Disclaimer: Sherlock ni ninguno de sus personajes me pertenecen.
Muchas gracias a Oveja salvaje, letii543 y Lady Indomitus por sus reviews, así como a todos los que seguís la historia.
~ Corazón ~
Sherlock se arrodilló observando las herramientas de trabajo y los cristales desperdigados por el suelo de la morgue. Perfiló a Molly en su mente tirando todo eso al suelo según Moriarty entraba al lugar.
Mike Stamford dio la alarma de su desaparición cuando al ir a buscarla a la morgue encontró esta vacía y con todo por el suelo. Inmediatamente llamó a la policía y estos al observar las cámaras de seguridad y ver a Moriarty le llamaron a él.
Él mismo había observado esas imágenes, las cuales carecían de sonido. Moriarty no le hizo ningún daño a Molly, se limitó a hablar con ella, de una forma bastante convincente cabría añadir, pues ella misma fue la que aceptó su mano para irse con él ¿Qué le dijo? Esa pregunta estaba obsesionando a Sherlock y le impedía pensar con claridad. Sus deducciones eran vagas. No tenía ni idea de dónde se podría haber llevado a Molly o de cómo es que estaba vivo Moriarty. Lo único que sabía era por qué, de todo su reducido círculo de amistades, se la había llevado a ella. Ahora James Moriarty era consciente del error que cometió años atrás e iba a enmendarlo. La importancia de Molly para Sherlock ya no había pasado desapercibida a sus ojos. Quería llegar a él de una forma rápida y directa. Ya había usado antes a Molly para acercarse a él pero lo había hecho de una forma sutil, vaga, aunque igualmente repugnante al desconocer la verdadera importancia de la forense en su vida pero ahora que era consciente de ello Moriarty había apostado el resto.
Sherlock resolvió que ya no podía sacar nada más en claro de la morgue y se levantó. Se dirigió hacia la salida de emergencia y empezó a subir por las escaleras. La morgue se encontraba en el sótano por lo que el único camino posible era hacia arriba. Sherlock encontró junto a la puerta que daba a la planta baja del hospital uno de los pendientes que usaba la forense. Una pequeña y simple perla. Su corazón se aceleró pero nada tenía que ver con el éxtasis de la búsqueda que solía sentir. Era orgullo por la forense junto con la confianza intrínseca en él al dejar esa pista. Ella sabía que él la buscaría.
"¿En ti o en la policía?" Una voz muy parecida a la de John se alzó en su mente. Sherlock lo ignoró y siguió caminando hasta la salida del hospital "Molly sabe que alguien la buscará. Ya no eres el centro de su mundo ¿Recuerdas?"
-¡Cállate!- Alzó la voz. No tenía tiempo para esto. Su mente no podía distraerse ahora mismo con esas tonterías.
-No he dicho nada- John, que por supuesto le había estado siguiendo le miró confuso. Después rodó los ojos. "Seguramente estaré pensando demasiado alto", se dijo a sí mismo.
El hall del hospital era mucho más ruidoso que la morgue pero más peligroso. Cualquier acto sospechoso por parte de Moriarty no hubiera pasado desapercibido aquí. Prácticamente visualizó a Jim caminando con la cabeza gacha con Molly delante para cubrir aún más su cuerpo. Demasiado arriesgado ¿Qué estaría planeando que mereciera exponerse de esa forma?
Al salir al exterior su mirada recorrió la calle hasta dar con las cámaras de seguridad. Sacó el móvil y marcó rápidamente, llamó a un taxi con la mano libre mientras que con la otra se llevaba el teléfono al oído. La policía tardaría demasiado en conseguir las imágenes de esas cámaras. Era el momento de pedir un favor a un querido hermano.
-Mycroft, Moriarty ha secuestrado a Molly. Necesito los vídeos de las cámaras de seguridad alrededor de St. Barts- Sherlock habló nada más escuchar que su llamada era atendida sin dar tiempo a su hermano a si quiera hablar. Hubo un silencio de apenas un segundo antes de recibir respuesta que el detective, acompañado de su blogger, aprovechó para subir al taxi.
-Lo tendrás en media hora- Y sin más colgó.
Sherlock guardó el móvil y después tamborileó los dedos sobre sus muslos. Tenía que pensar y rápido. Necesitaba un plan en caso de que Moriarty contactara con él antes de que le encontrara. Necesitaba que su cerebro estuviera en sus mejores condiciones, como si fuera cualquier otro caso, preocuparse por el daño que podía sufrir Molly no iba a salvarla. Moriarty se comunicaría con él, siempre lo hacía, y él tenía que estar preparado.
Sherlock tenía los ojos fijos en la ventanilla del coche pero realmente no estaba viendo nada del exterior en absoluto. Una frase se repetía en su cabeza "Quemaré tu corazón". Obviamente Moriarty nunca habló en sentido estricto, atacaría a lo que él más quiere.
Como todos él tenía un corazón, la diferencia y lo que hacía que el resto del mundo pensara que carecía de uno es que este, al igual que su mente, funcionaba de forma distinta. Sherlock Holmes no era una buena persona. En sus propios ojos lo que realmente era es mucho peor que la imagen que se da de él, ciertamente edulcorada por la forma romántica de escribir de John.
Nunca sentía necesidad de socializar o de estar acompañado, no estaba en su naturaleza, además de pensar con todo el apoyo de su fría lógica que establecer relaciones era tanto una pérdida de tiempo como una debilidad. Sin embargo también era muy consciente de que es imposible evitar que el mundo te golpee, que no se puede vivir completamente aislado, sobretodo en el trabajo que había elegido. Y, muy de vez en cuando, alguien de entre toda esa marabunta de relaciones que Sherlock consideraba simplemente comerciales, alguien merecía realmente la pena y conseguía colarse entre las ínfimas grietas de su sólida mente hasta llegar a su corazón. Y eso jamás significaría que él se volvería amor, bondad y palabras de afecto. Absolutamente no. El detective simplemente aceptaba lo inevitable y te dejaba entrar en su vida. No lo resistía pero tampoco cambiaba. Te dejaba ver lo que era en todo su esplendor, poniendo toda su confianza en ti. Eso es lo que era estar en el corazón del Sherlock Holmes.
Además, era humano, no se iba a negar el placer de una buena compañía. Había elegido bien a sus amigos, todos tenían unas cualidades admirables que sin duda él carecía. Simplemente no podía perderlos. No podía perder a Molly en este caso. Era única. Destacaba por encima de todas. Una mente maravillosa mezclada con dulzura, lealtad y tenacidad. No podía permitir que Moriarty la rompiera, era culpa suya que la forense se encontrara en esta situación. No se lo perdonaría jamás.
John sacudió su brazo para indicarle que ya habían llegado a Baker Street. Salió del taxi y se dirigió directamente a la puerta de su hogar, dejando que John se encargara de pagar. Abrió para después subir las escaleras de dos en dos. Se deshizo del abrigo y la bufanda y fue directo a encender su portátil. Su hermano le enviaría los videos por correo electrónico, ambos sabían muy bien la forma de trabajar del otro.
Se sentó en su sillón y colocó sus manos unidas bajo la barbilla, fingiendo estar pensando. En cuanto John apareció por la puerta detectó las ganas que tenía de iniciar una conversación, cosa que ahora mismo no quería hacer por nada del mundo.
El viaje en taxi había durado diez minutos por lo que aún quedaban veinte ¿Cómo podía pasar tan lento el tiempo? ¡Esos veinte minutos podían ser cruciales!
Su móvil sonó. Ahí estaba. Empezaba el juego. Un juego retorcido que incluía la vida de una mujer inocente. Ignoró esa parte de su mente que le dijo que era la primera vez en toda su vida que se preocupaba por la víctima.
Se puso en mi pie con el móvil en la mano. El mensaje decía "¿Me has echado de menos?" y después le decía que buscara una página web.
Con John a su lado tecleó rápidamente. La página cargó y la sangre se le quedó congelada en las venas. Era una web streaming, un vídeo en directo se estaba reproduciendo delante de sus ojos. Un vídeo que mostraba a Molly Hooper atada, en el suelo en un fondo oscuro y con la cara golpeada. Los ojos de la forense se movían como si estuviera siguiendo a alguien con la mirada. Estaba asustada aunque luchaba por no mostrarlo. Y él no podía hacer nada por ayudarla más que esperar. Inhaló profundamente por la nariz pues su corazón se estaba acelerando ¿Qué le estaba pasando? No entendía las reacciones que estaba teniendo pero tampoco se iba a parar a analizarlas. No ahora. Luego. Cuando Molly estuviera sana y salva pensaría en qué clase de mal le estaba afectando.
Su móvil volvió a sonar, una llamada estaba vez. Descolgó y puso el manos libres, para que John también escuchara. Tal vez fuera bueno tener el punto de vista de su blogger.
-Moriarty- Se esforzó porque su voz sonara calmada. Algo que rara vez tenía que hacer. Él siempre estaba en perfecto control de su cuerpo.
-¡Hola Sherlock!- Esa voz, la voz de Moriarty, con ese tono de espeluznante alegría. Observó cómo los ojos de Molly se abrían y se echaba hacia delante. "Sherlock" consiguió leer en sus labios aunque no llegó a oírlo.
-¡Tranquila querida! Si te portas bien tal vez te deje saludarle luego … - Volvió a hablar Moriarty – Un encanto la pequeña forense ¿Verdad Sherlock? Quién iba a decir que habría una princesa en este cuento …
El detective se limitó a escuchar, no queriendo entrar en el juego que James estaba planteando.
-Ohhh ¿Después de tanto tiempo no vas a decir nada? ¿No quieres saber cómo es que estoy vivo?-
-Claro que quiero saberlo- Respondió haciendo una mueca de enfado.
-Te lo contaré cuando nos veamos … Pero antes Sherlock tenemos una cuenta pendiente. Una cuenta que debemos saldar antes de vernos. Tu corazón para ser exactos. Tú me quitaste mi imperio, el trabajo de toda una vida ahora lo justo es que yo te quite algo a ti-
-Ya me has quitado algo-
-Oh, pero me refiero a quitártelo de forma permanente ¿Sabes? No hay forma posible de que Molly salga viva de aquí ¡Ella lo ha elegido! Le dije alguien va a morir hoy ¿Quién quieres que sea tú o Sherlock? Supongo que eres capaz de imaginar la respuesta que dio-
Molly cerró los ojos y respiró con lo que parecía … ¿Resignación? No podía ser. Ella no podía haber elegido algo así … ¿O tal vez sí? Le había salvado la vida una y otra vez. Es lo que ella hacía y es lo que iba a hacer ahora. Salvarle a él a costa de su propia vida.
-¡Así que Sherlock esto es una llamada de despedida! La pequeña Molly tiene algo que hacer … ¿No es así querida?-
Moriarty apareció en escena con un cuchillo en la mano. Ella le miró directamente a los ojos y extendió las manos hacia él.
-Tu corazón es muy valiente. Ni una sola lágrima, ni un sólo grito. Decepcionante. Necesito oírlo, saber que tú también la has oído sufrir. Te lo debo, Sherlock, te lo debo – Dijo las tres últimas palabras de forma marcada con una voz de ultratumba.
James le colocó el móvil en la oreja a Molly y ella lo sujetó con el hombro mientras este empezó a deshacer las ataduras de sus manos.
-No lo hagas, Molly, no. Voy a encontrarte, sabes que lo voy a hacer- La voz y las manos le temblaron.
-Lo sé -Respondió ella en un tono de voz débil- ¿Alguna vez te he dicho que me encantan los zombies?- Molly iba a decir algo más pero Moriarty le arrebató el teléfono y le entregó el cuchillo.
-¿Cuántas cosas no te ha contado Sherlock? ¿Sabías que le gustan los zombies?- Dijo Jim totalmente serio.
-No- Respondió él apoyando las palmas de las manos sobre la mesa y su rostro a escasos centímetros de la pantalla del ordenador.
-Un poco tarde para recuperar el tiempo perdido … Hay tantas cosas que ya no sabrás de ella. Tantos recuerdos de lo que habría sido vuestra vida juntos que no tendrás … Oh, el amor perdido- Moriarty lo dijo de una forma dramática y burlona pero para Sherlock fue como si le alcanzara un rayo.
¿Amor? ¿Era eso? ¿¡Amor!? Su cuerpo estaba rígido como una tabla, tenía la boca seca y la mandíbula apretada. Molly dirigió el cuchillo hacia ella, no le temblaban las manos ¡Se iba apuñalar! ¡Por él!
-Hora de la despedida Sherlock- Dijo Moriarty en un íntimo susurro.
Molly coloco la punta del cuchillo sobre su abdomen, respiró hondo y se lo clavó sin pensarlo dos veces. La oyó gritar y el prácticamente no parpadeó. La forense sacó el cuchillo de su interior y se dejó caer al suelo, tumbada boca arriba, jadeando.
-Se acabó el juego- Dijo Sherlock con una furia ciega que nunca había sentido. Su corazón estaba en llamas. Todo su ser lo estaba -Ya no voy a jugar más.
-¿No? Con lo divertido que está siendo … - Moriarty se acercó a Molly y pisó su herida abierta haciendo que esta gritara y se retorciera de dolor.
-¡Voy a encontrarte y voy a despedazarte! No deberías haberte llevado mi corazón … - La voz de Sherlock era un murmullo peligrosa en esa última frase. Como el de una bestia apunto de atacar– Un hombre sin corazón no tiene límites.
Moriarty estalló en risas -Estoy deseando verte de nuevo, Sherlock-
Y colgó. Jim se fue dejando a Molly sola, intentando parar el flujo de sangre con sus manos. Sus pequeñas manos, la sangre fluía entre sus dedos, fuera de su pequeño cuerpo. Era tan pequeña. Seguramente podría cubrir sus dos manos con una de las suyas, seguramente … ¡Pero no lo sabía! ¡Nunca lo había hecho! ¡Y nunca lo haría! ¡No sería capaz de tocar su cuerpo sin vida! Molly sin vida. Le sonaba como una paradoja. Su nombre implica estar llena de vida. Molly sonriendo. Molly hablando de más. Molly y sus jerseys de gatos. Molly salvándole la vida.
No fue consciente de que había entrado en una especie de shock hasta que sintió un intenso frío en su rostro. Lágrimas. Qué cosa más extraña ¿Qué utilidad tenían las lágrimas? Llorar no le iba a salvar la vida. Molly no había llorado. Molly había colocado el cuchillo en su cuerpo … A Molly le gustaban los zombies … Su mente empezó a dar vueltas.
Sintió la mano de John sobre su hombro y se revolvió. Le empujó y miró alrededor como si hubiera perdido la cordura. John volvió a acerarse.
-Aún está viva ¡Aún está viva! ¡Resuélvelo!- El fuego de la furia se estaba desvaneciendo y ahora empezaba a sentir su cuerpo recubierto de un sudor frío.
Aún vivía. Aún respiraba. Aún sentía. Molly aún estaba en algún lugar muriendo porque le quería ¿Y él? Él no había estado más asustado en toda su vida. Su corazón. Sentía que perdía su corazón incluso antes de haberlo tenido.
