Gracias por seguir ahí a pesar de mi tardanza.

Mención especial a mi asesora musical ;)

Y ahora...RATED M!

Octubre

Parte 2. Hazlo

Estaba emocionada, no podía negarlo. Primero porque Regina hubiese aceptado a salir con ella y dejarse de películas y silencios, y segundo; porque le tenía una gran sorpresa preparada. Sorpresa en la que se dejaría parte de su dignidad pero bueno, estaba segura de que merecería la pena.

Hacía un día estupendo para ser octubre en Storybrooke así que había decidido ir a patinar hasta que llegase la hora de su cita con Regina. Por lo visto la morena estaba liada con el cierre del mes y, a pesar de ser sábado, estaba en la oficina trabajando como una posesa. Pero estaba muy contenta de que hubiese podido hacerle un hueco.

Aparcó la moto en una de las entradas del parque y se dispuso a sacar los patines, no sin antes quitarse el casco y guardarlo en su funda. Estaba asegurando bien la Ducati cuando le pareció escuchar su nombre. Alzó los ojos y se encontró a Neal a su lado, mirándola con una sonrisita de medio lado.

-Pues no está nada mal…-dijo el chico.

-¿Cómo?- no sabía muy bien a lo que se estaba refiriendo.

-La moto.-señaló Neal.

-Ahh, sí…-estaba nerviosa porque la situación le estaba resultando tremendamente incómoda, hacía dos semanas que tenía su número guardado en el móvil y no le había llamado. Pero es que no quería complicarse aún más la vida. Le fue inevitable mirar hacia los lados, si Regina la viese con él se moriría en el acto.

-¿Estás esperando a alguien?

-No, ¿por qué?- se encogió de hombros.

-Porque no dejas de mirar alrededor.

-Ya, perdona, es que me has sorprendido- sonrió tímidamente.

-No me esperabas.

-La verdad es que no.

-Te dije que los fines de semana suelo venir a practicar skate- el joven alzó su tabla.

-Cierto, lo había olvidado. Yo vengo a patinar- imitó el gesto de Neal alzando su bolsa.

-¿Sola?

-Ajá- asintió.

-Podemos pasar el rato juntos, claro, si quieres…Porque puesto que no me has llamado no sé si estás interesada.- Suspiró y negó con la cabeza.

-Lo sé, lo siento. Pero es que es complicado…

-Lo entiendo, lo entiendo. No te estoy reprochando nada, pero podemos ser amigos ¿no? Aunque sea de skate y patines…

-Supongo que por eso no hay ningún problema- Y es que pasar el rato con Neal tampoco era un delito, sólo porque le resultase atractivo y divertido no significaba que estuviese haciendo algo que no debía. Podrían ser simplemente amigos sin que la cosa resultase extraña y es que por fin había encontrado a alguien con quien compartía aficiones. Y eso no significaba que estuviese traicionando a Regina en ninguno de los sentidos. Así que entraron juntos al parque.

[…]

Se estaba divirtiendo, no lo podía negar. Además estaba aprendiendo un montón de las habilidades que Neal tenía con el skate, el chico era endemoniadamente bueno con el patín.

-¿Quieres beber algo?- le preguntó el joven después de dos horas seguidas sin parar.

-Sí, por favor.- Buscaron un kiosko y tras comprar dos refrescos, a los que Neal invitó, se sentaron en un banco.

-Creo que si practicas el skate puede ser lo tuyo- le dijo el chico después de dar un trago a su bebida.

-¿Tú crees?

-O eso, o es que yo soy un gran maestro. Probablemente sea lo último.- ella le dio un manotazo haciéndose la indignada.

-Oye…Suelo hacer bien todo. No hay nada que se me dé mal.- Se apartó el pelo con aires de grandeza.

-Algo habrá.

-No, soy perfecta- sonrió con suficiencia aunque se le pasó por la cabeza su comportamiento en Los Ángeles, ahí había distado mucho de la perfección. Decidió evadir el sentimiento de pesar que se le instalaba en el estómago cada vez que pensaba en aquello.

-Por eso es una pena que esto- Neal señaló con un dedo a los dos- sea complicado.

En respuesta sólo pudo suspirar y centrarse en la chapita de su lata de refresco.

-Lo es...- Lo era. Así lo sentía. Porque Neal le gustaba, tenía todos los atributos que siempre había buscado en un chico; le parecía mono, buena persona… pero todo eso era antes de Regina. Después de ella no había nadie más, no podía haberlo, porque lo que Regina le provocaba, estuviesen bien o estuviesen mal, era imposible que nadie en el mundo llegase a conseguirlo. La morena conseguía que la definición que algunos daban del amor tuviese sentido para ella. Con sus pros y sus contras, pero tenía sentido.

Y aunque últimamente se sintiese apartada de Regina y acabase cansada, la necesitaba.

-Parece que piensas en alguien- No se percató de que llevaba un par de minutos sumida en un completo silencio. Miró al chico con una sonrisa.- Lo sé, lo sé…es complicado. –asintió- Eres todo un misterio, Emma. – Se empezó a reír a carcajadas, nunca nadie le había puesto tal adjetivo. Probablemente porque todos creían que tenía una vida de lo más corriente. Si supiesen…

-Bueno, -se puso en pie- ¿seguimos?- le tendió una mano a Neal para animarle a levantarse.

-Tengo que irme, pero si quieres otro día podríamos repetir.

-¡Claro! Lo he pasado genial.- Era cierto que se había divertido muchísimo.

-Pero ¿me puedes dar tu teléfono? Porque, lo siento, pero ya no me fío de que me vayas a llamar y si no, me va a tocar esperarte aquí todos los fines de semana como un cachorrillo abandonado.- Le hizo gracia el comentario. Sacó el móvil del bolsillo y le mandó una carita sonriente a Neal.

-Ahí lo tienes- Iba a despedirse del joven, cuando al girar unos centímetros la cabeza se encontró a Belle que caminaba directamente hacia ellos.

-¿Qué haces aquí?- Fue el saludo de su amiga, que intercambiaba los ojos rápidamente entre Neal y ella.

-Hola, Bellusqui. ¿Te acuerdas de Neal?

-Sí…el mugro…¡el amigo de Whale!-corrigió enseguida la castaña -…pero…- Belle parecía confusa por la situación.

-Yo, mejor os dejo- el joven pareció percatarse de lo extraño de la situación- Ya te llamaré, Emma. Adiós, Belle.

Belle se quedó observando como el chico se marchaba. Después la miró y alzó una ceja.

-¿Estás saliendo con el perroflauta de Neal? – No le gustó el adjetivo que su amiga había utilizado para definirle.

-Primero, no es perroflauta, viste alternativo. Y segundo, no, no estoy saliendo con él. Sólo somos amigos.

-Pero tía, si estabas aquí con él y vais a volver a quedar y todo.

-A ver, no especules. Nos hemos encontrado por casualidad y vamos a quedar de nuevo para patinar. No hay nada raro.

-Ah…¿Te gusta?

-Es mono, pero no…

-¡Ay, tía! ¡Te gusta! Se te nota- Belle comenzó a dar saltitos emocionada, a veces parecía gemela de Ariel.

-Joder, que no. Somos amigos y ya.- Se sentó de nuevo en el banco y se dispuso a quitarse los patines.

-Ya, lo que tú digas.- Decidió cambiar de tema antes de lanzarla a la fuente más cercana. Aunque estaba segura de que el asunto no había quedado ahí, seguro que volvería a preguntar por Neal tarde o temprano. Si ella supiese…

-¿Y tú?¿Qué haces aquí?

-He quedado con Mulán que me va a presentar a su novia. Creo que te lo dije…-Seguramente se lo habría dicho pero con los preparativos de la cita con Regina no había tenido tiempo de pensar en nada más y probablemente no le había hecho mucho caso.-¿Te vienes?-Consultó la hora, iba bien de tiempo.

-Vale- se colgó la mochila a la espalda y comenzó a caminar al lado de su amiga. De repente frenó en seco y cayó en la cuenta de algo, así que se adelantó y se colocó frente a Belle, obstaculizándole el paso.

-¿Qué haces?- la castaña la miró con uno de sus gestos más característicos; el de asco. Que no es que lo utilizase por nada en concreto, es que le salía solo.

-Bellusqui, tienes que prometerme algo. – Se colocó las manos en las caderas.

-¿El qué?

-No le puedes decir a Regina que me has visto con Neal, es más no se lo puedes ni nombrar- Notó la extrañeza en los rasgos de Belle, pero es que bastante follón tenía ya con la morena para que llegase esta lumbreras a decirle que la había visto a solas con un chico ¡y encima que creía que le gustaba!

-¿Por qué? No entiendo qué tiene de malo, Emma. O sea…no entiendo- En fin, qué iba a entender Belle.

-Prométemelo por todos los bichos de tu asociación.- Se puso seria.- Prométemelo por nuestra amistad.

-De acuerdo, no le diré nada. Te lo prometo- la joven alzó una mano en señal de juramento- Pero ¿por qué?- Se dio la vuelta y siguió su camino- Emma, que ¿por qué?

-Porque me dejaría de hablar- se dio un bofetón mental por haberle dicho eso, pero es que no se le ocurría nada más.

-Sigo sin entenderlo- Belle iba siguiéndola.

-No sé, un día me dijo que si yo estaba con un chico me dejaría de hablar. Yo tampoco lo entiendo- Se sintió un poco mal por mentirle de una forma tan descarada a la pequeña Bellusqui.

-Ah…Es más rara esta Regi…pero bueno, ella sabrá.- Eso le gustaba de Belle que a veces por no preguntar cosas de las que no quería oír la respuesta, se quedaba la mar de pancha con una explicación que se notaba que hacía aguas por todos lados.- ¡Mira, ahí están!

Belle señaló un trozo de césped que había unos metros más allá. Allí estaba sentada Mulán con una chica que le pareció muy mona; rubita, ojos azules, cara angelical, vestida de rosa y que parecía que tenía 15 años.

Tras los saludos y presentaciones pertinentes, la castaña y ella ocuparon un lugar sobre la hierba. Nos les dio tiempo a abrir la boca cuando Mulán comenzó a informarles de toda la vida de Aurora; a la chica le quedaban un par de cursos para acabar el instituto, era animadora, era fan de numerosos grupos adolescentes imposibles de memorizar, quería ser diseñadora de moda ….Llegó un punto en el que dejó de escuchar, porque Mulán sólo hablaba y hablaba.

-¿Cuántos años tienes?- preguntó Belle que seguramente se había quedado en el punto de la edad.

-Dieciséis- contestó Aurora algo tímida. La cara de la castaña fue un poema ante la respuesta. Aún así sonrió cortésmente.

Tras una hora y pico, tiempo que se le hizo eterno, se despidieron de la parejita. Y es que estaba segura que no había visto jamás mayor grado de estupidez que el que Mulán había llegado a adquirir, parecía que no tenía vida que ya todo giraba en torno a Aurora.

-¡Qué horror, tía! Son una pesadilla- Eso fue lo primero que se le ocurrió decir mientras caminaban hacia sus respectivos autos.

-Tía- Belle tenía tono de escandalizada- ¡Qué es menor!

-Son sólo seis años, tampoco es para tanto…- Al menos a ella no se lo parecía, no teniendo en cuenta su actual situación. ¿Qué eran seis al lado de veinticuatro? Una nimiedad.

-Es menor…No doy crédito, de verdad que no.

-Belle, no me fastidies- comenzó a reírse- que peores cosas has visto a estas alturas. Además, a día de hoy las niñas del instituto están muy espabiladas, ya no son tan pánfilas como lo éramos nosotras. – Fue sacando las llaves de la moto mientras cruzaban la puerta de salida del parque.

-No parece lesbiana. – Sí, a veces era prima hermana de Ariel.

-Ni tú y si quieres te recuerdo tu historial con cierta loca psicótica que te ponía …-La castaña le puso una mano en la boca para callarla.

-No la invoques, no la invoques.- Se tuvo que reír. La chica tenía cada ocurrencia…- ¿Qué vas a hacer esta noche?- le preguntó la otra joven mientras ella se ponía el casco.

-He quedado con Regi- lo dijo cruzando los dedos para que Belle no dijese de adherirse al plan, porque fastidiaría todo.

-Yo creo que me voy a quedar en casa, porque estoy agotada. -¡Uff!

-Mañana te llamo, Bellusqui- le removió el pelo con una mano a la castaña y arrancó la Ducati. En ese momento comenzó a ponerse histérica por lo de la noche, pero de perdidos al río.


Salió fuera del coche y se apoyó en el capó sin apartar los ojos del portal que quedaba justo enfrente, en la otra acera. Miró el reloj, como siempre Emma se retrasaba. La puntualidad no era su fuerte.

Se miró en el reflejo del cristal. Retocarse el maquillaje había obrado milagros, porque después de todo el día tenía unas ojeras horribles. No sabía porqué el cierre de este mes se le estaba haciendo más pesado. Aunque sí que lo sabía, se debía más a cuestiones personales que a profesionales.

Por eso no deberían haber quedado esa noche, porque estaba exhausta y porque últimamente ver a Emma se le hacía un cerro. Y no era que no quisiese verla, era que necesitaba que ella se fuese alejando. Porque hacía un tiempo que había tomado una decisión irrevocable: decirle adiós a Emma.

Muchas veces se había preguntado porqué había llegado a esa conclusión, a ese "fin". Y su mente le dictaba una única respuesta. "Porque no podía ser". No era que estuviese enfadada con Emma por lo de Los Ángeles, no era eso. Se debía a una acumulación de cosas. Cuando las analizaba a ellas, sus valores, sus expectativas y perspectivas de futuro se encontraba en un callejón sin salida. Para ellas dos no había un futuro posible.

Y estaba destrozada. Destrozada por tener que poner punto y final a algo que le había devuelto las ganas de sonreír. Pero no tenía sentido prolongar en el tiempo algo que tarde o temprano acabaría siendo un completo desastre.

Emma tenía muchas cosas por vivir. Tenía que salir, divertirse ya fuese con sus amigos o con chicos, tenía que madurar, crecer, equivocarse y acertar, todo ella sola sin tener a alguien siendo continuamente su conciencia. Emma un día tenía que encontrar a alguien con quien aprender, con quien compartir su camino, alguien con quien formar una familia…Y , desgraciadamente, estaba segura de que ella no era ese "alguien".

Probablemente estaba siendo una egoísta y eso sería lo primero que le diría Emma cuando le contase su conclusión, pero le tenía que hacer ver que su mayor miedo era que un día la mirase a la cara y le dijese que le había robado los mejores años de su vida. Con alguien de su edad, la rubia podría descubrir el mundo, y con ella simplemente se adaptaría a su estilo de vida, gustos y costumbres, porque era lo que llevaba haciendo las últimas semanas.

Quedaban y Emma se adaptaba a lo que ella quería. Pasaban el tiempo en silencio simulando que veían una película, porque ninguna de las dos lo hacía. Ella simplemente observaba la pantalla pensando en cómo tenía que decirle que lo suyo, fuese lo que fuese, tenía que terminar. Y no hablaba, no por falta de ganas, pero quería que Emma la fuese necesitando cada vez menos para que llegado el momento del adiós, éste no fuese tan doloroso.

Y ahora, mientras la esperaba con los ojos clavados en su puerta, sentía que se moría por dentro, porque bajaría sonriente y preciosa. Porque intentaría mostrarle cariño y ella lo rechazaría como tantas veces anteriores, aunque en el fondo sólo quisiese echarse a sus brazos y llorar desconsoladamente por lo desolador de su conclusión, mientras rogaba al universo que le hiciese cambiar de opinión. Pero no, ella tenía que ser la fuerte, mantenerse firme y decidida, no dudar ni un segundo de que era lo mejor para las dos o, al menos, para Emma.

Sonrió con un deje de tristeza cuando la joven apareció y se dispuso a cruzar el paso de cebra. Llevaba una chaqueta de cuero negra, de la que debajo asomaba un vestido azul oscuro bastante por encima de la rodilla, el pelo lo llevaba liso pero mientras caminaba parecía ondularse, seguro que eso no le gustaría. Estaba imponente y le dio un pinchazo el corazón al tener la certeza que nunca sería completamente suya.

-Hola, cosi- le dijo la chica con una sonrisa mientras le dejaba un beso en la mejilla.

-Hola, estás muy guapa ¿se le celebra algo hoy? Porque si es así creo que no me he vestido acorde a la ocasión- señaló su vestimenta, la cual consistía en un traje de falda gris y camisa blanca.

-¿Sales ahora de la oficina?- le preguntó Emma mientras se disponía a subirse en el coche, así que ella se dirigió a la puerta del conductor.

-Sí, de hecho, luego tengo que pasar a por unos documentos que supuestamente en dos horas estarán sobre mi mesa. Así que cuando acabemos de cenar, si no te importa, me acompañas y luego te traigo.- dijo mientras se incorporaba al tráfico.

-Sin problema.

-Por cierto, Emma, ¿dónde vamos? Porque no me has dejado elegir ni el restaurante.

-Yo te guío.

Tras diez minutos en los que la única conversación entre ellas fue las indicaciones que la joven le fue dando, se sintió aliviada de llegar al lugar donde cenarían. El cual, según le había dicho la rubia mientras ella aparcaba, tenía música en directo pero el grupo era bastante tranquilo, nada estruendoso.

El camarero que las recibió en la puerta se comportó con demasiada familiaridad con Emma, como si la conociese de antes. Así que cuando tomaron asiento no pudo evitar preguntarle.

-¿Es amigo tuyo o algo?-dijo mientras pasaba los ojos por la carta de vinos.

-No…eh…- miró a la rubia con la ceja alzada, estaba claro que le estaba mintiendo pero decidió no ahondar en el tema.

-¿Qué quieres de beber?- Dejó el papel a un lado, puesto que como tenía que conducir ella sólo tomaría agua.

-Vino.

-¿Vino?- se sorprendió, porque normalmente Emma sólo lo tomaba cuando ella insistía. La joven asintió- ¿Alguno en especial?

-No…pide el que quieras.- Se encogió de hombros y cuando vino el camarero pidió una botella de vino blanco que seguro que a la chica le gustaría. Mientras Emma miraba el menú se quedó observándola, parecía nerviosa y no entendía el motivo.

-¿Ocurre algo?- se atrevió a preguntar una vez que pidieron también la cena.

-No…¿por?- Emma se bebió la copa de un trago lo que le hizo fruncir el ceño.

-¿Es por nosotras?- dijo sin cambiar el gesto.

-¿A qué te refieres con eso?- Los ojos claros la miraron desconcertada.

-A que estemos fuera de casa cenando y no viendo una película como solemos hacer todos los días. Te resulta emocionante que hagamos algo "nuevo".-No supo muy bien el porqué de sus palabras. Porque una cosa era querer que Emma se alejase y otra ir a fastidiarla sin razón.

-Bueno, siempre podías haber dicho que no. Y no es nuevo que tú y yo salgamos juntas, aunque últimamente seamos dos muebles más de tu salón.

-Es lo que hay…- escupió las palabras.

-Exacto.-Emma volvió a centrarse en su copa y ella se dedicó a observar el salón. Estaba comportándose como una idiota y parecía que sólo estaba buscando bronca, así que decidió que por lo menos, por esta noche, dejaría las cosas como estaban. No era plan de fastidiar la velada sólo porque ella hubiese decidido que lo mejor para las dos era ese inevitable adiós.

La música que tocaban en el piano que había sobre un pequeño escenario, pareció relajarla. El lugar era pequeño y acogedor, le gustaba.

Cuando les sirvieron la cena comenzaron a comer en silencio. Aunque no podía evitar cada dos segundos alzar la vista y mirar a Emma. La rubia se comportaba de un modo extraño, se había tomado media botella de vino y todavía no había acabado el primer plano.

-¿Tú me quieres, Regina?- preguntó de repente la joven.

-¿Por qué me preguntas eso?

-Necesito saberlo, necesito saber que me quieres…-El gesto de tristeza de Emma la conmovió, pero se mantuvo estoica.

-Sí, te quiero. Pero…

-Pero ¿qué?- no pudo sostener más la mirada de ojos verdes y se centró en revolver su comida.

-El amor no siempre es suficiente- Le tembló la voz y se maldijo por ello.

-¿Por qué?- Volvió a mirarla, volvió a centrarse en esos ojos que amenazaban con ponerse acuosos.

-¿Qué opinas de nuestra relación, Emma?- A lo mejor, la chica estaba siendo mucho más madura que ella y estaba sacando el tema para que mantuviesen una conversación que llevaban tiempo evitando; lo insostenible que se había vuelto la situación. Por lo que preguntó algo que llevaba tiempo quemándole por dentro.

-Te quiero.

-Eso no me vale.

-¿No te valen mis palabras o mis sentimientos?- Emma parecía estar al borde de las lágrimas- Porque nunca antes había sentido lo que siento por ti y me encuentro sumida en un mar de sensaciones…Sensaciones de las que no puedo hablar con nadie, ni siquiera contigo, porque parece que ya no te importo. No sé si sigues enfadada por lo de Los Ángeles o es algo más, pero me siento abandonada y creí que eso nunca me pasaría contigo- La rubia había comenzado a llorar.

-Creo que has puesto demasiadas expectativas en mi persona y en lo que yo puedo ofrecerte, ¿has pensado por un segundo en el futuro?- El nudo en la garganta cada vez se le estaba haciendo más grande, pero tenía que ser fuerte.

-¡Claro que sí! Y veo mi vida a tu lado.

-¿Estás segura? ¿Le vas a decir a tus padres y a tus amigos que estás enamorada de una mujer que te dobla la edad?¿Has pensando en que yo no quiero tener hijos?¿Has pensado que no podremos envejecer juntas porque cuando tú te jubiles yo ya habré muerto?¿Has pensado en todo eso?- Estaba hablando con rabia.

-Regina, no es eso lo que ahora estamos tratando.- Emma le contestó con un infinito dolor en su voz temblorosa.

-¿Ah, no? Emma, tenemos que ser realistas y por más que nos empeñemos en creer que tenemos algo perfecto e irrompible porque nos queremos, no es así. Hay que aceptar que todo tiene su fin…-Suspiró y miró alrededor, mientras intentaba contener el llanto. Todo era una gran mierda.

-¿Me estás dejando?- No podía fijar los ojos en ella. No, porque sabía que su perfecta cara sólo expresaría dolor y sólo ver sufrir a Emma…¡Joder! Borraría los últimos meses de un plumazo.

-Señorita Swan- el camarero se acercó a ellas- ya está todo listo.- Se quedó desconcertada al ver cómo Emma se levantaba de su asiento mientras se secaba las lágrimas y seguía al camarero hacia la entrada. Estiró el cuello para ver qué era lo que la rubia hacía pero ésta desapareció.

Pasó un par de minutos pensando a dónde podría haber ido la chica, sobre todo teniendo en cuenta la conversación que mantenían, hasta que la melodiosa voz del hombre que estaba al piano la sacó de sus cavilaciones.

I can hold my breath
I can bite my tongue
I can stay awake for days
If that's what you want
Be your number one

I can fake a smile
I can force a laugh
I can dance and play the part
If that's what you ask
Give you all I am

La música consiguió que por unos instantes saliese de su pesar y se centrase sólo en el sonido, hasta que una segunda voz hizo que abriese los ojos todo lo que le daban de sí.

I can do it
I can do it
I can do it

Emma con un micrófono en la mano se afanaba por entonar el estribillo de la canción mientras se acercaba a ella con una sonrisa tímida pintada en la cara.

But I'm only human
And I bleed when I fall down
I'm only human
And I crash and I break down
Your words in my head, knives in my heart
You build me up and then I fall apart
'Cause I'm only human

Cuando se colocó a su lado y se dio cuenta que era el centro de las miradas de todos los allí presentes, quiso morirse, literalmente. Pidió al universo que le mandase un agujero negro para que se la tragara en ese mismo instante.

Probablemente a Emma le había parecido una idea de lo más romántica, pero ella sólo lo veía como una total y absoluta estupidez. Aún así, por respeto a la chica, que estaba claro que no lo estaba disfrutando demasiado, permaneció sentada con una media sonrisa en los labios.

Por suerte para ella, la rubia sólo cantó un par de estrofas y el cantante fue el encargado de terminar la canción. Aplaudió educadamente, al igual que el resto de comensales, cuando Emma tomó de nuevo asiento en su lugar.

-¿No dices nada?- le preguntó la joven que tenía un color parecido al Ketchup, tras beberse de un trago una copa entera de vino.

-Me has dejado sin palabras…

-No te ha gustado.

-Es que creo que dada la situación no ha sido un acierto por tu parte-Estaba siendo sincera. Cortar la conversación que mantenían por algo así pues sólo reafirmaba sus ideas de que a los 20 no se veían las cosas igual que a los 40.

Emma se levantó de su silla, se colocó la chaqueta de cuero que colgaba en el respaldo y se encaminó como alma que lleva el diablo hacia la salida.

Cuando ella reaccionó ante tal arrebato, pagó la cuenta y se dirigió hacia el coche, donde una Emma con cara de pocos amigos la esperaba. En el fondo se sentía mal, porque la chica lo había hecho con su mejor intención y ella simplemente le había despreciado el gesto, pero a estas alturas no creía que mentirle fuese lo más conveniente.

Se subieron al coche en silencio.

Cuando llegaron a su oficina, donde tenía que recoger los papeles, seguía dándole vueltas al asunto de la canción. Porque, por un lado, le había resultado un gesto tremendamente romántico pero, por otro, no dejaba de pensar que era algo romántico-infantil y que se había sentido avergonzada. Emma se merecía a alguien que fuese capaz de apreciar y devolverle esas demostraciones de amor. Ella ya estaba mayor para esas cosas…

Mientras subían en el ascensor, se fijó en cómo Emma entrecerraba los ojos. Había bebido demasiado, pero no la culpaba porque la noche había sido tensa. De hecho, si no hubiese llevado el coche, ella hubiese hecho lo mismo. Al abrirse las puertas del elevador, caminó rauda hacia su despacho sin preocuparse siquiera de encender las luces, puesto que con las de emergencias veía más que bien.

Emma entró antes que ella, todavía en silencio.

-Los recojo y nos vamos- murmuró pasando al lado de la rubia. Frunció el ceño cuando en su escritorio no vio ningún dossier. Iba a rodear la mesa cuando un cuerpo pegado a su espalda la detuvo.

-¿Buscas esto?- La voz ronca de Emma en su oído hizo que le costase unos segundos centrarse en los papeles que una mano agitaba delante de ella.

-Sí- tras atrapar los documentos, intentó alejarse de Emma pero ésta la aferró por la cintura haciendo que sus cuerpos quedasen totalmente unidos. -¿Qué haces, Emma?- consiguió darse la vuelta dentro del agarre y lo que menos esperaba era encontrarse con unos ojos cargados de deseo, de deseo salpicado de tristeza y dolor.

-Te quiero…- dijo la rubia soltándola y dando un paso atrás a la vez que pasaba los ojos lentamente por su cuerpo. ¿Qué demonios le estaba pasando a Emma?

-Eso ya lo sé. Venga, vámonos- Emma le obstaculizó el paso.

-No. – dijo la rubia mirándola fijamente a los ojos.- Ahora mismo no te quiero como tú crees.- Un escalofrío recorrió su espina dorsal porque por el tono de voz y la forma en que la chica se pasó la lengua por los labios supo muy bien a lo que se estaba refiriendo.

-Emma, no…- no le dio tiempo a terminar la frase, porque sin previo aviso se encontró unos labios pegados a los suyos. Unos labios que clamaban a gritos ser correspondidos.

Intentó ser fuerte, claro que lo intentó, pero cuando Emma le mordió el labio inferior tuvo que corresponder el beso y más aún cuando sintió una lengua enredándose con la suya. Cuando los labios de la rubia pasaron a su cuello gimió y su propio sonido consiguió devolverla a la realidad.- Emma, para…- los ojos claros la miraron tiernamente, incluso con miedo…

-Regina,- a la joven le temblaba la voz- déjame sentir tu cuerpo, sólo hoy…-suspiró y negó en silencio- por favor…- Jamás nadie le había pedido eso de una manera tan inocente y es que, a lo mejor, nadie la había deseado como lo hacía Emma en aquellos momentos. Así que le dijo adiós a su conciencia y tiró del cuello de la chaqueta de la rubia para volver a acercarla a ella.

Accedería a sus deseos, dejaría que Emma la tocara, pero ella no le robaría la inocencia de ninguna manera.

Y simplemente se dejó hacer…

Emma comenzó a besarla de nuevo en el cuello y después, tras quitarle la chaqueta, fue desabrochándole lentamente los botones de la camisa. Cuando lo hizo, la joven se centró en sus pechos; primero los acarició por encima del sostén, luego bajo las copas y una vez que los liberó se lanzó hacia sus pezones. Empezó suavemente para acabar mordiéndolos con avidez.

No podía controlar sus sonidos, hacía demasiado tiempo que nadie la tocaba así.

Sin apartar la boca de sus pechos, Emma la empujó hasta sentarla sobre el escritorio. Una vez en esa posición, la rubia fue subiéndole la falda delicadamente.

La chica era como un explorador en terreno desconocido cuando comenzó a rozarle suavemente la entrepierna por encima de las medias, aún así hizo que mil relámpagos la recorriesen. Así que cuando se las ingenió para colar la mano por debajo de su ropa interior, creyó que iba a explotar del millón de sensaciones que la joven le estaba causando.

-Cosi, estás muy mojada- le sorprendió el tono infantil de las palabras de Emma, pero eso sólo hizo que se aferrara más al borde de la mesa, a la que estaba sujeta como una lapa para no perder el sentido.

-Hazlo, Emma. Siénteme…- Dijo como pudo. Y la joven no necesitó más, ya que comenzó a mover los dedos contra su clítoris.

El sonido de la respiración de la rubia en su oído y los movimientos circulares contra su clítoris la estaban volviendo loca. Suavemente Emma comenzó a tantear su entrada, como dudando si hacerlo o no.

-¿Puedo estar dentro de ti?- la inocencia de la pregunta, a pesar de su excitación, le hizo sonreír.

-Por favor- dijo mientras centraba su mirada en los ojos claros.

-No dejes de mirarme, quiero ver que te gusta- Así lo hizo, comenzó a moverse al ritmo de los dedos de Emma en su interior mientras no despegaba las pupilas de las de ella. Cuando Emma aumentó la presión, dejó de aferrarse a la mesa para poner las manos en sus hombros. Aunque acabó agarrándola del pelo mientras miraba el rubor que recorría sus mejillas. Ver a la joven concentrarse en darle placer era lo más excitante de todo el asunto.

Sintió que ambas se sincronizaban perfectamente y Emma le estaba haciendo sentir de una manera que ya casi había olvidado. Tras unos minutos en los que su mente sólo podía centrarse en cómo la rubia se movía dentro de ella y la calidez que esto le provocaba, estalló en uno de los mejores orgasmos de su vida mientras abrazaba a Emma con todas sus fuerzas.

-Gracias- fue lo único que atinó a decir mientras se recuperaba.

-Te quiero.- Le dijo Emma mientras le mordía el lóbulo de la oreja. Se separó hasta que tuvo los rosados labios enfrente y la besó con ternura.

Emma pareció tomarse el gesto como una nueva invitación y comenzó a pasar la lengua por su cuello, entre sus pechos, por su estómago…todo mientras le terminaba de quitar las medias. Volvía a sentir su cuerpo incendiándose de nuevo cuando…

-¿Hola?- la voz de Sidney hizo que rápidamente saltara de la mesa y comenzara a componerse la ropa.

-Sí…- dijo a duras penas, mientras le hacía gestos a Emma para que se colocase bien el pelo.

-¿Regina?¿Qué haces aquí?- su secretaria asomó la cabeza por la puerta y se quedó con la boca ligeramente abierta al verlas ahí, con esas pintas. Es que no había que ser muy lista para darse cuenta de qué era lo que acababa de pasar en el despacho.

-Nada, ya nos íbamos- Se colocó los documentos debajo del brazo y con la camisa mal abrochada cogió a Emma, que permanecía atónita, de la mano y la guió hacia el ascensor.

Una vez que se cerraron las puertas del aparato la rubia comenzó a reírse, pero ella mientras se retocaba en el espejo sólo podía pensar en una cosa….

¿Qué había hecho?


Canción : Human -Christina Perri

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