Lo tenía escrito hace tiempo pero quería esperar a tenerlo todo. Pero para ir abriendo boca...

Ya va quedando menos de "Ese siglo"

Gracias por vuestra paciencia.

Noviembre

Parte II. Soy un monstruo

El amanecer la sorprendió acurrucada en uno de los sillones de la salita con Henry enredado bajo su asiento. Se debía de haber quedado dormida entre pensamiento y pensamiento.

No llegaba a comprender por qué llegaba a comportarse como lo había hecho la noche anterior. Sólo sabía que había perdido el control; de su vida, de sus sentimientos, de sus acciones…Y eso jamás le había ocurrido. Le sorprendía cómo una niña de poco más de 20 años había entrado en su tranquila existencia y estaba arrasando todo a su paso. Pero no podía culpar a Emma. No podía culparla de lo desastroso de la velada.

Se levantó del sillón y subió las escaleras en silencio para no despertar a Belle que aún dormía, quería quitarse el incómodo disfraz que todavía llevaba puesto. Una vez que se vistió con una sudadera y unas simples mallas, bajó de nuevo y dejó a Henry salir al jardín para que hiciese sus necesidades.

Luego fue a la cocina y se dispuso a prepararse el desayuno; café sólo, como siempre. Mientras removía con desgana el contenido de su taza, escuchó unos pasos tímidos que descendían por la escalera. Sonrió amigablemente cuando una cabeza castaña hizo aparición por la puerta.

-¿Quieres café?- preguntó con amabilidad. Belle le contestó con un leve asentimiento. Sirvió una taza de humeante líquido, el cual mezcló con leche, y se lo entregó a la joven a la vez que tomaba asiento en uno de los taburetes que rodeaban la isla de en medio de la estancia. La chica imitó su gesto y también se sentó.-¿Has dormido bien?- le pareció una pregunta estúpida por su parte, porque a juzgar por los ojos hinchados de Belle debía de haberse pasado la noche llorando. Sintió un gran pesar porque estaba segura de que ella era la causante del sufrimiento de la chica.

-No he dormido mucho- contestó Belle tras dar un sorbo de su café.

-Belle…-comenzó a decir dubitativa- lo siento.

-No tienes que disculparte, Regina. Entiendo que quieras alejarte de Emma, puesto que si no os lleváis bien es tontería que sigáis siendo amigas.- Sonrió ante la inocencia de la castaña.

-Me estoy disculpando por arruinarte la fiesta de cumpleaños, no es justo que tú pagues los problemas que yo pueda tener con Emma.

-No importa, de verdad- Belle sonrió con tristeza.

-Ven anda- agarró a la chica de una mano y la guió hasta la salita donde, aún en sus envoltorios, estaban colocados los regalos de cumpleaños de Belle.- Anoche no pudiste abrirlos, así que creo que es hora de que lo hagas.

-Pero…¿los de Emma?

-No creo que a ella le importe que los abras- Belle asintió con una sonrisa y se lanzó a desenvolver los regalos. Lo hizo sin cuidado, rasgando el papel por todos lados. Cuando las letras de la marca Jimmy Choo hicieron aparición. La joven la miró con los ojos muy abiertos.

-Regina, no puedo aceptarlo, sea lo que sea no puedo aceptarlo- extendió los brazos para devolverle la bolsa.

-No seas tonta y mira lo que es. –Una dubitativa Belle, extrajo con manos temblorosas unos zapatos de tacón de un color fucsia oscuro y un bolso en tonos rosas.

-¡Madre mía, Regi!¡Madre mía!- sonrió ampliamente cuando la chica se descalzó de un solo movimiento y se puso los altos tacones.-¡Son preciosos!- No le dio tiempo a contestar cuando una emocionada Belle se lanzó a sus brazo con fuerza.-Gracias.-Se separó un poco de la joven y la miró a los ojos.

-Te lo mereces. Eres una amiga estupenda y sólo por ver tu reacción ha merecido la pena cada centavo invertido. Además, si para que me abraces tengo que ir a Jimmy Choo, creo que vas a acumular varios de estos-señaló los zapatos- con los años- Belle se puso como un tomate y comenzó a explorar el bolso.

Tras unos minutos en los que Belle no dejó de agradecerle sus regalos, se centró en los regalos de Emma; los cuales consistían en unas zapatillas rojas con varios muñequitos, que a la castaña también parecieron encantarle, y una foto de las dos, de Emma y Belle, rodeada por un marco lleno de purpurina fucsia y verde. Tenía toda la pinta de estar hecho a mano.

-Sois fantásticas, me gusta todo- comentó la chica mientras guardaba sus regalos.-Regina- se volvió a mirarla- me tengo que ir ya, pero si quieres luego me paso esta tarde y hacemos algo.- Le conmovió el gesto, el que Belle quisiese estar con ella a pesar de que se había comportado como una idiota.

-No hace falta, ve a casa y duerme que creo que te hace falta- La joven asintió.

Cuando Belle recogió sus cosas, se marchó. Durante ese proceso ella dudó si debía contarle la verdad, decirle el porqué de su comportamiento, hablarle de su relación con Emma…pero no le pareció justo para con la rubia.

Mientras volvía a analizar lo que le llevaba ocurriendo este último tiempo, se dejó llevar por un impulso y descolgó el teléfono.

-¿Sí?- la voz de Archie sonó sorprendida al otro lado de la línea.

-¿Puedes quedar conmigo?- preguntó sin el menor ápice de emoción en el tono.

-¿Ocurre algo?- la preocupación que denotaba Archie hizo que su aparente serenidad se quebrase.

-Es que…-se intentó calmar antes de continuar hablando- necesito hablar contigo. Y no sé si necesito que me trates como amiga o como paciente…- se le escapó un sollozo sin que pudiese remediarlo.

-Dame media hora y estoy allí. Ahora te veo.- En cuanto colgó comenzó a dudar de si sería buena idea contarle todo lo que le ocurría a Archie, temía ser juzgada. Pero más que eso, temía que él le dijese lo que no quería oír.

[…]

-¿Me vas a contar de una vez qué es lo que ocurre?

Llevaban más de diez minutos en silencio.

-No es fácil…- se estrujó las manos mientras alzaba la vista para encontrarse con Archie que la miraba serio sentado cómodamente en el sillón de enfrente. Se apoyó en el respaldo del sofá y tras dirigir unos segundos la mirada al techo, decidió que ya era hora de sacar todo lo que tenía dentro.-Creo que me conoces lo suficientemente bien para saber qué es lo que ocurre con Emma sin necesidad de que yo tenga que explicártelo.- El pelirrojo asintió en silencio.- Y sé que has estado preocupado por mí y por la forma en que ella podría afectarme. – Su amigo volvió a asentir y ella suspiró- Pues se me ha ido de las manos…-Hizo un puchero a fin de evitar que las lágrimas se colasen en sus ojos.

-¿Por qué crees que se te ha ido de las manos?- preguntó Archie mientras cambiaba de asiento para colocarse a su lado en el sofá.

-Por todo…Al principio me torturé porque me pareció insano lo que estaba sintiendo por ella, que es apenas una niña, pero luego me dejé llevar…Y…-se tapó la cara con las manos- las cosas se han complicado hasta tal extremo que no sé manejarlas, no sé cómo lidiar con mis sentimientos ni cómo lidiar con Emma.

-¿Emma te quiere a ti de la misma manera que tú a ella?- Se descubrió la cara a la vez que se secaba los ojos y asintió- ¿Entonces? Regina, te conozco casi mejor que tú misma y estos últimos meses te he visto más feliz que desde hace muchísimos años. Al principio me preocupé porque se pudiesen aprovechar de ti, pero si me dices que Emma también te quiere ¿cuál es el problema?¿La edad?

-Pues el problema está en que soy un monstruo, Archie. Que me estoy dedicando a fastidiarle la vida aunque el precio sea que se me rompa el alma con cada mal gesto y con cada mala contestación.- Volvió a recostarse en el respaldo.- La estoy echando de mi vida a marchas forzadas y es que no puedo evitar comportarme de esta manera.

-¿Tienes miedo?

-¿Miedo?- le preguntó con incredulidad- Siento auténtico terror. Se me congela la sangre sólo de pensar que algún día se levante y se dé cuenta de que sólo fui un capricho de juventud.

-¿Pero no estabas convencida de que te quería?

-Y claro que me quiere, eso lo sé. Pero es muy fácil querer a quien te da todo. Tú piénsalo por un instante. – giró ligeramente el cuerpo para quedar frente a frente con su amigo- Si ahora Emma va y se pone frente al mundo, dejando de lado los dramas de lo que significa decir que quiere a una mujer, sigue habiendo mil inconvenientes. ¡Es que yo no encajo en su vida!

-Mira Regina, me da la sensación de que sólo estás buscando excusas porque la que no está preparada para embarcarse en una relación eres tú. Y yo entiendo que tengas miedo, a todos nos da vértigo enamorarnos. ¡Pero por Dios, ni que fueses nueva! Mira si algún día Astrid me falta, por lo que sea, estaría agradecido de que alguien apareciese en mi vida y me quisiese. Y creo que me daría igual todo. Porque, a fin de cuentas, lo que importa de verdad no tiene que ver con la edad ni con el sexo de la persona a la que ames.

-Si te soy sincera no sé lo que quiero y estoy tratando a Emma como un trapo por ello. Ayer le destrocé el cumpleaños a Belle porque me sentía tan fuera de lugar…-Suspiró mientras las lágrimas aparecían de nuevo.- Es que…desde el viaje a Los Ángeles todo ha cambiado.

-¿Qué ocurrió? Porque sé que luego te tomaste unos días sabáticos e imaginé por ello que la cosa no fue demasiado bien.- Lo cierto es que estaba conmovida porque Archie no estuviese juzgando sus sentimientos hacia Emma. Así que sintió con ganas de vaciarse entera, de contarle todas sus sensaciones desde aquel maldito viaje.

-Me sentí sola y ello me causó una profunda decepción. Creo que todos mis miedos vienen del sentimiento de soledad que me causó el ver a Emma comportándose tal y como es cuando no está conmigo. Porque sinceramente creo que por un lado está mi Emma y, por otro, la que conocen los demás. Entonces…yo no puedo esperar que ella siempre sea como yo quiero. La decepción vino de mis expectativas, de creer que bajo cualquier circunstancia primero estaría la Emma que a mí se me muestra. Todo ello me ha llevado a caer en una vorágine de la que no sé salir; es como si quisiese atarla y que fuese mía para siempre, y cuando veo que no puedo, que es incontrolable, tiendo a hacerle daño deseando que me odie.- Tras sus últimas palabras el silencio se hizo hueco. Sabía que Archie estaba meditando sobre lo que había dicho.

-Estás siendo una egoísta- dijo de pronto el pelirrojo. Le miró con el ceño fruncido, un poco ofendida. –Quieres meter a Emma en una caja de cristal perfecta sólo por el miedo a que tu cuento ideal un día se rompa. Regina, si ella de verdad te quiere la estás destrozando sólo porque tienes miedo de que las cosas no salgan bien. Sé que no quieres sufrir pero eso no te da derecho a hacer daño a alguien cuando algo no sale como tú tenías pensado.

-Te he dicho que soy un monstruo- dijo con sarcasmo.

-No eres un monstruo, pero estoy seguro de que ni tú sabes lo que quieres. Cuando has visto que Emma no era sólo como tú querías que fuese has decidido echarla de tu vida, sin tener en cuenta lo que pudieses llevarte por delante. Tienes miedo, y eso es aceptable, pero también quiero apelar a tu cordura y tu madurez. Reflexiona sobre si estás dispuesta a entrar de lleno en una relación con Emma o déjala que siga su camino. Pero antes, discúlpate por ser una imbécil. Porque, Regina, te conozco, y puedes ser lo más detestable del universo.

-¿Tú crees?- contestó con una sonrisita y alzando una ceja.

-Anda ven aquí- Archie la echó a sus brazos y con ese gesto le dio parte del consuelo que tanto necesitaba. Se aferró a él y por unos minutos dejó fluir sus sentimientos. Lloró, mediante lágrimas dejó salir uno a uno sus miedos.


El sonido del móvil la sacó del duermevela en que llevaba sumida toda la noche. Y es que ella que era una chica a la que ninguna preocupación le quitaba el sueño, no había podido pegar ojo por lo sucedido en la fiesta. Por un lado, pensaba en las hirientes palabras de Regina y sólo conseguía hundirse en un pozo de desesperación. Y, por otro, se acordaba de lo sucedido en el baño con Belle y quería que se la tragase la tierra, odiaba ser tan impulsiva.

Cuando vio el emisor de la llamada entrante, dudó si contestar pero entonces estaría siendo injusta.

-Voy camino a tu casa- escuchó la voz de Belle al otro lado de la línea antes de que pudiese pronunciar palabra.

-¿No estabas en casa de Regina?- se incorporó de la cama frotándose los ojos.

-No, he ido a mi casa a dejar las cosas y voy para la tuya.

-¿No podías haber esperado hasta esta tarde?-preguntó a la vez que miraba el desastre que tenía de habitación; cada una de las partes de su disfraz estaba esparcida en un rincón del cuarto.

-¿Tú crees que puedo esperar siquiera un minuto más? Emma, estoy desquiciada. Me va a dar un ataque de ansiedad.-Sonrió por lo exagerada que era su amiga.- En 5 minutos estoy ahí.- Escuchó el pitido que indicaba el fin de la comunicación.

No le apetecía en absoluto tener que enfrentar a Belle, pero sentía que se lo debía.

[…]

Diez minutos después, con un té entre las manos, Belle se movía en la silla giratoria de su escritorio.

-¿Vienes con tanta prisa y ahora te callas?- preguntó ella a fin de romper el hielo.

-Emma, es que…-la castaña se volvió a quedar callada-¡Me besaste! ¿En qué universo tú me quieres besar a mí?- Belle había dejado la taza y se había levantado de su asiento mientas hacía aspavientos con los brazos.- ¿Estás enamorada de mí? Porque si es así creo que deberías decírmelo antes de darme morreos por las esquinas- La castaña no dejaba de hacer gestos grandilocuentes con las manos.

-Eh, perdona,-dijo sin levantarse de la cama- que luego tú seguiste.

-Pero…¡yo había bebido! Eso no cuenta – Belle seguía con su espectáculo de gestos dramáticos.-Somos amigas y no me parece nada bien que te aproveches de mi situación de ebriedad para meterme mano.

-Belle, detente- Pero sus palabras se perdieron entre la voz, cada vez más alta, de la otra chica.

-No creas que yo tengo algún problema con el hecho de que enamorada de mí…

-Cállate- dijo una vez más comenzando a perder la paciencia.

-Pero es que creo que lo suyo, dada la situación, es que te declares antes de besarme. Porque creo que si estas enamorada mí, ahora tengo que cuidarme mucho para no herirte.- la estridente voz de Belle estaba taladrándole los sesos y no se callaba, se dedicaba a monologuear sobre la estúpida idea que había cobrado forma en su cabeza- Yo te quiero como amiga pero esto de que estés enamorada mí pues…

-Estoy enamorada de Regina- dijo en un tono normal, pero Belle pareció no escucharla y continuaba con su verborrea- Estoy enamorada de Regina- repitió, pero nada.-¡Estoy enamorada de Regina! – Las palabras salieron de su boca con más sonido del esperado lo que le hizo temer que su madre las hubiese escuchado.

-¡¿Cómo?!- La otra chica se quedó pálida.

-Sí, Regina se enamoró de mí sin apenas conocerme y con el tiempo yo también de ella.- Se asustó porque Belle parecía haber entrado en estado de shock.-¿Estás bien?- se levantó y la zarandeó suavemente.

Belle se separó de ella y tomó de nuevo asiento en la silla del escritorio.

-Creo que se me acaba de parar el corazón durante unos segundos.-Podría llegar a creer que era otra exageración, de esas tantas que tenía Belle, pero a juzgar por la seriedad de su rostro la creía.

-¿Qué opinas?-preguntó nerviosa. Temía ser duramente juzgada por su confidente, porque si lo hacía ella…qué podría esperar del resto del mundo.

-Pues…-la joven suspiró-creo que en el fondo siempre lo he sabido, pero esa idea siempre me ha parecido tan perversa que el simple hecho de que algo así se me pasase por la cabeza me hacía sentir mal. Aún así, nunca he tenido la certeza de si lo que teníais vosotras era un lío amoroso.-Belle estaba al borde del llanto.

-¿Vas a llorar?-frunció el ceño a la vez que preguntaba.

-Es que…-Belle suspiró- no es por ti, pero en cierta manera me siento estafada. Supongo que ambas tendríais motivos para no contarme la naturaleza de vuestra relación, pero aún así…estoy decepcionada. –No tenía manera de justificarse, su amiga llevaba razón; se suponía que se contaban todo y ella le había ocultado la cosa más grande que le había pasado nunca.- ¿Te has acostado con ella?-La pregunta le pilló desprevenida.

-No del todo…-La cara de Belle expresaba confusión-Es complicado de explicar.

-Mira,-La castaña se levantó y se estiró la camisa rosa que, por su aspecto, no había visto la plancha esa mañana- creo que necesito asimilar esto. – Belle comenzó a recoger sus cosas- ¿Sabes lo que más me duele?- preguntó mientras se colocaba el abrigo. Ella negó aún sabiendo que la respuesta vendría aunque no hiciese ningún gesto- No es el hecho de que tú me lo hayas ocultado, es la sensación de que nunca he conocido a Regina. Para mí ahora es alguien completamente distinta de la Regina Mills fantástica y maravillosa que llevo tratando meses, y lo cierto es que no sé cómo voy a lidiar con eso.

Se sentía fatal. Estaba segura de que todo hubiese sido más fácil si no fuese una cobarde que era incapaz de confiar en su mejor amiga. Dejó de observar como Belle buscaba con ansiedad algo dentro de su bolso, cuando el móvil le avisó de que había recibido un mensaje.

R Mills: Estoy en la calle de al lado de tu casa. Tengo que hablar contigo. Por favor…

No es que le apeteciese en lo más mínimo enfrentar otro de los arrebatos de Regina, pero sabía que si no bajaba sería mucho peor. Así que saltó de la cama y comenzó a quitarse el pijama.

-¿Dónde vas? –preguntó Belle que ya estaba lista para marcharse.

-Bajo contigo. Regina está esperándome.- dijo mientras se ponía unos vaqueros que había encontrado en un rincón y una sudadera que solía usar para estar en casa.

-¿Qué quiere?- se encogió de hombros- Esta mañana me ha pedido perdón por lo de anoche, a lo mejor también quiere disculparse contigo.

-No lo creo- Respondió con pesar a la vez que le ponía un brazo sobre los hombros a la castaña para dirigirse hacia la salida del piso.- Mamá, luego vuelvo- gritó antes de cerrar la puerta.

[…]

Belle decidió acompañarla, por lo visto quería saludar a Regina. Lo cual no era muy lógico si no hacía ni dos horas que se había despedido de ella. Supuso que verla de nuevo se debía al hecho de que la noticia bomba aún la tenía confundida.

Anduvieron en silencio hasta el sitio indicado por Regina y cuado divisó a la morena, miró a Belle que tenía la misma cara de estupefacción que ella. La siempre elegante Regina Mills llevaba puesta una sudadera algo andrajosa, unas mallas que no concordaban en nada con su estilo habitual, el pelo recogido de mala manera y la cara lavada.

Una vez que estuvieron frente a ella no hicieron ningún comentario al respecto de su aspecto, de hecho, Belle ni siquiera dijo "hola" sólo se lanzó a los brazos de Regina y se quedó ahí unos instantes, para luego huir despavorida dejándolas a las dos con la boca abierta.

-¿Qué le pasa?- le preguntó Regina con gesto confundido mientras observaba a la castaña alejándose a toda prisa.

-Le he contado todo, así que está procesándolo a su manera.- La morena no hizo comentario al respecto simplemente asintió con seriedad.-¿Qué quieres?- preguntó tras unos minutos de silencio en los que Regina se había dedicado a fijarse en los viandantes.

-¿Hay algún sitio discreto donde podamos hablar?

-Aquí al lado hay un parque.- Caminaron en silencio uno al lado de la otra hasta que tomaron asiento en uno de los bancos del parque, que debido a las bajas temperaturas no tenía muchos visitantes..

-Si tienes frío podemos ir a una cafetería- Dijo Regina al percatarse de que se estaba pasando las manos por los brazos.

-No importa.

El silencio volvió a hacerse hueco y se fijó en que Regina tenía los ojos puestos en unos setos medio secos que tenían justo enfrente. Parecía increíble que después de todo Regina no encontrase las palabras, porque cuando quería se le daba estupendamente soltarlas como cuchilladas.

-Te estoy haciendo daño- afirmó la morena sin separar la vista de las plantas. Ella asintió con la cabeza.- Y no sé cómo dejar de hacerlo. – Fue a abrir la boca pero Regina la miró y la detuvo con un gesto de la mano- Déjame terminar. Te tengo miedo y el miedo que te tengo me convierte en una persona totalmente irracional. Quiero quererte, hacerte feliz… pero siempre que lo intento creo que no es suficiente, lo que hace que afloren mis inseguridades y salga el monstruo que llevo dentro. Tú tienes un camino entero por delante y yo sólo te tengo a ti.

-Eso no es cierto- la interrumpió.

-Sí, lo es. Para mí sí. No quiero vivir toda la vida temiendo el momento en que decidas que puedes encontrar a alguien más joven, a alguien que te pueda dar todo lo que yo nunca te daré.

-Yo no creo que eso me vaya a pasar nunca.

-Eso no lo sabes.

-Entonces tampoco tú puedes afirmar que un día me voy a cansar de ti. Regina- miró a la morena a los ojos- yo te quiero y la única prueba que puedo darte de que siempre voy a estar a tu lado es mi amor. Y si tú no confías en que mis sentimientos siempre van a ser lo suficientemente fuertes, yo no sé si puedo seguir a tu lado sabiendo que me vas a hacer daño cada vez que afloren tus temores.

-No te mereces lo que te estoy haciendo.- En esos momentos, mientras observaba a Regina admitir sus errores la percibió de una manera que nunca antes lo había hecho. Sintió a la Regina desvalida, a aquella que necesitaba protección, la Regina que nadie veía. Y, en cierta manera, se sintió bendecida por haber podido conocer su faceta más humana.

-Ni tú te mereces la tortura a la que te sometes.

-He pensado algo- dijo la morena tras permanecer unos segundos callada- necesito un tiempo, un tiempo para pensar en todo esto. – Sintió pánico al pensar que Regina la estaba dejando, algo de lo que pareció percatarse la morena- Tranquila, sólo te estoy pidiendo dos semanas sin ningún tipo de contacto.

-¿No podré llamarte?

-No. Después ya veremos…Haz tu vida durante estos días y piensa cómo eres más feliz; conmigo o sin mí.

-Eso te lo puedo responder ahora mismo- Regina negó mientras le sonreía tiernamente y colocaba una mano sobre la suya.

-Piénsalo, es importante para mí.

Tenía que admitir que ese pequeño paréntesis puede que les sentase bien. Ella necesitaba recuperarse anímicamente de los últimos ataques de Regina y es probable que no tener contacto con ella le hiciese volver a centrarse en unos estudios que iban en declive. Además, así sabría cuánto era capaz de echarla de menos.

Ambas se levantaron en silencio y deshicieron el camino hacia el coche de la morena. Una vez allí se miraron a los ojos y Emma sintió que con la mirada eran capaces de decirse todo. Le daba tanto miedo perder algo tan especial por temores sin fundamento, que un nudo se le instalaba en el estómago ante la idea de no volver a sentir esos ojos oscuros posados en ella.

-Emma, mira alrededor- miró a la morena sin comprender qué era lo que pretendía- Hazlo- le hizo caso y observo curiosa a los viandantes.-¿Ves a alguien conocido?- Negó todavía confundida. Pero no tuvo tiempo de decir nada porque inesperadamente Regina la besó.

El beso hizo que le temblasen las rodillas. Era la primera vez que Regina la besaba así. Siempre era ella la que tomaba la iniciativa, pero ese cambio de roles era algo a lo que podría acostumbrarse fácilmente.

Cuando se separaron estaba sin palabras. Simplemente se quedó quieta en la acera observando como, sin mediar palabra, Regina se subía al coche y se marchaba.

Por mucho tiempo que se quisiese tomar la morena, ella estaba segura de que ya había encontrado todo lo que quería sentir en esta vida y eso sólo lo conseguía al lado de Regina Mills.


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