Largo, largo este capi. Espero que os guste.

Mil gracias por los comentarios y el apoyo.

Agosto

Parte 2. Una semana

Un leve golpe en su costado la despertó. Abrió los ojos y se giró sonriente. Emma la miraba con la cabeza apoyada sobre la mano.

-¿Qué haces?- preguntó a la vez que bostezaba.

-Mirarte- respondió la joven mientras le colocaba un mechón de pelo detrás de la oreja.-No sé si te lo he dicho alguna vez pero eres preciosa, cosi.

-¿Preciosa?-soltó una carcajada- Estoy sin pintar y la edad no perdona, puedo estar de mil maneras ahora mismo, pero no preciosa.

-A mí me lo pareces. – la rubia le rozó ligeramente la cicatriz del labio.

-¿Por qué tienes fijación por esa marca que tanto odio?

-Porque me parece tan endemoniadamente sexy que me podría pasar contemplándola horas y horas- Sonrió sin poder evitarlo. Más que por los comentarios, porque Emma parecía estar de mejor humor que la noche anterior. Aunque claro, es que ella había hecho méritos para contribuir al enfado nocturno, porque tenía que reconocer que lo de quitarse el vestido delante de todas había estado fuera de lugar. Ya no habría más alcohol para ella. No, porque se le acababa yendo la cabeza y no quería estropear lo que quedaba de viaje.

-¿Has dormido bien?- A ella le costó trabajo dormirse porque se había quedado pensando en lo idiota que podía llegar a ser a veces. Y también estaba sorprendida consigo misma, porque ella nunca se disculpaba, nunca jamás, y con Emma lo había hecho.

-Eres muy cómoda como almohada, así que sí.

-¡Qué tonta eres!- hizo ademán de levantarse pero la rubia la mantuvo quieta en su sitio. Después le dio un apasionado beso en los labios.

-Anoche te dije cosas muy feas…-dijo la chica apoyando la frente en la suya.

-Llevabas razón, así que no te preocupes. Por cierto…-se acordó de algo- tengo un regalo para ti.- Hizo a Emma a un lado y se bajó de la cama. Buscó en su maleta y sacó un pequeño paquete de color rojo. Luego volvió al lecho y se sentó frente a la rubia que no quitaba ojo de su escueto camisón-Deja de mirar así, Swan.

-Es que creo que elegí muy bien.-negó ante el comentario, aunque se sentía muy halagada.-Deberías contratarme como tu personal sexshopper.

-Toma- le entregó el regalo riéndose. La chica rompió el envoltorio y sacó el contenido. Sonrió al ver los dos abalorios para la pulsera con forma de perrito. Sonrió aún más al descubrir la inscripción que había en ellos "Henry".

-¡Ay, cosi! ¡Me encantan!- exclamó mientras tomaba su muñeca y le ponía uno en la pulsera. Después hizo lo propio con el suyo.-Son preciosos, así tendremos a nuestro chiquitín siempre con nosotras.

-Lo dices de una manera que cualquiera diría que tenemos un hijo- comentó con sorna.

-Claro que sí, Henry es nuestro niño.- dijo la rubia sin dejar de mirar el objeto-¿Has hablado con Archie para ver cómo está?

-Sabes que no, pero como ya conocía a Pongo no habrá problema. Se porta bien.- No quería admitirlo pero echaba terriblemente de menos a su cachorrito. Se había acostumbrado tanto a él en tan poco tiempo, que cualquier diría que lo tenía desde hacía menos de dos meses.

-Eres un peluchito, cosi- No le dio tiempo a reaccionar cuando Emma se le tiró encima y la abrazó fuertemente. Luego la besó. Como siempre ocurría últimamente, lo que empezaba como un contacto suave e inocente se acababa tornando en algo que sobrepasaba con creces los límites de la lujuria.

-Emma…-detuvo la efusividad de la chica que ya iba bajando los labios por su cuello- odio tenerte que parar siempre, pero tenemos que arreglarnos para bajar.

-¡Qué le den al festival!- dijo la rubia mientras comenzaba a sumergirse en el valle de sus pechos, lo que le hizo gemir.

-Venga- la apartó haciendo acopio de todas sus fuerzas. Claro que por ella también diría que se fuese a la mierda el dichoso festival, pero habían ido a eso y con otras dos personas. Así que no podían quedarse ahí todo el día.-Además, creo que estás un poco desatada.

-¿Desatada?- la chica frunció el ceño- Regina, nos conocemos desde hace meses y siempre me has dejado claro que la pelota estaba en mi tejado para todo. Y sí, me ha costado decidirme pero ahora sé que quiero estar contigo a nivel físico. Porque siento que emocionalmente ya hace demasiado que estamos unidas. Así que no tengo claro de si me detienes por mis posibles inseguridades o por las tuyas…

Se sorprendió por el momento de lucidez de Emma. Llevaba razón, probablemente estaba evitando el contacto "a fondo" porque temía el "después". ¿Y si Emma decidía que no le gustaba estar con una mujer? ¿y si ella era sólo un experimento? Porque por amar…si pensaba en el amor, quería a la chica tanto que dolía. Estaba tan enamorada de la rubia que a veces creía que la situación se le escapaba de las manos, como la noche anterior. Quería ser su perfección, su mundo y su todo, y adaptarse a ella de tal manera que los 24 años no se percibiesen.

-¿Te he dicho ya que te quiero?- Fue lo único que supo contestar.

-Mil veces todos los días- se levantó para dirigirse al armario mientras Emma seguía en la cama mirándola muy sonriente.

-Voy a ducharme y a arreglarme que yo tardo más que tú.

-Pues por ahorrar tiempo podemos hacerlo juntas- la rubia le guiñó un ojo.

-Tendrás que esperar para eso, querida.

[…]

Cambiar los tacones por las cuñas había sido la mejor decisión que había tomado esa mañana. Porque ahora ya tenía claro en lo que consistía el festival; cientos de mujeres semidesnudas se contoneaban, mientras alguien ponía una música horrible en una mesa de mezclas. Todo ello aderezado con multitud de bebidas alcohólicas. Se había metido en una auténtica locura y se sentía fuera de lugar.

Sus chicas iban vestidas con mini pantalones vaqueros y bikinis. Al ver a Emma con la minúscula prenda de baño se le había secado la boca. Estaba tan sexy, pero tan, tan sexy… hasta que se habían encontrado con Belle y se había dado cuenta de que las dos jóvenes llevaban el mismo bikini. El sex appeal se había evaporado completamente.

Ella, en cambio, llevaba pantalón largo de color blanco y camisa estampada. Se negaba a vestirse como si tuviese 20 años, más que nada porque ya había decidido que no más cosas extrañas. No se iba a comportar de una manera distinta a su forma de ser, porque luego acababa estropeando todo

-Mira, Emms…- dijo Belle cogiendo del brazo a su amiga- la chica de rojo es la dueña de la página tan famosa que nos añadió como favoritas.

-¿Sí?-Emma se puso descaradamente a observar a la mujer que la castaña había señalado.- Seguro que nos conoce…

-Ya, pero hemos quedado en que no hablaremos con nadie.- contestó Belle.

No le hacía gracia que se diesen a conocer, no después de lo que había pasado con "Cisne Bello", pero ella no les iba a impedir que lo hiciesen, así que no hizo comentarios al respecto.

Se seguía sorprendiendo al ver el ritmo al que ingerían las jóvenes cualquier bebida alcohólica que cayese en sus manos. No sabía cómo lo hacían pero no tenían nunca el vaso vacío, mientras ella sólo tomaba agua con gas. Pero, bueno, estaban graciosas. Bailaban y decían algunas tonterías así que, de momento, el festival no estaba resultando tan malo. Lo que sí, es que seguía sintiéndose apartada porque no se comportaba como ellas.

-¡Limbo!- dijeron por megafonía- Vamos chicas, nuestras organizadoras se están preparando y la que gane se llevará un bono de 10 copas gratis. Iremos pasando un micrófono para que animéis.

-Si me presento gano- Cómo no, si una cosa tenía Emma era ser la persona más engreída del universo para depende qué cosas.

-Tía, son diez copas ¡vamos!- dijo Belle. No tuvo tiempo de pedirle que no lo hiciese cuando se vio arrastrada por las chicas hasta el borde de un círculo. En el centro, dos mujeres con camisetas fucsias sujetaban un palo.

Emma se colocó en el centro del corro junto a unas 10 jóvenes más. Ella de cruzó de brazos y se puso a mirar el espectáculo con cara de pocos amigos. Creía que el juego era una mera excusa para hacer que algunas exhibiesen sus cuerpos. Pero con su nueva determinación, la de no ser una aguafiestas, se callaría su opinión y simplemente sonreiría falsamente en contestación a las miradas de la rubia.

Las rondas fueron pasando y Emma quedó entre las tres finalistas. Elasticidad tenía, para qué negarlo. Pero no le gustaba que la rubia fuese el centro de las miradas lascivas de todas las allí presentes.

Cuando el micrófono cayó en sus manos, lo pasó como si quemase. Porque desde luego no se le ocurría nada bueno. Belle fue la que recogió el objeto y comenzó a gritar por él como una posesa.

-Todas con Emma. –la castaña fue empujada por unas desconocidas hasta el centro del círculo. Aunque al principio pareció reticente, acabó paseándose con el micrófono en mano como una auténtica diva- Venga, todas conmigo. Esa rubia como mola se merece una olaaaaaaaa.- Y eso que Belle en ocasiones parecía tímida.-Emmaaaaaaaaaaaaaaaa, Emmaaaaaaaaaaa, Emmaaaaaaa…No animáis nada.

Mulán a su lado comenzó a corear, al igual que la mayoría de las asistentes al espectáculo que, sinceramente, a ella le parecía ridículo.

-Yo a la rubia esa, le enseñaría un punto perfecto al que podría bajar…- El comentario vino de un lugar a su espalda. Se giró furibunda para ver quién era la que había dicho semejante grosería. Provenía de la conversación de dos treintañeras de looks estrambóticos que miraban con ojos de depredador a "su" Emma.

Respiró hondo cuando sus ojos se cruzaron con los de una de ellas. De buena gana le borraría la sonrisa estúpida de la cara. Pero se volvió sólo dejando a su paso el peor gesto de asco de su repertorio.

Volvió a centrarse en Emma, al parecer sólo le quedaba no rozar el palo una última vez y ganaría.

-Agacha, agacha, agacha, agachaaaa….-chillaba Belle por el micrófono como una posesa. Se quedó con los ojos como platos al ver cómo la rubia era capaz de doblarse casi como si estuviese en Matrix.

Inmediatamente después de que Emma se pusiese en posición vertical, Belle soltó el micrófono y se lanzó a los brazos de su amiga. Se encaramó a ella rodeándole la cintura con las piernas mientras con un brazo se agarraba a su hombro.

-Swan French, Swan French- decía la castaña mientras Emma daba saltitos con ella encima.

Mulán que estaba a su lado también fue hacia el dúo y las abrazó.

En fin…Salió del círculo, porque no le apetecía en absoluto ver cómo le entregaban el premio a la rubia. Más que nada porque seguro que la encargada de ello se dedicaría a manosear a la chica y no, no le apetecía. Se estaba sorprendiendo a sí misma de su capacidad de aguante. Porque el juego no le había hecho ni pizca de gracia, pero estaba intentando ser comprensiva por el lugar en el que estaban. Emma sólo estaba comportándose de una manera acorde con su edad, no había hecho nada extraño y por eso no tenía nada que reprocharle. Aunque le molestase soberanamente que la miraran como un caramelito, pero bueno, es que lo era.

Se dirigió hacia la zona del bar, allí encontró una mesa con un par de sillones libres. Tomó asiento en uno y decidió pedirse una copa. Se merecía un gin tonic por todo lo que tenía alrededor y estaba aceptando sin rechistar. El festival apestaba a promiscuidad y eso era lo más le repelía en la vida.

-¿Qué te pasa, cosi?- No le dio tiempo a contestar cuando se encontró a Emma sentada en su regazo con un brazo sobre sus hombros. Ella le rodeó la cintura.

-Creo que todo este alboroto me satura. ¿Estás contenta con tu premio?

-Mucho- sonrió en respuesta a la cara de bobalicona de la rubia.

-Estoy molida- dijo Belle a la vez que se tiraba en el asiento libre.-¿Te pasa algo, Regi?

-No- respondió.

-Es que es una pequeña "cosi"- Emma le besó un lado de la frente y ella se apoyó en sus labios para prolongar el gesto, a la vez que pasaba la mano por el torneado muslo de la chica.

-Emma, no deberías beber tanto...te va a sentar mal.- Miró los ojos claros que claramente denotaban un alto grado de alcohol.

-Estoy bien. ¡Belle!- se sobresaltó ante el grito de la rubia. Se giró para ver que pasaba y es que la castaña estaba devorando su vaso de un trago- Cómo te pasas, tía.

-Creo que necesito otra…- la joven se levantó y le pareció por unos instantes que posaba la vista sobre la mano que tenía sobre el muslo de Emma, así que la quitó. Menos mal que Belle no se percataba de la situación real, porque no sabría cómo deberían explicarle lo que estaba sucediendo. Aunque sí habían acordado que si en algún momento llegaban a definirse, Belle sería la primera en saberlo. Pero aún no habían llegado a ese punto.

[….]

Emma salió del baño impecablemente vestida con un ajustado mini vestido blanco y unas sandalias plateadas. Ella seguía con el albornoz puesto y el pelo mojado. La rubia era mucho más rápida a la hora de arreglarse.

Habían cenado algo antes de subir a cambiarse de ropa, porque la fiesta de por la noche era en el interior del hotel y querían estar más presentables. Por suerte a Emma se le había pasado un poco el estado de embriaguez que había llegado a acumular durante el día.

-¿Te queda mucho?- le preguntó la chica mientras metía objetos en su bolso.

-Un poco…-Bueno, en realidad, le faltaba un mucho.

-Pues me voy a la habitación de Belle para que me maquille.

-Puedo hacerlo yo si quieres.-Le resultaba ligeramente excitante maquillar a Emma.-Tengo experiencia de sobra.

-No hace falta, Bellusqui ya me tiene pillado el truco. Te espero allí ¿vale?-Asintió decepcionada-¡Ah!¿Puedo llevarme tu cámara?

-Claro-sacó del armario el objeto que la chica le había regalado hacía meses. La rubia le guiñó el ojo antes de salir por la puerta.

No sabía si era el ambiente festivo u otra cosa, pero se había sentido completamente ajena a Emma durante la mayor parte del día. Quizás porque aquello a ella no le gustaba y la rubia parecía sentirse como pez en el agua entre mujeres que la miraban de arriba abajo. Pero no tenía nada que reprocharle porque no había flirteado con nadie y simplemente se había dedicado a divertirse con Mulán y Belle. Bueno…intentaría acoplarse mejor a ellas sin montar espectáculos como el de la noche anterior, se lo iba a pasar bien en la fiesta con Emma y sus amigas, siendo simplemente Regina. Porque no quería volver a estropear la oportunidad de…

Se maquilló de forma cuasi profesional, resaltando los labios los cuales sabía que eran su mejor atributo y que a Emma le encantaban. Se puso un vestido negro ceñido, el cual llevaba flecos pequeños en algunos lugares estratégico y dejaba parte de la espalda al aire, y unos tacones granates de varios centímetros. Quizás eran demasiado altos, pero no importaba porque cuando comprobó el resultado final en el espejo, vio que le sentaban de muerte.

Recogió su pequeña cartera de mano y se encaminó hacia la habitación donde las chicas la esperaban. Se detuvo unos instantes al ver, según se aproximaba, que Emma y Belle estaban en la puerta del cuarto hablando con dos desconocidas. Al acercarse más, se dio cuenta de que una de las extrañas era la dueña del blog famoso. Aquella con la que habían jurado y perjurado que no hablarían.

No le gustaba que se expusiesen de esa manera, pero bueno, se suponía que eran dos mujeres adultas y que no era necesario que ella velase por su seguridad constantemente. Así que tragó saliva, puso su mejor sonrisa y cerró la distancia hacia el reducido grupo.

-Hola- dijo. Belle la miró unos instantes y luego se volvió a centrar en la conversación que mantenían. Aquella en la que la rubia y la castaña le explicaban a las desconocidas, con todo lujo de detalles, los entresijos de ser dueñas de "Cisne Bello".

Permaneció unos minutos escuchando la conversación, mientras se sentía total y absolutamente ignorada. Así que cuando se cansó se volvió. Esperaría en la habitación a que fuesen a buscarla, mientras respiraba hondo e intentaba suavizar la mala leche que se le estaba poniendo.


-Oye,- le dijo a Emma cuando pasaron de nuevo al cuarto-¿no estaba fuera Regina?- la rubia asomo la cabeza por la puerta.

-No- contestó su amiga sentándose sobre la cama – tarda mil años a arreglarse.

-Pero que ha venido, llevaba un vestido negro. ¿Dónde estará?-Se sirvió otra copa, la cual consistía en ron a palo seco porque se les había acabado el refresco. Estaba bebiendo más que en toda su vida. Tanto que por unos segundos, esa mañana, se le había pasado por la cabeza que entre Emma y Regina había algún rollo extraño. Y todo porque la morena le había tocado la pierna a la rubia de una manera un poco rara. Y eso no podía ser. Vale que Emma estuviese medio obsesionada con Regina, porque la mujer era completamente fascinante, pero otra cosa distinta es que Regina pudiese tener ciertos sentimientos hacia Emma. Eso era inconcebible, porque su amiga era una cría y la morena era una mujer madura de ideas claras que ni en broma pensaría en tener algo más con alguien tan joven. Se había sentido perversa por haber pensado algo así de Regina.

-Se habrá bajado.- Emma se bebió su enésimo vaso de un trago-¡Vamos a buscarla!

Tanto Mulán como ella, estuvieron de acuerdo con la rubia. Antes de salir miró su móvil por última vez. No se lo iba a bajar porque un número oculto la llamaba constantemente. Estaba segura de que era Ruby saliendo del mutismo en el que se había sumergido desde la discusión que tuvo con Regina.

Cuando entraron a la fiesta, aquello estaba a reventar. Era casi imposible que pudiesen encontrar allí a la morena. Las chicas con las que habían estado antes, vinieron a saludarlas en cuanto las vieron.

-¿Queréis venir con nosotras?- señalaron una zona que parecía un reservado VIP. Fue a declinar la oferta cuando Emma se le adelantó al hablar.

-Claro. ¡Vamos chicas!- se soltó del agarre de su amiga que tiraba de ella.

-Pero ¿y Regina?- se quedó quieta en su sitio mientras las chicas se alejaban entre la multitud. ¡Joder! Tenía que buscar a la mujer, no podían simplemente quedarse ahí sin ella.

Se dio la vuelta y salió.

Tras buscar a Regina por todo el interior del hotel, decidió salir fuera por si estaba en la zona de la piscina. Se paseó por el bar exterior y nada, ¿dónde leches se habría metido?

Al pasar de nuevo por la zona de recepción, casi se da de frente con la Mills.

-¿Dónde estabas?- le preguntó dulcemente al percatarse del gesto poco amigable que traía.

-En la habitación, pero al parecer os habéis olvidado de mí.

-Creíamos que te habías bajado…

-Ya ves que no.¿Y Emma? - ¡Dios! Es que se acojonaba tanto cuando usaba ese tono de voz hiela sangres.

-Dentro de la fiesta.

-Pues vamos- Regina andaba con pasos largos y firmes, unos que denotaban claramente su estado de humor. El cual no era bueno. La siguió, sin decir una palabra. Cuando estaba así era mejor dejarla.

Buscó a Emma y Mulán, y las vio en uno de los reservados. La rubia estaba hablando con tres chicas mientras sonreía ampliamente, a la vez que sujetaba una copa, de lo que parecía champán, en una mano.

-¿Qué hace ahí?- le preguntó la morena haciéndose oír entre la música.

-Nos han invitado las del blog, con las que estábamos hablando.

-Ya, con esas con las que no ibais a relacionaros ¿no?- el comentario vino seguido de una mirada asesina.

Saltó para ver si conseguía llamar la atención de su amiga. Cuando ésta las vio, hizo gestos para que se acercasen.

-¿Vamos?- le preguntó a la Mills, que contemplaba con auténtica cara de asco a la rubia.

-Ve tú, yo me quedo.

-No te voy a dejar sola.- Por mucho que le apeteciese divertirse no iba a dejar a Regina sola de ninguna de las maneras. Más que nada porque Emma tampoco le había hecho excesivo caso durante el día y creía que la mujer se estaba sintiendo un poco excluida. Ella no iba a contribuir a ese sentimiento.

Se quedaron mirando largo rato como Emma bailaba, reía y charlaba animadamente con las jóvenes del reservado. Ella de vez en cuando también miraba a Regina, que parecía expulsar hiel por los poros. No sabía si habían discutido o algo y por eso esa actitud…

-Morena, ¿te puedo invitar a una copa?- se giró al escuchar esas palabras y se encontró con una mujer que debía tener unos treinta años, de pelo corto y gafas, la cual bailaba de una manera que intentaba parecer insinuante frente a Regina.

-Piérdete- se rió por la respuesta de la Mills. Pero cuando se quiso dar cuenta, ésta se marchaba del lugar con paso raudo.

-¿Dónde vas?- preguntó una vez que la alcanzó. ¿Cómo demonios podía caminar así de rápido con unos tacones de mínimo 15 cm?

-A tomar el aire.- Y tras esto, Regina fue vista y no vista. La morena cayó estrepitosamente al suelo, quedándose de rodillas sobre las baldosas. No pudo evitarlo y se le escapó una carcajada, la cuál se apagó inmediatamente cuando los ojos oscuros se encontraron con los suyos.

-¿Te ayudo?- preguntó mordiéndose los carrillos por dentro para evitar que saliese de nuevo la risa.

-Déjame- Observó como la morena se ponía de pie a duras penas y comenzaba a dar pasos a la vez que cojeaba.

-¿Te has hecho daño?

-¿Tú que crees? Me acabo de joder el tobillo pero no, estoy estupendamente.- Decidió que lo más sensato en esa situación era permanecer en silencio. Siguió a Regina hasta el ascensor.

-¿Vas a cambiarte de zapatos?- preguntó extrañada al ver que la morena le daba al botón.

-Me voy a dormir.- la mujer subió al montacargas, ella la imitó.

-¿Por qué?- Regina se apoyó contra la pared y se quitó el calzado.

-Porque no me apetece en absoluto estar abajo.- Se sintió mal, desde luego en cierta manera la entendía. Se sentía ignorada y encima se había caído.

-Vale, pues me quedo contigo.

-No, Belle. Vuelve y diviértete- notó que el tono de la mujer se había suavizado. Cuando llegaron a la puerta de la habitación de esta, fue a pasar pero Regina se interpuso en su camino.

-Por favor, Regi. No quiero dejarte sola- puso su mejor gesto de cachorrito por si surtía efecto.

-No.

-Muy bien, pues me siento aquí – señaló el suelo del pasillo- y me pasaré toda la noche dándote pena. Verás como me dejarás pasar en algún momento.

-Bellusqui- Regina sonrió- te agradezco que no me quieras dejar sola, pero prefiero que vayas a la fiesta por una razón…

-¿Cuál?

-Belle, por favor, vuelve y cuida de Emma que creo que ha bebido demasiado. Cuídale ¿vale?- No se pudo negar a la petición. Así que asintió, aún sintiéndose mal por dejarla ahí. Regina le dio un breve abrazo y cerró la puerta.

Tenía ganas de llorar. No sabía porqué, pero creía que ella en cierta manera había contribuido a hacer que Regina se sintiese de tal manera que se quisiese ir a dormir. Porque lo del tobillo sólo había sido la gota que había colmado el vaso. Obviamente a la morena le había molestado lo de que hablasen con las del blog, ya que habían dicho que no lo harían, y la actitud de Emma que ni siquiera había ido a buscarla.

Otra vez en la fiesta, consiguió hacerse paso hasta el reservado donde estaba Emma.

-¿Y Regina?- le preguntó su amiga. Los remordimientos de que tenía que haberse quedado con la mujer la estaban atormentando. Así que cogió una copa que le ofreció la rubia y se la bebió de un trago. Si tenía que cuidar de Emma, al menos intentaría animarse para no pensar en la pobre "cosi".

-Se ha torcido un tobillo y se ha subido.

-Vale.

Trago tras trago, la noche se le fue volviendo más difusa. Cuando se quiso dar cuenta, habían cambiado de reservado y estaban hablando con otras chicas diferentes. Mulán tenía la cámara de Regina y se dedicaba a inmortalizar cada instante.

No entendía porqué habían dicho al principio que no hablarían con nadie, si eran todas muy majas y simpáticas. Se hicieron millones de fotos de grupo en todas las posiciones posibles y bailaron hasta que les dolieron los pies.

Cuando dieron las 4 a.m, decidieron que ya era hora de subirse. Fueron dando saltitos como Heidi por el pasillo. Emma las acompañó a su habitación porque se iban a tomar la última.

-Tías- la rubia se tiró sobre la cama- ¡qué noche! Me da vueltas todo.

-Deberíamos ver las fotos, porque pueden ser mortales- se puso a buscar con la vista la cámara.- Emma, ¿dónde está?

-¿El qué?-preguntó su amiga.

-La cámara de Regina- la rubia se levantó de golpe y se tambaleó.

-Mulán la tenía.

-¿Qué pasa conmigo?- dijo la asiática saliendo del baño.

-La cámara, la tenías tú ¿dónde está?- ¡joder! Se pusieron las tres a rebuscar por el cuarto pero el objeto no aparecía.

-Tía, tía…-Emma comenzó a decir- me mata, Regina me mata…y eso que se la regalé yo, pero como la hayamos perdido me corta la cabeza.

-Creo que nos la hemos dejado abajo- fue lo último que escuchó de Mulán antes de que ésta saliese corriendo por la puerta. Ellas la siguieron, pero bajaron en el ascensor porque no estaban para los escalones. Podrían acabar rodando.

Una vez en el piso inferior, Mulán se acercó a ellas con la cámara en la mano.

-Joder, tía, menos mal- dijo Emma con una mano en el pecho- ya nos veía buscando un centro comercial de guardia para ir a por otra. Qué susto.

La asiática fotografió su devastación. Es que si no llega a aparecer…mejor no pensarlo.

-¿Sabéis que tenéis un montón de química?

-¿Cómo?- Emma entornó los ojos ante la pregunta de Mulán.

-Sí…me jode admitirlo, pero haríais una pareja perfecta.

¿Hola? ¿No se suponía que ella le gustaba a Mulán?¿Qué hacía ahora queriendo juntarla con la rubia?

-Tía, tú flipas…- volvió a responder su amiga.

-Sí, dejadme echaros unas fotos y luego las veis. Comprobaréis que llevo razón.

Emma y ella se miraron y, tras reírse a carcajadas, decidieron aceptar.


Volvió a darse la vuelta en la cama, otra más. Estaba cabreada, dolida…estaba demasiadas cosas juntas. Volvió a mirar el reloj. Las 5:30 a.m y Emma sin aparecer. Y ya no es sólo que no apareciese, es que ni siquiera se había dignado a mandarle un mensaje para ver si ella estaba bien.

Porque podía entender que la fiesta se estuviese alargando, pero unas palabras preguntando su estado no hubiesen estado de más. Aunque bueno, quizás Belle no había dicho nada.

Además, había algo que no entendía, hacía media hora las había escuchado por el pasillo. ¿Por qué Emma no iba a su cuarto? ¿Y si no volvía a dormir? Mejor no pensarlo…

Era curioso como se había ido degradando el viaje. Tanto que lo que había apuntado maneras de ser algo inolvidable para ellas dos, se había convertido en una pesadilla. Porque por muy comprensiva que intentara ser con el tema de que a Emma le gustase divertirse, lo cierto es que la había ignorado completamente esa noche. Y casi durante el día también.

Esa noche en la que había puesto sus esperanzas para demostrarle a la rubia cuánto la quería y todo se había ido al traste, como había ocurrido la anterior. Y lo que más le molestaba es que no se había traído otro puñetero pijama y sólo tenía el camisón azul del cumpleaños, ese que en esos momentos, odiaba.

Se sentía tan terriblemente sola en esos instantes.

Escuchó las voces en el pasillo de nuevo. Al parecer habían bajado otra vez y ya regresaban.

-Tíaaa, vente a dormir con nosotras- la voz de Belle distaba mucho de ser la de una persona serena. Ya se podía imaginar cómo había cuidado de Emma.

-No puedo- dijo la voz casi ininteligible de la rubia a la vez que un golpe resonaba en la puerta. Debía de haberse apoyado en ella.

-Pues la últimaaa- rogaba Belle. Claro como si les hiciese falta beber más.

-Noooo, que se cabreaaa.- Desde luego lo estaba arreglando- Que no sabéis la mala leche que tiene cuando se enfada.- Respiró hondo para no salir a por la rubia de los pelos. ¡Encima!

Tras tres minutos de torpes intentos de meter las llaves en la cerradura, y varias caídas de éstas al suelo, Emma consiguió entrar a la habitación. Apretó los ojos e intentó hacerse la dormida, más que nada porque si comenzaban una conversación de ella no iba a salir nada bueno.

Escuchó el golpe del bolso en el suelo, y después sintió el peso en sus pies. Emma se había caído de boca en la cama. Por suerte el tobillo ya no le dolía mucho, porque si no…

Cuando la rubia se levantó de la cama, fue hacia el baño. Escuchó como vomitaba. La madre que la parió. Suspiró hondo para tranquilizarse y no ir a sermonearla.

Unos minutos después sintió el peso en el otro lado de la cama.

-Cosi…-una claramente ebria Emma comenzó a decir a su espalda- cosi….¿estás dormida?- Apretó más los ojos, no quería hablar con ella. Aunque cuando sintió la caricia que bajaba y subía por su brazo, estuvo tentada de mandarla a la mierda. –Cosi….-Un beso en su cuello, seguido de una lengua. ¿Qué demonios pretendía, Emma? ¿Sexo después de todo? Es que prefería seguir haciéndose la dormida a darse la vuelta y decirle las barbaridades que se le estaban pasando por la mente. Pero cuando una mano se situó en su muslo y subió de tal manera que iba directa a meterse entre sus bragas…

-¡Ni se te ocurra!- cogió la mano con fuerza y la apartó de ella.

-¿No quieres?- Esta niña era idiota. ¿Querer? De lo único que tenía ganas era de mandarla de una patada hasta Storybrooke.

-Emma, lo mejor será que te duermas.- dijo todavía sin volverse a mirarla.

-¿Seguro?

-Duérmete- espetó.

Cuando la joven se apartó, ella respiró hondo hasta conseguir tranquilizarse. Hacía mucho, pero mucho tiempo que no se sentía tan enfadada. Enfadada y ofendida. Así que se dio unos minutos para intentar convencerse a sí misma de que todo lo sucedido no era para tanto, que Emma sólo se había divertido con sus amigas, que no había hecho nada extraño y que la había tocado porque el alcohol había actuado por ella. Cuando se sintió más tranquila, se volvió hacia la rubia.

No pudo decirle nada porque estaba dormida con la boca abierta y una postura extraña. ¡Y encima estaba en ropa interior!¡Puñetera Emma! Le echó una sábana por encima y se volvió de nuevo.

Ahora mismo odiaba con toda su alma a esa niña, que daba ronquiditos placidamente a su lado.


Cuando se despertó, Regina no estaba en la habitación. Así que se vistió y arregló como pudo, porque tenía tan resaca que apenas si podía pensar.

Fue hacia la habitación de Belle y Mulán mientras intentaba ordenar en su mente lo ocurrido la noche anterior, pero no tenía muy claro nada.

Una Belle con no muy buena cara le abrió la puerta.

-Quiero morir- le dijo ésta- ¿Y Regina?

-Supongo que habrá bajado a desayunar. – se fijó en que Mulán estaba conectando la cámara a su portátil.

-Vamos a ver las fotos- le informó la asiática cuando fijó en su mirada interrogante.

-Pueden ser mortales- dijo ella mientras tomaba asiento en una de las camas.

Cuando el aparto estuvo listo, Mulán comenzó a pasar las imágenes. Primero eran ellas tres en plan "selfie", tenían caras de borrachas pero eran graciosas. Luego comenzó a aparecer más gente…Belle y ella, hablando con unas; Belle y ella hablando con otras; Mulán y ella bailando; Belle abrazando a una que ni conocían…

No podían parar de reír debido a las caras que sacaban y la cantidad de fotos que se habían sacado con desconocidas. De repente, llamaron a la puerta. Era Regina.

La morena no tenía muy buen gesto, pero sabía que estaba intentando contenerse. La conocía demasiado bien.

-¿Qué es tan divertido?-preguntó- Se escuchan las carcajadas por todo el pasillo.

-Las fotos, mira Regina- dijo Mulán antes de que la pudiese parar. Es que no sabía qué podrían encontrarse entre todo ese repertorio.

Siguieron pasando. Y según avanzaban las imágenes iban siendo más comprometidas. Lo cuál indicaba que las últimas probablemente podrían mostrar cualquier cosa.

Llegaron a unas en las Belle estaba a hombros de una chica, mientras ella estaba delante tumbada en los brazos de otras tres que parecían de un equipo de rugby. Y seguían apareciendo peores; ella tumbada en el suelo con Mulán simulando que salía de entre sus piernas; Belle y ella encima del escenario abrazando a la DJ; Belle y ella tumbadas en el suelo viéndoseles prácticamente todas las bragas; Belle siendo besada por una peligrosamente cerca de su escote, mientras ella tenía una mano sospechosa en el culo; varias fotos de la discoteca en general; Belle en sus brazos en plan princesa; Belle en sus hombros; ella mordiéndole el cuello a Belle; Belle y ella en una barandilla simulando Titanic…¡Mierda! La zorra de Mulán les había hecho de posar así. Prefería no mirar la cara de Regina, porque las posturas románticas entre ella y la castaña se sucedían por doquier. Ya hacía rato que nadie se reía. La tensión se cortaba en el ambiente.

Cuando llegaron a una en las que las tres estaban de espaldas al objetivo enseñando el culo, con los vestidos levantados y Mulán con los pantalones bajados….aunque ésta última llevaba unos boxer, no tangas como Belle y ella…

-¡Suficiente!- exclamó Regina, que desconectó la cámara del ordenador de un tirón- Recordadme que os las envíe.- Vale…ese era su tono de los mil demonios, del que era mejor huir. Cuando Belle salió despavorida hacia el baño, ella la siguió. Lo que fuese antes de enfrentarse a los ojos oscuros que seguro estaban buscando los suyos.

-Tía, tía, tía…..- decía su amiga sentaba en la tapa del váter. – Las fotos son peores de lo que hicimos en realidad.

-Parece que dejamos que nos sobeteara toda la fiesta.

-¿Crees que está cabreada?- Belle parecía de verdad asustada, pero ella lo estaba más porque acababa de joder toda su relación. Estaba segura de ello.

-Mejor intentemos estar hoy calladitas hasta que lleguemos a casa.-¡Mierda!¡Mierda!¡Mierda!

Cuando salieron, Regina ya no estaba. Por lo visto se había ido a hacer la maleta. Ella también fue hacia su habitación y se puso a recoger sus cosas. La morena ni le dirigió la palabra.

[….]

En el avión de vuelta, iban sentadas de la misma manera que a la ida. Ojalá pudiese sentarse en la otra punta, lejos de Regina. La cual desde por la mañana estaba sumida en el silencio más absoluto, aunque algo le decía que la morena se moría por comenzar a abrir la boquita.

Ella intentó ignorar la hostilidad en el ambiente y se puso a mirar por la ventanilla. Poco a poco los ojos se le fueron cerrando.

-¿Vas a dormirte?- la voz de la mujer hizo que la mirase. Es que echaba chispas por los ojos.

-Quería…

-Claro, como no estás con tus amiguitas supongo que no te es cómodo entablar conversación. Es una pena que no podáis comentar la jugada a gusto.

-¿Cómo?

-Sí, la súper party de ayer.- Odiaba cuando se ponía en plan sarcástico.

-No hay nada que comentar.

-¿Seguro? Porque lo suyo sería que contabilizaseis los ligues de anoche.

-Regina, no hubo ningún ligue anoche…

-¿Ah, no? Pues las fotos con manos en tu culo no dicen lo mismo. Ni aquellas en las que te estás sobeteando con unas cien tías.

-No me he sobado con nadie- Las imágenes podrían parecer otra cosa, pero estaba segura de que no había hecho nada que no debiese. Aunque sí tenía que reconocer que a lo mejor el asunto de "socializar" se le había ido de las manos. Tanto que se había mostrado demasiado "amigable" con desconocidas. Pero es que cuando había revelado que era UglyDuckling pues…la fama se le había subido a la cabeza. – Si quieres te cuento exactamente lo que pasó.

-No quiero tus explicaciones, Emma. Porque como bien sabes, tú y yo no somos nada. Nada.- Detestaba que le dijese eso y sabía perfectamente que lo estaba haciendo para hacerle daño.

-Eso es mentira. Sí que somos.

-Yo no estoy tan segura- sintió el odio de los ojos negros atravesándole las pupilas.

-¿Me dices eso por lo que has visto en las fotos? Ni siquiera me dejas darte mi versión.

-No, Emma. Me contarás lo que te dé la gana. ¿Y sabes lo peor de todo? Que soy tan imbécil que puedo llegar a creerte…

-Muy bien. Sin explicaciones entonces- volvió a mirar por la ventanilla. Se ponía histérica cuando le daba la vara con algo pero ni le dejaba dar su versión de lo ocurrido.

-Pero vamos que si te molesto puedes irte con tu amiguita Belle, de seguro te lo pasas mejor con ella que con una vieja como yo.

-Regina…- siempre el puñetero tema de la edad que cansaba más que cualquier otro.

-Siéntete libre, Emma. Está claro que a fin de cuentas tus amiguitas son las que pueden comprenderte, porque todas partís del mismo palo.

Intentó ignorarla, porque no se callaba. "Edad", "amiguitas" y "súper party", eran palabras repetidas por Regina una y otra vez. Cuando no pudo más se levantó al baño, le hizo gestos a Belle para que la siguiese.

-¿Qué pasa?- le preguntó su amiga una vez en el servicio.

-Que no puedo más. Quiero saltar del avión.

-¿Tan mal está?

-¿Mal? Regina es una jodida torturadora. Me duele la cabeza y es como si tuviese un taladro en el oído. Me dice que no quiere explicaciones pero no se callaaaaaaaaaa. ¡Por Dios, Belle!- juntó las manos en señal de súplica- Siéntate con ella.

-No, lo siento. Tú eres su invitada, tú la aguantas…

-¡Zorra!- volvió a su asiento rezando porque la morena se hubiese dormido. Pero no, estaba muy despierta. ¡Y aún le quedaban 3 horas de vuelo! Quería arrancarse los oídos.

Cuando llegaron a Storybrooke, Belle y Mulán huyeron despavoridas casi sin despedirse. A ella en cambio le quedaba otra media hora de tortura con Regina en el coche. Es que no atendía a razones por más que intentaba explicarle que las fotos eran una exageración de lo sucedido.

Una vez en su calle, casi salta del coche. Pero esperó para ver si la mujer se tranquilizaba.

-Emma, creo que lo mejor será que no me llames en una semana por lo menos.- le dijo la morena.

-¿Cómo? Mira Regina, sé que estás dolida por las fotos porque me dejan en un lugar horrible. Pero déjame explicarme.- ésto último lo dijo casi rogando.

-Emma, no son sólo las fotos. Es que se suponía que yo iba a un viaje contigo y acabé sola. Y ya estaba sola mucho antes de que me torciese el tobillo, el que por cierto está bien. Gracias por preguntar.-¡joder! Si es que ni siquiera le había preguntado- Entiendo que te encontrases en el ambiente gay que tanto te gusta -el rintintín no le pasó por alto- y que buscases divertirte. Pero entiende que yo también me sienta decepcionada por lo ocurrido. Pero la culpa es mía por esperar de ti algo que obviamente no puedes darme.

-¿Todo esto es porque no nos hemos acostado?- le pregunta se le escapó antes de que pudiese evitarlo.

-¿Crees que estoy cabreada por no haber echado un polvo?-la mirada de desagrado fue tan fuerte que le hizo temblar- Ese es el problema que hay aquí. Que no tienes ni idea de quién soy ni de lo que quiero y busco. Pero llevo meses engañándome, creyendo que esto puede ser…y no. Pero tranquila, no estoy cabreada contigo. Sólo conmigo y mi estupidez, porque parece que se me ha olvidado eso de "quien con niños se acuesta, mojado se levanta".

-¿Qué quieres que haga para que me perdones?- Se le formó un nudo en la garganta al comprender que las palabras de Regina llevaban unos tintes fatalistas bastante importantes.

-Dame una semana. No me llames, no me busques…y avisa a tu amiguita para que no lo haga tampoco.

-Regina, por favor…-Una semana sin ella era demasiado, además que después probablemente seguiría enfadada.

-Emma, una semana. Ahora vete.- La mujer se apartó cuando ella intentó dejarle un beso en la mejilla. Se apeó del auto al borde de las lágrimas. Es que ni siquiera le había dejado contarle lo sucedido, ella ya había sacado sus conclusiones. Porque por mucho que dijese, estaba enfadada con ella.


Cuando llegó a casa dejó que saliese de su interior lo que llevaba horas guardándose. El dolor de haber comprendido que Emma y ella eran de otro mundo. La tristeza de saber que un futuro juntas era imposible…Estaban en diferentes momentos de la vida.

Y aunque había dicho que no, claro que estaba enfadada con la rubia. Pero mucho más con sí misma, porque había creído que ya lo tenía todo hecho. Que volvería de Los Ángeles con una relación reforzada y sólo se había encontrado con la soledad. Y con la terrible certeza de que Emma Swan, por mucho que le doliese, no era para ella.


¿Opiniones? Aunque...miedo me dáis. (Don¡t kill me, please)