Al fin el maldito partido se reanudaba. Conmigo en el banquillo...

"Por fin entras" El ansia de Kagami era totalmente palpable en su voz ante el As del Kaijou.

No le había dado prácticamente ni un maldito segundo al modelo para quitarse la chaqueta, cuando sus irritantes 'Notice me senpai' se pusieron a gritar como si de las puñeteras rebajas se tratase.

"¡¿Que es eso?!" Hyūga estaba completamente asustado por los gritos femeninos.

Kasamatsu señaló con su cabeza en dirección a Kise, mientras se acercaba a los chicos

"Oh ¿eso? Ocurre cada vez que él juega" respondió para poco después gruñir "y.. "

Salió corriendo ante la atónita mirada de todos y le propinó a Kise una patada voladora al grito de "¡¿QUIERES DEJAR DE SALUDAR?! ¡TE GOLPEARÉ!"

El rubio no podía dejar de sollozar cubriendo su cabeza ante el incesante 'maltrato' por parte de su capitán "¡Pero si ya me estabas atizando antes del aviso, Kasamatsu-senpai!"

Era incapaz de creer lo que veían mis ojos, el chico tímido y adorable que había conocido ayer... No era para nada tímido entre gente de su mismo género, cosa que ya suponía.

Sin embargo, lo que me había dejado atónita a la par que confusa, era que su personalidad no resultaba ser para nada tranquila como había imaginado, ¡era totalmente violento! Aunque no es que yo pudiera decir mucho al respecto... Como bien sabéis ¡no soy el mejor ejemplo a seguir!

Aún procesando toda la información con la que me había topado durante el breve día de hoy, mi atención fue a parar de nuevo al grupo de insufribles grupies, que ahora habían transformado sus gritos hormonados en alaridos amenazadores... Izuki y Koganei se habían acercado a mi para poder ver mejor el panorama, abrumados por toda la escena. El ambiente se había transformado, y me resultaba demasiado extraño... Y para nada en el buen sentido. Mi sexto sentido no dejaba de gritarme y eso no era nada bueno.

"Genial, problemas entre sus propias filas. Por eso odio esa falsa amistad feme...¡MIERDA!" Esprinté hacia la jauría sin terminar mi comentario. Os lo dije, ¿no? mi sexto sentido no fallaba, ¡maldita sea!

Mis 'problemas' no hacían más que ir en aumento, tal y como a mi maldita intuición se le había dado por predecir...

Me planté frente a la muchedumbre desbocada, captando la atención instantánea de las chicas de las filas delanteras. Algunas parecieron escudriñarme de arriba abajo completamente complacidas con la vista. URGH... Por favor ¡no!

"¡CÁLLAOS LA PUTA BOCA DE UNA JODIDA VEZ! ¡MALDITAS BOCINAS DE MIERDA!" Perfecto, ésto debía servir para dejar claro tanto lo mucho que me irritaba su comportamiento, como que no debían observarme cual ganado. Todas se detuvieron al instante para mi alivio. Menos mal...

Las aparté de un empujón, con los chicos completamente atónitos por mi supuesta 'explosión repentina' y me abrí camino como pude, para poco después comprobar con horror, que mis ojos no me habían engañado cuando me había parecido ver una escena peligrosa minutos antes.

Mi ira se apoderó de mi... Mi mente quedó totalmente en blanco, no podía ver nada más que lo que se estaba por desarrollar ante mis ojos.

Una de las hostigadoras ya tenía su brazo derecho en alto y había cerrado el puño para cuando la sujeté. Tiré de ese mismo brazo para el lateral, obligándola así a que quedara completamente estirado y aproveché su desconcierto para pasar mi brazo izquiedo por encima de su hombro, con objetivo de sujetarle la barbilla. (Feel like Annie Leonhart de SNK xD)

La chica aterrorizada, profirió un gritito ahogado mirándome malamente como pudo y con desconcierto escrito en todas sus facciones, poco antes de que haciendo acopio de toda mi fuerza, como si fuera a chutar un mate, le patease los tobillos, usando su peso para mi propio beneficio.

Al quitarle de golpe su punto de apoyo, la chica cayó a cámara lenta de espaldas a mi lado.

El golpe que se había dado, tremendo por cierto, resonó por todo el gimnasio, y creedme cuando os digo, que ni una sola parte de mi se arrepintió de ello. De no ser por las otras dos que quedaban, me habría tomado la libertad de jugar un poco más con ella.

Pero, encolerizada como me encontraba, no podía ver nada más que las otras dos que todavía sujetaban ante mí a la chica por el pelo. Me miraban completamente aterrorizadas, sin poder moverse bajo mi duro escrutinio.

Oía a lo lejos gritar a Hyūga completamente aterrorizado para que le ayudasen a intentar contenerme. Pero todo sonido había quedado amortiguado en mis oídos por la adrenalina, que en ese momento me recorría de pies a cabeza.

"¡DEJAD ESO QUE ESTÁIS HACIENDO AHORA MISMO PERRAS!" las amenacé, acortando la excasa distancia que nos separaba.

Para suerte de las otras dos escorias que me quedaban por patear y para tranquilidad de todos, Kagami fue el más rápido en llegar. Sin perder tiempo me sujetó pasando sus brazos por debajo de mis axilas y me aplastó contra él, levantándome del suelo en el proceso. Tan fuerte era su agarre que podía notar perfectamente la forma de sus pectorales y trabajados abdominales contra mi espalda, como se contraían ante el esfuerzo de intentar mantenerme presa contra él...

Le miré como si fuera la muerte y el un simple alma a sesgar, pero aún así, para mi disgusto no me liberó.

Cuando los demás llegaron a nuestra altura, nadie parecía atreverse a decir ni una sola palabra, o quizá no sabían qué decir...

Kise por su parte, les pidió explicaciones a las chicas por horrible comportamiento, mientras un par de suplentes de Kaijou se llevaban rápidamente a la enfermería a la colegiala que había dejado inconsciente, o rota, o mismo muerta... No lo sé la verdad, y después de lo que esas tres habían hecho ¡me daba bastante igual!

La entrenadora Aida aprovechó que parecía disiparse la tormenta y se acercó a la la pobre chica con la que esas tres se habían divertido en su espectáculo, que aún yacía en el suelo...

"¿Es-estás bien?" preguntó Aida senpai de la forma más considerada que pudo al tiempo que se inclinaba sobre la muchacha para comprobar sus heridas.

Aproveché ese momento de distracción para propinarle un cabezazo a Kagami y obligarle así a soltarme si es quería esquivarme. Cuando me liberé con éxito de la musculosa prisión que me había mantenido inmóvil hasta el momento, me fui derecha hacia la entrenadora. La hice cuidadosamente a un lado y me acuclillé frente a la chica despeinada, que no se había movido ni un centímetro durante todo aquello. Podía ver sus ojos humedecidos y enrojecidos.

"Mírame" le dije simplemente. En mi voz aún quedaba rastro de mi ira, maldita sea...

Al no recibir respuesta me puse nerviosa y sujeté con toda la delicadeza de la que fui capaz su barbilla, obligándola a levantar su rostro para poder así mirarla a los ojos.

"¿Estás bien?" le pregunté realmente preocupada.

Ante ésto, ella me sonrió de forma dulce y me asintió débilmente con la cabeza. Ésta chica... ¿como era capaz de sonreír poco después de haber pasado por algo así?

Kise apareció de repente, ofreciéndole una mano para ayudarla a levantarse y llevarla a la enfermería en caso necesario, a lo que mi instinto protector contestó con un sonoro "¡No la toques!" al tiempo que apartaba de un manotazo su mano.

Cogí a la chica de la muñeca, la puse en pie y con delicadeza la cargué sobre mi hombro, poniendo rumbo hacia nuestros bancos de descanso. Pero asegurándome en todo momento que la falda de su uniforme no revelase nada.

"¡Maldita sea Kofuku! ¡No se te puede dejar ir sola a ninguna parte, por ésto no te dije nada sobre hoy!" gruñí irritada, aunque realmente era más preocupación lo que teñía mi voz. Casi me había llevado un infarto al verla allí... Así... Sólo de pensarlo, los deseos de dirigirme a la enfermería a asesinar a las culpables estaban por tomar el control de mi cuerpo.

Ella se rió sobre mi espalda, pataleando como tanta gracia me hacía. Sabía que aunque mi tono de voz fuera más duro que de costumbre, y estuviera metida en el papel de mi supuesto yo masculino, la preocupación me estaba carcomiendo por dentro.

Todos los chicos del Seirin y Kise trotaron para ponerse a nuestra altura, aún sin comprender muy bien que demonios estaba pasando.

Simplemente les ignoré, aún estaba demasiado nerviosa. Deposité con delicadeza a la despeinada Kofuku sobre el banco, y la examiné concienzudamente con manos temblorosas bajo el intenso escrutinio de todos, tanto rivales como aliados, sin olvidarnos por supuesto de algunos espectadores en la zona.

Me miraban con una mezcla de cautela y curiosidad, como si hubiera sido presa de una extraña posesión o algo... Sin más, les ignoré de nuevo.

"¿Estás herida?" pregunté secamente.

Ella negó con la cabeza, sus rizos ondeando ante el súbito movimiento, antes de recriminarme" realmente la situación no era como piensas Yuu-chan, ¡ya te has metido en otra pelea! ¿que voy a hacer contigo?"

Alcé mis manos en señal de derrota, no tenía sentido discutir con ella y menos si me sonreía de oreja a oreja como una niña pequeña.

"¡¿CONMIGO?! ¡Pero si eres tu la que.. mierda ¡Fú!"

"¿Os conocéis, no?" inquirió la entrenadora con un leve movimiento de cabeza en dirección a Kofuku, se notaba que estaba más que curiosa ante la situación que se daba ante sus ojos.

Una sonrisa ladina se extendió por el rostro de la pequeña pelirosa, cautivando a todos. Mierda, la conocía de sobra como para saber que ésa sonrisa, ésa en concreto, era una jodidamente maliciosa que indicaba que tramaba algo, algo que traería demasiados problemas, para su diversión. ¡Otra vez iba a acabar metida en líos!

"Claro que nos conocemos, soy su novia" espetó enroscando sus brazos alrededor del mío y tirando de mi cuerpo hacia si.

"¡¿EEEEEEH?!" Los chicos del Seirin parecían no lograr salir de su estupor ante tal revelación.

¡Y ahí lo tenéis! Me cago en la... No me dió tiempo ni a seguir con mis pensamientos, miradas asesinas volaban en mi dirección y prácticamente tragué saliva, al ver los rayos que salían de los ojos de todos los chicos y que acababan por centrarse en mi dirección.

"¡¿Como es remotamente posible que un enano con una personalidad tan horrible como la tuya tenga una novia tan bonita?!" Sollozó uno de los chicos completamente exhasperado.

Eso hizo que la sonrisa de Kofuku se agrandase aún más mientras tiraba de mí para evitar que no fuera 'a partirle la cara de forma amistosa' a mi compañero por llamarme enano.

La entrenadora le trajo gel frío para mi ahora 'supuesta novia', obligándola a que se lo aplicase en sus rodillas raspadas por la caída.

"¿Y bien? ¿que fue lo que sucedió ésta vez?" inquirí cruzando mis brazos sobre el pecho con un aura amenazadora que echaría atrás a cualquiera, menos a ella, claro está.

"Pues..." Tanto Kaijou como Seirin estaban completamente atentos a cada una de sus palabras.

"La verdad es que después de enterarme del partido que QUE ME OCULTASTE, decidí venir a animarte, pero mis compañeras no podían venir... Asique esperaba poder encontrarme contigo antes de que empezase el partido, pero me perdí y tropecé, empujando sin querer a una de esas chicas de antes. Cuando vieron mi uniforme, me llamaron descarada, empezaron a gritarme y tirarme de la camisa porque según lo que entendí ' pretendía arrebatarles a un tal Kise kun' o algo así... Yo intenté explicarles que estaba aquí para ver a Izaya jugar con Seirin. ¡Y apareciste tú dandole la vuelta en el aire a esa pobre chica como si fuera una tortilla, Yuu-chan!" Ante la frase final hizo un enorme y adorable puchero, cosa que cautivó a todos los del género masculino. Que poco después volvían a enviar dagas en mi dirección, como si todo hubiera sido mi culpa.

"¿Que pretendías que hiciera si veo a alguien agrediéndote? ¡Maldita sea!" Ésto, seguramente estaba encajando tal cual los planes de Kofuku, realmente parecíamos una estúpida pareja de enamorados, por dios...

Volvió a poner un puchero.

"¿Dónde está tu chaqueta? ¿Te la quitaron?" pregunté sin dignarme a mirarla, fingiendo estar muy enfadada.

"Eh... he-he-he en realidad... me la olvidé en clase, con las prisas para llegar aquí" Avergonzada, bajó su mirada mientras peinaba sus rosáceos rizos revueltos por la reyerta, sin atreverse a levantar la mirada de sus pies.

"Tch!..." Todavía sin molestarme a mirarla, me quité la chaqueta del equipo y se la puse encima de la cabeza. Lo cual hizo que alzara la vista y me observase fijamente para poco después regalarme una de sus dulces sonrisas. ¡De esa maldita manera achuchable! mientras se colocaba la chaqueta sobre los hombros, sin molestarse en meter los brazos por las mangas.

Se había relajado un poco más en el banco, sujetando los lados de la chaqueta sin abrochar con sus pequeñas manos como si fuera una ancianita, sólo que en ella se veía adorable.

Sigh... a éste paso la diosa del desastre, que se suponía ésta mujer, haría caer en desgracia a mi equipo y al rival haciendo que se volvieran todos locos por ella. Reí para mis adentros.

Aunque si fuera el rival, realmente no me importaría, mientras se matan por el amor de la doncella podríamos duplicar el marcador tanto como nos diera la realísima gana, muahahaha. Ups... Eso no ha sido muy femenino por mi parte, eh... bueno, ¡a la mierda! ¿A quién le importa, de todos modos? (A/N: Perdón por el lenguaje, a veces me meto tanto en el papel que me emociono o algo jajaja)

Sin saber como, la atención de todos pareció volver a recaer sobre mi de nuevo... Del móvil que sostenía Kise Ryota a mi, del móvil...a mi, del móvil...a mi, del... ¡VALE! ¡Ésto oficialmente me estaba tocando las narices!

"¿Qué es? ¿Qué es?" preguntó Kofuku de forma cantarina, mientras se unía a ellos dando pequeños saltitos.

Lo que sea que le estaban mostrando hizo que su cara pasase del rosáceo más adorable, al blanco más... ¿muerto?

Posó sus ojos abiertos de par en par en mi. Oh-oh... ¿Qué se supone que había hecho ahora?

"¡ME LO HABÍAS PROMETIIIIDO! ¡YUU TRAIDOR!" Y con ese grito de guerra se abalanzó sobre mi, asiéndome de la camiseta y golpeándome sin fuerza con uno de sus pequeños puños, mientras sollozaba.

Ay, señor...

Se sentó enfurruñada de nuevo en el banco y cubrió su pequeño rostro con las manos, para empezar a sollozar descontroladamente.

No entendía nada, ¿que diablos pasaba con el puñetero día de hoy?

Sin pensármelo dos veces le arrebaté el móvil al rubiales y observé atónita como alguien se había asegurado de filmar mi batalla contra el equipo de Rugby y lo había nombrado 'El día Gris'. ¡Lo habían subido hasta en youtube!

"Oh, eso fue el día de mi visita a vuestra preparatoria, por si no lo recuerdas. Simplemente pedí a una de las chicas que me lo pasara, porque me pareció increíble" Se rió recuperando su teléfono de mis manos, mirándome como si fuera mi fan o algo.

"Créeme que lo que te va a parecer increíble será el viaje... cuando te haga lo mismo" le amenacé por haberme enredado en ésto haciendo crujir mis nudillos.

Todos estaban blancos, claro que los chicos habían oído los rumores y se habían enterado de lo sucedido, pero una cosa era oírlo y otra... ¡ver el susodicho vídeo!

Genial...

Me acerqué a la pequeña pelirosa que aún continuaba como la había dejado, y posé mi mano sobre su pelo, revolviéndolo de forma cariñosa.

"Fú.. puedo explicarlo..." intenté justificarme con voz desesperada.

Apartó mi mano de un manotazo al grito de déjame... Sabía que estaba actuando o al menos eso esperaba. Se había enfadado conmigo otras muchas veces antes, al enterarse de que me había visto envuelta en peleas. Pero nunca había actuado así...

Supongo que hasta ella tenía un límite de atención masculina que podía soportar. Y quizá realmente la había afectado verme en la pelea, aunque fuera a través de un vídeo. Como bien dije antes... Una cosa era oír sobre ello y otra muy distinta verlo, y Kofuku era muy sensible para cosas como ésta. ¡Y todavía más si era yo la que estaba envuelta en todo ese lío!

Con un suspiro me agaché frente a ella y tiré de sus manos para poder mirarla a los ojos y prometerle que se lo explicaría luego.

Pero me quedé de piedra cuando la vi llorando, es decir.. llorando de verdad. Por mi culpa.

Asustada por la sorpresa, solté sus manos y ella las volvió a llevar rápidamente a su cara, cubriéndose como podía de la vista de todos.

Oía a los chicos murmurar a mis espaldas, parecía haber una disputa entre que era un bastardo con suerte o que era lo peor. ¡Algunos hasta votaban por las dos cosas! Realmente un argumento no difería mucho del otro... Sigh... CHICOS.

Por lo que para salvar la maldita situación hice lo único que se me ocurrió. Rodeé el banco y me pusé tras Kofuku, me agaché y empecé a hacerle cosquillas, hasta que segundos después sus lágrimas no eran más por mi culpa, o bueno... si, pero no en el sentido que... ¡Oh, venga! ¡Dadme un respiro! Me habéis entendido perfectamente.

Una vez arreglado todo el follón de los incontables follones que parecían hacer acto de presencia en éste condenado gimnasio el día de hoy, el partido estaba finalmente a punto de reanudarse.

¡ALELUYA!

"Tch..Estoy hecho mierda" comenté a nadie en particular de camino a por otra bolsa de gel frío.

"Eres el tipo de tío que detesto, eres egoísta, violento y malhablado, le pones la mano encima a cualquiera, te da igual que sea hombre o mujer y además eres incapaz de no hacer llorar a tu novia. ¡No eres más que escoria!" Incrédula me giré por inercia en busca del origen de ésa voz, para encontrarme con la mirada severa y llena de desprecio del capitán Kasamatsu.

¡Oh venga ya! ¿Ésta era la guinda del pastel?

¿Que al final del día éste chico, 'mi salvador ahora enemigo' me odie? Tienes que estar de broma...

Y sin una palabra más el moreno se dirigió al centro de la pista. Me quedé helada, no era capaz de moverme y mucho menos era capaz de apartar de mi mente esos hermosos ojos azules que me habían llamado la atención desde el primer momento... Sólo que ahora irradiaban odio y desprecio cada vez que se posaban sobre mi persona.

Perfecto, ¿acaso no iba a encontrar paz en ésta maldita vida? También es mala suerte que justo el chico que tiene problemas para relacionarse con el género femenino, odie mi ' supuesto yo masculino'... Pero al menos, no me odia por completo ¿no? Dios.. éste lío sin duda va a ser algo nunca visto.