Disclaimer: Sherlock ni ninguno de sus personajes me pertenecen.
Muchas gracias a Oveja salvaje, letii543, Lady Indomitus y a darth tati por sus reviews. No sabéis lo feliz que me hicieron vuestras palabras. Y a todos los que siguen la historia en el anonimato también, gracias.
~ Tortura ~
El silencio flotaba en la morgue tan denso que podría ser cortado con un bisturí. No era el cómodo silencio que siempre les acompañaba mientras ambos estaban inmersos en su respectivo trabajo.
Sherlock Holmes no había dirigido ni una sola mirada a Molly desde que había entrado junto a John a la morgue. Se limitaba a trabajar de forma eficiente en las pruebas necesarias para la resolución de un caso.
Había pasado un mes desde ese momento en el que Molly le prometió que dejaría de ser importante para ella. Una punzada de algo que no sabía identificar acudía a su pecho cada vez que lo recordaba. Sin embargo, haciendo gala de su admirable raciocinio, el detective siguió con su vida sin darle la mayor importancia. Molly nunca le dejaría de lado. No importaba cuan mal se comportara.
Pues bien, al parecer estaba equivocado. Esta era la segunda vez que veía a la forense en ese mes. Molly Hooper le estaba evitando.
Si alguien le preguntara, diría sin titubear que le daba igual. Mas si permitía divagar a su mente sobre el asunto más de la cuenta algo empezaba a carcomerle. Estaba perdiendo algo ¿Pero el qué? ¿A la forense que le daba tantas partes de cuerpos como deseaba? Eso era fácilmente sustituíble. Entonces ¿Qué estaba mal en él? ¿Qué eran esas cosas que sentía y no podía identificar? John lo había definido como sentimientos. Encajaba, sin duda, ¿Pero qué tipo de sentimientos? Un hombre que se regía por la fría lógica como él tenía grandes reparos a la hora de meterse en un terreno tan fanganoso como el de las emociones así que simplemente, por una vez en toda su vida, Sherlock Holmes no quería saber ni entender.
Y la culpable era Molly Hooper la cual sabía que luchaba por no mirarle y, estaba ganando la batalla. Aunque a ojos de los demás parecía que sólo veía los defectos de la mujer, era plenamente consciente de todas sus virtudes. Terca, trabajadora y extremadamente fuerte. Jamás la había visto llorar. Había visto sus ojos aguarse en varias ocasiones, siempre por su culpa, pero nunca derramó una lágrima.
Salieron los resultados de las pruebas que estaba realizando y se levantó hacia la impresora. Había resuelto el caso. Le alargó los papeles a John y se puso su abrigo. No había disfrutado de la investigación y tampoco estaba disfrutando ahora que lo había resuelto.
"Pasará" se dijo. Todo pasa. Para bien o para mal. Pero mientras tanto estaba viviendo una especie de tortura. No había diversión, no podía estar en la morgue, no podía dejar su mente libre. No Molly. No nada. Ojalá pasara rápido. Lo deseaba con todas sus fuerzas aunque ni si quiera sabía qué era eso que tanto deseaba que pasara.
Salió de la morgue. Sin mirar a la forense y sin despedirse de ella, al contrario que John el cual le alcanzó poco después en el pasillo.
-Vale, vas a decirme ahora mismo qué demonios está pasando ¿Has discutido con Molly?-
-No- Respondió con sequedad. Y era verdad. No había sido una discusión. Molly habló y el se dedicó a escuchar básicamente. Aún tenía todo lo que habría querido decir atascado en la garganta.
-¿Entonces por qué no os habéis si quiera mirado?-
-Molly ha tomado la decisión de alejarse de mí y yo lo respeto. Fin de la historia- No quería hablar del tema mas John abrió la boca y Sherlock compuso un rostro de fastidio. Claro que no. Watson no podía dejar estar el asunto.
-¿Molly Hooper? ¿Alejarse de ti?- John le adelantó y se puso delante de él, frenándole - ¿Qué has hecho?-
Sherlock tomó aire para nada sorprendido de que su acompañante pensara que le había dicho alguna burrada de las suyas a Molly o algo peor.
-No ser suficiente, al parecer –Respondió siendo solamente consciente de una parte de toda la gran verdad que escondían sus palabras.
Molly merecía un buen hombre y ella tenía razón. Tal vez no fuera tan diferente de ese que casi muere de una sobredosis. Pero tampoco es que él tuviera interés en estar a la altura de la forense. En ser lo que la forense necesitaba ¿O tal vez sí? No, no. Simplemente era lo que Molly había dicho. A él le daba igual si era suficiente o no.
Volvió a ponerle una correa a su mente según sentía que se iba perdiendo en esos pensamientos y se desconectaba en la realidad. No quería entrar ahí. No quería saber.
-Vamos, John. Hay que informar a Graham de que he resuelto el caso- Continuó el detective para después pasar por el lado de John y salir del hospital.
Molly soltó un gran suspiro cuando por fin Sherlock y John se fueron. Se pasó el dorso de una mano por los ojos y se mordió el labio. Era una tortura. Vivir fingiendo que el detective asesor no existía era una tortura. La estaba destrozando por dentro pero estaba determinada a conseguirlo. Se lo había prometido y lo cumpliría. Sería lo último que haría por Sherlock Holmes. Por el bien de los dos.
La puerta se abrió, se cerró y todo continuó en silencio. Molly volvió a tensarse. Debía ser él. Seguramente se habría olvidado algo. Lo cogería y ella le ignoraría hasta que volviera a escuchar la puerta. Casi ni respiraba, se mantenía de espaldas a la entrada. Pero seguía si oírse nada ¿Tanto tardaba en coger lo que fuera que se había olvidado y marcharse?
-Hola Molly- Esa voz la heló la sangre. Se dio la vuelta con tanta rapidez que en el proceso tiró varios utensilios de trabajo.
Jim Moriarty estaba delante de sus ojos. Con una expresión de macabra diversión y las manos metidas en los bolsillos.
-¿No dices nada querida? ¿La sorpresa te impide hablar?- El hombre rió y Molly tragó saliva-Bueno, entonces hablaré yo ¡No hay problema!- La forense miró alrededor buscando alguna forma de huir.
-Tranquila Molls. Solo estamos tú y yo. Creí que un encuentro íntimo era lo más de adecuado. Además, te conozco, sé que eres una mujer sensata y sé que vendrás conmigo por voluntad propia- Molly frunció el ceño y su corazón se aceleró ¿Ir con él?
-Sí … Sólo tengo que decir las palabras mágicas -Moriarty empezó a moverse por la sala, tamborileando los dedos por las mesas de metal, como si se encontrara en el salón de su casa -Todos tenemos una debilidad, querida, y yo sé la tuya.
El hombre paró a su lado y los ojos de ella volaron hacia la salida. Tal vez si corría podría llegar hasta el pasillo y empezar a gritar … Alguien la oiría. Alguien vendría en su ayuda.
-Ni si quiera lo pienses, Molls- Dijo Moriarty como si la estuviera leyendo el pensamiento – Puedes intentarlo, seguramente alguien vendría a socorrerte y estoy yo solo aquí, sin armas, pero el problema es que si huyes … Si no vienes conmigo … - Jim se inclinó un poco para hablar en el oído de ella -Mataré a Sherlock Holmes.
Los ojos de Molly se abrieron como platos y la boca se le secó al instante. Miró a Moriarty a los ojos y un escalofrío la recorrió. Sherlock muerto. Maldita sea no le daba igual. No había dejado de importarle ni un ápice.
-Se te puede ocurrir pensar que tal vez sea un farol o que realmente no tenga verdadero poder para matarle pero la cuestión es ... ¿Vas a correr el riesgo querida? - Moriarty alzó ambas cejas y estiró una mano hacia ella– Ven conmigo.
Molly miró su mano y después de vuelta a sus ojos. La decisión fue tan simple como respirar. Elevó su mano y la posó sobre la de Moriarty. Este tiró de la forense bruscamente y se la llevó por la salida de emergencia.
