¡Holaaa personitas! Les traigo nuevo capítulo que espero disfruten mucho.

Les agradezco muchisisisimo todos sus follows, favs y reviews porque ya saben que eso es lo que me dice que les esta gustando y me inspira a seguir escribiendo. /u\

Les dejo una hermosa frase de un libro que leí (si quieren saber cual es, basta con preguntar): "Alguien me dijo una vez que en el momento que te detienes a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre".

Tal vez les sirva, quien sabe. Hasta la próxima. Chao, chao.


-¡¿Cuántas veces debo decirte que no es lo que piensas?!- pregunto ya molesta

-¡Pero parecía todo lo contrario! ¡No me mientas!-

-¡Que no te estoy mintiendo!- suspiro –Vamos piénsalo, ¿Cuánto tiempo llevamos de conocernos?-

-Siete años- respondió desviando la mirada

-¿Y en todo ese tiempo me has visto siquiera mirar a otra persona una sola vez?-

El rubio se relajó un poco dejando caer los hombros, puede que ella tuviera razón y estuviera malinterpretando todo pero no estaba completamente convencido. Suspiro resignado.

-Lo siento, pero sabes que soy un poco sensible con este tema-

-Lo sé, pero yo jamás seria infiel- declaro la pelirrosa

-Aun así, no quiero verte cerca de esa chica de nuevo, entiendes ¿no? No me gustaría que…- siendo interrumpido

-¿Finn…?- pregunto el hermano menor de Bonnibel mientas se tallaba los ojos con una mano y sostenía la camisa de su pijama con la otra

-Hey ¿Cómo estas pequeño?- dijo cargándolo

-Bien, ¿Por qué pelean?-

-No te preocupes, todo está bien, no peleábamos-

-Pero estaban gritando-

-Veras, cuando las personas tenemos emociones muy fuertes nos da por gritar, ¿No te gusta gritarle a tu hermana cuanto la quieres?- el niño solo asintió –Pues es exactamente lo mismo-

-Gumball, ¿Por qué no vas a vestirte para el colegio?-

-Sí, Bonn-

El pequeño se marchó a su habitación rápidamente dejando a los dos adultos solos en la sala. La mirada del joven se había suavizado pero seguía siendo algo dura y la pelirrosa supuso que sería así por mucho tiempo más, al menos hasta que se convenciera de que entre Marceline y ella no existía nada que no fuera amistad.

-En cuanto Gumball se vaya al colegio me iré a dormir, entenderás que después de una noche tan agitada necesite descansar-

-Lo entiendo, me quedaré aquí, necesito hablar contigo en cuanto te despiertes, dormiré un rato en el sofá-

-De acuerdo-

Un rato después bajo el pequeño pelirrosa corriendo las escaleras, ya listo para irse a su escuela. Sonó la bocina del transporte y Gumball se despidió de ambos y se marchó. La princesa aprovecho para irse a dormir dejando a su invitado también acostado en el sofá de la sala, no dejaba de pensar en ese beso una y otra vez por más que quería sacárselo del pensamiento. Tenía que alejarse de esa chica que claramente no le estaba haciendo ningún bien, o tal vez le hacía demasiado bien y ya sea por una cosa o la otra, de algo estaba segura, si no se alejaba de ella le traería más líos de los que ya tenía.

-Oye Keila, ¿Recuerdas al chico rubio que vimos el otro día con Bonnibel?-

-Sí, lo recuerdo, ¿Qué pasa con él?-

-Ayer me lo tope cuando fui a dejarla a su casa y me reclamo que estuviera cerca de ella-

-¡¿Ah?!-

-En serio no sé porque ella anda con un tipo como él-

-Espera… ¿ella te dijo que era su novio? Tal vez solo le molesto porque…- la interrumpió la pelinegra

-Vamos, no te engañes, ese sujeto le hizo una escena de celos, no vengas a decirme ahora que es porque la quiere como a una hermana- dijo con ironía

-De acuerdo, tú ganas-

-Creo que lo conozco de algún lugar, su rostro me parecía familiar-

-Claro que te parecía familiar, es el hijo del mayor empresario del mundo-

-¿Qué empresario?-

-¡Marceline, no puedo creer que no lo sepas!-

-No me regañes y solo dilo- se quejó la chica

-Se llama Martin Murtons, ese hombre es más rico que el presidente-

-¡Vaya! ¿Cómo es que la prensa no sabe nada de Bonnibel?-

-No lo sé pero Bonn siempre ha sido muy discreta con sus asuntos, posiblemente no quiera salir en la tele, revistas y esas cosas-

-¿Tú crees que sea por ese chico que sufre tanto?-

-Puede ser, pero de todos modos ella nunca lo dirá-

-Eso no puedes saberlo-

-Marce, la conozco hace seis años, ¿Crees que no puedo saberlo? Es tan fácil predecirla como ver la palma de mi mano-

-Bien, bien, ya entendí, ¿Pero qué tal si él la maltrata? Piénsalo… ella tiene miedo de decir algo sobre sus abusos o tal vez solo lo quiere mucho y por eso no quiere dejarlo, a lo mejor nadie puede saber de su relación con el chico por el puesto del padre de este- haciendo cara de pánico

-Marce, estas especulando, son solo tus fantasías y nada más, ¿Y sabes? Voy a verla, necesito verla-

-De acuerdo, diviértete-

-¿No vienes?-

-No…- poniéndose nerviosa –Tengo muchas cosas que hacer todavía, mi casa sigue siendo un desastre- sonrió

-… por supuesto, hasta luego-

-Adiós…-

Habían pasado ya un par de horas desde la discusión con el joven de ojos azules y tanto él como ella ya estaban despiertos y desayunando en un ambiente bastante tenso, ninguno decía nada, simplemente se limitaban a comer en silencio hasta que el sonido del timbre los hizo salir de tensión. Ella se dirigió a abrir y él sin ninguna palabra subió las escaleras y se metió al cuarto de la pelirrosa.

-Hola, Bonn- saludo la guitarrista

-Keila, pasa-

-¿Cómo estás?-

-Estoy bien- sonrió mientras se sentaban en el sillón

-Por supuesto- dijo irónicamente –Con esa cara no engañas a nadie-

-No quiero…- siendo interrumpida

-No quieres hablar de eso, lo sé- completo algo fría

-Keila, no te enojes conmigo ¿Si? Sabes que eres la persona en la que más confío en el mundo, pero esto es… demasiado personal- suspiro

-Ya lo sé, Bonnibel, pero me gustaría que por una vez en la vida me dijeras que te ocurre, nos conocemos hace seis años, y tu desconfianza… me hace daño- desvió la mirada

-Entiéndeme, solo estando contigo puedo olvidarme de las cosas malas aunque sea por un momento y no quiero perder eso por ponerme hablar de lo que tengo o no-

-Será a tu manera, si me necesitas aquí estoy-

-Gracias- la abrazo

-Al menos dime que estas bien, dime que nadie te está haciendo sufrir-

-Nadie me hace sufrir, te lo prometo, si sufro es por lo injusta que es la vida-

-Tienes que acostumbrarte a ello-

Las chicas se quedaron platicando un buen rato hasta que la guitarrista se marchó debido a que tenía asuntos pendientes que tratar con su banda. Al mencionar a la cantante la pelirrosa se puso tensa y sonrió con dificultad, aun no olvidaba aquel beso ni mucho menos los reclamos de Finn por ello, Keila lo noto mas no dijo nada. Cuando su amiga se hubo ido, Bonnibel se sentó en el sofá y no el beso volvió a presentarse de nuevo en su cabeza, ¿Por qué rayos seguía recordándolo una y otra vez? ¿Por qué no dejaba de pensarla? Lagrimas corrieron por sus mejillas incapaz de detenerlas, tenía miedo, no había querido decirle nada a Keila y mucho menos a Finn, él menos que nadie podía enterarse del extraño comportamiento que su cerebro estaba teniendo desde que conoció a la bajista.

-Hey- la sobresalto el saludo

-¿Qué pasa, Finn?- dijo limpiándose rápidamente las lagrimas

-La chica de ayer…-

-No de nuevo, por favor-

-No es eso, ayer no lo note pero ahora que lo pienso con más calma, se me hace conocida-

El chico rubio se sentó al lado de ella apoyando su cabeza en sus manos las cuales a su vez recargaba en sus piernas.

-Por supuesto que la conoces, ella es Abadeer-

Tras decir esto Finn quedo estático, no podía creer que la Gran Abadeer fuera quien le grito la noche anterior y no solo eso ¡Era ella quien besaba a Bonnie! ¿De dónde conocía la chica a la famosa cantante de las Scream Queens?

-No puedes estar hablando en serio-

-Tú la conoces más que yo, sabes que no estoy mintiendo-

-¿Cómo es que conoces a Marceline Abadeer?-

-Es una gran amiga de Keila, la conocí hace como un mes y medio gracias a ella-

El joven se quedó callado, tenía que procesar la información y lo más importante, no podía creer que había conocido a Abadeer.

En la casa de Marceline estaba esta junto a Keila quien había pasado para interrogarla debido a la mueca de Bonnibel, sabía que algo le estaba ocultando, la conocía bien y estaba completamente segura que uno de esos problemas que su amiga llevaba encima tenía que ver con la cantante, y obviamente no se pensaba quedar de brazos cruzados.

-Quiero que me expliques que le hiciste a la pobre de Bonnibel- ordeno de brazos cruzados

-De… ¿De qué hablas, Keila?-

-No te hagas la tonta que conmigo no te funciona, Marce, vas a tener que contármelo-

-¿Por qué crees que le hice algo?-

-Porque cuando le mencione tu nombre hizo una mueca y la conozco perfectamente así que suéltalo-

La pelinegra suspiro.

-De acuerdo… Yo…- desvió el rostro

-¿Tú que?-

-La besé- confeso

-¡¿Hiciste qué?! ¡Marceline, yo te dije desde el primer día que ella es heterosexual!- grito atónita

-¡Ya lo sé, no tienes que gritarme!- Keila se tapó la boca -¿Qué?- pregunto la pelinegra levantando una ceja

-¿Te gusta, Bonnie?-

-¡¿Ah?! ¿De qué mierda hablas? Claro que no me gusta-

-Oh Marce, pobre niña, ella no es para ti- dijo rodeándola protectoramente

-Cállate, ya te dije que no me gusta, si la besé fue porque… quería probar si realmente no quería nada con las mujeres- completo fríamente

Separo a Keila de ella y puso sus manos en los bolsillos de su pantalón, volviendo a su habitual actitud de "al diablo con el mundo".

-Y no me equivoque- sonrió con arrogancia –Ella me respondió, sutilmente, pero lo hizo, así que ¿Qué dices ahora? ¿Estas completamente segura de conocer bien a tu amiguita?-

Un fuerte golpe le borro la sonrisa del rostro, Keila acababa de darle una cachetada como nunca antes lo había hecho y la miraba indignada, tal vez se había pasado de la raya solo un poco. Marceline se tocó la mejilla y la miro molesta.

-¡¿Por qué rayos hiciste eso?!-

-¡No vuelvas a hablar así de ella! Es mi mejor amiga y no te perdonaré que la trates así, será mejor que no te acerques de nuevo a ella, no quiero que juegues con sus sentimientos, porque tal vez tu estúpida acción la hizo confundirse y no me gustaría que la lastimaras- escupió con desprecio

Keila salió de la casa azotando la puerta tras de sí. Marceline seguía ahí parada tocándose el rostro y pensando en que no debió ser tan cruel, ¿Por qué mierda había actuado con esa actitud? No era para nada la razón por la que la había besado, y aun así no terminaba de explicarse porque había dicho eso. Las cosas se le habían ido de las manos y había insultado a Bonnibel sin querer ¿Qué rayos le estaba pasando?

Bonnibel se encontraba sola en su casa pues Finn hacía ya rato que se había marchado y su hermano aun no llegaba de la escuela. Estaba viendo la tele y pensando en un sinfín de cosas y emociones del pasado. Pensaba en el día que conoció al gran amor de su vida y se preguntaba porque ahora esos recuerdos se veían algo lejanos, recordó también su primer beso y lágrimas empezaron a caer, ¿Por qué estar enamorada tenía que ser tan difícil? Quería confiar en que todo saldría bien, realmente deseaba que todo se arreglara y volver a ser la misma pareja que fueron hace tiempo, pero las cosas no siempre son como las deseas y eso ella lo sabía bien, pero aun así, a pesar de todo lo que había pasado no perdía la esperanza porque si perdía la esperanza lo perdería todo.

Ladeo su cabeza incapaz de seguir con esa tortura de pensamientos y se recostó en el sillón, puso atención al televisor y noto que estaban pasando en las noticias una nota sobre Martin Murtons. Apago la tele, pues no estaba de ánimos para nada, ni siquiera para seguir pensando. Cerró los ojos y después de un rato se quedó profundamente dormida.

Cuando el pelirrosa llego encontró a su hermana acostada en el sillón y para no despertarla dejo sus cosas a un lado y se acurruco poquito a poquito con ella, cuando dormía era el único momento en donde veía a su hermana más tranquila. Deseaba con todo su corazón que su querida hermana mayor fuera feliz y estuviera tranquila, tan tranquila como cuando dormía o como en aquella ocasión al salir con "la chica que cantaba bonito" como había dicho Gumball a Bonnibel al llegar a casa aquel día. A decir verdad era una de las pocas veces que la había visto un poco más alegre de lo habitual. Después de un rato el niño también se quedó dormido.

-Oye Finn, ¿Dónde estuviste ayer y hoy?- pregunto un hombre robusto de cabello rubio e imponente figura, portaba un traje negro de negocios y tenía una mirada tan dura que congelaría a cualquiera

-En ningún lado en particular, padre- respondió este con respeto

-¿No fuiste a ver a esa jovenzuela no es así?-

Finn apretó la mandíbula intentando calmarse y tras un breve silencio respondió con voz osca.

-No, no estaba con ella, fui a ver a un amigo-

-Muy bien, ahora vete a dormir que mañana nos espera un largo día de trabajo-

-Como pidas, padre, buenas noches- se despidió y tras una breve inclinación de cabeza se dirigió a su cuarto algo molesto e impotente ante la actitud de aquel hombre de negocios