No recordaba lo maravilloso que podía resultar encontrase en un lugar tan inigualable como el abrazo de quien amaba y simplemente descansar notando al mismo tiempo felicidad, protección, cariño y paz, a partes iguales.
Incluso el despertar había resultado indescriptible. No era su casa, pero del modo en que había transcurrido la mañana, era como se sentía. En su hogar y sin ningún tipo de remordimientos o penas. Donde quería estar. Y lo mejor de todo, también era donde Lucy quería que estuviera. ¿Qué más podía pedir? Tenerla de nuevo abrazada a ella, suspiró atolondrada. Pero era hora de ponerse en pie.
No se había olvidado de la maravillosa razón que las había conducido hasta ese perfecto instante. Seguían teniendo a una adolescente listilla convertida en un saco de virus y toses. Conocía el refrán de que nunca hay mal que por bien no venga, pero jamás había imaginado que la fiebre de Daisy originaría tal motivo de celebración. Aquella maldita niña, se sonrió a si misma, descubriendo las ganas que tenía de darle los buenos días y comprobar como se encontraba.
Abandonó la tentadora cama, enfrentándose a la incertidumbre sobre con que vestirse. Parecía una cuestión banal, pero la ropa de la tarde anterior no suponía una idea muy lógica ni practica, aunque tampoco tenia un pijama o camisón al que hubiera recurrido esa noche y empezaba a imaginar que salir con una sabana enroscada a su cuerpo quizás no era una buena ni sutil idea. Recuperó su ropa interior mientras actuaba como una fisgona dentro del armario de Lucy. Se hizo con un suave y utilizado chándal, sintiéndose más cómoda que con la más suave de las sedas. Posiblemente el olor de su amante rezumando por toda la prenda tenía algo que ver.
Dejó la habitación cerrando tras de si la puerta y escondiendo el revuelto cuarto que había sido testigo de toda aquella noche. Caminó observando como sus manos se perdían tras los puños de la enorme sudadera, mientras alcanzaba el dormitorio de Daisy. La puerta permanecía entre abierta y podía ver desde lejos a la convaleciente echada cómodamente en la cama con Lucy junto a ella. Golpeó suavemente en la madera de la puerta, asomándose lentamente y con una simpática sonrisa:
"Buenos días, chicas…" musitó descubriendo que no sabía bien cual debía ser su comportamiento con Lucy. Se golpeó mentalmente la frente por no haberse parado a pensar antes en el modo de actuar durante aquella mañana. Sin embargo eso no parecía inconveniente para la morena. Lucía tal sonrisa, que impedía imaginar un solo problema a su alrededor en kilómetros a la redonda.
"Hola…" siseó esta tendiéndole su mano, y tirando de ella cuando se la dio, para acercarla a la cama. El gesto resultó mucho más amistoso que romántico, funcionando como el perfecto medicamento contra los temores de Renee. La actriz rubia se arrimó a la cama, escuchando la suave vocecita de Daisy
"¡Renny! Hola..." Aunque su voz continuaba sonando gangosa, tenía mucho mejor aspecto y parecía más consciente.
"¿Qué tal, Dai? ¿Cómo te encuentras?"
"Muy bien…" resumió esta con tranquilidad, restándole importancia.
"Ya no hay rastro de la fiebre..." respaldó su madre, sacudiendo levemente el termómetro que acababan de usar "…pero aun necesita un poco de reposo, ¿verdad?" objetó, haciendo una sentencia algo más cauta que la de la joven.
"Pues eso... Muy bien" se reafirmó Daisy con un tono ganso que hizo reír a Renee y robó media sonrisa de soslayo a su madre "Es genial ver que sigues aquí" añadió de sopetón y con alegría, tras escuchar las carcajadas de la actriz.
"Me alegro de que te guste…" añadió encantada Renee, frotando con afecto el brazo de Daisy que se escapaba por encima de las sábanas.
"¿Puedo imaginar entonces que desde ahora vendrás mas a menudo?" preguntó con la más inocente de las miradas. Renee se concentró en mantener a raya su sonrojo e intentar no dar dobles significados a aquellas palabras.
"Claro que si, cariño. Siempre que no sea inconveniente y este la habitación de invitados libre, me tendréis por aquí" resolvió con una dulce sonrisa. No ayudaba nada intuir a su pareja junto a ella conteniendo la risa ante su educado y amistoso comentario, pero mantuvo la careta, mientras le arreaba un malévolo pisotón fuera de la vista de Daisy. Ante el respingo de Lucy, ambas mujeres cruzaron sus miradas y se dedicaron la mas minúscula y pícara de las sonrisas.
Daisy frunció el ceño confundida, antes de contestar: "¿La habitación de invitados? ¿Para que?" preguntó con tono de despiste. Renee contuvo la respiración y Lucy muda entreabrió los labios a la espera de alguna idea sobre que decir, pero de nuevo su hija tomó la palabra "¡Oh! ¿Es que también vendrán Iris y Sura contigo?"
"¡DAISY!" exclamaron ambas mujeres al unísono.
Silencio sepulcral.
Solo las disimuladas carcajadas de Daisy lo rompían, hasta que Lucy encontró algo que decir...
"Hmmm... Sitio hay, ¿te apetecería?" La actriz miró atónita a Lucy. Su pareja le estaba sonriendo con timidez y desparpajo al mismo tiempo, con el rostro ladeado y una ceja alzada, esperando su respuesta.
Renee lo meditó apenas dos segundos y sonrió de oreja a oreja.
FIN
